CAPÍTULO 7
1 El ejército de Gedeón de treinta y dos mil hombres. 9 Gedeón es animado por un sueño de un pan de cebada y por su interpretación. 16 Su estratagema de las trompetas y las antorchas en los cántaros. 24 Los efrainitas se apoderan de Oreb y Zeeb.
1 LEVANTANDOSE, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, acamparon junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, más allá del collado de More, en el valle.
2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.
3 Ahora, pues, haz pregonar en oídos del pueblo, diciendo: Quien tema y se estremezca, madrugue y devuélvase desde el monte de Galaad. Y se devolvieron de los del pueblo veintidós mil, y quedaron diez mil.
4 Y Jehová dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí te los 346 probaré; y del que yo te diga: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, el tal no irá.
5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y Jehová dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, a aquél pondrás aparte; asimismo a cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
6 Y fue el número de los que lamieron llevando el agua con la mano a su boca, trescientos hombres; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.
7 Entonces Jehová dijo a Gedeón: Con estos trescientos hombres que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase toda la demás gente cada uno a su lugar.
8 Y habiendo tomado provisiones para el pueblo, y sus trompetas, envió a todos los israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía el campamento de Madián abajo en el valle.
9 Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
10 Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
11 y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento.
12 Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
13 Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y Ia golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó.
14 Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
15 Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel. dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.
16 Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a todos ellos trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.
17 Y les dijo: Miradme a mí, y haced como hago yo; he aquí que cuando yo llegue al extremo del campamento, haréis vosotros como hago yo.
18 Yo tocaré la trompeta, y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡Por Jehová y por Gedeón!
19 Llegaron, pues, Gedeón y los cien hombres que llevaba consigo, al extremo del campamento, al principio de la guardia de la medianoche, cuando acababan de renovar los centinelas; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevaban en sus manos.
20 Y los tres escuadrones tocaron las trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y gritaron: ¡Por la espada de Jehová y de Gedeón!
21 Y se estuvieron firmes cada uno en su puesto en derredor del campamento; entonces todo el ejército echó a correr dando gritos y huyendo.
22 Y los trescientos tocaban las trompetas; y Jehová puso la espada de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, en dirección de Zerera, y hasta la frontera de Abel-mehola en Tabat.
23 Y juntándose los de Israel, de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, siguieron a los madianitas.
24 Gedeón también envió mensajeros por todo el monte de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomad los vados de Bet-bara y del Jordán antes que ellos lleguen. Y juntos todos los hombres de Efraín, tomaron los vados de Bet-bara y del Jordán.
25 Y tomaron a dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después que siguieron a los madianitas, trajeron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón al otro lado del Jordán. 347
1.
Fuente de Harod.
Esta abundante fuente, bajo otro nombre, aún mana de una cueva al pie de un cerro junto al borde del monte de Gilboa. Un arroyuelo corre desde allí hacia el este. Es probable que en 1 Sam. 29:1 se aluda a la misma fuente. Harod significa "temblor", y bien pudiera haber recibido su nombre por el pánico y el temblor que se posesionaron de los madianitas cuando atacó Gedeón.
Collado de More.
Al lado opuesto del valle, a unos 6 km de distancia. Del lado norte de este collado estaba la cueva de Endor, donde Saúl visitó a la pitonisa. Por lo tanto, la línea de batalla fue la misma del combate de Saúl y los hebreos contra los filisteos antes de la fatal batalla de Gilboa muchos años más tarde (1 Sam. 31).
2.
Es mucho.
Gedeón tenía 32.000 hombres (vers. 3), y los madianitas 135.000 (cap. 8: 10).
La fe de Gedeón debe haber sido puesta duramente a prueba cuando el Señor le dijo que los que estaban con él eran muchos.
3.
Haz pregonar.
La proclama era parte del anuncio que Moisés había mandado hacer (Deut. 20: 5-9) antes de una batalla. En ella se invitaba a los temerosos que dejaran las filas para que su deserción en medio de la batalla no hiciera que otros también huyeran. Por ser su ejército tan pequeño en comparación con el de los madianitas, Gedeón no había hecho la proclama habitual (PP 592). Muchos se habían presentado por el conmovedor llamamiento de Gedeón, pero sentían temor e incredulidad. Para que no huyesen cuando comenzara la batalla o se atribuyeran a sí mismos el honor de la victoria, el Señor pidió que se los hiciera volver a sus casas. Los dos tercios que se volvieron constituyen una triste demostración de la amplitud de la destrucción de la fe de Israel que la idolatría había ocasionado.
Galaad.
Algunos han pensado que esta palabra debería leerse Gilboa, porque Galaad quedaba al este del Jordán, lejos d el lugar de esta batalla. Sin embargo, puede haber existido un monte Galaad que confinara con el valle de Jezreel. Es posible que en el nombre de un arroyo de la zona, conocido ahora como Nahr el-J~lãd, se refleje ese antiguo nombre.
5.
Que lamiere las aguas.
Es evidente que la gente pensaba cruzar inmediatamente el arroyo y avanzar hasta el campamento del enemigo a cierta distancia de allí. Unos pocos estaban ansiosos de comenzar la lucha, y mientras iban cruzando el arroyo, simplemente tomaban un poco de agua con la mano, y seguían avanzando. Otros, temerosos de la inminente batalla y con escasas esperanzas de obtener la victoria, vieron allí una posible excusa para demorarse. Se arrodillaron y pausadamente bebieron hasta satisfacerse. Los que apresuradamente tomaban sólo un poco de agua en la mano y la sorbían mientras avanzaban hacia el campamento del enemigo, fueron sólo 300. Con ellos el Señor prometió derrotar a los madianitas. El zarandeo había servido para eliminar a los que se habían manchado con la idolatría, y para apartar a los hombres de valor y fe, cuya confianza en Dios no había sido viciada por el culto y las prácticas de la idolatría. Tenían la fe necesaria para creer que si Dios estaba con ellos, podrían tener éxito aunque fueran pocos. Como Jonatán más tarde le recordó a su paje de armas, el número de soldados era de poca importancia a la vista de Dios (ver 1 Sam. 14: 6).
9.
Aquella noche.
Quizá la prueba junto al arroyo acaeció al atardecer, y la gran mayoría de los soldados israelitas partieron de regreso cobijados por la oscuridad de la noche. De cualquier modo, los madianitas parecían no saber que la mayor parte del ejército israelita se había retirado.
10.
Si tienes temor.
Dios estaba dispuesto a dar nuevas garantías. Ya que Gedeón tenía temor de atacar, el Señor ofreció darle un nuevo motivo de ánimo si se aproximaba sigilosamente al campamento madianita y escuchaba lo que allí conversaban los soldados.
11.
Hasta los puestos avanzados.
Es decir, hasta los centinelas. Es probable que en el campamento de los madianitas hubiera también mujeres y niños. En torno del campamento estaban apostados los hombres armados.
12.
Tendidos.
En este punto el valle no era muy ancho. En consecuencia, la multitud que formaba el campamento estaba extendida en una angosta y larga hilera que posiblemente tenía varios kilómetros de longitud. La estrechez del sitio donde acampaban pudo haber hecho que su número pareciera mayor de lo que era, "como la arena que está a la ribera del mar en multitud".
13.
Estaba contando.
Siendo que Madián fue hijo de Abrahán, sin duda los madianitas 348 hablaban un idioma similar al de los hebreos. De cualquier modo, Dios permitió que Gedeón pudiera entender tanto el sueño como su interpretación, lo cual lo llenó de confianza para cumplir la misión que le había sido encomendada.
Un pan de cebada.
Heb. salil, palabra que sólo aparece en este pasaje. No se sabe con exactitud el sentido de la misma, pero parece provenir de un verbo que significa "asar", aunque otros consideran que es de un verbo similar que significa "ser redondo" o "rodar". El pan de cebada era el alimento de los muy pobres. En esto podía verse una referencia velada a los israelitas, empobrecidos tras siete años consecutivos de opresión madianita.
La tienda.
Es posible que representara a la tienda principal del campamento en la cual vivía el comandante en jefe o el rey, o tal vez la tienda en que se hallaban los dos hombres, o también podría haber representado simbólicamente a todo el campamento.
15.
Adoró.
Heb. shajah, "postrarse", "inclinarse", "rendir adoración". Cuando reconoció que ésa era una evidencia manifiesta de la presencia divina en su empresa, Gedeón actuó en la forma como debe actuarse en todas las ocasiones semejantes: adoró. Sin duda su oración expresó abiertamente su gratitud. Muy a menudo los que reciben una bendición especial de Dios se olvidan de rendirle la gratitud que le deben. Gedeón podría haber razonado que, en vista de la urgencia de la tarea por realizarse y de la necesidad de proseguir inmediatamente, podría postergar su culto de alabanza hasta después de la victoria. Pero tales postergaciones muchas veces llevan a descuidar por completo la alabanza de Dios.
En su culto, Gedeón quizá confesó su sentimiento de profunda indignidad. Había dado muestra de humildad cuando se refirió a sí mismo como "menor en la casa de mi padre" (cap. 6: 15). En este momento reafirmó esa actitud. Entre otros atributos de Gedeón, ésta fue una característica que lo capacitó en forma especial para realizar su misión. Dios puede usar a tales hombres en su obra.
A ellos les puede confiar grandes éxitos, pues sabe que no se atribuirán la gloria. El orgullo y la autosuficiencia incapacitan al hombre para realizar la obra de Dios.
16.
Tres escuadrones.
Esta división se hizo con el fin de crear la ilusión de que el ejército atacante era muy numeroso, para que cuando los madianitas vieran las antorchas y oyeran las trompetas en diferentes puntos en torno del campamento, supusieran que estaban rodeados. El plan de ataque fue sugerido por la dirección divina (PP 593).
Trompetas.
Heb. shofar. El cuerno curvo de carnero o de buey.
Cántaros.
Vasijas baratas de barro que la gente de esa época usaba como recipientes y para cocinar.
Teas ardiendo.
La palabra hebrea se usa generalmente para designar antorchas encendidas.
Estando dentro de las vasijas de barro, apenas arderían, pero cuando las vasijas se quebrasen y las antorchas fuesen agitadas en el aire, arderían con un repentino resplandor. Tales métodos sencillos y poco promisorios, bajo la dirección y bendición de Dios pueden lograr más que los recursos más complicados ideados por los hombres. Dios no depende de los números.
19.
Guardia de la medianoche.
Se cree que entonces la noche se dividía en tres vigilias, con lo cual la de medianoche comenzaría poco antes de esta hora. Más tarde los judíos adoptaron la costumbre romana de cuatro vigilias nocturnas.
21.
Se estuvieron firmes.
En vez de atacar a un ejército tan grande, los 300 hebreos se quedaron en las afueras del campamento tocando las trompetas o cuernos, y agitando las antorchas y gritando. Su plan era causar pánico en el campamento madianita.
22.
Contra su compañero.
Cuando la multitud iba corriendo en la oscuridad por el valle de Jezreel, intentando escapar al otro lado del Jordán, los que iban al frente confundieron a los que los seguían con los hebreos enemigos, y volvieron contra ellos sus armas.
Bet-sita.
Lugar no identificado con precisión. Puede haber estado en la parte inferior del valle de Jezreel, cerca del río Jordán.
Zerera.
Es probable que corresponda con Saretán (1 Rey. 4: 12). Se piensa que estaba en el valle del Jordán, en el extremo inferior del valle de Jezreel.
La frontera.
Literalmente, "labio", "risco" o "acantilado". "Orilla" (BJ), "límite" (NC).
Abel-mehola.
Literalmente, "pradera de la danza". Eliseo nació allí (1 Rey. 19: 16).
Algunos lo identifican con Tell el-Hamma, a 14,4 km al sur de Bet-seán, y otros con Tell el-Maqlûb, a 11,6 km al este del Jordán, en el 349 Wadi Y~bis, a 35,4 km al sur del mar de Galilea. Anteriormente se pensaba que Tell el Maqlûb era Jabes de Galaad, pero ahora se cree que era Tell Abû Kharaz, en el mismo Wadi Y~bis, a 4,3 km al este del río Jordán.
Tabat.
Es posible que sea Râs Abã T~bât, al sudeste de Abel-mehola.
23.
Los de Israel.
Muchos de los que pocas horas antes habían sido despachados a sus casas volvieron para ayudar a sus hermanos en la persecución del enemigo que huía.
24.
Gedeón también envió mensajeros.
Hacia el sur del campo de batalla vivían la tribu de Manasés y la numerosa tribu de Efraín. Esta última no había sido llamada por Gedeón cuando reunió sus tropas. Cuando las huestes de los madianitas comenzaron su huida, Gedeón envió veloces mensajeros al territorio de Efraín, instando a la gente para que fuera rápidamente al Jordán a tomar posesión de los vados hacia los cuales se dirigían los madianitas. Los efrainitas respondieron con prontitud, cerrando el paso para que no pudieran escapar por los vados del sur. Es probable que en esa época del año el río estuviera crecido, lo que habría obligado al enemigo a pasar sólo por determinado vado.
Bet-bara.
Se desconoce la ubicación exacta de Bet-bara, pero debe haber estado a cierta distancia al sur, cerca del territorio efrainita, para que Gedeón pidiera a los efrainitas que cerrasen esa vía de escape. Otra evidencia de que los madianitas fueron hacia el sur antes de intentar cruzar el Jordán la proporciona el hecho de que cuando Gedeón perseguía al enemigo, llegó hasta Sucot, aldea cercana al Jaboc (cap. 8: 5).
25.
Oreb y Zeeb.
Literalmente, "el cuervo y el lobo", nombres pintorescos de estos jefes del desierto. La rápida acción de los efrainitas permitió que los israelitas impidieran la huida de muchos madianitas que intentaban cruzar el Jordán en los vados meridionales. Perseguidos por las fuerzas conjuntas de Neftalí, Aser y Manasés, con el Jordán de un lado, y los efrainitas ante ellos, muchos madianitas debieron rendirse. Entre los cautivos estaban dos príncipes: Oreb y Zeeb, los que fueron pronto ejecutados. Para recordar la victoria, los lugares donde estos hombres fueron muertos recibieron el nombre de "peña de Oreb", o sea "peña del cuervo", y "lagar de Zeeb", o sea "lagar del lobo".
Evidentemente estos lugares aún llevaban esos nombres cuando se escribió el libro de Jueces mucho tiempo después. La "peña del cuervo" se conocía aún en tiempos de Isaías (Isa. 10: 26).
Al otro lado del Jordán.
Al lado oriental, en lo que hoy se denomina Transjordania. Según el cap. 8: 4, Gedeón no había cruzado aún el Jordán. Por lo tanto, algunos han pensado que los efrainitas capturaron a Oreb y a Zeeb después que éstos cruzaron al lado oriental del río, y que después llevaron las cabezas de los cautivos a Gedeón, quien aún perseguía a los madianitas que huían desde Jezreel hacia el Jordán.
Mejor sería explicar que el autor de Jueces, luego de haber presentado a los efrainitas y haber relatado lo que ellos hicieron en la batalla, quiso completar su narración acerca de ellos y su disputa con Gedeón, antes de contar el largo relato de cómo persiguió Gedeón a los madianitas al este del Jordán.
Por esta razón interrumpió el orden cronológico del relato de la batalla para narrar el episodio del celo de los efrainitas y de cómo Gedeón los apaciguó.
Entonces, en el cap. 8: 4, el autor retomó el hilo del relato de la batalla.
Así el encuentro de Gedeón con los efrainitas habría acaecido cuando Gedeón volvía después de derrotar totalmente a los madianitas, o al menos después de haber cruzado el Jordán.
jueves, mayo 19
EL LIBRO DE LOS JUECES CAPITULO 7
Jueces Capítulo 7
1 Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campamento junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, al otro lado del collado de More, en el valle.
2 Y el SEÑOR dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los madianitas en su mano; para que no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.
3 Haz pues ahora pregonar, que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madrugue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y se volvieron de los del pueblo veintidós mil; y quedaron diez mil.
4 Y el SEÑOR dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí yo te los probaré; y del que yo te dijere: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te dijere: Este no vaya contigo, el tal no vaya.
5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y el SEÑOR dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquél pondrás aparte; asimismo cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
6 Y fue el número de los que lamieron las aguas, llegándola con la mano a la boca, trescientos varones; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.
7 Entonces el SEÑOR dijo a Gedeón: Con estos trescientos varones que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase todo el pueblo cada uno a su lugar.
8 Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, con sus trompetas, envió a todos los otros israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía el campamento de Madián abajo en el valle.
9 Y aconteció que aquella noche el SEÑOR le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
10 Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
11 y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campamento.
12 Y Madián, y Amalec, y todos los orientales, estaban tendidos en el valle como langostas en muchedumbre, y sus camellos eran innumerables, como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
13 Y cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: que veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegaba a las tiendas, y las herió de tal manera que cayeron, y las trastornaba de arriba abajo, y las tiendas cayeron.
14 Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino el cuchillo de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel; Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
15 Y cuando Gedeón oyó la historia del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, que el SEÑOR ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.
16 Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a cada uno de ellos trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.
17 Y les dijo: Miradme a mí, y haced como yo hiciere; he aquí que cuando yo llegare al principio del campamento, como yo hiciere, así haréis vosotros.
18 Yo tocaré la trompeta y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡El SEÑOR y Gedeón!
19 Llegó pues Gedeón, y los cien varones que llevaba consigo, al principio del campamento, al principio de la vela del medio, despertando solamente los guardias; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevabanen sus manos.
20 Y los tres escuadrones tocaron sus trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y dieron grita: ¡El cuchillo del SEÑOR y el de Gedeón!
21 Y se estuvieron en sus lugares en derredor del campamento; y todo el campamento fue alborotado, y huyeron gritando.
22 Mas los trescientos tocaban las trompetas; y el SEÑOR puso el cuchillo de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, hacia Zerera, y hasta el término de Abel-mehola en Tabat.
23 Y juntándose los de Israel de Neftalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron a los madianitas.
24 Gedeón también envió mensajeros a todo el monte de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomadles las aguas hasta Bet-bara y el Jordán. Y juntos todos los varones de Efraín, tomaron las aguas de Bet-bara y el Jordán.
25 Y tomaron dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después
1 Levantándose, pues, de mañana Jerobaal, el cual es Gedeón, y todo el pueblo que estaba con él, asentaron el campamento junto a la fuente de Harod; y tenía el campamento de los madianitas al norte, al otro lado del collado de More, en el valle.
2 Y el SEÑOR dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo dé a los madianitas en su mano; para que no se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.
3 Haz pues ahora pregonar, que lo oiga el pueblo, diciendo: El que teme y se estremece, madrugue y vuélvase desde el monte de Galaad. Y se volvieron de los del pueblo veintidós mil; y quedaron diez mil.
4 Y el SEÑOR dijo a Gedeón: Aún es mucho el pueblo; llévalos a las aguas, y allí yo te los probaré; y del que yo te dijere: Vaya éste contigo, irá contigo; mas de cualquiera que yo te dijere: Este no vaya contigo, el tal no vaya.
5 Entonces llevó el pueblo a las aguas; y el SEÑOR dijo a Gedeón: Cualquiera que lamiere las aguas con su lengua como lame el perro, aquél pondrás aparte; asimismo cualquiera que se doblare sobre sus rodillas para beber.
6 Y fue el número de los que lamieron las aguas, llegándola con la mano a la boca, trescientos varones; y todo el resto del pueblo se dobló sobre sus rodillas para beber las aguas.
7 Entonces el SEÑOR dijo a Gedeón: Con estos trescientos varones que lamieron el agua os salvaré, y entregaré a los madianitas en tus manos; y váyase todo el pueblo cada uno a su lugar.
8 Y tomada provisión para el pueblo en sus manos, con sus trompetas, envió a todos los otros israelitas cada uno a su tienda, y retuvo a aquellos trescientos hombres; y tenía el campamento de Madián abajo en el valle.
9 Y aconteció que aquella noche el SEÑOR le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
10 Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
11 y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado al principio de la gente de armas que estaba en el campamento.
12 Y Madián, y Amalec, y todos los orientales, estaban tendidos en el valle como langostas en muchedumbre, y sus camellos eran innumerables, como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
13 Y cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: que veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegaba a las tiendas, y las herió de tal manera que cayeron, y las trastornaba de arriba abajo, y las tiendas cayeron.
14 Y su compañero respondió, y dijo: Esto no es otra cosa sino el cuchillo de Gedeón hijo de Joas, varón de Israel; Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
15 Y cuando Gedeón oyó la historia del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, que el SEÑOR ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.
16 Y repartiendo los trescientos hombres en tres escuadrones, dio a cada uno de ellos trompetas en sus manos, y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros.
17 Y les dijo: Miradme a mí, y haced como yo hiciere; he aquí que cuando yo llegare al principio del campamento, como yo hiciere, así haréis vosotros.
18 Yo tocaré la trompeta y todos los que estarán conmigo; y vosotros tocaréis entonces las trompetas alrededor de todo el campamento, y diréis: ¡El SEÑOR y Gedeón!
19 Llegó pues Gedeón, y los cien varones que llevaba consigo, al principio del campamento, al principio de la vela del medio, despertando solamente los guardias; y tocaron las trompetas, y quebraron los cántaros que llevabanen sus manos.
20 Y los tres escuadrones tocaron sus trompetas, y quebrando los cántaros tomaron en la mano izquierda las teas, y en la derecha las trompetas con que tocaban, y dieron grita: ¡El cuchillo del SEÑOR y el de Gedeón!
21 Y se estuvieron en sus lugares en derredor del campamento; y todo el campamento fue alborotado, y huyeron gritando.
22 Mas los trescientos tocaban las trompetas; y el SEÑOR puso el cuchillo de cada uno contra su compañero en todo el campamento. Y el ejército huyó hasta Bet-sita, hacia Zerera, y hasta el término de Abel-mehola en Tabat.
23 Y juntándose los de Israel de Neftalí, y de Aser, y de todo Manasés, siguieron a los madianitas.
24 Gedeón también envió mensajeros a todo el monte de Efraín, diciendo: Descended al encuentro de los madianitas, y tomadles las aguas hasta Bet-bara y el Jordán. Y juntos todos los varones de Efraín, tomaron las aguas de Bet-bara y el Jordán.
25 Y tomaron dos príncipes de los madianitas, Oreb y Zeeb; y mataron a Oreb en la peña de Oreb, y a Zeeb lo mataron en el lagar de Zeeb; y después
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