CAPÍTULO VII
Versículos 1, 2.
Eliseo profetiza abundancia. 3—11. La huida del ejército sirio. 12—20. Samaria es provista
con abundancia.
Vv. 1, 2.
La extrema necesidad del hombre es la oportunidad de Dios para que Su poder sea glorioso: Su
tiempo de manifestarse a Su pueblo es cuando la fuerza de ellos desapareció. La incredulidad es un pecado
con que los hombres deshonran y desagradan mucho a Dios y se privan de los favores que Él designó para
ellos. Tal será la porción de aquellos que no creen la promesa de la vida eterna; ellos la verán desde lejos
pero nunca la saborearán. Las liberaciones y misericordias temporales no aprovecharán a los pecadores al
final a menos que sean llevados al arrepentimiento por la bondad de Dios.
Vv. 3—11.
Dios puede, cuando le place, hacer temblar al más fuerte de los corazones y en cuanto a los
que no temerán a Dios, Él puede hacerles temer con el temblor de una hoja de árbol. La Providencia ordenó
que llegaran los leprosos tan pronto como los sirios hubieran huido. Sus conciencias les dijeron que la
desgracia caería sobre ellos si solamente se cuidaban a sí mismos. La humanidad natural y el miedo al
castigo son frenos poderosos del egoísmo del impío. Estos sentimientos tienden a preservar el orden y la
bondad en el mundo pero los que han hallado las inescrutables riquezas de Cristo no demorarán más en
informar de la buena nueva a los demás. Por amor a Él, no por sentimiento egoístas, ellos compartirán
alegremente sus cosas terrenales buenas con sus hermanos.
Vv. 12—20.
Aquí vemos las necesidades de Israel suplidas en una manera que pocos imaginaron, lo
cual debiera animarnos a depender del poder y la bondad de Dios en nuestras angustias más grandes. Se
puede confiar en la promesa de Dios con toda seguridad pues ninguna palabra suya dejará de cumplirse. El
noble que objetó la veracidad de la palabra de Eliseo, vio la abundancia para silenciar y avergonzar su
incredulidad y, en eso, vio su propia insensatez pero no comió de la abundancia que vio. Precisamente así
hacen los que ven que les fallan las promesas del mundo y piensan que las promesas de Dios los
desilusionarán. Aprenda cuán profundo es el disgusto de Dios por la desconfianza de Su poder, providencia
y promesa: cuán incierta es la vida y sus disfrutes; cuán ciertas son las amenazas de Dios y con cuánta
seguridad vendrán al culpable. Que Dios nos ayude a escudriñar si estamos expuestos a Sus amenazas o
interesados en Sus promesas.
CAPÍTULO VIII
Versículos 1—6.
Hambre en Israel—La sunamita obtiene su tierra. 7—15. Eliseo es consultado por Hazael
—Muerte de Ben-hadad.
16—24. El reino malo de Joram en Judá. 25—29. El reino malo de Ocozías en
Judá.
Vv. 1—6.
La bondad de la sunamita para con Eliseo fue recompensada por el cuidado que él tuvo de ella
durante el hambre. Bueno es prever un mal y sabio es escondernos, cuando lo prevemos, si podemos
hacerlo legalmente. Cuando se acabó el hambre, ella volvió de la tierra de los filisteos, la cual no era lugar
apropiado para una israelita, más de lo que fuera necesario. Hubo un tiempo en que ella estuvo tan segura
con su propio pueblo que no tuvo ocasión de que se hablara por ella al rey; mucha es la incertidumbre de
esta vida de modo que pueden fallarnos las cosas o personas de las que más dependemos y nos cuidan
aquellos que pensamos que nunca necesitaríamos. A veces los sucesos, pequeños en sí mismos, resultan
importantes como aquí, pues dispusieron al rey para que creyera el relato de Giezi, cuando así fue
confirmado. Esto lo dispuso para conceder el pedido de ella y sostener una vida que fue dada una y otra vez
por milagro.
Vv. 7—15.
Entre otros cambios de idea de los hombres debido a la aflicción, suele haber que hace
pensar de otro modo tocante a los ministros de Dios y enseña a valorar los consejos y oraciones de aquellos
que han odiado y despreciado. No era intención de Hazael que Eliseo entendiera lo que entendió, sino que
Dios se lo reveló y eso trajo lágrimas a sus ojos: mientras más previsión tienen los hombres, son más
proclives a mayor pena. Es posible que un hombre, bajo las convicciones de pecado y frenos de la
conciencia natural, exprese gran aborrecimiento de un pecado pero, después, se reconcilie con ello.
Aquellos que son poca cosa en el mundo no pueden imaginar cuánta fuerza tienen las tentaciones del poder
y la prosperidad, las cuales hallarán mucho peores de lo que sospechaban, si alguna vez llegan ahí,
encontrando cuán engañosos son sus corazones. —El diablo destruye a los hombres diciendo que
ciertamente se recobrarán y estarán bien, meciéndolos de ese modo para que se duerman seguros. El falso
relato de Hazael fue un insulto para el rey que perdió el beneficio de la advertencia del profeta de
prepararse para la muerte, y un insulto para Eliseo que sería contado como falso profeta. No es seguro que
Hazael haya asesinado a su señor o, si le causó la muerte pudiera haber sido sin intención, pero éste fue un
demoledor y, luego, resultó ser un perseguidor de Israel.
Vv. 16—24.
Se da una idea general de la maldad de Joram. Sin duda que su padre le había enseñado
el conocimiento verdadero del Señor pero lo casó mal con la hija de Acab; nada bueno puede venir de la
unión con una familia idólatra.
Vv. 25—29.
Los nombres no hacen naturalezas pero fue malo para la familia de Josafat haber tomado
nombres prestados de la de Acab. La relación de Ocozías con la familia de Acab fue la ocasión de su
maldad y de su caída. Cuando los hombres escogen esposas por sí mismos, que recuerden que están
eligiendo madres para sus hijos. —La providencia así lo ordenó que Ocozías fuera muerto con la casa de
Acab, cuando estuviera llena la medida de su iniquidad. Aquellos que comparten con los pecadores en su
pecado, deben esperar participar con ellos de sus plagas. Que todos los cambios, problemas y maldad del
mundo nos hagan más fervientes para obtener interés en la salvación de Cristo.
CAPÍTULO IX
Versículos 1—10.
Eliseo manda a ungir a Jehú. 11—15. Jehú y los capitanes. 16—29. Jehú mata a Joram y
Ocozías.
30—37. Los perros se comen a Jezabel.
Vv. 1—10.
En estos sucesos y otros similares debemos reconocer la obra secreta de Dios que dispone a los
hombres para que cumplan y respeten sus propósitos. Jehú fue ungido rey de Israel por especial elección
del Señor que aún tenía un remanente de su pueblo y, de todos modos, conservaría su culto entre ellos. Se
le recuerda esto a Jehú. Se le manda destruir la casa de Acab y, en la medida en que actuó obedeciendo a
Dios, y con principios justos, no tuvo que considerar reproche ni oposición. —El asesinato de los profetas de
Dios se destaca con firmeza. Jezabel persistió en su idolatría y enemistad contra Jehová y sus siervos, y su
iniquidad ahora estaba completa.
Vv. 11—15.
Los que entregan fielmente el mensaje del Señor a los pecadores, en todas las épocas han
sido tratados como locos. El juicio, el modo de hablar y la conducta de ellos son contrarios a los de los
demás hombres; ellos soportan mucho para lograr sus objetivos y son influidos por motivos a los cuales los
demás no tienen acceso. —Pero, por sobre todo, los mundanos e impíos de todas las clases los acusan de
que, sin duda, están locos; aunque los principios y las costumbres de los siervos de Dios resultan ser sabios
y razonables. Algo de fe en la palabra de Dios parece haber animado a Jehú a esta empresa.
Vv. 16—29.
Jehú era hombre de espíritu fervoroso. La sabiduría de Dios se ve en la elección de quienes
son empleados en su obra. Pero no no es buena reputación para nadie el ser conocido por su furor. El que
se enseñorea de su espíritu es mejor que el fuerte. —Joram encuentra a Jehú en el sitio de Nabot. Las
circunstancias de los acontecimiento son, a veces, ordenadas por la Providencia Divina para que el castigo
corresponda al pecado, como la cara corresponde a la cara del espejo. El camino del pecado nunca puede
ser el camino de paz, Isaías lvii, 21 ¿Qué paz pueden tener los impíos con Dios? Ninguna en tanto persistan
en el pecado; pero cuando se arrepienten del pecado y lo abandonan, hay paz. —Joram murió como
criminal bajo la sentencia de la ley. Ocozías fue unido con la casa de Acab. Fue uno de ellos; él se había
hecho así por el pecado. Peligroso es unirse a los malhechores; por ello nos enredaremos en la culpa y la
miseria.
Vv. 30—37.
En lugar de esconderse como quien teme la venganza divina, Jezabel se burló del temor.
Véase cómo un corazón endurecido contra Dios, lo desafiará hasta el fin. No hay presagio más seguro de
ruina que un corazón que no se humilla bajo las providencias humillantes. Que consideren la conducta y
destino de Jezabel, los que usan de magia para seducir a los demás a que hagan maldades y para sacarlos
de los caminos de la verdad y la justicia. Jehú pidió ayuda contra Jezabel. Cuando está andando la obra
reformadora es hora de preguntar, ¿quién se pone de su lado? —Los ayudantes de ella la entregaron. Así
fue muerta. Véase el final del orgullo y la crueldad y decid: Jehová es justo. Cuando halagamos nuestros
cuerpos pensemos cuán viles son; dentro de poco seremos banquete para los gusanos de debajo del suelo
o para las bestias encima del suelo. Que todos huyamos de la ira que se revela desde el cielo contra toda
impiedad e injusticia de los hombres.