domingo, septiembre 5

COMENTARIO MATEO 26

Mateo 26



1. (26,1-5) En los capítulos anteriores Jesús había hablado sobre su difícil, pero al final glorioso futuro. Para recibir el reino de la mano de su Padre debe, en primer lugar, morir. Ahora Jesús menciona también la fecha de su muerte: "dentro de dos días, en la fiesta de la pascua". Eso es notable, aunque a primera vista no parece lógico. Los Romanos no están interesados en Jesús, y los judíos no quieren que Jesús muera durante esta fiesta para que no haya alboroto en el pueblo. Por lo tanto, es evidente que Dios mismo es quien determina cuando su Hijo morirá. Jesús morirá en esta fiesta, para que sea el verdadero cordero pascual.

* La explicación de la muerte de Jesús es la expia­ción del pecado.



2. (26,6-13) Pocas personas comprendieron lo que Jesús dijo sobre su sufrimiento y muerte. La mayoría de sus discípulos no quería entenderlo. Fue una mujer la que descubrió el amor de Jesús detrás de sus palabras. Según el evangelio de Juan es María, la hermana de Marta y Lázaro, la cual ungió a Jesús. Esto ocur­rió en la casa de Simón el leproso, un hombre que probablemen­te fue sanado por el Señor.

María sabía que el Señor iba a morir. Entiende también el propó­sito de su muerte. Por lo tanto, el amor de Jesús des­pertó el amor en María. Para los discípulos esta unción significa tirar el dinero por la ventana. Este dinero, dicen ellos, habría podido tener un destino mucho más piadoso: para los pobres. Sin embargo, para Jesús esta unción significa un acto de amor como prepara­ción de su entierro. El amor hacia Jesús no es un reemplazo de la preocu­pación por los pobres, sino su raíz. Sin embargo, el amor por Jesús tiene que tomar el primer lugar en nuestras vidas. María percibe que después de su muerte, el Señor no recibirá lo que Él merece: una unción de su cuerpo.

Jesús protege a María, diciendo: "Dondequiera que se predique este evangelio (el evangelio de la muerte de Jesús) en todo el mundo, también se contará lo que ésta (María) ha hecho". Ella reconoció la necesidad de la muerte de Jesús y mostró su amor como respuesta del amor de Jesús.

* ¿Respondemos al amor de Jesús como María?



3. (26,14-16) "Entonces"..., dice el v.14, "Judas...fue a los principales sacerdotes". Cabe destacar en este hecho una relación con lo que acaba de suceder. Para Judas era demasiado escuchar a Jesús hablar de su muerte. La auto-entrega de Jesús llevó a María a la expresión de su amor; a Judas, a la expre­sión de su odio. Es Judas, uno de los doce, el que le traicionaría, ¡qué increíble! La motivación de su acto es odio por un Jesús sufriente, pero también el afán de dinero. Recibe treinta piezas de plata por la entrega de Jesús, el precio en compensación por un esclavo muerto ( Éxodo 21 , 32 ). En Zacarías 11 , 12 es el precio que como sueldo le dan al Señor. Él lo rechaza como un precio indigno. Pero para comprar a Jesús es suficiente; para Judas y los princi­pales sacerdotes, Jesús no tiene valor.

* ¿Cuál es `el valor' de Jesús para nosotros?



4. (26,17-29) Por última vez, Jesús va a comer la pascua en compañía de sus discípulos. Él preparó en silencio el lugar de la cena pascual, para que así pudiera comerla con ellos. Cuando Jesús dice "mi tiempo está cerca", de nuevo está haciendo una alusión a su muerte. Esta cena pascu­al tiene el carácter de una despedida, pero también expresa su amor y la liberación de los pecados. Su muerte es la vida de los suyos. En esta cena Jesús habla explícitamente del traidor, diciendo que éste se halla en medio de sus discípulos. Nuevamente el Señor nos dice que lo que le acontecerá no ocurre por destino fatal, sino de acuerdo al plan de Dios. Los discípulos se asustan mucho, cuando escuchan de los labios de su Maestro que dentro del círculo de los apóstoles existe un traidor. Todos están confundidos. Para ellos es terrible pensar que sean capaces de hacer algo tan horrible como el de traicionar a su Maestro. Lo único que pueden decir en este momento es: "¿Soy yo, Señor?"

Aunque Jesús tuvo que decir estas palabras serias, también les muestra a sus discípulos su amor por ellos. Habla de su entrega hasta la muerte, derramando su sangre que es el precio que tendrá que pagar por los peca­dos. Por medio de su muerte adquiere el acceso para ellos en su reino de gloria donde pueden reanudar la fiesta eternamen­te. La santa cena es el anticipo de esta fiesta.

* El perdón de nuestros pecados está sólo y completamente arraigado en la entrega de Jesús hasta la muerte.



5. (26,30-46) El camino hasta la cruz es un camino solo para Jesús. Él se da cuenta de esto. Sus discípulos tienen que saberlo tam­bién, para que ninguno de ellos confíe en sí mismo, sino únicamente en Él. Ellos le dejarán y más aún se escandalizarán de Él. También Pedro se escandalizará de Jesús; a pesar de sus palabras llenas de valentía, él negará al Señor. Pero Jesús los tiene asidos a Él, no les soltará, los buscará a todos después que haya resucitado. El Pastor será herido (es decir: por Dios), como castigo sobre los pecados de sus ove­jas.

Mientras Jesús sufre en Getsemaní, el lugar en donde comienza a entristecerse y a angustiarse en gran manera, la ausencia de sus discípulos es un hecho penoso. En vez de orar, duermen, incluyendo a Pedro. Jesús pelea solo esta lucha. Aunque los discípulos quieren ayudar, no pueden a causa de su debilidad.

Jesús pide al Padre, si es posible, que pase de Él esta copa: el sufri­miento es tan grande, es sentir la ira de Dios sobre nuestros pecados. Pero Él está dispuesto a hacer completamente la voluntad de su Padre.

* Piense en la sumisión de Jesús, quien a pesar del sufrimiento que le esperaba, estaba dispuesto a beber la copa de su Padre: la ira de Dios por nuestros pecados.



6. (26,47-56) Mientras dialogaba Jesús con sus discípulos, una multitud se acerca para apresarle. Pero el Señor por medio de la oración está preparado, incluso para la traición de Judas. Éste le entrega con un beso, haciendo abuso del saludo normal entre un rabino y su alumno; en vez de dar un beso de amistad, expresa con él su enemistad al traicionar al Señor. La palabra `amigo' (lit. `compañero), usada por Jesús, crea un poco de distancia; aunque Jesús, de su parte, no corta la relación con Judas. Sin embargo, el asalto no le coge de improviso al Señor. Sabe con qué fin Judas y el poder policial han venido. Es la realización del plan de Dios sobre el cual las Escri­turas hablan. Por eso ninguno de sus discípulos tiene que sacar su espada para luchar. Jesús no vino para matar, sino para salvar. La espiral de violencia no puede ser rota por la violencia, sino únicamente por una muestra de amor. Además su captura no es demostración de debilidad, sino de su fuerza. El Padre puede darle 12 legiones de ángeles. Sin embargo, Él quiere y debe sufrir, para cumplir las Escrituras (sobre todo Isaías 53 ) y así abrir la puerta del reino de Dios.

* Piense en la fuerza de Jesús: hacerse débil para salvarnos.



7. (26,57-75) El Señor es sujetado a un proceso simulado. Se busca un testimonio falso. No importa que se usen los mecanismos más degradantes y mentirosos en contra de Jesús, la meta es cumplir con el propósito: eliminar a Jesús. `Desgraciadamente' no pueden encontrarlo. Al fin, vienen dos con el mismo testimonio de lo que Jesús había dicho: "Puedo derribar el templo de Dios y en tres días reedificarlo". Eso significa para el sanedrín, sacrilegio. Sobre todo si lo que dice Jesús acerca de edificar el templo sobre lo cual Ezequiel trata (40-44), significaría pretender ser el Mesías. Por lo tanto, el sumo sacerdote le pregunta a Jesús si es el Cristo, el Hijo de Dios. Jesús, quien se había callado frente a los testimonios falsos, responde ahora. Confiesa francamente quién es: Él es el Cristo y también el Hijo del hombre que vendrá con las nubes en poder y majestad; el Juez mismo de ellos, su juez. El sanedrín que interpreta esto como blasfemia, tiene una sola solución: es reo de muerte. Luego se burlan de Él, escu­piéndole y dándole puñetazos. Pero el Señor cumple las Escrituras y sufre. Mientras que Jesús confiesa que el es el Cristo, Pedro le niega; le niega tres veces, llegando a maldecir para que no lo identifiquen con Jesús. Así corta el lazo con Cristo. En seguida cantó el gallo. Pedro llora amargamen­te. Aunque cometió este terrible pecado, sigue teniendo amor por Jesús.

* Mientras que Pedro niega a Jesús, Él hace la buena confesión por nosotros.



Síntesis aplicativa de temas importantes



1. Dios es quien determina el cuándo de la muerte de Jesús; su plan de salvación por nada puede verse obstaculizado. Contra todo pronóstico humano, Jesús morirá durante la fiesta de pascua; así Él será el cordero pascual, la expiación por nuestros pecados. Todo está bajo la soberanía y designio de Dios, aun el sufrimiento. Aunque los hombres decidan cosas, es Dios quien tiene la última palabra.



2. El sacrificio de Cristo debe despertar en nosotros una actitud de continuo agradecimiento. En su camino al Calvario, Jesús recibe una sola muestra de gratitud por lo que está a punto de realizar. Una mujer no escatima en gastos para mostrar a Jesús lo enormemente agradecida que se encuentra por su amor, amor que tendrá su manifestación plena en el Calvario. Esta historia nos hace un hermoso llamado a reconocer que la muerte de Jesús es por causa de nosotros, y de acuerdo a ello derramar perfumes de gratitud sus pies.



3. El que únicamente busca sacar provecho de Jesús, muestra en el fondo que Él no tiene ningún valor espiritual para su vida. La traición de Judas se contrasta enormemente con el amor de una mujer por Jesús. Judas no soporta a un Mesías que hable tanto de su sufrimiento; había esperado otro tipo de Mesías. Al no entender la misión salvífica de Jesús, sólo busca sacar provechos egoístas de toda esta situación. De esta manera, hay mucha gente que acude a la iglesia buscando sacar ganancias temporales de su encuentro con Jesucristo. Esto sucede porque no tienen noción alguna de su necesidad espiritual.



4. Entender el sacrificio de Cristo, es entender nuestra propia miseria espiritual. Antes de su muerte Jesús reune a sus discípulos para comer con ellos la pascua. Ahora esta fiesta judía adquirirá un nuevo significado para los seguidores de Jesús; ya no será la sangre de los corderos, sino la del Hijo de Dios la que será derramada por nuestros pecados. Nuestra absoluta miseria en el pecado hizo necesario este sacrificio expiatorio. Oremos para que la gente, y nosotros también, conozca su verdadera condición ante Dios.



5a. Nuestra fidelidad al Señor no ha de estar basada en fuerzas carnales. Pedro promete estar siempre al lado de Jesús; aun daría su vida por Él. Todos en este aspecto dicen lo mismo. Conocemos lo que aconteció después: todos abandonan a Jesús. Ahora bien, no nos toca a nosotros juzgar apresuradamente la buena intención de los discípulos, ya que también nosotros a veces somos engañados por nuestras propias emociones y entusiasmo. Pero si queremos permanecer fieles al Señor, nunca confiemos en nosotros mismos para lograr esto; pidamos a Dios que por medio de su Espíritu Él obre dentro de nosotros esta fidelidad.



5b. A pesar de nuestra infidelidad, el Señor sigue manteniendo su amor por nosotros. Nuestro Señor esta consciente que su viaje a la cruz lo hará en forma solitaria, sin la compañía de ninguno de sus discípulos. No obstante esto, Él promete reunirse nuevamente con ellos luego que haya resucitado. Gracias a Dios, Jesús nunca nos abandonará aunque fallemos en un momento dado de nuestra existencia cristiana.



6. Jesús tenía el poder para vencer a sus enemigos, pero no lo hizo. Nuestro Señor no se dirigió impotente al Calvario, Él podría haber ordenado que una gran cantidad de huestes angelicales se movilizarán para luchar a favor de Él. Recordemos siempre que si Jesús no quiso usar su poder para defenderse, fue por amor a nosotros; su plan era hacerse débil, y de esta manera alcanzar la salvación para los suyos.



7. Jesús mantiene su confesión de ser el Cristo; Pedro niega conocer al Cristo. El sanedrín sólo busca pruebas para matar a Jesús, y la hallan cuando nuestro Señor afirma su pretensión mesiánica. Mientras tanto, en otro lugar, Pedro, sintiendo el horror de las horas que vienen, trata de cortar toda vinculación con Jesús. En esto queda demostrado que la fidelidad de Dios se mantiene inquebrantable, mientras que la de nosotros puede flaquear. La confesión de Jesús de ser el Cristo, le costó la muerte; sin embargo, para nosotros se transformó en el pasaje para la vida eterna.

Mateo Capítulo 26

Mateo Capítulo 26

1 Y aconteció que, como hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos:

2 Sabéis que dentro de dos días se hace la Pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado.

3 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron en el patio del sumo sacerdote, el cual se llamaba Caifás;

4 Y tuvieron consejo para prender por engaño a Jesús, y matarle.

5 Y decían: No en el día de fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.

6 Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,

7 vino a él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa.

8 Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por qué se pierde esto?

9 Porque esto se podía vender por gran precio, y darse a los pobres.

10 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué dais pena a esta mujer? Pues ha hecho conmigo buena obra.

11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.

12 Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme lo ha hecho.

13 De cierto os digo, que dondequiera que este Evangelio fuere predicado en todo el mundo, también será dicho para memoria de ella, lo que ésta ha hecho.

14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los príncipes de los sacerdotes,

15 y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le señalaron treinta piezas de plata.

16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle.

17 Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para ti para comer la Pascua?

18 Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa haré la Pascua con mis discípulos.

19 Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y aderezaron la Pascua.

20 Y como fue la tarde del día, se sentó a la mesa con los doce.

21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.

22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor?

23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar.

24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera al tal hombre no haber nacido.

25 Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo: ¿Por ventura soy yo, Maestro? Le dice: Tú lo has dicho.

26 Y comiendo ellos, tomó Jesús el pan, y habiendo dado gracias, lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed. Esto es mi cuerpo.

27 Y tomando el vaso, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de él todos;

28 porque esto es mi sangre del Nuevo Testamento, la cual es derramada por muchos para remisión de los pecados.

29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo que beber nuevo con vosotros en el Reino de mi Padre.

30 Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.

31 Entonces Jesús les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas.

32 Mas después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.

33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado.

34 Jesús le dice: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

35 Le dice Pedro: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

36 Entonces llegó Jesús con ellos a la aldea que se llama Getsemaní, y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, hasta que vaya allí y ore.

37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.

38 Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

39 Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; pero no como yo quiero, sino como tú.

40 Y vino a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?

41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está presto, mas la carne enferma.

42 Otra vez fue, segunda vez, y oró diciendo: Padre mío, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo; porque los ojos de ellos estaban agravados.

44 Y dejándolos se fue de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras.

45 Entonces vino a sus discípulos y les dice: Dormid ya, y descansad; he aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.

46 Levantaos, vamos; he aquí ha llegado el que me ha entregado.

47 Y hablando aún él, he aquí Judas, uno de los doce, vino, y con él muchas personas con espadas y bastones, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo.

48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es; prendedle.

49 Y luego que llegó a Jesús, dijo: Hallas gozo, Maestro. Y le besó.

50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano a Jesús, y le prendieron.

51 Y he aquí, uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó una oreja.

52 Entonces Jesús le dice: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomaren espada, a espada perecerán.

53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles?

54 ¿Cómo, pues, se cumplirían las Escrituras, de que así conviene que sea hecho?

55 En aquella hora dijo Jesús a la multitud: ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con bastones a prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis.

56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole.

57 Y ellos, prendido Jesús, le llevaron a Caifás sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban juntos.

58 Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, estaba sentado con los criados, para ver el fin.

59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarlo a la muerte;

60 y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban; mas a la postre vinieron dos testigos falsos,

61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el Templo de Dios, y en tres días reedificarlo.

62 Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?

63 Mas Jesús callaba. Respondiendo el sumo sacerdote, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.

64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y aun os digo, que desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.

65 Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestidos, diciendo: Ha blasfemado; ¿qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora habéis oído su blasfemia.

66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: Culpado es de muerte.

67 Entonces le escupieron en su rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herían con las varas,

68 diciendo: Profetízanos, oh Cristo, quién es el que te ha herido.

69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se llegó a él una criada, diciendo: Y tú con Jesús el Galileo estabas.

70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.

71 Y saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús Nazareno.

72 Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.

73 Y un poco después llegaron los que estaban por allí, y dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu habla te hace manifiesto.

74 Entonces comenzó a imprecarse, y a jurar, diciendo: No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego.

75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesús, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.