lunes, octubre 15

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 8

Versículos 1—11.
Dedicación del Templo. 12—21. La ocasión. 22—53. La oración de Salomón. 54

—61.
Bendición y exhortación. 62—66. Las ofrendas de paz de Salomón.

Vv. 1—11.
Entrar con el arca es la finalidad que debe coronar la obra: se hizo con mucha

solemnidad. El arca fue instalada en el lugar indicado para su reposo en la parte interior de la casa,

desde donde ellos esperaban que Dios les hablara: el lugar santísimo. Las varas del arca las sacaron,

como para dirigir al sumo sacerdote hacia el propiciatorio sobre el arca, cuando éste entrara una vez

al año, para rociar la sangre; de modo que continuaron siendo útiles, aunque ya no hubo ocasión

para usarlas en el transporte del arca. La gloria de Dios que apareció en una nube puede significar:

—1. La oscuridad de esa dispensación comparada con la luz del evangelio por la cual, a cara

descubierta, contemplamos como en espejo la gloria del Señor. —2. La oscuridad de nuestro estado

presente en comparación con la presencia de Dios, que será la felicidad del cielo, donde la gloria

divina es develada.

Vv. 12—21.
Salomón anima a los sacerdotes que quedaron estupefactos con la nube oscura. Las

oscuras dispensaciones de la Providencia debieran vivificarnos para huir a refugiarnos en la

esperanza del evangelio. Nada puede reconciliarnos más con ellas que considerar lo que Dios ha

dicho, y comparar su palabra con sus obras. Cualquiera sea el bien que hagamos, debemos mirarlo

como el cumplimiento de la promesa de Dios para con nosotros, no como el cumplimiento de

nuestras promesas a Él.

Vv. 22—53.
En su excelente oración, Salomón hace como nosotros debiéramos hacer en toda

oración: da gloria a Dios. Las nuevas experiencias de la verdad de las promesas de Dios piden

mayores alabanzas. Él pide la gracia y el favor de Dios. Las experiencias que tengamos del

cumplimiento de sus promesas, debieran animarnos a depender de ellas y a reclamarlas; y quienes

esperan nuevas misericordias, deben estar agradecidos por las anteriores. Las promesas de Dios

deben ser las que dirigen nuestros deseos y la base de nuestra esperanza y de nuestras expectativas

en la oración. Los sacrificios, el incienso y todo el servicio del templo eran tipo de los oficios, la

oblación y la intercesión del Redentor. Por tanto, el templo tenía que ser recordado continuamente.

—Con una sola palabra, ‘perdonar’ Salomón expresa todo cuanto podía pedir a favor de su pueblo.

Porque como todas las miserias surgen del pecado, el perdón del pecado prepara el camino para

quitar todo el mal y recibir todo bien. Sin eso ninguna liberación resulta en bendición. —Además de

enseñar la palabra de Dios, Salomón suplica al Señor mismo que enseñe al pueblo a sacar provecho

de todo, aun de sus castigos. Ellos harán conocer a cada hombre la plaga de su corazón, qué es lo

que le hace doler; y extenderá sus manos en oración hacia esta casa; sea el problema corporal o

mental, lo presentarán ante Dios. Parece que se refiere especialmente a las cargas interiores. El

pecado es la plaga de nuestros corazones; las corrupciones que moran en nosotros son nuestras

enfermedades espirituales: todo israelita verdadero se esfuerza por conocerlas para mortificarlas y

velar contra su aparición. Esto lo lleva a arrodillarse; lamentándolas extiende sus manos en oración.

—Después de muchos detalles, Salomón concluye con la petición general a Dios para que escuche a

su pueblo que ora. Ningún lugar ahora, en el evangelio, puede agregar a las oraciones hechas en Él

o dirigidas hacia Él. La sustancia es Cristo; todo lo que pidamos en su nombre será dado. De esta

manera, se establece y santifica el Israel de Dios, se recupera y sana al descarriado. De este modo,

el extranjero se hace cercano, se consuela al doliente, se glorifica el nombre de Dios. El pecado es

la causa de todos nuestros problemas; el arrepentimiento y el perdón conducen a toda felicidad

humana.

Vv. 54—61.
Nunca una congregación fue despedida con lo que más probablemente les afectara,

y permaneciera en ellos. Lo que Salomón pide en esta oración todavía lo otorga la intercesión de

Cristo, de quien la súplica de Salomón fue un tipo. Recibiremos suficiente gracia, conveniente y

oportuna en todo momento de necesidad. Ningún corazón humano por sí solo está dispuesto a

obedecer el llamado al arrepentimiento, a la fe y a la novedad de vida que formula el evangelio,

andando en todos los mandamientos del Señor, sin embargo, Salomón exhorta a la gente a ser

perfecta. Este es el método bíblico, nuestro deber es obedecer el mandamiento de la ley y el llamado
del evangelio, viendo que hemos quebrantado la ley. Cuando nuestro corazón se inclina a ello,

sintiendo nuestra pecaminosidad y debilidad, oramos pidiendo la ayuda divina; de este modo,

somos hechos capaces de servir a Dios por medio de Jesucristo.

Vv. 62—66.
Salomón ofreció un gran sacrificio. Observó la fiesta de los tabernáculos, según

parece, después de la fiesta de la dedicación. —De esta manera debiéramos irnos a casa,

regocijándonos por las santas ordenanzas, agradecidos por la bondad de Dios.
 

1ra. de Reyes Capítulo 08

1ra. de Reyes

Capítulo 08

8:1 Entonces Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus, y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es Sion.
8:2 Y se reunieron con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de la fiesta solemne.
8:3 Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca.
8:4 Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
8:5 Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar.
8:6 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.
8:7 Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima.
8:8 Y sacaron las varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el lugar santo, que está delante del lugar santísimo, pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron hasta hoy.
8:9 En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.
8:10 Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.
8:11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
8:12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.
8:13 Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que tú habites para siempre.
8:14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie.
8:15 Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:
8:16 Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel.
8:17 Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
8:18 Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo.
8:19 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.
8:20 Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
8:21 Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.
8:22 Luego se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
8:23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón;
8:24 que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día.
8:25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí.
8:26 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.
8:27 Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?
8:28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti;
8:29 que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.
8:30 Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona.
8:31 Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa;
8:32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
8:33 Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa,
8:34 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres.
8:35 Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres,
8:36 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.
8:37 Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea;
8:38 toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa,
8:39 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres);
8:40 para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
8:41 Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre
8:42 (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa,
8:43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.
8:44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre,
8:45 tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.
8:46 Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,
8:47 y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad;
8:48 y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,
8:49 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia.
8:50 Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos;
8:51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
8:52 Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren;
8:53 porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.
8:54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo;
8:55 y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:
8:56 Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.
8:57 Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.
8:58 Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres.
8:59 Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo;
8:60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro.
8:61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.
8:62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante de Jehová.
8:63 Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció a Jehová: veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.
8:64 Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz.
8:65 En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y aun por otros siete días, esto es, por catorce días.
8:66 Y al octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a su pueblo Israel.