.
Abinadab.
La palabra Abinadab significa "mi padre es noble" o "mi padre es generoso". El verbo del cual proviene es nadab, "incitar", "impeler", siempre en un buen sentido, y por lo tanto "estar dispuesto", "ser voluntario". No se conoce su genealogía, pero debe haber sido un levita estrechamente emparentado con Aarón ya que se pudo nombrar a su hijo Eleazar como guardián del arca. El primogénito de Aarón se llamaba Nadab (Núm. 3: 2), y podría esperarse que uno de sus descendientes directos se llamara Abinadab.
En el collado.
Heb. baggibe"ah. Cuando aparece esta palabra, el contexto debe determinar si se usa como el nombre de un lugar o si la palabra sólo se refiere a una "colina" o "collado", tal como se traduce uniformemente en el AT. También había una "Gabaa de Benjamín" (1 Sam. 13: 16) o "Gabaa de Saúl" (cap. 11: 4).
Además, había un "collado" -literalmente, "Gabaa"- de Finees en el monte de Efraín (Jos. 24: 33). Los gabaonitas literalmente eran "moradores de colinas", y puesto que Quiriat-jearim era una de las cuatro ciudades que se mencionan como que les pertenecían (Jos. 9: 17), el collado ("Gabaa") donde moraba Abinadab correspondería con una colina en Quiriat- jearim o en sus proximidades.
A juzgar por la dirección que tomaron las vacas, uno llegaría a la conclusión de que Bet-semes era el lugar lógico donde debía quedar el arca. Pero la impía curiosidad de la gente y el temor de los que sobrevivieron al castigo, indican que sus habitantes no eran idóneos para la reverente custodia del sagrado símbolo de la presencia de Dios. A unos 15 km de distancia estaban los pobladores de Quiriat-jearim, cuya reputación justificaba la creencia de que pudieran trasladar y guardar a buen recaudo lo que no querían sus vecinos.
Muchas veces Israel estorbó a Dios en la realización de sus propósitos al no aceptar su consejo y no ajustarse a su plan. Cristo amaba a Judas y habría querido convertirlo en uno de los principales apóstoles, pero Judas rehusó serio (ver DTG 261). Cristo también amaba al joven rico que pregunta por el camino, pero a pesar de la invitación de seguir a Cristo, el joven se alejó apesadumbrado.
2.
Pasaron muchos días.
Se necesitaron 20 años para que los israelitas reconocieran que no era Dios el que los había dejado sino que ellos, por su egoísmo y rebelión, habían abandonado a Dios y por eso cosechaban amargura y sufrimiento. Una vez se necesitaron obreros para construir el arca, y se encontraron hotnbres dispuestos para la tarea cuando Dios delineó el plan. Cuando se necesitaron hombres para llevar el arca en sus diversas jornadas, se presentaron los levitas con buena disposición para ayudar a Moisés en el Sinaí. Al no cumplir Israel con sus responsabilidades, el arca cayó en manos de los idólatras, y se necesitó ayuda para llevarla de vuelta. Entonces fallaron los hombres; pero las bestias del campo obedecieron la dirección de Dios. Muy cerca estaban los que podían llevarla y guardarla con toda reverencia y orden. ¿Por qué no estuvieron listos para la responsabilidad? No se da ningún atisbo de su origen o genealogía que pudiera servir como base para algunas conclusiones. Todo lo que se consigna es que se necesitaron 20 años para que los israelitas aprendieran que la idolatría da malos resultados, y acudieran arrepentidos a Samuel. El arca quedó en la casa de Abinadab mientras Samuel fue juez, durante el reinado de Saúl y la primera parte del reinado de David, mientras se preparaba un lugar para ella en Jerusalén. ¡Cuán pacientemente espera Dios!
3.
Quitad los dioses ajenos y a Astarot.
Una frase usada para representar a los diversos dioses y diosas a los cuales los israelitas adoraban cuando se olvidaban del Señor. Astoret (plural, Astarot) estaba asociada a los baales fenicios o cananeos, pues era la principal deidad femenina de éstos (ver com. Juec. 2: 13).
Se consideraba que esta deidad representaba los poderes reproductores de la naturaleza. Por lo general, su culto consistía en orgías lascivas fomentadas muchas veces por mujeres dirigentes que se convertían en sus devotas y se conocían como "mujeres sagradas" o prostitutas del templo. Sin duda había en muchos hogares israelitas estatuillas de dioses filisteos y cananeos. Gradualmente el pueblo de Israel había caído bajo el dominio y control de los pueblos de la llanura con quienes tenía trato comercial (1 Sam. 13: 19) e intercambio social (Juec. 14). El hecho de que Israel dejara el arca en Quiriat-jearim durante muchos años y no hiciera nada para restaurar el servicio del templo o para proporcionar un debido lugar de descanso para el arca, muestra hasta qué punto se había 481 apartado de Dios. La historia no registra una deportación de los israelitas a las planicies costeras, similar a las deportaciones posteriores a Asiria y Babilonia. Sin embargo, Israel debe haber estado en relación con los filisteos en casi todos los tratos de la vida, sirviéndoles (1 Sam. 4: 9), pagando un tributo anual con diversas clases de productos y deleitándose en las orgías de los lugares altos tan comunes en todo el país. La restauración del arca de ninguna manera significaba que los filisteos dejaron de oprimir a los israelitas vencidos.
Samuel aparece ahora en el relato por primera vez desde la batalla de Afec, desempeñando el papel de un reformador que trató de que volviera a Dios un pueblo idólatra y egoísta. Tan sólo la imaginación puede describir lo que le significaron esos años mientras iba de un lugar a otro. No sólo visitaba los distritos próximos a Filistea; todo Israel oía sus súplicas, amonestaciones y oraciones, hasta que lenta pero seguramente en toda la nación hubo una convicción de pecado y de la necesidad de una renovada dependencia de Dios. Gráficamente les describía la condición en que estaban en comparación con el plan que Dios tenía para ellos, y les prometía que serían liberados de los filisteos si tan sólo se convertían en verdaderos israelitas, literalmente, "gobernados por Dios". Sabía Samuel que si el pueblo abandonaba su idolatría y rehusaba servir a los dioses filisteos, esto se interpretaría como el equivalente de una rebelión contra la supremacía filistea, y por supuesto significaría guerra. Pero Samuel tenía confianza en las promesas de Dios y prosiguió inspirando esperanza en un pueblo desdichado.
4.
A los baales y a Astarot.
Ver com. Juec. 2: 11, 13.
Sirvieron sólo a Jehová.
Los israelitas habían estado sometidos a los filisteos durante 40 años en los días de Samuel y Elí, y después de la muerte de Elí claudicaron entre dos opiniones durante otros 20 años. El pueblo arrepentido difícilmente sabía qué paso dar, pues había estado demasiado tiempo bajo el poder de la idolatría. El arca había desaparecido del tabernáculo y se había interrumpido el servicio del santuario (ver PP 660). No había fiestas anuales en las que los adoradores pudieran recibir instrucciones. Prácticamente había surgido una generación nueva desde que fue tomada el arca. El pueblo de Israel era como ovejas extraviadas en la ladera de una montaña. Se daba cuenta de que estaba perdido, pero no sabía cómo volver al redil. Anticipando el tiempo cuando su pueblo desearía apartarse de sus malos caminos, Dios preparó a un fiel pastor que buscaría a los perdidos para llevarlos de vuelta al aprisco. Tal como Dios lo había previsto, en su ansiedad Israel se volvió a Samuel.
Uno de los mayores motivos de ánimo que tiene el cristiano es la seguridad de que Dios siempre está preparado, cualesquiera sean las circunstancias. Para Aquel que conoce el fin desde el principio no hay ni prisa ni pausa. ¿Qué le habría sucedido a Israel en ese tiempo si no hubiese existido Samuel? ¿Qué le habría sucedido a Israel en Egipto si no hubiese existido Moisés? ¿Cómo habría sido instruido Nabucodonosor en los caminos de Dios si no hubiese existido Daniel? A través de la historia, siempre que una crisis ha demandado acción, ha estado listo un dirigente bien preparado para la tarea. Esto no significa que el dirigente siempre fuera todo lo que podría haber deseado el Señor. Muchos son llamados pero pocos son escogidos porque, a semejanza de Sansón, muchos rehúsan tener en cuenta las instrucciones que Dios les envía. Ciertamente, Jeremías estuvo bien preparado para una obra especial, y cumplió bien su papel. Sin embargo, Israel sufrió terriblemente porque el rey Joacim rehusó prestar atención al consejo que le daba este profeta. Tanto para las naciones como para los individuos, la gran pregunta en el día del juicio será: "¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?" (Isa. 5: 4).
5.
Mizpa.
Esta palabra significa "punto para observar". En hebreo, mitspeh era una "atalaya", y así se traduce en Isa. 21: 8. Durante años se pensó -y todavía algunos opinan de esa manera- que la Mizpa de Samuel es la moderna Nebí Samwîl, a 8 km al noroeste de Jerusalén, pero no ha sido posible realizar excavaciones allí debido a que una tumba ubicada en este lugar es sagrada para los árabes como sitio tradicional de la sepultura de Samuel. Sin embargo, las excavaciones favorecen la identificación de Mizpa con la moderna Tell en Natsbeh, a 12,2 km al norte de Jerusalén en el camino principal a Samaria.
6.
Sacaron agua, y la derramaron.
Los comentadores no están de acuerdo en cuanto al 482 significado de este texto. Algunos piensan que se refiere al dolor de Israel por su pecado al reconocer que si no hubiera sido por el poder de Dios habrían sido como "aguas derramadas por tierra" (2 Sam. 14: 14). Otros sugieren que estas palabras se refieren al agua y al vino derramados por el sacerdote en el principal día de la fiesta de los tabernáculos, que representaba el gozo con que sacaban agua "de las fuentes de la salvación" (Isa. 12: 2, 3). La fiesta de los tabernáculos era un recordativo del cuidado protector de Dios sobre Israel durante el éxodo, cuando manaron abundantes aguas de la roca herida. Refiriéndose a este incidente del desierto, Cristo declaró: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba" (Juan 7: 37). Quizá el verdadero significado esté en una combinación de las dos ideas. Realmente Cristo fue "derramado como aguas" (Sal. 22: 14) para que pudiera ser posible la salvación. Al derramar esta libación en Mizpa, Israel expresó el reconocimiento de su propia indignidad y solemnemente se regocijó en una renovada confianza en un Padre celestial que lo recibió con los brazos abiertos a pesar de sus extravíos espirituales.
Juzgó.
Este fue el comienzo del largo período de Samuel como juez.
7.
Subieron los príncipes de los filisteos.
Una vez que decidieron apartarse definitivamente de la idolatría, los israelitas se reunieron en Mizpa. Los príncipes de los filisteos reconocieron que eso era equivalente a una declaración de independencia, y se apresuraron a impedir cualquier tentativa de los israelitas en ese sentido. Los filisteos atacaron con tal rapidez, que los israelitas -reunidos desde diversas partes del país con propósitos pacíficos- se vieron obligados a hacerles frente sin estar preparados para la guerra. Sólo les quedaba el recurso de la oración.
8.
No ceses de clamar.
Literalmente, "no te calles de dar voces". Todos los hombres pasan por momentos de prueba, cada uno dentro de su propio ambiente y circunstancias. La primera prueba de Samuel fue si debía esperar que el Señor los guiara en la guerra, y la segunda si el pueblo iba a confiar en el Señor, en vez de huir aterrorizado frente a las huestes que avanzaban. Fue una dura prueba para los israelitas, pues habiendo renunciado a sus ídolos -a los que habían servido durante todos esos años- se preguntaban si les garantizaría entonces la victoria ese profeta que los había visitado vez tras vez. Su caso iba a ser una demostración práctica de lo que diría Josafat: "Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados" (2 Crón. 20: 20).
9.
Oyó.
Literalmente, "contestó". "Anah es un verbo común, traducido de diversas maneras en castellano, pero con el significado fundamental de "contestar". De parte de Dios, con frecuencia implica una respuesta visible, como en cap. 28: 15, cuando Saúl se quejó al espíritu invocado por la pitonisa de Endor de que Dios no le contestaba.
10.
Jehová tronó.
En este caso la respuesta de Dios (ver Sal. 99: 6) vino como en un trueno. Ver com. 1 Sam. 14: 15 donde hay otros ejemplos del uso milagroso que hace Dios de las fuerzas de la naturaleza. Habiendo renunciado a sus ídolos y confesado -con espíritu humilde- su alejamiento del Señor, ahora serían testigos de cuán prontamente Dios estaba dispuesto a tomarlos bajo su protección y demostraría el amor de un Padre celestial por el hijo pródigo que retornaba. Tan pronto como su pueblo cambió de proceder, Dios extendió sobre él su brazo protector. Bien podían los israelitas convertir ese lugar en un recordativo de la eterna piedad de Dios, de su amante cuidado y de su poder para proteger y liberar.
11.
Bet-car.
Aunque es dudosa su ubicación, algunos piensan que es la actual "Ain Kãrim, a 6,7 km al oeste de Jerusalén. Esta ha sido la opinión general, pero últimamente se ha identificado a Bet-car con Ramath-Rahel, a 4,6 km al sur de Jerusalén. Quizá la tormenta eléctrica provino del norte, y puesto que se consideraba a Baal como un dios de tormentas, los supersticiosos filisteos pueden haber huido aterrados por un dios cuya morada suponían que estaba en las montañas del norte. En su huida hacia el sur, probablemente los filisteos tomaron el camino más fácil para regresar a la llanura, camino que los llevaría a pasar directamente por Bet-semes hasta llegar a Ecrón. Por el camino fueron hostigados por los israelitas congregados. Y allí -como lo declaró Isaías siglos más tarde- bondadosamente Dios les dio inmediatamente "gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto" (Isa. 61: 3).
12.
Eben-ezer.
Literalmente, "ében ha"ézer, "la piedra de la ayuda", lo que evidentemente 483 se refiere a la liberación providencial recién mencionada. Así como la ayuda había sido específica, también el recordativo debía ser de una forma definida y permanente. El hecho de que Dios los hubiera liberado de los enemigos en esa ocasión era tan sólo una prenda de futuras intervenciones de la Providencia. Samuel quería que los israelitas comprendieran que el Señor los asistiría siempre si tan sólo le obedecían día tras día, y no sin tomar en cuenta su proceder subsiguiente. Es bueno que el cristiano vuelva constantemente a los Eben-ezeres de la vida, donde sobrevinieron liberaciones providenciales, para desconfiar de sí mismo y alcanzar una entrega plena y confianza en Dios.
13.
La mano de Jehová.
El mismo incidente providencial puede ser tanto una bendición como una desgracia. Una bendición para los que se entregan a la mano guiadora del Señor, y una desgracia para los que eligen servir al yo. La misma tormenta significó una victoria para los indefensos israelitas, y una derrota para los filisteos, que confiaban en la fortaleza de dioses falsos y en las proezas de sus propios ejércitos. La misma columna de la presencia de Dios que proyectó luz sobre los ejércitos del Señor envolvió en oscuridad a las huestes egipcias. Quizá los filisteos llegaron a la conclusión de que Baal -el dios de las tormentas (ver pág. 42)- ahora estaba luchando contra ellos y a favor de los ejércitos de Israel. Pero, debido a su renovada relación con Dios, los israelitas se beneficiaron de la creencia pagana tradicional y consumaron completamente su victoria sobre los enemigos.
Así fue entonces; así es hoy día. El hombre llega al punto en que reconoce que su vida es sumamente desagradable. Se encuentra atado a sus ídolos, cualesquiera sean. Se da cuenta de la inutilidad de los hábitos que ha cultivado, los motivos que ha abrigado y los deseos que ha complacido. Es atraído a la comunión que ve que otros disfrutan con Dios, así como Israel vio en Samuel durante esos 20 años. Renuncia a su vida pasada y confiesa su incapacidad para transformarse por sus propios esfuerzos. Entonces se rinde al Espíritu Santo y descubre que ha adquirido dominio propio al aceptar la ayuda espiritual que Dios le da para capacitarlo a fin de que alcance una vida superior. Los fracasos pasados se convierten así en peldaños. Los valles de Acor se convierten en puertas de esperanza (Ose. 2: 15).
15.
Juzgó Samuel a Israel.
Más talentos le fueron dados al hombre que ya había comerciado con éxito con los que le habían sido concedidos. No soñaba Samuel con la responsabilidad que recaería sobre sus hombros cuando fue por primera vez a Silo. Tampoco soñó Pedro cuando dejó Betsaida para visitar a Juan en Betábara, que un día llegaría a ser pescador de hombres. ¡Cuánto menos pensó que un día se sentaría con Cristo en el trono del universo!
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
viernes, octubre 7
EL 1 RA LIBRO DE SAMUEN CAPITULO 7
1ra. de Samuel
Capítulo 07
7:1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.
7:2 Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.
7:3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.
7:4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.
7:5 Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová.
7:6 Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.
7:7 Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.
7:8 Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos.
7:9 Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó.
7:10 Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel.
7:11 Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
7:12 Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.
7:13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel.
7:14 Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.
7:15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
7:16 Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares.
7:17 Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.
Capítulo 07
7:1 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.
7:2 Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.
7:3 Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.
7:4 Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.
7:5 Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová.
7:6 Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.
7:7 Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.
7:8 Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos.
7:9 Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó.
7:10 Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel.
7:11 Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.
7:12 Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.
7:13 Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel.
7:14 Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.
7:15 Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió.
7:16 Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares.
7:17 Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.
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