lunes, enero 28

COMENTARIO DEL 2DA DE REYES CAPITULO 10,11 Y 12

CAPÍTULO X



Versículos 1—14.

Muerte de los hijos de Acab y de los hermanos de Ocozías. 15—28. Jehú destruye a los

adoradores de Baal.


29—36. Jehú sigue los pecados de Jeroboam.

Versículos 1—14. En los acontecimientos más espantosos, y con la ayuda de los crímenes más bajos del

hombre, se nota la verdad y la justicia de Dios; Dios nunca manda ni puede mandar nada injusto o

irracional. Jehú destruyó todo lo que quedaba de la casa de Acab; todos los que se habían asociado a su

maldad. Cuando pensamos en los sufrimientos y las desgracias de la humanidad, cuando esperamos la

resurrección y el juicio final, y pensamos en el gran número de los malos que esperan su horrorosa

sentencia de fuego eterno, y cuando toda la suma de muerte y miseria ha sido considerada, se plantea la

pregunta solemne, ¿quién los mató? La respuesta es EL PECADO. ¿Entonces, abrigaremos pecados en

nuestro seno y buscaremos felicidad a partir de aquello que es la causa de toda desgracia?


Vv. 15—28.


¿Hay paz? Esta pregunta debemos hacérnosla a menudo. Yo hago una profesión justa, he

ganado fama entre los hombres, pero ¿hay paz? ¿Soy sincero con Dios? —Jonadab reconoció a Jehú en la

obra de venganza y de reforma. Un corazón recto es aprobado por Dios y no busca otra cosa que su

aceptación; pero si apuntamos al aplauso de los hombres, estamos sobre un fundamento falso. No

podemos juzgar si Jehú miró más allá. —La ley de Dios era expresa: los idólatras deben morir. Así se abolió

la idolatría de Israel por el momento. Que nuestro deseo sea desarraigarla de nuestros corazones.


Vv. 29—36.


Se puede preguntar con justicia si Jehú actuó sobre la base de un buen principio, y si no dio

algunos pasos en falso al hacerlo; pero ningún servicio hecho para Dios quedará sin recompensa. Pero la

conversión verdadera no es sólo respecto del pecado grosero, sino de todo pecado; no sólo de los falsos

dioses, sino de las adoraciones falsas. La conversión verdadera no sólo es de los pecados costosos, sino

de los pecados que dejan ganancias; no sólo de los pecados que hieren nuestros intereses mundanos, sino

de los que los sostienen y mantienen, abandonando lo que es la gran prueba de si nos negamos a nosotros

mismos y confiamos en Dios. Jehú mostró gran cuidado y celo para desarraigar una religión falsa, pero no

se interesó en la religión verdadera, no dando pasos para complacer a Dios y hacer su deber. Debe temerse

que los que son desobedientes sean implacables. La gente también fue negligente, por tanto, no es raro que

en aquellos días el Señor empezara a diezmar a Israel. Ellos fallaron en su deber para con Dios, por tanto

Dios los rebajó en su magnitud, riqueza y poder.

CAPÍTULO XI
Versículos 1—12. Atalía usurpa el gobierno de Judá—Joás es hecho rey. 13—16. Muerte de Atalía. 17—21.
Restauración del culto a Jehová.
Vv. 1—12. Atalía destruyó todo lo que ella sabía que estaba emparentado con la corona. Joás, uno de lo
hijos del rey, fue escondido. Ahora la promesa hecha a David estaba atada a una vida solamente y, pese a
eso, no falló. De esta manera, el Hijo de David, el Señor, conforme a su promesa, asegura una simiente
espiritual, a veces oculta e invisible, pero indemne en el pabellón de Dios. —Atalía fue tirana durante seis
años. Entonces fue traído el rey. Sin duda un niño, pero tenía un buen tutor y, lo que era mejor, un buen
Dios al cual recurrir. Con tal gozo y satisfacción debe darse la bienvenida al reino de Cristo en nuestro
corazón, cuando su trono se instala, y es expulsado Satanás el usurpador. Decid, Que el Rey Jesús viva por
siempre viva y reine en mi alma y en todo el mundo.
Vv. 13—16. Atalía aceleró su propia destrucción. Ella misma fue la mayor traidora y, sin embargo, fue la
primera en clamar a gran voz, ¡traición, traición! Los más culpables son corrientemente los más dispuestos a
reprochar a los demás.
Vv. 17—21. El rey y el pueblo debieran unirse muy firmemente uno al otro cuando ambos se hayan
unido al Señor. Bueno es para un pueblo cuando todos los cambios que pasan por ellos les sirvan para
revivir, fortalecerse y promover los intereses de la fe entre ellos. Los pactos sirven para recordarnos y
enlazarnos a los deberes ya vigentes para nosotros. Ellos abolieron de inmediato la idolatría y, conforme al
pacto, expresaron su mutua prontitud para ayudarse unos a otros. El pueblo se regocijó y Jerusalén tuvo
paz. El método para que el pueblo tenga gozo y paz es que se dedique plenamente al servicio de Dios;
porque la voz de gozo y acción de gracias está en las habitaciones del justo, pero no hay paz para el impío.
CAPÍTULO XII
Versículos 1—16. Joás ordena la reparación del templo. 17—21. Los siervos de Joás lo matan.
Vv. 1—16. Gran misericordia para los jóvenes, especialmente para los varones jóvenes de rango, como
Joás, es tener con ellos a quienes los instruyan para hacer lo bueno a ojos del Señor; y hacen sabiamente,
y bien para sí mismos, cuando están dispuestos a ser aconsejados y gobernados. —El templo estaba sin
reparar; Joás ordena la reparación del templo. El rey era celoso. Dios requiere que los que tienen poder lo
usen para la conservación de la religión, la rectificación de las quejas y la reparación de los deterioros. El
rey empleó a los sacerdotes para que administraran, puesto que ellos probablemente pondrían todo su
corazón en la obra. Pero nada se hizo efectivamente hasta el año vigésimo tercero de su reinado. Por tanto,
se adoptó otro método. Cuando se realiza fielmente el reparto público, se harán alegremente los aportes
públicos. Mientras ellos obtenían todo lo que podían para reparar el templo, no interrumpieron el
mantenimiento estipulado para los sacerdotes. Que no pasen hambre los sirvientes del templo, so pretexto
de reparar sus portillos. Los encargados de hacerlo, lo efectuaron con cuidado y fidelidad. No pusieron los
ornamentos del templo hasta completar la obra; de ahí que tenemos que aprender a preferir en todos
nuestros gastos lo que es más necesario y, al tratar con el público, tratarlo como lo haríamos con nosotros
mismos.
Vv. 17—21. Examinemos el carácter de Joás y consideremos lo que podemos aprender de esto.
Cuando vemos cuán triste conclusión tuvo lo que empezó tan promisoriamente, debiera hacernos examinar
nuestro deterioro espiritual. Si algo conocemos de Cristo como fundamento de nuestra fe y esperanza, no
deseemos conocer otra cosa sino Cristo. Que la obra del Espíritu bendito sea manifiesta en nuestra alma;
que podamos ver, sentir y ser fervorosos para buscar a Jesús en toda su plenitud, suficiencia y gracia, para
que nuestra alma pueda ser apartada de las obras muertes para servir al verdadero Dios vivo.
CAPÍTULO
 

2 DA DE REYES CAPITULOS 10,11,Y 12

2da. de Reyes

Capítulo 10

10:1 Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos de Acab, diciendo:
10:2 Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros los que tenéis a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,
10:3 escoged al mejor y al más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.
10:4 Pero ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros?
10:5 Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo que bien te parezca.
10:6 El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a esta hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban.
10:7 Cuando las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastas, y se las enviaron a Jezreel.
10:8 Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
10:9 Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra mi señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a todos éstos?
10:10 Sabed ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.
10:11 Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no quedó ninguno.
10:12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en el camino llegó a una casa de esquileo de pastores.
10:13 Y halló allí a los hermanos de Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina.
10:14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
10:15 Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro,
10:16 y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues, en su carro.
10:17 Y luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.
10:18 Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá mucho.
10:19 Llamadme, pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que faltare no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal.
10:20 Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos convocaron.
10:21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo.
10:22 Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras.
10:23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los siervos de Baal.
10:24 Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que dejare vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro.
10:25 Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron tendidos los de la guardia y los capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del templo de Baal,
10:26 y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
10:27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.
10:28 Así exterminó Jehú a Baal de Israel.
10:29 Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.
10:30 Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación.
10:31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.
10:32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras,
10:33 desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y Basán.
10:34 Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
10:35 Y durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria; y reinó en su lugar Joacaz su hijo.
10:36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de veintiocho años.


2da. de Reyes

Capítulo 11

11:1 Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real.
11:2 Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron.
11:3 Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue reina sobre el país.
11:4 Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey.
11:5 Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey el día de reposo.
11:6 Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así guardaréis la casa, para que no sea allanada.
11:7 Mas las dos partes de vosotros que salen el día de reposo tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey.
11:8 Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando entre.
11:9 Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los que entraban el día de reposo y los que salían el día de reposo, vinieron al sacerdote Joiada.
11:10 Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová.
11:11 Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey.
11:12 Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: ¡Viva el rey!
11:13 Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová.
11:14 Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: ¡Traición, traición!
11:15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas que gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.)
11:16 Le abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
11:17 Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo.
11:18 Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová.
11:19 Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la guardia a la casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes.
11:20 Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada junto a la casa del rey.
11:21 Era Joás de siete años cuando comenzó a reinar.


2da. de Reyes

Capítulo 12

12:1 En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
12:2 Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.
12:3 Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
12:4 Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de cada persona según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová,
12:5 recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen grietas.
12:6 Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del templo.
12:7 Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo.
12:8 Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de reparar las grietas del templo.
12:9 Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa de Jehová.
12:10 Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban.
12:11 Y daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová,
12:12 y a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las grietas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla.
12:13 Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová;
12:14 porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová.
12:15 Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente.
12:16 El dinero por el pecado, y el dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.
12:17 Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén;
12:18 por lo cual tomó Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.
12:19 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
12:20 Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a Sila;
12:21 pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.