martes, septiembre 14

COMENTARIO MARCOS 8

Marcos 8
1. (8,1-10) En estos versículos leemos sobre la segunda alimentación. Algunos intérpretes no creen que
haya existido una segunda alimentación, sobre todo porque no pueden imaginarse que Jesús haya
hecho dos veces el mismo milagro. Pero esta repetición es lógica, cuando consideramos la reiterada
falta de comprensión y la poca fe de los discípulos; también es probable que los discípulos olvidaran lo
que Jesús había hecho anteriormente (comparar 4,40 con 6,49-52). Durante la primera alimentación, el
corazón de los discípulos estaba endurecido (6,52), de tal manera que no tenían suficiente fe en la
divinidad de Jesús. La pregunta de sus discípulos ("¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí
en el desierto?", 8,4), podría ser el resultado de este endurecimiento, sin embargo, también es posible
que sea una pregunta indirecta a Jesús para que repita el mismo milagro, como si dijeran "comer pan
aquí en el desierto es imposible si tú no haces algo".
¿Cuál es el significado de la segunda alimentación? ¿Sólo una repetición para confirmar a sus
discípulos la seguridad de su poder? Probablemente es algo más. La primera alimentación fue
incorporada en un período de descanso para los discípulos que acababan de volver. La segunda
alimentación tiene otro motivo. La gente ya hace tres días que está cerca del monte, por lo que es
normal que sientan hambre. Sólo cuando Jesús está a punto de despedir a la gente, habla acerca del
peligro de que algunos puedan sucumbir en el camino. Su misericordia se extiende hasta mas allá de su
regreso, ya que es su propósito que la gente se vaya para trabajar en su propio ambiente y dar a
conocer lo que Él les ha dado y enseñado. Les alimenta entonces, para que puedan testificar en su
propio ambiente de lo que habían visto y recibido de Jesús.
El cuidado de Dios sobre nuestra vida tiene un propósito: poder trabajar en su reino.
¿Empleamos esta oportunidad o la despreciamos?
2. (8,11-13) Jesús llama de forma indirecta a los fariseos para que le glorifiquen, lo cual no hacían, ni
hacen gran parte hoy en día. Sólo se dirigen a Él para probarle. Es evidente que Jesús reclama
autoridad divina. Si esto es verdad, es decir, si Jesús pretende ser quien dice ser, entonces los fariseos
le exigen que lo demuestre con alguna señal del cielo. No por algo que Él haga como persona (pues
según su opinión Jesús actúa por medio del diablo), sino por algo que Dios haga, como por ejemplo el
fuego que descendió del cielo como respuesta a la oración de Elías. Según las profecías pasarían
señales en el cielo en los días del Mesías (Joel 2,30-31), pero aún no se ve nada de estas cosas. Sin
una señal celestial Jesús no tiene la autoridad para hablar, enseñar y hasta cambiar preceptos divinos
de la purificación (como había pasado en el capítulo anterior). ¡Que Dios haga una señal para que sea
manifiesto que Jesús posee el derecho de reclamar autoridad divina!, decían los líderes religiosos.
Pero Jesús no necesita hacer esto. Pueden rechazarle como blasfemo o aceptarle como Hijo de Dios.
Por lo tanto, Jesús responde con el espíritu muy triste. Aquí no hay solución, ya que la incredulidad no
desaparece a través de las señales, sino por medio de la conversión. ¿Cómo es posible que justamente
esta generación (que tiene el privilegio de haber visto tantos milagros) pida una señal? "De cierto os
digo que no se dará señal a esta generación", ya que es una generación totalmente ciega. Llegarán las
señales de los cielos (Marcos 13,24-26), pero para entonces será demasiado tarde para los
impenitentes. Jesús los dejó volviéndoles la espalda (8,13). ¡Este es el inicio de lo que sucederá cuando
la señal pedida llegue!
* Contra la incredulidad no hay otro remedio que la conversión.
3. (8,14-21) Este pasaje nos habla de un malentendido por parte de los discípulos, debido a la falta de
pan. Jesús une a la imagen del pan una enseñanza y advertencia. Una advertencia para ver bien y
guardarse de la levadura de los fariseos y de Herodes. La levadura simboliza la influencia de ellos en el
pueblo, una influencia que empapa como levadura a toda la sociedad judía. Jesús no reacciona contra
la enemistad y odio de los fariseos hacia los discípulos (porque ante esto sus discípulos son
resistentes), sino contra la mala influencia y crítica de los fariseos lanzadas contra Él. Los discípulos no
le entienden bien, pues piensan que Jesús habla literalmente de levadura. A la vez piensan que su
Maestro no tiene el poder suficiente para darles de comer. Aún no entienden lo que Jesús quiere
decirles, y esto a causa de que sus corazones siguen siendo duros. ¿Teniendo ojos no ven, y oídos no
oyen? ¿Están los discípulos en la misma línea que el pueblo que sigue manteniendo distancia de
Jesús? En los versículos 19-21 Jesús señala el milagro de abundancia que Él había concedido hasta
dos veces. En ambas oportunidades los discípulos habían visto a Jesús como Creador. Por lo tanto
deben reconocerle como tal.
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* ¿En medio del rechazo hacia Jesús, seguimos creyendo en Él como el Mesías y Señor
Todopoderoso?
4. (8,22-26) La curación del ciego sigue a la conversación de los fariseos con Jesús acerca de la señal
del cielo y a la conversación con los discípulos, que también están ciegos al no conocer bien a Jesús. Él
y sus discípulos llegaron a Betsaida, no lejos del monte de la alimentación. Traen un ciego a Jesús con
la petición que Él le toque. Jesús le toca, pero no para sanarlo, sino primeramente para sacarlo fuera de
la aldea. El milagro es parecido al milagro del sordo (7,31-37) por los siguientes hechos:
- lo lleva a un lugar lejano;
- emplea su saliva e impone sus manos;
- se trata de una recuperación total;
- se le prohibe al sanado hablar acerca del milagro.
Jesús sana en dos etapas. Lo hace con la intención de demostrar que el milagro tiene relación con la
predicación del momento. No sólo este hombre es ciego, sino que muchos más lo son. Jesús no quiere
hacer énfasis en el milagro mismo (por eso la prohibición de decir algo), sino en los resultados del
milagro: ver a Jesús tal como es, y considerarlo como el Hijo poderoso de Dios.
* ¿Destacamos el milagro o glorificamos a Jesús mismo?
5. (8,27-9,1) Jesús y sus discípulos se acercan a Cesarea de Felipo, cerca de las fuentes del río Jordán.
El trabaja hasta en los rincones más apartados del norte de la tierra prometida. En el camino conversan
acerca de las opiniones que la gente tenía con respecto a Jesús. Esta conversación surge por una
pregunta hecha por el mismo Señor. Es importante darse cuenta que las respuestas se dirigen a un
precursor del Mesías, no al Mesías mismo. En el fondo, estas respuestas son una expresión de rechazo
hacia Jesús. Es evidente que la confesión de Pedro es algo que muchos no reconocen. La intención de
la pregunta de Jesús "Y vosotros, ¿quién decís que soy?", no es tanto una pregunta para una primera
confesión, pues los discípulos habían confesado anteriormente su fe en Él, sino más bien si ellos,
después de tanto rechazo, quieren persistir en su confesión. Por medio de las palabras de Pedro, que
son obra de Dios, perseveran en su confesión y muestran así que su fe es firme y probada.
* ¿A pesar de tantas opiniones distintas e incorrectas con respecto a Jesús, persistimos en la
confesión de que Él es la única esperanza?
Todo esto es una introducción a la enseñanza acerca del futuro sufrimiento. La confesión de la
mesianidad de Jesús será duramente atacada. Por eso Jesús confirma, en primer lugar, su mesianidad
antes de hablar de su sufrimiento. Para los discípulos no es compatible ser el Mesías y a la vez tener
que sufrir. Jesús va a explicar que estas dos cosas son conciliables, aunque los hombres no lo
comprendan. Por esa razón, Jesús no deja hablar a sus discípulos sobre su mesianidad. Hasta los
discípulos no entienden bien las implicancias del camino de Jesús. Por lo tanto, es necesario que
guarden silencio temporalmente sobre su mesianidad hasta que hayan recibido una preparación
suficiente para ser buenos predicadores de Cristo. Aún no lo son, pues su entendimiento acerca de la
mesianidad de Jesús no es correcto.
Ahora, Jesús comienza a enseñar a sus discípulos cuál es la obra principal del Mesías. El Hijo de Dios
fue hecho hombre (hijo de Adán) para sufrir mucho. Esto es necesario según el plan de Dios, a causa
de la culpabilidad de los hombres. Él debe sufrir, sobre todo por parte de los líderes del pueblo, hasta la
muerte. Pero ya que esta es su tarea, también llegará a su meta final: la muerte será seguida por la
resurrección y ascensión.
Pedro, al tener un falso concepto acerca del Mesías, aparta a Jesús y le amonesta, es decir, le prohibe
hablar de su sufrimiento. Jesús, sin embargo, se vuelve a los demás discípulos, pues es importantísimo
decirles a todos que así es el camino de Dios. Pedro ahora es portavoz del diablo, pues lo que él dice es
para Jesús una tentación real y satánica. Pedro quiere que Jesús cumpla el deseo de los hombres
(judíos nacionalistas): tener a un Mesías glorioso, que no tenga que pasar por la cruz y la muerte. Pero
de esta manera se desobedece a Dios, pues se atenta contra su voluntad.
* Sólo entendemos el sufrimiento de Jesús si conocemos la santidad y el amor de Dios.
Jesús continúa su enseñanza acerca de su sufrimiento, esta vez teniendo un auditorio más amplio
(v.34); también habla acerca de la vida de sus seguidores, sobre lo que deben hacer todos los que
quieren seguirle: "Negarse a sí mismo y tomar su cruz". Estas palabras, sin embargo, son una
indicación indirecta de su propia obra. El camino de negarse a sí mismo y tomar la cruz es en primer
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lugar el camino de Jesús. Solamente los que quieren seguirle en su camino pueden ser llamados
verdaderamente sus discípulos, los cuales no se escandalizan por su camino (el de Jesús) y están
dispuestos, aun, a morir por Él. Jesús no dice que todos morirán, pero sí dice que deben desear
seguirle en su camino hasta las últimas consecuencias. Esto aparece también en el versículo 35, en el
cual Jesús nos coloca a nosotros en la disyuntiva: tratar de salvar la vida (=no creer en un Jesús
crucificado, ni seguirle) o perder la vida (=creer en Jesús crucificado, y servirle aunque nos cueste la
vida). Sólo este camino nos lleva a la salvación.
En el versículo 36, Jesús nos llama a seguirle en este camino, debido a que el otro es un camino hacia
la muerte eterna. En el versículo siguiente Jesús nos muestra que no hay nada que pueda salvarnos
excepto la muerte suya. Nuestra vida no es una posesión que está exenta de la amenaza de muerte.
Estamos en el peligro de la muerte eterna. El destino eterno depende de la gracia de Dios en Jesús y de
la fe en su gracia. Ahora hay muchos que se avergüenzan de Jesús, porque Él es un Mesías que pasa
por la senda del sufrimiento. Los tales deben saber que también Jesús se avergonzará de ellos, ya que
sólo a través de su obra redentora podemos ser salvos.
Por otra parte, Jesús nos entrega, a la vez, una gran promesa (9,1): "Algunos de los que están aquí,
no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder." Según algunos
expositores, Jesús habla acerca de su resurrección, pero lo mejor es pensar en su segunda venida en
gloria. Jesús no comete una equivocación al decir que su venida es tan pronta que algunos no morirán,
sino que Él promete a sus discípulos verdaderos (por eso dice `algunos', ya que no todos le aceptan)
que no gustarán de la muerte. Para ellos la muerte ha perdido su carácter aterrador y no es un
obstáculo hacia la vida eterna, sino la puerta de entrada hacia ella.
* Sólo para aquellos que siguen a Jesús en su camino hacia la cruz se abren las puertas de la
vida eterna.
Síntesis aplicativa de temas importantes
1a. El motivo de la segunda alimentación es fortalecer física y espiritualmente a la multitud para
que al regresar a sus hogares respectivos testifiquen de lo que han recibido del Señor Jesús. Además,
podemos decir, que al ocurrir esta alimentación fuera de los límites de Israel (en la región de la
Decápolis) se abre la perspectiva hacia la predicación a las naciones. Si rogamos al Señor nueva fuerza
para seguir trabajando en su reino, podemos estar seguros que Él estará atento a nuestras peticiones.
1b. La compasión de Jesús abarca toda nuestra existencia. El Señor prevee las situaciones difíciles
a las que pueden verse enfrentadas las personas que deben regresar desde el desierto a sus
respectivos hogares. Jesús está interesado en sobremanera por la condición física de las personas,
aunque éstas sólo le busquen para ver cosas espectaculares en su ministerio. ¿Compartimos esta
compasión de Jesús por las necesidades de los hombres?
2a. No son las señales las que rompen la resistencia contra Jesús, sino el convertirse y
humildemente aceptar la autoridad divina de Jesús. Los fariseos piden una señal del cielo (= de
Dios) que manifieste que Jesús puede proceder con autoridad. Sin embargo, el problema está en el
corazón del hombre, no en la persona de Jesús.
2b. Para aquellos que sólo quieren ver algo sorprendente para creer en Jesús, recibirán lo que
quieren; pero, para entonces, esa señal sellará su condenación eterna. Los fariseos querían ver
algo sumamente grandioso que autentificara la autoridad de Jesús como Hijo de Dios. Así también
mucha gente quiere pasar por el mismo proceso. La Biblia enseña que habrá una señal extraordinaria
en los cielos: el regreso de Jesús a la tierra, en gloria y majestad. Mas cuando eso ocurra, la
oportunidad para que los hombres se hubiesen arrepentido delante de Dios, recibiendo a Jesús como
su Señor, habrá terminado para siempre.
3. Mantengamos, a pesar de las influencias negativas, nuestra fe firme en Jesús. El Señor advierte
a sus discípulos contra la levadura de los fariseos, es decir, la influencia negativa de ellos hacia su
persona. La mala interpretación de parte de los discípulos como si Jesús hubiera hablado de levadura
para preparar pan, muestra la dureza de sus corazones, la incredulidad y la desconfianza en cuanto al
poder de Jesús. Por esta dureza, ceguera e incredulidad corren el peligro de estar abiertos a la
influencia de los fariseos. ¿No corremos nosotros el mismo peligro?
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4. Jesús hizo milagros a fin de que todos creyeran verdaderamente en Él y glorificaran a quien
los había llevado a cabo. Nunca tuvo la intención de atraer la admiración del pueblo, simplemente por
cosas que nunca habían visto antes. La gente debe conocer a través de los milagros la real dimensión
de Majestad de Jesús. Si Él abre los ojos de un ciego es para que éste pueda contemplar al Hijo de
Dios que va camino al Calvario para morir por nuestros pecados.
5a. Tener una idea equivocada de la verdadera identidad de Jesús, es en realidad una forma de
rechazo muy sutil. Jesús recaba información, aunque Él lo sabe, de sus discípulos acerca del
pensamiento que la gente tiene de su persona. Para los hombres, Jesús es uno de los tantos profetas, y
no el Cristo, su Salvador. Hoy en día mucha gente se refiere a Jesús catalogándolo como el mejor de
los maestros de la vida, un filósofo, un poeta, y otras cosas semejantes; pero no lo reconocen como
Señor y Salvador que les puede librar de la condenación eterna. Frente a toda opinión distorsionada de
la persona de Jesús, mantengamos la verdadera confesión de quien es Él.
5b. No aceptar lo necesario del sacrificio de Cristo por nosotros es algo muy peligroso. Pedro,
como representante de los discípulos, confiesa, por obra del Padre, que Jesús es el Cristo; pero, más
tarde se opondrá al sufrimiento que Jesús debe soportar. Jesús revela a todos que la oposición a su
sacrificio es una actividad satánica. Para algunos les resulta una locura hablar de la sangre que lava
nuestros pecados, les resulta ilógico hablar de esto en un mundo computarizado. Nosotros nunca
debemos olvidar que fue el sacrificio de Cristo el que logró nuestra redención y salvación eterna.
5c. Para los creyentes la muerte ha perdido su carácter aterrador; ella es el paso a la gloria
eterna con Jesús. Seguir a Jesús es hacerlo hasta las últimas consecuencias, es mantener nuestra
confesión hasta la muerte. Avergonzarse del sacrificio expiatorio de Cristo traerá consecuencias de
eterna perdición. Mas para los que creen en Él con todo su ser verán que la muerte es tan sólo un paso
a la gloria con Jesús. Los creyentes no temen a la muerte de la misma manera que los incrédulos, pues
saben que ella no los puede sujetar a su dominio, ya que somos propiedad de Cristo Jesús.
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Marcos Capítulo 8

Marcos Capítulo 8

1 En aquellos días, como otra vez hubo gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo:

2 Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo; y no tienen qué comer.

3 Si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos.

4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar a éstos de pan aquí en el desierto?

5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.

6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dio a sus discípulos que pusiesen delante; y los pusieron delante a la multitud.

7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante.

8 Y comieron, y se saciaron; y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.

9 Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió.

10 Luego entrando en el barco con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.

11 Y vinieron los fariseos, y comenzaron a altercar con él, demandándole señal del cielo, tentándole.

12 Y gimiendo de su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.

13 Y dejándolos, volvió a entrar en el barco, y se fue a la otra ribera.

14 Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el barco.

15 Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.

16 Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.

17 Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan? ¿No consideráis ni entendéis? ¿Aún tenéis ciego vuestro corazón?

18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis?

19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce.

20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete.

21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?

22 Y vino a Betsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase.

23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veía algo.

24 Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan como árboles.

25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fue sano, y vio de lejos y claramente a todos.

26 Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

27 Salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

28 Ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros: Alguno de los profetas.

29 Entonces él les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dice: ¡Tú eres el Cristo!

30 Y les mandó que no hablasen esto de él a ninguno.

31 Y comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar después de tres días.

32 Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender.

33 Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.

34 Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

35 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del Evangelio, éste la salvará.

36 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y pierde su alma?

37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.