lunes, enero 21

COMENTARIO DE 2 DE REYES CAPITULOS 7, 8, Y 9

CAPÍTULO VII



Versículos 1, 2.

Eliseo profetiza abundancia. 3—11. La huida del ejército sirio. 12—20. Samaria es provista

con abundancia.



Vv. 1, 2.


La extrema necesidad del hombre es la oportunidad de Dios para que Su poder sea glorioso: Su

tiempo de manifestarse a Su pueblo es cuando la fuerza de ellos desapareció. La incredulidad es un pecado

con que los hombres deshonran y desagradan mucho a Dios y se privan de los favores que Él designó para

ellos. Tal será la porción de aquellos que no creen la promesa de la vida eterna; ellos la verán desde lejos

pero nunca la saborearán. Las liberaciones y misericordias temporales no aprovecharán a los pecadores al

final a menos que sean llevados al arrepentimiento por la bondad de Dios.


Vv. 3—11.


Dios puede, cuando le place, hacer temblar al más fuerte de los corazones y en cuanto a los

que no temerán a Dios, Él puede hacerles temer con el temblor de una hoja de árbol. La Providencia ordenó

que llegaran los leprosos tan pronto como los sirios hubieran huido. Sus conciencias les dijeron que la

desgracia caería sobre ellos si solamente se cuidaban a sí mismos. La humanidad natural y el miedo al

castigo son frenos poderosos del egoísmo del impío. Estos sentimientos tienden a preservar el orden y la

bondad en el mundo pero los que han hallado las inescrutables riquezas de Cristo no demorarán más en

informar de la buena nueva a los demás. Por amor a Él, no por sentimiento egoístas, ellos compartirán

alegremente sus cosas terrenales buenas con sus hermanos.


Vv. 12—20.


Aquí vemos las necesidades de Israel suplidas en una manera que pocos imaginaron, lo

cual debiera animarnos a depender del poder y la bondad de Dios en nuestras angustias más grandes. Se

puede confiar en la promesa de Dios con toda seguridad pues ninguna palabra suya dejará de cumplirse. El

noble que objetó la veracidad de la palabra de Eliseo, vio la abundancia para silenciar y avergonzar su

incredulidad y, en eso, vio su propia insensatez pero no comió de la abundancia que vio. Precisamente así

hacen los que ven que les fallan las promesas del mundo y piensan que las promesas de Dios los

desilusionarán. Aprenda cuán profundo es el disgusto de Dios por la desconfianza de Su poder, providencia

y promesa: cuán incierta es la vida y sus disfrutes; cuán ciertas son las amenazas de Dios y con cuánta

seguridad vendrán al culpable. Que Dios nos ayude a escudriñar si estamos expuestos a Sus amenazas o

interesados en Sus promesas.

CAPÍTULO VIII



Versículos 1—6.

Hambre en Israel—La sunamita obtiene su tierra. 7—15. Eliseo es consultado por Hazael

—Muerte de Ben-hadad.


16—24. El reino malo de Joram en Judá. 25—29. El reino malo de Ocozías en

Judá.



Vv. 1—6.


La bondad de la sunamita para con Eliseo fue recompensada por el cuidado que él tuvo de ella

durante el hambre. Bueno es prever un mal y sabio es escondernos, cuando lo prevemos, si podemos

hacerlo legalmente. Cuando se acabó el hambre, ella volvió de la tierra de los filisteos, la cual no era lugar

apropiado para una israelita, más de lo que fuera necesario. Hubo un tiempo en que ella estuvo tan segura

con su propio pueblo que no tuvo ocasión de que se hablara por ella al rey; mucha es la incertidumbre de

esta vida de modo que pueden fallarnos las cosas o personas de las que más dependemos y nos cuidan

aquellos que pensamos que nunca necesitaríamos. A veces los sucesos, pequeños en sí mismos, resultan

importantes como aquí, pues dispusieron al rey para que creyera el relato de Giezi, cuando así fue

confirmado. Esto lo dispuso para conceder el pedido de ella y sostener una vida que fue dada una y otra vez

por milagro.


Vv. 7—15.


Entre otros cambios de idea de los hombres debido a la aflicción, suele haber que hace

pensar de otro modo tocante a los ministros de Dios y enseña a valorar los consejos y oraciones de aquellos

que han odiado y despreciado. No era intención de Hazael que Eliseo entendiera lo que entendió, sino que

Dios se lo reveló y eso trajo lágrimas a sus ojos: mientras más previsión tienen los hombres, son más

proclives a mayor pena. Es posible que un hombre, bajo las convicciones de pecado y frenos de la

conciencia natural, exprese gran aborrecimiento de un pecado pero, después, se reconcilie con ello.

Aquellos que son poca cosa en el mundo no pueden imaginar cuánta fuerza tienen las tentaciones del poder

y la prosperidad, las cuales hallarán mucho peores de lo que sospechaban, si alguna vez llegan ahí,

encontrando cuán engañosos son sus corazones. —El diablo destruye a los hombres diciendo que

ciertamente se recobrarán y estarán bien, meciéndolos de ese modo para que se duerman seguros. El falso

relato de Hazael fue un insulto para el rey que perdió el beneficio de la advertencia del profeta de

prepararse para la muerte, y un insulto para Eliseo que sería contado como falso profeta. No es seguro que

Hazael haya asesinado a su señor o, si le causó la muerte pudiera haber sido sin intención, pero éste fue un

demoledor y, luego, resultó ser un perseguidor de Israel.


Vv. 16—24.


Se da una idea general de la maldad de Joram. Sin duda que su padre le había enseñado

el conocimiento verdadero del Señor pero lo casó mal con la hija de Acab; nada bueno puede venir de la

unión con una familia idólatra.


Vv. 25—29.


Los nombres no hacen naturalezas pero fue malo para la familia de Josafat haber tomado

nombres prestados de la de Acab. La relación de Ocozías con la familia de Acab fue la ocasión de su

maldad y de su caída. Cuando los hombres escogen esposas por sí mismos, que recuerden que están

eligiendo madres para sus hijos. —La providencia así lo ordenó que Ocozías fuera muerto con la casa de

Acab, cuando estuviera llena la medida de su iniquidad. Aquellos que comparten con los pecadores en su

pecado, deben esperar participar con ellos de sus plagas. Que todos los cambios, problemas y maldad del

mundo nos hagan más fervientes para obtener interés en la salvación de Cristo.


CAPÍTULO IX



Versículos 1—10.

Eliseo manda a ungir a Jehú. 11—15. Jehú y los capitanes. 16—29. Jehú mata a Joram y

Ocozías.


30—37. Los perros se comen a Jezabel.

Vv. 1—10.


En estos sucesos y otros similares debemos reconocer la obra secreta de Dios que dispone a los

hombres para que cumplan y respeten sus propósitos. Jehú fue ungido rey de Israel por especial elección

del Señor que aún tenía un remanente de su pueblo y, de todos modos, conservaría su culto entre ellos. Se

le recuerda esto a Jehú. Se le manda destruir la casa de Acab y, en la medida en que actuó obedeciendo a

Dios, y con principios justos, no tuvo que considerar reproche ni oposición. —El asesinato de los profetas de

Dios se destaca con firmeza. Jezabel persistió en su idolatría y enemistad contra Jehová y sus siervos, y su

iniquidad ahora estaba completa.


Vv. 11—15.

Los que entregan fielmente el mensaje del Señor a los pecadores, en todas las épocas han
sido tratados como locos. El juicio, el modo de hablar y la conducta de ellos son contrarios a los de los

demás hombres; ellos soportan mucho para lograr sus objetivos y son influidos por motivos a los cuales los

demás no tienen acceso. —Pero, por sobre todo, los mundanos e impíos de todas las clases los acusan de

que, sin duda, están locos; aunque los principios y las costumbres de los siervos de Dios resultan ser sabios

y razonables. Algo de fe en la palabra de Dios parece haber animado a Jehú a esta empresa.


Vv. 16—29.


Jehú era hombre de espíritu fervoroso. La sabiduría de Dios se ve en la elección de quienes

son empleados en su obra. Pero no no es buena reputación para nadie el ser conocido por su furor. El que

se enseñorea de su espíritu es mejor que el fuerte. —Joram encuentra a Jehú en el sitio de Nabot. Las

circunstancias de los acontecimiento son, a veces, ordenadas por la Providencia Divina para que el castigo

corresponda al pecado, como la cara corresponde a la cara del espejo. El camino del pecado nunca puede

ser el camino de paz, Isaías lvii, 21 ¿Qué paz pueden tener los impíos con Dios? Ninguna en tanto persistan

en el pecado; pero cuando se arrepienten del pecado y lo abandonan, hay paz. —Joram murió como

criminal bajo la sentencia de la ley. Ocozías fue unido con la casa de Acab. Fue uno de ellos; él se había

hecho así por el pecado. Peligroso es unirse a los malhechores; por ello nos enredaremos en la culpa y la

miseria.


Vv. 30—37.


En lugar de esconderse como quien teme la venganza divina, Jezabel se burló del temor.

Véase cómo un corazón endurecido contra Dios, lo desafiará hasta el fin. No hay presagio más seguro de

ruina que un corazón que no se humilla bajo las providencias humillantes. Que consideren la conducta y

destino de Jezabel, los que usan de magia para seducir a los demás a que hagan maldades y para sacarlos

de los caminos de la verdad y la justicia. Jehú pidió ayuda contra Jezabel. Cuando está andando la obra

reformadora es hora de preguntar, ¿quién se pone de su lado? —Los ayudantes de ella la entregaron. Así

fue muerta. Véase el final del orgullo y la crueldad y decid: Jehová es justo. Cuando halagamos nuestros

cuerpos pensemos cuán viles son; dentro de poco seremos banquete para los gusanos de debajo del suelo

o para las bestias encima del suelo. Que todos huyamos de la ira que se revela desde el cielo contra toda

impiedad e injusticia de los hombres.


 

2 DE REYES CAPITULOS 7,8, Y 9

2da. de Reyes

Capítulo 07

7:1 Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.
7:2 Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.
7:3 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?
7:4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
7:5 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie.
7:6 Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.
7:7 Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.
7:8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.
7:9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.
7:10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto.
7:11 Los porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey.
7:12 Y se levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, y han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, diciendo: Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad.
7:13 Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan acá también perecerán como toda la multitud de Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay.
7:14 Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: Id y ved.
7:15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.
7:16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.
7:17 Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey descendió a él.
7:18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria.
7:19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.
7:20 Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.


Capítulo 08

8:1 Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años.
8:2 Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años.
8:3 Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos; después salió para implorar al rey por su casa y por sus tierras.
8:4 Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo.
8:5 Y mientras él estaba contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.
8:6 Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.
8:7 Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí.
8:8 Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
8:9 Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
8:10 Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente.
8:11 Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios.
8:12 Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que estén encintas.
8:13 Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú serás rey de Siria.
8:14 Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás.
8:15 El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar.
8:16 En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Judá.
8:17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalén.
8:18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová.
8:19 Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por amor a David su siervo, porque había prometido darle lámpara a él y a sus hijos perpetuamente.
8:20 En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellos.
8:21 Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él; y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo huyó a sus tiendas.
8:22 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo.
8:23 Los demás hechos de Joram, y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
8:24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.
8:25 En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.
8:26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel.
8:27 Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab.
8:28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram.
8:29 Y el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo.


Capítulo 09

9:1 Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad.
9:2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a la cámara.
9:3 Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.
9:4 Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad.
9:5 Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe.
9:6 Y él se levantó, y entró en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová.
9:7 Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel.
9:8 Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo varón, así al siervo como al libre en Israel.
9:9 Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.
9:10 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir.
9:11 Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.
9:12 Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel.
9:13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey.
9:14 Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria;
9:15 pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.
9:16 Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram.
9:17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz?
9:18 Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.
9:19 Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo.
9:20 El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
9:21 Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel.
9:22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?
9:23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías: ¡Traición, Ocozías!
9:24 Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro.
9:25 Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:
9:26 Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová.
9:27 Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí.
9:28 Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.
9:29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá.
9:30 Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana.
9:31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor?
9:32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o tres eunucos.
9:33 Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la atropelló.
9:34 Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey.
9:35 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
9:36 Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel,
9:37 y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.