lunes, abril 22

COMENTARIO DE 1 DE CRONICAS CAPITULOS, 16,17 Y 18

CAPÍTULO XVI



Versículos 1—6.

La solemnidad con que se colocó el arca. 7—36. El salmo de alabanza de David. 37—43.

Ordenamiento de la adoración de Dios.



Vv. 1—6.


Aunque la Palabra y las ordenanzas de Dios puedan estar veladas y eclipsadas por un tiempo,

resplandecerán en la oscuridad. Esto no era sino una tienda, una humilde morada, pero este era el

tabernáculo del que David habla tan a menudo con tanto afecto en sus salmos. David se mostró generoso

con sus súbditos, como había hallado bondadoso a Dios con él. Aquellos cuyos corazones están

ensanchados de santo gozo, lo demostrarán con su mano abierta.


Vv. 7—36.


Que Dios sea glorificado en nuestras alabanzas. Que otros sean edificados y enseñados,

que los extranjeros sean guiados a adorarle. Que nosotros mismos triunfemos y confiemos en Dios. Los que

dan gloria al Nombre de Dios tienen permiso para gloriarse en Él. Que el pacto eterno sea el gran tema de

nuestro gozo y alabanza. Sea cuidadoso con su pacto. Que las misericordias pasadas de Dios para su

pueblo antiguo, sean recordadas por nosotros con gratitud. Que muestre su salvación de día en día, su

salvación prometida por Cristo. Tenemos razón para celebrar eso cada día, pues diariamente recibimos su
beneficio y es tema que nunca puede agotarse. En medio de las alabanzas no dejar de orar por los siervos

de Dios en dificultades.


Vv. 37—43.


La adoración de Dios debiera ser la obra de cada día. David lo ordenó. Asaf y sus

hermanos tenían que ministrar continuamente con cánticos de alabanza ante el arca que estaba en

Jerusalén. Ahí no se ofrecían sacrificios, no se quemaba incienso, porque no había altares, pero las

oraciones de David eran dirigidas como incienso, y alzar las manos era el sacrificio vespertino. La adoración

espiritual toma el lugar de la ceremonial tan temprano, aunque la adoración ceremonial, siendo instituida por

Dios, no debe ser en absoluto omitida. Por tanto, los sacerdotes atendían los altares en Gabaón puesto que

su tarea era sacrificar y quemar incienso, cosa que hacían continuamente, mañana y tarde, conforme a la

ley de Moisés. Como las ceremonias eran tipos de la mediación de Cristo, su observancia era de gran

importancia. La asistencia atenta de los ministros nombrados es justa en sí misma, y alienta al pueblo.


CAPÍTULO XVII



Los propósitos de David; las bondadosas promesas de Dios.



Este capítulo es el mismo que 2 Samuel vii. Véase que se dice allí del tema. —Es muy claro que lo

dicho en Samuel como “A causa de tu palabra” (v. 21), aquí es “por amor a tu siervo” (v. 19). Jesucristo es la

Palabra de Dios, Apocalipsis xix, 13, y el Siervo de Dios, Isaías xlii, 1; y es por amor a Él, por su mediación,

que se cumplen las promesas a todos los creyentes; es en Él que son sí y amén. Por amor a Él se hacen,

por amor a Él se dan a conocer; a Él debemos toda esta grandeza, de Él tenemos que esperar todas las

cosas grandiosas. Ellas son las inescrutables riquezas de Cristo que, si por fe las vemos en sí mismas y en

el Señor Jesús, no podemos menos que magnificarlo como la única grandeza verdadera y hablar

honrosamente de ellas. Porque esta bendición es la que podemos esperar en medio de las tribulaciones de

la vida, y cuando sintamos sobre nosotros la mano de la muerte; y la procuremos para nuestros hijos,

después de nosotros.


CAPÍTULO XVIII



Las victorias de David



Este capítulo es el mismo que 2 Samuel viii. Nuestra buena batalla de la fe, mandados por el Capitán de

nuestra salvación, terminará en el triunfo y la paz eternas. La felicidad de Israel, por medio de las victorias

de David y su justo gobierno, fueron una débil sombra de la dicha del redimido en los lugares celestiales.

EL 1 LIBRO DE CRONICAS CAPITULOS 17,18 Y 19

1 Crónicas 17

La Palabra (España) (BLP)

La promesa dinástica de Natán (2 Sm 7)

17 Una vez que David se hubo instalado en su casa dijo al profeta Natán:
— Mira, yo estoy viviendo en una casa de cedro, mientras que el Arca de la alianza del Señor está bajo una lona.
2 Natán le respondió:
— Haz lo que estás pensando, que Dios está contigo.
3 Pero aquella misma noche Natán recibió este mensaje del Señor:
4 — Di a mi siervo David: “Esto dice el Señor: No serás tú quien me construya a mí una casa para vivir en ella. 5 Yo nunca he vivido en una casa desde el día en que hice subir a Israel hasta hoy, sino que he estado de tienda en tienda y de santuario en santuario. 6 Y en todo el tiempo en que estuve viajando de un sitio a otro con todo Israel, a ninguno de los jueces que elegí para pastorear a mi pueblo le hablé de construirme una casa de cedro”. 7 Ahora, pues, dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor del universo: Yo te saqué de los pastos y de cuidar rebaños para ser el jefe de mi pueblo, Israel; 8 te he acompañado en todas tus andanzas, te he quitado de la vista a tus enemigos y pienso hacerte tan famoso como los más famosos de la tierra. 9 Asignaré un lugar a mi pueblo, Israel, y lo asentaré en él para que lo habite sin sobresaltos y sin que los malvados vuelvan a humillarlo, como al principio 10 cuando nombré jueces en mi pueblo, Israel; también someteré a todos tus enemigos. Además, te anuncio que el Señor te edificará una dinastía. 11 Y cuando tu vida se acabe para irte con tus antepasados, mantendré después de ti a tu descendencia, a uno de tus hijos, y consolidaré su reino. 12 Él me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. 13 Yo seré su padre y él será mi hijo, y no le retiraré mi fidelidad, como se la retiré a tu predecesor. 14 Lo estableceré en mi casa y en mi reino eternamente y su trono quedará consolidado para siempre”.
15 Natán comunicó a David todas estas palabras y visiones.
16 Entonces el rey David entró a presentarse ante el Señor y dijo:
— ¿Quién soy yo, Dios, el Señor, y qué es mi familia para que me hayas hecho llegar hasta aquí? 17 Y por si te pareciera poco, oh Dios, te has referido a la dinastía de tu siervo para el futuro y me has tratado como a una persona importante, Dios, el Señor. 18 ¿Qué más podría yo añadirte en relación con el honor de que has revestido a tu siervo, si tú me conoces de sobra? 19 Señor, por amor a tu siervo y según tu voluntad has realizado toda esta gran obra, para dar a conocer todas tus maravillas. 20 Señor, no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, por todo lo que ha llegado a nuestros oídos. 21 ¿Qué otra nación hay en la tierra que sea como tu pueblo, Israel, a quien Dios haya ido a rescatar para convertirlo en su pueblo y hacerte famoso con grandes hazañas y prodigios y expulsando a las naciones ante tu pueblo, al que rescataste de Egipto? 22 Has hecho a tu pueblo, Israel, pueblo tuyo para siempre y tú, Señor, te has convertido en su Dios. 23 Así, pues, Señor, que se confirme para siempre la promesa que has hecho a tu siervo y a su familia, y cumple cuanto has dicho. 24 Que se confirme, para que tu nombre sea siempre famoso y puedan decir: “El Señor del universo es el Dios de Israel”. Y que la casa de tu siervo David se mantenga en tu presencia. 25 Puesto que tú, mi Dios, has revelado a tu siervo que le edificarás una dinastía, por eso tu siervo se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. 26 Tú, Señor, eres Dios y has prometido esta dicha a tu siervo. 27 Dígnate, pues, bendecir la dinastía de tu siervo, para que permanezca siempre en tu presencia. Ya que lo que tú bendices, Señor, bendito queda para siempre.


1 Crónicas 18

La Palabra (España) (BLP)

Las guerras de David (18—20)

Victorias de David (2 Sm 8,1-14)

18 Después de esto, David derrotó a los filisteos, los sometió y les arrebató Gat y sus dominios. 2 También derrotó a Moab y quedó sometido a David como vasallo tributario. 3 Más tarde derrotó a Adadézer, rey de Sobá en Jamat, cuando iba a establecer su dominio en el río Éufrates. 4 David le capturó mil carros, siete mil soldados de caballería y veinte mil de infantería, y quebró las patas de todos los caballos de tiro, dejando sólo cien carros. 5 Los arameos de Damasco acudieron a socorrer a Adadézer, rey de Sobá, pero David mató a veinte mil de sus hombres. 6 Luego David puso gobernadores sobre los arameos de Damasco, que le quedaron sometidos como vasallos tributarios. Y el Señor hacía triunfar a David en todas sus campañas.
7 David se apoderó de los escudos de oro que llevaban los oficiales de Adadézer y los llevó a Jerusalén. 8 Y en Tébaj y Cun, ciudades de Adadézer, David se incautó de una gran cantidad de bronce, con el que Salomón fabricó el mar de bronce, las columnas y los utensilios de bronce.
9 Cuando Tou, el rey de Jamat se enteró de que David había derrotado a todo el ejército del rey de Sobá, Adadézer, 10 envió a su hijo Hadorán al rey David para saludarlo y felicitarlo por su victoria en la guerra contra Adadézer, pues este era enemigo de Tou. Hadorán llevaba toda clase de objetos de oro, plata y bronce. 11 El rey David consagró estos objetos al Señor, junto con la plata y el oro requisados a todas las naciones: Edom, Moab, los amonitas, los filisteos y Amalec.
12 Abisay, hijo de Seruyá, derrotó a dieciocho mil edomitas en el valle de la Sal. 13 Luego puso gobernadores en Edom, quedando los edomitas sometidos a David. Y el Señor hacía triunfar a David en todas sus campañas.

Organización de la corte (2 Sm 8,15-18)

14 David reinó sobre todo Israel, administrando el derecho y la justicia para todo su pueblo. 15 Joab, hijo de Seruyá, era el jefe del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era el heraldo; 16 Sadoc, hijo de Ajitub, y Abimélec, hijo de Abiatar, eran los sacerdotes; Sausá era el secretario; 17 Banaías, hijo de Joyadá, era el jefe de los quereteos y peleteos; y los hijos de David eran los principales ayudantes del rey.


1 Crónicas 19

La Palabra (España) (BLP)

Primera campaña amonita (2 Sm 10)

19 Después de esto murió Najás, el rey de los amonitas, y le sucedió en el trono su hijo Janún. 2 David dijo:
— Quiero mostrar a Janún, el hijo de Najás, la misma lealtad que su padre tuvo conmigo.
Y envió embajadores para darle el pésame por su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron al país amonita a dar el pésame a Janún, 3 los dignatarios amonitas dijeron a Janún:
— ¿Crees que David ha enviado emisarios sólo para darte el pésame y mostrarte su estima por tu padre? ¿No habrán venido sus servidores a explorar, espiar y destruir el país?
4 Entonces Janún apresó a los servidores de David, los afeitó, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas y luego los expulsó. 5 Cuando fueron a contar a David lo de estos hombres, él envió mensajeros a su encuentro, pues se sentían muy avergonzados, para decirles:
— Quedaos en Jericó hasta que os crezca la barba y entonces regresáis.
6 Los amonitas comprendieron que habían provocado a David, por lo que Janún y los amonitas enviaron mil talentos de plata para contratar carros y jinetes de Aram Najaráin, de Aram Maacá y de Sobá. 7 Y tomaron a sueldo treinta y dos mil carros y al rey de Maacá con su ejército, que acamparon delante de Madabá. Los amonitas por su parte se reunieron en sus ciudades, dispuestos para la batalla. 8 Cuando David se enteró, envió a Joab con todo el ejército de guerreros. 9 Los amonitas salieron y formaron en orden de batalla a la entrada de la ciudad, mientras los reyes aliados se quedaban aparte, en el campo. 10 Cuando Joab se vio envuelto en un doble frente, por delante y por detrás, escogió un grupo selecto de soldados israelitas y tomó posiciones frente a los arameos. 11 Puso el resto del ejército bajo el mando de su hermano Abisay para que tomara posiciones frente a los amonitas 12 y le dijo:
— Si los arameos me superan, vienes en mi ayuda; y si los amonitas te superan, yo iré a ayudarte. 13 ¡Ánimo y a luchar por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios! Y el Señor hará lo que le plazca.
14 Joab y su gente se lanzaron al ataque contra los arameos, pero estos salieron huyendo ante él. 15 Cuando los amonitas vieron que los arameos huían, también ellos salieron huyendo ante su hermano Abisay y se metieron en la ciudad. Entonces Joab regresó a Jerusalén.
16 Al verse derrotados por Israel, los arameos enviaron emisarios para hacer venir a los arameos del otro lado del Éufrates, al mando de Sofac, jefe del ejército de Adadézer. 17 Informado de ello, David movilizó a todo Israel, cruzó el Jordán, llegó donde estaban y tomó posiciones frente a ellos. David formó sus tropas contra los arameos y estos le presentaron batalla. 18 Pero finalmente se dieron a la fuga ante Israel y David dio muerte a siete mil jinetes y cuarenta mil infantes. También mató a Sofac, jefe del ejército. 19 Al verse derrotados por Israel, los vasallos de Adadézer sellaron la paz con David y le quedaron sometidos. Y a partir de entonces los arameos se negaron a seguir ayudando a los amonitas.