sábado, enero 1

OTRO COMENTARIO DEL LIBRO DE COLOSESNSES

Este cOmentario de la epistola a los Colosenses fue escrito por HENRY MATTHEW
Esta epístola fue enviada por ciertas dificultades que surgieron entre los colosenses, debido a
falsos maestros, a causa de lo cual recurrieron al apóstol. El alcance de la epístola es demostrar que
toda la esperanza de redención del hombre se funda solo en Cristo, en el cual están toda la plenitud,
las perfecciones y toda la suficiencia. Se advierte a los colosenses contra las artimañas de los
maestros judaizantes y contra las nociones de sabiduría carnal e invenciones y tradiciones humanas,
que no armonizan con la confianza total en Cristo. El apóstol usa los dos primeros capítulos para
decirles qué deben creer y en los dos últimos qué deben hacer: la doctrina de la fe y los preceptos de
la vida para salvación.
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CAPÍTULO I
Versículos 1—8. El apóstol Pablo saluda a los colosenses y bendice a Dios por la fe, el amor y la
esperanza de ellos. 9—14. Ora para que lleven fruto en conocimiento espiritual. 15—23. Da
una visión gloriosa de Cristo. 24—29. Establece su propio carácter como apóstol de los
gentiles.
Vv. 1—8. Todos los cristianos verdaderos son hermanos entre sí. La fidelidad va en todo aspecto y
relación de la vida cristiana. —La fe, la esperanza, y el amor son las tres virtudes principales de la
vida cristiana, y el tema apropiado para orar y dar gracias. Mientras más fijamos nuestras
esperanzas en la recompensa del otro mundo, más libres estaremos para hacer el bien con nuestro
tesoro terrenal. Estaba reservado para ellos; ningún enemigo podía quitárselos. —El evangelio es la
palabra de verdad y podemos arriesgar nuestras almas sobre esta base, con la seguridad de un buen
resultado. Todos los que oyen la palabra del evangelio, deben dar el fruto del evangelio, obedecerla
y tener sus principios y vidas formados conforme a ello. El amor al mundo surge de puntos de vista
interesados, o de similitud en modales; el amor carnal surge del apetito de placeres. A estos siempre
se aferra algo corrupto, egoísta y bajo. Pero el amor cristiano surge del Espíritu Santo y está lleno
de santidad.
Vv. 9—14. El apóstol era constante para orar que los creyentes fueran llenos del conocimiento
de la voluntad de Dios con toda sabiduría. Las buenas palabras no sirven sin buenas obras. El que
emprende el fortalecimiento de su pueblo es un Dios de poder, y de poder glorioso. El bendito
Espíritu es el autor de esto. Al orar por fuerza espiritual, no somos presionados ni confinados en las
promesas, y no debemos serlo en nuestras esperanzas y deseos. La gracia de Dios en los corazones
de los creyentes es el poder de Dios y hay gloria en este poder. El uso especial de esta fuerza era
para los sufrimientos. Hay obra que realizar aunque estemos sufriendo. —En medio de todas sus
tribulaciones ellos daban gracias al Padre de nuestro Señor Jesucristo cuya gracia especial los
preparaba para participar de la herencia provista para los santos. Para ejecutar este cambio fueron
hechos súbditos de Cristo, los que eran esclavos de Satanás. Todos los que están destinados para el
cielo en el más allá, están preparados ya para el cielo. Los que tienen la herencia de hijos tienen la
educación de hijos, y la disposición de hijos. Por fe en Cristo disfrutan esta redención, como la
compra de su sangre expiatoria mediante la cual se otorgan el perdón de los pecados y todas las
demás bendiciones. Seguramente entonces consideraremos un favor el ser liberados del reino de
Satanás y llevados al de Cristo, sabiendo que todas las tribulaciones terminarán pronto y que cada
creyente será contado entre los salidos de la gran tribulación.
Vv. 15—23. Cristo en su naturaleza humana es la revelación visible del Dios invisible y quien le
ha visto a Él ha visto al Padre. Adoremos estos misterios con fe humilde y contemplemos la gloria
de Jehová en Cristo Jesús. Nació o fue engendrado antes de toda la creación, antes que fuera hecha
la primera criatura; este el modo de la Escritura de representar la eternidad, y por el cual la
eternidad de Dios nos es representada. Siendo todas las cosas creadas por Él, fueron creadas para
Él; siendo hechas por su poder, fueron hechas conforme a su beneplácito y para alabanza de su
gloria. No sólo las creó todas al principio; por la palabra de su poder las sustenta. —Cristo como
Mediador es la Cabeza del cuerpo, la Iglesia; toda gracia y fuerza son de Él; y la Iglesia es su
cuerpo. Toda plenitud habita en Él; la plenitud de mérito y justicia, de fuerza y gracia para nosotros.
Dios mostró su justicia al requerir plena satisfacción. Este modo de redimir a la humanidad por la
muerte de Cristo fue el más apto. Aquí se presenta ante nuestra visión el método de ser reconciliado.
Pese al odio hacia el pecado por parte de Dios, plugo a Dios reconciliar consigo al hombre caído. Si
estamos convencidos en nuestra mente de que éramos enemigos por las malas obras, y que ahora
estamos reconciliados a Dios por el sacrificio y muerte de Cristo según nuestra naturaleza, no
intentaremos explicar ni siquiera pensar en comprender plenamente estos misterios, pero veremos la
gloria de este plan de redención y nos regocijaremos en la esperanza que nos es puesta por delante.
Si el amor de Dios por nosotros es tan grande, ¿ahora qué podemos hacer por Dios? Orar con
frecuencia y abundar en los deberes santos y no vivir más para sí mismo, sino para Cristo, el que
murió por nosotros. Pero, ¿para qué? ¿para que sigamos viviendo en el pecado? No, sino para que
muramos al pecado y vivamos entonces no para nosotros sino para Él.
Vv. 24—29. Los sufrimientos de la Cabeza y de los miembros son llamados sufrimientos de
Cristo, y hechos, como si lo fueran, un cuerpo de sufrimientos. Pero Él sufrió por la redención de la
Iglesia; nosotros sufrimos por otras cosas, porque sólo saboreamos ligeramente esa copa de
aflicciones que Cristo bebió primero hasta las heces. Puede decirse que el cristiano cumple lo que
falta de los sufrimientos de Cristo cuando toma su cruz, y según la pauta de Cristo, sufre
pacientemente las aflicciones que Dios le asigna. —Seamos agradecidos que Dios nos haya dado a
conocer los misterios ocultos por edades y generaciones y haya mostrado las riquezas de su gloria
entre nosotros. Al predicarse a Cristo entre nosotros preguntemos honestamente si Él habita y reina
en nosotros; porque sólo esto puede garantizar nuestra esperanza de su gloria. Debemos ser fieles
hasta la muerte en medio de todas las pruebas para recibir la corona de vida y alcanzar la meta de
nuestra fe: la salvación de nuestras almas.
CAPÍTULO II
Versículos 1—7. El apóstol expresa su amor a los creyentes, y su gozo en ellos. 8—17. Advierte
contra los errores de la filosofía pagana; también contra las tradiciones y ritos judaicos que
fueron cumplidos en Cristo. 18—23. Contra adorar ángeles, y contra las ordenanzas legales.
Vv. 1—7. El alma prospera cuando conocemos claramente la verdad en Jesús. Entonces creemos no
sólo con el corazón, sino que estamos dispuestos a confesar con la boca cuando se nos pida. El
conocimiento y la fe enriquecen el alma. Mientras más fuerte es nuestra fe, y más cálido nuestro
amor, más grande será nuestro consuelo. Los tesoros de la sabiduría están ocultos, no de nosotros,
sino para nosotros en Cristo. Fueron escondidos de los incrédulos orgullosos, pero exhibidos en la
persona y la redención de Cristo. —Nótese el peligro de las palabras persuasivas: ¡cuántos se
destruyen con los disfraces falsos y las bellas apariencias de principios malos y de las prácticas
impías! Estad vigilantes y temed a los que desean seducir para cualquier mal, porque su propósito
es corromperos. Todos los cristianos han recibido al Señor Jesucristo; al menos por profesión le
aceptaron y le tomaron como suyo. No podemos edificar ni crecer en Cristo si primero, no estamos
arraigados o fundamentados en Él. Estando afirmados en la fe podemos abundar y mejorar más y
más en ella. Dios quita con justicia este beneficio a quienes no lo reciben con acción de gracias; con
justicia, Dios requiere gratitud por sus misericordias.
Vv. 8—17. Hay una filosofía que ejercita correctamente nuestras facultades de raciocinio: el
estudio de las obras de Dios, que nos lleva al conocimiento de Dios y confirma nuestra fe en Él.
Pero hay una filosofía que es vana y engañosa; y aunque complace las fantasías de los hombres,
obstaculiza la fe de ellos: tales son las especulaciones curiosas sobre cosas que no trascienden o no
nos interesan. Los que van por el camino del mundo se han apartado de seguir a Cristo. En Él
tenemos la sustancia de todas las sombras de la ley ceremonial. Todos los defectos de la ley están
compensados en el evangelio de Cristo por su sacrificio completo por el pecado, y por la revelación
de la voluntad de Dios. Ser completo es estar equipado con todas las cosas necesarias para la
salvación. Por esta sola palabra, “completo” se indica que tenemos todo lo requerido en Cristo. “En
Él”, no cuando miramos a Cristo como si estuviese lejos de nosotros, sino cuando tenemos a Cristo
habitando y permaneciendo en nosotros. Cristo está en nosotros y nosotros en Él cuando por el
poder del Espíritu, la fe obra en nuestros corazones por el Espíritu y somos unidos a nuestra
Cabeza. La circuncisión del corazón, la crucifixión de la carne, la muerte y sepultación al pecado y
al mundo, y la resurrección a la novedad de vida, simbolizadas en el bautismo, y por fe obrada en
nuestros corazones, demuestran que nuestros pecados han sido perdonados, y que estamos
completamente liberados de la maldición de la ley. —Por medio de Cristo somos resucitados los
que estábamos muertos en el pecado. La muerte de Cristo fue la muerte de nuestros pecados; la
resurrección de Cristo es la vivificación de nuestras almas. Cristo sacó del camino la ley de las
ordenanzas que fue yugo para los judíos, y muro de separación para los gentiles. Las sombras
huyeron cuando la sustancia se hizo presente. Como todo mortal es culpable de muerte, por lo
escrito en la ley, ¡qué espantosa es la situación de los impíos réprobos que pisotean la sangre del
Hijo de Dios, que es lo único con que puede borrarse esta sentencia! Que nadie se perturbe con los
juicios fanáticos relacionados a la carne o a las solemnidades judías. Apartar un tiempo para adorar
y servir a Dios es un deber ineludible que no depende necesariamente del séptimo día de la semana,
el día de reposo de los judíos. El primer día de la semana o el día del Señor es el tiempo que los
cristianos guardan santo en memoria de la resurrección de Cristo. Todos los ritos judaicos eran
sombra de las bendiciones del evangelio.
Vv. 18—23. Parecía humildad recurrir a los ángeles, como si los hombres tuviesen conciencia
de su indignidad para hablar directamente a Dios, pero eso no tiene respaldo, porque toma la honra
debida sólo a Cristo y se la confiere a la criatura. En esta humildad aparente había un verdadero
orgullo. Los que adoran ángeles desconocen a Cristo que es el único Mediador entre Dios y el
hombre. Recurrir a otros mediadores fuera de Cristo es un insulto para Él, que es la Cabeza de la
Iglesia. Cuando los hombres se apartan de Cristo, se asen de eso que no les sirve. —El cuerpo de
Cristo es un cuerpo que crece. Los creyentes verdaderos no pueden vivir según las modas del
mundo. La sabiduría verdadera es mantenerse apegado a los designios del evangelio: por entero
sometidos a Cristo que es la única Cabeza de su Iglesia. Los sufrimientos y los ayunos impuestos a
uno mismo pueden dar el espectáculo de rara espiritualidad y voluntad de sufrir, pero no son
“ningún honor” para Dios. Todo tendía, erróneamente, a satisfacer la mente carnal gratificando la
voluntad propia, la sabiduría propia, la justicia propia y despreciando al prójimo. Siendo las cosas
como son, no tienen en sí mismas sólo la apariencia de la sabiduría o son una simulación tan débil
que no le hacen bien al alma, ni proveen para la satisfacción de la carne. Lo que el Señor ha
determninado que sea indiferente, considerémolo como tal, y permitamos una libertad semejante al
prójimo; recordando la naturaleza pasajera de las cosas terrenales, procuremos glorificar a Dios al
usarlas.
CAPÍTULO III
Versículos 1—4. Exhortación a los colosenses para que miren al cielo, 5—11. a mortificar todos
los afectos corruptos, 12—17. a vivir en amor, tolerancia y perdón mutuos, 18—25. y a cumplir
los deberes de esposa y marido, hijos, padres y siervos.
Vv. 1—4. Puesto que los cristianos están libres de la ley ceremonial deben andar más cerca de Dios
en la obediencia del evangelio. Como el cielo y la tierra son opuestos entre sí, no pueden seguirse al
mismo tiempo; y el afecto por uno debilitará y abatirá el afecto por el otro. Los que han nacido de
nuevo están muertos al pecado, porque su dominio está roto, su poder paulatinamente vencido por
la operación de la gracia, y a la larga, será extinguido por la perfección de la gloria. Entonces, estar
muertos significa esto: que quienes tienen el Espíritu Santo, que mortifica en ellos las
concupiscencias de la carne, son capaces de despreciar las cosas terrenales y desear las celestiales.
En el presente, Cristo es alguien a quien no hemos visto, pero nuestro consuelo es que nuestra vida
está a salvo en Él. Las corrientes de esta agua viva fluyen al alma por la influencia del Espíritu
Santo por la fe. Cristo vive en el creyente por su Espíritu, y el creyente vive para Él en todo lo que
hace. En la segunda venida de Cristo habrá una reunión general de todos los redimidos; y aquellos
cuya vida está ahora escondida con Cristo, se manifestarán con Él en su gloria. Esperamos esa
dicha, ¿no deberíamos poner nuestros afectos en aquel mundo y vivir por encima de éste?
Vv. 5—11. Es nuestro deber mortificar nuestros miembros que se inclinan a las cosas de este
mundo. Mortificarlos, matarlos, suprimirlos, como malezas o gusanos que se desparraman y
destruyen todo a su alrededor. Debemos oponernos continuamente a todas las obras corruptas sin
hacer provisión para los placeres carnales. Debemos evitar las ocasiones de pecar: la concupiscencia
de la carne, y el amor al mundo; y la codicia que es idolatría; el amor del bien actual y los placeres
externos. —Es necesario mortificar los pecados porque si no los matamos, ellos nos matarán a
nosotros. El evangelio cambia las facultades superiores e inferiores del alma, y sostiene la regla de
la recta razón y de la conciencia por sobre el apetito y la pasión. —Ahora no hay diferencia de país,
de condición o de circunstancia de vida. Es deber de cada uno ser santo, porque Cristo es el Todo
del cristiano, su único Señor y Salvador, y toda su esperanza y felicidad.
Vv. 12—17. No sólo no debemos dañar a nadie; debemos hacer todo el bien que podamos a
todos. Los que son escogidos de Dios, santos y amados, deben ser humildes y compasivos con
todos. Mientras estemos en este mundo, donde hay tanta corrupción en nuestros corazones, a veces
surgirán contiendas, pero nuestro deber es perdonarnos unos a otros imitando el perdón por cual
somos salvados. Que la paz de Dios reine en vuestros corazones; es su obra en todos los que le
pertenecen. La acción de gracias a Dios ayuda a hacernos agradables ante todos los hombres. El
evangelio es la palabra de Cristo. Muchos tienen la palabra, pero habita pobremente en ellos; no
tiene poder sobre ellos. El alma prospera cuando estamos llenos de las Escrituras y de la gracia de
Cristo. Cuando cantamos salmos debemos ser afectados por lo que cantamos. Hagamos todo en el
nombre del Señor Jesús, y dependiendo con fe en Él, sea lo que sea en que estemos ocupados. A los
que hacen todo en el nombre de Cristo nunca les faltará tema para dar gracias a Dios, al Padre.
Vv. 18—25. Las epístolas que se preocupan más en exhibir la gloria de la gracia divina y a
magnificar al Señor Jesús, son las más detalladas al enfatizar los deberes de la vida cristiana. Nunca
debemos separar los privilegios de los deberes del evangelio. —La sumisión es el deber de las
esposas, pero no es someterse a un tirano austero o a un adusto señor, sino a su marido que está
comprometido al deber afectuoso. Los maridos deben amar a sus esposas con afecto fiel y tierno. —
Los hijos dóciles son los que más probablemente prosperen, como asimismo los hijos obedientes.
—Los siervos tienen que cumplir su deber y obedecer las órdenes de sus amos en todas las cosas
que corresponden al deber con Dios, su Amo celestial. Deben ser justos y diligentes, sin intenciones
egoístas, hipocresías ni disfraces. Los que temen a Dios serán justos y fieles cuando estén fuera de
la vista de sus amos, porque saben que están bajo el ojo de Dios. Hagan todo con diligencia, no con
ocio ni pereza; alegremente, no descontentos con la providencia de Dios que los puso en esa
relación. Y para estímulo de los siervos, sepan que sirven a Cristo cuando sirven a sus amos
conforme al mandamiento de Cristo, y que al final, Él les dará una recompensa gloriosa. Por otro
lado, el que hace el mal recibirá el mal que haya hecho. Dios castigará al siervo injusto y premiará
al siervo justo; lo mismo si los amos hacen el mal a sus siervos. Porque el Juez justo de la tierra
tratará con justicia a amo y siervo. Ambos estarán al mismo nivel en su tribunal. ¡Qué feliz haría al
mundo la religión verdadera si prevaleciera por doquier influyendo en todo estado de cosas y toda
relación de vida! Pero la profesión de las personas que descuidan los deberes, y que dan causa justa
de quejas a quienes se relacionan con ellas, se engañan a sí mismas y también acarrea reproches
para el evangelio.
CAPÍTULO IV
Versículos 1. Los amos cumplen su deber con sus siervos. 2—6. Las personas de todos los rangos
tienen que perseverar en la oración y en la prudencia cristiana. 7—9. El apóstol se refiere a
otros para dar cuenta de sus asuntos. 10—18. Envía saludos y concluye con una bendición.
V. 1. El apóstol procede a tratar el deber de los amos con sus siervos. No sólo se les pide justicia,
sino estricta equidad y bondad. Deben tratar a los siervos como esperan que Dios los trate a ellos.
Vv. 2—6. No pueden desempeñarse rectamente los deberes si no perseveramos en la oración
ferviente, y velamos con acción de gracias. La gente tiene que orar en particular por sus ministros.
—Se exhorta a los creyentes a una conducta justa con los incrédulos. Tened cuidado en todo lo que
converséis con ellos, en hacerles el bien, y dar prestigio a la religión por todos los medios lícitos. La
diligencia para redimir el tiempo da buen testimonio de la religión ante la buena opinión ajena. Aun
lo que sólo es un descuido puede causar un perjuicio duradero a la verdad. —Todo discurso debe ser
discreto y oportuno, como corresponde a los cristianos. Aunque no siempre sea de gracia, siempre
debe ser con gracia. Aunque nuestro discurso sea sobre algo común, debe ser, sin embargo, de un
modo cristiano. La gracia es la sal que sazona nuestro discurso e impide que se corrompa. No basta
con responder lo que se pregunta a menos que también respondamos rectamente.
Vv. 7—9. Los ministros son siervos de Cristo y consiervos unos de otros. Ellos tienen un Señor
aunque tengan diferentes puestos y poderes para el servicio. Gran consuelo en los problemas y
dificultades de la vida es tener compañeros cristianos que se preocupen por nosotros. —Las
circunstancias de la vida no hacen diferencia para la relación espiritual entre los cristianos sinceros;
ellos participan de los mismos privilegios y tienen derecho a las mismas consideraciones. ¡Qué
cambios sorprendentes hace la gracia divina! Los siervos infieles llegan a ser hermanos amados y
fieles, y algunos que habían hecho el mal, llegan a ser colaboradores del bien.
Vv. 10—18. Pablo tuvo diferencias con Bernabé debido a Marcos, pero no sólo se reconciliaron,
sino que lo recomienda a las iglesias; un ejemplo del espíritu cristiano que perdona verdaderamente.
Si los hombres han sido culpables de una falta, no siempre debe serles recordadas en su contra.
Debemos olvidar y perdonar. —El apóstol tuvo el consuelo de la comunión de santos y ministros.
Uno es su consiervo, otro es compañero de prisiones, y todos son sus colaboradores, ocupados en su
salvación y dedicándose a promover la salvación de otros. —La oración eficaz, ferviente, es la
oración que prevalece y sirve de mucho. Las sonrisas, los halagos o el enojo del mundo, el espíritu
de error, o la obra del amor propio, conduce a muchos a un modo de predicar y de vivir que dista
mucho de cumplir con el ministerio de ellos, pero los que predican la misma doctrina que Pablo, y
siguen su ejemplo, pueden esperar el favor divino y su bendición.

COMENTARIO DE COLOSENSES CAPITULO 2

Colosenses 2



2:1 Porque (este versículo está conectado con 1:29) quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea (4:16, ellos leerán esta carta; Apoc. 3:14), y por todos los que nunca han visto mi rostro (p. ej., los de Hierápolis, 4:13). -- Recuérdese Pablo sostenía esta lucha como preso en Roma. "Se trata de una lucha interior de ansiedad, como el merimna para todas las iglesias, 2a Co. 11:28", (ATR). Sin duda Pablo luchaba por ellos en sus oraciones (compárese 4:12), pero también en esta carta él está luchando al instruir, exhortar y amonestar a estos hermanos acerca de los peligros de la herejía que se había introducido entre ellos. En ese momento no podía estar seguro de la condición espiritual de estos hermanos; sólo sabía que había problema en las iglesias causado por quienes les querían engañar con una filosofía hueca (2:8).

Probablemente los colosenses no se imaginaban cómo Pablo se preocupaba por ellos, como también por todas las iglesias. El gran amor y preocupación de los evangelistas, ancianos y otros hermanos maduros siempre fortalece a los hermanos débiles. Es desastroso cuando los débiles piensan que nadie se preocupa por ellos ("ni hay quien cuide de mi alma", Sal. 142:4 LBLA). Pablo dijo de Timoteo, "pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros" (Fil. 2:20). Todos los cristianos deben preocuparse los unos por los otros (1 Cor. 12:25-27).

Pablo ora por los hermanos, pues, para suplir la falta de su presencia entre ellos.



2:2 para que sean consolados (alentados, LBLA; 4:7, 8; Ef. 6:22; 2 Tes. 2:17) sus corazones, unidos (tejidos juntos, mayormente en vista de la amenaza de la filosofía hueca, 2:8, 17) en amor ("vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad", 3:14, es decir, el elemento de tejer, Efes. 3:17; 4:16; 5:2), hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento (“plena seguridad de comprensión”, LBLA); -- Pablo quería que los colosenses tuviesen las riquezas de la plena seguridad de comprensión (una convicción fuerte) que resulta del conocimiento del evangelio verdadero. "Nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre" (1 Tes. 1:5). Todo cristiano debe tener plena comprensión de todo asunto espiritual, y también una fuerte convicción que no permita que sea sacudido por los falsos maestros.

Pablo rogaba a Dios por los efesios (y también por nosotros) "que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios" (Efes. 3:17-19).

-- a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, (misterio de Dios, es decir, de Cristo, LBLA; 1:27) -- Pablo quería que el entendimiento de los hermanos se desarrollara de tal manera que apreciaran las incalculables riquezas del evangelio. No quería que hubiera duda alguna. El misterio de Dios es Cristo (1 Tim. 3:16).

Todos los hermanos podían alcanzar el conocimiento del misterio de Dios; con casi cada palabra Pablo combate a los gnósticos, pues estos decían que solamente los "iniciados" (un grupo elegido o selecto) podían conocer los misterios. Sin duda el clero romano ha sido influenciado por ellos para concebir la distinción entre los llamados clérigos y laicos.



2:3 en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. -- Para los gnósticos Cristo era sólo uno de los seres intermediarios entre Dios y el hombre, pero Pablo enfáticamente afirma que en El están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. El es la verdad (Jn. 14:6). El es la plenitud de la Deidad corporalmente (2:9). "El Nuevo Testamento magnifica la sabiduría de Dios revelada en la locura de la cruz (1 Cor. 1:18-25), en la iglesia (Efes. 3:10), y en la obra de la providencia de Dios en beneficio de Israel y de los gentiles (Rom. 11:33)" (GH).

Al decir que estos tesoros están escondidos en Cristo Pablo quería decir que se encuentran en El, pues Pablo mismo explica que lo que era misterio ahora se ha revelado, Efes. 3:3-6; Cristo es el misterio, 1 Tim. 3:16. El misterio -- el evangelio de Cristo -- está escondido todavía (en sentido literal) para los que tienen sus ojos cerrados y sus oídos tapados, Mat. 13:11, 15-17, pues el sol no alumbra al ciego (Mat. 11:25). Nos conviene esforzarnos (agonizar) por cavar y descubrir este tesoro. Los que con empeño estudian todos los días descubren nuevos tesoros, pues al seguir leyendo los mismos textos descubren nuevas joyas.

El tesoro del evangelio está accesible a todos, pero todavía está escondido de los que no quieren dejar la sabiduría humana (2:8, 23, etc.), que no sólo incluye los "mandamientos y doctrinas de hombres" (2:22) contenidos en los credos oficiales de las iglesias, sino también los dichos populares; p. ej., que no importa lo que uno crea, sólo que sea sincero, o que tenga buena conciencia; que no importa lo que uno sea religiosamente, sólo que tenga a Dios en su corazón; que toda doctrina que se enseñe es cuestión de la interpretación de cada quien (o de cada iglesia); que cualquier cosa se puede probar con la Biblia, y muchos otros dichos semejantes que la gente acepta y repite como el perico, y que están lejos de ser verdades proclamadas por la boca de Dios.



2:4 Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas. -- "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas" (2:8); "Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad" (2:16). Pablo estaba muy preocupado por estos hermanos, pues sabía que la herejía que se enseñaba entre ellos era muy destructiva.

El conocimiento verdadero -- el de los cristianos -- se basa en la realidad (Cristo es la verdad, 1 Cor. 2:4) y, por eso, no debe ser olvidado o dejado para aceptar los argumentos huecos, aunque persuasivos, de los falsos maestros cuyos argumentos suenan bien a los oídos de los que no saben o no aman la verdad. Estos fingen mucha humildad y piedad (2 Cor. 11:13-15) y citan textos que según indoctos parecen apoyar su enseñanza. Por lo tanto, "que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo" (Efes. 4:14, 15).

"Palabras persuasivas es la traducción del término griego pithanologia. El término pertenecía al lenguaje de los tribunales de justicia; indicaba el poder persuasivo de los argumentos del abogado, la clase de argumentos que pueden hacer que el mal aparezca como la mejor razón, que el criminal escape al justo castigo; el poder que podía arrastrar a una asamblea hasta a seguir por caminos torcidos" (WB). Como dice Isaías 5:20, "¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!" Lamentablemente muchos hombres hacen precisamente esto con "sus palabras persuasivas".

Con palabras persuasivas los judaizantes convencían a muchos hermanos gentiles que debieran someterse a la circuncisión y a la guarda de la ley de Moisés para ser justificados. Con palabras persuasivas los fariseos convencían a muchos judíos a seguir la tradición aunque ésta violara el mandamiento de Dios. En la actualidad millones son convencidos por las palabras persuasivas de los del Atalaya, por los "élderes" mormones, por los calvinistas y por otros sectarios.

Lo más triste de todo es que aun dentro de la iglesia del Señor andan falsos maestros con palabras persuasivas engañando a los santos: Por ejemplo: (1) algunos han abandonado el plan de salvación y prefieren el calvinismo, lo cual enseñan con mucho entusiasmo; (2) algunos han abandonado la autonomía de la iglesia local y enseñan que las iglesias de Cristo pueden imitar a los sectarios en su práctica de centralizar sus fondos (en alguna institución o en una "iglesia patrocinadora") para hacer lo que suelen llamar "las buenas obras"; (3) algunos han abandonado el evangelio que salva el alma y promueven el evangelio social, es decir, el evangelio del bienestar físico (por eso, forman organizaciones para establecer clínicas, repartir ropa y comida, enviar "misioneros médicos", etc.); (4) algunos dicen que la enseñanza de Jesús en Mat. 5:32; 19:9 no es para los inconversos y, por eso, aunque alguno se haya divorciado y vuelto a casarse dos o tres (o más) veces (no por causa de fornicación), al bautizarse debe quedarse en su presente estado matrimonial; (5) otros hermanos simplemente afirman que todos los divorciados pueden volverse a casar; (6) otros hermanos imitan a los testigos del Atalaya al negar la Deidad de Cristo; (7) un número creciente de hermanos que han sido muy fieles (conservando el patrón de sanas palabras) ahora enseñan que Romanos 14 requiere que se reciban a los que enseñan falsa doctrina sobre el divorcio y segundas nupcias y otros errores.

La preocupación de Pablo debe ser la nuestra en la actualidad, porque muchísimos hombres andan engañando con palabras persuasivas a los religiosos, y aun nuestros hermanos en Cristo engañan a los que han obedecido al evangelio puro.



2:5 Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo. -- Pablo quería que los hermanos siguieran fieles y constantes como si él estuviera en medio de ellos, pues en realidad él estaba con ellos en espíritu. Compárese 1 Cor. 5:4. "Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico ... el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere" (4:7-8). "Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón" (1 Tes. 2:17). Hay mucho peligro de que olvidemos a los hermanos que están lejos de nosotros. No debemos ser indiferentes hacia los hermanos de otras partes, dejando de tomar en cuenta sus problemas, sus carencias, y su desaliento. Pablo podía "ver" a sus hermanos de lejos, aun a los desconocidos, "con el ojo de su mente" (WB). Después de hablar de sus muchas persecuciones y sufrimientos, dice, "y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias" (2 Cor. 11:28).

Los falsos maestros amenazaban el bienestar espiritual de los colosenses, pero éstos todavía andaban en "buen orden" y con firmeza. No andaban "desordenadamente" como algunos tesalonicenses (2 Tes. 3:6). La palabra orden es una expresión tomada del servicio militar y se refiere a las estrechas filas de los soldados, y la palabra firmeza se usaba del frente o baluarte sólido para enfrentarse al enemigo. Estos términos indican que cada iglesia local debe ser ordenada: por ejemplo, (1) todo miembro debe asistir a las reuniones de la iglesia, llegando temprano para poder saludar a los hermanos (Rom. 16:16), y debe haber buen orden en el culto, (1 Cor. 14:40); (2) en corregir lo deficiente y escoger ancianos (Tito 1:5); (3) en la disciplina (2 Tes. 3:6, 14); y (4) en la vida consagrada de todos los santos. Nuestro Dios es Dios de orden (Gén. 1, 2; Lev. 1:7, 8; Heb. 8:5). (Véase el estudio sobre este tema en Sermones y artículos V).



2:6 Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, -- Habían aceptado el evangelio puro, tal como les fue entregado, no como la palabra del hombre sino como la palabra de Dios, pero ahora los herejes enseñaban "otro cristo" y "otro evangelio", diciendo que Cristo era sólo uno de los muchos intermediarios entre Dios y el hombre. Pablo denuncia esta herejía y les recuerda del evangelio puro que habían aceptado. Epafras había sido un fiel ministro del evangelio (1:7; 4:12, 13), y ellos habían recibido la verdad.

La palabra recibido (parelabete) indica que se recibe algo transmitido: "Os declaro ... el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis ... os he enseñado lo que asimismo recibí" (1 Cor. 15:1, 3); "Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema" (Gál. 1:9); "Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros" (Fil. 4:9); "recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros" (1 Tes. 2:13); "aprendisteis de nosotros ... ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús" (1 Tes. 4:1, 2); "que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros" (2 Tes. 3:6).

Habían recibido al Señor Jesucristo como "la imagen del Dios invisible" (1:15). No recibieron a un "cristo" que era "un dios", un ser creado, como dicen los testigos del Atalaya. Tampoco recibieron a un "cristo" desprovisto de sus atributos divinos, como dicen algunos de nuestros propios hermanos. El Cristo predicado por Pablo y los otros apóstoles era "Dios sobre todas las cosas" (Rom. 9:5), "nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13), "nuestro Dios y Salvador Jesucristo" (2 Ped. 1:1), "Este es el verdadero Dios, y la vida eterna" (1 Jn. 5:20). "En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9). Cuando Pablo escribió a los filipenses él no predicó a un "cristo" desprovisto de sus atributos divinos. Cuando él dijo que Cristo "se despojó a sí mismo" (Fil. 2:7), inmediatamente explicó cómo Cristo se despojó a sí mismo; es decir, "tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres". De esa manera "se despojó a sí mismo". Se humilló cuando llegó a ser hombre.

En el libro, Hechos de los apóstoles, Lucas explica cómo muchas personas recibieron al Señor Jesucristo, obedeciendo al evangelio: cap. 2, los 3000 judíos el día de Pentecostés; cap. 8, los samaritanos y el eunuco; los capítulos 9, 22, 26, Saulo de Tarso; capítulos 10, 11, Cornelio, el primer converso gentil; cap. 16, Lidia y el carcelero; cap. 18, los corintios; y cap. 19, los efesios. Vemos en estos casos de conversión que oyeron el evangelio, creyeron en Cristo como el Hijo de Dios, se arrepintieron de sus pecados, confesaron a Cristo y fueron bautizados en agua para el perdón de pecados. "A los discípulos se les llamó cristianos" (Hech. 11:26) para honrar a Cristo. Lucas explica que los discípulos oraban fervientemente al Señor, que hacían grandes sacrificios por la obra, llevaban vidas consagradas y, en fin, que buscaban primeramente el reino de Dios y su justicia, manteniendo su orden y firmeza como Pablo enseña aquí. Las congregaciones se identificaban como "iglesias de Cristo" (Rom. 16:16).

En Hechos de los Apóstoles Lucas explica también cuándo los discípulos participaban de la cena del Señor: "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba" (Hech. 20:7). Este orden quedó establecido por la autoridad apostólica. En cuanto al gobierno de la iglesia Lucas explica el orden diciendo que "constituyeron ancianos en cada iglesia" (Hech. 14:23), dando a entender que cada iglesia, por grande o pequeña sea, es independiente y autónoma (bajo Cristo se gobierna sola); además, explica que los ancianos son los obispos de la iglesia: En Hech. 20:17, Pablo "hizo llamar a los ancianos de la iglesia" de Efeso y en Hech. 20:20, al hablar con ellos les dice, "Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos".

-- andad en él; -- Que no fueran movidos del evangelio puro que recibieron (compárese Gál. 1:6-9). Para no ser engañados (2:4) deberían retener la palabra que les fue enseñada. "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste" (2 Tim. 1:13); "Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio" (Heb. 3:14); "lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga" (Apoc. 2:25); "He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona" (Apoc. 3:11)



2:7 arraigados -- como un árbol de raíces profundas recibe suficiente agua y alimento y es casi inconmovible contra los vientos fuertes.

-- y sobreedificados -- como los rascacielos, porque para construirlos primero se da mucha atención al fundamento. La grande y célebre Torre de Pisa, construida en el siglo XII, está inclinada perpendicularmente unos seis metros, porque sus fundadores no pusieron atención a la importancia de buenos fundamentos.

Pablo usa las figuras de plantar y edificar también en Efes. 4:15, 16. El proceso del crecimiento del cristiano no es siempre tan notable. No se puede medir como se mide la estatura de los niños, pero el crecimiento se puede observar de varias maneras. ¿Cómo están nuestras raíces? ¿cómo está el fundamento de nuestra casa? (Mat. 7:24-27; Luc. 6:48).

-- en él, -- No en la hueca y vana filosofía de los gnósticos, sino en el verdadero Cristo Jesús. La salvación se encuentra solamente en Cristo. Ellos fueron "bautizados en Cristo" (2:12; Rom. 6:3; Gál. 3:27). "Por él estáis vosotros en Cristo Jesús" (1 Cor. 1:30); Dios siempre "nos lleva en triunfo en Cristo Jesús" (2 Cor. 2:14); y estando en El "no hay condenación (Rom. 8:1);

-- y confirmados en la fe (Hech. 14:22), así como habéis sido enseñados, -- Los hermanos (p. ej., Epafras) que habían evangelizado a los hermanos de Colosas, de Hierápolis y de Laodicea no les enseñaron la filosofía hueca, sino el evangelio puro de Cristo.

-- abundando en acciones de gracias. -- Por la gracia de Dios que tan ricamente les había bendecido, por la predicación del evangelio que les salvó, y por toda la enseñanza subsecuente que habían recibido para su crecimiento. El verdadero cristiano abundará en acciones de gracias, expresadas no sólo en palabras sino también en obras.

Según este texto (2:1-7), pues, ¿cómo es una iglesia fiel? Es una iglesia (1) consolada, 2:2; (2) unida en amor, 2:2; (3) con pleno entendimiento (o con plena seguridad), 2:2; (4) con poder para resistir a los falsos que quieran engañar con palabras persuasivas, 2:4; (5) con buen orden, 2:5; (6) con una fe firme, 2:5; (7) arraigada y sobreedificada, 2:7; (8) confirmada en la fe, 2:7; y (9) con muchas acciones de gracias, 2:7.



2:8 Mirad que nadie os engañe (que nadie os haga cautivos, LBLA) -- Que no los lleven como despojos de la guerra. Después de la guerra los victoriosos celebraban su victoria haciendo pasar a los cautivos por las calles de la ciudad, presentándolos como los despojos de la guerra, y después del desfile entraban en una dura esclavitud.

Pablo dijo a los colosenses (1:13, 14) que el Padre "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados". De esa manera tenían acceso a "todas las riquezas que proceden de una plena seguridad de comprensión, resultando en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, es decir, de Cristo" (2:2). ¿Alcanzarían estas riquezas si volvieran a la esclavitud? Habiendo sido redimido o librado de las "tinieblas" (p. ej., la filosofía hueca, sea del judaísmo o del paganismo), deberían hacer todo lo posible por evitar tal esclavitud. Ya no eran esclavos de nadie, sino ciudadanos libres en el servicio de Cristo, pero los herejes querían hacerles esclavos de los mandamientos y tradiciones de los hombres. Compárese Gál. 4:9: "Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?"

Al igual que los judaizantes los herejes colosenses querían agregar otras cosas para "ayudar" al evangelio, "no asiéndose de la Cabeza" (2:19). Esto sería como prender una lámpara de petróleo para aumentar la luz del sol. Sería como si uno dejara un automóvil de ocho cilindros para andar en bicicleta; es decir, era simplemente volver atrás.

También significa que para salvarnos Cristo no era suficiente. La Iglesia Católica Romana sufre del mismo mal: agrega a María y a los "santos" porque cree que la mediación de Cristo no es adecuada. Para los tales Cristo no es único ("un sólo Mediador", 1 Tim. 2:5), sino que es necesario que haya muchos intermediarios entre Dios y los hombres.

-- por medio de filosofías -- no necesariamente filosofía pagana, pues en este contexto obviamente Pablo habla principalmente de reglamentos judaicos; según Josefo, en aquellos tiempos cualquier sistema de pensamiento o de disciplina moral se llamaba una filosofía. El dijo que había tres formas de filosofía entre los judíos: la escuela de los fariseos, la de los saduceos y la de los esenios (GH). Los esenios eran ascéticos (2:20-23).

La filosofía (literalmente, amar el conocimiento o la sabiduría) es el análisis de los principios fundamentales del pensamiento y de la conducta. Todo sistema de filosofía humana lleva a la ruina, porque "el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos" (Jer. 10:23). La salvación no podía efectuarse por medio de la filosofía humana. Todos los esfuerzos para encontrar la justicia en sistemas del pensamiento humano despojan a los hombres, robándoles de la verdadera justicia que se encuentra en Cristo. "Todas las filosofías de los hombres, todos los engaños de la sabiduría humana, y todos los rudimentos del mundo descubiertos por el razonamiento humano despojan a los hombres, arruinan sus almas, guiándoles a la muerte eterna por alejarlos de Dios y su salvación" (DL).

Pablo no dice que los herejes de Colosas rechazaban del todo el evangelio. Más bien parece que querían agregarle su filosofía, pero con la adición de cualquier filosofía humana, el evangelio pierde su pureza y, por consiguiente, pierde su poder para salvar (Rom. 1:16). Los judíos querían agregar al evangelio algunas de las leyes de Moisés (2:11,16) y los que tenían ideas gnósticas querían agregar el conocimiento de los misterios. Los dos creían que con la adición de sus enseñanzas perfeccionaban al evangelio, pero en realidad estaban renunciando al evangelio. El agregar equivale a cambiar, y un evangelio cambiado es "otro evangelio" (Gál. 1:6-9).

-- y huecas (vanas, LBLA) sutilezas, -- engaños, "apate, aquello que da una falsa impresión, ya sea por apariencia, afirmación, o influencia, se dice de las riquezas, Mt 13:22; Mr 4:19; del pecado, He 3:13. La frase ‘deseos engañosos’ significa deseos excitados por engaños, de los que el engaño es su fuerza... En 2 Ts 2:10, ‘todo engaño de iniquidad’ significa todo tipo de palabras y acciones carentes de escrúpulos, con el designio de engañar... En Col 2:8, ‘huecas sutilezas’ sugiere que el engaño está vacío de provecho" (WEV).

-- según las tradiciones de los hombres, -- La Biblia presenta el plan divino para la salvación del hombre, pero lastimosamente los hombres tienen sus propios planes para salvar, planes originados por los hombres y transmitidos de hombres a hombres, pero el agua no corre a un nivel más alto que el de su fuente (DL).

La palabra tradición (paradosis) quiere decir simplemente "una transmisión", algo transmitido de una persona a otra. Pablo emplea esta misma palabra al hablar de lo que él recibió del Señor y entregó a los hermanos (p. ej., 1 Cor. 11:2, 23; 15:3; 2 Tes. 2:15; 3:6, véase LBLA, margen). Si la tradición viene de parte de Cristo a través de los apóstoles, es la verdadera enseñanza de Dios, pero si tiene su origen en la mente del hombre, entonces es tradición humana y, por eso, condenable (Mat. 15:8, 9; Col. 2:8). Los falsos maestros suelen decir que aunque tal o cual tradición no aparezcan en las Escrituras, sí proviene de los labios de Jesús o de los apóstoles, pero toda enseñanza que no se encuentra en las Escrituras no es de Cristo sino de los hombres.

-- conforme a los rudimentos (principios elementales, LBLA) del mundo, y no según Cristo. -- Los rudimentos son el abecedario de la filosofía (religión) judaica o gentil. Los herejes presentaban estas cosas rudimentarias (cosas de niños) como superiores al evangelio. El resto del capítulo enumera estos rudimentos: 2:11-13, querían imponer la circuncisión física; 2:14-17, querían imponer los reglamentos de la ley de Moisés con respecto a comida y bebida, días de fiesta, luna nueva y días de reposo; 2:18, querían imponer el culto a los ángeles; y 2:20-23, querían imponer los reglamentos ascéticos. Si los colosenses hubieran aceptado estos rudimentos o mandamientos y doctrinas de hombres, habrían sido "despojos" para los falsos maestros, porque la aceptación de los reglamentos de hombres esclaviza.

Véase también Gál. 4:3, 9, "débiles y pobres rudimentos" (sin poder y riqueza espirituales). Las prácticas mencionadas por Pablo en este capítulo no podían salvar y no podían ayudar (edificar) a los salvos. "No tienen valor alguno contra los apetitos de la carne" (2:23). Compárense los peregrinajes, las penitencias, el celibato, los votos de pobreza, etc. del catolicismo; ¿qué tanta fuerza tienen para hacer más espirituales a los que las practican?



2:9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, -- theotes, la esencia y naturaleza de Dios. Cristo no era solamente semejante a Dios, sino que era verdadero Dios (Rom. 9:5; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1; 1 Jn. 5:20). En cuanto al uso del tiempo presente ("habita"), Cristo ya había ascendido al cielo pero este verbo puede referirse o al cuerpo glorioso de Cristo (Fil. 3:21) o al significado duradero de la encarnación. De cualquier modo, esto no presenta problema, pues la plenitud de la Deidad siempre ha habitado en Cristo (Jn. 1:1; Fil. 2:6), y cuando vino a la tierra "fue hecho carne" (Jn. 1:14) para dar a conocer al Padre (Jn. 1:18) y hubiera sido imposible hacerlo sin tener la totalidad de los atributos de Dios, con pleno poder y autoridad.

Según los herejes de Colosas, el poder divino estaba repartido entre muchos intermediarios, pero Pablo afirma que en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Cristo está a la diestra de Dios (3:1) y "es el todo, y en todos" (3:11).



2:10 y vosotros estáis completos (llenos) en él (habéis sido hechos completos en él, LBLA), -- En El habita la plenitud de la Deidad y, estando en El, como dice el margen de LBLA: habéis sido llenos. Estar en Cristo es la única manera de estar llenos o completos delante los ojos de Dios. En Cristo encontramos todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad (2 Ped. 1:3). "Y él es la propiciación por nuestros pecados" (1 Jn. 2:2). "Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Cor. 1:30). No hay defecto alguno en El o en su doctrina. "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Tim. 3:16, 17).

El suple toda necesidad del hombre, pues El no es como "las cisternas rotas que no retienen agua" (Jer. 2:13), sino el agua viva (Jn. 4:10, 14), el pan de la vida (Jn. 6:35), "la resurrección y la vida" (Jn. 11:25), "el camino, la verdad y la vida" (Jn. 14:6), y "la vid verdadera" (Jn. 15:1). Por lo tanto, debemos permanecer en El, "porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia" (Jn. 1:16).

El corazón humano anhela la vida completa o llena, pero la situación de muchos es lastimosa porque no saben que "la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (Luc. 12:15). Muchos "son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida" (Luc. 8:14). No aprenden lo que Moisés aprendió: que los deleites del pecado son temporales (Heb. 11:25).

-- que es la cabeza de todo principado y potestad. -- "El está lleno (pleno) de la plenitud misma; nosotros somos llenados desde él" (JFB). Los que tienen a Cristo no tienen necesidad de ningún suplemento (como, p. ej., la circuncisión hecha por manos, los reglamentos en cuanto a comida y bebida, los reglamentos ascéticos). "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia" (2 Ped. 1:3).



2:11 En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano (no la circuncisión física, pues, sino la circuncisión verdadera, la del corazón, Rom. 2:29, que fue tipificada por la circuncisión física), al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal (Rom. 6:6, "el viejo hombre"; Efes. 4:22), en la circuncisión de Cristo; -- es decir, despojándose del viejo hombre (Rom. 6:6; Efes. 4:22), renunciando al pecado y siendo perdonado y justificado al obedecer al evangelio de Cristo. El siguiente versículo explica que en el bautismo los colosenses fueron circuncidados en la circuncisión de Cristo, porque en ese acto crucificaron la carne (Rom. 6:3-7).

La circuncisión física "fue el rito ordenado por Dios como señal del pacto hecho con Abraham y su descendencia... Significaba la consagración de un pueblo a Dios, separándose del mundo" (V-E). Desde luego la circuncisión de los que no llevaban vidas consagradas no valía nada (Hech. 7:51; Rom. 2:25, 25; Deut. 10:16; Jer. 4:4).

La inferencia necesaria de lo que Pablo dice aquí es que, al igual que los judaizantes, los herejes de Colosas querían agregar la circuncisión física al evangelio de Cristo, dando a entender que para ellos el evangelio original no era adecuado para salvarles, pero Pablo les recuerda que ya "fuisteis circuncidados" no con la circuncisión física ("hecha a mano"), sino con la verdadera circuncisión que Dios quiere (la purificación de los pecados lograda por medio de la obediencia al evangelio de Cristo).



2:12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. -- Bajo la ley de Moisés los israelitas llegaban a ser hijos de Dios por medio de la circuncisión física, pero bajo la ley de Cristo llegamos a ser hijos de Dios por medio de la obediencia al evangelio; es decir, al creer en Cristo como el Hijo de Dios, y arrepentirnos y confesar nuestra fe en El, somos bautizados en agua (Hech. 8:36; 10:47) "para perdón de los pecados" (Hech. 2:38).

Puesto que bajo la ley antigua los niños eran circuncidados y que Pablo compara el bautismo con la circuncisión, los que practican el llamado "bautizo infantil" enseñan que los niños deben bautizarse (p. ej., GH), pero Pablo dice (1) que colosenses fueron circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal". ¿Dónde dice la Biblia que los infantes tienen "cuerpo pecaminoso carnal"? (2) que fueron "sepultados con él en el bautismo". ¿Se sepultan a los niños? (3) que fueron "sepultados ... resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios". ¿Los infantes tienen fe en el poder de Dios?

Además, si el "bautizo infantil" corresponde a la circuncisión, ¿por qué no los bautizan al octavo día?

Col. 2:12 dice enfáticamente que somos sepultados con Cristo y resucitados con El. Rom. 6:4 dice, "Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva". Es muy cierto que esto significa que al morir el viejo hombre al pecado, es sepultado para acabar con ese cuerpo de pecado, pero también es muy cierto que la doctrina de Pablo (que es del Espíritu Santo) nos enseña que esto se realiza en el bautismo.

El presbiteriano Albert Barnes dice, "La creencia de esto (el poder de Dios) es mostrada por nuestro bautismo, cual sea el modo en el cual esa ordenanza se lleve a cabo, y está bien mostrada en uno de los modos como en otro". Se atreve a decir esto después de escribir el texto mismo que dice "sepultados con él en el bautismo". ¡El prejuicio de los sectarios es inconmensurable!



2:13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, -- Pablo describe la obra de Cristo de resucitar a los muertos, pues antes de ser salvos todos estábamos "muertos en pecados", es decir, separados de Dios. "Estabais muertos en vuestros delitos y pecados ... En aquel tiempo estabais sin Cristo ... sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efes. 2:1, 12). "Pero Dios ... nos dio vida juntamente con Cristo ... y juntamente con él nos resucitó" (Efes. 2:4-6). Esto ocurrió cuando nos perdonó "todos los pecados" (véase también 1:12-14).



2:14 anulando (borrar, Hech 3:19; cancelar) el acta de los decretos -- "dogma ... una doctrina, ordenanza, decreto" (WEV). Se refiere a la ley de Moisés quien "escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos" (Ex. 34:28); "Estos son los estatutos y decretos que cuidaréis de poner por obra" (Deut. 12:1); "El ministerio de muerte grabado con letras en piedras" (2 Cor. 3:7); "Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas" (Efes. 2:15). La ley de Moisés -- toda la ley de Moisés -- fue anulada por la muerte de Cristo. Es completamente en vano tratar de probar que alguna parte de la ley no fue quitada. Por ejemplo, algunos están resueltos a "guardar" (de su manera) el sábado; otros usan textos del Antiguo Testamento para justificar el uso de los instrumentos de música en el culto de la iglesia; otros tienen una especie de "sacerdocio" especial, basándose en el sacerdocio levítico (y aun en el de Melquisedec). Pero todo esfuerzo semejante contradice Col. 2:14, como también 2 Cor. 3:7; Heb. 7:12; 10:9.

Algunos se confunden diciendo, "Entonces, ¿no se condena el adulterar, el robar, etc.?" Claro que sí, pero están condenados porque el Nuevo Testamento los condena. Sin embargo, el Nuevo Testamento no requiere que los cristianos guarden el sábado.

-- que había contra nosotros, que nos era contraria, -- "Escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas ... por la ley ninguno se justifica para con Dios" (Gál. 3:10, 11). El mejor comentario sobre este texto es Rom. 7:14-24 que describe el dilema del judío bajo la ley. Véase también Hech. 15:10.

-- quitándola de en medio y clavándola en la cruz, -- Muchísimas personas que profesan creer en Cristo no quieren reconocer que la ley de Moisés -- toda la ley de Moisés -- fue quitada cuando Cristo murió en la cruz, aunque Pablo dedicó gran parte de sus escritos para afirmar y probar esto: Romanos, Gálatas, 2 Corintios y Hebreos (si él es su autor). Véanse en particular Rom. 6:14; 2 Cor. 3:6-11; Gál. 3:19, 24, 25; Heb. 8:6, 7, 13; 9:15; 10:1.

El afirma que la ley era el ayo que llevó a los judíos a Cristo (Gál. 3:24).

Algunos (p. ej., los Adventistas del Séptimo Día) dicen que hasta que pasen el cielo y la tierra la ley no pasará, pero Jesús dijo (Mat. 5:18), "que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido". Compárese Mat. 1:25, José "no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito"; ¿están de acuerdo con el clero romano en que José no la conoció aun después de que dio a luz a su hijo primogénito? Cristo cumplió la ley, los profetas y los salmos (Luc. 24:44). El es nuestra pascua (1 Cor. 5:7). El es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Jn. 1:29). La carta a los hebreos ampliamente establece la verdad de que Cristo es el cumplimiento de la ley.



2:15 y despojando a los principados y a las potestades, -- incluidos los ángeles que algunos hombres adoraban (2:18). Se refiere a todos los poderes que se oponían a Dios, las fuerzas de Satanás (las tinieblas). El vino al mundo para destruir al diablo (Heb. 2:14) y sus obras (1 Jn. 3:8). "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efes. 6:12).

Cuando Jesús echaba fuera los demonios, dio la siguiente explicación: "Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín" (Luc. 11:22). Los judíos y romanos pensaron que al crucificar a Jesús lo vencieron, pero en realidad El era el Vencedor, pues ellos llevaron a cabo el plan eterno de Dios para la redención del hombre.

Ahora muchos de los enemigos de Cristo (1:21), los que habían estado bajo el poder de los principados y las potestades de Satanás, se han convertido y han llegado a ser los amigos de Cristo, siendo reconciliados a Dios por medio de la cruz de Cristo. Por medio de su muerte en la cruz Cristo atrae a los hombres a sí mismo (Jn. 12:32).

-- los exhibió ("hacer un ejemplo de", ATR) públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. -- La cruz es la victoria suprema sobre Satanás, porque la sangre de Cristo fue el precio de nuestro rescate. "El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados" (1:13, 14). Al hablar de esta manera de lo que Cristo ha hecho por nosotros, en seguida dirá que no debemos volver a la esclavitud.



2:16 Por tanto, nadie os juzgue en (nadie se constituya en vuestro juez con respecto a, LBLA) comida o en bebida, -- No dejar que los tales tengan dominio sobre nosotros, no someternos a los reglamentos de ellos.

Como los judaizantes querían imponer los reglamentos en cuanto a comida o bebida, la guarda del sábado, etc., de la misma forma muchos pastores imponen el diezmo, los instrumentos de música, y otras prácticas que pertenecían a la ley de Moisés. El catolicismo ha inventado el celibato, votos de pobreza, peregrinajes, etc. Los pentecostales tienen sus ayunos y vigilias, los mormones prohíben el café y Coca Cola (pero tienen salones de baile), y otras sectas tienen sus reglamentos humanos. Todos piensan que están mejorando (perfeccionando) el evangelio pero, como Pablo dice aquí, enseñan doctrinas de hombres (2:8, 22).

En Rom. 14 Pablo enseña que los cristianos pueden seguir absteniéndose de ciertos alimentos y pueden seguir observando ciertos días con tal que lo hagan simplemente como costumbre, pero que no juzguen a otros cristianos que no hacen lo mismo.

Que nadie os juzgue para condenarles con respecto a los alimentos que coman o no coman. Los reglamentos con respecto a comida y bebida reflejaban dos influencias: (1) algunos querían imponer algunas partes de la ley de Moisés, enseñando que tales prácticas producían más espiritualidad y piedad; y (2) bajo la influencia gnóstica algunos enseñaban que con la práctica de estos reglamentos se podía aplacar a los mediadores angélicos u otras fuerzas sobrenaturales. Desde luego, en esto se aprovechaban de los temores supersticiosos del pueblo, pero "asiéndose de la Cabeza" (2:19) los colosenses no tendrían interés en tales "fuerzas" (ni mucho menos las temerían), sino que entenderían que en lugar de ser enseñanzas del elevado conocimiento de los "iniciados en los misterios", más bien eran el producto de su profunda ignorancia y superstición (MRW).

Véanse otros textos sobre tales reglamentos: Mar. 7:19; Rom. 14:1-3; 1 Cor. 6:13; 8:8; 1 Tim. 4:1-5; Heb. 9:9, 10.

-- o en cuanto a días de fiesta (fiestas solemnes anuales, Lev. 23, Pascua, Pentecostés, Tabernáculos), luna nueva (fiestas mensuales, Núm. 10:10; 28:11; 1 Crón. 23:31).

-- o días de reposo, -- Heb. 4:3-11 describe el reposo de los santos: "Pero los que hemos creído entramos en el reposo ... Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios ... Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia". El día de reposo que los israelitas guardaban era una figura (2:17) del reposo verdadero.

Los que enseñan que es necesario guardar el sábado dicen que la ley de Moisés estaba compuesta de la ley moral y la ley ceremonial, y que sólo la ley ceremonial fue quitada, pero la guarda del sábado no es una ley moral, sino ceremonial.

"Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Ex. 20:8). Este mandamiento fue dado exclusivamente a los israelitas: "No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos ... Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo" (Deut. 5:15). Dice Moisés que el mandamiento de guardar el sábado no había sido dado a "nuestros padres" (p. ej., Abraham, Isaac, Jacob), sino sólo a los que en ese momento y en ese lugar estaban presentes. Otro texto que nos hace entender que la guarda del sábado era exclusivamente para el pueblo de Israel es Ex. 31:13, 16, 17. "Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mi y vosotros por vuestras generaciones ... Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel ... señal es para siempre entre mi y los hijos de Israel". Lo dice y lo repite para que todos puedan entenderlo.

La guarda del sábado fue dada sólo a los israelitas porque sólo por ellos tenía significado: "Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto". Los padres no habían sido esclavos en Egipto. Nosotros no hemos sido esclavos en Egipto. Solamente los israelitas habían de guardar el sábado. "Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos, y les ordenaste el día de reposo santo para ti" (Neh. 9:13, 14).

Sin embargo, hay varias sectas que enseñan que los cristianos deben guardar el sábado, y aparte de ellas, hay muchísimos religiosos que dicen que todavía están en vigor los diez mandamientos y el cuarto dice, "Acuérdate del día de reposo para santificarlo".

Desde luego, nadie lo guarda como la ley requería, pues en ese día no podían hacer trabajo alguno ("Hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo ... Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre", Núm. 15:32, 35), y en ese día habían de ofrecer animales en sacrificio y otras ofrendas.

El error que se enseñaba en Colosas requería que se agregaran muchas cosas al evangelio, aun los reglamentos de la ley con respecto a los alimentos (Lev. 11), días festivos, etc. Según esa enseñanza la ley de Moisés no se había clavado a la cruz de Cristo.

"Aunque los hermanos del primer siglo no hicieron caso al séptimo día que era guardado por los judíos, apartaron el primer día de la semana para el culto público, y para conmemorar la muerte y resurrección de su Maestro, al comer la cena del Señor en aquel día; también, para el ejercicio privado de su devoción. Esto lo hicieron, o por el precepto o por el ejemplo de los apóstoles, y no por virtud de algún mandamiento de la ley de Moisés. Además, no santificaron el primer día de la semana de la manera judaica por la abstinencia total del trabajo corporal de toda clase" (JM).



2:17 todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; -- La ley de Moisés era simplemente una sombra de Cristo (Heb. 8:5; 9:9). Estas cosas tuvieron importancia para el pueblo de Israel, pues sirvieron como ayo (tutor, guardián) para llevarlos a Cristo (Gál. 3:24), "Pero venida la fe (el evangelio), ya no estamos bajo ayo" (Gál. 3:25). Una sombra no existe por sí sola, sino que depende para su significado de aquello de lo cual es una sombra. Desde luego, al venir la realidad, ya no es necesaria la sombra.

-- pero el cuerpo es de Cristo. -- el cuerpo (la substancia o la realidad) es lo opuesto de la sombra.



2:18 Nadie os prive ("actuar como juez contra uno ... decidir o emitir juicio en contra", ATR) de vuestro premio, -- Para Pablo estos falsos maestros hacían el papel de juez o árbitro ("constituido por sí mismo", JFB) juzgando contra los fieles, rehusándoles el premio de la vida eterna. Cristo es el "juez justo" (2 Tim. 4:8). Querían ser jueces o árbitros sobre los hermanos, diciéndoles que el evangelio predicado por Epafras no era adecuado y que su santidad era deficiente a menos que practicaran los reglamentos con respecto a comida y bebida, la guarda de los días festivos, etc. De esta manera Pablo muestra lo serio del error doctrinal, pues priva al cristiano de su corona de vida eterna. Los hermanos, sin embargo, podían negarles esta autoridad como jueces sobre ellos. Nadie podía privarles de su premio sin su consentimiento.

Al meditar, pues, en la carrera descrita por Pablo, p. ej., en 1 Cor. 9:24-27 y Fil. 3:14, nos conviene tomar muy en serio este peligro. En esta amonestación se ve la responsabilidad de los colosenses -- y de todos los santos -- con respecto a su salvación. Los falsos maestros querían juzgarles y privarles de su premio, pero en el día final cada persona será responsable delante de Dios, tanto el discípulo como el maestro. Sin el permiso de "los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas", los falsos maestros no podían privarles de su premio.

-- afectando humildad -- pero en realidad "vanamente hinchado por su propia mente carnal".

-- y culto a los ángeles, -- La herejía de Colosas (el gnosticismo incipiente) era una mescolanza de prácticas judaicas y paganas. Por denigrar a Cristo exaltaban a los ángeles como mediadores (aunque éstos no son omnipresentes), enseñando la falsa humildad de que el hombre no es digno de acercarse a Dios excepto por la mediación de intermediarios angélicos. Es semejante el concepto católico de que es necesaria la mediación de María y los llamados "santos". Los fieles saben que no son dignos de acercarse a Dios, pero al mismo tiempo saben que Dios mismo les explica con toda claridad que pueden y deben acercarse a El por medio de Cristo (Heb. 4:15, 16; 1 Tim. 2:5; Efes. 2:18). Esta es la verdadera humildad del cristiano.

Compárese Heb. 1:5-14 que explica la superioridad de Cristo sobre los ángeles y que es adorado por los ángeles.

"Lo que muestra cuán fundada y necesaria era la advertencia del apóstol, es el hecho de que ese culto de los ángeles se perpetuó en Asia Menor, sobre todo en Frigia y Pisidia, al punto de que el concilio de Laodicea, en 364, debió prohibir a las iglesias la costumbre de dirigir oraciones a los ángeles" (B-S).

-- entremetiéndose en lo que no ha visto, (basándose en las visiones que ha visto, LBLA; "Es decir, en pretendidas visiones", FL; o, posiblemente, escuchaban "a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios", 1 Tim. 4:1) -- La diferencia entre estas dos traducciones se basa en la diferencia en los textos griegos. La Versión Valera tiene la palabra no, siguiendo el Texto Receptus, "Pero no es genuina", ATR.

"Los falsos maestros con presunción penetraban los secretos del mundo invisible, y hablaban de ellos con mucha confianza, sin tener conocimiento de las cosas de las cuales hablaban: a saber, que los ángeles se ocupan en llevar las oraciones de los hombres a Dios, y en traer de él las bendiciones que se piden en sus oraciones; que los ángeles interceden por ellos delante de Dios; y que el adorar a los ángeles es aceptable ante los ojos de Dios" (JM).

Esta práctica de hablar de lo que "ha visto" nos recuerda de los "milagros" que los carismáticos "han visto con sus propios ojos". Estos se sienten muy ofendidos cuando no les creemos, pero no tienen el derecho de poner lo que "han visto" en contra de la revelación clara de la palabra de Dios (1 Cor. 13:8-10).

-- vanamente hinchado por su propia mente carnal, -- Basándose no en la Escritura sino en "pretendidas visiones" decían que entendían grandes misterios. Tal vez éstos -- al igual que algunos de Tiatira -- profesaban conocer "las profundidades de Satanás" (Apoc. 2:24). Se sentían, pues, muy elevados e importantes, pero en lugar de tener el verdadero conocimiento o sabiduría, en realidad estaban simplemente hinchados (inflados), llenos de orgullo y vanidad. Así son todos los que no dependen de la revelación de Dios, sino de su propia imaginación.



2:19 y no asiéndose de la Cabeza (1:1-18, 24, la preeminencia de Cristo es el tema central de la carta; el dar culto a los ángeles -- al igual que el orar a María y los "santos" -- equivale a renunciar a Cristo), en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, -- "Ambas palabras representan bien la maravillosa unidad del cuerpo mediante células, músculos, arterias, venas, nervios, piel, glándulas, etc. Es una maravillosa máquina trabajando armónicamente bajo la dirección de la cabeza" (ATR), del cual el cuerpo recibe su sustento.

-- crece con el crecimiento que da Dios. -- Los que se alejan de Cristo se alejan del maravilloso crecimiento (el desarrollo espiritual) efectuado por Dios. Pablo describe en Efes. 4:11-16 los dones y capacidades que hacen posible el crecimiento del cuerpo.



2:20, 21 Pues si habéis muerto con Cristo (Gál. 2:20; 2 Tim. 2:11). -- En el bautismo uno muere con Cristo cuando muere al pecado (Rom. 6:2), a sí mismo (2 Cor. 5:15) y en cuanto a los rudimentos del mundo, -- La palabra si no indica duda, sino que equivale a puesto que (compárese Fil. 2:1). Esto se refiere a su muerte o separación del pecado al ser sepultado en el bautismo (2:12) para no andar más "en el mundo", sino en vida nueva en el reino de Cristo (1:13).

-- ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos -- Es decir, ¿por qué se bautizaron si no pensaban morir a tales preceptos?

-- tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques -- Algunos han entendido que Pablo mismo está diciendo, "No manejes, ni gustes, ni aun toques" ciertas cosas y en Estados Unidos este texto se ha aplicado aun al consumo de bebidas alcohólicas, pero los preceptos de este texto son los reglamentos ascéticos. No hay mucha certeza en cuanto a los originarios de ellos, pues varios grupos tuvieron tales preceptos (p. ej., los fariseos, los esenios, los gnósticos, los judaizantes, como también en la actualidad algunas sectas los enseñan). "Los esenios enseñaban que se debería evitar el aceite, la carne, el matrimonio y el contacto con extranjeros. Jesús dijo lo mismo que Pablo en contra de los fariseos quienes enseñaban que para ser salvos era necesario lavarse las manos antes de comer (Mar. 7:14-19). Los monjes y las monjas practican el ascetismo para el supuesto efecto piadoso para ellos. La idea de que la pobreza es esencial para la piedad viene del mismo concepto" (DL).

Lo que todos tienen en común es la enseñanza errónea de que la práctica de tales preceptos produce más piedad o santidad que el evangelio de Cristo.



2:22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), -- Mat. 15:8, 9. Pablo condena todas las enseñanzas y prácticas humanas, las que no son de la ley de Cristo. Aunque parezcan muy buenas, sabias, lógicas y necesarias, deben ser rechazadas. Después de recibir la ley, Moisés dijo al pueblo, "No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno" (Deut. 4:2); Jesús dijo, "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mat. 7:21). La obediencia a Dios requiere que el hombre deje la sabiduría humana y que acepte la sabiduría divina (Isa. 55:8, 9; Jer. 10:23). "El establecer cualquier ‘mandamiento de hombres’ y honrarlo como si fuera mandamiento de Dios es traición" (DL).

-- cosas que todas se destruyen (destinadas a perecer, LBLA) con el uso? -- Véase Mat. 15:17, "¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?" "Trabajad, no por la comida que perece" (Jn. 6:27).



2:23 Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación (apariencia, LBLA) de sabiduría -- Los que las practican parecen ser personas muy humildes y piadosas. El clero romano y otros sectarios (p. ej., los menonitas) piensan que la ropa negra o el celibato les hacen aparecer más piadosos.

-- en culto voluntario -- Véanse Lev. 10:1-3; 1 Sam. 13:8-14; 2 Crón. 26:16-21. Se refiere al culto originado por la voluntad humana; ¡imagínese! los hombres inventan su propio culto aunque supuestamente sea para honrar a Dios. ¿No saben que Dios nos ha revelado su voluntad, diciéndonos cómo debemos adorarle? 1 Cor. 2:11-13)), en humildad ("Claramente aquí en mal sentido, ‘en pretendida humildad’", ATR) y en duro trato del cuerpo; -- Los gnósticos enseñaban que toda materia es mala y que, por eso, el cuerpo es malo. En consecuencia de esta filosofía (1) algunos pensaban que lo que el cuerpo hiciera no afectaba el espíritu y, por eso, practicaban el libertinaje (una inmoralidad total), pero (2) otros decían que el cuerpo, siendo malo, era el enemigo del espíritu y, por eso, debía ser maltratado.

Aunque no lo quisieran admitir, muchos religiosos imitan a los gnósticos al requerir los ayunos (evitando los alimentos sabrosos), el uso de ropa rústica e incómoda, y la práctica de penitencias, peregrinajes, vigilias, etc. El concepto de los que inventan tales preceptos parece ser que si los requisitos del evangelio nos hacen santos, ¡cuánto más santos nos harán estos preceptos adicionales!

No conviene el "duro trato del cuerpo", porque Dios es el Creador del cuerpo como también del espíritu del hombre, y Pablo dice que el cuerpo del cristiano es el templo del Espíritu Santo (1 Cor. 6:19, 20). El cristiano no debe usar su cuerpo como instrumento del pecado (Rom. 6:12-18; 1 Tes. 4:4), sino que debe seguir las normas buenas y necesarias para tener un cuerpo sano y consagrado para poder servir a Dios por largos años aquí en la tierra .

-- pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. -- En lugar de controlarlos, los estimulan. Las tradiciones humanas, pues, obran en contra del cristiano.

Recuérdese que tales reglamentos enseñados por los escribas y fariseos (los "separados") tenían el propósito de producir más santidad y consagración, pero sólo producían orgullo e hipocresía (Mat. 6:1-18; 23:4, 25-28). Con tales cosas se justificaban a sí mismos (Luc. 16:15; 18:9-12).

Es interesante observar que en todos los textos que explican las obras de la carne y la necesidad de practicar el dominio propio, no se enseña ni siquiera el ayuno como medio de dominar la carne, mucho menos las prácticas del ascetismo.

¿Tiene valor contra los apetitos de la carne el celibato? Por el contrario, promueve toda forma de fornicación (aun la homosexualidad y el abuso sexual de niños). "Algunos apostatarán de la fe ... prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos" (1 Tim. 4:1-3).

Es muy necesario entender la diferencia entre la abnegación de sí enseñada por Cristo (Mat. 16:24) y los apóstoles (1 Cor. 9:24-27) y el "duro trato del cuerpo" enseñado por los falsos maestros.



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COLOSENSES CAPITULO 2

Colosenses 2


1PORQUE quiero que sepáis cuán gran solicitud tengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en carne; 2Para que sean confortados sus corazones, unidos en amor, y en todas riquezas de cumplido entendimiento para conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo; 3En el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento.

4Y esto digo, para que nadie os engañe con palabras persuasivas. 5Porque aunque estoy ausente con el cuerpo, no obstante con el espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro concierto, y la firmeza de vuestra fe en Cristo. 6Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él: 7Arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis aprendido, creciendo en ella con hacimiento de gracias. 8Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme á los elementos del mundo, y no según Cristo: 9Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente: 10Y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad: 11En el cual también sois circuncidados de circuncisión no hecha con manos, con el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, en la circuncisión de Cristo; 12Sepultados juntamente con él en la bautismo, en el cual también resucitasteis con él, por la fe de la operación de Dios que le levantó de los muertos.

13Y á vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz; 15Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo.

16Por tanto, nadie os juzgue en comida, ó en bebida, ó en parte de día de fiesta, ó de nueva luna, ó de sábados: 17Lo cual es la sombra de lo por venir; mas el cuerpo es de Cristo. 18Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto á los ángeles, metiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado en el sentido de su propia carne, 19Y no teniendo la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y conjunto por las ligaduras y conjunturas, crece en aumento de Dios. 20Pues si sois muertos con Cristo cuanto á los rudimentos del mundo, ¿por qué como si vivieseis al mundo, os sometéis á ordenanzas, 21Tales como, No manejes, ni gustes, ni aun toques, 22(Las cuales cosas son todas para destrucción en el uso mismo), en conformidad á mandamientos y doctrinas de hombres? 23Tales cosas tienen á la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, y humildad, y en duro trato del cuerpo; no en alguna honra para el saciar de la carne.