Marcos 9
1. (9,2-13) El relato de la transfiguración acontece después de la primera enseñanza del sufrimiento de
Jesús. Esta conexión se ve sobre todo en el versículo 7 a través de la voz celestial, que se oye desde
una nube: "Este es mi Hijo amado; a él oíd." Los discípulos necesitan escuchar estas palabras, pues
habían mostrado aversión en contra del sufrimiento de Jesús. Sin embargo, la voz del Padre les dice
que deben seguir oyendo a Jesús, aun cuando hable acerca de su camino hacia la cruz.
Jesús lleva al monte a tres de sus más importantes discípulos que se oponen a la idea de su
sufrimiento a fin de que el Padre les hable y reprenda. Pero la transfiguración para ellos no es sólo una
reprimenda, sino también un estímulo. Aunque Jesús debe morir, su gloria celestial es segura. La
apariencia de Jesús cambia ante los ojos de los discípulos; un resplandor celestial destella aun sobre su
ropa, la que se hace tan blanca como la nieve.
Además Moisés y Elías se encuentran en el monte para deliberar con Jesús sobre su camino hacia la
muerte y la resurrección (ver Lucas 9,31). Moisés y Elías fueron los profetas más importantes del AT; a
pesar de su grandeza como tales, no pudieron impedir que el pueblo pecara, por tanto su esperanza se
dirige ahora a Jesús.
Aparentemente los discípulos tuvieron miedo. Pedro trata de adaptarse a esta situación reduciendo la
gloria de Jesús a un aspecto terrenal ("hagamos tres enramadas"). Jesús no les llevó porque los
necesitara, sino porque ellos necesitaban la exhortación divina. Tal exhortación la reciben cuando una
nube les cubre (ver Ex.40,34-35.38); es la gloria de Dios que les proporcionaba sombra. Dios está
presente en aquel lugar y hace evidente esto, haciéndoles oír su voz; aquí el Padre repite las mismas
palabras que dijo cuando Jesús se bautizó, pero con una añadidura: "A él oíd". Estas palabras son un
estímulo para seguir depositando la fe en Jesús, aun cuando Él tenga que morir.
Cuando Jesús desciende del monte no permite que nadie hable sobre lo sucedido, sino hasta su
resurrección. Los discípulos sólo podrán hablar bien de la gloria de Jesús, cuando entiendan
plenamente el camino de su sufrimiento. Ellos discuten sobre el significado de la resurrección. Como
judíos saben de la resurrección en el último día, pero aún no entienden nada del camino de Jesús, que
es necesario que Él muera pero que también resucite al tercer día.
Los discípulos tienen una inquietud; esperan la gloria de Cristo, pero, ¿no hay que esperar en primer
lugar a Elías? La pregunta muestra de nuevo cuán ciegos son respecto a la necesidad de un Mesías
que debe sufrir. Los discípulos piensan que Jesús habla de su sufrimiento, debido a que Elías aún no
ha llegado. Jesús responde explicitando la pregunta. Elías viene primero para restaurar todo, sin
embargo ¿cómo es posible que el Mesías deba padecer? Jesús mismo da la respuesta. Elías ya vino
(en la persona de Juan el Bautista), y a él le sucedió lo mismo que al Mesías, como está escrito de él
(=el Mesías). La historia del Mesías y sus precursores es una sola, con un mismo destino: la muerte;
pero a diferencia que Jesús lleva consigo la vida perdurable.
* La verdadera gloria de Jesús viene a través de la cruz, la cual es inevitable.
2. (9,14-29) Hay un gran contraste entre la gloriosa transfiguración de Jesús y la miseria al pie del
monte. Se trata de un muchacho endemoniado. No podemos explicar su enfermedad a través de
palabras médicas modernas, diciendo que es epilepsia lo que padece este joven. Es más, este
muchacho está endemoniado, y es por eso que le suceden cosas terribles (vv.20 y 22).
Sin embargo, algo más acontece durante la ausencia de Jesús. Supuestamente la gente piensa que
Jesús había desaparecido y junto con Él su poder. Muy curiosa es la palabra que Marcos emplea para
expresar la sorpresa de la multitud cuando ve a Jesús. Aunque parece una sorpresa llena de alegría
(inmediatamente la gente saluda a Jesús) no hay nada de gozo en estas palabras, pues indican más
bien una actitud de sorpresa. Este es probablemente también el tema sobre el cual los escribas
discuten con los discípulos (la desaparición de Jesús y de su poder), porque cuando Jesús pregunta
acerca de la discusión nadie responde, sólo el padre del muchacho cuenta de la enfermedad de su hijo
y de la incapacidad de los discípulos para sanarlo.
En primer lugar, Jesús no toma en consideración la enfermedad y la situación tan crítica del
muchacho, sino que lanza un suspiro sobre la incredulidad de la multitud, del padre, de los discípulos y
de todos los demás, diciendo: "¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros?
¿Hasta cuándo os he de soportar?" Por lo tanto, no es seguro que Jesús siempre quiera estar con ellos.
Estaban discutiendo sobre su desaparición, pero mejor es tener temor de su aparición en gloria, ya que
desde ese momento Jesús quitará de su presencia a los incrédulos. Jesús advierte a esta generación, y
le da tiempo para convertirse de su incredulidad. Por esa razón Jesús hace el milagro y dice
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`traédmelo'.
Nos llama mucho la atención que aunque el demonio sacude con violencia al muchacho, Jesús no
hace nada al respecto, sino que tranquilamente conversa con el padre. Lo más importante no es que el
muchacho pueda ponerse en pie, sino que el padre pueda levantarse en la fe. Jesús pregunta desde
cuándo el muchacho sufre esto. Desde su niñez, responde el padre. Ante esto nos hacemos la siguiente
pregunta: ¿Por qué el padre no acudió antes a Jesús? ¿Por causa de incredulidad? La duda de este
padre se hace notoria también en su aclamación: "Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y
ayúdanos". Este hombre está inseguro, pues ve a Jesús como una posible solución a su problema y no
la única. Jesús reprende fuertemente esta incredulidad, y cambia la posibilidad: "Si puedes creer, al que
cree todo le es posible." (Ver la diferencia con el leproso que dice en 1,40, "Si quieres, puedes
limpiarme").
Antes de que el demonio salga gritando del muchacho, el padre pierde su incredulidad también
gritando. Con muchas lágrimas clama: "Creo, ayuda mi incredulidad". Así, toda la multitud debería hacer
lo mismo, pedir a Jesús que Él les libere de la incredulidad. La curación busca estimular a la gente a
esperar todo de Jesús.
Los discípulos se preguntan después, por qué ellos no pudieron echar fuera al demonio. La respuesta
es vergonzante para ellos: "Este género (de demonios) con nada puede salir, sino con oración y ayuno".
Fue la culpa de ellos, por la falta de oración y el ayuno (para concentrarse en la oración). Sin embargo,
el poder de Jesús es suficiente; lo que aquí faltó fue la fe. Sólo a través de la fe, que se dirige a la
persona de Jesús, se rompe con el poder de los demonios. Jesús volvió del monte para poder fortalecer
la fe de la multitud y de los discípulos.
* La incredulidad es un mal muy peligroso, empequeñece a Jesucristo.
3. (9,30-32) Este evangelio continúa con la segunda anunciación del sufrimiento. Cada vez Jesús
agrega algo más. Esta vez añade que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres.
Nótese que Jesús en el fondo, aunque es entregado por Judas, sabe que será entregado por Dios a los
hombres. Es la voluntad de Dios a favor nuestro.
Marcos une el viaje de Jesús por Galilea con la anunciación de su sufrimiento. A nadie le está
permitido saber el destino de su viaje, para que nadie le impida ir a aquel lugar de sufrimiento. Los
discípulos no entendían esta palabra (mejor es la traducción, "no conocían esta palabra"). El significado
de las palabras de Jesús estaba completamente escondido para ellos. Los discípulos tienen miedo de
preguntarle, lo cual es curioso, ya que muchas veces cuando tenían la oportunidad lo hacían. Vemos
que para ellos el sufrimiento de Jesús fue el secreto más grande de todos los secretos. Después de la
resurrección, Jesús les abriría sus mentes para que pudieran entender todo lo que sucedió; sólo
entonces comprenderían el `porqué' del sufrimiento de Jesús.
* Sin la iluminación del Espíritu Santo nadie puede entender la razón del sufrimiento de Jesús.
4. (9,33-50) Los temas de este pasaje están relacionados entre sí. Jesús y sus discípulos llegaron a
Capernaum, lugar en donde les enseñará una gran verdad. La base de esta enseñanza se halla en la
discusión que tenían. El hecho de que se callen cuando Jesús les pregunta por esta discusión,
demuestra lo importante que era para ellos "quién había de ser el mayor". Cuando Jesús lo sabe, se
sienta -la actitud normal para la enseñanza- llamando a los doce para reprenderles. El primero debe ser
el último de todos. Hay un lugar de honor cerca de Jesús, pero este lugar, paradójicamente, consiste en
ocupar el último lugar, desde donde se sirve a todos. Entonces, Jesús no responde a la pregunta ¿quién
es el primero?, sino ¿cómo puede uno ser el primero? Lo cual se logra recibiendo a niños en el nombre
de Jesús.
Jesús toma a un niño, y lo pone en medio de ellos. Los discípulos debían aprender cuán importante es
preocuparse de los niños que todavía no parecen tan distinguidos. En el capítulo 10,13 se ve lo difícil
que es practicar esto. Los grandes apóstoles tienen que recibir, enseñar y preocuparse de creyentes
que, según los criterios del mundo, son insignificantes. Sin saberlo, de este modo recibirán a Cristo
mismo, y al hacer esto, ellos (los discípulos) serán grandes en el reino de Dios. Por consiguiente, lo
importante no es buscar el propio honor, sino el honor de Cristo.
La siguiente pregunta de Juan se relaciona con la idea de recibir a los `niños', los `pequeñitos'. ¿Hasta
qué punto debemos hacerlo? Por ejemplo, dice Juan: "Hemos visto a uno que en tu nombre echaba
fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía". Todavía Juan aprecia
mucho su propio honor. Los `niños' tienen que seguirles por lo menos a ellos, los doce discípulos. Jesús
prohibe hacer tal cosa. "Ninguno hay que haga milagros en mi nombre, que luego pueda hablar mal de
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mí." Es importante entender estas palabras como palabras pronunciadas en un momento único y no
como un dicho en general. En poco tiempo más, Jesús tendría mucha oposición. Por lo tanto, los
discípulos deben estar muy contento de que haya una persona que actúa en el nombre de Jesús. No es
bueno hacer tropezar a un amigo que está un poquito aparte. Es mejor que los discípulos se preocupen
por la futura oposición, que ya se acercaba, que escandalizarse a causa de un partidario. "Porque el que
no es contra nosotros, por nosotros es." Esta palabra también es dicha para un momento específico.
Quién ahora no es contra Jesús y no clamará después `crucifícalo', es un partidario suyo. Los discípulos
pueden decir: Es una decepción que el hombre no nos siga. Pero Jesús dice: Esto es más de lo que
podemos esperar en un tiempo de tanto rechazo. Quien ahora no es contra Jesús, entonces está a su
favor.
En el versículo 41, Jesús profundiza en la actividad realizada por uno de los `pequeñitos', como este
hombre. Los discípulos se interesan en cosas grandes (que les sigan a ellos), pero Jesús destaca lo
pequeño. Aunque algunos no sigan a los discípulos, sí hacen algo más simple, como por ejemplo: dar
un vaso de agua fría a los servidores de Jesús, lo que es muy importante a los ojos de Dios; de esa
manera reciben recompensa: la entrada al reino de Dios. Jesús da énfasis no en lo que uno da, sino en
la forma en cómo se da. No importa el honor de los discípulos, sino la salvación de los creyentes
simples.
Por otro lado, Jesús advierte a sus discípulos a no hacer tropezar a uno de estos pequeñitos (como el
hombre que echa fuera demonios en el nombre de Jesús), a fin de que el creyente común no pierda su
fe. El castigo para aquella persona que haga tropezar a un "pequeñito" será terrible; más que la muerte
por ahogo, "mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar".
Jesús va a hablar en forma profunda (¡en singular!), "si tu mano...". Jesús enumera tres posibilidades
de poder caer en el pecado de hacer tropezar a uno de los pequeñitos: a través de la mano, del pie y del
ojo. ¿A qué actos de pecado se refiere Jesús con esto? Él habla sobre la ambición y el orgullo. Por eso
podemos pensar en la mano que quiere dominar, en el pie que quiere ir delante y en el ojo que es
envidioso. Actuar de tal forma que el pequeñito pierda su fe, recibirá el castigo más grave: el infierno, y
donde el gusano no muere, y el fuego nunca se apaga. Este es el juicio del pacto del cual Dios habla en
el AT (Is. 66,24).
El remedio es radical: cortar los miembros que causan estos pecados. Este castigo fue conocido como
sentencia penal en aquella época. Lo curioso es que Jesús prescribe que este castigo debe ser aplicado
por uno mismo si es necesario. No es posible ser servidor sin tener que luchar contra el corazón
orgulloso. En cuanto a nuestra vida, sólo dos cosas pueden suceder, según nos comportemos y
actuemos:
a. "Ser salado con fuego". Esto es, pasar por el fuego del juicio de Dios y convertirse en sal estéril como
en el caso de la esposa de Lot y el Mar Muerto; esto sucede al no tomar en serio la advertencia de
Jesús que hablan de vivir de una manera humilde, en vez de actuar en forma autoritaria.
b. ser salado con sal como en el caso de los sacrificios, sólo que esto ahora simboliza la consagración a
Dios y el servicio al prójimo en amor y humildad, de esta manera se entra en el reino de Dios. Los
discípulos deben tener esta sal, el estilo de vivir conforme a la imagen de Cristo, llenos de amor,
teniendo paz entre ellos en vez de pugnas. Buena es la sal (obediencia humilde), y la entrega a Cristo,
pero, ¿qué pasa si el discípulo no vive con esta humildad, y al contrario, no refleja nada del ejemplo y la
enseñanza de su Maestro? Su vida terminará en el juicio de Dios.
* El discípulo verdadero vive humildemente y en paz con los hermanos.
Síntesis aplicativa de temas importantes
1a. La transfiguración fue para los discípulos tanto un llamado de atención como un estímulo.
Fue una reprimenda para no resistir a la enseñanza de Jesús en cuanto a su sufrimiento, sabiendo que
este camino conduce a la gloria. Además, es un estímulo para seguir depositando la fe en Jesús.
Los cristianos estamos acostumbrados a decir que Jesús tuvo que morir. Sin embargo, ¿no
desplegamos, a menudo, la misma actitud que los discípulos? ¿Estamos profundamente convencidos
que la muerte de Cristo fue necesaria para el sacrificio vicario por nuestros pecados? Además, ¿no hay
resistencia en cuanto al progreso lento del reino de Dios? Nos gustan más los triunfos, que luchar y
suplicar a Dios que el evangelio halle fe. También nosotros necesitamos perseverar en esta fe.
1b. Jesús no puede ser colocado al mismo nivel que los hombres, aunque sean éstos grandes
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hombres de Dios. En el monte de la transfiguración tres de los discípulos ven la gloria de Jesús, y junto
con ello ven aparecer a Moisés y Elías, los grandes personajes de su historia israelita. Para Pedro esto
es tremendo; sin pensarlo quiere hacer una habitación para cada uno de ellos. Con este proceder,
Pedro iguala el ministerio de Jesús al de estos hombres, pero es la voz del Padre la que lo saca de su
confusión. Todos deben saber que la persona y obra de Jesús es única, sólo a Él debe ser dirigida
nuestra devoción y adoración.
2. En la historia del muchacho endemoniado se nota cuán fuerte es la incredulidad. Jesús apela
al padre, a la multitud y a los discípulos para que depositen su fe en Él, pues tiene más poder que los
demonios. Sin fe somos impotentes y nos hallamos sin esperanza, sin futuro ni perspectiva. No nos
desesperemos ante las dificultades insuperables, confiemos en el poder y la misericordia de nuestro
Señor para salir adelante.
3. El triunfo es seguro, aunque el camino hacia él es por muchas tribulaciones. El segundo
anuncio de la muerte de Jesús muestra una vez más que necesitamos la iluminación del Espíritu Santo
para aceptar y entender la enseñanza de Jesús concerniente a su camino a la cruz. A nadie le gusta la
derrota. Sin embargo, la vida de Jesús no era una derrota, sino una victoria sobre el pecado, el diablo y
la muerte. Tampoco la existencia de la Iglesia es una derrota; es verdad que también la iglesia pasará
por momentos críticos, pero al final, este es el camino que conduce a la victoria y gloria eterna.
4a. Los líderes de las iglesias deben ser servidores, no generales. El reino de Dios nos demanda
humildad; sólo Jesús es Rey. Los discípulos no deben buscar la gloria propia, sino preocuparse por los
niños, los creyentes sencillos y los recién convertidos.
En esta etapa del reino de Dios (con la cruz por delante), los discípulos no deben irritarse si se
encuentran con personas que actúan en el nombre de Jesús, y no les siguen a ellos, sino gozarse en
que hay más partidarios de Jesús de los que ellos suponían. Los discípulos reciben, además, una fuerte
advertencia de no dominar a los creyentes y ser causa de su tropiezo, es decir, de su apostasía. Deben
ser rigurosos con respecto a ellos mismos, hasta sacar el ojo y cortar la mano y el pie si están siendo
causa de pecado (lengua fuerte capaz de refrenarse, que sólo hable para edificación). El abuso de
poder es aparentemente un peligro enorme para los líderes de la Iglesia, y a los ojos de Jesús es un
grave pecado. ¿No sufren muchas iglesias abusos por parte de sus líderes? El reino de Dios no es una
empresa cuyos jefes pueden preguntarse "¿quién de nosotros será el gerente?", sino, "¿en qué
podemos servir?"
4b. Nótese que la advertencia relativa al infierno en este pasaje, es, primeramente, dirigida a los
discípulos, los nuevos líderes de la iglesia. Es de importancia trascendental, que la enseñanza de
Jesús acerca de la humildad y el amor tenga un impacto en nuestra vida. Si la comunión con Jesús no
se evidencia en nuestro estilo de vivir, entonces ella no ha sido genuina.
miércoles, septiembre 15
Marcos Capítulo 9
Marcos Capítulo 9
1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el Reino de Dios que viene con potencia.
2 Y seis días después tomó Jesús a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y los sacó aparte solos a un monte alto; y fue transfigurado delante de ellos.
3 Sus vestidos fueron vueltos resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
5 Entonces respondiendo Pedro, dice a Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres tabernáculos: para ti uno, y para Moisés otro, y para Elías otro;
6 Porque no sabía lo que hablaba; ya que estaba fuera de sí.
7 Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: A EL OID.
8 Y luego, como miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.
10 Y retuvieron la palabra en sí, altercando qué sería aquello: Resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga antes?
12 Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad, vendrá primero y restituirá todas las cosas; y como está escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada.
13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
14 Y como vino a los discípulos, vio gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y luego toda la multitud, viéndole, se espantó, y corriendo a él, le saludaron.
16 Y preguntó a los escribas: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que le toma, le despedaza; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, le dijo: ¡Oh generación infiel! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando le vio, luego el espíritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.
21 Y Jesús preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo hace que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño;
22 y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.
23 Y Jesús le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible.
24 Y luego el padre del muchacho dijo clamando con lágrimas: Creo, Señor, ayuda a mi incredulidad.
25 Cuando Jesús vio que la multitud concurría, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
26 Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían que era muerto.
27 Pero Jesús tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
28 Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
30 Y habiendo salido de allí, caminaron juntos por Galilea: y no quería que nadie lo supiese.
31 Porque iba enseñando a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre es entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día.
32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.
33 Y llegó a Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
34 Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino quién había de ser el mayor.
35 Entonces sentándose, llamó a los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
36 Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:
37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.
38 Y le respondió Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
39 Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.
40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
41 Porque cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois del Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
42 Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en el mar.
43 Mas si tu mano te escandalizare, córtala; mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir a la Gehena, al fuego que no puede ser apagado;
44 donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehena, al fuego que no puede ser apagado;
46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al Reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado a la Gehena;
48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todo hombre será salado con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.
1 También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el Reino de Dios que viene con potencia.
2 Y seis días después tomó Jesús a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y los sacó aparte solos a un monte alto; y fue transfigurado delante de ellos.
3 Sus vestidos fueron vueltos resplandecientes, muy blancos, como la nieve; tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos.
4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
5 Entonces respondiendo Pedro, dice a Jesús: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres tabernáculos: para ti uno, y para Moisés otro, y para Elías otro;
6 Porque no sabía lo que hablaba; ya que estaba fuera de sí.
7 Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado: A EL OID.
8 Y luego, como miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo.
9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos.
10 Y retuvieron la palabra en sí, altercando qué sería aquello: Resucitar de los muertos.
11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga antes?
12 Y respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad, vendrá primero y restituirá todas las cosas; y como está escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada.
13 Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
14 Y como vino a los discípulos, vio gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y luego toda la multitud, viéndole, se espantó, y corriendo a él, le saludaron.
16 Y preguntó a los escribas: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que le toma, le despedaza; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, le dijo: ¡Oh generación infiel! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando le vio, luego el espíritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos.
21 Y Jesús preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo hace que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño;
22 y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.
23 Y Jesús le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible.
24 Y luego el padre del muchacho dijo clamando con lágrimas: Creo, Señor, ayuda a mi incredulidad.
25 Cuando Jesús vio que la multitud concurría, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
26 Entonces el espíritu clamando y desgarrándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían que era muerto.
27 Pero Jesús tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
28 Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?
29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
30 Y habiendo salido de allí, caminaron juntos por Galilea: y no quería que nadie lo supiese.
31 Porque iba enseñando a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre es entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercer día.
32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.
33 Y llegó a Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?
34 Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habían disputado en el camino quién había de ser el mayor.
35 Entonces sentándose, llamó a los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
36 Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice:
37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió.
38 Y le respondió Juan, diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.
39 Y Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí.
40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
41 Porque cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois del Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.
42 Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en el mar.
43 Mas si tu mano te escandalizare, córtala; mejor te es entrar a la vida manco, que teniendo dos manos ir a la Gehena, al fuego que no puede ser apagado;
44 donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.
45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo: mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en la Gehena, al fuego que no puede ser apagado;
46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al Reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado a la Gehena;
48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.
49 Porque todo hombre será salado con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
50 Buena es la sal; mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobaréis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros.
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