LUCAS 8
Lucas 8:1-3, Mujeres que sirven a Jesús
8:1 Aconteció después, que Jesús iba (una por una, FL) por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, -- Nuestro Señor Jesucristo vino al mundo para salvarnos y para efectuar esta gran salvación vino para morir en la cruz para expiar los pecados del mundo, pero en cuanto a sus actividades diarias durante su ministerio aquí en la tierra es importante enfatizar que el trabajo principal de Jesús era precisamente lo que se describe en este texto: predicar las buenas nuevas del reino de Dios. Esta es la segunda gira por Galilea. Luc. 4:43,44 describe la primera gira. “La oración describe al Salvador cómo recorría el país con objeto de ponerse en contacto lo más completamente posible con la gente, y se aseguraba especialmente de que ninguna ciudad o aldea fuese descuidada. Era como si él no quisiera dejar que ningún alma se quedara sin ser visitada por la luz de la salvación” (GRB).
Como Jesús recorría toda ciudad y toda aldea de Judea, después les dio a los apóstoles la orden de predicar el evangelio a todas las naciones, Mat. 28:19; Mar. 16:15; Luc. 24:47.
-- y los doce con él, -- Mar. 3:14, “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 15 y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios”. Compárese Hech. 16:1-3, Pablo encontró a Timoteo, un hermano fiel, en Listra y quiso que él le acompañara. Los apóstoles, Timoteo, Tito y otros fueron entrenados por Jesús y los apóstoles. No se establecieron escuelas para apóstoles y predicadores en el primer siglo. El plan bíblico para entrenar obreros se revela en 2 Timoteo 2:2.
En seguida vemos otro ejemplo de cómo Lucas enfatiza el papel de la mujer en el servicio de Jesús. En los primeros capítulos da informes amplios sobre Elisabet, la madre de Juan, y sobre María, la madre de Jesús. Lucas es el único autor que habla de Ana, la profetisa.
8:2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades:
-- María, que se llamaba Magdalena, -- El Nuevo Testamento habla de siete Marías. Esta se llamaba Magdalena porque era de Magdala (“Entonces, despedida la gente (después de alimentar a los cuatro mil), entró en la barca, y vino a la región de Magdala”, Mat. 15:39. Algunos han calumniado a María Magdalena, afirmando o insinuando que había sido una mujer mala (como salvada de siete vicios), pero el ser posesionada por espíritus malos no implicaba pecado en ningún sentido. El Nuevo Testamento se refiere a muchos casos de endemoniados, pero ni una sola vez afirma o implica que eso implicaba pecado. Los demonios tomaron posesión de la gente para atormentarles física y mentalmente pero no les hacía pecar. Entraron en ellos sin su permiso.
Esta es la primera mención de María Magdalena, pero otros textos hablan de ella:
-- Estuvo presente cuando Jesús fue crucificado: Mat. 27:55 “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, 56 entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”; Mar. 15:40, “También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén; Jn. 19:25, “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena”.
-- Estuvo presente cuando Jesús fue sepultado: Mar. 15:47, “Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían”.
-- Estuvo entre los que prepararon especias para preparar el cuerpo de Jesús para ser sepultado: Mar. 16:1, “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle”.
-- Jn. 20:1, “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. 2 Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto”.
-- Jesús “apareció primeramente a María Magdalena”: Mar.16:9 “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”.
-- Jn. 20:11-17, ella tenía una conversación muy interesante con Jesús.
-- Jn. 20:18, “Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”.
-- Véase también Hech. 1:14.
-- de la que habían salido siete demonios, -- esta es la causa especial de su gratitud. Mar. 16:9, “Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios”. Mat. 12:45, “Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. Si un solo demonio podía causar mucha miseria, obviamente la posesión de siete demonios causaba miseria al grado máximo.
8:3 Juana, mujer de Chuza intendente (mayordomo, LBLA) de Herodes, -- Es mencionada otra vez en Luc. 24:10, “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles”.
-- y Susana, -- de ella no se sabe más.
-- y otras muchas que le servían de sus bienes. – de lo que poseían, sus recursos, una ayuda muy práctica. Estas mujeres entendían el principio explicado por Pablo en 1 Cor. 9:11, “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?”
Jesús podía multiplicar panes y peces para la multitud, pero no hizo milagros para su propio beneficio. Estas mujeres mostraban de esta manera su gratitud a Jesús por haber echado fuera espíritus malos y por haberles sanado de sus enfermedades. En el capítulo 7:36-50 leemos de la mujer que mostró su gratitud y gran amor hacia Jesús por haberle perdonado. Cuando Jesús sanó a la suegra de Pedro, “ella se levantó, y les servía” (Mat. 8:14).
2 Cor. 8:9, “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Mat. 8:19, “Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. En esto vemos otro indicio de la gran humildad de Jesús. Era dueño de todo pero aquí en la tierra vivió de la benevolencia de sus discípulos.
Los apóstoles habían tenido recursos antes de seguir a Jesús. Mateo era un cobrador de impuestos romanos; Pedro, Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores. Pero habían dejado todo para seguir a Jesús (Mat. 19:27). Por eso todo el grupo dependía de la ayuda financiera aportada por este grupo de mujeres piadosas.
Estas mujeres no estaban organizadas en una “Sociedad Misionera Femenina” como supone A. T. Robertson. Las iglesias humanas creen que tienen que tener organizaciones para todos (“misioneros”, mujeres, jóvenes, etc.), pero este texto no sugiere ninguna clase de organización. Más bien un grupo de mujeres muy agradecidas “le servían de sus bienes”. Ahora los doce apóstoles acompañan a Jesús.
Otras mujeres piadosas y serviciales:
-- María de Betania. Unge a Jesús para su sepultura, Mat. 26:6-13; Mar. 14:3-9; Jn. 12:1-8.
-- Hech. 9:36, “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 39 le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas”.
-- Hech. 16:15, hablando de Lidia, “Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos”.
-- Rom. 16:1, “Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa (está al servicio) de la iglesia en Cencrea”. En este mismo capítulo Pablo se refiere a varias hermanas que servían: v. 3, Priscila: con su marido Aquila enseñaron a Apolos, Hech. 18:26; una iglesia se reunía en su casa; v. 6, María, “la cual ha trabajado mucho entre vosotros”; v. 12, “Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor… la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor”.
-- Fil. 4:3, “ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”.
Tales mujeres no son autorizadas para predicar, pero son de las personas más grandes en el reino según Mat. 20:26, “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.
Tales mujeres son las que verdaderamente “profesan piedad”. 1 Tim. 2:9, 10, “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, 10 sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (véase también 1 Ped. 3:1-4).
Parábola del sembrador
(Mat. 13:1-5, 18-23; Mar. 4:1-20)
¿Qué es una "parábola"? 'Parabole' denota lit., un poner al lado (relacionado con 'paraballo', arrojar o depositar al lado, comparar). Significa la puesta de una cosa al lado de otra con el propósito de comparar ... Por lo general se usa de un relato algo largo sacado de la naturaleza o de circunstancias humanas, siendo su objeto la enseñanza de una lección espiritual" (WEV). La “parábola” es figura de retórica que es como ventana que ilustra alguna verdad. Es el relato de algún evento común que puede servir como comparación con alguna verdad espiritual. Jesús empleaba muchas parábolas para ilustrar la naturaleza del reino.
No es "fábula" (véase Jueces 9:14,15). Las fábulas quebrantan las reglas de la naturaleza, dando a los árboles y animales poderes humanos. Las fábulas, aunque sanas como la de Jueces 9:14, 15) no podrían servir el propósito de Jesús, porque tales fábulas enseñan lecciones prácticas pero tienen que ver solamente con relaciones humanas. Las parábolas tratan de nuestras relaciones con Dios; tienen significado celestial y eterno. (Desde luego, hay fábulas que no son sanas; más bien son dañinas, porque substituyen a la verdad, 2 Tim. 4:4).
No es "alegoría" (véase Gál. 4:21-26), porque cada detalle de una alegoría representa algo o alguien. Es verdad que a veces los elementos particulares de una parábola tienen significado (como en la parábola del sembrador), pero comúnmente cada parábola tiene una sola lección central. Un error que se comete en el uso de las parábolas es el de buscar el significado de cada detalle de la parábola, aunque Jesús no lo haga.
Es cierto que puede haber en algunas de las parábolas más de una lección. Por ejemplo, la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) tiene que ver con la responsabilidad individual, pero también se refiere claramente al juicio final, de recompensa para los fieles y castigo para los infieles.
Los detalles o circunstancias de la parábola no necesariamente tienen importancia. Esta regla es importante. En la mayoría de las parábolas las circunstancias no tienen significado. Por ejemplo, Mat. 13:44, el pensamiento principal es el gozo del hombre que halló un tesoro. En seguida, Mat. 13:45,46, habla de la perla de gran precio, y el pensamiento principal es el valor del reino.
Una parábola es una ilustración basada en eventos comunes, las actividades diarias de la gente. Jesús conoce al hombre, y conocía a la gente de Palestina, todo aspecto y detalle de su vida diaria. Leemos sus parábolas y los hogares de aquel tiempo se nos abren. Vemos una mujer haciendo pan; a otra en la costura; la emergencia de aquel que pide pan a media noche para la visita; los ricos con bodegas llenas; el trabajador que no se atreve a comer hasta que el patrón haya comido. Hay contrastes (p. ej., judíos escogidos y samaritanos aborrecidos). Todo el panorama se presenta: el agricultor arando, el pescador con sus redes, la alegría de los que se recibían en las bodas y la tristeza de los que no podían entrar, el edificador construyendo una torre, la viuda ante el juez pidiendo justicia.
El propósito de la parábola del sembrador es para enfatizar la necesidad de entender y obedecer la enseñanza de Cristo. Básicamente la parábola del sembrador describe la obra de Cristo, el Principal Sembrador y las cuatro clases de terreno en las que cae la semilla sembrada. Se llama comúnmente "la parábola del sembrador", pero el énfasis no está sobre el sembrador, sino sobre las varias clases de terreno. El nombre más correcto de esta parábola sería la parábola de los oyentes. Aunque el sembrador sea Cristo mismo, los resultados dependerán de gran manera de los oyentes mismos. Jesús es el Maestro Perfecto, pero no logró convertir a todo el mundo.
Las cuatro clases de terreno son cuatro clases de oyentes. La parábola enseña la responsabilidad de oír la palabra, porque por el oír viene la fe (Rom. 10:17). Jesús bien sabía que la semilla no puede germinar y producir en toda clase de corazón humano.
Multitudes le seguían a veces, pero ¿con qué propósito? Algunos le seguían por curiosidad, algunos buscaban panes y peces, algunos tenían motivos políticos y revolucionarios, y otros eran sinceros.
En esta parábola Jesús les presenta un retrato de ellos mismos; pone delante de sus ojos el espejo para que puedan ver cómo eran (qué clase de oyentes eran). Les cuenta una historia acerca de ellos mismos y de cómo ellos oyen la palabra. ¿Cómo recibirían su enseñanza? De la misma manera en que los varios terrenos de Judea recibían la semilla del sembrador.
8:4 Juntándose una gran multitud, y los que de cada ciudad venían a él, les dijo por parábola: 5 El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. 7 Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno.
-- Hablando estas cosas, decía a gran voz: El que tiene oídos para oír, oiga. – es decir, no solamente oír su voz, sino también entender y aceptar su enseñanza. Sant. 1:21, “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”. La expresión “El que tiene oídos para oír” se repite en cada una de las cartas a las iglesias de Asia (Apoc. 2, 3). Significa que cada quien tiene que oír y pensar por sí mismo.
8: 9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué significa esta parábola?
8:10 Y él dijo: A vosotros (los discípulos dichosos, Mat. 13:16, 17) os es dado conocer los misterios del reino de Dios; -- los “misterios del reino de Dios” no eran misterios en el sentido de ser místicos y difíciles de entender. Eran “misterios” simplemente porque no se habían revelado antes. Sin embargo, para entender los misterios del reino es necesario escudriñar las Escrituras (Jn. 5:39; Hech. 17:11) y usarlas bien (2 Tim. 2:15; 2 Ped. 3:16).0
-- pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. -- Isa. 6:9-10, -- Mat. 13:14, “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane”. Los “otros” de los cuales Jesús habla aquí, habían oído la misma enseñanza que los discípulos habían oído desde el principio de su ministerio. Habían observado los mismos milagros que los discípulos habían observando. Pero los “otros” veían y oían con ojos cerrados y oídos tapados; es decir, su corazón estaba lleno de prejuicio debido a su concepto erróneo del Mesías y su reino.
Hay parábolas en el Antiguo Testamento (p. ej., Isa. 5:1-7, la parábola de la viña). Un dicho común entre rabinos judíos era "¿A qué lo compararé?" (Mateo 11:16). Jesús las usaba más que nadie. Ni antes ni después ha habido otro maestro que tanto haya enseñado en parábolas. Marcos 4:33,34, "Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo".
¿Por qué habló Jesús en parábolas? (1) Para revelar la verdad. Las parábolas son "ventanas" que dejan entrar la luz. Nos ayudan mucho en nuestro entendimiento de verdades celestiales. Jesús podía "colgar la verdad" sobre las cosas y actividades más comunes para que la veamos y entendamos mejor. Por ejemplo, en este capítulo (Mateo 13) Jesús dice varias veces, "El reino de los cielos es semejante a" y luego sigue la comparación. Jesús habla de "Los misterios del reino de los cielos". La palabra "misterio" se usa en el Nuevo Testamento en un sentido especial. No significa algo misterioso, oscuro y difícil o imposible de entender, sino algo que no se podía saber sin revelación de Dios (1 Cor. 2:9-13; Efes. 3:3-6). Así Jesús explica con parábolas la naturaleza verdadera del reino. Vemos la armonía entre las parábolas de Jesús y la enseñanza apostólica que se registra en los Hechos y en los otros libros del Nuevo Testamento.
(2) Para conservar la verdad. Las parábolas nos ayudan mucho para recordar la enseñanza. ¿Quién no se acuerda del "Hijo Pródigo" y del “Buen Samaritano”? Es fácil recordar las parábolas. Cada una es una "obra maestra", sin igual en los escritos y discursos de los más destacados autores, filósofos, estadistas, etc. del mundo entero. Los nombres de Sócrates y Platón son muy reconocidos, pero ¿qué enseñaron?
(3) Para dejar que sus enemigos se juzgaran solos. De esta manera Jesús despertó la conciencia de la gente para que pudiera ver su propia rebeldía. Natán usó este medio (2 Sam. 12:1-7), dejando que David pronunciara su propio castigo por haber adulterado con Betsabé y por haber muerto a Urías. Jesús usó este medio. La parábola de los labradores malvados (Mateo 21:33-46). Dice el v. 45, "Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos". Sin embargo, éstos estaban endurecidos en su rebelión y tales parábolas no les detuvieron en su plan de matar a Jesús.
(4) Para esconder la verdad, para que los insinceros no la entendieran. En este párrafo Jesús explica uno de los propósitos de las parábolas (compárense Mateo 13:13-15; Marcos 4:10-12). Parece que esto contradice lo que ya se afirmó, pero es cierto. Jesús habló por parábolas para ilustrar la verdad para los sinceros y al mismo tiempo para ocultar la verdad de los insinceros. Siempre ha habido personas insinceras que no quieren la verdad, y no la aceptarán cuando se les presente. Al hablar en parábolas Jesús dejó a éstos en oscuridad.
-- Viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. -- Jesús explica por qué les habla por parábolas. Uno de los propósitos principales era para esconder la verdad de los insinceros. Muchos de los judíos de aquel tiempo abusaron de su privilegio de aprender la verdad de Dios. Jesús "a lo suyo (su universo, creado por El) vino, y los suyos (los judíos) no le recibieron" (Jn. 1:11). A consecuencia de esto quedaron aun más confirmados en su desobediencia a pesar de haber escuchado estas enseñanzas divinas. Compárese 2 Cor. 3:15, tenían velo puesto sobre su corazón.
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados" (Mateo 5:6). Lamentablemente estos no tenían hambre y sed de justicia. Más bien, tenían sus ojos, oídos y corazones cerrados. Eran como Balaam (Números 22:19) cuando Balac, rey de Moab, ofreció dinero a Balaam para que maldijera a Israel. Dios le dijo, "No vaya con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es" (v. 12), pero Balaam dice a los siervos de Balac, "reposéis aquí esta noche, para que sepa qué me vuelve a decir Jehová". No le gustó lo que Dios le dijo y esperaba que cambiara su palabra. 2 Tes. 2:10-12, "no recibieron el amor de la verdad". Este texto nos debe asustar. Pablo dice, "Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira"; es decir, si nosotros no amamos la verdad sobre cualquier asunto, y si queremos creer algo que no es la verdad, estamos en gran peligro de creer una mentira y perder el alma. 2 Tim. 4:3, 4, algunos tienen comezón de oír solamente las cosas que les agraden. Compárese Isa. 30:9,10.
Los judíos vieron los milagros y oyeron la enseñanza, pero su corazón era perverso. Debido a esto los milagros no produjeron en ellos la fe (Jn. 20:30,31). No valoraban la enseñanza, porque Jesús no enfatizó lo material sino lo espiritual. Jesús es la luz del mundo, pero éstos cerraron sus ojos para no verla.
Jesús habló en parábolas para que sus enseñanzas fueran más claras y efectivas. El quiere que todos entiendan y se conviertan, pero es imposible entender y recibir el beneficio de Su enseñanza si cerramos los ojos. Es importante recordar que estos judíos ya tenían sus ojos y oídos cerrados antes de oír a Jesús. Llegaron a escucharle con sus ojos y oídos cerrados. Por eso les habló en parábolas. Mostraban mucha hostilidad hacia Jesús (5:30; 6:2, 11; 11:15; Mat. 9:34). El reaccionó a ellos de acuerdo a su reacción a El. "Y no hizo allí (Nazaret) muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos" (Mat. 13:58). Cuando Faraón endureció su corazón, Dios endureció su corazón.
Los que predicamos y enseñamos la palabra comprendemos perfectamente lo que Jesús dice en este texto. Por más que prediquemos con convicción y fervor, los oyentes a veces se ven congelados en su indiferencia hacia el mensaje. Como dice el comentarista Barclay, "Nuestras palabras se van con el viento; nuestro mensaje choca con la barrera impenetrable de la indiferencia de los hombres". Con estas palabras este autor, siendo modernista, se juzga solo.
Mateo 13:16, “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”. Los discípulos de Jesús son muy bendecidos. Se enriquecieron cada vez más por su buena actitud hacia la verdad, pero los otros se empobrecieron cada vez más por su rebeldía.
8:11 Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios. --Mar. 4:14. Es la única semilla que producirá la planta que nuestro Padre celestial plantó. Es la planta que produce la iglesia de Cristo y lo hace en cualquier siglo en cualquier país. Lo importante, pues, no es una supuesta “sucesión de iglesias”, sino que se siembre en todo siglo y en todo lugar la semilla pura del evangelio de Cristo.
8:12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. -- Estos oyentes son los que permiten que sus corazones sean "pavimentados" (endurecidos) por todos los sucesos y actividades de esta vida. Su vida ha sido fuertemente afectada e influenciada por los asuntos de la vida diaria: el empleo, la familia, los planes, las bodas, los funerales, los crímenes y docenas de otras cosas. Estos tienen corazones desatentos, insensibles, preocupados e indiferentes en cuanto a los asuntos espirituales. Su intelecto está lleno de prejuicio, la conciencia cauterizada y la voluntad perversa. No pone atención a la palabra de Cristo. La mayoría de los judíos y muchos gentiles (por ejemplo, los de Atenas, Hech. 17) eran ejemplos de esta clase de terreno.
Satanás arrebata la palabra con miles de distracciones. Presenta el error como tan bueno o mejor que la verdad. Presenta ante la atención del hombre toda clase de intereses terrenales, no necesariamente malos en sí, pero demandan la atención y esta clase de corazón no recibe la palabra. Aquí no hay vida alguna.
El diablo sabe el poder de la palabra de Dios. No quiere que nadie permita que entre en el corazón. No quiere que la gente oiga. Si oye, no quiere que crea. Si cree, no quiere que obedezca. Siempre le anima a posponer la obediencia.
Así es que la semilla fue "hollada, y las aves del cielo la comieron", v. 5. No hace impresión sobre la mente del oyente.
¿Qué se puede hacer para ayudar a los tales? Desde luego, la palabra es muy poderosa (Heb. 4:12; Jer. 23:29). A veces la tribulación prepara el "terreno" para recibir la semilla.
8:13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. – La semilla cae sobre una capa delgada de tierra sobre la roca sólida, donde no hay humedad. Brota pronto pero no puede echar raíces. Hay vida pero muy momentánea. El punto clave es que PRONTO brota y PRONTO muere. Es cuestión de recibir LUEGO y entonces caer LUEGO. Este es el oyente superficial, emocional, impresionable, impulsivo. Tiene interés pero es interés pasajero. Obedece con gozo pero es gozo pasajero. No obedece por convicción. Oye un sermón conmovedor y obedece. Los amigos obedecen, por eso él también obedece. Tal vez obedece durante una "campaña emocionante" (le gustaron los himnos y los hermanos fueron muy amables, etc.), pero no calculan gastos, 14:25-33. No considera la cruz que debe llevar. No toma en cuenta la oposición que encontrará. Obedece, pero no se acerca a Dios en oración y con lectura bíblica, no es debidamente activo en la iglesia, no se fortifica, no se confirma (Hech. 14:22).
Vienen persecuciones, tribulaciones, críticas, burlas, pruebas, las cuales deben fortalecerle (Rom. 5:3-5) y acercarlo a Dios, pero más bien le alejan de Dios y le hacen tropezar.
8:14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. -- Los espinos absorben toda la humedad y fertilidad, y excluyen de la planta la luz y el aire; por eso, el crecimiento es retardado e impedido. "El afán de este siglo". Según 12:22-31; Mat. 6:24-34 el afán (1) es innecesario, porque nuestro Padre sabe nuestras necesidades; (2) es prohibido, (3) es vano, porque ¿qué logra el afán? Luc. 10:41; 21:34; Fil. 4:6; 1 Ped. 5:7. La ansiedad indica falta de fe en Dios. Indica una preocupación excesiva por los asuntos de esta vida, y una falta de interés en cosas espirituales. El afán de este siglo no quiere decir vicios, sino una preocupación excesiva por tales asuntos como el empleo, el negocio, la educación, y los problemas ordinarios de la vida.
"El engaño de las riquezas" es muy peligroso. 1 Tim. 6:9,10; Mar. 10:24. La prosperidad es más peligrosa que la pobreza. Recuérdese Prov. 30:8,9. Muchos hermanos abusan de la "tarjeta plástica", haciendo muchas compras y así comprometiéndose más allá de sus posibilidades, y luego viene un afán abrumador. Esta práctica bien ilustra el amor al dinero (cosas materiales). Muchos se entrampan con deudas que nunca pueden pagar. Esta práctica es una forma de mentira y de robo, porque prometen pagar lo que no pueden pagar. La avaricia es idolatría (Col. 3:5).
Sant. 1:8; 4:8, Santiago habla del doble ánimo. Compárense los casos de Balaam, de Lot, de Demas y de otros personajes bíblicos que querían servir a Dios pero también amaban el mundo. Así comenzaron los corintios; obedecieron pero seguían con disensiones, contiendas, celos y toda clase de carnalidad, hasta fornicación (cap. 5). Querían llevar una vida doble.
8:15 Pero la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. -- Esta es tierra fértil, limpia (preparada), húmeda, buena, como Samaria (Jn. 4:35-37; Hech. 8:5-12); los 3000 en el día de Pentecostés (Hech. 2:41); el eunuco (Hech. 8:35-39); Saulo de Tarso (Hech. 9:18; 22:16; 26:19); Cornelio (Hech. 10:33,48); Lidia (Hech. 16:13-15); el carcelero (Hech. 16:30-34); los corintios (Hech. 18:10); y los efesios (Hech. 19:1-5). Estos oyen la palabra con toda solicitud (Mar. 12:37; Hech. 17:11), la entienden, la obedecen y llevan fruto. Luc. 8:15, "Son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia". Es el corazón bueno que puede ser conmovido por las grandes verdades del evangelio, y que celosamente las guarda. Oye la palabra atentamente, la estudia, la entiende y la obedece no importa quién la predique, ni con qué motivos la predique, ni quién más la obedezca, ni cuántas ofensas vengan.
La que cayó en buena tierra no es como la que cayó junto al camino, porque sí entiende. No es que tenga intelecto superior, sino atención superior. No es como la que cayó en la capa delgada de tierra sobre una piedra, porque sí echa raíces y no es vencida por las pruebas de la vida. No es como la que cayó entre espinos, porque evita el afán y el engaño de las cosas materiales. Es la única que lleva fruto, "algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta". Muchos quieren culpar al "sembrador" (predicador) por el poco fruto que se lleva en la obra, pero Jesús culpa también a los oyentes. La lección es que cada quien debe examinar cuidadosamente su corazón.
Conclusión. Siempre se debe recordar que la cosecha no depende enteramente de los esfuerzos del sembrador (predicador), porque los resultados dependen de gran manera de la condición del terreno. Las tres clases de terreno que no producen buena cosecha se pueden clasificar como el terreno de indiferencia, el terreno de la superficialidad y el terreno del doble ánimo.
Nada oculto que no haya de ser manifestado
(Mar. 4:21-25)
8:16 Nadie que enciende una luz la cubre con una vasija, ni la pone debajo de la cama, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz. – En primer lugar recordamos que Jesús usó esta figura en el Sermón del Monte. Mat. 5:15, “Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Fil. 2:15, “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”. 1 Ped. 2:12, “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”.
Los discípulos de Jesús son bien conocidos por los familiares, vecinos, compañeros de trabajo o de escuela, clientes y patrones, mayordomos y empresarios, etcétera. La gente se fija en la buena conducta, actitud, y buena voluntad del cristiano. Es algo obvio y sobresaliente. El cristiano es diferente. No se conforma a las actitudes mundanas (Rom. 12:1,2), sino que es transformado a la semejanza de Cristo.
Nada de discipulado secreto, Jn. 19:38. Si no confesamos a Cristo abiertamente, si nos avergonzamos de El, somos tinieblas, y nada de luz. Véanse Mat. 10:32, 33 (esta confesión no se limita a una confesión hecha antes de bautizarse en la presencia de cristianos, (véanse Mat. 10:17, 28, 32, 33; Mar. 8:38; Luc. 14:25-35).
No solamente en el local. También los miembros que limitan sus actividades evangelísticas al sitio de reunión ponen su luz debajo de un almud. Muy pocas personas irán al local para oír el evangelio, sino que es necesario llevarlo a ellos, Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 8:4.
Asociarse con los mundanos. Los que no quieren asociarse con los del mundo, sino solamente con los hermanos, ponen su luz debajo de un almud. Recuérdense Luc. 5:30-32; 15:1, 2, etcétera.
Pero al comparar el v. 17 con Luc. 12:2, 3, parece que lo que Jesús dice aquí (8:16-18) se aplica a la obra de los apóstoles. Jesús les habló a ellos empleando el lenguaje figurado (parábolas) y limitó su misión a “las ovejas perdidas de la casa de Israel”, pero su ministerio futuro había de ser mucho más extenso (a todas las naciones, Mat. 28:19; Mar. 16:15) y su mensaje sería en palabras claras y literales. A esto Jesús se refiere en Luc. 12:3, “todo lo que habéis dicho en tinieblas a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en la azoteas”.
8:17 Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz. – 12:2, “Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. 3 Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas”.
Mat. 10:26, “Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas”.
8:18 Mirad, pues, cómo oís; -- Los apóstoles serían los embajadores de Cristo (2 Cor. 5:20), sus testigos, sus mensajeros. Por eso, era indispensable que oyeran con cuidado la enseñanza de Cristo. Sin embargo, esta enseñanza se puede de manera general. Todos deben tener cuidado cómo oyen. Isa. 40:21, “¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó?” Algunos oyen para ser divertidos. Ezeq. 33:31, 32, “Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. 32 Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra”. Algunos oyen solamente para criticar al orador. Mar. 12:13, “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra”. Pero algunos oyen de buena gana (Mar. 12:37) y con toda solicitud (Hech. 17:11).
Debemos oír como los de Mar. 12:37 y los de Berea (Hech. 17:11). Oír para ser bendecidos (Mat. 13:16, 17). Oír para tener fe salvadora (Rom. 10:17; Sant. 1:22). Oír para no desviarnos (Heb. 2:1). Oír para no ser rechazados (Mat 10:14). Oír para llevar fruto (Luc. 8:15).
-- porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará. – Es necesario aprender la enseñanza de Jesús pero también es necesaria ponerla en práctica y enseñarla a otros, pues solamente de esta manera podremos retener lo que hemos aprendido. “En lo espiritual, el permanecer inmóvil es imposible. La persona o gana o pierde; avanza o decae”. (GH).
Luc. 19:26 “Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. Los apóstoles y otros discípulos de Jesús habían aprendido mucho de sus labios, habiendo seguido con El ya por mucho tiempo, pero ¿qué tanto pondría en práctica? ¿Qué tan activos serían en enseñar a otros? De lo que leemos en Hechos de los Apóstoles vemos que a los apóstoles se les dio mucho más, porque ellos mismos eran fieles y con toda diligencia enseñaban la palabra a otros. Aprovecharon su gran bendición y aunque en medio de persecuciones recibieron grandes bendiciones.
Rom. 12:6, “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; 7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría”. En este texto, como también en 1 Cor. 12, el apóstol Pablo enseña que todo cristiano tiene su función en el cuerpo de Cristo, y que debe cumplirla con toda diligencia. Nadie debe quejarse de sus pocos talentos. Más bien debe aprovechar lo que tiene y mejorarlo. No todos tienen el talento para dirigir himnos. Si algún hermano tiene ese talento, debe esforzarse para aprender música y el arte de dirigir himnos. No es imposible y vale la pena hacerlo. No todo el mundo tiene talento para predicar y el hermano que crea que sí lo tiene debe “pagar el precio” para prepararse bien para predicar “públicamente y por las casas” y hacer un buen trabajo predicando todo el consejo de Dios (Hech. 20:20, 27).
1 Tim. 4:14, “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. 15 Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. 16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. El descuidar las bendiciones y responsabilidades que nos da Dios acarrea consecuencias amargas. Mat. 25:30, que sepamos el hombre condenado aquí ni era borracho ni ladrón, sino “inútil” porque no aprovechó su talento. Aunque tuvo un solo talento, su señor esperaba que produjera por lo menos otro.
2 Tim. 1:6, “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
Lo que Jesús dice es en realidad un principio práctico de la vida. Si uno aprovecha sus bendiciones (salud, fuerza física y mental, dinero, talentos, empleo o negocio, etc.) todo irá en aumento. Tendrá aun más bendiciones. Por el otro lado, si descuida su salud, su dinero, su empleo o negocio, perderá lo que tenía.
Dos hombres compran casas pequeñas en el mismo barrio. No valen mucho, pero son adecuadas. El uno cuida su casa, la pinta, la cerca, siembra jardín, etc. y el valor de la propiedad sube; un día la vende y compra casa más grande y mejor. El otro descuida su casa, pensando que es muy pequeña y que no vale la pena cuidarla, descuida ventanas quebradas y puertas golpeadas, deja la casa despintada, y el valor va bajando año tras año. Si quisiera venderla nadie se la compraría, pues ya perdió su valor.
Lo mismo se puede decir de vehículos, muebles, ropa, herramientas, y todas las demás posesiones de al vida. Muchos hablan de “mala suerte” cuando ellos mismos son la “mala suerte”.
Cuanto más, pues, se puede aplicar al alma. Si perdemos la salud física por descuidarla, ¿qué pasará si descuidamos el alma?
Por lo tanto, en lugar de envidiar a otros, en lugar de hacer mil excusas, en lugar de hablar de “mala suerte”, seamos sumamente agradecidos y contentos con Dios por todas sus bendiciones y aprovecharlas al máximo, esforzándonos para que El nos dé más.
La madre y los hermanos de Jesús
(Mat. 12:46-50; Mar. 3:31-35)
8:19 Entonces su madre y sus hermanos vinieron a él; -- Esto se relata en Mar. 3:31. ¿Mar. 3:21 explicará el propósito?
-- pero no podían llegar hasta él por causa de la multitud. 20 Y se le avisó, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte. 21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. --
Los hermanos de Jesús eran hijos de José y María. El clero romano enseña que los "hermanos" de Jesús eran más bien sus "primos", pero no hay razón alguna para afirmar tal cosa. Hay palabra griega para “primos” (anepsios). Dicen que los “hermanos” de Jesús eran sus “primos hermanos” para enseñar la falsa doctrina de "La Virginidad Perpetua de María". No quieren aceptar que José y María tenían matrimonio normal. No hacen caso a Mat. 1:25. Han hecho de María una especie de "diosa" y creen que la idea de "virgen" corresponde mejor a su posición. Pero ¿qué indica el lenguaje del texto? Que eran sus hermanos, hijos de José y María. A menos que haya buena razón para entender la palabra "hermanos" en otro sentido, entonces debe entenderse en su forma natural.
Obsérvese que estos "hermanos" aparecen con María. ¿Por qué andarían los sobrinos de María con ella? La Biblia no indica que los sobrinos tuvieran alguna causa para andar con ella. ¿Por qué andar con sus sobrinos en lugar de estar con sus propios hijos? Más bien sus hijos andaban con ella. Compárese también Mat. 13:55,56, "¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros?" Aquí se habla de una familia, de José y María, y de sus hijos. Sería absurdo interpretar la palabra "hermanos" en estos textos como "primos hermanos" y la palabra “hermanas” como “primas hermanas”.
Los hermanos de Jesús no creyeron en El. En Marcos 3:21, "Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: 'Está fuera de sí'". Dice la Biblia de las Américas, "sus parientes" (en lugar de "los suyos"). Juan 7:5 dice, "Porque ni aun sus hermanos creían en él". Es lógico afirmar que estos textos se refieren a sus hermanos (hermanastros), hijos de José y María.
¿No son importantes las relaciones familiares? Son muy importantes. Para los judíos los lazos familiares eran sagrados, y la ley de Cristo enseña lo mismo, pero ¡las relaciones familiares no deberían nunca interferir con los asuntos del reino de Dios!
Decir que “María es madre de Dios” es blasfemia. Por muchas razones esta expresión católica es blasfemia. Es blasfemia contra Dios, contra Cristo y contra María misma. María nunca dijo ni hizo nada para elevarse a sí misma. Ella no tiene nada de culpa por esta blasfemia. Es pura invención humana y carnal. María era mujer "bendita" y "bienaventurada" (Luc. 2:42,48) porque Dios la escogió para ser la madre de Jesús. Era mujer piadosa, y la última referencia a ella (Hech. 1:14) nos dice que ella estaba con los fieles discípulos esperando los grandes eventos del día de Pentecostés, pero ella no aspiraba competir con su Hijo. ¿No es cierto que debamos orar a María puesto que Jesús hará mucho caso a las peticiones de ella? La afirmación de que María es una mediadora que escucha oraciones dirigidas a ella para entonces rogar a Jesús es enseñanza humana. En primer lugar es doctrina falsa, no enseñada en las Escrituras. Además insulta a Jesús nuestro único mediador (1 Tim. 2:5). Este mismo texto refuta la teoría. María y sus hijos interrumpen a Jesús y ¿qué hace El? ¿Suspende su obra de enseñar para atender a su madre? Claro que no. Leemos en Juan 2:2-4 que María dijo a Jesús, "No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer?" (Dijo, literalmente, "¿Mujer, qué a ti y a mí?"). No es en ningún sentido lenguaje falto de respeto, pero sí refuta el dogma católico de que solamente pidiendo algo María Jesús atiende.
¿Qué enseña este mismo texto (Luc. 8:19-21) sobre este tema? ¿Qué dijo Jesús? Pregunta, "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?" ¿Quién puede suponer que Jesús hubiera hablado así a "La Madre de Dios", "La Mediadora del Cielo"? Si Dios hubiera querido presentar a María como la persona a quién debemos dirigir las oraciones, ¿habría hablado así Jesús acerca de ella? La respuesta es muy obvia. Entonces, ¿por qué se supone que debemos orar a ella y que Jesús le hace caso ahora? Si el reino de Jesús hubiera sido de este mundo, es muy probable que El sí hubiera hecho mucho caso a su madre. La habría recibido como Salomón atendió a su madre (1 Reyes 2:19,20).
Desde luego, Jesús amaba y respetaba a su madre. Luc. 2:41, Jesús estaba sujeto a José y María. Es importante comentar que a Jesús nunca le faltó respeto por su madre. Juan 19:26,27. Aun en la cruz cuando estaba en tanta agonía se preocupó por el cuidado de ella, pero recuérdese bien lo que dice Jesús (Lucas 11:28). En el v. 27 vemos que "una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los senos que mamaste", pero ¿qué le contestó Jesús? "Y él dijo: Antes bienaventurado los que oyen la palabra de Dios, y la guardan".
Por lo tanto, aprovechó la interrupción causada por María y sus hermanos para enseñar una lección importante de que las relaciones espirituales son más importantes que las relaciones familiares. ¿Quiénes constituyen la familia verdadera de Jesús? "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?" Los hombres dan mucha importancia a la relación familiar. Para muchos es de suma importancia. Todos saben de la importancia de cada miembro de la familia real. Los hijos son príncipes y princesas que siempre deben dar todo honor a su rey padre y a su reina madre. Sin despreciar a su familia, Jesús enseña que hay que dar preferencia a la familia espiritual. "Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos, porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre". Una sola persona es hermano, hermana y madre de Jesús. El no dice que algún discípulo es mi hermano, que alguna discípula es mi hermana, y otra mi madre, sino que cada discípulo(a) es su hermano, hermana y madre. ¿Dónde está el nombre de usted (y el mío) en el v. 50? Espero que esté en la frase "todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos". Para estar en la familia de Jesús tenemos que hacer la voluntad del Padre. Por el otro lado "Ninguno puede venir a mí, si el Padre quien me envió no le trajere" (Jn. 6:44). Jesús es el único camino al Padre (Jn. 14:6). "Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre" (1 Jn. 2:23).
"Dad las nuevas a mis hermanos", Mat. 28:10, seguramente hablando, no de sus hermanos carnales, sino de sus discípulos. Sin embargo, es importante comentar que algunos de sus hermanos llegaron a ser sus "hermanos" espirituales, Hech. 1:14; Gál. 1:19 (este Jacobo es Santiago, autor de la epístola de ese nombre; Judas 1, hermano de Jacobo y de Jesús).
En este texto hay lecciones prácticas para nosotros. Siempre existe la tentación de dar preferencia a los de la familia física, pero recuérdese Mat. 10:34-39. Gál. 6:10, "hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe". ¿A quiénes debemos dar preferencia? ¿Cuántos hermanos débiles descuidan alguna reunión de la iglesia por atender a los familiares que llegan de visita? Esta práctica es violación clara de esta enseñanza. ¿Qué hacer en ese caso? Invitarles a acompañarles al servicio, y si no quieren, decirles, "Están en su casa, al rato venimos". En una ocasión expliqué esto a un hermano el cual me contestó: "Pero eso es como correrlos". Le contesté: "Entonces ¿usted prefiere ofender a Cristo para no ofender a la visita?" ¡Cómo se sienten afligidos los padres cuando sus hijos dejan la religión familiar! Muchos padres y otros familiares ponen mucha presión sobre los que piensen hacerlo. Les quieren avergonzar. Les acusan de ingratos, de no amar a sus padres, y otras cosas peores. Pero es simplemente otro ejemplo del mismo problema: ¿A quién daremos preferencia, a Cristo o a la familia? Sin lugar a dudas, muchos miembros de la iglesia serán perdidos por dejar que padres, hermanos, tíos, primos y otros familiares exijan primer lugar en sus vidas. Es posible que a veces algunos padres y otros lo hagan con buenas intenciones, pero de todas maneras destruyen a sus seres queridos que han obedecido a Cristo. Mat. 8:21,22; 10:37.
Hemos ganado una familia grande en Cristo. Muchas personas que obedecen al evangelio son rechazadas por su familia, pero entonces ganan una familia muy grande de hermanos en Cristo, Mar. 10:29,30. Somos parientes de Jesús. ¡Somos su familia! ¡Es un honor tremendo! Jesús no se avergüenza de llamarnos hermanos (Heb. 2:11). Entonces, nunca nos avergoncemos de llamarnos hermanos de El.
Jesús calma la tempestad
(Mat. 8:23-27; Mar. 4:35-41)
8:22 Aconteció un día, que entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron. -- “Y había con él otras barcas” (Mar. 4:36); por eso, había otros testigos del milagro que iba a hacer.
8:23 Pero mientras navegaban, él se durmió. – Mar. 4:38, “estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal (cojín)”. Aquí se ve la humanidad de Jesús. “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (Heb. 2:14). No dejó de ser Dios, pero llegó a ser verdadero hombre también. Tuvo hambre (Mat. 4:2) y sed (Jn. 19:28), se cansó (Jn. 4:9), lloró (Jn. 11:35), y aquí vemos que El durmió. (Este es el único texto que habla del dormir de Jesús.)
-- Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago; y se anegaban y peligraban.— Mat. 8:24, “Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca”; Mar. 4:37, “Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.” Peligraban porque la barca se llenaba de agua, y el viento la sacudía y azotaba violentamente.
8: 24 Y vinieron a él y le despertaron, -- ¿Cómo pudo Jesús dormir durante la tempestad? Hubiera sido muy difícil dormir con tanto ruido (el viento, las olas, los gritos de los discípulos) y por estar mojándose tanto. En primer lugar, estaba cansado. Es muy razonable creer que El durmió profundamente por estar tan cansado, debido a sus intensas actividades, pero hay otra explicación que se puede mencionar. Durmió en medio de la tormenta porque tenía perfecta paz en su corazón. ¡Qué cuadro tan sublime! ¡Qué contraste entre la violencia de la tormenta y la serenidad del sueño de Jesús! Además, ¡qué buen ejemplo para nosotros! Debemos grabar esta imagen en la mente y nunca borrarla. Esta es la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7). Es la paz que Cristo mismo nos ha dejado (Jn. 14:27). “Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos” (Isa. 26:3, 4). Jesús nos dio en esa ocasión un ejemplo perfecto de esa paz.
-- diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! -- “Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! (Mat. 8:25); “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” (Mar. 4:38). La única esperanza de la salvación de este peligro era Jesús. Y así es siempre. Cuando las tormentas de la vida nos sacuden y azotan, no hay otra ayuda. Sin Cristo las tempestades de la vida nos dejarían desesperados.
Esta experiencia sirvió para fortalecer la fe de ellos. Compárese Jn. 11:4, 14, 15, “me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis”. La muerte de Lázaro fue una prueba severa para María y Marta, pero sirvió para aumentar su fe.
Al leer este relato recordamos lo muy humano que eran los apóstoles. Aunque todos sabemos que eran simplemente hombres como nosotros (compárese Sant. 5:17), hay peligro de olvidar esto y hacer de ellos una especie de “semi-dios”. No eran ángeles, sino hombres y tenían mucho que aprender. Eran hombres muy buenos y fieles que habían dejado todo por seguir a Jesús, pero tuvieron que crecer. Estaban en el proceso de entrenamiento. Por este motivo Jesús quería que estuvieran con El (Mar. 3:17). Recuérdese también que este evento sucedió en el principio de su ministerio (Mar. 3:13-19, la elección de los doce; Mar. 4:35-41, Jesús calma la tempestad).
Algunos de los apóstoles eran pescadores con mucha experiencia, y estaban acostumbrados a las tormentas, pero parece que esta tempestad era excepcional en su violencia. De todas maneras, estaban atemorizados y desesperados.
Ellos tenían fe en Jesús. ¿No indica su lenguaje que ellos creían que El podía hacer algo? Si para ellos El era simplemente un carpintero, ¿Para qué despertar a un carpintero? ¿Qué puede hacer un carpintero para salvar una barca durante una tormenta? Los pescadores sabían mucho más del mar que los carpinteros. Preguntan ¿No tienes cuidado que perecemos?” Si El sí tenía cuidado, ¿qué podía hacer? ¿No indica esta pregunta que tenía confianza de que El pudiera hacer algo? ¿Por qué dijeron “sálvanos’ si no tenían fe en El?
-- Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. – Jesús es el Creador. No era nada difícil que calmara esta fuerza hostil, porque El es el Creador del mundo (Jn. 1:1-3; Col. 1:16). No era difícil controlar lo que había creado. Con su palabra El creó los elementos naturales, y con su palabra los controló.
Los milagros de Jesús se hicieron instantáneamente. Hasta las olas se calmaron inmediatamente. Normalmente cuando los vientos cesan, las olas del mar siguen turbulentos por un tiempo, pero en este caso sobrevino una gran calma.
8:25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen? -- “El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza” (Mat. 8:26). Tenían fe, pero era “poca” fe (Mat. 6:30; 14:31; 16:8). Eso fue el problema que Jesús quería solucionar. Es el mismo problema que tenemos nosotros. Muchos tienen fe pero es “poca fe” y es “débil fe”. Por eso cuando se desencadenan las tormentas de la vida, nos dejan desesperados.
El temor es necesario. Es un instinto que Dios nos da para nuestra propia protección, pero el temor excesivo indica poca fe en Dios, y aun la cobardía. Mar. 4:40, “¿Por qué estáis así amedrentados?’ Esta palabra (deilos) significa “cobarde, amedrentado”. La Versión Moderna traduce Mat. 8:26, ‘¿Por qué sois cobardes?” La cobardía es causada por la falta de fe.
¿No valía la presencia de Jesús? El estuvo con ellos en la barca. ¿Creían que Jesús también iba a desaparecer en la tormenta? La duda no razona. Ya sabían que Jesús tenía grandes poderes: sobre la lepra y sobre toda clase de enfermedad, que aun podía sanar de lejos, y que tenía poder sobre los demonios. ¿No eran suficientes estas señales para convencerles? Sí, pero este caso es diferente. Ahora ellos mismos estaban en peligro. Habían visto los milagros que ayudaban a otros, pero los apóstoles no eran leprosos, ni endemoniados, ni aun enfermos, sino que estaban en gran peligro de perder su vida en una tempestad. Creían que Jesús tenía poder sobre la lepra y los vientos y el mar.
Jesús habló al mar como si fuera algún monstruo violento. “Enmudece”, literalmente, cerrar la boca con bozal, callarse, enmudecer.
Mat. 8:27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen? “Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” (Mar. 4:41). ‘Temieron’, pero aquí se usa otra palabra. Ya no es el temor de cobardía, sino temor reverencial. Ya se calmó la tempestad y se acabó el peligro. El temor que ahora sienten es aquel temor de reconocer el gran poder de Dios. Reconocían que estaban en ese momento en la presencia de Dios. (Compárese Luc. 5:8, ‘Apártate de mi, Señor, porque soy hombre pecador”; así dijo Pedro cuando encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía”).
Los hombres hacen grandes cosas, efectúan grandes cambios, pero ¿quién ha controlado algún huracán o tornado? ¿Qué hombre famoso ha podido controlar’ los elementos? Jesús calmó la tempestad, caminó sobre el agua, multiplicó panes y peces, y convirtió el agua en vino. ¿Hasta cuándo harán tales cosas los hombres grandes de la tierra?
Nunca habían visto esta clase de milagro y quedaron maravillados. Estaban atemorizados también porque peligraban sus propias vidas. Siempre es más impresionante lo que nos afecta a nosotros personalmente.
Según Mat. 14:33, cuando Jesús anduvo sobre el agua, ‘Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: En verdad eres Hijo de Dios”. Estas experiencias lograron el propósito importante de fortalecer la fe de los discípulos.
Jesús está con nosotros. Mat.. 28:20, prometió estar siempre con los apóstoles. Compárese Mar.16:20. Siempre estaba con ellos durante su ministerio, y aun ahora está con ellos en la palabra escrita por ellos, pero también está con nosotros durante todas las tormentas de la vida (enfermedades y otras aflicciones, persecución y tribulación, problemas, dificultades, en fin, siempre que seamos sacudidos y azotados por las fuerzas enemigas del alma).
“¿No tienes cuidado que perecemos?” Que nunca hagamos esta pregunta, porque Jesús demostró su cuidado por nosotros cuando fue al Calvario. Heb. 2:18; 4:15,16 nos asegura que El tiene cuidado de nosotros.
Marcos 6:45-52 registra un evento semejante. El viento les era contrario y Jesús fue a ellos andando sobre el mar. Cuando “se asombraron en gran manera y se maravillaban” Marcos da la siguiente explicación: v. 52, “Porque aún no habían entendido lo de los panes”, refiriéndose al milagro de multiplicar los panes y peces; es decir, si hubieran captado el verdadero significado de ese milagro, de que Cristo era Dios el Creador y Director de todas las cosas (incluyendo los panes y peces), no se habrían asombrado y maravillado cuando El vino andando sobre el agua y calmó los vientos.
El endemoniado gadareno
(Mat. 8:28-34; Mar. 5:1-20)
8:26 Y arribaron a la tierra de los gadarenos, que está en la ribera opuesta a Galilea. 27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre (Mateo dice que hubo dos, pero Marcos y Lucas obviamente se refieren solamente al más feroz de los dos, o que los demonios hablaron solamente a través de él) de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo (probablemente años); y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. – Después de calmar la tempestad, ahora se encuentra con algo más terrible que el rugiente mar, pero como había reprendido al viento y a las olas, también mandaba al espíritu inmundo que saliese del pobre hombre y como hubo bonanza después de la tempestad ahora había calma en el espíritu de este pobre hombre (FLC).
Los endemoniados eran personas muy dignas de conmiseración y compasión. No estaban simplemente enfermos, sino que demonios o espíritus inmundos tomaban posesión y control de sus cuerpos para atormentarlos. Les hizo miserables, mentalmente inestables, antisociables, sin dominio propio e incapaz de que otros lo controlaran, en fin, muy atormentados.
-- no vestía ropa – Esto indica que por lo menos en algunos casos de la posesión demoníaca había propensión de no llevar ropa. Entonces, ¿están fuera de sí los que no visten ropa? Marcos 5:15 dice que cuando Jesús echó fuera los demonios el hombre estaba “sentado, vestido, y en su juicio cabal”. ¿Están en su juicio cabal los que rehúsan vestirse?
8:28 Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? – Este endemoniado tenía la respuesta a la pregunta de los apóstoles, v. 25, “¿Quién es éste, que aun a los vientos y a las aguas manda, y le obedecen?”
Este es claramente un encuentro entre Dios y Satanás y Satanás no sólo está siempre muy consciente de que es inferior a Dios, sino que sabe también será totalmente derrotado y destruido por Dios. Por eso, es obvio que los endemoniados tenían conocimiento sobrenatural. Conocían a Jesús; sabían que El era el Hijo de Dios, y así lo confesaban. Como dice Santiago 2:19, “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. Mar. 5:6, “Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él”. La Biblia habla de los demonios o espíritus inmundos como personas. Hablaban a Jesús y El les hablaba.
No leemos de demonios que huyeran de Jesús, pues lo conocían y bien entendían que eso no sería posible; más bien, se acercaban a El para arrodillarse delante de El.
Sin embargo, había tendencias de locura en su comportamiento, pues “de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras” (Mar. 5:5).
No existe en la actualidad este fenómeno, pues los demonios entraban en la gente sin su permiso, pero Satanás sí entra en la gente con su permiso. Cuando entró en Judas o en Ananías y Safira, lo hizo con su permiso, y sigue haciendo lo mismo ahora. Las personas que permiten que Satanás viva en ellos hacen locuras al igual que los endemoniados del primer siglo; p. ej., ¿cómo hablan los que usan alcohol y otras drogas y los que se entregan a las otras obras de la carne (Gál. 5:19-21).
Este fenómeno no existe ahora porque no existen los dones del Espíritu Santo. Había endemoniados aun durante el tiempo de los apóstoles, porque éstos habían recibido poder de Jesús para echarlos fuera. Dios permitió que Satanás tuviera ese poder en aquel entonces para mostrar que Jesús tuvo poder sobre Satanás.
Ahora Jesús no está en la tierra y los poderes que dio a los apóstoles y otros cesaron. 1 Cor. 13:8, “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará”.
Obviamente este texto se refiere a la revelación parcial y dice que cuando lo “perfecto” (lo “completo”) llegara, lo que era en parte terminaría. “Lo perfecto” no se refiere a Cristo, pues si se refiera a Cristo, ¿quién sería “lo que es en parte”? Si “lo perfecto” es persona, también tiene que ser persona “lo que es en parte”. Además, Cristo no sería llamado “lo que es perfecto”. Si Pablo hubiera hablado de Cristo habría dicho “El que es perfecto”, pero entonces si hubiera dicho eso, se habría perdido el contraste que presentaba. No, él no habla de Cristo. Más bien, habla de la revelación parcial (esa misma carta era parte de ella) con comparación con la revelación perfecta o completa. Se refiere al completo Nuevo Testamento.
La gente habla hoy en día de “endemoniados” pero todos saben que los tales no se pueden comparar con los endemoniados mencionados en el Nuevo Testamento (p. e., el endemoniado de este texto).
-- Te ruego que no me atormentes. – Mat. 8:29, “¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” Los demonios, enviados por Satanás, sabían lo que les esperaba, pues Satanás y los suyos serán echados al infierno, al fuego eterno, Mat. 25:41; 2 Ped. 2:4; Judas 6.
8:29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, pues hacía mucho tiempo que se había apoderado de él; y le ataban con cadenas y grillos, pero rompiendo las cadenas, era impelido por el demonio a los desiertos.) -- Más de una vez lo capturaron como si hubiera sido una fiera, atándole con cadenas y grillos, pero siempre les escapaba después de romper las cadenas. Este endemoniado tenía fuerza sobrenatural. No podían ser controlados por la fuerza humana. Mat. 8:28 habla de “dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino”. Mar. 5:4 dice que “nadie le podía dominar”.
8:30 Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Cómo te llamas? – Era importante que este pobre hombre recordara su identidad personal, para distinguirse de los demonios que la poseían; es decir, para que reconociera que él y los poderes malvados que obraban en él no eran lo mismo (EF).
-- Y él dijo: Legión (respuesta de los demonios, probablemente indicando un número elevado pero indefinido; literalmente, una legión romana completa estaba compuesta de unos 6.000 soldados). Porque muchos demonios habían entrado en él. – Según esto, A veces había varios demonios en una sola persona. Mar. 16:9; Mat. 12:43. Así fue en este caso. Entonces no estaba poseído de un demonio, sino por un ejército de demonios. ¡Imagínese la profunda miseria de este hombre desdichado!
8:31 Y le rogaban que no los mandase ir al abismo. – Satanás bien sabía que cuando Dios manda, tiene que obedecer y también sabía qué le esperaba, el abismo de tormento eterno. Compárense Apoc. 9:1; 11:7; 17:8; 20:1-3.
8:32 Había allí un hato de muchos (Mar. 5:13, como 2.000) cerdos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y les dio permiso. – Los demonios querían tomar posesión de cuerpos vivos, aunque fueran cuerpos de animales.
8:33 Y los demonios, salidos del hombre, entraron en los cerdos; y el hato se precipitó por un despeñadero al lago, y se ahogó. – Esto mostró claramente que Jesús había echado fuera los demonios. La petición de los demonios les fue concedida, pero ¿les gustó el resultado? Tengamos cuidado en cuanto a lo que queramos o pidamos. Muchísimas personas, como Eva, Judas, etc., consiguen lo que querían y luego tienen que sufrir las consecuencias.
8:34 Y los que apacentaban los cerdos, cuando vieron lo que había acontecido, huyeron, (nunca en su vida habían visto cosa semejante) y yendo dieron aviso en la ciudad y por los campos. – Eran responsables de los cerdos. Tenían que convencer a sus dueños que ellos no habían descuidado su trabajo y que no habían causado esta pérdida.
8:35 Y salieron (Mat. 8:34, “Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús) a ver lo que había sucedido; y vinieron a Jesús, y hallaron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado (en lugar de estar gritando y lleno de furia como la tempestad que Jesús había calmado) a los pies de Jesús, vestido, y en su cabal juicio; y tuvieron miedo. – 8:25; 8:37; 8:47.
He aquí el contraste entre el daño hecho por Satanás a la vida humana y la bendición obrada por Jesús. He aquí el hombre tranquilizado por Jesús. He aquí el hombre civilizado por Jesús (ya lleva ropa). He aquí la obra de Jesús de hacer que la mente humana funcione correctamente (recuerde al hijo pródigo que al arrepentirse “volvió en sí”). He aquí el hombre agradecido, sentado a los pies de Jesús (recuerde el caso de María, Luc. 10:39).
8:36 Y los que lo habían visto, les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. – ¡Qué salvación tan grande! Le salvó de una miseria indecible. Sin embargo, Jesús no vino al mundo para simplemente salvar al hombre de esta manera, sino para salvar el alma de una miseria mil veces más terrible, una miseria que no tiene fin.
8:37 Entonces toda la multitud de la región alrededor de los gadarenos le rogó que se marchase de ellos, pues tenían gran temor. – ¿Por qué no aprovecharon la presencia de Jesús para traerle sus enfermos, leprosos y otros endemoniados? ¡Qué pérdida tan tremenda sufrieron! Compárese Jn. 4:40, “Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días”. También veremos esta misma actitud en el v. 41, “le rogaba que entrase en su casa”. En lugar de ser atraídos a Jesús por su misericordia, los gadarenos se alejaban de El por temor de su poder sobre demonios. Así es la reacción de incrédulos, siempre ilógica e insensata. Los apóstoles también se llenaban de temor (v. 25) pero su temor no les alejaba de Jesús.
También posiblemente tenían temor de que Jesús hiciera otros milagros semejantes que les causaran daños materiales. Sin duda los dueños de los cerdos eran como los plateros de Efeso que solamente consideraban el estado de sus finanzas (Hech. 19:24-31).
La reacción de este pueblo muestra su degradación espiritual. El maravilloso Jesús – su poder para echar fuera demonios y sanar, para enseñar y salvar – solamente provocaba temor (ALA). Tenían miedo de lo que no entendían. No querían perder más propiedad. Para ellos la pérdida de los cerdos era más importante que la sanidad del endemoniado. No se regocijaban por este hombre rescatado de una existencia horrible y miserable, sino que sólo pensaban en su propiedad. No alabaron a Jesús, no le dieron gracias. Más bien, le rogaron que se fuera de sus contornos. Los gadarenos no solamente no recibieron a Jesús; más bien, ¡lo despidieron! Varias veces los judíos trataron de matarlo, pero esta es la única vez que la gente pidió que saliera de su territorio. Salió y que sepamos nunca volvió.
¿Pueden los hombres despedir a Cristo quien es Dios? Sí, lo pueden hacer, y millones lo hacen todos los días. Apoc. 3:20, “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Cristo era y es verdadero Dios pero creó al hombre con libre albedrío, y la puerta del corazón humano se abre desde adentro. Jesús no entra a fuerza. Si no le damos entrada, lo estamos despidiendo como lo hicieron estos gadarenos.
-- Y Jesús, entrando en la barca, se volvió. 38 Y el hombre de quien habían salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él; – En lugar de querer despedirle, éste quería acompañarle. En esto mostraba su gratitud, confianza y amor. También es posible que tuviera temor de que los demonios volvieran (Mat. 12:43-45).
-- pero Jesús le despidió, diciendo: 39 Vuélvete a tu casa, -- Este hombre tenía hogar. Tenía familia. ¡Imagínese el gozo de la familia al verle restaurado a ellos! Entonces allí mismo, en “tu casa” debía empezar su obra de evangelización.
-- y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. – Mar. 5:19 agrega, “y cómo ha tenido misericordia de ti. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban”. ¡Cuán grandes cosas! Jesús puede transformar al hombre. Le quiere (y puede) transformar mental, social, espiritual y aun físicamente.
En varios textos (p. j., Luc. 5:14) Jesús dijo a los sanados que no contaran el milagro a otros, pero aquí dice al hombre que lo hiciera. ¿Por qué? Este distrito era muy aislado y no habría problema de la fama excesiva que impedía su obra en Galilea y Judea.
-- Y él se fue, publicando por toda la ciudad -- Mar. 5:20, “Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban”. Decápolis era la región de diez ciudades. Mar. 7:31-35 relata un milagro hecho en Decápolis. Probablemente éstos ya sabían de Jesús por el testimonio del ex endemoniado gadareno.
-- cuán grandes cosas había hecho Jesús con él. – Despidieron a Jesús, pero este hombre se encargó de proclamar la buenas nuevas. Jesús le dijo, “cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo, y él se fue publicando “cuán grandes cosas había hecho Jesús con él”. Al contar lo que Jesús había hecho, él estaba contando lo que Dios había hecho.
Luc. 11:24-26 dice un demonio que se había echado, “Volveré a mi casa de donde salí. 25 Y cuando llega, la halla barrida y adornada. 26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. Pero los que imitan a este hombre gadareno no volverán a su estado de miseria.
8:40 Cuando volvió Jesús, le recibió la multitud con gozo; porque todos le esperaban. – Dondequiera le esperaban, con la excepción de los gadarenos (8:37).
La hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús
(Mat. 9:18-26; Mar. 5:21-43)
8:41 Entonces vino un varón llamado Jairo, que era principal (oficial) de la sinagoga, -- uno de los oficiales o principales, pues había pluralidad de éstos en cada sinagoga, como debe haber pluralidad de ancianos en cada iglesia (Hech. 14:23; 20:17, 28; Heb. 13:17).
Siendo principal o jefe de la sinagoga pertenecía a la clase más alta de la sociedad.
-- y postrándose a los pies de Jesús, -- Mat. 2:2,8,11; 8:2; 9:18; 14:33; 15:25; 20:20; 28:9, 17; Jn.9:38; Heb. 1:6. La palabra “postrarse” traduce proskuneo y “significa adorar” (WEV); se traduce “adorar” en Mat. 4:10; Jn. 4:21-24 y otros textos; “le adoró” (Mat. 9:18, LBLA, margen). Esto fue un acto de gran humildad para un oficial de la sinagoga del rango más alto de la sociedad. Indica mucha fe en Cristo. Recuérdese Hech.18:8, “Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”.
-- le rogaba que entrase en su casa; 42 porque tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo. – Mar. 5:23, “mi hijita” (LBLA). El caso se pone más serio cuando es “una hija única” o como en el caso del hijo de la viuda de Naín “el único hijo” (7:12) y “el único que tengo”, el muchacho endemoniado (9:38). Recuerde también la parábola de Natán (2 Sam. 12:1sig.) de la única ovejita del hombre pobre.
Mat. 9:18, “y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir (el relato de Mateo es más breve; por eso, sólo habla de ella ya muerta); mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá”. Este hombre tuvo una fe “grande”, pues creía que Jesús podía levantar a su hija de entre los muertos. La fe del centurión (8:7) dejó una impresión muy favorable sobre Jesús porque no sólo creía que Jesús podía sanar a su siervo, sino que dijo, “no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará”
-- Y mientras iba (Mat. 9:19, “le siguió con sus discípulos”), la multitud le oprimía. “Le apretaba” (LBLA). Fue una masa compacta.
8:43 Pero – No solamente fue detenido por la multitud, sino que ahora hay otra interrupción. Jesús estaba muy acostumbrado a las interrupciones y siempre mostraba mucha paciencia. Compárense los siguientes casos: 5:17sig., mientras enseñaba abrieron el techo para bajar a un paralítico para ser sanado; Mar. 1:35-37, fue a un lugar desierto para orar, pero lo encontraron diciéndole, “todos te buscan”; Mar. 10:46-48, cuando viajaba (saliendo de Jericó) el ciego Bartimeo pide la vista; y Luc. 8:22-24, la tempestad interrumpió su sueño.
-- una mujer que padecía de flujo de sangre (hemorragias) desde hacía doce años, -- Mar. 5:29, el mal de la mujer se llama “azote”, que significa un “látigo por medio del cual se infligía una flagelación; figura enérgica de la aflicción de esa pobre mujer” (B-S).
-- y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, -- Marcos 5:26 dice que “había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor”. ¡Qué caso más triste cuando en lugar de ayudar al paciente los médicos hacen peor la enfermedad! En aquel tiempo no había avanzado mucho la ciencia médica. La enfermedad que tenía la dejaba muy debilitada.
8:44 se le acercó – porque había “oído” de Jesús (Mar. 5:27, “cuando oyó hablar de Jesús”); es decir, que sepamos no había visto ningún milagro, pero como dice el apóstol Pablo (Rom. 10:27), “la fe viene por el oír”. Así fue en el caso de esta mujer. Mat. 9:21, “porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto seré salva” (Si tan sólo toco su manto, sanaré”, LBLA). ¿Cuál de las dos versiones es la correcta? Las dos porque el verbo sozo quiere decir “sanar” tanto como “salvar”. La palabra sozo se traduce salvar o sanar, porque significa la “liberación material y temporal de peligros, sufrimientos, etc.” y también de “la salvación espiritual y eterna”. En realidad esto nos hace ver más claramente la relación entre los milagros de sanidad que Jesús realizó y la salvación del alma; es decir, Jesús sanó el cuerpo para que la gente creyera que El podía salvar su alma.
-- por detrás-- Se acercó a Jesús con mucha timidez porque su enfermedad le hizo inmunda (Lev. 15:26). Esta pobre mujer había perdido su salud, su dinero y su vida social y religiosa. Verdaderamente Jesús era su “última esperanza” (GH).
-- y tocó el borde (la franja) de su manto; -- 6:19, “Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos”.
Sabiendo que era mujer inmunda no pensaba tocar a Jesús porque tal toque lo hubiera hecho inmundo. Confiaba que con el puro toque de la franja de su manto, podría recibir la sanidad. La franja del manto tenía importancia para los judíos por la siguiente razón: Núm. 15:38, “Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul. 39 Y os servirá de franja, para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos de Jehová, para ponerlos por obra”. Es posible que esto hubiera estado en el pensamiento de esta mujer.
Ahora no podemos “tocar” a Jesús físicamente, pero la fe sí puede tocarle espiritualmente. Por medio del bautismo (Rom. 6:3,4, bautizados en Cristo, en su muerte). Por medio de la comunión con su cuerpo y su sangre al participar de la cena del Señor cada primer día de la semana (1 Cor. 10:16; 11:23-27; Hech. 20:7). Y, desde luego, por medio de todo el servicio que le rendimos.
-- y al instante se detuvo el flujo de su sangre. – Otro milagro hecho instantáneamente.
8:45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? – Mar. 5:32, el griego dice, “y miraba en torno suyo para ver a la que esto había hecho” (Interlineal Lacueva). Jesús sabía exactamente quién le había tocado, y “miraba en torno suyo” para verla. Algunos leen esta pregunta como si en realidad Jesús ignorara quién le había tocado, pero compárense las siguientes preguntas: Gén. 3:9, a Adán Dios dice “¿Dónde estás tú?; Gén. 4:9, a Caín le pregunta, “¿Dónde está tu hermano?”; 2 Reyes 5:25, Eliseo pregunta a Giezi, “¿De dónde vienes?” Luc. 17:17, “Y los nueve, ¿dónde están?” Tales preguntas no significan que la persona que pregunta ignoraba la respuesta; más bien había otro propósito.
Jesús conocía a esta mujer y conocía también su fe. Quería sanarla, pero era indispensable (1) que ella entendiera que no fue el manto sino Jesús que le sanaba porque El quería hacerlo; (2) que ella diera su testimonio de haber sanado; (3) que la gente se diera cuenta que ella ya no era inmunda y podría ser restaurada a su vida social y religiosa (ya podría entrar libremente en el templo); y (4) recuérdese que los milagros de Jesús eran señales para producir fe (Jn. 20:30, 31), pero no podían hacerlo si eran secretos. Tenían que ser públicos.
-- Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime (“palabra que se emplea en Diódoro y Josefo de prensar las uvas”, ATR), y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? – Jesús no hace esta pregunta para obtener información, sino para dar información (JWM). Hizo esta pregunta para que la mujer ya sanada no saliera pensando que el manto de Jesús tuviera poder para sanar. Ella no fue sanada simplemente por haber tocado el manto de Jesús, sino porque era la voluntad de Jesús sanarla. Jesús sabía de la fe de esta mujer y quería que ella la expresara, como lo hicieron el centurión (7:9), los discípulos (8:25), el ex endemoniado gadareno (8:39), el leproso (17:19), y el ciego de Jericó (18:42). Además, de esta forma, otros verían el resultado de tal demostración de fe.
8:46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. – Pero el poder que salio de Jesús (6:19) de acuerdo a su voluntad. No salió involuntariamente, ni de manera mágica.
8:47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, -- Cualquier otro rabí la hubiera reprendido por haberle tocado. La palabra “vino” indica que ya se iba. Ella había logrado su propósito. Tocó la franja del manto de Jesús y recibió la sanidad, pero oye la palabra de Jesús y reconoce que tiene que responder.
-- y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. – Dio su testimonio. Esto era mucho mejor para ella, porque de esa manera todos se darían cuenta que ya no era inmunda. También confirmaría el milagro hecho por Jesús.
8:48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; vé en paz. – Obsérvese que la fe de esta mujer no era una “fe sola” (fe muerta), sino que le motivaba a hacer algo. Jesús conoce el corazón de todos; por eso, sabía que esta mujer tenía fe. Sin embargo, cuando ella solamente tenía fe, no sanó. Más bien, fue sanada cuando su fe fue manifestada en acercarse y tocar el manto de Jesús.
8:49 Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro – Esto indica que cuando Jairo salió de su casa su hija no estaba muerta. Obviamente la persona que trajo este mensaje no tenía fe en Jesús. El deja la impresión que Jairo solamente estaba “molestando” a Jesús. Mar. 5:35, “Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?” Fue como si dijeran, “¿Para qué molestarle? No puede hacer nada”.
8:50 Oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva. – es decir, seguir creyendo (así el Interlineal de Lacueva lo traduce), no deje de creer. La actitud negativa de los que trajeron el mensaje triste pudiera haber desanimado a Jairo. Hay que tener mucho cuidado de lo que otros digan cuando estamos en medio de alguna aflicción semejante. El mundo está lleno de incredulidad.
Sin duda Jairo necesitaba esta palabra de aliento. Primero, la multitud apretaba a Jesús y por esa causa, se requería más tiempo para llegar a la casa de Jairo. Luego Jesús es detenido por la pobre mujer con hemorragias. Ahora le avisan definitivamente que su hijita ya murió. Las palabras de Jesús serían muy alentadoras en ese momento tan difícil.
Este es texto predilecto de los que enseñan la doctrina de la salvación por la fe sola, pero este texto no da apoyo a esa falsa doctrina. Jesús no le dijo “cree solamente sin ningún acto de obediencia”; Jairo ya había demostrado en acción física su gran fe en Cristo. Lo que Jesús está diciendo es que Jairo tenía dos opciones: podía creer que Jesús podía resucitar a su hija, o de otro modo, podría simplemente sepultarla con gran dolor en su corazón.
Además, el texto no ayuda la doctrina de “salvación por la fe sola”, porque Jairo no solamente tenía fe en Cristo, él lo buscó, se postró delante de El para adorarle y le está llevando a su casa, y si Jesús hubiera requerido otro “acto de fe”, con gozo lo habría hecho. No hubiera rechazado ningún mandamiento, ni hubiera demorado en llevarlo a cabo y al hacerlo nunca hubiera pensado que estaba mereciendo el gran favor que le hizo Jesús.
8:51 Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña. – Seguramente la gente pensaba (y tal vez decía), “Y éste, ¿por qué vino ahora? ¿Qué piensa hacer? ¿No sabe que la niña está muerta?” Pero Jesús sí llegó y entró con el propósito de devolver la hijita de Jairo a su familia.
En tres ocasiones llevó a estos tres para acompañarle y ser testigos: 1) en esta ocasión; 2) cuando Jesús fue transfigurado (Luc. 9:28-36); y 3) en el huerto de Getsemaní (Mat. 26:37).
8:52 Y lloraban todos y hacían lamentación por ella. – Dice Mat. 9:23 que tocaban flautas, y la gente hacía alboroto. Aun la gente más pobre ocupaba a mujeres (lloronas profesionales llamadas plañideras) para acompañar llorando en los entierros. Jer. 9:17, “Así dice Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad plañideras que vengan; buscad a las hábiles en su oficio; 18 y dense prisa, y levanten llanto por nosotros, y desháganse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se destilen en aguas” (véase también Amós 5:16).
-- Pero él dijo: No lloréis (1 Tes. 4:13); no está muerta, sino que duerme. -- Al decir que la niña no estaba muerta sino dormida Jesús dio hincapié a la naturaleza verdadera de la muerte; es decir, no es el fin, sino un período breve de transición de un estado a otro de nuestra existencia, y enfatiza la certeza de la resurrección. (Desde luego, en realidad estaba muerta, 9:18; Luc. 8:53, y cuando Jesús dijo, “la niña no está muerta, sino duerme,” sin duda esto causó que la gente afirmara que sí estaba muerta). Dan. 12:2, “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”; 1 Tes. 5:10, “quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él”; véanse también Jn. 11:11, 14; Hech. 7:60; 1 Cor. 15:6; 1 Tes. 4:13-15.
8:53 Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. – Se burlaban de El y confirmaban fuertemente que la niña estaba muerta, porque si no estaba muerta ellos no podrían cobrar por sus servicios de lamentación (JWM). Sin embargo, al confirmar ellos que la niña estaba muerta, esto en turno confirmar el milagro de Jesús, de que en realidad El la había resucitado de entre los muertos.
Mar. 5:40, “Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña”.
El modernista William Barclay dice en su comentario lo siguiente: “Estaban seguros de que estaba muerta, pero Jesús dijo que dormía. Es perfectamente posible que dijera esto literalmente. Puede ser que estemos aquí ante un milagro de diagnóstico; que Jesús vio que la niña estaba en un trance profundo y que iba a ser enterrada vivo”. Es mucho más fácil creer el milagro de Jesús que la
“explicación” de los modernistas (incrédulos).
8:54 Mas él, tomándola de la mano, clamó diciendo: Muchacha, levántate. – Las palabras de Jesús fueron las que el padre o madre usan para despertar a su niña por la mañana.
8:55 Entonces su espíritu volvió (los “testigos” de El Atalaya creen que esto es imposible), e inmediatamente se levantó; – Este es otro de los muchos textos que enseñan claramente que el espíritu del hombre no muere. Cuando el muere su espíritu sale, pero no deja de existir. En los casos de personas resucitadas de entre los muertos, el espíritu vuelve al cuerpo y revivificarlo. De la misma manera así será la resurrección general de los muertos en el Día Final; es decir, el espíritu se unirá con el cuerpo resucitado e incorruptible (1 Cor. 15:50-57).
-- y él mandó que se le diese de comer. – Probablemente no había comido por varios días. Estando tan “atónitos” los padres, fácilmente podrían descuidar esta necesidad básica de su hijita.
8:56 Y sus padres estaban atónitos (asombrados); pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido. – Porque ya le sobraba fama y El no podía dedicar todo su tiempo a sanar enfermos. Su obra principal era la de enseñar. Además, no sería bueno para el carácter de la niña. Imagínese lo espectacular de ser reconocida dondequiera que fuera como la niña que murió y que resucitó (compárese Jn. 12:9). La Biblia no habla más de ella, porque no fue escrita para satisfacer la curiosidad del lector, pero seguramente esta jovencita llegaría a ser una de las más fieles seguidores de Jesús.
Mat. 926, “Y se difundió la fama de esto por toda aquella tierra”. También Cristo resucitó a Lázaro (Jn. 11:43, 44) y al hijo de la viuda de Naín (Luc. 7:14, 15). Otros ejemplos de levantar muertos fueron: Elías (1 Reyes 17:17-24), Eliseo (2 Reyes 4:17-37), Pedro (Hech. 9:36-42) y Pablo (Hech. 20:9-12).
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Al Estudio Anterior: El Evangelio según Lucas - Capítulo 7 Comentarios Index Al Siguiente Estudio: El Evangelio según Lucas - Capítulo 9
jueves, septiembre 30
Lucas Capítulo 8
Lucas Capítulo 8
1 Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios, y los doce con él,
2 y algunas mujeres que habían sido curadas por él de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,
3 y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.
4 Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron a él, dijo por una parábola:
5 Uno que sembraba, salió a sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada; y las aves del cielo la comieron.
6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
7 Otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fue nacida, llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era ésta parábola.
10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del Reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, para que no se salven creyendo.
13 Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.
14 Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
15 Y la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.
16 Ninguno que enciende el candil lo cubre con vasija, o lo pone debajo de la cama; mas lo pone en un candelero, para que los que entren vean la luz.
17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir a luz.
18 Mirad pues cómo oís; porque a cualquiera que tuviere, le será dado; y a cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
19 Y vinieron a él su madre y hermanos; y no podían llegar a él por causa de la multitud.
20 Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.
21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen mi palabra, y la hacen.
22 Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron.
23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y se anegaban de agua, y peligraban.
24 Y llegándose a él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él, increpó al viento y a la tempestad del agua; y cesaron, y fue hecha grande bonanza.
25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen?
26 Y navegaron a la tierra de los gadarenos, que está delante de Galilea.
27 Y saliendo él a tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de muchos tiempos; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
28 El cual, cuando vio a JESUS, exclamó y se postró delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, JESUS, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)
30 Y le preguntó JESUS, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
31 Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
32 Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó por un despeñadero en el lago, y se ahogó.
34 Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
35 Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a JESUS, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, a los pies de JESUS; y tuvieron miedo.
36 Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.
37 Entonces toda la multitud de la tierra de los gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, se devolvió.
38 Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas JESUS le despidió, diciendo:
39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, predicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho JESUS con él.
40 Y aconteció que volviendo JESUS, le recibió la multitud; porque todos le esperaban.
41 Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo a los pies de JESUS, le rogaba que entrase en su casa;
42 porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la multitud.
43 Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,
44 llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no se podía esconder, vino temblando, y postrándose delante de él le declaró delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.
48 Y él dijo: Confía hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga a decirle: Tu hija está muerta, no des trabajo al Maestro.
50 Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva.
51 Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la niña.
52 Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme.
53 Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Y él, echados todos fuera, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen de comer.
56 Y sus padres estaban fuera de sí; a los cuales él mandó, que a nadie dijesen lo que había sido hecho.
1 Y aconteció después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el Evangelio del Reino de Dios, y los doce con él,
2 y algunas mujeres que habían sido curadas por él de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,
3 y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.
4 Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron a él, dijo por una parábola:
5 Uno que sembraba, salió a sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada; y las aves del cielo la comieron.
6 Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
7 Otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
8 Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fue nacida, llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era ésta parábola.
10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del Reino de Dios; mas a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, para que no se salven creyendo.
13 Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.
14 Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
15 Y la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.
16 Ninguno que enciende el candil lo cubre con vasija, o lo pone debajo de la cama; mas lo pone en un candelero, para que los que entren vean la luz.
17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir a luz.
18 Mirad pues cómo oís; porque a cualquiera que tuviere, le será dado; y a cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
19 Y vinieron a él su madre y hermanos; y no podían llegar a él por causa de la multitud.
20 Y le fue dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.
21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen mi palabra, y la hacen.
22 Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lago. Y partieron.
23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y se anegaban de agua, y peligraban.
24 Y llegándose a él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él, increpó al viento y a la tempestad del agua; y cesaron, y fue hecha grande bonanza.
25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es éste, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen?
26 Y navegaron a la tierra de los gadarenos, que está delante de Galilea.
27 Y saliendo él a tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de muchos tiempos; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
28 El cual, cuando vio a JESUS, exclamó y se postró delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, JESUS, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes.
29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)
30 Y le preguntó JESUS, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
31 Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
32 Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó por un despeñadero en el lago, y se ahogó.
34 Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
35 Y salieron a ver lo que había acontecido; y vinieron a JESUS, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, a los pies de JESUS; y tuvieron miedo.
36 Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.
37 Entonces toda la multitud de la tierra de los gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, se devolvió.
38 Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas JESUS le despidió, diciendo:
39 Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, predicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho JESUS con él.
40 Y aconteció que volviendo JESUS, le recibió la multitud; porque todos le esperaban.
41 Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo a los pies de JESUS, le rogaba que entrase en su casa;
42 porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la multitud.
43 Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,
44 llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
46 Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.
47 Entonces, cuando la mujer vio que no se podía esconder, vino temblando, y postrándose delante de él le declaró delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.
48 Y él dijo: Confía hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
49 Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga a decirle: Tu hija está muerta, no des trabajo al Maestro.
50 Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y será salva.
51 Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la niña.
52 Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme.
53 Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Y él, echados todos fuera, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen de comer.
56 Y sus padres estaban fuera de sí; a los cuales él mandó, que a nadie dijesen lo que había sido hecho.
miércoles, septiembre 29
COMENTARIO LUCAS 7
LUCAS 7
Jesús sana al siervo de un centurión (Mat. 8:5-13)
Lecciones enseñadas en este texto:
1. La lección principal es que aunque muchos judíos no creían en Jesús, un militar romano de alto rango reconocía la autoridad de Jesús.
2. Aunque muchos esclavos eran maltratados por sus amos, este hombre quería a su siervo y se preocupaba por él.
3. Aunque la mayoría de los romanos eran odiados por los judíos, éste era apreciado y respetado por ellos.
4. Aunque el centurión era rico, no abusó de sus riquezas, sino que usaba su dinero para edificar una sinagoga.
5. Por esta causa los judíos decían que este romano era digno de ser bendecido por Cristo.
6. Aunque no era lícito para un judío entrar en la casa de un gentil (Hech. 10:28) Jesús aceptó ir a la casa del centurión.
7. Aunque el centurión era muy poderoso (centurión más o menos equivalía a “capitán”), a la vez era muy humilde.
8. Este centurión entendía perfectamente lo que es la autoridad y la obediencia.
9. Tenía fe excepcional en Cristo, una fe que Jesús alababa, porque creía que aun de lejos Jesús podía sanar a su siervo con nada más decir la palabra.
10. ¿Qué otra lección o lecciones puede usted agregar? Todas estas lecciones producen fe (Rom. 10:17) y nos edifican.
7:1 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm. 2 Y el siervo de un centurión --“denota un oficial militar al mando de 50 o 100 hombres, según el tamaño de la legión de la que formara parte” (Vine); el centurión romano era “Oficial del ejército romano (Hch. 21:32; 22:26), comandante de 100 soldados, más tarde, de una cantidad algo mayor (cp. 23:23)” (V-E). Eran la “espina dorsal” del ejército romano. El Nuevo Testamento habla de algunos centuriones excepcionales: aparte del centurión mencionado en este texto, leemos de Cornelio (Hech. 10, 11) y de Julio, el centurión encargado de Pablo en su viaje a Roma. También digno de mencionarse fue aquel centurión encargado de la crucifixión de Jesús quien exclamó, “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mat. 27:54). El centurión de este texto amaba a su siervo, amaba a los judíos y apoyaba el culto al Dios verdadero.
-- a quien éste quería mucho, estaba enfermo (paralítico, Mat. 8:6) y a punto de morir. – Había amos crueles, pero también había amos bondadosos. 1 Ped. 2:18 se refiere a las dos clases de amos. Cuando se toma en cuenta la posición social de los esclavos en aquel entonces, la simpatía de este centurión es admirable, porque algunos militares permiten que su experiencia en guerras, etc. les endurezcan el corazón y se preocupan poco por otros
7:3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús (4:37; 6:17-19), le envió unos ancianos de los judíos, rogándole (no “mandándole” como un oficial romano, sino “rogándole” como hombre humilde) que viniese y sanase a su siervo. – El centurión rogaba por su siervo amado, y los judíos rogaban por el centurión. Según Mateo, el centurión mismo vino a Jesús rogándole por su siervo (“Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”, Mateo 8: 5).; según Lucas, los judíos le rogaban. En esto no hay conflicto alguno. Tanto el centurión como los judíos le rogaban, o el centurión le rogaba a través de los judíos como sus agentes. “Lo que uno hace por medio de otros lo hace por sí mismo, como Pilato ‘azotó a Jesús’ (esto es, hizo que lo azotaran, ATR)”. V. 4, “nos edificó una sinagoga”, ¿con sus propias manos?
Los judíos estaban bajo el yugo de Roma, pero aquí está un romano de mucha autoridad rogando a un judío. Aunque muchos romanos despreciaban a los judíos este centurión era un bienhechor de ellos (compárese Hech.10:2. Cornelio, un centurión romano, “hacía muchas limosnas al pueblo” judío), y ahora este centurión romano pide un gran favor de estos judíos y mayormente de Jesús.
7:4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud (muchos de los “ancianos” de los judíos eran enemigos de Jesús, pero no todos), diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y (él mismo) nos edificó una sinagoga. – De esta manera los judíos podían recompensar al centurión por su gran benevolencia hacia ellos. ¿Por qué haría un oficial romano tal cosa para los judíos? Obviamente porque él había oído del Dios de Israel y creía en El. Probablemente su carácter bondadoso se podía atribuir a su fe en Dios. Este centurión nos recuerda de otro centurión llamado Cornelio quien adoraba a Dios (Hech. 10:1, 2). Este centurión, al igual que Cornelio (Hech. 10:2,22), tenía buenas cualidades: amaba a los judíos, amaba a su siervo y estaba muy preocupado por él, era hombre generoso y tenía mucha fe en Cristo.
¿Es correcto decir que alguno es “digno” de recibir las bendiciones de Jesús? Dice Hendriksen, comentarista calvinista de renombre, “Por bien intencionada que haya sido esta evaluación, huele a la doctrina de méritos humanos”. Pero ¿qué diremos de lo que Jesús dice en Luc. 10:7 y Pablo en 1 Tim. 5:18, que “el obrero es digno de su salario”? ¿No lo es? ¿Y qué diremos de lo que Jesús dice en Apoc. 3:4, “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas” o Apoc. 19:7, 8, “han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”? ¿Todo esto “huele a la doctrina de méritos humanos”? ¿Es más sabio el Sr. Hendriksen que Jesús, el Espíritu Santo y el apóstol Pablo?
¿No debemos citar estos textos que hablan de algunos como “dignos”? ¿Los santos no son dignos? Jesús dice que sí. ¿Por qué tememos esta palabra puesto que es muy bíblica? Dios provee la salvación por medio de Cristo, pero esta salvación es condicional; es decir, para ser salvos tenemos que ser obedientes y fieles, siendo activos y llevando fruto para la gloria de Dios” y la Biblia enseña que los fieles son dignos. Prefiero creer lo que la Biblia dice sobre el tema.
7:6 Y Jesús fue con ellos. – Mat. 8:7, “Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré”, aunque no era lícito que un judío entrara en la casa de un gentil (Hech. 10:28; Jn. 18:28). “Fue con ellos” aunque “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat. 15:24). ¿Pensaba entrar en la casa de un gentil? Si no, ¿para qué “ir” para sanarle? Durante Su ministerio personal Jesús comenzó a tumbar barreras.
¡Cuán accesible era Jesús a todos, tanto a los gentiles como a los judíos! Si Jesús hubiera sido motivado por sentimientos humanos (carnales), habría dicho, “¿qué tiene que ver eso de que les haya edificado una sinagoga? No iré porque los romanos son opresores del pueblo”.
Compárese el caso de la mujer cananea (Mat. 15:21-28). “Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré” (Mateo 8:7, 8). No dijo, “Yo iré y trataré de sanarle”. La venida de Jesús al mundo no era ninguna clase de “experimento”. No vino para ver si podía vivir sin pecar, y no vino para ver si podía sanar enfermos, etc. Tuvo misión específica de principio a fin y la llevó a cabo.
-- Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; -- ¡Qué palabras más extrañas de labios de un elevado militar romano! El comportamiento de los militares romanos de alto rango era con dignidad y orgullo. Esperaban ser honrados y estimados por el pueblo, pero este militar dice, “no soy digno”. Precisamente por causa de su humildad y fe él era digno de recibir la bendición de Cristo. El que se humillare, será exaltado. Luc. 15:19, el hijo pródigo dijo lo mismo, “no soy digno”. También el publicano (Luc. 18:13).
El v. 3 dice, “rogándole que viniese”, pero ahora envía a Cristo unos amigos para decirle que no entrara bajo su techo. Si Jesús estuviera aquí en la tierra, ¿nos sentiríamos dignos de que entrara bajo nuestro techo? ¿Diríamos “ni aun me tuve por digno de venir a ti”? Tomando en cuenta la hermosa invitación de Mat. 11:28-30 la respuesta debe ser que “sí”, pero con toda reverencia.
Este centurión era muy excepcional. Imagínese un militar de alto rango pero a la vez tan humilde. Aunque él había edificado una sinagoga para los judíos, el no tuvo “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Rom. 12:3). Si hubiera edificado 100 sinagogas, podría haber dicho la misma cosa, “no soy digno”. Aquí está un personaje muy excepcional, pues a pesar de su posición exaltada en el servicio militar, no se sentía digno de que un judío, un carpintero llamado Jesús de Nazaret, entrara bajo su techo. Reconocía que Jesús era muy superior a él. Lamentablemente la mayoría de los hombres (mayormente los elevados de este mundo, los ricos, los que ocupan puestos elevados en el gobierno, etc.) no comparten la humildad del centurión. El reconocía lo que todos deben reconocer: que nadie es digno (en el sentido de “merecer”) de recibir las bendiciones que trajo Jesús. Todos deben imitar al publicano de Luc. 18:13 (“Dios, sé propicio a mí, pecador”). Debemos recordar esto siempre que nos acerquemos a Dios.
Luc. 18:14, “cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”; Mat. 18:4, “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. Este centurión fue bendecido porque se humilló delante de Jesús. Entre más grande nuestra fe en la grandeza de Cristo, más humildad producirá en nosotros.
-- pero di la palabra, y mi siervo será sano. – Salmo 148:5, “Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados”. Gén. 1:3, “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (y así a través de los días de creación). Los judíos, amigos del centurión, rogaron a Jesús que él “viniese”, pero el centurión dice que no tiene que venir, “pero di la palabra” solamente. El no sólo creía en la autoridad de Jesús, sino también que Jesús podía sanar aun de lejos. El oficial del rey que quería que Jesús sanara a su hijo, “vino a él y le rogó que descendiese” para sanar a su hijo (Jn. 4: 46, 47), pero este centurión dijo que no era necesario que Jesús fuera a su casa. Dijo, “Señor, no te molestes”. Cuando él (el centurión) daba órdenes, no importaba de qué lugar las daba. Si estaba presente con los soldados o siervos, o si estaba lejos de ellos, sus órdenes habían de ser obedecidas. El reconocía la autoridad de Jesús. Sabía que El podía ejercerla de cerca o de lejos.
Este texto enfatiza la gran fe del centurión, pero hay otra lección importantísima que no debe descuidarse: el poder, la autoridad, la majestad divina, etc. de Cristo fueron reconocidos por un extranjero que no había gozado todos los beneficios de los judíos como pueblo escogido de Dios. Sin tocar y sin ver al siervo del centurión moribundo Jesús lo sanó con su palabra omnipotente.
7: 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. – Este centurión entendía y creía en la obediencia. El entendía que sus superiores tenían el derecho de darle órdenes, esperando la obediencia, y que de la misma manera él tenía la autoridad para dar órdenes a sus inferiores y le deberían obedecer. El conocía la autoridad, y la reconocía en Cristo. El razonamiento del centurión honra grandemente a Cristo. Está diciendo que si él, con poder significativo pero limitado, debería ser obedecido, cuanto más el mandamiento de Cristo quien es muy superior a los oficiales romanos debería ser obedecido.
En este caso no se trata de dar órdenes a otros hombres. Más bien tiene que ver con dar órdenes a una enfermedad. Este centurión creía que Jesús podía mandar enfermedades como él (el centurión) podía mandar soldados y siervos. Creía que las enfermedades obedecerían a Cristo como los soldados y siervos obedecían a él. Estaba seguro que Jesús podía mandar aun a la enfermedad de su siervo y que su orden sería obedecida; es decir, si Jesús dice a una enfermedad “vé”, la enfermedad “va”. Tenía mucha razón, pues Jesús podía mandar enfermedades, demonios, vientos y olas, y aun a los muertos.
Este centurión excepcional no sólo tenía un concepto correcto de sí mismo, sino también tenía un concepto muy correcto de Jesús. En El veía autoridad, poder y majestad. Al mismo tiempo veía a un Señor poderoso que era accesible al pueblo; es decir, cualquier podía acercarse a El con sus peticiones, dudas e inquietudes. Jesús demostraba esto repetidas veces durante su vida aquí en la tierra.
“Haz esto”. La gente que no obedece a Cristo (no obedece al evangelio) no tiene fe en Cristo. El centurión muestra claramente la relación entre la fe verdadera, la autoridad de Cristo y la sumisión a El. Bien sabía que Jesucristo tenía autoridad para mandar y que cuando El dice “haz esto”, es necesario obedecerle. Heb. 5:8, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.
7:9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, – En esta ocasión “se maravilló” de la fe del centurión; en otra ocasión “se maravilló” de la incredulidad de los judíos (Mar. 6:6). Los evangélicos enseñan que la fe es don de Dios, pero si esto es cierto, ¿por qué dio tanta fe al centurión y no dio nada de fe a los de Nazaret? ¿Hace acepción de personas? Hech. 10:34, 35; Rom. 2:11. La fe no es un don milagroso. Más bien, “la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios” (Rom. 10:17). Cada persona tiene que oír la palabra y creerla.
-- y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. -- Compárese Mat. 15:28, otro caso de un gentil con fe grande (“Mujer, grande es tu fe”). Estos gentiles, privados de tantos privilegios gozados por los judíos, ascendieron arriba de sus limitaciones y tenían fe excepcional en Jesús.
Estos relatos indican que Cristo buscaba la fe en la gente; también cuando venga la segunda vez, la buscará (Luc. 18:8). Algunos citan Efes. 2:8 para probar que Dios da fe a la gente. ¿Por qué, pues, dio tanta fe a este centurión romano y a la mujer cananea, pero no dio nada de fe a los judíos de Nazaret? (JWM). Algunos tenían (y tienen) “poca fe” (Mat. 6:30; 8:26; 14:31). Por eso, debemos decir, “Auméntanos la fe” (Luc. 17:5).
“Ni aun en Israel he hallado tanta fe”. A los judíos les convenía tener mucha fe en Cristo, porque El era su Mesías, pero la fe del centurión hubiera sido maravillosa aun en los judíos. Era lógico y razonable pensar que Jesús debería haber dicho a muchos judíos, “Grande es tu fe”. Lamentablemente, sin embargo, Jesús no encontraba tal fe entre ellos. Más bien, la encontró por lo menos en estos dos casos de gentiles. Lucas enfatiza mucho el tema de cómo Dios se preocupa por los samaritanos y gentiles y toma nota de ellos: 4:25-27; 10:33-37; 17:16; 24:47 y, desde luego, es Lucas quien relata en Hechos de los Apóstoles la obra de evangelizarlos.
El centurión tenía plena fe en la palabra de Cristo (“di la palabra, y mi siervo será sano”). Esto fue el gran problema con el pueblo de Israel, pues no creían la palabra de Cristo.
En el relato de Mateo (8:11-13) Jesús agrega lo siguiente: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos (se refiere a la conversión de muchos gentiles); 12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 13 Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”.
7:10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. Dijo el centurión, “di la palabra”. ¿La dijo Jesús? Lucas no dice, pero lo que es obvio y muy cierto es que la voluntad de Jesús era de que el siervo sanara y sanó.
Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
Es muy importante no solamente leer estos relatos de las señales de Jesús, sino también meditar en cada frase y en cada palabra para darnos cuenta de los detalles del evento y de las lecciones valiosas que el texto contiene. En el v. 12 Lucas dice “he aquí” ( es como decir, poner atención a este informe) porque hablará de algo sorprendente, algo muy impresionante, acerca de Cristo.
7:11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, (unos 30 kms. al sur de Capernaúm) e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. – ¿De qué grupo somos? ¿Discípulos o simplemente de la “gran multitud”? Todos estos eran testigos oculares de los milagros de Jesús. Lucas y los otros que narran los eventos de la vida de Jesús frecuentemente dicen que estaba rodeado de una multitud de gente. Desde luego, muchos de ellos querían que Jesús les sanara a ellos o a sus seres queridos, pero también Mateo (7:28, 29) dice que la gente quedaba maravillada de su enseñanza porque no era como la de escribas y fariseos. Su enseñanza era única, porque El era Dios.
7:12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, -- En el caso anterior, el siervo del centurión estaba a punto de morir, pero en este caso el hombre ya había muerto. Al llegar cerca de la ciudad, “llevaban a enterrar a un muerto”. Entre los judíos los lugares de sepultara estaban fuera de las ciudades.
Parece que la misión principal de Jesús en ir a esta ciudad era levantar a este muerto. Lo hizo como señal para probar que era el Hijo de Dios (Jn. 20:30, 31), pero también, como dice Hech. 10:38, “anduvo haciendo bienes” y como El dijo (Luc. 4:18), “Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón”.
-- hijo único de su madre, la cual era viuda; -- “La muerte del único hijo de una viuda era la mayor desgracia que pudiera concebirse” (Easton). “La lamentación de una viuda por su hijo único es el colmo del dolor” (Plummer) ATR. En el caso de esta viuda, la muerte de su único hijo probablemente era el fin de su sostenimiento y protección. Ya había perdido a su marido y ahora perdió a su único hijo. Cuando murió su marido, su hijo le podía consolar, pero ahora el hijo también muere y ¿quién le puede consolar? Hay mucho énfasis en la Biblia sobre la necesidad de ayudar a la viuda (por ejemplo, 1 Tim. 5; Sant. 1:27). También denuncia el abuso de la viuda de parte de líderes religiosos (Luc. 20:47).
Luc. 8:42, “tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo”; 9:38, “Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo”. La muerte del “único hijo” era causa de gran tristeza (Jer. 6:26, “ponte luto como por hijo único, llanto de amargura”; Zac. 12:10, “llorarán como se llora por hijo unigénito”).
-- y había con ella mucha gente de la ciudad. – Obviamente era viuda bien conocida y apreciada. Compárese Jn. 11:19, “y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano”. Había tres grupos de personas reunidas en ese lugar: discípulos, una gran multitud y ahora “mucha gente de la ciudad” que acompañaba a la viuda. Todos estos eran testigos oculares del milagro.
7:13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, – La palabra compadecer, padecer con, (splanchnizomai), significa “ser movido en las entrañas de uno”. “En el idioma griego no hay otra palabra más fuerte que signifique piedad, simpatía y sentimiento que la que se utiliza” aquí y en otros textos para describir la compasión de Jesús (WB). Mat. 9:36, “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”; Mat. 14:14, “Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos”; Mat. 15:32, “Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer”; Mat. 20:30, “ Y dos ciegos … clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! … 32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33 Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entonces Jesús, compadecido (movido a compasión, LBLA), les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron”. Jn. 11:33, “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró”. Mat. 8:17, “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.
Otra palabra semejante es sumpatheo, “sufrir con otro, ser afectado similarmente (castellano: simpatía), tener compasión de… Heb. 4:15, “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.
Si en verdad somos cristianos, debemos imitar a Cristo en ser misericordiosos, ser movidos “en las entrañas” para sufrir con los que sufren, sobre todo con los hermanos en la fe. Rom. 12:15, “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. Heb. 10:34, “Porque de los presos (por ejemplo, Hech. 4:3; 12:3; 16:23) también os compadecisteis”.
-- y le dijo: No llores (8:52). -- Si decimos a una persona como Jesús dijo a esta viuda, “No llores”, ¿qué pensará? “¿Cómo dejaré de llorar?” Jesús se lo dijo porque El pensaba quitar la causa de su aflicción. Nosotros podemos decirlo si el difunto era cristiano, porque Pablo dice, “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tes. 4:13). A la familia de la persona que muere en Cristo podemos decir con toda confianza, “No lloren”, porque como Cristo resucitó a este joven, El levantará a nuestros seres queridos en “aquel día”, pero ¿qué se puede decir a los afligidos cuando el ser querido que muriera no era cristiano? ¿Podemos decir, “No llores porque ahora está reposando con Cristo?” Debemos tener mucho cuidado de lo que decimos en tales casos. Podemos acompañar a los dolientes en su pesar y ofrecer cualquier ayuda posible, pero no nos toca ofrecer esperanza cuando no hay esperanza. Pablo habla de “los otros que no tienen esperanza”.
Podemos tener verdadera (no fingida) compasión de la gente. Podemos llorar con ellos como Jesús lloró al entrar en la ciudad de Jerusalén. Luc. 19:41, “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella”. El no dijo que “había esperanza” para ella, pero sí tenía mucha compasión de ella y “lloró sobre ella”. Si mostramos verdadera compasión en tales momentos difíciles, muchas veces esto suaviza corazones duros para que estén más dispuestos a oír la palabra de Dios.
7:14 Y acercándose, tocó el féretro -- camilla mortuoria, ATR; andas, WEV; “no se trataba de un ataúd… Se utilizaban canastos tejidos de mimbre para llevar el cuerpo a la tumba” (WB).
-- y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, (esto nos recuerda que los jóvenes mueren también) a ti te digo, levántate. – Jesús se dirige a un muerto como si estuviera vivo. Dice “levántate” a un muerto como si estuviera simplemente dormido. Compárese Jn. 11:43, “¡Lázaro, ven fuera!” En el texto anterior (7:1-10) el centurión que Jesús tenía autoridad para mandar la enfermedad de su siervo; aquí muestra su autoridad para mandar a un muerto a levantarse y obedeció. Hech. 3:15, Cristo es el “Autor de la vida”.
En muchos casos Jesús mostró misericordia cuando la gente se la pidió. En este caso El mismo tomó la iniciativa, y la viuda que no pidió nada recibió una gran bendición. Ella no pidió porque “¿qué se podía pedir? Aquel hombre estaba muerto… En relación con la fiebre (4:8), la lepra (5:12) y la parálisis (7:3) hubo siempre un rayo de esperanza, alguna razón para pedir ayuda, pero, sin duda, no la había cuando la muerte había ya ocurrido… Nos hace pensar en Luc. 8:49, “Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro” (GH).
Compárense Luc. 8:54, “Muchacha, levántate” y Jn 11:43, “¡Lázaro, ven fuera!” Jesús habló a los muertos para resucitarlos. Jn. 5:28, “vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.
7:15 Entonces se incorporó (lit., sentarse erguido, WEV, Hech. 9:40) el que había muerto, -- No oía la voz de los que lloraban y lamentaban su muerte, pero sí oyó la voz de Cristo y la obedeció.
La Biblia registra la resurrección de varias personas: 1 Reyes 17:22, Elías resucita al hijo de la viuda de Sarepta; 2 Reyes 4:33, Eliseo resucita al hijo de la sunamita; Luc. 8:54, 55, la hija de Jairo; y Jn. 11:44, Lázaro; Hech. 9:40, Dorcas; Hech. 20:9, 10, Eutico.
-- y comenzó a hablar. – El sentarse y hablar demostraba que era restaurado a la vida normal. Luc. 8:55, “Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer”; estaba viva, podía comer; también Lázaro (Jn. 12:2). ¿De qué hablaba? 2 Cor. 12:2, “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”. De esto es lógico concluir que las personas resucitadas por Cristo y los apóstoles no podían hablar de la experiencia más allá de la muerte.
-- Y lo dio a su madre. -- ¡Qué “regalo” más precioso! Dios le dio su hijo cuando éste nació, y ahora otra vez cuando murió. Cuando Elías resucitó al niño de la viuda de Sarepta, “lo dio a su madre” (1 Reyes 17:33). Después de levantar al niño de la sunamita, Eliseo dijo, “Toma tu hijo”. De Lázaro Jesús dijo, “Desatadle, y dejadle ir”, seguramente a los brazos de sus amadas hermanas tan afligidas. Para Cristo los lazos familiares son muy importantes.
7:16 Y todos tuvieron miedo (el temor se apoderó de todos, LBLA), -- Obviamente fue obra de Dios. ¿Cuál sería la reacción de nosotros si de repente un ser querido fallecido volviera a vivir delante de nuestros ojos y comenzara a hablar y comer?
-- y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; -- Era muy cierto lo que decían, pero no simplemente “un gran profeta”, sino EL gran profeta (Deut. 18:15-18; Hech. 3:22, 23), pero lamentablemente el pueblo judío no lo recibió (Jn. 1:11).
-- y: Dios ha visitado a su pueblo. – Rut 1:6, “Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan”; 1 Sam. 2:21, “Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió”; Luc. 1:68, “Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, 69 Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo”. En base a estos textos ¿qué significa la palabra “visitar” en Mat. 25:37 y Sant. 1:27? Obviamente significa visitar con ayuda.
7:17 Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor. – Los testigos mencionados en el v. 11, 12 llevaron las noticias. Se extendió su fama sin necesidad de radio, televisión, periódicos o el Internet. Noticias tan importantes se llevan por todas partes como si fueran llevadas por el viento. Pero ¿cuántos llegaron a ser sus verdaderos discípulos? Todos hemos pecado (Rom. 3:23) y, por eso, hemos muerto espiritualmente. ¿Cuántos quieren que Jesús les levante de la muerte espiritual? Efes. 2:1, 6. “Libertando los desdichados del sufrimiento, de la enfermedad, de la muerte misma, probaba que tenía el poder de libertarles del pecado, fuente de todos esos males” (B-S).
Los mensajeros de Juan (Mat. 11:2-19)
7:18 Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. – Mat. 11: 2, “Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo”. Herodes le había encarcelado porque había reprendido los pecados del rey (Mat. 14:4). Este versículo nos deja un poco perplejo. Si los discípulos de Juan le contaron las nuevas de las obras maravillosas de Jesús, ¿por qué no resolvieron sus dudas? La respuesta de Jesús aclara la cuestión por conectar las buenas obras que El hacía a las profecías acerca del Mesías.
-- Y llamó Juan a dos de sus discípulos, 19 y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? 20 Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, -- “El que había de venir” era otro nombre del Mesías, Gén. 49:10; Deut. 18:18, 19; Isa. 9:6; 11:1-5; 35:4-6; 53; Dan. 9:24-27.
-- o esperaremos a otro? – La respuesta de la mayoría de los judíos a esta pregunta fue la siguiente: “No lo es, y definitivamente esperaremos a otro”. Sin embargo, Juan preparó el camino para Jesús. Le bautizó y vio al Espíritu descender sobre El como paloma, oyó la voz del Padre que le proclamó como su Hijo aprobado. Entonces él mismo proclamó que Jesús era el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Al recordar todo esto es un poco sorprendente su pregunta. La Biblia no revela la razón por la cual la hizo, pero el lenguaje mismo indica que él había comenzado a tener dudas acerca de Jesús, porque aun pregunta, “¿o esperaremos a otro?” Si no tenía dudas acerca de Jesús, estas preguntas no tienen sentido.
Algunos, queriendo defender a Juan y no aceptar que él tuviera dudas, dicen que las dudas no eran de Juan sino de sus discípulos; es decir, creen que Juan los envió con esta pregunta para resolver las dudas de ellos, pero, como observa Lenski, esta explicación ataca la integridad de Juan, porque implica que Juan haría esta pregunta como si él quisiera la respuesta cuando en realidad él quería la respuesta para sus discípulos. Peor aun, ataca la integridad de Jesús quien dice, “Id, haced saber a Juan”, para apoyar el fingimiento como si Juan quisiera saber cuando solamente sus discípulos tenían dudas (desde luego, Jesús conocía perfectamente quién tenía y quién no tenía dudas).
El ser inspirado por Dios como profeta no era garantía de que él entendiera la naturaleza espiritual del reino del cual hablaba. Es muy probable que él, al igual que los apóstoles y los demás, esperara que Cristo reinara aquí en la tierra. Este texto ilustra otra vez que la Biblia habla con toda franqueza de las flaquezas de sus más grandes héroes, y la explicación más razonable de esta pregunta es que Juan tenía dudas acerca de Jesús de Nazaret. Por lo menos quería tener su confianza reafirmada (ATR). Al volver a leer Mat. 3:10, “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”, tenemos que preguntar, ¿está mostrando algo de impaciencia ahora porque Jesús no había cortado el árbol corrupto? ¿No habría compartido el concepto de los otros judíos y aun de los apóstoles que el Mesías había de establecer un reino terrenal para llevar a cabo fuertes juicios? Y ¿dónde estaba ese reino? ¿Por qué no lo había establecido? Jesús enseñaba y hacía milagros, pero aparentemente no había hecho nada para establecer tal reino. Tal vez Juan compartiera la esperanza de muchos de los que acompañaban a Jesús de que El comenzara a reunir sus ejércitos para derrotar a los romanos.
“Los árboles sin frutos todavía no han sido cortados; el grano no ha sido removido de la cáscara, ni ha visto él todavía el fuego que no se apaga. Probablemente él no vio ninguna tendencia hacia ninguno de estos resultados… De haberle sido a él permitido formar parte de la compañía del Salvador, recibir la influencia silenciosa de su ejemplo y su verdad, pedirle explicaciones y de oír sus razonamientos, podemos nosotros estar seguros de que su estado mental hubiera sido muy diferente. Pero no solamente no había tenido los privilegios del más humilde de los discípulos del Señor, sino que, por el contrario, lo habían dejado languidecer y sentir agitarse su espíritu en cruel encarcelamiento, el cual le había sido impuesto debido a su celo justo por la misma causa que había sido enviado a promover” (GRB).
Sea lo que haya sido el caso de Juan debemos aprender que los hijos de Dios más fieles y fuertes pueden tener dudas y faltas (1 Cor. 10:12). El apóstol Pedro aprendió esto y lloró amargamente (Mat. 26:72; Gál. 2:11).
¿Cómo podría Juan dudar? Algunos, queriendo defender a Juan, suponen que Juan solamente quería que Jesús declarara más abiertamente que en realidad El era el Mesías para acabar con las dudas e inquietudes del pueblo acerca de su identidad (compárese Mat. 16:14), pero si eso hubiera sido su pensamiento o motivación, habría enviado discípulos a Jesús animándole a hacerlo, pero simplemente no fue así.
Cuando Dios llamó a Moisés, éste le resistió con excusas (Ex. 3, 4), indicando su falta de fe en Dios (lo hizo otra vez en Núm. 20:12). Solamente con milagros se convenció Gedeón. La confianza que Elías tenía en Dios prácticamente desapareció y él se escondió en una cueva (1 Reyes 19:1-4). Jeremías denunció el día de su nacimiento (Jer. 20:7, 14-18). Job también. El ejemplo “clásico” de flaqueza en los grandes era Pedro quien, después de ser testigo de la transfiguración de Jesús y observar su vida y obras tan maravillosas, andando con El por más de tres años, lo negó con juramentos. En cuanto a Juan, sin duda el estar confinado en la cárcel tuvo algo que ver con su flaqueza, porque cuando él estaba predicando y bautizando a mucha gente, su fe era muy viva y fuerte (JWM).
Sea lo haya sido el caso de Juan, aquí cabe una advertencia para nosotros. Recuérdese que Juan estaba encarcelado. Esto podría ser aun para los más fuertes una experiencia deprimente. Juan ya no estaba en el sol del desierto, sino que su vida había pasado por debajo de una nube obscura. La advertencia para nosotros es esta: tengamos cuidado de no perder la fe o caer en dudas cuando estamos afligidos y angustiados. Hay toda clase de experiencia que deprime y debilita.
7:21 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. 22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: -- Jesús no levantaba un ejército, no entrenaba a sus discípulos para la guerra contra los romanos, no recaudaba fondos para alguna revolución; más bien, había demostración de poder milagroso para aliviar las aflicciones humanas (HLB). Una demostración es mucho mejor que una mera explicación. Jesús habló de sus hechos que cumplieron la profecía de Isaías, para que Juan interpretara estos hechos para contestar su propia pregunta, pues ningún profeta había hecho lo que Jesús hizo. Por su propio poder y por su propia autoridad hizo estas señales; aun perdonó pecados por su propia autoridad (Mat. 9:6, “el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”). Jesús no contestó la pregunta de Juan con palabras, sino con hechos, hablando de las buenas obras que había de hacer “el Siervo de Jehová” (Isa. 42:6sig; 35:5,6; 61:1sig). No criticó a Juan por haber hecho esta pregunta. Más bien El simplemente apunta hacia las obras que según los profetas el Mesías haría. Jesús había hecho estas obras y ahora deja que Juan saque su propia conclusión para contestar su propia pregunta. La mejor respuesta a la pregunta de Juan era la obra de Jesús. Seguramente Juan conocía estas profecías y sacó la conclusión correcta.
Debemos aprender esta lección. Para convencer a los que dudan, los argumentos más convincentes son los hechos. Nos conviene, pues, juntar todos los hechos del caso como evidencia en concreto y dejar que el que duda a sacar su propia conclusión (FLC).
-- los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, -- Según Isa. 35:5-6, estas buenas obras serían cumplidas por el Mesías.
-- los muertos son resucitados, -- V. 15, acabó de levantar al hijo de la viuda de Naín. Todo esto ocurrió “en esa misma hora” y probablemente al mencionar estos que fueron sanados, etc., Jesús podía apuntar hacia ellos; es decir, es como si El hubiera dicho, “Aquí mismo está mi respuesta, mírenlos”. ¿Pero qué tiene que ver esta respuesta con la pregunta de Juan? Las respuestas de Jesús casi siempre son muy indirectas. Me imagino que muchas veces al oír la respuesta de Jesús a sus preguntas los oyentes quedaron bien perplejos, frunciendo cejas y mirándose los unos a los otros y queriendo hacer otra pregunta para que Jesús aclarara su respuesta a la primera pregunta. ¿Por qué Jesús no contestó de forma más directa? Obviamente para hacernos pensar y razonar. El no nos trata como si fuéramos pajarillos con la boca abierta, sino como hombres creados a la imagen de Dios con la facultad mental como para entender asuntos de considerable importancia.
Al meditar en estas obras de Jesús los sinceros deberían recordar lo que los profetas decían del Mesías (Isa. 35:5-6; 61:1, etc.) Si Jesús hacía lo que, según los profetas, el Mesías (el que había de venir) haría, entonces ¿cuál es la conclusión lógica (la inferencia necesaria) acerca de la persona de Jesús? Por lo tanto, Jesús mismo citó a Isaías 61:1, 2 cuando enseñó en la sinagoga de Nazaret: Lucas 4: “16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor. 20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.
-- y a los pobres es anunciado el evangelio; – Isa. 61:1, un punto culminante, ATR; una característica única y especial del Mesías. ¿Por qué se incluye la predicación a los pobres entre los milagros de Jesús? Se incluye y con buena razón, pues tiene mucho que ver con la identidad del verdadero Mesías. La literatura de varias naciones registra maravillas de varias clases (seguramente según 2 Tes. 2:9, “gran poder y señales y prodigios mentirosos”), pero es imposible fingir la simpatía por los desdichados y afligidos. La sincera preocupación por los pobres es una cualidad encontrada solamente entre los verdaderos discípulos de Jesús.
¿Cuántos grandes líderes mundiales se fijan en los pobres para servirles y ayudarles? Para muchos líderes de renombre los pobres no valen nada; son despreciados y hasta pisoteados. No había “evangelio” para los que no podían pagar (BWJ). Sólo valen para los propósitos egoístas de los grandes y famosos. No fue así con Jesús y no es así con verdaderos cristianos. Aquí está una marca de identidad del verdadero discípulo de Cristo: ama y sirve a los pobres.
Los hechos tienen poder para convencer. Compárense Mat. 5:16; Jn. 13:34, 35; 1 Ped. 3:1-2, etc.
7:23 y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí. – No convenía que Juan siguiera el ejemplo de los demás judíos que hallaron tropiezo en Cristo. La palabra skándalon significa lazo o trampa, es decir, ocasión de caer. Se usa de “cualquier cosa que suscite prejuicios, o que venga a ser un obstáculo para otros, o que les haga caer por el camino” (WEV). Por ejemplo, Mat. 13:21, “al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”; para algunos la aflicción o la persecución son ocasiones o causas de tropiezo. Jn. 11:9, “el que anda de día no tropieza”. Para los judíos Jesús era “piedra de tropieza”. Mat. 21:42, hablando de sí mismo, “Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo”. Según ellos Jesús no reunía los requisitos para ser su Mesías y lo rechazaron. Más bien, tropezaron sobre El. Jesús de Nazaret no era la clase de Mesías que ellos esperaban y, por eso, tropezaron. “He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída” (Rom. 9:33).
Los líderes de los judíos tropezaron al ver a Jesús comer con publicanos y “pecadores”; cuando “violaba” el día de reposo (sanando gente); cuando denunció sus tradiciones; cuando les llamaba hipócritas, Mat. 23; cuando rehusó darles una señal del cielo y también cuando rehusó ser su rey (Jn. 6:15). Todos estos tropiezos fueron causados por el concepto carnal y terrenal que los líderes de los judíos tenía de su Mesías.
Posiblemente por no entender la naturaleza del reino de Cristo y por ser un poco impaciente había peligro de que Juan hallara ocasión de tropiezo en Jesús. Sin embargo, es muy probable que con la explicación de Jesús se borrara su duda.
El profeta Isaías había predicho que el Mesías (Jesús) no sería deseado por el pueblo de Israel. Isa. 59, “2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”. Nació en un pesebre. Fue criado en Nazaret, un pueblo despreciado (Jn. 1: 46). Sus apóstoles eran, por la mayor parte galileos, hombres humildes. Los discípulos de Jesús eran los “pequeños” del mundo (los insignificantes). 1 Cor. 1, “26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia”. Sobre todo la cruz de Cristo – su muerte para expiar los pecados del mundo – era tropiezo para ellos (1 Cor. 1:23).
Jesús elogia a Juan (Mat. 11:7-11)
7:24 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: -- En lugar de criticar a Juan por su pregunta que aparentemente indicaba duda, Jesús alaba a Juan.
-- ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? – Tales cañas crecían en abundancia cerca del Jordán donde Juan bautizaba; alcanzaban tres o cuatro metros de altura y siendo muy frágiles se doblaban con el viento. Juan no era así; no era hombre débil, sin firmeza, variable, inconstante. No era hombre cambiable, vacilante, sin convicción, sin valor. No era doblado ni por el aplauso ni por el desagrado del pueblo. Si hubiera tenido ese carácter, habría elogiado al rey Herodes (compárese Hech. 12:22) en lugar de condenar su matrimonio adúltero. ¿Por qué estaba en la cárcel? En ese momento Juan estaba encarcelado por haber hecho lo que los escribas, fariseos y otros líderes judíos no se atrevían a hacer: reprender el pecado del rey. Juan no cedió a la opinión popular ni se comprometió con el pecado. Por ser todo lo opuesto a una “caña sacudida por el viento” él no solamente fue encarcelado, sino que también fue degollado.
Herodes estimaba a Juan. “Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana” (Mar. 6:20); por eso, si Juan se hubiera aprovechado de ese aprecio que Herodes sentía por él, habría estado en el palacio en lugar de estar en la cárcel (JWM). Pero no era así. Juan no se podría comparar, pues, con una caña sacudida por el viento. Más bien debería ser comparado con un “árbol plantado junto a corrientes de aguas” (Sal. 1:3).
La Biblia abunda de ejemplos de personajes que no eran como cañas sacudidas por el viento: (1) Noé no sabía nada de “diluvio”, pero construyó el arca porque tenía fuerte convicción que Dios cumpliría su palabra; (2) Abraham estaba a punto de matar a su único hijo porque Dios le mandó hacerlo; (3) “No había nadie de los de casa allí” pero José dijo, “¿cómo haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”; (4) Satanás dijo, “todo lo que el hombre tiene dará por su vida”, pero no conoció a Job; (5) Caleb y Josué vieron los mismos gigantes que tanto asustaron a los otros diez espías, pero dijeron, “Si Jehová agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra”; (6) En lugar de arrodillarse delante del ídolo del rey, los tres jóvenes hebreos dijeron, “nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo … y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses”; (7) Cuando los judíos amenazaron a Pedro y a Juan, éstos dijeron, “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”; (8) Cuando el profeta dijo a Pablo que sería encarcelado en Jerusalén y los hermanos le rogaban que no fuera allá, él respondió, “¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”.
Es indispensable que todo cristiano tenga convicción no de boca sino de acción, para no ser como cañas sacudidas por el viento, pero lamentablemente esto bien describe a muchos de los que profesan ser cristianos, miembros de la iglesia de Cristo: por ejemplo: (1) muchos no tienen convicción con respecto a la autonomía de cada congregación (Hech. 14:23; 20:28), sino que promueven la centralización de los fondos de muchas iglesias en alguna “iglesia patrocinadora” o en alguna institución para hacer obras benévolas y del evangelismo a nivel nacional o internacional; establecen escuelas para predicadores, clínicas, asilos para niños, etc. para promover el evangelio social; (2) muchos no tienen convicción con respecto a la naturaleza espiritual de la iglesia y tienen salones de recreo y toda clase de actividad social, convirtiendo la iglesia en club social; (3) algunos no tienen convicción sobre el bautismo, pues ahora se han unido a los evangélicos diciendo que no es necesario para el perdón de pecados; (4) entre muchos no hay convicción con respecto al uso de instrumentos de música en el culto de la iglesia, pues dicen que es cuestión de opinión; (5) algunos ya no hacen caso a lo que Pablo dice a Timoteo con respecto a la modestia de la mujer (1 Tim. 2:9), ni tampoco en cuanto al papel de la mujer en la iglesia (1 Tim. 2:12), porque creen que ella debe ocupar puestos de liderazgo; (6) muchos hermanos han encontrado explicaciones y rodeos para no observar lo que Jesús y los apóstoles enseñan sobre el divorcio y nuevas nupcias (Mat. 19:9; Rom. 7:2, 3); (7) algunos hermanos, queriendo armonizar la Biblia con la evolución, enseñan que los seis días de la creación (Gén. 1) no eran días literales, sino largos períodos de millones de años; (8) increíblemente algunos hermanos enseñan que cuando Cristo estuvo en la tierra no usó ningún atributo divino, sino que simplemente actuaba como hombre, recibiendo poder del Espíritu Santo al igual que los apóstoles (esta doctrina es muy parecida a la de El Atalaya); (9) y para colmo de males muchos hermanos están mal representando lo que Pablo enseña en Rom. 14 para promover la llamada “unidad en la diversidad doctrinal” y esto abre las compuertas para toda clase de apostasía. Todo esto nos hace meditar seriamente en lo que Jesús dice en Luc. 18:8, “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”
Hay hermanos que prefieren ser “centristas”. No quieren ponerse del lado de la verdad. Quieren ser neutrales. No les gusta la controversia. Algunos hermanos han dicho que quieren ser “bíblicos” pero no “polémicos”. Tales hermanos se engañan solos. No hay término medio entre la verdad y el error. Los que son “neutrales” aprueban el error, porque es imposible ser neutral o centrista y apoyar la verdad. Algunos hermanos dicen que ni son liberales ni conservadores, que ni son derechistas ni izquierdistas. Esto suena bien a los oídos de personas sin convicción, pero no suena bien a los oídos de Dios. Si nos preguntan “¿hermano, qué cree usted sobre la centralización, sobre el divorcio y segundas nupcias, sobre los días de la creación, sobre la Deidad de Cristo, sobre Rom. 14?” ¿cómo contestamos? Algunos levantan el dedo mojado al viento para saber de donde sopla, luego ponen espaldas al viento y se dejan llevar por el camino de menos resistencia. Todo es “pura opinión” para los que son doblados por el viento.
7:25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están. -- Tal ropa es emblema de riquezas, pero “Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre” (Mat. 3:4; 2 Reyes 1:8). Era hombre robusto, fuerte, que podía aguantar tribulación y oposición.
7:26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? -- 20:6; Mat. 21:26, “todos tienen a Juan por profeta”. “Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad”, Juan 10:41. “Juan tenía todas las grandes cualidades de un verdadero profeta: ‘Una vigorosa convicción moral, integridad, fuerza de voluntad, un celo intrépido por la verdad y la rectitud’ (Bruce, ATR). Juan era el único profeta del cual otro profeta hablaba (Mal. 3:1).
-- Sí, os digo, y más que profeta. – Otros profetas hablaban de la venida de Cristo, pero ningún otro profeta tenía el honor de anunciarla y luego preparar el camino para el Mesías.
7:27 Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. -- Mal. 3:1. Era más que profeta y más que reformador, pues era el mismo precursor de Jehová (Cristo); Isa. 40:3, la profecía, “Preparad camino a Jehová”; Jn. 3:28, el cumplimiento, “No soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él”. ¡Qué honor más grande para Juan!
7:28 Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; -- Porque estaba íntimamente asociado con el Mesías. Era su precursor. Por eso, era mayor que los otros profetas, sacerdotes, reyes y otros grandes. Para Jesús los más grandes hombres del mundo no son los reyes, generales, ni mucho menos los más famosos artistas o deportistas. Si alguien tuviera la más mínima duda acerca de la grandeza de Juan, seguramente este elogio debería haber borrado esa duda. Lo que Jesús dice en estos versículos “Puede casi ser considerada como el elogio funeral del Bautista, porque no mucho después Herodías logró su muerte” (Plummer, citado por ATR).
Como Cristo alabó a Juan, también alabó al centurión (8:10, “ni aun en Israel he hallado tanta fe”); a la mujer cananea (15:28, “Oh mujer, grande es tu fe”) y a María (Mar. 14:8, “Esta ha hecho lo que podía”).
-- pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. – Juan anunció que el reino se acercaba (Mat. 3:1), pero todavía no existió; por eso, Juan no estaba en el reino. La comparación aquí tiene que ver con privilegios. Los que están en el reino disfrutan grandes privilegios que aun los más grandes como Juan no disfrutaban.
¿Cuáles son algunas cosas que el cristiano más pequeño sabe que Juan no sabía? No sabía de la crucifixión, sepultura, y resurrección de Jesús. No sabía nada de los eventos del día de Pentecostés. Ignoraba los grandes eventos registrados en Hechos de los Apóstoles. No tuvo la dicha de leer las epístolas del Nuevo Testamento. Nunca participó de la cena del Señor. No gozaba de las bendiciones espirituales que tenemos en Cristo; es decir, los más pequeños en el reino disfrutamos de bendiciones y privilegios que no existían en el tiempo de Juan. ¡Cuán grande es, pues, la bendición de ser ciudadano en el reino de Cristo!
De lo que Jesús dice aquí es lógico concluir que Juan no estaba en el reino, y si él no estaba en el reino nadie estaba en el reino en ese tiempo. Además, si Juan no estaba en el reino tuvo que ser porque aún no existió el reino. El ministerio del profeta ocurrió en los días finales del Antiguo Pacto, la ley de Moisés. El mismo había predicado que el reino “se acerca” (Mat. 3:2). ¿Por qué no fue posible que el reino se estableciera antes de morir Jesús? ¿Cuándo ascendió Jesús a su trono? Si el reino se estableció antes de morir Jesús, se estableció sin tener rey.
7:29 Es probable que lo que se afirma aquí en los versículos 29, 30 es de Lucas, como un detalle de historia para enfatizar el éxito del ministerio de Juan. Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. – El pueblo común y aun los publicanos aceptaron el bautismo de Juan como la voluntad de Dios, pero los líderes religiosos lo rechazaron. ¿Qué aprendemos de esto en cuanto a la importancia del bautismo? Si el bautismo de Juan era “el consejo de Dios” cuánto más el bautismo mandado por nuestro Señor Jesucristo para todas las naciones (Mat. 28:19; Mar. 16:16). Los que fueron bautizados por Juan reconocían que su bautismo era del cielo y no de los hombres (Mat. 21:25). Aprobaron su predicación sobre el arrepentimiento y el acercamiento del reino. “Justificar” a Dios significa afirmar o declarar que El tenía razón, que lo que hacía era correcto. Un comentarista calvinista (GRB) dice, “fueron bautizados como una declaración de la renovación de su mente, y como una prenda de una vida compatible con tal declaración”. ¿Por qué no citó Marcos 1:4 y Lucas 3:3, “el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”? Los textos que dicen que el bautismo es “para perdón de pecados” son muy molestos para evangélicos.
7:30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan. – Ellos sí llegaron al bautismo de Juan (Mat. 3:7), pero no se sometieron al bautismo, porque no querían confesar sus pecados y llevar frutos dignos del arrepentimiento. Debe observarse que Jesús enfatiza el bautismo como la prueba en cuanto a si los hombres justifican o rechazan los designios de Dios (JWM). Los millones que enseñan que el bautismo en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo no es para remisión de los pecados hacen peor que los “fariseos y los intérpretes de la ley” que desecharon “los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados” de Juan, porque el bautismo requerido por Cristo y los apóstoles no solamente es para la remisión de los pecados, sino también para recibir al Espíritu Santo.
Los evangélicos simplemente no se atreven a citar Mar. 1:4; Luc. 3:3 y Hech. 2:38 que hablan del bautismo “para perdón de pecados” porque no aceptan que el bautismo es para perdón de pecados. Deben sentirse muy incómodos estando en la compañía de “los fariseos y los intérpretes de la ley” desechando los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados de acuerdo a estos textos. Los que rechazan el evangelio puro (incluyendo el bautismo en agua para el perdón de pecados) rechazan el propósito de Dios para ellos mismos; es decir, el daño hecho es, en primer lugar, contra ellos mismos. Sin embargo, también afecta a todos los ciegos que siguen a estos ciegos.
Los evangélicos creen que si uno está bautizado para perdón de pecados, esto indica que cree en la “justicia propia” (que se está salvando por sus propias obras), que cree en la “regeneración bautismal” y que es más católico que cristiano. Tales acusaciones e insinuaciones bien ilustran la tragedia del calvinismo. Los “reformadores protestantes”, basándose en la teología calvinista, llevaban una campaña agresiva contra las obras de supererogación del catolicismo y cayeron en la trampa de la supuesta “salvación por la fe sola”. Hasta la fecha los “protestantes” no pueden ver la distinción entre las obras prescritas por el clero romano y los mandamientos de Cristo y el Espíritu Santo. Arrojan al bebé con el agua de baño.
7:31 Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? – ¿Dónde buscar para ilustrarlo? Mar. 4:30; Lam. 2:13.
7: 32 Semejantes son a los muchachos (caprichosos, inconstantes, volubles, inconsecuentes) sentados en la plaza, -- (“Aquí se reunían los ciudadanos, se sentaban los jueces, se arreglaban los negocios, y los mercados se establecían… y los muchachos se reunían para jugar”, JAB) que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis. -- (por ejemplo, golpear el pecho, Luc. 18:13). – Los niños imitan a los adultos en todo. Es algo común ver a los niños jugando a iglesia (predicando, dirigiendo himnos, etc.). Primero tocaban flautas como si fuera fiesta de bodas, pero esto no les agradó a sus compañeros desagradables y malhumorados, ni tampoco cuando jugaban a funeral. Nada les complacía.
Desde luego, Jesús no incluye en esta denuncia a todos de esa “generación”, porque en el texto paralelo (Lucas 7:29-35) leemos, “29 Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”. Por eso, parece que esta denuncia se dirige principalmente a los líderes religiosos de los judíos (escribas, fariseos, saduceos).
7:33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, -- Luc. 1, “80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”. Mat. 3, “4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; (como Elías, 2 Reyes 1:8) y su comida era langostas y miel silvestre”. Juan no solamente vivió aparte de la sociedad hasta que empezara su ministerio, sino que aun cuando comenzó a predicar, “salía a él Jerusalén, y toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (Mat. 3:5, 6); es decir, él no se mezclaba con la gente en las ciudades, sino que todos salieron “a él”. Juan no llevaba vida social, pues vivía como ermitaño. Por eso lo veían como fanático), y decís: Demonio tiene. – (Jn. 7:20; 8:48-52; 10:20; este insulto equivalía decir “está loco”. Mat. 8, “27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros”. Había muy poca semejanza entre Juan y los endemoniados, pero algunos de éstos también vivían aparte de la sociedad (“ni moraba en casa”) y los tales tenían que comer lo que había en esos lugares desiertos.
Los que no querían aceptar el mensaje y bautismo de Juan, tenían que justificarse de alguna manera; por eso, atacaban su vida ascética y rústica, diciendo que estaba loco, que él no era digno de enseñar ni bautizar ni mucho menos reprender (Mat. 3:7) a estos hombres tan sabios y tan elevados. ¿Qué decía Jesús de Juan? ¿Que tenía demonio (que estaba loco)? Mat. 11, “11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”. ¿Qué decía Jesús de los escribas y fariseos? ¿Que eran muy sabios? Mat. 23: 19, “¡Necios y ciegos!”.
7:34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino,
(Jesús no compartió la vida ascética de Juan. El asistía a los eventos sociales (Jn. 2:2), y comía con toda clase de gente (Luc. 7:36; 15:1, 2; Mat. 9:10), pero era acusación diabólica tildarle de “comilón”, que quiere decir “glotón”, y “bebedor de vino”, que quiere decir “borracho”) amigo de publicanos y de pecadores (con esto querían insultar a Jesús, pero en este caso decían la verdad, Luc. 15:2. Jesús, el Buen Médico, quería ser conocido como “amigo de publicanos y de pecadores”, Luc. 5:29-32.
Los que no querían aceptar a Jesús como el Mesías (Jn. 5:40) tenían que menospreciarlo para justificar su rechazo de El. Según ellos, estos hombres – Juan y Jesús – no eran “dignos” de enseñar a los “exaltados” fariseos e intérpretes de la ley. Juan estaba loco y Jesús era hombre frívolo e irresponsable que no respetaba el buen decoro (“Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora”, Luc. 7: 39). Si alguno no quiere aceptar la verdad, cualquier excusa sirve (Luc. 14:15-20).
7:35 Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos. -- por sus obras, sus resultados. Esta parábola indica que Dios había llamado a su pueblo tanto por el ministerio de Juan como por el ministerio de Jesús. Desde luego, había llamado a su pueblo por medio de los profetas a través de los siglos, pero el pueblo de Israel, como niños malcriados, consentidos y rebeldes, no respondían ni a uno ni a otro de los mensajeros de Dios.
Había diferencia entre el ministerio de Juan y el de Jesús, porque el propósito de cada ministerio era único. El mensaje de Juan era muy sencillo y también limitado: “arrepentíos porque el reino se ha acercado”. Les dio ejemplos específicos de cómo arrepentirse (Luc. 3:10-14). Aparte de esto el único mensaje de Juan fue el mensaje de juicio (Mat. 3:10-12). En un sentido, pues, fue mensaje de “endecha”.
Aunque Jesús predicó mucho sobre el arrepentimiento, su mensaje incluía muchas promesas de bendiciones y gozo para los que acepten el reino espiritual que El iba a establecer. Sus parábolas reflejan este gozo: p. ej., Luc. 15, el gozo del pastor que encontró la oveja perdida, el gozo de la mujer que encontró la moneda perdida, el gozo del padre cuando el hijo pródigo volvió, y el gozo en el cielo entre los ángeles de Dios cuando el pecador se arrepiente, como también las parábolas que hablaban de la fiesta de bodas. Había mucha solemnidad en la enseñanza de Jesús, pero también abundan las palabras de gozo y alegría. El sermón del monte comienza con bienaventuranzas (“bienaventurado” quiere decir “dichoso”), Mat. 5:1-12.
Toda esta enseñanza fue la invitación del cielo ofrecida primeramente a los judíos, pero la rechazaron. “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn. 5:40). Aparte de rechazar la invitación, mataron a Juan y después a Jesús mismo.
Los predicadores (evangelistas) deben preocuparse por agradar a Dios y no a los hombres (Gál. 1:10), pero aunque quisieran agradar al pueblo (aun a los hermanos), por más capacitados que sean para predicar, no pueden agradar a todos. Si es hermano muy serio, le acusan de ser malhumorado. Si es alegre y optimista de espíritu, le acusan de ser frívolo. Debe estar resuelto, pues, a no fijarse en lo que la gente quiera, sino solamente en lo que agrade a Dios. De todos modos, la obra es de Dios y los resultados están en manos de Dios. Dios sabe lo que la gente necesita.
Jesús en el hogar de Simón el fariseo
(Jesús perdonaba pecados)
7:36 Uno de los fariseos (Simón, v. 40) rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó (se recostó, LBLA, margen) a la mesa. – Este “Simón” no ha de confundirse con “Simón el leproso” (Mat. 26:6) que también invitó a Jesús a una cena. Aunque en las dos cenas Jesús fue ungido con perfume, son dos casos distintos. La mujer que ungió a Jesús en la casa de Simón el leproso era María de Betania (Jn. 12:1-8). El nombre “Simón” era uno de los nombres más comunes entre los judíos (hay nueve en el Nuevo Testamento). Jesús no hizo acepción de personas. Comía con los publicanos y “pecadores” pero también con los fariseos (11:37; 14:1).
7:37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, -- Lucas presenta a Jesús como el Amigo de publicanos y pecadores (5:29-32; 15:1-7). Jesús habla de ella como mujer perdonada (v. 47, 50), pero la mala reputación no se le quita en un día; recuérdese el caso de “Rahab la ramera”. Así era todavía según la opinión de Simón y probablemente los otros invitados.
-- al saber que Jesús estaba (reclinado, LBLA, margen) a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro (vaso hecho de ese material) con perfume; -- Lo que ella hizo era premeditado, pues vino preparada para expresar su amor hacia Cristo. “Entró gracias a la curiosa costumbre de aquellos tiempos que permitían que los extraños entraran en una casa a una fiesta sin haber sido invitados, especialmente los mendigos para buscar una limosa” (ATR). “Muchos entraban y tomaban los asientos marginales, sin ser invitados y sin ser por ellos cuestionados. Hablaban con los que estaban a la mesa acerca de los temas o noticias del día, y nuestro anfitrión habló libremente con ellos” (Trench, Parables). “Esta misma costumbre con frecuencia sorprende y perturba a los viajeros, en el Oriente, en los días actuales” (GRB). Simón no le dice nada, mucho menos correrla.
7:38 y estando detrás de él a sus pies, -- La costumbre era reclinarse sobre cojines o lechos bajos alrededor de la mesa, apoyándose sobre el codo izquierdo con el brazo derecho libre para comer. Las piernas estaban estiradas hacia atrás; por eso, era fácil de que la mujer estuviera “detrás de él a sus pies” descalzos, pues las sandalias que llevaba se dejaban afuera al entrar. Comúnmente un sirviente lavaba los pies del visitante, pero en esta oportunidad ese acto de hospitalidad se descuidó.
-- llorando, – “No habla, pero sus lágrimas, etc. son más elocuentes que el habla, y son entendidas por Jesús” (HAWM). Sus lágrimas expresaban su arrepentimiento y también su gratitud hacia Cristo. Sin duda esto indica “tristeza según Dios” (2 Cor. 7, “10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” porque ella estaba muy consciente de sus pecados y estaba muy arrepentida, pero Jesús describe sus acciones como muestra de amor; por eso, parece que sus lágrimas también expresaron gozo y gratitud.
-- comenzó a regar (mojar; “humedecer” según Lacueva) con lágrimas sus pies, y los enjugaba (secaba, LBLA) con sus cabellos; – María de Betania hizo lo mismo (Jn. 12:3). La mujer judía no desataba la cabellera en público, pero esta mujer, tan llena de amor y gratitud, no tomaba en cuenta esa costumbre. “Al emplear su cabello en esa forma, ella literalmente puso lo que constituye la gloria de una mujer (1 Cor. 11:15) a los pies del Salvador” (GRB).
-- y besaba (repetidas veces) sus pies, y los ungía con el perfume – no con aceite del oliva (como se usaba comúnmente), sino con perfume costoso y muy fragante. (Compárense Mat. 26:7; Mar. 14:3; Jn. 12:3). Ella compartía el concepto de María de Betania de que Jesús merecía lo mejor. Esta mujer de Lucas 7 no derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús (compárese Mat. 26:7), sino solamente sobre sus pies.
7:39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. – Cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín, “todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (Luc. 7:16), pero Simón pensaba que cuando Jesús permitió que una mujer pecadora le tocara, mostraba que no era profeta. Creía que un verdadero profeta conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca” y la rechazaría porque para los fariseos (los “separados”) tales personas eran inmundas.
El Mesías sería el Profeta del cual Moisés había hablado (Deut. 18:15-18; Isa. 11:2-4).
Los fariseos eran expertos en detectar el pecado de otros, pero no estaban conscientes de pecado alguno en su propia vida (Mat. 7:1-5; Luc. 16:15;18:9-14). Véase 7:29, 30, rechazaron el bautismo de Juan porque era “para perdón de los pecados”; éstos se justificaban a sí mismos y no tenían sentimiento alguno de culpa.
7:40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Dí, Maestro. – “Respondiendo”, no da respuesta a lo que Simón “dijera”, pues según el texto no dijo nada, sino a lo que “dijo para sí”, es decir, sus pensamientos. Jesucristo conocía los pensamientos del hombre (Mat. 9:4; Jn. 2:24, 25). Con esto probaba que era Profeta, pues podía discernir los pensamientos del corazón; por eso, era Dios omnisciente.
7:41 Un acreedor (prestamista, LBLA) tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios (el denario era el salario diario de un jornalero, Mat. 20:2; compárese Luc. 10:35), y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó (generosamente, LBLA) a ambos. Dí, pues, ¿cuál de ellos le amará más? – “Éste es el meollo de la parábola, la actitud de los dos deudores hacia el prestamista, que los perdonó a ambos” (Plummer, ATR). Con esta pregunta Jesús obliga a Simón a juzgar a sí mismo, porque Jesús no tiene en mente solamente los dos deudores de la parábola, sino también y especialmente los dos deudores actuales, Simón y la mujer. Según Simón él sería como aquel siervo que debió muy poco (50 denarios) y la mujer sería como aquel siervo que debió mucho (500 denarios). Según la respuesta de Simón a la pregunta de Jesús, la mujer amaría más que él, y esto era precisamente el punto de Jesús. Los versículos 44-47 lo confirman.
7:43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso (supongo; probablemente dicho con actitud de indiferencia) que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. – Con su respuesta Simón se condenó a sí mismo. Compárese 2 Sam. 12:1-7, con su respuesta David se condenó a sí mismo.
7:44 Y vuelto a la mujer, (que sepamos no lo había hecho antes) dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? -- Jesús invita a Simón a mirarla para aprender una lección de ella al observar el contraste entre la conducta de ella y la de él.
-- Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. – Simón había sido defectuoso en tres cosas claves: agua, beso, aceite. “Enseguida el Maestro revela ante todos el mezquino tratamiento que ha recibido de su anfitrión. Este había omitido todas las acostumbradas evidencias de hospitalidad… Simón no había proporcionado agua para lavar los pies de Jesús (Gén. 18:4; Jue. 19:21), no le había dado la bienvenida con un beso (Gn. 29:13; 45: 15; Ex. 18:7) y no había ungido la cabeza de su invitado, ni siquiera con aceite de oliva barato (Sal. 23:5; 141:5). La recepción había sido fría, con aires de superioridad, descortés. El Maestro muestra que en los tres aspectos ha recibido un tratamiento muy distinto de la mujer arrepentida. En vez de agua para los pies de Jesús, esta mujer ha proporcionado lágrimas, indicativas de arrepentimiento. En vez de un beso en la mejilla, ella le ha dado muchos besos fervientes a los pies, símbolos de gratitud. ¡En vez de aceite de oliva barato para la cabeza, ha derramado un perfume precioso y fragante en sus pies! … Lo que hace es esto: invierte los papeles. Simón se consideraba justo, perdonado (si es que alguna vez sintió la necesidad de perdón) y miraba a la mujer como pecadora sin perdón. Jesús muestra que por su falta de amor es Simón quien da muestras de no haber sido perdonado … mientras que la mujer se regocija en la libertad de culpa que ha recibido como un don de la gracia de Dios” (GH).
“La agradecida mujer había hecho por compensar la deficiencia de Simón. Por falta de agua, ella había dado sus lágrimas; en lugar de la toalla, su cabello; a la ausencia del beso de salutación en la mejilla, ella había depositado muchísimos besos de tierna gratitud en sus pies; en lugar del mero aceite para su cabeza, ella había derramado pródigamente un ungüento muy costoso en sus pies” (GRB).
7:47 Por lo cual te digo -- expresión enfática; iba a decirle algo que él debería aprender, que esta mujer no era, como él creía, una mujer que persistía en una vida mala, sino una mujer humilde y arrepentida que había reconocido que en Cristo ella podía obtener el perdón de sus pecados y, por eso, vino a la casa de Simón para mostrar estos actos de amor y gratitud.
-- que sus muchos pecados le son perdonados, (han sido perdonados, LBLA, porque el verbo en el griego está en el tiempo perfecto) porque (pues que, VM; pues, FL, RVR77, margen) amó mucho; -- Sus muchos pecados han sido perdonados; esto es cierto puesto que ella ha manifestado el amor de una manera exaltada (HAWM). Sus expresiones de amor eran la prueba de que había sido perdonada. Tenía muchos pecados y, por eso, muestra mucho amor. Dicho de otro modo, el mucho amor que está mostrando indica que ella está consciente de haber sido perdonada de sus muchos pecados.
El amor expresado por esta mujer no era la causa sino el resultado del perdón. 1 Jn. 4, “19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. Es lo que esta parábola enseña claramente. Jesús pregunta, “¿cuál de ellos (los dos siervos perdonados) le amará más?” Primero, fueron perdonados; entonces, amaban. Jesús no dice, “Tu amor te ha salvado”, sino que “Tu fe te ha salvado” (v. 50). Si se trata de probar que ella fue perdonada porque amaba mucho, se destruye el pensamiento de la parábola.
Los que predicamos el evangelio puro (el plan de salvación según la Biblia) siempre enfatizamos que el hombre no se salva por la fe sola, sino que es necesario obedecer al evangelio. De otro modo la fe no salva; más bien sería una fe muerta (Sant. 2:24-26). Sin embargo, en esta parábola Jesús enfatiza que los que están conscientes de sus pecados y con corazón contrito se arrepienten de ellos y reciben el perdón de Dios aman mucho. Ellos expresarán su amor y gratitud profusamente. Los que no son perdonados de sus muchos pecados aman poco (en verdad, no aman nada).
-- mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. – Hay contraste aquí entre esta mujer que había sido perdonada de muchos pecados – y que, por eso, amaba mucho -- con Simón el fariseo que no estaba consciente de sus pecados, no se había arrepentido de ellos, no había sido perdonado de ellos y por esta razón no amaba a Cristo. Este es el único punto en esta parábola.
Esta mujer conocía a Cristo, su enseñanza y sus obras. Ella había escuchado la gran invitación, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mat. 11:28), y la había aceptado. Estaba consciente de sus pecados y tenía plena fe en Cristo como Salvador. Jesús le había llevado al arrepentimiento y le había convencido que si ella viniera a El, es decir, si creyera en El como el Hijo de Dios y se arrepintiera de sus pecados, recibiría el perdón de sus pecados. Ella tenía esta fe y esta fe le salvó (v. 50).
Recordemos que durante su ministerio personal en la tierra Jesús perdonaba a varias personas de acuerdo a la voluntad de El. Mar. 2:1-5 habla de los que descubrieron el techo de una casa y “bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Luc. 23:41-43 relata la salvación del ladrón en la cruz. La conversión de la gente que vivía antes del día de Pentecostés no es ejemplo para nosotros. Jesús dio la gran comisión a los apóstoles (Mat. 28:19; Mar. 16:15, 16) y desde entonces todos tienen que obedecer al evangelio según los términos expresados por Jesús y los apóstoles (véanse Hech. 2:37, 38; 8:12, 35-39; 9:18; 10:48; 16:15, 33,34; 18:8).
Sin embargo, la lección de esta parábola tiene que ver con el amor expresado por los que ya son perdonados.
7:48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son (han sido, LBLA) perdonados. – Aunque Simón la menospreciara y dijera “para sí” que ella era mujer pecadora e indigna de tocar a Cristo, en realidad sus pecados “quedaron” perdonados. Jesús confirma a la mujer que sus pecados han sido perdonados, pero también lo dice para mostrar a Simón y a los otros invitados que El perdonaba pecados.
7:49 Y los que estaban juntamente sentados (reclinados, LBLA, margen) a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? -- Luc. 5, “21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Dicen, “también”, porque había sanado con sólo una palabra al siervo del centurión, resucitado al hijo de la viuda, y había dado a Juan prueba de que El era el que había de venir. Ahora hace “también” lo que solamente Dios puede hacer: perdonar pecados. Mar. 2:10, “el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”. ¿Cómo pueden algunos de nuestros propios hermanos enseñar la mentira de que aquí en la tierra Jesucristo nunca mostró ningún atributo divino, que solamente usó atributos humanos? Esta es falsa doctrina. Es herejía porque niega la Deidad de Cristo. Como la gente bien decía (Mar. 2:7), “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Nadie. Por eso Cristo es Dios.
7:50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz. – Jesús dijo esto varias veces: Mat. 9:22, “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora”; Mar. 10:52, “Tu fe te ha salvado”. Salmo 107:20, “Envió su palabra, y los sanó”.
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Jesús sana al siervo de un centurión (Mat. 8:5-13)
Lecciones enseñadas en este texto:
1. La lección principal es que aunque muchos judíos no creían en Jesús, un militar romano de alto rango reconocía la autoridad de Jesús.
2. Aunque muchos esclavos eran maltratados por sus amos, este hombre quería a su siervo y se preocupaba por él.
3. Aunque la mayoría de los romanos eran odiados por los judíos, éste era apreciado y respetado por ellos.
4. Aunque el centurión era rico, no abusó de sus riquezas, sino que usaba su dinero para edificar una sinagoga.
5. Por esta causa los judíos decían que este romano era digno de ser bendecido por Cristo.
6. Aunque no era lícito para un judío entrar en la casa de un gentil (Hech. 10:28) Jesús aceptó ir a la casa del centurión.
7. Aunque el centurión era muy poderoso (centurión más o menos equivalía a “capitán”), a la vez era muy humilde.
8. Este centurión entendía perfectamente lo que es la autoridad y la obediencia.
9. Tenía fe excepcional en Cristo, una fe que Jesús alababa, porque creía que aun de lejos Jesús podía sanar a su siervo con nada más decir la palabra.
10. ¿Qué otra lección o lecciones puede usted agregar? Todas estas lecciones producen fe (Rom. 10:17) y nos edifican.
7:1 Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaúm. 2 Y el siervo de un centurión --“denota un oficial militar al mando de 50 o 100 hombres, según el tamaño de la legión de la que formara parte” (Vine); el centurión romano era “Oficial del ejército romano (Hch. 21:32; 22:26), comandante de 100 soldados, más tarde, de una cantidad algo mayor (cp. 23:23)” (V-E). Eran la “espina dorsal” del ejército romano. El Nuevo Testamento habla de algunos centuriones excepcionales: aparte del centurión mencionado en este texto, leemos de Cornelio (Hech. 10, 11) y de Julio, el centurión encargado de Pablo en su viaje a Roma. También digno de mencionarse fue aquel centurión encargado de la crucifixión de Jesús quien exclamó, “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mat. 27:54). El centurión de este texto amaba a su siervo, amaba a los judíos y apoyaba el culto al Dios verdadero.
-- a quien éste quería mucho, estaba enfermo (paralítico, Mat. 8:6) y a punto de morir. – Había amos crueles, pero también había amos bondadosos. 1 Ped. 2:18 se refiere a las dos clases de amos. Cuando se toma en cuenta la posición social de los esclavos en aquel entonces, la simpatía de este centurión es admirable, porque algunos militares permiten que su experiencia en guerras, etc. les endurezcan el corazón y se preocupan poco por otros
7:3 Cuando el centurión oyó hablar de Jesús (4:37; 6:17-19), le envió unos ancianos de los judíos, rogándole (no “mandándole” como un oficial romano, sino “rogándole” como hombre humilde) que viniese y sanase a su siervo. – El centurión rogaba por su siervo amado, y los judíos rogaban por el centurión. Según Mateo, el centurión mismo vino a Jesús rogándole por su siervo (“Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”, Mateo 8: 5).; según Lucas, los judíos le rogaban. En esto no hay conflicto alguno. Tanto el centurión como los judíos le rogaban, o el centurión le rogaba a través de los judíos como sus agentes. “Lo que uno hace por medio de otros lo hace por sí mismo, como Pilato ‘azotó a Jesús’ (esto es, hizo que lo azotaran, ATR)”. V. 4, “nos edificó una sinagoga”, ¿con sus propias manos?
Los judíos estaban bajo el yugo de Roma, pero aquí está un romano de mucha autoridad rogando a un judío. Aunque muchos romanos despreciaban a los judíos este centurión era un bienhechor de ellos (compárese Hech.10:2. Cornelio, un centurión romano, “hacía muchas limosnas al pueblo” judío), y ahora este centurión romano pide un gran favor de estos judíos y mayormente de Jesús.
7:4 Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud (muchos de los “ancianos” de los judíos eran enemigos de Jesús, pero no todos), diciéndole: Es digno de que le concedas esto; 5 porque ama a nuestra nación, y (él mismo) nos edificó una sinagoga. – De esta manera los judíos podían recompensar al centurión por su gran benevolencia hacia ellos. ¿Por qué haría un oficial romano tal cosa para los judíos? Obviamente porque él había oído del Dios de Israel y creía en El. Probablemente su carácter bondadoso se podía atribuir a su fe en Dios. Este centurión nos recuerda de otro centurión llamado Cornelio quien adoraba a Dios (Hech. 10:1, 2). Este centurión, al igual que Cornelio (Hech. 10:2,22), tenía buenas cualidades: amaba a los judíos, amaba a su siervo y estaba muy preocupado por él, era hombre generoso y tenía mucha fe en Cristo.
¿Es correcto decir que alguno es “digno” de recibir las bendiciones de Jesús? Dice Hendriksen, comentarista calvinista de renombre, “Por bien intencionada que haya sido esta evaluación, huele a la doctrina de méritos humanos”. Pero ¿qué diremos de lo que Jesús dice en Luc. 10:7 y Pablo en 1 Tim. 5:18, que “el obrero es digno de su salario”? ¿No lo es? ¿Y qué diremos de lo que Jesús dice en Apoc. 3:4, “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas” o Apoc. 19:7, 8, “han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”? ¿Todo esto “huele a la doctrina de méritos humanos”? ¿Es más sabio el Sr. Hendriksen que Jesús, el Espíritu Santo y el apóstol Pablo?
¿No debemos citar estos textos que hablan de algunos como “dignos”? ¿Los santos no son dignos? Jesús dice que sí. ¿Por qué tememos esta palabra puesto que es muy bíblica? Dios provee la salvación por medio de Cristo, pero esta salvación es condicional; es decir, para ser salvos tenemos que ser obedientes y fieles, siendo activos y llevando fruto para la gloria de Dios” y la Biblia enseña que los fieles son dignos. Prefiero creer lo que la Biblia dice sobre el tema.
7:6 Y Jesús fue con ellos. – Mat. 8:7, “Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré”, aunque no era lícito que un judío entrara en la casa de un gentil (Hech. 10:28; Jn. 18:28). “Fue con ellos” aunque “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat. 15:24). ¿Pensaba entrar en la casa de un gentil? Si no, ¿para qué “ir” para sanarle? Durante Su ministerio personal Jesús comenzó a tumbar barreras.
¡Cuán accesible era Jesús a todos, tanto a los gentiles como a los judíos! Si Jesús hubiera sido motivado por sentimientos humanos (carnales), habría dicho, “¿qué tiene que ver eso de que les haya edificado una sinagoga? No iré porque los romanos son opresores del pueblo”.
Compárese el caso de la mujer cananea (Mat. 15:21-28). “Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré” (Mateo 8:7, 8). No dijo, “Yo iré y trataré de sanarle”. La venida de Jesús al mundo no era ninguna clase de “experimento”. No vino para ver si podía vivir sin pecar, y no vino para ver si podía sanar enfermos, etc. Tuvo misión específica de principio a fin y la llevó a cabo.
-- Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; 7 por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; -- ¡Qué palabras más extrañas de labios de un elevado militar romano! El comportamiento de los militares romanos de alto rango era con dignidad y orgullo. Esperaban ser honrados y estimados por el pueblo, pero este militar dice, “no soy digno”. Precisamente por causa de su humildad y fe él era digno de recibir la bendición de Cristo. El que se humillare, será exaltado. Luc. 15:19, el hijo pródigo dijo lo mismo, “no soy digno”. También el publicano (Luc. 18:13).
El v. 3 dice, “rogándole que viniese”, pero ahora envía a Cristo unos amigos para decirle que no entrara bajo su techo. Si Jesús estuviera aquí en la tierra, ¿nos sentiríamos dignos de que entrara bajo nuestro techo? ¿Diríamos “ni aun me tuve por digno de venir a ti”? Tomando en cuenta la hermosa invitación de Mat. 11:28-30 la respuesta debe ser que “sí”, pero con toda reverencia.
Este centurión era muy excepcional. Imagínese un militar de alto rango pero a la vez tan humilde. Aunque él había edificado una sinagoga para los judíos, el no tuvo “más alto concepto de sí que el que debe tener” (Rom. 12:3). Si hubiera edificado 100 sinagogas, podría haber dicho la misma cosa, “no soy digno”. Aquí está un personaje muy excepcional, pues a pesar de su posición exaltada en el servicio militar, no se sentía digno de que un judío, un carpintero llamado Jesús de Nazaret, entrara bajo su techo. Reconocía que Jesús era muy superior a él. Lamentablemente la mayoría de los hombres (mayormente los elevados de este mundo, los ricos, los que ocupan puestos elevados en el gobierno, etc.) no comparten la humildad del centurión. El reconocía lo que todos deben reconocer: que nadie es digno (en el sentido de “merecer”) de recibir las bendiciones que trajo Jesús. Todos deben imitar al publicano de Luc. 18:13 (“Dios, sé propicio a mí, pecador”). Debemos recordar esto siempre que nos acerquemos a Dios.
Luc. 18:14, “cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”; Mat. 18:4, “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”. Este centurión fue bendecido porque se humilló delante de Jesús. Entre más grande nuestra fe en la grandeza de Cristo, más humildad producirá en nosotros.
-- pero di la palabra, y mi siervo será sano. – Salmo 148:5, “Alaben el nombre de Jehová; Porque él mandó, y fueron creados”. Gén. 1:3, “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz” (y así a través de los días de creación). Los judíos, amigos del centurión, rogaron a Jesús que él “viniese”, pero el centurión dice que no tiene que venir, “pero di la palabra” solamente. El no sólo creía en la autoridad de Jesús, sino también que Jesús podía sanar aun de lejos. El oficial del rey que quería que Jesús sanara a su hijo, “vino a él y le rogó que descendiese” para sanar a su hijo (Jn. 4: 46, 47), pero este centurión dijo que no era necesario que Jesús fuera a su casa. Dijo, “Señor, no te molestes”. Cuando él (el centurión) daba órdenes, no importaba de qué lugar las daba. Si estaba presente con los soldados o siervos, o si estaba lejos de ellos, sus órdenes habían de ser obedecidas. El reconocía la autoridad de Jesús. Sabía que El podía ejercerla de cerca o de lejos.
Este texto enfatiza la gran fe del centurión, pero hay otra lección importantísima que no debe descuidarse: el poder, la autoridad, la majestad divina, etc. de Cristo fueron reconocidos por un extranjero que no había gozado todos los beneficios de los judíos como pueblo escogido de Dios. Sin tocar y sin ver al siervo del centurión moribundo Jesús lo sanó con su palabra omnipotente.
7: 8 Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. – Este centurión entendía y creía en la obediencia. El entendía que sus superiores tenían el derecho de darle órdenes, esperando la obediencia, y que de la misma manera él tenía la autoridad para dar órdenes a sus inferiores y le deberían obedecer. El conocía la autoridad, y la reconocía en Cristo. El razonamiento del centurión honra grandemente a Cristo. Está diciendo que si él, con poder significativo pero limitado, debería ser obedecido, cuanto más el mandamiento de Cristo quien es muy superior a los oficiales romanos debería ser obedecido.
En este caso no se trata de dar órdenes a otros hombres. Más bien tiene que ver con dar órdenes a una enfermedad. Este centurión creía que Jesús podía mandar enfermedades como él (el centurión) podía mandar soldados y siervos. Creía que las enfermedades obedecerían a Cristo como los soldados y siervos obedecían a él. Estaba seguro que Jesús podía mandar aun a la enfermedad de su siervo y que su orden sería obedecida; es decir, si Jesús dice a una enfermedad “vé”, la enfermedad “va”. Tenía mucha razón, pues Jesús podía mandar enfermedades, demonios, vientos y olas, y aun a los muertos.
Este centurión excepcional no sólo tenía un concepto correcto de sí mismo, sino también tenía un concepto muy correcto de Jesús. En El veía autoridad, poder y majestad. Al mismo tiempo veía a un Señor poderoso que era accesible al pueblo; es decir, cualquier podía acercarse a El con sus peticiones, dudas e inquietudes. Jesús demostraba esto repetidas veces durante su vida aquí en la tierra.
“Haz esto”. La gente que no obedece a Cristo (no obedece al evangelio) no tiene fe en Cristo. El centurión muestra claramente la relación entre la fe verdadera, la autoridad de Cristo y la sumisión a El. Bien sabía que Jesucristo tenía autoridad para mandar y que cuando El dice “haz esto”, es necesario obedecerle. Heb. 5:8, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.
7:9 Al oír esto, Jesús se maravilló de él, – En esta ocasión “se maravilló” de la fe del centurión; en otra ocasión “se maravilló” de la incredulidad de los judíos (Mar. 6:6). Los evangélicos enseñan que la fe es don de Dios, pero si esto es cierto, ¿por qué dio tanta fe al centurión y no dio nada de fe a los de Nazaret? ¿Hace acepción de personas? Hech. 10:34, 35; Rom. 2:11. La fe no es un don milagroso. Más bien, “la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios” (Rom. 10:17). Cada persona tiene que oír la palabra y creerla.
-- y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. -- Compárese Mat. 15:28, otro caso de un gentil con fe grande (“Mujer, grande es tu fe”). Estos gentiles, privados de tantos privilegios gozados por los judíos, ascendieron arriba de sus limitaciones y tenían fe excepcional en Jesús.
Estos relatos indican que Cristo buscaba la fe en la gente; también cuando venga la segunda vez, la buscará (Luc. 18:8). Algunos citan Efes. 2:8 para probar que Dios da fe a la gente. ¿Por qué, pues, dio tanta fe a este centurión romano y a la mujer cananea, pero no dio nada de fe a los judíos de Nazaret? (JWM). Algunos tenían (y tienen) “poca fe” (Mat. 6:30; 8:26; 14:31). Por eso, debemos decir, “Auméntanos la fe” (Luc. 17:5).
“Ni aun en Israel he hallado tanta fe”. A los judíos les convenía tener mucha fe en Cristo, porque El era su Mesías, pero la fe del centurión hubiera sido maravillosa aun en los judíos. Era lógico y razonable pensar que Jesús debería haber dicho a muchos judíos, “Grande es tu fe”. Lamentablemente, sin embargo, Jesús no encontraba tal fe entre ellos. Más bien, la encontró por lo menos en estos dos casos de gentiles. Lucas enfatiza mucho el tema de cómo Dios se preocupa por los samaritanos y gentiles y toma nota de ellos: 4:25-27; 10:33-37; 17:16; 24:47 y, desde luego, es Lucas quien relata en Hechos de los Apóstoles la obra de evangelizarlos.
El centurión tenía plena fe en la palabra de Cristo (“di la palabra, y mi siervo será sano”). Esto fue el gran problema con el pueblo de Israel, pues no creían la palabra de Cristo.
En el relato de Mateo (8:11-13) Jesús agrega lo siguiente: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos (se refiere a la conversión de muchos gentiles); 12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 13 Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”.
7:10 Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo. Dijo el centurión, “di la palabra”. ¿La dijo Jesús? Lucas no dice, pero lo que es obvio y muy cierto es que la voluntad de Jesús era de que el siervo sanara y sanó.
Jesús resucita al hijo de la viuda de Naín
Es muy importante no solamente leer estos relatos de las señales de Jesús, sino también meditar en cada frase y en cada palabra para darnos cuenta de los detalles del evento y de las lecciones valiosas que el texto contiene. En el v. 12 Lucas dice “he aquí” ( es como decir, poner atención a este informe) porque hablará de algo sorprendente, algo muy impresionante, acerca de Cristo.
7:11 Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, (unos 30 kms. al sur de Capernaúm) e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud. – ¿De qué grupo somos? ¿Discípulos o simplemente de la “gran multitud”? Todos estos eran testigos oculares de los milagros de Jesús. Lucas y los otros que narran los eventos de la vida de Jesús frecuentemente dicen que estaba rodeado de una multitud de gente. Desde luego, muchos de ellos querían que Jesús les sanara a ellos o a sus seres queridos, pero también Mateo (7:28, 29) dice que la gente quedaba maravillada de su enseñanza porque no era como la de escribas y fariseos. Su enseñanza era única, porque El era Dios.
7:12 Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, -- En el caso anterior, el siervo del centurión estaba a punto de morir, pero en este caso el hombre ya había muerto. Al llegar cerca de la ciudad, “llevaban a enterrar a un muerto”. Entre los judíos los lugares de sepultara estaban fuera de las ciudades.
Parece que la misión principal de Jesús en ir a esta ciudad era levantar a este muerto. Lo hizo como señal para probar que era el Hijo de Dios (Jn. 20:30, 31), pero también, como dice Hech. 10:38, “anduvo haciendo bienes” y como El dijo (Luc. 4:18), “Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón”.
-- hijo único de su madre, la cual era viuda; -- “La muerte del único hijo de una viuda era la mayor desgracia que pudiera concebirse” (Easton). “La lamentación de una viuda por su hijo único es el colmo del dolor” (Plummer) ATR. En el caso de esta viuda, la muerte de su único hijo probablemente era el fin de su sostenimiento y protección. Ya había perdido a su marido y ahora perdió a su único hijo. Cuando murió su marido, su hijo le podía consolar, pero ahora el hijo también muere y ¿quién le puede consolar? Hay mucho énfasis en la Biblia sobre la necesidad de ayudar a la viuda (por ejemplo, 1 Tim. 5; Sant. 1:27). También denuncia el abuso de la viuda de parte de líderes religiosos (Luc. 20:47).
Luc. 8:42, “tenía una hija única, como de doce años, que se estaba muriendo”; 9:38, “Y he aquí, un hombre de la multitud clamó diciendo: Maestro, te ruego que veas a mi hijo, pues es el único que tengo”. La muerte del “único hijo” era causa de gran tristeza (Jer. 6:26, “ponte luto como por hijo único, llanto de amargura”; Zac. 12:10, “llorarán como se llora por hijo unigénito”).
-- y había con ella mucha gente de la ciudad. – Obviamente era viuda bien conocida y apreciada. Compárese Jn. 11:19, “y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano”. Había tres grupos de personas reunidas en ese lugar: discípulos, una gran multitud y ahora “mucha gente de la ciudad” que acompañaba a la viuda. Todos estos eran testigos oculares del milagro.
7:13 Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, – La palabra compadecer, padecer con, (splanchnizomai), significa “ser movido en las entrañas de uno”. “En el idioma griego no hay otra palabra más fuerte que signifique piedad, simpatía y sentimiento que la que se utiliza” aquí y en otros textos para describir la compasión de Jesús (WB). Mat. 9:36, “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”; Mat. 14:14, “Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos”; Mat. 15:32, “Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer”; Mat. 20:30, “ Y dos ciegos … clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! … 32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33 Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entonces Jesús, compadecido (movido a compasión, LBLA), les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron”. Jn. 11:33, “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró”. Mat. 8:17, “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.
Otra palabra semejante es sumpatheo, “sufrir con otro, ser afectado similarmente (castellano: simpatía), tener compasión de… Heb. 4:15, “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.
Si en verdad somos cristianos, debemos imitar a Cristo en ser misericordiosos, ser movidos “en las entrañas” para sufrir con los que sufren, sobre todo con los hermanos en la fe. Rom. 12:15, “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. Heb. 10:34, “Porque de los presos (por ejemplo, Hech. 4:3; 12:3; 16:23) también os compadecisteis”.
-- y le dijo: No llores (8:52). -- Si decimos a una persona como Jesús dijo a esta viuda, “No llores”, ¿qué pensará? “¿Cómo dejaré de llorar?” Jesús se lo dijo porque El pensaba quitar la causa de su aflicción. Nosotros podemos decirlo si el difunto era cristiano, porque Pablo dice, “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tes. 4:13). A la familia de la persona que muere en Cristo podemos decir con toda confianza, “No lloren”, porque como Cristo resucitó a este joven, El levantará a nuestros seres queridos en “aquel día”, pero ¿qué se puede decir a los afligidos cuando el ser querido que muriera no era cristiano? ¿Podemos decir, “No llores porque ahora está reposando con Cristo?” Debemos tener mucho cuidado de lo que decimos en tales casos. Podemos acompañar a los dolientes en su pesar y ofrecer cualquier ayuda posible, pero no nos toca ofrecer esperanza cuando no hay esperanza. Pablo habla de “los otros que no tienen esperanza”.
Podemos tener verdadera (no fingida) compasión de la gente. Podemos llorar con ellos como Jesús lloró al entrar en la ciudad de Jerusalén. Luc. 19:41, “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella”. El no dijo que “había esperanza” para ella, pero sí tenía mucha compasión de ella y “lloró sobre ella”. Si mostramos verdadera compasión en tales momentos difíciles, muchas veces esto suaviza corazones duros para que estén más dispuestos a oír la palabra de Dios.
7:14 Y acercándose, tocó el féretro -- camilla mortuoria, ATR; andas, WEV; “no se trataba de un ataúd… Se utilizaban canastos tejidos de mimbre para llevar el cuerpo a la tumba” (WB).
-- y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, (esto nos recuerda que los jóvenes mueren también) a ti te digo, levántate. – Jesús se dirige a un muerto como si estuviera vivo. Dice “levántate” a un muerto como si estuviera simplemente dormido. Compárese Jn. 11:43, “¡Lázaro, ven fuera!” En el texto anterior (7:1-10) el centurión que Jesús tenía autoridad para mandar la enfermedad de su siervo; aquí muestra su autoridad para mandar a un muerto a levantarse y obedeció. Hech. 3:15, Cristo es el “Autor de la vida”.
En muchos casos Jesús mostró misericordia cuando la gente se la pidió. En este caso El mismo tomó la iniciativa, y la viuda que no pidió nada recibió una gran bendición. Ella no pidió porque “¿qué se podía pedir? Aquel hombre estaba muerto… En relación con la fiebre (4:8), la lepra (5:12) y la parálisis (7:3) hubo siempre un rayo de esperanza, alguna razón para pedir ayuda, pero, sin duda, no la había cuando la muerte había ya ocurrido… Nos hace pensar en Luc. 8:49, “Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro” (GH).
Compárense Luc. 8:54, “Muchacha, levántate” y Jn 11:43, “¡Lázaro, ven fuera!” Jesús habló a los muertos para resucitarlos. Jn. 5:28, “vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.
7:15 Entonces se incorporó (lit., sentarse erguido, WEV, Hech. 9:40) el que había muerto, -- No oía la voz de los que lloraban y lamentaban su muerte, pero sí oyó la voz de Cristo y la obedeció.
La Biblia registra la resurrección de varias personas: 1 Reyes 17:22, Elías resucita al hijo de la viuda de Sarepta; 2 Reyes 4:33, Eliseo resucita al hijo de la sunamita; Luc. 8:54, 55, la hija de Jairo; y Jn. 11:44, Lázaro; Hech. 9:40, Dorcas; Hech. 20:9, 10, Eutico.
-- y comenzó a hablar. – El sentarse y hablar demostraba que era restaurado a la vida normal. Luc. 8:55, “Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diese de comer”; estaba viva, podía comer; también Lázaro (Jn. 12:2). ¿De qué hablaba? 2 Cor. 12:2, “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), 4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”. De esto es lógico concluir que las personas resucitadas por Cristo y los apóstoles no podían hablar de la experiencia más allá de la muerte.
-- Y lo dio a su madre. -- ¡Qué “regalo” más precioso! Dios le dio su hijo cuando éste nació, y ahora otra vez cuando murió. Cuando Elías resucitó al niño de la viuda de Sarepta, “lo dio a su madre” (1 Reyes 17:33). Después de levantar al niño de la sunamita, Eliseo dijo, “Toma tu hijo”. De Lázaro Jesús dijo, “Desatadle, y dejadle ir”, seguramente a los brazos de sus amadas hermanas tan afligidas. Para Cristo los lazos familiares son muy importantes.
7:16 Y todos tuvieron miedo (el temor se apoderó de todos, LBLA), -- Obviamente fue obra de Dios. ¿Cuál sería la reacción de nosotros si de repente un ser querido fallecido volviera a vivir delante de nuestros ojos y comenzara a hablar y comer?
-- y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; -- Era muy cierto lo que decían, pero no simplemente “un gran profeta”, sino EL gran profeta (Deut. 18:15-18; Hech. 3:22, 23), pero lamentablemente el pueblo judío no lo recibió (Jn. 1:11).
-- y: Dios ha visitado a su pueblo. – Rut 1:6, “Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan”; 1 Sam. 2:21, “Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió”; Luc. 1:68, “Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, 69 Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo”. En base a estos textos ¿qué significa la palabra “visitar” en Mat. 25:37 y Sant. 1:27? Obviamente significa visitar con ayuda.
7:17 Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor. – Los testigos mencionados en el v. 11, 12 llevaron las noticias. Se extendió su fama sin necesidad de radio, televisión, periódicos o el Internet. Noticias tan importantes se llevan por todas partes como si fueran llevadas por el viento. Pero ¿cuántos llegaron a ser sus verdaderos discípulos? Todos hemos pecado (Rom. 3:23) y, por eso, hemos muerto espiritualmente. ¿Cuántos quieren que Jesús les levante de la muerte espiritual? Efes. 2:1, 6. “Libertando los desdichados del sufrimiento, de la enfermedad, de la muerte misma, probaba que tenía el poder de libertarles del pecado, fuente de todos esos males” (B-S).
Los mensajeros de Juan (Mat. 11:2-19)
7:18 Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. – Mat. 11: 2, “Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo”. Herodes le había encarcelado porque había reprendido los pecados del rey (Mat. 14:4). Este versículo nos deja un poco perplejo. Si los discípulos de Juan le contaron las nuevas de las obras maravillosas de Jesús, ¿por qué no resolvieron sus dudas? La respuesta de Jesús aclara la cuestión por conectar las buenas obras que El hacía a las profecías acerca del Mesías.
-- Y llamó Juan a dos de sus discípulos, 19 y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro? 20 Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, -- “El que había de venir” era otro nombre del Mesías, Gén. 49:10; Deut. 18:18, 19; Isa. 9:6; 11:1-5; 35:4-6; 53; Dan. 9:24-27.
-- o esperaremos a otro? – La respuesta de la mayoría de los judíos a esta pregunta fue la siguiente: “No lo es, y definitivamente esperaremos a otro”. Sin embargo, Juan preparó el camino para Jesús. Le bautizó y vio al Espíritu descender sobre El como paloma, oyó la voz del Padre que le proclamó como su Hijo aprobado. Entonces él mismo proclamó que Jesús era el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Al recordar todo esto es un poco sorprendente su pregunta. La Biblia no revela la razón por la cual la hizo, pero el lenguaje mismo indica que él había comenzado a tener dudas acerca de Jesús, porque aun pregunta, “¿o esperaremos a otro?” Si no tenía dudas acerca de Jesús, estas preguntas no tienen sentido.
Algunos, queriendo defender a Juan y no aceptar que él tuviera dudas, dicen que las dudas no eran de Juan sino de sus discípulos; es decir, creen que Juan los envió con esta pregunta para resolver las dudas de ellos, pero, como observa Lenski, esta explicación ataca la integridad de Juan, porque implica que Juan haría esta pregunta como si él quisiera la respuesta cuando en realidad él quería la respuesta para sus discípulos. Peor aun, ataca la integridad de Jesús quien dice, “Id, haced saber a Juan”, para apoyar el fingimiento como si Juan quisiera saber cuando solamente sus discípulos tenían dudas (desde luego, Jesús conocía perfectamente quién tenía y quién no tenía dudas).
El ser inspirado por Dios como profeta no era garantía de que él entendiera la naturaleza espiritual del reino del cual hablaba. Es muy probable que él, al igual que los apóstoles y los demás, esperara que Cristo reinara aquí en la tierra. Este texto ilustra otra vez que la Biblia habla con toda franqueza de las flaquezas de sus más grandes héroes, y la explicación más razonable de esta pregunta es que Juan tenía dudas acerca de Jesús de Nazaret. Por lo menos quería tener su confianza reafirmada (ATR). Al volver a leer Mat. 3:10, “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”, tenemos que preguntar, ¿está mostrando algo de impaciencia ahora porque Jesús no había cortado el árbol corrupto? ¿No habría compartido el concepto de los otros judíos y aun de los apóstoles que el Mesías había de establecer un reino terrenal para llevar a cabo fuertes juicios? Y ¿dónde estaba ese reino? ¿Por qué no lo había establecido? Jesús enseñaba y hacía milagros, pero aparentemente no había hecho nada para establecer tal reino. Tal vez Juan compartiera la esperanza de muchos de los que acompañaban a Jesús de que El comenzara a reunir sus ejércitos para derrotar a los romanos.
“Los árboles sin frutos todavía no han sido cortados; el grano no ha sido removido de la cáscara, ni ha visto él todavía el fuego que no se apaga. Probablemente él no vio ninguna tendencia hacia ninguno de estos resultados… De haberle sido a él permitido formar parte de la compañía del Salvador, recibir la influencia silenciosa de su ejemplo y su verdad, pedirle explicaciones y de oír sus razonamientos, podemos nosotros estar seguros de que su estado mental hubiera sido muy diferente. Pero no solamente no había tenido los privilegios del más humilde de los discípulos del Señor, sino que, por el contrario, lo habían dejado languidecer y sentir agitarse su espíritu en cruel encarcelamiento, el cual le había sido impuesto debido a su celo justo por la misma causa que había sido enviado a promover” (GRB).
Sea lo que haya sido el caso de Juan debemos aprender que los hijos de Dios más fieles y fuertes pueden tener dudas y faltas (1 Cor. 10:12). El apóstol Pedro aprendió esto y lloró amargamente (Mat. 26:72; Gál. 2:11).
¿Cómo podría Juan dudar? Algunos, queriendo defender a Juan, suponen que Juan solamente quería que Jesús declarara más abiertamente que en realidad El era el Mesías para acabar con las dudas e inquietudes del pueblo acerca de su identidad (compárese Mat. 16:14), pero si eso hubiera sido su pensamiento o motivación, habría enviado discípulos a Jesús animándole a hacerlo, pero simplemente no fue así.
Cuando Dios llamó a Moisés, éste le resistió con excusas (Ex. 3, 4), indicando su falta de fe en Dios (lo hizo otra vez en Núm. 20:12). Solamente con milagros se convenció Gedeón. La confianza que Elías tenía en Dios prácticamente desapareció y él se escondió en una cueva (1 Reyes 19:1-4). Jeremías denunció el día de su nacimiento (Jer. 20:7, 14-18). Job también. El ejemplo “clásico” de flaqueza en los grandes era Pedro quien, después de ser testigo de la transfiguración de Jesús y observar su vida y obras tan maravillosas, andando con El por más de tres años, lo negó con juramentos. En cuanto a Juan, sin duda el estar confinado en la cárcel tuvo algo que ver con su flaqueza, porque cuando él estaba predicando y bautizando a mucha gente, su fe era muy viva y fuerte (JWM).
Sea lo haya sido el caso de Juan, aquí cabe una advertencia para nosotros. Recuérdese que Juan estaba encarcelado. Esto podría ser aun para los más fuertes una experiencia deprimente. Juan ya no estaba en el sol del desierto, sino que su vida había pasado por debajo de una nube obscura. La advertencia para nosotros es esta: tengamos cuidado de no perder la fe o caer en dudas cuando estamos afligidos y angustiados. Hay toda clase de experiencia que deprime y debilita.
7:21 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. 22 Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: -- Jesús no levantaba un ejército, no entrenaba a sus discípulos para la guerra contra los romanos, no recaudaba fondos para alguna revolución; más bien, había demostración de poder milagroso para aliviar las aflicciones humanas (HLB). Una demostración es mucho mejor que una mera explicación. Jesús habló de sus hechos que cumplieron la profecía de Isaías, para que Juan interpretara estos hechos para contestar su propia pregunta, pues ningún profeta había hecho lo que Jesús hizo. Por su propio poder y por su propia autoridad hizo estas señales; aun perdonó pecados por su propia autoridad (Mat. 9:6, “el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”). Jesús no contestó la pregunta de Juan con palabras, sino con hechos, hablando de las buenas obras que había de hacer “el Siervo de Jehová” (Isa. 42:6sig; 35:5,6; 61:1sig). No criticó a Juan por haber hecho esta pregunta. Más bien El simplemente apunta hacia las obras que según los profetas el Mesías haría. Jesús había hecho estas obras y ahora deja que Juan saque su propia conclusión para contestar su propia pregunta. La mejor respuesta a la pregunta de Juan era la obra de Jesús. Seguramente Juan conocía estas profecías y sacó la conclusión correcta.
Debemos aprender esta lección. Para convencer a los que dudan, los argumentos más convincentes son los hechos. Nos conviene, pues, juntar todos los hechos del caso como evidencia en concreto y dejar que el que duda a sacar su propia conclusión (FLC).
-- los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, -- Según Isa. 35:5-6, estas buenas obras serían cumplidas por el Mesías.
-- los muertos son resucitados, -- V. 15, acabó de levantar al hijo de la viuda de Naín. Todo esto ocurrió “en esa misma hora” y probablemente al mencionar estos que fueron sanados, etc., Jesús podía apuntar hacia ellos; es decir, es como si El hubiera dicho, “Aquí mismo está mi respuesta, mírenlos”. ¿Pero qué tiene que ver esta respuesta con la pregunta de Juan? Las respuestas de Jesús casi siempre son muy indirectas. Me imagino que muchas veces al oír la respuesta de Jesús a sus preguntas los oyentes quedaron bien perplejos, frunciendo cejas y mirándose los unos a los otros y queriendo hacer otra pregunta para que Jesús aclarara su respuesta a la primera pregunta. ¿Por qué Jesús no contestó de forma más directa? Obviamente para hacernos pensar y razonar. El no nos trata como si fuéramos pajarillos con la boca abierta, sino como hombres creados a la imagen de Dios con la facultad mental como para entender asuntos de considerable importancia.
Al meditar en estas obras de Jesús los sinceros deberían recordar lo que los profetas decían del Mesías (Isa. 35:5-6; 61:1, etc.) Si Jesús hacía lo que, según los profetas, el Mesías (el que había de venir) haría, entonces ¿cuál es la conclusión lógica (la inferencia necesaria) acerca de la persona de Jesús? Por lo tanto, Jesús mismo citó a Isaías 61:1, 2 cuando enseñó en la sinagoga de Nazaret: Lucas 4: “16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. 17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; 19 A predicar el año agradable del Señor. 20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.
-- y a los pobres es anunciado el evangelio; – Isa. 61:1, un punto culminante, ATR; una característica única y especial del Mesías. ¿Por qué se incluye la predicación a los pobres entre los milagros de Jesús? Se incluye y con buena razón, pues tiene mucho que ver con la identidad del verdadero Mesías. La literatura de varias naciones registra maravillas de varias clases (seguramente según 2 Tes. 2:9, “gran poder y señales y prodigios mentirosos”), pero es imposible fingir la simpatía por los desdichados y afligidos. La sincera preocupación por los pobres es una cualidad encontrada solamente entre los verdaderos discípulos de Jesús.
¿Cuántos grandes líderes mundiales se fijan en los pobres para servirles y ayudarles? Para muchos líderes de renombre los pobres no valen nada; son despreciados y hasta pisoteados. No había “evangelio” para los que no podían pagar (BWJ). Sólo valen para los propósitos egoístas de los grandes y famosos. No fue así con Jesús y no es así con verdaderos cristianos. Aquí está una marca de identidad del verdadero discípulo de Cristo: ama y sirve a los pobres.
Los hechos tienen poder para convencer. Compárense Mat. 5:16; Jn. 13:34, 35; 1 Ped. 3:1-2, etc.
7:23 y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí. – No convenía que Juan siguiera el ejemplo de los demás judíos que hallaron tropiezo en Cristo. La palabra skándalon significa lazo o trampa, es decir, ocasión de caer. Se usa de “cualquier cosa que suscite prejuicios, o que venga a ser un obstáculo para otros, o que les haga caer por el camino” (WEV). Por ejemplo, Mat. 13:21, “al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”; para algunos la aflicción o la persecución son ocasiones o causas de tropiezo. Jn. 11:9, “el que anda de día no tropieza”. Para los judíos Jesús era “piedra de tropieza”. Mat. 21:42, hablando de sí mismo, “Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo”. Según ellos Jesús no reunía los requisitos para ser su Mesías y lo rechazaron. Más bien, tropezaron sobre El. Jesús de Nazaret no era la clase de Mesías que ellos esperaban y, por eso, tropezaron. “He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída” (Rom. 9:33).
Los líderes de los judíos tropezaron al ver a Jesús comer con publicanos y “pecadores”; cuando “violaba” el día de reposo (sanando gente); cuando denunció sus tradiciones; cuando les llamaba hipócritas, Mat. 23; cuando rehusó darles una señal del cielo y también cuando rehusó ser su rey (Jn. 6:15). Todos estos tropiezos fueron causados por el concepto carnal y terrenal que los líderes de los judíos tenía de su Mesías.
Posiblemente por no entender la naturaleza del reino de Cristo y por ser un poco impaciente había peligro de que Juan hallara ocasión de tropiezo en Jesús. Sin embargo, es muy probable que con la explicación de Jesús se borrara su duda.
El profeta Isaías había predicho que el Mesías (Jesús) no sería deseado por el pueblo de Israel. Isa. 59, “2 Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”. Nació en un pesebre. Fue criado en Nazaret, un pueblo despreciado (Jn. 1: 46). Sus apóstoles eran, por la mayor parte galileos, hombres humildes. Los discípulos de Jesús eran los “pequeños” del mundo (los insignificantes). 1 Cor. 1, “26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia”. Sobre todo la cruz de Cristo – su muerte para expiar los pecados del mundo – era tropiezo para ellos (1 Cor. 1:23).
Jesús elogia a Juan (Mat. 11:7-11)
7:24 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: -- En lugar de criticar a Juan por su pregunta que aparentemente indicaba duda, Jesús alaba a Juan.
-- ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? – Tales cañas crecían en abundancia cerca del Jordán donde Juan bautizaba; alcanzaban tres o cuatro metros de altura y siendo muy frágiles se doblaban con el viento. Juan no era así; no era hombre débil, sin firmeza, variable, inconstante. No era hombre cambiable, vacilante, sin convicción, sin valor. No era doblado ni por el aplauso ni por el desagrado del pueblo. Si hubiera tenido ese carácter, habría elogiado al rey Herodes (compárese Hech. 12:22) en lugar de condenar su matrimonio adúltero. ¿Por qué estaba en la cárcel? En ese momento Juan estaba encarcelado por haber hecho lo que los escribas, fariseos y otros líderes judíos no se atrevían a hacer: reprender el pecado del rey. Juan no cedió a la opinión popular ni se comprometió con el pecado. Por ser todo lo opuesto a una “caña sacudida por el viento” él no solamente fue encarcelado, sino que también fue degollado.
Herodes estimaba a Juan. “Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana” (Mar. 6:20); por eso, si Juan se hubiera aprovechado de ese aprecio que Herodes sentía por él, habría estado en el palacio en lugar de estar en la cárcel (JWM). Pero no era así. Juan no se podría comparar, pues, con una caña sacudida por el viento. Más bien debería ser comparado con un “árbol plantado junto a corrientes de aguas” (Sal. 1:3).
La Biblia abunda de ejemplos de personajes que no eran como cañas sacudidas por el viento: (1) Noé no sabía nada de “diluvio”, pero construyó el arca porque tenía fuerte convicción que Dios cumpliría su palabra; (2) Abraham estaba a punto de matar a su único hijo porque Dios le mandó hacerlo; (3) “No había nadie de los de casa allí” pero José dijo, “¿cómo haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”; (4) Satanás dijo, “todo lo que el hombre tiene dará por su vida”, pero no conoció a Job; (5) Caleb y Josué vieron los mismos gigantes que tanto asustaron a los otros diez espías, pero dijeron, “Si Jehová agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra”; (6) En lugar de arrodillarse delante del ídolo del rey, los tres jóvenes hebreos dijeron, “nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo … y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses”; (7) Cuando los judíos amenazaron a Pedro y a Juan, éstos dijeron, “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”; (8) Cuando el profeta dijo a Pablo que sería encarcelado en Jerusalén y los hermanos le rogaban que no fuera allá, él respondió, “¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”.
Es indispensable que todo cristiano tenga convicción no de boca sino de acción, para no ser como cañas sacudidas por el viento, pero lamentablemente esto bien describe a muchos de los que profesan ser cristianos, miembros de la iglesia de Cristo: por ejemplo: (1) muchos no tienen convicción con respecto a la autonomía de cada congregación (Hech. 14:23; 20:28), sino que promueven la centralización de los fondos de muchas iglesias en alguna “iglesia patrocinadora” o en alguna institución para hacer obras benévolas y del evangelismo a nivel nacional o internacional; establecen escuelas para predicadores, clínicas, asilos para niños, etc. para promover el evangelio social; (2) muchos no tienen convicción con respecto a la naturaleza espiritual de la iglesia y tienen salones de recreo y toda clase de actividad social, convirtiendo la iglesia en club social; (3) algunos no tienen convicción sobre el bautismo, pues ahora se han unido a los evangélicos diciendo que no es necesario para el perdón de pecados; (4) entre muchos no hay convicción con respecto al uso de instrumentos de música en el culto de la iglesia, pues dicen que es cuestión de opinión; (5) algunos ya no hacen caso a lo que Pablo dice a Timoteo con respecto a la modestia de la mujer (1 Tim. 2:9), ni tampoco en cuanto al papel de la mujer en la iglesia (1 Tim. 2:12), porque creen que ella debe ocupar puestos de liderazgo; (6) muchos hermanos han encontrado explicaciones y rodeos para no observar lo que Jesús y los apóstoles enseñan sobre el divorcio y nuevas nupcias (Mat. 19:9; Rom. 7:2, 3); (7) algunos hermanos, queriendo armonizar la Biblia con la evolución, enseñan que los seis días de la creación (Gén. 1) no eran días literales, sino largos períodos de millones de años; (8) increíblemente algunos hermanos enseñan que cuando Cristo estuvo en la tierra no usó ningún atributo divino, sino que simplemente actuaba como hombre, recibiendo poder del Espíritu Santo al igual que los apóstoles (esta doctrina es muy parecida a la de El Atalaya); (9) y para colmo de males muchos hermanos están mal representando lo que Pablo enseña en Rom. 14 para promover la llamada “unidad en la diversidad doctrinal” y esto abre las compuertas para toda clase de apostasía. Todo esto nos hace meditar seriamente en lo que Jesús dice en Luc. 18:8, “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”
Hay hermanos que prefieren ser “centristas”. No quieren ponerse del lado de la verdad. Quieren ser neutrales. No les gusta la controversia. Algunos hermanos han dicho que quieren ser “bíblicos” pero no “polémicos”. Tales hermanos se engañan solos. No hay término medio entre la verdad y el error. Los que son “neutrales” aprueban el error, porque es imposible ser neutral o centrista y apoyar la verdad. Algunos hermanos dicen que ni son liberales ni conservadores, que ni son derechistas ni izquierdistas. Esto suena bien a los oídos de personas sin convicción, pero no suena bien a los oídos de Dios. Si nos preguntan “¿hermano, qué cree usted sobre la centralización, sobre el divorcio y segundas nupcias, sobre los días de la creación, sobre la Deidad de Cristo, sobre Rom. 14?” ¿cómo contestamos? Algunos levantan el dedo mojado al viento para saber de donde sopla, luego ponen espaldas al viento y se dejan llevar por el camino de menos resistencia. Todo es “pura opinión” para los que son doblados por el viento.
7:25 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están. -- Tal ropa es emblema de riquezas, pero “Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre” (Mat. 3:4; 2 Reyes 1:8). Era hombre robusto, fuerte, que podía aguantar tribulación y oposición.
7:26 Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? -- 20:6; Mat. 21:26, “todos tienen a Juan por profeta”. “Y muchos venían a él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste, era verdad”, Juan 10:41. “Juan tenía todas las grandes cualidades de un verdadero profeta: ‘Una vigorosa convicción moral, integridad, fuerza de voluntad, un celo intrépido por la verdad y la rectitud’ (Bruce, ATR). Juan era el único profeta del cual otro profeta hablaba (Mal. 3:1).
-- Sí, os digo, y más que profeta. – Otros profetas hablaban de la venida de Cristo, pero ningún otro profeta tenía el honor de anunciarla y luego preparar el camino para el Mesías.
7:27 Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. -- Mal. 3:1. Era más que profeta y más que reformador, pues era el mismo precursor de Jehová (Cristo); Isa. 40:3, la profecía, “Preparad camino a Jehová”; Jn. 3:28, el cumplimiento, “No soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él”. ¡Qué honor más grande para Juan!
7:28 Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; -- Porque estaba íntimamente asociado con el Mesías. Era su precursor. Por eso, era mayor que los otros profetas, sacerdotes, reyes y otros grandes. Para Jesús los más grandes hombres del mundo no son los reyes, generales, ni mucho menos los más famosos artistas o deportistas. Si alguien tuviera la más mínima duda acerca de la grandeza de Juan, seguramente este elogio debería haber borrado esa duda. Lo que Jesús dice en estos versículos “Puede casi ser considerada como el elogio funeral del Bautista, porque no mucho después Herodías logró su muerte” (Plummer, citado por ATR).
Como Cristo alabó a Juan, también alabó al centurión (8:10, “ni aun en Israel he hallado tanta fe”); a la mujer cananea (15:28, “Oh mujer, grande es tu fe”) y a María (Mar. 14:8, “Esta ha hecho lo que podía”).
-- pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. – Juan anunció que el reino se acercaba (Mat. 3:1), pero todavía no existió; por eso, Juan no estaba en el reino. La comparación aquí tiene que ver con privilegios. Los que están en el reino disfrutan grandes privilegios que aun los más grandes como Juan no disfrutaban.
¿Cuáles son algunas cosas que el cristiano más pequeño sabe que Juan no sabía? No sabía de la crucifixión, sepultura, y resurrección de Jesús. No sabía nada de los eventos del día de Pentecostés. Ignoraba los grandes eventos registrados en Hechos de los Apóstoles. No tuvo la dicha de leer las epístolas del Nuevo Testamento. Nunca participó de la cena del Señor. No gozaba de las bendiciones espirituales que tenemos en Cristo; es decir, los más pequeños en el reino disfrutamos de bendiciones y privilegios que no existían en el tiempo de Juan. ¡Cuán grande es, pues, la bendición de ser ciudadano en el reino de Cristo!
De lo que Jesús dice aquí es lógico concluir que Juan no estaba en el reino, y si él no estaba en el reino nadie estaba en el reino en ese tiempo. Además, si Juan no estaba en el reino tuvo que ser porque aún no existió el reino. El ministerio del profeta ocurrió en los días finales del Antiguo Pacto, la ley de Moisés. El mismo había predicado que el reino “se acerca” (Mat. 3:2). ¿Por qué no fue posible que el reino se estableciera antes de morir Jesús? ¿Cuándo ascendió Jesús a su trono? Si el reino se estableció antes de morir Jesús, se estableció sin tener rey.
7:29 Es probable que lo que se afirma aquí en los versículos 29, 30 es de Lucas, como un detalle de historia para enfatizar el éxito del ministerio de Juan. Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. – El pueblo común y aun los publicanos aceptaron el bautismo de Juan como la voluntad de Dios, pero los líderes religiosos lo rechazaron. ¿Qué aprendemos de esto en cuanto a la importancia del bautismo? Si el bautismo de Juan era “el consejo de Dios” cuánto más el bautismo mandado por nuestro Señor Jesucristo para todas las naciones (Mat. 28:19; Mar. 16:16). Los que fueron bautizados por Juan reconocían que su bautismo era del cielo y no de los hombres (Mat. 21:25). Aprobaron su predicación sobre el arrepentimiento y el acercamiento del reino. “Justificar” a Dios significa afirmar o declarar que El tenía razón, que lo que hacía era correcto. Un comentarista calvinista (GRB) dice, “fueron bautizados como una declaración de la renovación de su mente, y como una prenda de una vida compatible con tal declaración”. ¿Por qué no citó Marcos 1:4 y Lucas 3:3, “el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”? Los textos que dicen que el bautismo es “para perdón de pecados” son muy molestos para evangélicos.
7:30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan. – Ellos sí llegaron al bautismo de Juan (Mat. 3:7), pero no se sometieron al bautismo, porque no querían confesar sus pecados y llevar frutos dignos del arrepentimiento. Debe observarse que Jesús enfatiza el bautismo como la prueba en cuanto a si los hombres justifican o rechazan los designios de Dios (JWM). Los millones que enseñan que el bautismo en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo no es para remisión de los pecados hacen peor que los “fariseos y los intérpretes de la ley” que desecharon “los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados” de Juan, porque el bautismo requerido por Cristo y los apóstoles no solamente es para la remisión de los pecados, sino también para recibir al Espíritu Santo.
Los evangélicos simplemente no se atreven a citar Mar. 1:4; Luc. 3:3 y Hech. 2:38 que hablan del bautismo “para perdón de pecados” porque no aceptan que el bautismo es para perdón de pecados. Deben sentirse muy incómodos estando en la compañía de “los fariseos y los intérpretes de la ley” desechando los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados de acuerdo a estos textos. Los que rechazan el evangelio puro (incluyendo el bautismo en agua para el perdón de pecados) rechazan el propósito de Dios para ellos mismos; es decir, el daño hecho es, en primer lugar, contra ellos mismos. Sin embargo, también afecta a todos los ciegos que siguen a estos ciegos.
Los evangélicos creen que si uno está bautizado para perdón de pecados, esto indica que cree en la “justicia propia” (que se está salvando por sus propias obras), que cree en la “regeneración bautismal” y que es más católico que cristiano. Tales acusaciones e insinuaciones bien ilustran la tragedia del calvinismo. Los “reformadores protestantes”, basándose en la teología calvinista, llevaban una campaña agresiva contra las obras de supererogación del catolicismo y cayeron en la trampa de la supuesta “salvación por la fe sola”. Hasta la fecha los “protestantes” no pueden ver la distinción entre las obras prescritas por el clero romano y los mandamientos de Cristo y el Espíritu Santo. Arrojan al bebé con el agua de baño.
7:31 Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? – ¿Dónde buscar para ilustrarlo? Mar. 4:30; Lam. 2:13.
7: 32 Semejantes son a los muchachos (caprichosos, inconstantes, volubles, inconsecuentes) sentados en la plaza, -- (“Aquí se reunían los ciudadanos, se sentaban los jueces, se arreglaban los negocios, y los mercados se establecían… y los muchachos se reunían para jugar”, JAB) que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis. -- (por ejemplo, golpear el pecho, Luc. 18:13). – Los niños imitan a los adultos en todo. Es algo común ver a los niños jugando a iglesia (predicando, dirigiendo himnos, etc.). Primero tocaban flautas como si fuera fiesta de bodas, pero esto no les agradó a sus compañeros desagradables y malhumorados, ni tampoco cuando jugaban a funeral. Nada les complacía.
Desde luego, Jesús no incluye en esta denuncia a todos de esa “generación”, porque en el texto paralelo (Lucas 7:29-35) leemos, “29 Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”. Por eso, parece que esta denuncia se dirige principalmente a los líderes religiosos de los judíos (escribas, fariseos, saduceos).
7:33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, -- Luc. 1, “80 Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel”. Mat. 3, “4 Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; (como Elías, 2 Reyes 1:8) y su comida era langostas y miel silvestre”. Juan no solamente vivió aparte de la sociedad hasta que empezara su ministerio, sino que aun cuando comenzó a predicar, “salía a él Jerusalén, y toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (Mat. 3:5, 6); es decir, él no se mezclaba con la gente en las ciudades, sino que todos salieron “a él”. Juan no llevaba vida social, pues vivía como ermitaño. Por eso lo veían como fanático), y decís: Demonio tiene. – (Jn. 7:20; 8:48-52; 10:20; este insulto equivalía decir “está loco”. Mat. 8, “27 Al llegar él a tierra, vino a su encuentro un hombre de la ciudad, endemoniado desde hacía mucho tiempo; y no vestía ropa, ni moraba en casa, sino en los sepulcros”. Había muy poca semejanza entre Juan y los endemoniados, pero algunos de éstos también vivían aparte de la sociedad (“ni moraba en casa”) y los tales tenían que comer lo que había en esos lugares desiertos.
Los que no querían aceptar el mensaje y bautismo de Juan, tenían que justificarse de alguna manera; por eso, atacaban su vida ascética y rústica, diciendo que estaba loco, que él no era digno de enseñar ni bautizar ni mucho menos reprender (Mat. 3:7) a estos hombres tan sabios y tan elevados. ¿Qué decía Jesús de Juan? ¿Que tenía demonio (que estaba loco)? Mat. 11, “11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”. ¿Qué decía Jesús de los escribas y fariseos? ¿Que eran muy sabios? Mat. 23: 19, “¡Necios y ciegos!”.
7:34 Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino,
(Jesús no compartió la vida ascética de Juan. El asistía a los eventos sociales (Jn. 2:2), y comía con toda clase de gente (Luc. 7:36; 15:1, 2; Mat. 9:10), pero era acusación diabólica tildarle de “comilón”, que quiere decir “glotón”, y “bebedor de vino”, que quiere decir “borracho”) amigo de publicanos y de pecadores (con esto querían insultar a Jesús, pero en este caso decían la verdad, Luc. 15:2. Jesús, el Buen Médico, quería ser conocido como “amigo de publicanos y de pecadores”, Luc. 5:29-32.
Los que no querían aceptar a Jesús como el Mesías (Jn. 5:40) tenían que menospreciarlo para justificar su rechazo de El. Según ellos, estos hombres – Juan y Jesús – no eran “dignos” de enseñar a los “exaltados” fariseos e intérpretes de la ley. Juan estaba loco y Jesús era hombre frívolo e irresponsable que no respetaba el buen decoro (“Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora”, Luc. 7: 39). Si alguno no quiere aceptar la verdad, cualquier excusa sirve (Luc. 14:15-20).
7:35 Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos. -- por sus obras, sus resultados. Esta parábola indica que Dios había llamado a su pueblo tanto por el ministerio de Juan como por el ministerio de Jesús. Desde luego, había llamado a su pueblo por medio de los profetas a través de los siglos, pero el pueblo de Israel, como niños malcriados, consentidos y rebeldes, no respondían ni a uno ni a otro de los mensajeros de Dios.
Había diferencia entre el ministerio de Juan y el de Jesús, porque el propósito de cada ministerio era único. El mensaje de Juan era muy sencillo y también limitado: “arrepentíos porque el reino se ha acercado”. Les dio ejemplos específicos de cómo arrepentirse (Luc. 3:10-14). Aparte de esto el único mensaje de Juan fue el mensaje de juicio (Mat. 3:10-12). En un sentido, pues, fue mensaje de “endecha”.
Aunque Jesús predicó mucho sobre el arrepentimiento, su mensaje incluía muchas promesas de bendiciones y gozo para los que acepten el reino espiritual que El iba a establecer. Sus parábolas reflejan este gozo: p. ej., Luc. 15, el gozo del pastor que encontró la oveja perdida, el gozo de la mujer que encontró la moneda perdida, el gozo del padre cuando el hijo pródigo volvió, y el gozo en el cielo entre los ángeles de Dios cuando el pecador se arrepiente, como también las parábolas que hablaban de la fiesta de bodas. Había mucha solemnidad en la enseñanza de Jesús, pero también abundan las palabras de gozo y alegría. El sermón del monte comienza con bienaventuranzas (“bienaventurado” quiere decir “dichoso”), Mat. 5:1-12.
Toda esta enseñanza fue la invitación del cielo ofrecida primeramente a los judíos, pero la rechazaron. “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (Jn. 5:40). Aparte de rechazar la invitación, mataron a Juan y después a Jesús mismo.
Los predicadores (evangelistas) deben preocuparse por agradar a Dios y no a los hombres (Gál. 1:10), pero aunque quisieran agradar al pueblo (aun a los hermanos), por más capacitados que sean para predicar, no pueden agradar a todos. Si es hermano muy serio, le acusan de ser malhumorado. Si es alegre y optimista de espíritu, le acusan de ser frívolo. Debe estar resuelto, pues, a no fijarse en lo que la gente quiera, sino solamente en lo que agrade a Dios. De todos modos, la obra es de Dios y los resultados están en manos de Dios. Dios sabe lo que la gente necesita.
Jesús en el hogar de Simón el fariseo
(Jesús perdonaba pecados)
7:36 Uno de los fariseos (Simón, v. 40) rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó (se recostó, LBLA, margen) a la mesa. – Este “Simón” no ha de confundirse con “Simón el leproso” (Mat. 26:6) que también invitó a Jesús a una cena. Aunque en las dos cenas Jesús fue ungido con perfume, son dos casos distintos. La mujer que ungió a Jesús en la casa de Simón el leproso era María de Betania (Jn. 12:1-8). El nombre “Simón” era uno de los nombres más comunes entre los judíos (hay nueve en el Nuevo Testamento). Jesús no hizo acepción de personas. Comía con los publicanos y “pecadores” pero también con los fariseos (11:37; 14:1).
7:37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, -- Lucas presenta a Jesús como el Amigo de publicanos y pecadores (5:29-32; 15:1-7). Jesús habla de ella como mujer perdonada (v. 47, 50), pero la mala reputación no se le quita en un día; recuérdese el caso de “Rahab la ramera”. Así era todavía según la opinión de Simón y probablemente los otros invitados.
-- al saber que Jesús estaba (reclinado, LBLA, margen) a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro (vaso hecho de ese material) con perfume; -- Lo que ella hizo era premeditado, pues vino preparada para expresar su amor hacia Cristo. “Entró gracias a la curiosa costumbre de aquellos tiempos que permitían que los extraños entraran en una casa a una fiesta sin haber sido invitados, especialmente los mendigos para buscar una limosa” (ATR). “Muchos entraban y tomaban los asientos marginales, sin ser invitados y sin ser por ellos cuestionados. Hablaban con los que estaban a la mesa acerca de los temas o noticias del día, y nuestro anfitrión habló libremente con ellos” (Trench, Parables). “Esta misma costumbre con frecuencia sorprende y perturba a los viajeros, en el Oriente, en los días actuales” (GRB). Simón no le dice nada, mucho menos correrla.
7:38 y estando detrás de él a sus pies, -- La costumbre era reclinarse sobre cojines o lechos bajos alrededor de la mesa, apoyándose sobre el codo izquierdo con el brazo derecho libre para comer. Las piernas estaban estiradas hacia atrás; por eso, era fácil de que la mujer estuviera “detrás de él a sus pies” descalzos, pues las sandalias que llevaba se dejaban afuera al entrar. Comúnmente un sirviente lavaba los pies del visitante, pero en esta oportunidad ese acto de hospitalidad se descuidó.
-- llorando, – “No habla, pero sus lágrimas, etc. son más elocuentes que el habla, y son entendidas por Jesús” (HAWM). Sus lágrimas expresaban su arrepentimiento y también su gratitud hacia Cristo. Sin duda esto indica “tristeza según Dios” (2 Cor. 7, “10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” porque ella estaba muy consciente de sus pecados y estaba muy arrepentida, pero Jesús describe sus acciones como muestra de amor; por eso, parece que sus lágrimas también expresaron gozo y gratitud.
-- comenzó a regar (mojar; “humedecer” según Lacueva) con lágrimas sus pies, y los enjugaba (secaba, LBLA) con sus cabellos; – María de Betania hizo lo mismo (Jn. 12:3). La mujer judía no desataba la cabellera en público, pero esta mujer, tan llena de amor y gratitud, no tomaba en cuenta esa costumbre. “Al emplear su cabello en esa forma, ella literalmente puso lo que constituye la gloria de una mujer (1 Cor. 11:15) a los pies del Salvador” (GRB).
-- y besaba (repetidas veces) sus pies, y los ungía con el perfume – no con aceite del oliva (como se usaba comúnmente), sino con perfume costoso y muy fragante. (Compárense Mat. 26:7; Mar. 14:3; Jn. 12:3). Ella compartía el concepto de María de Betania de que Jesús merecía lo mejor. Esta mujer de Lucas 7 no derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús (compárese Mat. 26:7), sino solamente sobre sus pies.
7:39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. – Cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda de Naín, “todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros” (Luc. 7:16), pero Simón pensaba que cuando Jesús permitió que una mujer pecadora le tocara, mostraba que no era profeta. Creía que un verdadero profeta conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca” y la rechazaría porque para los fariseos (los “separados”) tales personas eran inmundas.
El Mesías sería el Profeta del cual Moisés había hablado (Deut. 18:15-18; Isa. 11:2-4).
Los fariseos eran expertos en detectar el pecado de otros, pero no estaban conscientes de pecado alguno en su propia vida (Mat. 7:1-5; Luc. 16:15;18:9-14). Véase 7:29, 30, rechazaron el bautismo de Juan porque era “para perdón de los pecados”; éstos se justificaban a sí mismos y no tenían sentimiento alguno de culpa.
7:40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Dí, Maestro. – “Respondiendo”, no da respuesta a lo que Simón “dijera”, pues según el texto no dijo nada, sino a lo que “dijo para sí”, es decir, sus pensamientos. Jesucristo conocía los pensamientos del hombre (Mat. 9:4; Jn. 2:24, 25). Con esto probaba que era Profeta, pues podía discernir los pensamientos del corazón; por eso, era Dios omnisciente.
7:41 Un acreedor (prestamista, LBLA) tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios (el denario era el salario diario de un jornalero, Mat. 20:2; compárese Luc. 10:35), y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó (generosamente, LBLA) a ambos. Dí, pues, ¿cuál de ellos le amará más? – “Éste es el meollo de la parábola, la actitud de los dos deudores hacia el prestamista, que los perdonó a ambos” (Plummer, ATR). Con esta pregunta Jesús obliga a Simón a juzgar a sí mismo, porque Jesús no tiene en mente solamente los dos deudores de la parábola, sino también y especialmente los dos deudores actuales, Simón y la mujer. Según Simón él sería como aquel siervo que debió muy poco (50 denarios) y la mujer sería como aquel siervo que debió mucho (500 denarios). Según la respuesta de Simón a la pregunta de Jesús, la mujer amaría más que él, y esto era precisamente el punto de Jesús. Los versículos 44-47 lo confirman.
7:43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso (supongo; probablemente dicho con actitud de indiferencia) que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. – Con su respuesta Simón se condenó a sí mismo. Compárese 2 Sam. 12:1-7, con su respuesta David se condenó a sí mismo.
7:44 Y vuelto a la mujer, (que sepamos no lo había hecho antes) dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? -- Jesús invita a Simón a mirarla para aprender una lección de ella al observar el contraste entre la conducta de ella y la de él.
-- Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. – Simón había sido defectuoso en tres cosas claves: agua, beso, aceite. “Enseguida el Maestro revela ante todos el mezquino tratamiento que ha recibido de su anfitrión. Este había omitido todas las acostumbradas evidencias de hospitalidad… Simón no había proporcionado agua para lavar los pies de Jesús (Gén. 18:4; Jue. 19:21), no le había dado la bienvenida con un beso (Gn. 29:13; 45: 15; Ex. 18:7) y no había ungido la cabeza de su invitado, ni siquiera con aceite de oliva barato (Sal. 23:5; 141:5). La recepción había sido fría, con aires de superioridad, descortés. El Maestro muestra que en los tres aspectos ha recibido un tratamiento muy distinto de la mujer arrepentida. En vez de agua para los pies de Jesús, esta mujer ha proporcionado lágrimas, indicativas de arrepentimiento. En vez de un beso en la mejilla, ella le ha dado muchos besos fervientes a los pies, símbolos de gratitud. ¡En vez de aceite de oliva barato para la cabeza, ha derramado un perfume precioso y fragante en sus pies! … Lo que hace es esto: invierte los papeles. Simón se consideraba justo, perdonado (si es que alguna vez sintió la necesidad de perdón) y miraba a la mujer como pecadora sin perdón. Jesús muestra que por su falta de amor es Simón quien da muestras de no haber sido perdonado … mientras que la mujer se regocija en la libertad de culpa que ha recibido como un don de la gracia de Dios” (GH).
“La agradecida mujer había hecho por compensar la deficiencia de Simón. Por falta de agua, ella había dado sus lágrimas; en lugar de la toalla, su cabello; a la ausencia del beso de salutación en la mejilla, ella había depositado muchísimos besos de tierna gratitud en sus pies; en lugar del mero aceite para su cabeza, ella había derramado pródigamente un ungüento muy costoso en sus pies” (GRB).
7:47 Por lo cual te digo -- expresión enfática; iba a decirle algo que él debería aprender, que esta mujer no era, como él creía, una mujer que persistía en una vida mala, sino una mujer humilde y arrepentida que había reconocido que en Cristo ella podía obtener el perdón de sus pecados y, por eso, vino a la casa de Simón para mostrar estos actos de amor y gratitud.
-- que sus muchos pecados le son perdonados, (han sido perdonados, LBLA, porque el verbo en el griego está en el tiempo perfecto) porque (pues que, VM; pues, FL, RVR77, margen) amó mucho; -- Sus muchos pecados han sido perdonados; esto es cierto puesto que ella ha manifestado el amor de una manera exaltada (HAWM). Sus expresiones de amor eran la prueba de que había sido perdonada. Tenía muchos pecados y, por eso, muestra mucho amor. Dicho de otro modo, el mucho amor que está mostrando indica que ella está consciente de haber sido perdonada de sus muchos pecados.
El amor expresado por esta mujer no era la causa sino el resultado del perdón. 1 Jn. 4, “19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”. Es lo que esta parábola enseña claramente. Jesús pregunta, “¿cuál de ellos (los dos siervos perdonados) le amará más?” Primero, fueron perdonados; entonces, amaban. Jesús no dice, “Tu amor te ha salvado”, sino que “Tu fe te ha salvado” (v. 50). Si se trata de probar que ella fue perdonada porque amaba mucho, se destruye el pensamiento de la parábola.
Los que predicamos el evangelio puro (el plan de salvación según la Biblia) siempre enfatizamos que el hombre no se salva por la fe sola, sino que es necesario obedecer al evangelio. De otro modo la fe no salva; más bien sería una fe muerta (Sant. 2:24-26). Sin embargo, en esta parábola Jesús enfatiza que los que están conscientes de sus pecados y con corazón contrito se arrepienten de ellos y reciben el perdón de Dios aman mucho. Ellos expresarán su amor y gratitud profusamente. Los que no son perdonados de sus muchos pecados aman poco (en verdad, no aman nada).
-- mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. – Hay contraste aquí entre esta mujer que había sido perdonada de muchos pecados – y que, por eso, amaba mucho -- con Simón el fariseo que no estaba consciente de sus pecados, no se había arrepentido de ellos, no había sido perdonado de ellos y por esta razón no amaba a Cristo. Este es el único punto en esta parábola.
Esta mujer conocía a Cristo, su enseñanza y sus obras. Ella había escuchado la gran invitación, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mat. 11:28), y la había aceptado. Estaba consciente de sus pecados y tenía plena fe en Cristo como Salvador. Jesús le había llevado al arrepentimiento y le había convencido que si ella viniera a El, es decir, si creyera en El como el Hijo de Dios y se arrepintiera de sus pecados, recibiría el perdón de sus pecados. Ella tenía esta fe y esta fe le salvó (v. 50).
Recordemos que durante su ministerio personal en la tierra Jesús perdonaba a varias personas de acuerdo a la voluntad de El. Mar. 2:1-5 habla de los que descubrieron el techo de una casa y “bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”. Luc. 23:41-43 relata la salvación del ladrón en la cruz. La conversión de la gente que vivía antes del día de Pentecostés no es ejemplo para nosotros. Jesús dio la gran comisión a los apóstoles (Mat. 28:19; Mar. 16:15, 16) y desde entonces todos tienen que obedecer al evangelio según los términos expresados por Jesús y los apóstoles (véanse Hech. 2:37, 38; 8:12, 35-39; 9:18; 10:48; 16:15, 33,34; 18:8).
Sin embargo, la lección de esta parábola tiene que ver con el amor expresado por los que ya son perdonados.
7:48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son (han sido, LBLA) perdonados. – Aunque Simón la menospreciara y dijera “para sí” que ella era mujer pecadora e indigna de tocar a Cristo, en realidad sus pecados “quedaron” perdonados. Jesús confirma a la mujer que sus pecados han sido perdonados, pero también lo dice para mostrar a Simón y a los otros invitados que El perdonaba pecados.
7:49 Y los que estaban juntamente sentados (reclinados, LBLA, margen) a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? -- Luc. 5, “21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Dicen, “también”, porque había sanado con sólo una palabra al siervo del centurión, resucitado al hijo de la viuda, y había dado a Juan prueba de que El era el que había de venir. Ahora hace “también” lo que solamente Dios puede hacer: perdonar pecados. Mar. 2:10, “el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados”. ¿Cómo pueden algunos de nuestros propios hermanos enseñar la mentira de que aquí en la tierra Jesucristo nunca mostró ningún atributo divino, que solamente usó atributos humanos? Esta es falsa doctrina. Es herejía porque niega la Deidad de Cristo. Como la gente bien decía (Mar. 2:7), “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” Nadie. Por eso Cristo es Dios.
7:50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vé en paz. – Jesús dijo esto varias veces: Mat. 9:22, “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora”; Mar. 10:52, “Tu fe te ha salvado”. Salmo 107:20, “Envió su palabra, y los sanó”.
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