CAPÍTULO XV
Versículos 1—8.
Reinado malvado de Abiam, rey de Judá. 9—24. Buen reinado de Asa, rey de
Judá.
25—34. Reinados malvados de Nadab y Baasa en Israel.
Vv. 1—8.
El corazón de Abiam no era perfecto para con Jehová su Dios; él quería sinceridad;
empezó bien, pero cayó y anduvo en todos los pecados de su padre, siguiendo su mal ejemplo,
aunque había visto las malas consecuencias. La familia de David continuó como lámpara en
Jerusalén, para mantener allí la verdadera adoración de Dios, cuando la luz de la verdad divina
estaba extinguida en todos los demás lugares. El Señor aún cuida su causa mientras quienes
debieron servir en ella, vivieron y perecieron en sus pecados. El Hijo de David aún seguiría siendo
una luz para su iglesia, para establecerla en verdad y justicia al final del tiempo. —Hay dos clases
de cumplimiento de la ley: uno
por la ley y el otro por el evangelio. Es legal cuando los hombres
hacen las cosas requeridas en la ley y para sí mismos. Nadie nunca cumplió así la ley, salvo Cristo y
Adán antes de caer. La manera de cumplir la ley por el evangelio es creer en Cristo que ha cumplido
la ley por nosotros y proponerse en todo el obedecer a Dios en todos sus preceptos. Esto es aceptado
por Dios como por todos los que son en Cristo. Así se dice que David y otros cumplieron la ley.
Vv. 9—24.
Asa hizo lo recto a ojos de Jehová. Recto es sin duda lo que es bueno a los ojos de
Dios. El período de Asa fue de reforma. Eliminó lo malo; su reforma empieza con eso, y halló
mucho que hacer. Cuando Asa halló idolatría en la corte, la extirpó de raíz. La reforma debe
empezar por casa. Asa honra y respeta a su madre; él la quiere, pero ama más a Dios. Quienes
tienen poder son dichosos cuando tienen un corazón que les permite usarlo bien. No sólo debemos
dejar de hacer lo malo; tenemos que aprender a hacer lo bueno; no sólo quitar los ídolos de nuestra
iniquidad, sino dedicarnos nosotros mismos, y todo lo que tenemos, a la honra y gloria de Dios. —
Asa se dedicó cordialmente al servicio de Dios, y sus pecados no surgieron de atrevimiento. Pero su
alianza con Ben-Hadad surgió de falta de fe. Aun los creyentes verdaderos encuentran difícil confiar
en el Señor con todo el corazón en momentos de peligro inminente. La falta de fe da lugar a la
política carnal y, así se abre paso a un pecado tras otro. La falta de fe ha llegado al punto de llevar a
los cristianos a pedir socorro de los enemigos del Señor, en sus luchas contra los hermanos; algunos
que una vez resplandecieron, han sido cubiertos por una nube negra al final de sus días.
Vv. 25—34.
Durante el reinado de Asa en Judá, el gobierno de Israel estuvo en seis o siete
manos diferentes. Obsérvese la ruina de la familia de Jeroboam; ninguna palabra de Dios caerá en
tierra. Las amenazas divinas no son sólo para aterrorizar. —Los impíos ejecutan los justos juicios de
Dios uno contra el otro. Pero en medio de pecados espantosos y esta aparente confusión, el Señor
lleva adelante su plan: cuando esté completo, la justicia, sabiduría y misericordia gloriosas allí
desplegadas, será admiradas y adoradas por todas las edades de la eternidad.
CAPÍTULO XVI
Versículos 1—14.
Reinados de Baasa y Ela en Israel. 15—28. Reinados de Zimri y Omri en Israel.
29—34.
La maldad de Acab—Hiel reconstruye Jericó.
Vv. 1—14.
Este capítulo se relaciona totalmente con el reino de Israel y las revoluciones de ese
reino. Dios aún llama a Israel su pueblo, aunque desgraciadamente corrompido. Jehú anuncia que
vendría sobre la familia de Baasa, la misma destrucción que ese rey había traído sobre la familia de
Jeroboam. Quienes se parecen a otros en sus pecados, pueden esperar parecérseles en las plagas que
sufren, especialmente los que parecen celosos de pecados en otros que son como los que se
permiten a sí mismos. —El mismo Baasa muere en paz y es enterrado con honor. Aquí se ve
claramente que hay castigo después de la muerte, que es lo que más hay que temer. —Que Ela sea
una advertencia para los borrachos que sólo saben que la muerte puede sorprenderlos. La muerte
viene
fácilmente a los hombres cuando están ebrios. Además de las enfermedades que se acarrean
los hombres cuando beben, cuando se hallan en ese estado, los hombres son fácilmente vencidos
por un enemigo y proclives a graves accidentes. La muerte viene en forma
terrible a los hombres en
tal estado, los halla en el acto del pecado e inútiles para un acto de devoción. Ese día les llega sin
que se den cuenta. La Palabra de Dios se cumplió y se tomó cuenta de los pecados de Baasa y Ela
porque con ellos provocaron a Dios. Sus ídolos son llamados vanidades, porque los ídolos no
aprovechan ni socorren; miserables son quienes tienen como dioses sus vanidades.
Vv. 15—28.
Cuando los hombres abandonan a Dios son entregados a una plaga tras otra. Los
hombres soberbios se arruinan mutuamente. Omri luchó con Tibni durante unos años. Aunque no
siempre entendemos las reglas por las cuales Dios gobierna las naciones e individuos en su
providencia, podemos aprender lecciones útiles de la historia que tenemos ante nosotros. Cuando
los tiranos se suceden unos a otros y hay masacres, conspiraciones y guerras civiles, podemos tener
toda la seguridad de que el Señor tiene una controversia con el pueblo por sus pecados; ellos son
llamados a gran voz al arrepentimiento y a reformarse. —Omri se hizo infame por su maldad.
Muchos hombres malos han sido hombres de poder y renombre; han construido ciudades y sus
nombres se hallan en la historia, pero no tienen su nombre en el libro de la vida.
Vv. 29—34.
Acab hizo lo malo más que todos los que reinaron antes que él, y lo hizo con
particular encono contra Jehová e Israel. No se satisfizo con romper el segundo mandamiento
adorando imágenes; también quebrantó el primero adorando otros dioses: tomar a la ligera los
pecados menores, abre el camino para los mayores. —Casarse con otros ofensores atrevidos
también acrecienta la maldad y apresura a los hombres a ir a los más grandes excesos. —Uno de los
súbditos de Acab, siguiendo el ejemplo de su osadía se aventuró a reconstruir Jericó. Como Acán, se
metió con el anatema; tomó para uso propio lo que estaba dedicado a la honra de Dios: empezó a
edificar desafiando la maldición bien conocida en Israel; pero nunca alguien endureció su corazón
contra Dios y prosperó. —Que la lectura de este capítulo nos haga notar el fin horroroso de todos
los hacedores de iniquidad. ¿Y qué entrega la historia de todos los hombres impíos, cualquiera haya
sido el rango o situación en que se movieron, sino tristes ejemplos de lo mismo?
CAPÍTULO XVII
Versículos 1—7.
Elías alimentado por los cuervos. 8—16. Elías enviado a Sarepta. 17—24. Elías
resucita al hijo de la viuda.
Vv. 1—7.
Dios adapta maravillosamente a los hombres para la obra que los llama. Los tiempos eran
adecuados para un Elías; Elías era apto para esos tiempos. El Espíritu del Señor sabe equipar a los
hombres para cada ocasión. Elías informó a Acab que Dios estaba disgustado con los idólatras, y
que los castigaría con la falta de lluvia, cosa que los dioses que ellos servían, no podían dar. —Se
dio a Elías orden de esconderse. Si la providencia nos llama a la soledad y el retiro, nos corresponde
ir: cuando no podemos ser útiles, debemos ser pacientes; y cuando no podemos trabajar para Dios,
debemos sentarnos quietos y en silencio para Él. Se designó a los cuervos para que le llevaran
alimento, y así hicieron. Que los que viven al día, aprendan a vivir de la Providencia confiando en
ella para el pan diario. Dios pudo enviar ángeles para que lo atendieran, pero prefirió mostrar que
puede servir sus propósitos con las criaturas más bajas, tan eficazmente como con las más
poderosas. —Elías parece haber continuado así por más de un año. Falló la provisión natural de
agua, que venía por la providencia, pero la milagrosa provisión de comida, asegurada a él por una
promesa, no faltó. Si los cielos fallan, naturalmente falla la tierra; tal es todo nuestro consuelo como
criaturas: los perdemos cuando más los necesitamos, como los arroyos en el verano. Pero hay un río
que alegra la ciudad de Dios, que nunca se seca, un manantial de agua del que brota vida eterna.
¡Señor, danos de esa agua viva!
Vv. 8—16.
Había muchas viudas en Israel en la época de Elías, y es probable que algunas le
hubieran acogido en su casa, pero es enviado a honrar y bendecir con su presencia una ciudad de
Sidón, un pueblo gentil, y así llega a ser el primer profeta a los gentiles. Jezabel era la mayor
enemiga de Elías, pero para mostrar cuán impotente era su maldad, Dios halla un escondite para él
en el mismo país de ella. —La persona designada para acoger a Elías no es uno de los ricos o
grandes de Sidón, sino una viuda pobre, necesitada y desolada, la cual se le da la capacidad y la
disposición de mantenerlo. Es el camino de Dios y es su gloria usar y honrar lo necio y lo débil del
mundo. Oh, mujer, grande es tu fe; que ni siquiera en Israel se ha hallado igual. —Ella creyó la
palabra del profeta, que no saldría perdiendo. Quienes se aventuran basados en la promesa de Dios,