jueves, febrero 3

COMENTARIO DEL CAPITULO 1 DE LEVITICO

Levítico 1



Este capítulo trata acerca de los holocaustos (véanse también 6:8-13; Ex. 29:38-46), los sacrificios quemados por entero.


1:1 -- "Llamó" - de esta palabra viene el nombre del libro en hebreo: "Vaiyikra". La palabra "Levítico" viene de la versión griega (la Septuaginta).

-- "Llamó Jehová a Moisés, y habló con él ..." Esto indica el origen divino de los sacrificios prescritos en este libro. Aunque Moisés subió al monte Sinaí y estuvo allí por cuarenta días para recibir leyes y estatutos, Dios también se le apareció y le habló "desde el tabernáculo de reunión". Sobre el monte Dios reveló su gran majestad, su santidad, y lo que demandaba de Israel. Jehová se acercó a Israel, hablando con Moisés en el monte y cuando el tabernáculo se construyó, Dios se acercó a ellos, hablando con los representantes de la nación desde el propiciatorio en el lugar santísimo. Por medio de estos sacrificios el pueblo podía acercarse a Dios. El lenguaje de Sant. 4:8 se basa en este concepto: "Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros".

Dios habló directamente con Moisés, "cara a cara" (es decir, sin profeta, sueños ni visiones, etc. "Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras" (Núm. 12:8).



1:2 -- "Cuando alguno ... ofrece". Esto indica la naturaleza voluntaria de estos sacrificios. Ciertos sacrificios fueron re­queridos para cierto tiempo; por ejemplo, los sacrificios prescritos para el día de ex­piación (cap. 16), pero los sacrificios men­cionados en el cap. 1 habían de ser ofreci­dos voluntariamente y no había tiempo designado para hacerlo.

-- "de ganado vacuno u ovejuno", ani­males limpios, animales de valor. Les costó algo. (Compárese 2 Sam. 24:24). Por supuesto, se hizo provisión para los más pobres, pero es importante notar que los sacrificios eran, generalmente hablando, ofrendas de mucho valor y costo. La ex­piación no es barata. El sacrificio usual según la ley fue tomado del ganado va­cuno u ovejuno, animales útiles al hombre por ser domésticos y limpios.



1:3 -- "Si su ofrenda fuere holocausto". La palabra "holocausto" significa literal­mente "lo que asciende". Se distingue el holocausto de los demás sacrificios en que toda la carne se consumía sobre el altar. Dice Larousse, "m. (gr. holos, todo, y kaustos, quemado). Sacrificio, sobre todo entre los judíos, en que se quemaba com­pletamente la víctima ... la víctima así sacrificada. Fig. Ofrenda generosa, sacrifi­cio". Las ofrendas de Abel, Noé, Abraham y otros de tiempos más antiguos eran de esta clase. Ex. 29:42 habla del "holocausto continuo" porque se ofrecían cada mañana y cada tarde. Véanse los varios holocaustos mencionados en Núm. 28 y 29. El altar de bronce en el atrio del tabernáculo a veces se llamaba el altar del holocausto, porque allí fue ofrecido.

Los sacrificios eran el centro y corazón del culto del Antiguo Testamento. Véanse Gén. 4:4 y Heb. 11:4. El primer acto de Noé después del diluvio fue ofrecer sacri­ficio a Dios, Gén. 8:20.

La idea del holocausto fue el entre­garse totalmente al Señor. Cuando Abra­ham rindió su corazón enteramente al Señor (y lo demostró ofreciendo a Isaac) entonces Dios permitió que se ofreciera el carnero en su lugar. En su corazón (su in­tento) Abraham ofreció a su hijo Isaac como Dios ordenó. Todo sacrificio debía tener este significado; de otro modo no era sacrificio acepto y agradable.

El holocausto aceptable procuraba para el oferente la comunión con Dios. El pecado destruye esta comunión y por medio del sacrificio se restaura. La comu­nión con Dios se realiza ahora si aprovechamos el sacrificio de Cristo (1 Juan 1:7). Porque El se ofreció a sí mismo, su cuerpo, su vida, por nosotros. Léase Heb. 10:1-10, notando especial­mente los vers. 5-7, "Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu volun­tad, como en el rollo del libro está escrito de mí". Es decir, aquellos holocaustos y expiaciones no cumplieron el plan de Dios, no eran eficaces para hacerlo, "Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados" (ver. 4).

Sin embargo, Dios quería borrar los pecados para siempre; quería perdonarlos y olvidarse de ellos. Al venir Cristo para morir por nosotros, entonces Dios podía decir, "seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades" (8:12; 10:17).

Los israelitas ofrecían diferentes holo­caustos: 1) vacuno, el más costoso, 2) del rebaño, ver. 10, y 3), de aves, ver. 14, para los que no podían hacer ofrendas más cos­tosas. Nadie podía decir que por la po­breza no ofrecía nada.

-- "macho sin defecto". El macho siendo el más fuerte; y "sin defecto" para indicar la perfección que Dios siempre requiere. Léase Mal. 1:6-14 para ver el descuido del pueblo y la denuncia de Dios por la boca del profeta Malaquías. Cristo, nuestro perfecto sacrificio, "no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca" (1 Ped. 2:22). Dice Heb. 7:26, "Porque tal sumo sacer­dote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y he­cho más sublime que los cielos".

También nosotros tenemos que apartarnos de toda iniquidad si esperamos la aceptación con Dios como "sacrificios vivos" (Rom. 12:1, 2). Dios siempre ha re­querido el mejor servicio que el hombre puede darle, Mat. 6:33. "Da lo mejor al Maestro" dice el himno.

-- "lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová".

A. La presentación de la víctima se des­cribe en los vers. 4-6; todo fue hecho con­forme a la voluntad revelada de Dios. Al presentar la víctima el oferente reconocía sus pecados y su confianza en los medios provistos por Dios para expiarlos.

B. El tabernáculo no era sitio de reu­nión como una casa de oración de la igle­sia, sino más bien era el lugar donde los sacerdotes hacían los servicios requeridos por Dios. El pueblo no entraba en el tabernáculo mismo, sino que solamente llegaba al atrio, al altar de bronce dentro del atrio. Ex. 29:42 "en el cual me reu­niré con vosotros, para hablaros allí".



1:4 -- "Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya".

A. El hombre ha pecado, es culpable, y debe morir (Rom. 6:23). El pecador no puede disfrutar de la comunión con Dios; no puede estar en su divina presencia (porque "no hay ningunas tinieblas" en Dios, 1 Jn. 1:5). La consecuencia ineludible, pues, de nuestros pecados sería la separación eterna de la presencia de Dios y la gloria de su poder (2 Tesal. 1:9), pero gracias a Dios, El en su gran misericordia hizo posible un remedio eficaz, una manera de escapar de esta sentencia de muerte.

B. El poner su mano sobre la cabeza del animal era símbolo de identificación; es decir, el oferente indicaba que el animal era suyo y que lo ofrecía para el propósito indicado (sea para holocausto, o para ofrenda de paz, o para expiación). Es importante observar que había de poner su mano sobre la cabeza del animal si era ofrenda de paz (3:2, 8, 13).

C. Es cierto que cuando se ofrecía el sacrificio para expiación se confesaban pecados, pero cuando era sacrificio de paz, en lugar de confesar pecados, se ofrecían palabras de alabanza y gratitud hacia Dios. Pero en ambos casos el oferente ponía su mano sobre la cabeza del animal para identificarse con su sacrificio.

D. La conclusión ineludible es que el mero acto de poner las manos sobre el animal no indicaba que sus pecados eran transferidos al animal.

E. Sin estudiar a fondo este tema algunos hemos cometido el error de enseñar que Cristo fue nuestro sustituto, tomando nuestro lugar cuando murió por nosotros, pero la Biblia no enseña esto.

F. Entonces ¿qué significa el texto en Isaías que dice que "ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores" (Isa. 53:4-6). El v. 10 es muy claro: "cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado". Dejemos que Mat. 8:17 nos ayude con esta pregunta. Cuando Jesús llevó las enfermedades de la gente ¿se enfermó Él mismo? No, más bien, las sanó. Igualmente, cuando "El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1 Ped. 2:24) no llegó a ser pecador. Los pecados del hombre no fueron "imputados" (contados, cargados, transferidos) a Él, sino que los "llevó" en el sentido de hacer posible el perdón (sanidad espiritual).

G. 2 Cor. 5:21, "Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en Él". ¿En qué sentido? Obviamente llegó a ser el ofrenda o expiación por el pecado. En Levítico 4:21, 25; 6:25 y varias veces más el texto dice "pecado" pero quiere decir "expiación por el pecado". Heb.10:8, la palabra "expiaciones" es simplemente "pecado".

-- "expiación", de la palabra "cubrir". Los pecados deben ser cubiertos. En el Nuevo Testamento la palabra que corresponde es "propiciación" (Rom. 3:25; Heb. 2:17; 1 Jn. 2:2; 4:10). Cristo es nuestro "propiciatorio" (Heb. 9:5). Su sangre cubre nuestros pecados. Rom. 4:6-8.



1:5 -- "Entonces degollará el becerro en la presencia de Jehová". Esto lo hace el oferente mismo; es el último acto de él. Lo hace "al lado norte del altar" (ver. 11). Entonces el sacerdote se encargaba del servicio.

-- "y los sacerdotes hijos de Aarón ofre­cerán la sangre, y la rociarán alrededor so­bre el altar". Sin duda, este acto es el más importante del servicio entero, porque de esta manera se indicaba que el sacrificio se hacía a Dios con el propósito de hacer expiación por los pecados.

A. Los sacerdotes levíticos eran media­dores entre Dios y el pueblo. Aarón y sus hijos fueron escogidos para ser sacerdotes. Toda la tribu de Leví fue tomada por Dios para servir en asuntos sagrados, y de esta tribu Dios escogió a Aarón, hermano de Moisés, para ser sacerdote. (Véase Intro­ducción, II, A, p. 1).

B. La sangre (la vida, Gén. 9:4, 5; Lev. 17:11) fue derramada y rociada alrededor sobre el altar. La vida del animal fue en­tregada a la muerte y Dios la aceptó para "cubrir" (hacer expiación de) los pecados del adorador.

C. La palabra "expiación" significa li­teralmente "una cubierta" (kaper). Por medio del holocausto presentado volun­tariamente y administrado por el sacer­dote, el israelita tenía sus pecados cubier­tos y él mismo fue cubierto (protegido) de la pena que sus pecados merecieron. El holocausto "será acepto en favor suyo para hacer expiación por él" (ver. 4, VM).



1:6 -- "Y desollará el holocausto". Cuando alguien ofrecía sacrificio de holo­causto, el sacerdote se quedaba con la piel, 7:8.



1:7 -- "pondrán fuego". Esto se refiere solamente a la primera vez porque el fuego sobre el altar nunca se apagó, 6:13.

-- "compondrán la leña". Es interesante notar en estos versículos, como en varios otros textos, que nuestro Dios es Dios de orden. Dice el ver. 8, "pondrán en or­den las piezas"; el ver. 12, "El sacerdote entonces los pondrá en orden". Gén. 1 y 2 describe la creación ordenada del mundo (la misma palabra "cosmos" significa "orden"). En Gén. 6:14-16 notamos que las dimensiones del arca se prescribieron con cuidado. En Exodo 25-28 observamos orden en la construcción del tabernáculo y todas las cosas conectadas con su servicio. En Núm. 2 vemos los campamentos de las doce tribus, todo en orden, cada tribu acampada en su lugar designado.

Todos estos textos, y muchos otros so­bre el tema, contienen lecciones valiosas para nosotros. Es necesario que el hom­bre ponga en orden su vida, buscando primeramente las cosas de Dios, te­niendo buen orden en el hogar, en el tra­bajo, en el estudio y en todo. El caos no contribuye a la justicia. Un sermón desor­denado no convierte ni edifica. Una ofi­cina (biblioteca) desordenada no induce al estudio. Cualquier hombre exitoso es hombre bajo disciplina, hombre que res­peta y practica el buen orden.



1:9 -- "todo". Los intestinos y su grosura (ver. 8), las piernas, como también la cabeza (ver. 8), todo menos la piel (7:8) y el contenido de los intestinos.

-- "ofrenda encendida". El propósito no era simplemente convertir el animal en ceniza, sino de hacerlo ascender a Dios en su esencia etérea (los gases). La víctima era transformada en humo y aroma que ascendían a Dios.

-- "olor grato para Jehová". Esto significa placer; Dios se agradaba con tal servicio. Si el israelita ofrecía el holocausto sin de­fecto, con sinceridad y humildad, Dios se agradaba. Los sacrificios ofrecidos con sinceridad indicaban corazón arrepentido, humillado (Sal. 51:17, "los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despre­ciarás Tú, oh Dios".) Pero estos sacrificios solos, no acompañados de un corazón co­rrecto, eran abominables al Señor. Dios no ordenó estos sacrificios como ritos vacíos. No quería el acto solo, sino que buscaba sinceros adoradores, gente fiel y piadosa. Requería estos sacrificios como expresiones apropiadas de dar su corazón y vida a El.

A. Pero Dios abominaba y rechazaba estos mismos sacrificios cuando su pueblo los ofrecía de la manera insincera. A través de los años el pueblo ofrecía sacrificios aunque se habían rebelado contra la ley de Dios, eran idólatras, crueles, e hipócritas (Isa. 1:10-20; Jer. 6:20; 7:21-23, "esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz"; Oseas 6:6; 8:13; Miqueas 6:6-8; Mal. 1:6-14; 2:13). De esta manera hablaron todos los profetas.

B. Nos conviene leer y predicar fre­cuentemente estos textos, porque nuestro Dios es el mismo ahora, y el culto vacío todavía se rechaza. Mar. 12:33, "Y al amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con to­das las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holo­caustos y sacrificios". Cristo es nuestro perfecto ejemplo de agradar al Padre: "Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio en olor fragante" (Efes. 5:2).

C. Aunque el holocausto tenía que ver con la justicia de Dios, también estaba in­volucrada la idea de misericordia, porque si alguno no tenía "ganado vacuno u ove­juno", entonces debería ofrecer aves. "El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es in­justo, también en lo más es injusto" (Luc. 16:10).

D. Al ofrecer aceptablemente el holo­causto, el israelita se rendía totalmente al Señor. Hundía su alma en la muerte de la víctima que murió por él y después ofrecía sus miembros como consagrados a Dios (véase Rom. 6:13, 16).


1:11 -- "al lado norte". El lado oriental era "el lugar de las cenizas" (ver. 16).


1:14 -- "aves" limpias y con hábitos sanos. Estas aves existen en abundancia en Palestina, especialmente los palominos. Los hombres más pobres pueden comer por lo menos esta clase de carne; y al mismo tiempo tenían algo que ofrecer a Jehová por pobres que fuesen. "Ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías" (Ex. 23:15; 34:20; Deut. 16:16).



1:16 -- "cenizas" - Ex. 27:3 habla de los "calderos para recoger la ceniza" y Lev. 4:12 habla de "lugar limpio donde se echan las cenizas". El cap. 6, vers. 10, 11 dicen que "cuando el fuego hubiere con­sumido el holocausto, apartará él las cenizas de sobre el altar, y las pondrá junto al altar. Después se quitará sus vestiduras y se pondrá otras ropas, y sacará las cenizas fuera del campamento a un lugar limpio".





Al Estudio Anterior: Notas sobre Levítico - Introducción Comentarios Index Al Siguiente Estudio: Notas sobre Levítico - Capítulo 2

Notas sobre Levítico

Notas sobre Levítico

Copyright 1982

By Wayne Partain

Derechos Reservados

Versiones

Texto de las notas: Valera Revisada 1960

La Versión Moderna (VM)

La Biblia de las Américas (BAS)

Nacar Colunga (NC)

Obras citadas

Edersheim “Bible History, Old Testament, Vol. I-IV,página 139

Keil and Delitzsch, Commentaries on the Old Testament (K-D)

An Exposition of Leviticus by A. A. Bonar (AAB)

Notes on the Old Testament by Albert Barnes (AB)

Commentary on the Whole Bible by Matthew Henry (MH)



Introducción

I. La importancia del libro.

A. Desde luego, la importancia del li­bro se ve en el sencillo hecho de que está en la Biblia. Todo libro de la Biblia es muy importante. Pero veremos la impor­tancia del libro al fijarnos en su signifi­cado, contenido y relación con el resto de la Biblia.

B. Levítico cabe perfectamente bien después del libro de Exodo, no porque contenga datos históricos que los conecten entre sí, sino porque al escribir el libro de Exodo, Moisés reveló los detalles de la construc­ción del tabernáculo y era necesario que se registrara también los detalles del servicio del tabernáculo, y esto es precisamente el propósito y contenido de Levítico. Si el libro de Levítico hubiera precedido el de Exodo, los servicios del tabernáculo se hubieran delineado antes de su existencia.

C. Este libro es importante porque trata acerca de la expiación de los pecados del pueblo y de su acercamiento a Dios. En varios detalles la carta a los Hebreos co­rresponde a Levítico porque en los dos li­bros existe el plan o arreglo divino para acercarnos a Dios. Dice Heb. 10:22, "acerquémonos con corazón sin­cero". De manera imperfecta los is­raelitas podían acercarse a Dios por medio de los sacrificios de animales y la mediación del sacerdocio de Aarón, pero de manera perfecta nosotros podemos acer­carnos a Dios por medio del perfecto sacrificio y mediación de Cristo. Examinar estos libros conjuntamente y punto por punto es un estudio muy provechoso. Re­comiendo un repaso de las Notas so­bre Hebreos por el hermano Bill H. Reeves al estudiar estas Notas sobre Levítico.

II. El significado y natu­raleza del libro.

A. El significado de Levítico.

1. Viene del nombre Leví, uno de los doce hijos de Israel (Jacob). La familia o tribu de Leví fue escogida por Dios como posesión especial de El. Dios dijo (Ex. 13:2), "Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es". Pero Dios aceptó a los levitas (la tribu entera) en lugar de los primogénitos, y así los israelitas podían redimir a sus primogénitos. Dice Núm. 3:41, "Y tomarás a los levitas para mí en lugar de todos los primogénitos de los hi­jos de Israel, y los animales de los levitas en lugar de todos los primogénitos de los animales de los hijos de Israel. Yo Je­hová". Luego en Núm. 8:19, hablando del mismo asunto, agrega: "Y yo he dado en don los levitas a Aarón y a sus hijos de en­tre los hijos de Israel, para que ejerzan el ministerio de los hijos de Israel en el tabernáculo de reunión, y reconcilien a los hijos de Israel; para que no haya plaga en los hijos de Israel, al acercarse los hijos de Israel al santuario". Así vemos claramente que Dios escogió a los levitas para el mi­nisterio del tabernáculo. Véase 1 Crón. 23 para aprender sus deberes como gobernadores, jueces, músicos y can­tores (tributando alabanzas a Dios), porteros, etc.

2. Levítico es el nombre de este libro en la Septuaginta, la versión griega (todos los libros del Antiguo Testamento fueron revelados originalmente en hebreo). El nombre hebreo del libro es Vaiyikra, que es la primera palabra del libro, "Llamó".

B. La naturaleza del libro.

1. Levítico, pues, es el libro que re­vela y explica las leyes y reglamentos que gobernaban el servicio religioso de los is­raelitas, bajo el ministerio de los levitas y especialmente el de los sacerdotes (Aarón y sus hijos).

2. Este libro se puede considerar como un manual para los levitas y espe­cialmente para los sacerdotes.

3. El libro tiene que ver con los sa­crificios, ofrendas, servicios de un pueblo sagrado. Tiene que ver con cosas sagradas: el tabernáculo, sus muebles y utensilios; días santos, etc.

4. Levítico no es un libro de historia. Los eventos históricos narrados son muy pocos (véanse 10:1, 2, el pecado de Nadab y Abiú y su consecuencia; 24:8, el pecado de blasfemia y su consecuencia).

5. No hemos de pensar que Levítico trate acerca de la religión externa sola­mente. Los sacrificios no valían si los ofe­rentes no reconocían su significado; eran medios de acercarse a Dios. Requerían fe, humildad, arrepentimiento, confesión de pecado, gratitud a Dios, etc. (Véase 26:30-41). Tenía que ser servicio de corazón. Además, en 19:18 hallamos el texto que se cita varias veces en el Nuevo Testamento: "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Si este mandamiento como se cita en el Nuevo Tes­tamento es servicio espiritual, también lo era en el Antiguo Testamento. (Véase "Lecciones que aprendemos", V, D, de esta Introducción).

III. Bosquejo del libro por Edersheim ("Bible History, Old Testa­ment, Volumes I-IV, Pág. 139).

Parte I - capítulos 1-16 - Cómo acer­carse a Dios para poder tener comunión con El.

1. Comienza el libro apropiada­mente con una descripción de las varias clases de sacrificios, capítulos 1-7. Porque primeramente, antes de poder existir el acceso a Dios, el pecado tiene que ser quitado. El pecado es lo que separa al hombre de Dios.

2. Los capítulos 8-10 tratan acerca de la consagración del sacerdocio, los sa­crificios y el pecado de Nadab y Abiú.

3. Los capítulos 11-15 tratan acerca de los oferentes mismos:

a. Estos deben ser limpios:

1) personalmente, cap. 11.

2) en su vida familiar, cap. 12.

3) como congregación, caps. 13-15.

4. Capítulo 16, un capítulo clave, explica la purificación de Israel en el gran día de la expiación. Con este importante capítulo la primera parte del libro, que trata acerca del acceso a Dios, termina.

Parte II - capítulos 17-27 - trata acerca de la consagración, o sea la santidad que debería caracterizar a aquellos que han tenido (por medio de los sacrificios ad­ministrados y mediados por el sacerdocio levítico) su acceso o acercamiento a Dios.

1. Santidad personal, cap. 17.

2. Santidad en la relación familiar, cap. 18.

3. Santidad en las relaciones so­ciales, caps. 19, 20.

4. Santidad en el sacerdocio, caps. 21, 22.

5. Las épocas santas (las fiestas anua­les), caps. 23, 24.

6. El castigo del blasfemo, cap. 24:10- (Es interesante notar aquí, que como las direcciones divinas en conexión con el sacerdocio fueron enfatizadas o acentuadas por el castigo sobre Nadab y Abiú, 10:1, 2, así también el deber solemne de todo Israel de respetar y reverenciar el nombre de Jehová se exhibe en el castigo sobre este hombre que lo blasfemó).

7. Santidad en la tierra, cap. 25. Como la Parte I, que describe el acceso a Dios, se culminó en el día de expiación, así la Parte II se culminó en el año del ju­bileo.

8. Las bendiciones pronunciadas so­bre la fiel observancia del pacto, cap. 26.

9. Los votos, cap. 27.

IV. Israel - una nación santa.

A. Todo aspecto de esta gran nación era especial, peculiar, y excepcional. Israel era una nación extraordinaria. ¿Qué otra nación jamás comenzó con su vida na­cional entera planeada y determinada en todo detalle como ésta? Todas las orde­nanzas e instituciones que la gobernaban fueron explicadas amplia y claramente.

B. Nótense las siguientes Escrituras que enfatizan lo peculiar y especial de Is­rael: Ex. 4:22; 19:5, 6; Deut. 7:6; 10:15.

C. Israel era una nación "llamada". "Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo" (Oseas 11:1). Jehová exigió que Israel fuese pueblo peculiar, separado de las demás naciones. Les recordó de esto en muchas maneras; les dio leyes diferentes de las demás naciones, tenían costumbres diferentes, y Dios les decía constantemente que su única esperanza de seguir recibiendo su favor era guardar sus mandamientos y guardarse separados de las naciones paganas.

V. Los sacrificios que Israel debería ofrecer.

A. Antes de llegar al libro de Levítico leemos de sacrificios. (Gén. 4:4; 8:20, nótese el mismo punto que hallamos en Lev. 17:11; Ex. 5:1-3 y muchos otros tex­tos.) La práctica de ofrecer sacrificios a Dios ha existido desde que el pecado fue introducido en el mundo.

B. Pero en Levítico Dios prescribe diferentes clases de sacrificios desconoci­dos antes, los que habían de ofrecer los sacerdotes levíticos. (Bajo el sistema más antiguo, el padre de familia hacía las veces de sacerdote; por eso decimos "dispensación patriarcal").

C. El ofrecimiento continuo de sacrifi­cios de animales tenía el propósito de grabar en la mente de Israel que Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador y quiere tener comunión con él. Por lo tanto, ellos nunca deberían cansarse de ofrecer "los mismos sacrificios" continua­mente para poder realizar este propósito tan importante. El pecado destruye la co­munión con Dios (Isa. 59:1, 2), pero por medio de los sacrificios nombrados por Dios, el hombre podía ser reconciliado con Dios, y tener comunión con El.

Ahora nosotros podemos acercarnos a Dios por medio de nuestro perfecto Sacri­ficio, Jesucristo. Heb. 10:22, "acer­quémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura". El plan de Levítico es el mismo que Hebreos: una provisión por la que el hombre puede acer­carse a Dios y tener comunión con El. En los dos libros se afirma clara y enfáti­camente que Dios mismo provee los medios. Con gratitud debemos apro­vecharlos.

D. Algunas lecciones que apren­der:

1. El pecado provoca la ira de Dios y, como consecuencia, la separación de Dios.

2. El hombre, habiendo pecado, debe hacer algo. Dios provee la salvación, pero queda algo que el hombre debe hacer. Dios no hará por el hombre lo que él tiene que hacer por sí mismo.

3. El hombre no puede recibir ningún beneficio del plan de Dios a menos que esté dispuesto a reconocer su pecado y su estado pecaminoso.

4. Requerida también es la dedi­cación total, la completa consagración de su ser. Esto se ve claramente en los holo­caustos.

5. Estos sacrificios no son presenta­dos según la opinión humana de los ofe­rentes. Dios reveló todo detalle de este servicio e insistió en que todo se hiciera a conciencia y de acuerdo a lo que El re­veló. Recuérdese 10:1, 2.

6. Los sacrificios fueron presentados "delante de Jehová", es decir, delante del tabernáculo de reunión, el lugar que Dios designó, el lugar donde El hizo recordar su Nombre (Ex. 20:24).

7. El oferente aceptó la mediación sacerdotal de Aarón porque éste fue "llamado por Dios" (Heb. 5:4) y la de sus hijos (sucesores). Dios no dijo a los israeli­tas que cada quien pudiera ofrecer lo que quisiera de la manera que escogiera en el lu­gar de su predilección y todo sin la me­diación de sacerdotes escogidos por Dios. El pueblo no podía escoger sacerdotes conforme a su propia idea (recuérdese el pecado de Jeroboam, 1 Reyes 12:25-33). El oferente hacía su parte en la presentación pero entonces tenía que respetar al sacer­dote levítico quien hizo por él lo que Dios mandó. Entre los oferentes y Dios había mediadores, los sacerdotes levíticos. Esta verdad debe observarse con cuidado. Hoy en día millones de profesados seguidores de Dios no hacen caso a Cristo quien dice, "nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). El es nuestro único Mediador, 1 Tim. 2:5. "... por medio de El ... tenemos entrada ... al Padre" (Efes. 2:18; 3:12).

8. Cuando la comunión con Dios se restauraba en la manera prescrita por El, entonces el israelita había de ofrecer a Dios servicio diario con gozo, con su vida enteramente consagrada y dedicada a El.

E. Los sacrificios no eran un fin en sí mismos, sino que eran el medio para al­canzar el fin deseado: la comunión con Dios.

1. Israel, olvidando esto, dejó que el servicio llegara a ser un rito vacío. Di­jeron, "¡Oh, qué fastidio es esto!" (Mal. 1:13).

2. Olvidando esto, los hijos de Aarón ofrecieron fuego extraño, 10:1, 2.

3. Olvidando esto, los hijos de Elí llegaron a ser "hombres impíos" e hicieron pecar al pueblo en cuestión de los sacrifi­cios (1 Sam. 2:12-24).

4. Pero este problema no tocó sola­mente a Nadab, Abiú, Ofni y Finees, sino que era un problema común entre todos los israelitas. Guardaban las cosas externas, pasando por alto el propósito verdadero de los sacrificios. Los profetas denunciaron este mal (Miqueas 6:6-8; Oseas 6:6, etcétera).

VI. Su carácter mesiánico.

A. Finalmente, si queremos entender este libro, es muy importante que veamos su carácter mesiánico. Definitivamente Levítico se incluye en lo que Pablo dice en Gál. 3:24, "La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo". También Levítico tiene mucho que ver con lo que Heb. 10:1 dice, "la ley, teniendo la sombra de los bie­nes venideros".

B. Todas las instituciones de la ley de Moisés tenían carácter mesiánico. Todo apunta directa o indirectamente hacia Cristo, "el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo" (Juan 1:29).

C. Y en especial hemos de pensar en Cristo al ver la palabra "expiación", porque "El es la propiciación por nuestros pecados" (1 Juan 2:2; 4:10). La palabra "propiciación" se usa en el Nuevo Testa­mento para corresponder a la palabra "expiación" en el Antiguo Testamento.

Al Estudio Anterior: Comentarios Index Comentarios Index Al Siguiente Estudio: Notas sobre Levítico - Capítulo 1