CAPÍTULO XXI
Versículos 1—9. David con Ahimelec. 10—15. David se finge loco en Gat.
Vv. 1—9. David, en problemas, huyó al tabernáculo de Dios. Gran consuelo en el día difícil es que
tengamos un Dios al cual acudir, al cual podemos presentar nuestro caso y al cual podemos pedir y
esperar dirección. —David le dijo a Ahimelec una tremenda mentira. ¿Qué diremos a esto? La
Escritura no lo oculta, y no nos atrevamos a justificarlo; estuvo mal hecho y tuvo malas
consecuencias, porque ocasionó la muerte de los sacerdotes del Señor. David, después reflexionó
sobre esto con arrepentimento. David tenía gran fe y valor, pero ambos le fallaron; cayó torpemente
por temor y cobardía, y debido a la debilidad de su fe. Si hubiera confiado correctamente en Dios,
no hubiera usado ese cuento triste y pecaminoso para su supervivencia. Está escrito, no para que lo
imitemos, ni siquiera en los mayores aprietos, sino como advertencia para nosotros. David pidió pan
y espada a Ahimelec. Este supuso que podían comer del pan de la proposición. El Hijo de David
enseña, a partir de esto, que la misericordia es mejor que los sacrificios; que las observancias
rituales deben dar preferencia a los deberes morales. —Doeg entró en el tabernáculo tanto como
David. Poco sabemos con qué corazón viene la gente a la casa de Dios, ni del uso que harán de la
pretendida devoción. Si muchos vienen con corazón sencillo a servir a su Dios, otros vienen a
observar a sus maestros y se convierten en acusadores. Sólo Dios y lo que ocurra pueden distinguir
entre un David y un Doeg cuando ambos están en el tabernáculo.
Vv. 10—15. El perseguido pueblo de Dios ha hallado a menudo un mejor trato de los filisteos,
que de los israelitas. David tenía razón para poner su confianza en Aquis, pero empezó a temer. Su
conducta fue degradante y se mostró vacilante en su fe y valor. Mientras más sencillamente
confiemos en Dios y le obedezcamos, más cómoda y seguramente caminaremos por este
problemático mundo.
lunes, febrero 13
EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 21 COMENTARIO
CAPÍTULO XXI
Versículos 1—9. David con Ahimelec. 10—15. David se finge loco en Gat.
Vv. 1—9. David, en problemas, huyó al tabernáculo de Dios. Gran consuelo en el día difícil es que
tengamos un Dios al cual acudir, al cual podemos presentar nuestro caso y al cual podemos pedir y
esperar dirección. —David le dijo a Ahimelec una tremenda mentira. ¿Qué diremos a esto? La
Escritura no lo oculta, y no nos atrevamos a justificarlo; estuvo mal hecho y tuvo malas
consecuencias, porque ocasionó la muerte de los sacerdotes del Señor. David, después reflexionó
sobre esto con arrepentimento. David tenía gran fe y valor, pero ambos le fallaron; cayó torpemente
por temor y cobardía, y debido a la debilidad de su fe. Si hubiera confiado correctamente en Dios,
no hubiera usado ese cuento triste y pecaminoso para su supervivencia. Está escrito, no para que lo
imitemos, ni siquiera en los mayores aprietos, sino como advertencia para nosotros. David pidió pan
y espada a Ahimelec. Este supuso que podían comer del pan de la proposición. El Hijo de David
enseña, a partir de esto, que la misericordia es mejor que los sacrificios; que las observancias
rituales deben dar preferencia a los deberes morales. —Doeg entró en el tabernáculo tanto como
David. Poco sabemos con qué corazón viene la gente a la casa de Dios, ni del uso que harán de la
pretendida devoción. Si muchos vienen con corazón sencillo a servir a su Dios, otros vienen a
observar a sus maestros y se convierten en acusadores. Sólo Dios y lo que ocurra pueden distinguir
entre un David y un Doeg cuando ambos están en el tabernáculo.
Vv. 10—15. El perseguido pueblo de Dios ha hallado a menudo un mejor trato de los filisteos,
que de los israelitas. David tenía razón para poner su confianza en Aquis, pero empezó a temer. Su
conducta fue degradante y se mostró vacilante en su fe y valor. Mientras más sencillamente
confiemos en Dios y le obedezcamos, más cómoda y seguramente caminaremos por este
problemático mundo.
Versículos 1—9. David con Ahimelec. 10—15. David se finge loco en Gat.
Vv. 1—9. David, en problemas, huyó al tabernáculo de Dios. Gran consuelo en el día difícil es que
tengamos un Dios al cual acudir, al cual podemos presentar nuestro caso y al cual podemos pedir y
esperar dirección. —David le dijo a Ahimelec una tremenda mentira. ¿Qué diremos a esto? La
Escritura no lo oculta, y no nos atrevamos a justificarlo; estuvo mal hecho y tuvo malas
consecuencias, porque ocasionó la muerte de los sacerdotes del Señor. David, después reflexionó
sobre esto con arrepentimento. David tenía gran fe y valor, pero ambos le fallaron; cayó torpemente
por temor y cobardía, y debido a la debilidad de su fe. Si hubiera confiado correctamente en Dios,
no hubiera usado ese cuento triste y pecaminoso para su supervivencia. Está escrito, no para que lo
imitemos, ni siquiera en los mayores aprietos, sino como advertencia para nosotros. David pidió pan
y espada a Ahimelec. Este supuso que podían comer del pan de la proposición. El Hijo de David
enseña, a partir de esto, que la misericordia es mejor que los sacrificios; que las observancias
rituales deben dar preferencia a los deberes morales. —Doeg entró en el tabernáculo tanto como
David. Poco sabemos con qué corazón viene la gente a la casa de Dios, ni del uso que harán de la
pretendida devoción. Si muchos vienen con corazón sencillo a servir a su Dios, otros vienen a
observar a sus maestros y se convierten en acusadores. Sólo Dios y lo que ocurra pueden distinguir
entre un David y un Doeg cuando ambos están en el tabernáculo.
Vv. 10—15. El perseguido pueblo de Dios ha hallado a menudo un mejor trato de los filisteos,
que de los israelitas. David tenía razón para poner su confianza en Aquis, pero empezó a temer. Su
conducta fue degradante y se mostró vacilante en su fe y valor. Mientras más sencillamente
confiemos en Dios y le obedezcamos, más cómoda y seguramente caminaremos por este
problemático mundo.
EL LIBRO 1 DE SAMUEL CAPITULO 21
21 1 Entonces David fue a Nob, al sacerdote Ajimelec. Este se sorprendió al encontrar a David y le preguntó:
-¿Por qué estás tú solo, sin que haya nadie contigo?
2 David respondió al sacerdote Ajimelec:
-El rey me ha encomendado un asunto y me ha dicho: "Nadie sepa nada de este asunto al cual te envío y que te encomiendo." Y en cuanto a los jóvenes, acordamos reunirnos en cierto lugar. 3 Ahora pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que haya.
4 El sacerdote respondió a David y dijo:
-No tengo a mano pan común. Solamente tengo pan sagrado, si es que los jóvenes se han abstenido, al menos, de mujeres.
5 David respondió al sacerdote y le dijo:
-A la verdad, las mujeres nos han sido vedadas como antes, al salir; y los cuerpos de los jóvenes están purificados, aun cuando el camino es profano. Con mayor razón hoy, ellos tienen sus cuerpos purificados.
6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había más pan que los panes de la Presencia, los cuales habían sido retirados de la presencia de Jehovah y reemplazados por panes calientes el día en que fueron quitados.
7 Aquel día estaba presente allí, detenido delante de Jehovah, uno de los servidores de Saúl, cuyo nombre era Doeg el edomita, el principal de los pastores de Saúl.
8 David preguntó a Ajimelec:
-¿No tienes aquí a mano una lanza o una espada? Como las órdenes del rey eran apremiantes, no tomé en mi mano ni mi espada ni mis otras armas.
9 El sacerdote respondió:
-La espada de Goliat el filisteo, a quien tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un lienzo, detrás del efod. Si quieres tomarla, tómala, porque aquí no hay otra sino ésa.
Y David dijo:
-¡Ninguna hay como ésa! ¡Dámela!
David finge estar loco en Gat
10 Aquel día David se levantó y huyó de la presencia de Saúl, y se fue a Aquis, rey de Gat. 11 Los servidores de Aquis le dijeron:
-¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿No es éste aquel a quien cantaban con danzas, diciendo: "Saúl derrotó a sus miles, y David a sus diez miles"?
12 David tomó a pecho estas palabras y tuvo gran temor de Aquis, rey de Gat. 13 Así que cambió su conducta delante de ellos, fingiéndose loco cuando estaba con ellos. Hacía marcas en las puertas de la ciudad y dejaba caer su saliva sobre su barba.
14 Entonces Aquis dijo a sus servidores:
-¡He aquí, veis que éste es un hombre demente! ¿Por qué me lo habéis traído? 15 ¿Acaso me faltan locos a mí, para que me traigan a éste, a fin de que haga locuras en mi presencia? ¿Había éste de entrar en mi casa
-¿Por qué estás tú solo, sin que haya nadie contigo?
2 David respondió al sacerdote Ajimelec:
-El rey me ha encomendado un asunto y me ha dicho: "Nadie sepa nada de este asunto al cual te envío y que te encomiendo." Y en cuanto a los jóvenes, acordamos reunirnos en cierto lugar. 3 Ahora pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que haya.
4 El sacerdote respondió a David y dijo:
-No tengo a mano pan común. Solamente tengo pan sagrado, si es que los jóvenes se han abstenido, al menos, de mujeres.
5 David respondió al sacerdote y le dijo:
-A la verdad, las mujeres nos han sido vedadas como antes, al salir; y los cuerpos de los jóvenes están purificados, aun cuando el camino es profano. Con mayor razón hoy, ellos tienen sus cuerpos purificados.
6 Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había más pan que los panes de la Presencia, los cuales habían sido retirados de la presencia de Jehovah y reemplazados por panes calientes el día en que fueron quitados.
7 Aquel día estaba presente allí, detenido delante de Jehovah, uno de los servidores de Saúl, cuyo nombre era Doeg el edomita, el principal de los pastores de Saúl.
8 David preguntó a Ajimelec:
-¿No tienes aquí a mano una lanza o una espada? Como las órdenes del rey eran apremiantes, no tomé en mi mano ni mi espada ni mis otras armas.
9 El sacerdote respondió:
-La espada de Goliat el filisteo, a quien tú venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un lienzo, detrás del efod. Si quieres tomarla, tómala, porque aquí no hay otra sino ésa.
Y David dijo:
-¡Ninguna hay como ésa! ¡Dámela!
David finge estar loco en Gat
10 Aquel día David se levantó y huyó de la presencia de Saúl, y se fue a Aquis, rey de Gat. 11 Los servidores de Aquis le dijeron:
-¿No es éste David, el rey de la tierra? ¿No es éste aquel a quien cantaban con danzas, diciendo: "Saúl derrotó a sus miles, y David a sus diez miles"?
12 David tomó a pecho estas palabras y tuvo gran temor de Aquis, rey de Gat. 13 Así que cambió su conducta delante de ellos, fingiéndose loco cuando estaba con ellos. Hacía marcas en las puertas de la ciudad y dejaba caer su saliva sobre su barba.
14 Entonces Aquis dijo a sus servidores:
-¡He aquí, veis que éste es un hombre demente! ¿Por qué me lo habéis traído? 15 ¿Acaso me faltan locos a mí, para que me traigan a éste, a fin de que haga locuras en mi presencia? ¿Había éste de entrar en mi casa
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