lunes, marzo 28

JOSUE CAPITULO 6 Y SU COMENTARIO

1 Yerijo había puesto barricada a sus puertas contra los hijos de Yisra'el – nadie salía, nadie
entraba. 2 YAHWEH dijo a Yahoshúa: "Yo te he entregado a Yerijo, incluyendo su rey y sus
guerreros. 3 Rodearás la ciudad con todos tus soldados y marcharás alrededor de ella una vez.
Haz esto por seis días. 4 Siete kohanim llevarán siete shofarot delante del Arca.[ 16] En el séptimo
día marcharás alrededor de la ciudad siete veces, y los kohanim sonarán los shofarot. 5 Entonces
sonarán un toque prolongado del shofar. Al oír el sonido del shofar, todo el pueblo gritará tan
fuerte como puedan; y el muro de la ciudad caerá bajo sí mismo.[17] Entonces el pueblo subirá a la
ciudad, cada uno directo desde donde esté parado."
6 Yahoshúa el hijo de Nun llamó a los kohanim, y se los dijo: "Tomen el Arca para el
Pacto, y tengan siete kohanim con siete shofarot delante del Arca de YAHWEH." 7 Al pueblo él
dijo: "Muévanse, rodeen la ciudad, y que el ejército marche delante del Arca de YAHWEH." 8
Cuando Yahoshúa había hablado al pueblo, los siete kohanim llevando los siete shofarot delante
de YAHWEH, pasaron y sonaron los shofarot, con el Arca para el Pacto siguiéndolos. 9 Los
hombres de guerra fueron delante de los kohanim que sonaban los shofarot, mientras que la
retaguardia marchaba detrás del Arca, con sonidos incesantes de los shofarot. 10 Yahoshúa dio
esta orden al pueblo: "No griten, no dejen que se oiga su voz, no dejen que ni una palabra salga
de sus bocas hasta el día que yo les diga que griten; entonces gritarán."
11 Así que él hizo que el Arca de YAHWEH diera una vuelta alrededor de la ciudad, yendo
alrededor de ella una vez; entonces regresaron al campamento y se quedaron en el campamento.
12 A la mañana siguiente Yahoshúa se levantó temprano, y los kohanim tomaron el Arca de
YAHWEH. 13 Los siete kohanim llevando los siete shofarot salieron, continuamente sonando sus
shofarot, con los hombres de guerra marchando delante de ellos y la retaguardia siguiendo
después del Arca de YAHWEH; todo el tiempo el sonido de los shofarot era incesante. 14 El
segundo día, ellos fueron alrededor de la ciudad una vez y regresaron al campamento. Hicieron lo
mismo por seis días.
15 En el séptimo día ellos se levantaron temprano, al romper el alba, y fueron alrededor de
la ciudad, de la misma forma, siete veces. Ese fue el único día que rodearon la ciudad siete veces.
16 La séptima vez, cuando los kohanim sonaron los shofarot, Yahoshúa dijo al pueblo: "¡Griten!
¡Porque YAHWEH les ha dado la ciudad! 17 Pero la ciudad y todo en ella será separado para
YAHWEH, y por lo tanto será destruida completamente; solame nte Rajav la prostituta será dejada
con vida, ella y todos con ella dentro de su casa, porque ella escondió a los mensajeros que
enviamos. 18 Así que ustedes manténganse alejados de todo lo reservado para ser destruido. Si
traen una maldición sobre ustedes por tomar algo de lo reservado para ser destruido, traerán
maldición sobre todo el campamento de Yisra'el y causarán gran calamidad allí. 19 Todo el oro y
la plata, y todo los utensilios de bronce y hierro serán separados para YAHWEH y añadidos al
tesoro de YAHWEH."
20 Así que el pueblo gritó, con los shofarot sonando. Cuando el pueblo oyó el sonido de
los shofarot, dejaron salir un gran grito; y el muro cayó a tierra; así que el pueblo subió a la
ciudad, cada uno derecho hacia el frente de él; y capturaron la ciudad. 21 Ellos destruyeron
15 Las mismas palabras fueron dichas a Moshe por Yahshúa en la zarza ardiente, lo que prueba que éste es Yahshúa.
16 El sonido de los shofarot no era el toque de guerra, sino el toque de júbilo porque ya YAHWEH les había entregado Yerijo.
17 Las palabras wenafelah jomat jair tajteyja son literalmente " y el muro de la ciudad caerá bajo sí mismo ."
6
completamente todo en la ciudad con la espada – hombres y mujeres, jóvenes y viejos, ganado,
ovejas y asnos.[18]
22 Yahoshúa dijo a los dos hombres[19] que habían reconocido La Tierra: "Vayan a la casa
de la prostituta y saquen a la mujer con todo lo que tenga, como le juraron a ella." 23 Los hombres
jóvenes, los espías, fueron y trajeron a Rajav la prostituta,[ 20] con su padre, madre, hermanos y
todo lo que ella tenía; ellos sacaron a todos sus parientes y los pusieron fuera del campamento de
Yisra'el.
24 Luego ellos quemaron la ciudad hasta las cenizas con todo en ella, excepto por la plata,
el oro y el bronce y los utensilios de hierro, cuales pusieron en el tesoro de la casa de YAHWEH.
25 Pero Yahoshúa perdonó a Rajav la prostituta, la casa de su padre y todo lo que ella poseía; y
ella continuó viviendo con Yisra'el desde entonces hasta ahora,[21] porque ella escondió los
mensajeros que Yahoshúa había enviado para reconocer a Yerijo. 26 Yahoshúa entonces hizo que
el pueblo hiciera este juramento: "Una maldición delante de YAHWEH sobre cualquiera que se
levante y reedifique esta ciudad de Yerijo; él echará los cimientos con la pérdida de su
primogénito y asentará sus puertas con la pérdida de su hijo menor.[22]" 27 Así que YAHWEH
estaba con Yahoshúa, y los pueblos oyeron de él por todo el territorio de La Tierra.

JOSUE CAPITULO 5 Y SU COMENTARIO

CAPÍTULO 5

1 Temor de los cananeos. 2 Josué restablece la circuncisión. 10 Se celebra la pascua en Gilgal. 12 Se interrumpe la provisión de maná. 13 Un ángel se aparece a Josué.

1 CUANDO todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel.

2 En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel.

3 Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot.

4 Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto.

5 Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado.

6 Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel.

7 A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino.

8 Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron.

9 Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.

10 Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.

11 Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra, los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas.

12 Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.

13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

14 El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora.

Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

15 Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.

1.

Amorreos.

La parte del territorio amorreo que quedaba al este del Jordán ya había sido conquistada (Núm. 21: 21-24); ahora temblaban los amorreos que vivían en las montañas al oeste del Jordán. Los amorreos habían formado la segunda gran ola de camitas 197 que se trasladaron de la península arábiga al valle de la Mesopotamia en los primeros años del segundo milenio AC. Allí se dividieron en dos grupos. Uno de ellos se mezcló con los civilizados sumerios, y de esa unión surgió la gran cultura babilónico primitiva. El segundo grupo se trastadó hacia el oeste, y luego hacia el sur, hasta Palestina. De allí algunos cruzaron el río Jordán y se extendieron hacia el este (ver com. Gén. 10: 16). Otros permanecieron en Palestina y se mezclaron con la población local que no era semítica. De esa unión resultaron los fenicios, mencionados en la LXX, en Jos. 5: 1, 12. En este pasaje se dice que estaban "cerca del mar" donde, en años posteriores, encontramos a los fenicios.

Hasta que hubieron pasado.

Así también reza en la LXX y en la versión siriaca. El original hebreo dice "pasamos", pero los masoretas hacen una corrección marginal en tercera persona plural. De haber sido "pasamos" el original, indicaría que el autor del libro participó de esa vicisitud, a pesar de las opiniones críticas de muchos eruditos modernos.

Desfalleció su corazón.

Las poderosas obras de Dios aterrorizaron a los cananeos y los dejaron sin aliento, como Dios lo había prometido (Exo. 23: 27). El Jordán había sido su línea de defensa. Además, los israelitas habían acampado durante meses al este del Jordán sin intentar cruzarlo, por lo cual los amorreos se sentían seguros, sobre todo en ese momento cuando el río estaba crecido. Por esta razón no habían puesto soldados para impedir el cruce. Aunque el corazón se les había "desmayado" antes, como lo había admitido Rahab (cap. 2: 11), habían mantenido cierto grado de valor. Sin duda confiaban en que sus numerosos ejércitos y sus ciudades fortificadas podrían repeler a los invasores. Pero cuando oyeron que Israel no sólo había cruzado el Jordán -rompiendo así su supuesta línea de defensa- sino que lo había podido hacer gracias a un milagro, entonces desfallecieron por completo: "y no hubo más aliento en ellos".

2.

Cuchillos afilados.

Literalmente "cuchillos de piedra" o "cuchillos de pedernal" (BJ).

Posiblemente se consideraba ilegal usar metal de cualquier tipo en este rito religioso, como tal vez puede deducirse de Exo. 4: 25. Los egipcios consideraban que era ilegal o profano usar cualquier clase de metal para hacer incisiones en el cuerpo humano cuando se preparaba éste para ser embalsamado.

Se dice que en algunas partes de Etiopía el rito de la circuncisión se realiza aún hoy con cuchillos de piedra.

Vuelve a circuncidar.

No debe entenderse aquí una orden de repetir la circuncisión en quienes ya se había practicado el rito. Esta orden sólo implica la renovación de la observancia de un rito que no se había continuado realizando durante los años de peregrinación (PP 430). La "segunda vez" implica que había habido una primera vez cuando Dios ordenó que se administrara este rito en general.

Parece que los israelitas no practicaban la circuncisión en Egipto (PP 378), y que posiblemente, en relación con la ratificación del pacto en el Sinaí (Exo. 24: 3-8), se volvió a instituir este rito como señal del pacto (Gén. 17: 10, 11; Rom. 4: 11). También se ha sugerido que esa primera vez acaeció antes que Israel partiera de Egipto. En esa ocasión se celebró la pascua por primera vez y, según instrucciones dadas posteriormente, ningún varón incircunciso podía comer de ella (Exo. 12: 43-49). Ahora, al entrar en Canaán, los israelitas estaban renovando su pacto con Dios, y por ello se les pedía una vez más que adoptaran la señal de ese pacto. Este rito externo debía representar la verdadera circuncisión del corazón (Deut. 30: 6; Jer. 4: 4; Rom. 2: 29). El desierto había sido el escenario de desconfianza, murmuración y rebelión contra Dios. Ahora, en obediencia a sus instrucciones, debían comenzar de nuevo una vida de fe y obediencia.

3.

Collado de Aralot.

El hebreo gib"ath ha"araloth significa "Collado de los prepucios" (BJ). Se refiere al lugar donde fue administrado el rito.

2.

Esta es la causa.

Como castigo por haber faltado a su promesa a Jehová (Núm. 14: 34) y como recuerdo del pacto quebrantado, se había prohibido al pueblo que practicara la circuncisión en el desierto (PP 430). Su entrada en Canaán era una prueba de que habían sido restaurados al favor divino (ver Núm. 14: 23; Sal. 95: 7-11).

Durante 38 años habían cargado el baldón de la apostasía de Cades.

6.

Todos los hombres de guerra.

Esto es, salvo Caleb y Josué (Núm. 14: 30). Parece ser que los sacerdotes, o posiblemente todos los levitas, fueron exentos de la sentencia de muerte pronunciada en Cades, y que algunos 198 de ellos sobrevivieron. Se menciona específicamente que Eleazar, hijo de Aarón, entró en la tierra prometida (ver Exo. 6: 25; 28: 1; Jos. 24: 33). Entre los 12 espías (Núm. 13: 3-16) no había ningún representante de los levitas. Tampoco había levitas entre los "hombres de guerra".

9.

El oprobio de Egipto.

Por causa de la rebelión de Cades, Dios no había permitido que los israelitas entraran en Canaán, ni que recibieran la circuncisión, una señal de que eran el pueblo escogido de Dios. La suspensión de este rito fue para ellos un recordatorio constante de que habían quebrantado el pacto.

Aunque el "Ángel" del pacto siguió guiando a los israelitas en su peregrinación por el desierto, no se había restablecido completamente la relación del pacto durante ese largo período. Mientras permanecieron, al menos en cierta medida, fuera del pacto, estaban en la misma relación con Dios como si nunca hubiesen salido de Egipto. El "oprobio de Egipto" estaba aún sobre ellos. Ahora, mediante la restauración de la pascua -recordativo de la liberación de Egipto- y la reanudación de la circuncisión, se les quitaba ese "oprobio", de lo cual sería un memorial el nombre de su primer campamento en Canaán, Gilgal, que significa "rodando". Ya pisaban el suelo de la tierra prometida.

Cierta medida de oprobio descansa hoy sobre los hijos de Dios. También ellos deberían haber entrado tiempo ha en el reino; pero, como Israel, han estado peregrinando por el desierto (CS 511). "Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios" (Heb. 4: 9). "Procuremos, pues, entrar en aquel reposo" (vers. 11).

Gilgal.

El nombre que así se translitera viene de la raíz galal, "rodar", "arrollar".

De allí en adelante, Gilgal ocupa un lugar importante en la historia sagrada.

En este lugar los israelitas levantaron su campamento la primera noche después de haber entrado en la tierra prometida; en este lugar la restauración del rito de la circuncisión indicó la renovación del pacto (vers. 2-8); aquí también los israelitas celebraron la primera pascua en la tierra prometida (vers. 10); en este lugar dejó de caer el maná (vers. 12). Gilgal sirvió de base para las operaciones militares de la primera parte de la conquista de Canaán. Parece también que las mujeres, los niños y el ganado permanecieron aquí durante ese tiempo. Posteriormente, fue en Gilgal donde Saúl fue confirmado como primer rey de Israel (1 Sam. 11: 15). Aquí permaneció el arca hasta que, después de la conquista del país, fue trasladada a Silo (Jos. 18: 1; PP 550).

No se conoce con exactitud la ubicación geográfica de Gilgal. Estaba, según Josefo, a unos 8 km del Jordán y a 1,5 km de la Jericó del NT. Ver pág. 501.

12.

El maná cesó.

Durante casi 40 años Dios había proporcionado maná para nutrir al pueblo, mientras las circunstancias le impedían conseguir una provisión adecuada de alimentos. Una vez que los israelitas pudieron comer del "fruto de la tierra" (vers. 11) no hubo más necesidad de maná. Dios no hace en beneficio de los hombres lo que ellos pueden hacer por sí mismos.

13.

Cerca de Jericó.

En la versión siriaca dice, "en las llanuras de Jericó". Josué entonces dirigió su atención a su próxima gran tarea: la toma de Jericó. Salió del campamento para meditar y pedir la dirección divina para realizar esa obra.

Una espada desenvainada.

El Señor se apareció a Moisés en Horeb (Exo. 3: 2) cuando estaba a punto de emprender la liberación de Israel de su esclavitud. En este momento, cuando Josué estaba por emprender la conquista de Canaán, el Señor se apareció al nuevo caudillo de su pueblo, para asegurarle la victoria y el éxito. "La maldad del amorreo" había "llegado a su colmo", y tal como Dios había prometido solemnemente a Abrahán cuatro siglos antes, su "descendencia" había vuelto allí (Gén. 15: 13-16). Israel emprendía ahora la conquista de las naciones de Canaán con la aprobación divina. En Canaán se conocía el testimonio de Abrahán, Isaac y Jacob, y la manera en que Dios, en repetidas ocasiones, había obrado en favor de su pueblo. Pero estas naciones paganas siguieron por los caminos de su propia elección antes que someterse a Dios.

14.

Del ejército.

No se refiere, en primer término, al ejército de Israel sino a las huestes celestiales (PP 526). La palabra traducida "ejército" se refiere específicamente a guerreros (Juec. 4: 2, 7; etc.), algunas veces a los ejércitos de Israel (2 Sam. 2: 8). Tal como se presenta en este pasaje y en 1 Rey. 22: 19, se refiere a ángeles; pero en Isa. 34: 4 se refiere a los cuerpos celestes. En todo momento los 199 ángeles están dispuestos a suplir las necesidades de la iglesia y a cumplir las órdenes de su Capitán. Quienes tienen que hacer frente a conquistas como la de Jericó, pueden solicitar la ayuda de estas fuerzas invisibles, y recibirán, como Josué, la seguridad de que los recursos del cielo están a la disposición de cada alma que tiene confianza. Josué recibió la promesa segura de que no estaría solo a la cabeza del ejército hebreo. Como Capitán el mismo Señor estaría allí para vigilar, disponer, ordenar y comandar.

Le adoró.

Al aceptar la adoración ofrecida por Josué, el Visitante celestial demostró que era más que un ángel (ver Apoc. 19: 10).

15.

Quita el calzado.

Esta es otra evidencia de que el "Príncipe del ejército" era más que un ángel.

No era sino Cristo mismo, en forma humana (ver PP 522). En Jos. 6: 2 se lo designa con el nombre divino (ver com. Exo. 6: 3; 15: 2). Debe notarse que Jos. 6 es una Continuación del relato del cap. 5: 13-15, y que el pasaje del cap. 6: 1 es una declaración parentética introducida a modo de explicación de lo que sigue en los vers. 2-5.

EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 5

Josué Capítulo 5

1 Y cuando todos los reyes de los amorreos, que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos, que estaban cerca del mar, oyeron como el SEÑOR había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado, su corazón se les derritió, y no hubo más espíritu en ellos delante de los hijos de Israel.

2 En aquel tiempo el SEÑOR dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel.

3 Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el monte de Aralot ( monte de los prepucios ).

4 Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, es a saber los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto.

5 Porque todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto por el camino, después que salieron de Egipto, no estaban circuncidados.

6 Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que toda la gente de los hombres de guerra que habían salido de Egipto, fue consumida, por cuanto no obedecieron a la voz del SEÑOR; por lo cual el SEÑOR les juró que no les dejaría ver la tierra, de la cual el SEÑOR había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel.

7 Pero a los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar, Josué los circuncidó; los cuales aún eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino.

8 Y cuando hubieron acabado de circuncidar toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron.

9 Y el SEÑOR dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy.

10 Y los hijos de Israel asentaron el campoamento en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.

11 Y al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas.

12 Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año.

13 Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

14 Y él respondió: No; mas yo soy el Príncipe del ejército del SEÑOR; ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

15 Y el Príncipe del ejército del SEÑOR respondió a Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo. Y Josué lo hizo así.