martes, abril 9

COMENTARIO DEL 1 LIBRO DE CRONICAS CAPITULO 14,15 Y 16

CAPÍTULO XIV



Las victorias de David



En este capítulo tenemos un recuento de: —1.

El establecimiento del reino de David. —2. Desarrollo de su

familia.


—3. Derrota de sus enemigos. Esto se repite de 2 Samuel v. Que la fama de David sea mirada como

tipo y figura del excelso honor del Hijo de David.


CAPÍTULO XV



Versículos 1—24.

Preparativos para el traslado del arca. 25—29. El traslado del arca.

Vv. 1—24.


Los hombres sabios y los hombres buenos puede ser culpables de descuidos que corregirán tan

pronto como se den cuenta de ellos. David no trata de justificar lo que había hecho mal ni le echa la culpa a

los demás, sino que se reconoce culpable, con otros, de no buscar a Dios en el orden debido.


Vv. 25—29.


Bueno es notar la ayuda de la Providencia Divina, aun en las cosas que caen dentro del

ámbito de nuestros poderes naturales; si Dios no nos ayudara, no podríamos dar ni un paso. Si hacemos

nuestros deberes religiosos bien en cierto grado, debemos reconocer que fue Dios quien nos ayudó; si eso

hubiera quedado librado a nosotros mismos, hubiéramos sido culpables de algunos errores fatales. Y toda

cosa que emprendamos, debe hacerse dependiendo de la misericordia de Dios a través del sacrificio del

Redentor.


CAPÍTULO XVI



Versículos 1—6.

La solemnidad con que se colocó el arca. 7—36. El salmo de alabanza de David. 37—43.

Ordenamiento de la adoración de Dios.



Vv. 1—6.


Aunque la Palabra y las ordenanzas de Dios puedan estar veladas y eclipsadas por un tiempo,

resplandecerán en la oscuridad. Esto no era sino una tienda, una humilde morada, pero este era el

tabernáculo del que David habla tan a menudo con tanto afecto en sus salmos. David se mostró generoso

con sus súbditos, como había hallado bondadoso a Dios con él. Aquellos cuyos corazones están

ensanchados de santo gozo, lo demostrarán con su mano abierta.


Vv. 7—36.


Que Dios sea glorificado en nuestras alabanzas. Que otros sean edificados y enseñados,

que los extranjeros sean guiados a adorarle. Que nosotros mismos triunfemos y confiemos en Dios. Los que

dan gloria al Nombre de Dios tienen permiso para gloriarse en Él. Que el pacto eterno sea el gran tema de

nuestro gozo y alabanza. Sea cuidadoso con su pacto. Que las misericordias pasadas de Dios para su

pueblo antiguo, sean recordadas por nosotros con gratitud. Que muestre su salvación de día en día, su

salvación prometida por Cristo. Tenemos razón para celebrar eso cada día, pues diariamente recibimos su
beneficio y es tema que nunca puede agotarse. En medio de las alabanzas no dejar de orar por los siervos

de Dios en dificultades.


Vv. 37—43.


La adoración de Dios debiera ser la obra de cada día. David lo ordenó. Asaf y sus

hermanos tenían que ministrar continuamente con cánticos de alabanza ante el arca que estaba en

Jerusalén. Ahí no se ofrecían sacrificios, no se quemaba incienso, porque no había altares, pero las

oraciones de David eran dirigidas como incienso, y alzar las manos era el sacrificio vespertino. La adoración

espiritual toma el lugar de la ceremonial tan temprano, aunque la adoración ceremonial, siendo instituida por

Dios, no debe ser en absoluto omitida. Por tanto, los sacerdotes atendían los altares en Gabaón puesto que

su tarea era sacrificar y quemar incienso, cosa que hacían continuamente, mañana y tarde, conforme a la

ley de Moisés. Como las ceremonias eran tipos de la mediación de Cristo, su observancia era de gran

importancia. La asistencia atenta de los ministros nombrados es justa en sí misma, y alienta al pueblo.