CAPÍTULO 20
1 David consulta con Jonatán acerca de su seguridad. 11 Jonatán y David renuevan su pacto mediante juramento. 18 La señal de Jonatán para David. 24 Saúl echa de menos a David y trata de matar a Jonatán. 35 Separación entre David y Jonatán.
1 DESPUES David huyó de Naiot en Ramá, y vino delante de Jonatán, y dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál mi pecado contra tu padre, para que busque mi vida?
2 El le dijo: En ninguna manera; no morirás. He aquí que mi padre ninguna cosa hará, grande ni pequeña, que no me la descubra; ¿por qué, pues, me ha de encubrir mi padre este asunto? No será así.
3 Y David volvió a jurar diciendo: Tu padre sabe claramente que yo he hallado gracia delante de tus ojos, y dirá: No sepa esto Jonatán, para que no se entristezca; y ciertamente, vive Jehová y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte.
4 Y Jonatán dijo a David: Lo que deseare tu alma, haré por ti.
5 Y David respondió a Jonatán: He aquí que mañana será nueva luna, y yo acostumbro sentarme con el rey a comer; mas tú dejarás que me esconda en el campo hasta la tarde del tercer día.
6 Si tu padre hiciere mención de mí, dirás: Me rogó mucho que lo dejase ir corriendo a Belén su ciudad, porque todos los de su familia celebran allá el sacrificio anual.
7 Si él dijere: Bien está, entonces tendrá paz tu siervo; mas si se enojare, sabe que la maldad está determinada de parte de él.
8 Harás, pues, misericordia con tu siervo, ya que has hecho entrar a tu siervo en pacto de Jehová contigo; y si hay maldad en mí, mátame tú, pues no hay necesidad de llevarme hasta tu padre.
9 Y Jonatán le dijo: Nunca tal te suceda; antes bien, si yo supiere que mi padre ha determinado maldad contra ti, ¿no te lo avisaría yo?
10 Dijo entonces David a Jonatán: ¿Quién me dará aviso si tu padre te respondiera ásperamente?
11 Y Jonatán dijo a David: Ven, salgamos al campo. Y salieron ambos al campo.
12 Entonces dijo Jonatán a David: ¡Jehová Dios de Israel, sea testigo! Cuando le haya preguntado a mi padre mañana a esta hora, o el día tercero, si resultara bien para con David, entonces enviaré a ti para hacértelo saber.
13 Pero si mi padre intentara hacerte mal, Jehová haga así a Jonatán, y aun le añada, si no te lo hiciere saber y te enviare para que te vayas en paz. Y esté Jehová contigo, como estuvo con mi padre.
14 Y si yo viviere, harás conmigo misericordia de Jehová, para que no muera,
15 y no apartarás tu misericordia de mi casa para siempre. Cuando Jehová haya cortado uno por uno los enemigos de David de la tierra, no dejes que el nombre de Jonatán sea quitado de la casa de David.
16 Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David.
17 Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba, pues le amaba como a sí mismo.
18 Luego le dijo Jonatán: Mañana es nueva luna, y tú serás echado de menos, porque tu asiento estará vacío.
19 Estarás, pues, tres días, y luego descenderás y vendrás al lugar donde estabas escondido el día que ocurrió esto mismo, y esperarás junto a la piedra de Ezel.
20 Y yo tiraré tres saetas hacia aquel lado, como ejercitándome al blanco.
21 Luego enviaré al criado, diciéndole: Ve, busca las saetas. Y si dijere al criado: He allí las saetas más acá de ti, tómalas; tú vendrás, porque paz tienes, y nada malo hay, vive Jehová.
22 Mas si yo dijere al muchacho así: He allí las saetas más allá de ti; vete, porque Jehová te ha enviado.
23 En cuanto al asunto de que tú y yo hemos hablado, esté Jehová entre nosotros dos para siempre.
24 David, pues, se escondió en el campo, y cuando llegó la nueva luna, se sentó el rey a comer pan.
25 Y el rey se sentó en su silla, como solía, en el asiento junto a la pared, y Jonatán se 550 levantó, y se sentó Abner al lado de Saúl, y el lugar de David quedó vacío.
26 Mas aquel día Saúl no dijo nada, porque se decía: Le habrá acontecido algo, y no está limpio; de seguro no está purificado.
27 Al siguiente día, el segundo día de la nueva luna, aconteció también que el asiento de David quedó vacío. Y Saúl dijo a Jonatán su hijo: ¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí hoy ni ayer?
28 Y Jonatán respondió a Saúl: David me pidió encarecidamente que le dejase ir a Belén,
29 diciendo: Te ruego que me dejes ir, porque nuestra familia celebra sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha mandado; por lo tanto, si he hallado gracia en tus ojos, permíteme ir ahora para visitar a mis hermanos.
Por esto, pues, no ha venido a la mesa del rey.
30 Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre?
31 Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía pues, ahora, y tráemelo, porque ha de morir.
32 Y Jonatán respondió a su padre Saúl y le dijo: ¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho?
33 Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo; de donde entendió Jonatán que su padre estaba resuelto a matar a David.
34 Y se levantó Jonatán de la mesa con exaltada ira, y no comió pan el segundo día de la nueva luna; porque tenía dolor a causa de David, porque su padre le había afrentado.
35 Al otro día, de mañana, salió Jonatán al campo, al tiempo señalado con David, y un muchacho pequeño con él.
36 Y dijo al muchacho: Corre y busca las saetas que yo tirare. Y cuando el muchacho iba corriendo, él tiraba la saeta de modo que pasara más allá de él.
37 Y llegando el muchacho adonde estaba la saeta que Jonatán había tirado, Jonatán dio voces tras el muchacho, diciendo: ¿No está la saeta más allá de ti?
38 Y volvió a gritar Jonatán tras el muchacho:Corre, date prisa, no te pares.
Y el muchacho de Jonatán recogió las saetas, y vino a su señor.
39 Pero ninguna cosa entendió el muchacho; solamente Jonatán y David entendían de lo que se trataba.
40 Luego dio Jonatán sus armas a su muchacho, y le dijo: Vete y llévalas a la ciudad.
41 Y luego que el muchacho se hubo ido, se levantó David del lado del sur, y se inclinó tres veces postrándose hasta la tierra; y besándose el uno al otro, lloraron el uno con el otro; y David lloró más.
42 Y Jonatán dijo a David: Vete en paz, porque ambos hemos jurado por el nombre de Jehová, diciendo: Jehová esté entre tú y yo, entre tu descendencia y mi descendencia, para siempre. Y él se levantó y se fue; y Jonatán entró en la ciudad.
1.
David huyó.
Evidentemente a Gabaa para consultar con Jonatán. Es difícil que David, se hubiera atrevido a volver a ese lugar mientras Saúl estuviera allí, pero bajo el poder coercitivo del Espíritu, Saúl permaneció en Ramá la mayor parte del día y de la noche (ver cap. 19: 23, 24). La demora le dio una oportunidad a David para encontrar a Jonatán y enterarse del parecer de Saúl. No se menciona que David visitara a su esposa en ese tiempo. Estaba seguro de que Jonatán callaría, pero no estaba demasiado seguro de Mical. Véase el mapa de la pág. 556.
Mi maldad.
"Mi falta" (BJ). Las dos palabras "maldad" (o mejor "falta" [BJ]) y "pecado" no son sinónimos redundantes. La palabra "awon, traducida "maldad" (mejor "falta") proviene de la raíz "awah, "tener una mente perversa". "Awon con frecuencia abarca la falta y el castigo del pecado. La palabra jatta"ah, traducida "pecado", viene de la raíz jatta", "errar al blanco". David preguntaba: ¿Cual es mi falta y en qué he sido perverso en mi proceder para con el rey o para con el reino? ¿No he trabajado para Saúl en condiciones dificilísimas? ¿No he prestado un valiente servicio a Israel luchando contra sus enemigos? ¿Acaso mis motivos y deseos no han sido siempre proporcionar éxito a mi amado pueblo? Donde he herrado al blanco y fallado mi proposito?
2.
De ninguna manera.
Heb. jalilah, palabra usada como una exclamación de aversión, una protesta. Parece que Jonatán estaba 551 seguro de que el proceder de su padre se debía a su enajenación mental. Aseguró a David que Saúl no haría nada en secreto, como resultó evidente cuando habló a Jonatán y a sus siervos en cuanto a matar a David (cap. 19: 1). Jonatán ya había podido razonar con Saúl y aquietarlo, y estaba seguro de que ahora había una solución para el problema. Pero después de ver la conducta de Saúl en las viviendas de los estudiantes en Ramá, David no estaba convencido.
3.
David volvió a jurar.
Es decir, afirmó con un juramento que sabía de qué hablaba. David llamó la atención de Jonatán al hecho de que Saúl conocía la íntima amistad de ellos, y aunque Jonatán había podido razonar con su padre en lo pasado, ahora David temía que Saúl prosiguiera con sus malos planes tan secretamente como para no hablar del asunto con nadie, y mucho menos con su propio hijo. Quizá Jonatán no había visto a su padre inmediatamente antes de lo que sucedió en Ramá, y no sabía de su súbito empeoramiento.
Paso.
Heb. peÑa´. Esta palabra aparece sólo aquí en el AT. Su uso en la frase es una ilustración de una expresión familiar comparable con nuestros modismos modernos. Tales expresiones añaden color a la narración y testifican de la autenticidad del relato.
David había dispuesto de unas pocas horas para reponerse de su temor, y entonces pudo pensar con claridad y trazar planes sensatos. Demostró características de verdadero dirigente cuando bosquejó su plan a fin de conseguir la información necesaria para determinar acciones futuras.
5.
Nueva luna.
Los judíos, como muchas de las naciones que los circundaban, observaban un calendario lunar, en el cual el primer día del mes comenzaba con la noche en la que aparecía la creciente de la luna nueva. El primer día del mes, llamado "nueva luna", era un día de fiesta especial que incluía ofrendas (Núm. 28: 11-15) y se tocaban trompetas al ofrecerse ofrendas y sacrificios (Núm. 10: 10). Tales fiestas en ese tiempo eran un asunto tribal y de la comunidad, y debía esperarse que David, como yerno de Saúl, estuviera presente. La narración no da el nombre del mes. Sin embargo, puesto que había una fiesta tal en Belén llamada "el sacrificio anual" (1 Sam. 20: 6), es posible que ésta fuera una fiesta anual, lo más probable la del año nuevo, que caía en el 1er día del mes 7º, Tishri, entre septiembre y octubre, como ocurre en el calendario judío moderno (ver pág. 112). Una reunión tal había sido autorizada en el lugar de reunión central de todas las tribus (Deut. 12: 5-16). En los días de Elí se celebraba en Silo. Más tarde, en los días de los reyes, se celebró en Jerusalén. Después de que se trasladó el arca de Silo, muy probablemente cada distrito realizaba su propia reunión. De ese modo, la misma clase de fiesta podría haberse celebrado en Belén como se celebró en Gabaa.
6.
Todos los de su familia.
Mejor, "todos los de su clan". Israel estaba dividido en 12 tribus, pero esas tribus también estaban subdivididas en clanes o familias (ver Exo. 6: 14-30).
En las tribus de Benjamín y Judá un clan podía reunirse en Gabaa y otro en Belén.
Algunos han puesto en duda la integridad de David al pedir a Jonatán que le dijera a Saúl de su propósito de visitar su hogar, pues creen que David no tenía plan alguno de ir a Belén. Un examen cuidadoso del contexto no confirma esto. Con frecuencia los relatos bíblicos omiten muchos detalles que -si hubieran sido dados- aclararían el cuadro. El breve relato aquí presentado da la impresión de que todo el incidente fue una mera fábula para sondear a Saúl.
Pero lo que Jonatán afirmó a su padre (vers. 28, 29) claramente implica que los dos amigos habían estudiado bien el asunto, y que dijeron más de lo que se ha registrado. Parece evidente que David había hecho planes para ver a sus hermanos, y probablemente realizó una breve visita a Belén (ver PP 708-710).
Pero antes de que Saúl pudiera hacerlo buscar, volvió y se ocultó en el campo a fin de esperar la información de Jonatán en cuanto al proceder de Saúl.
8.
Si hay.
David se daba cuenta de que su situación no se debía a ningún pecado de su parte. Si un peso de culpabilidad se hubiese añadido al baldón de ser tratado como un enemigo político y a la desdicha de ser fugitivo, la carga habría sido casi insoportable. La seguridad de su inocencia sostuvo a David en esta hora de prueba.
Una conciencia limpia puede compensar cualquier pérdida en este mundo. Los que envidian a los impíos que se complacen en los placeres del pecado, debieran recordar que esos placeres se pagan con horas de remordimiento y de aversión propia. Muchos que 552 han bebido de las fuentes contaminadas de la tierra darían todo lo que tienen si tan sólo pudieran deshacer el pasado y limpiar así la inmunda mancha de su vida. Por otro lado, quienes pueden mirar a Dios y a sus prójimos con una conciencia libre de culpa son los más felices del mundo.
Quizá dispongan de pocas ventajas materiales, pero retienen un tesoro que no puede comprar toda la riqueza del mundo (ver 1 Ped. 3: 13-17).
9.
Ha determinado mal.
Intimamente Jonatán creía que David estaba equivocado en sus conclusiones acerca de los propósitos de Saúl. Parecía tener confianza en que tan sólo la enajenación mental de Saúl era el factor que, a veces, lo hacía proceder como un demonio. Podría haber estado en completo desacuerdo con David, pero puesto que esta experiencia afectaba a David en una forma personal, estuvo dispuesto a acatar el método de su amigo para determinar los propósitos de Saúl. El futuro revelaría la verdad y, después de todo, no había perjuicio alguno en seguir el método de David. ¡Qué actitud tan noble tuvo Jonatán!
Hay una valiosa lección en esta experiencia. Los hombres no proceden del mismo linaje ni del mismo ambiente y, por lo tanto, no enfocan los problemas de la vida de la misma manera. Cada uno cree que su propio método individual es el correcto. Con frecuencia, el resultado crea diferencias de opiniones, contradicciones y recriminaciones. Se intercambian palabras ásperas que separan familias, amigos y aun a seres que se aman. Se acrecienta el egoísmo y el orgullo mantiene la posición adoptada, sea sostenible o no. Este capítulo presenta un contraste notable entre las formas en que Saúl y Jonatán afrontaron tales situaciones. En su impaciente tiranía e intolerancia, Saúl creyó que él debía estar primero y que lo que decía era correcto y final. Cualquiera que no concordara con él debía ser eliminado, sin tener en cuenta los medios que se emplearan. Sin embargo, su mismo hijo enfocaba la vida desde un ángulo enteramente diferente. ¿Por qué existía esa diferencia entre padre e hijo cuando ambos habían participado, en gran medida, del mismo ambiente y de la misma preparación? ¿Iluminó Dios una vida y no la otra? ¿Nació Saúl para el mal y su hijo, por contraste, para poseer nobles rasgos de carácter? ¿Estaba obligado el pueblo a aceptar a Saúl con todas sus excentricidades y a tolerar toda su agresividad y sus procederes tiránicos?
La solución para estas preguntas se halla en las palabras de Pablo: "Sois esclavos de aquel a quien obedecéis" (Rom. 6: 16). Movido por su libre elección, el hombre da su servicio, sus pensamientos y su perspectiva de la vida a uno de estos dos amos; dos caudillos que representan normas diametralmente opuestas. Quizá Saúl sirvió a su propio yo durante toda su primera juventud. Quizá siendo niño fue un problema en la casa de su padre o un "matón" entre sus compañeros; sin embargo -al igual que Judas-, era un caudillo nato. Si esto es verdad, es fácil comprender la ansiedad de su padre cuando Saúl se ausentó de su casa mientras buscaba las asnas. Con todo, cuando Saúl fue ungido hubo una amplia demostración de que Dios lo aceptaba a pesar de sus faltas, y que le dio un corazón nuevo (cap. 10: 6, 9). Pero Saúl rehusó caminar en la luz del cielo. Por contraste, Jonatán, el hijo de Saúl, eligió seguir otros intereses ajenos al yo. Desde temprano en la vida, Jonatán -mediante una entrega hecha con oración ante las providencias manifiestas de Dios- gradualmente había desarrollado las normas que rigieron su existencia.
Su enfoque de la vida lo indujo a aceptar con gozo la sugestión de David. Esta experiencia, junto con otras, puede haber estado en la mente de David cuando cantó más tarde: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!" (Sal. 133: 1).
13.
Esté contigo Jehová.
Estando en el campo, Jonatán se ligó con David mediante un solemne juramento, que no lo abandonaría, sucediera lo que sucediese. Si las noticias eran buenas, como él esperaba que lo fueran, no abandonaría a David. Por el contrario, si las noticias fueran malas, le notificaría la verdad y oraría a Dios para que lo bendijera mientras huyese para salvar la vida. Jonatán había estado convencido de la presencia de Dios con su padre cuando Saúl asumió las pesadas responsabilidades del reino. Pero desde que conoció a David recibió la impresión celestial de que el Señor también había preparado un destino excelso para David, y que ese destino se cumpliría a pesar de la maldad de Saúl para con él. Al proceder así, Jonatán demostró verdadera magnanimidad.
15.
De mi casa.
Por nacimiento Jonatán pertenecía a la casa que había jurado enemistad 553 a David. Sin embargo, reconoció el propósito de Dios de confiar el liderazgo de Israel a su cuñado. Por su propia voluntad, Jonatán eligió identificarse con la casa que Dios había indicado que reemplazaría a la decadente familia en la que él había nacido. En el corazón de Jonatán el plan de Dios predominó sobre los vínculos familiares. Eso no se debió a su deseo de seguridad personal, sino a que entendió que filialmente la verdad debía triunfar.
Para siempre.
Heb. ´ad-´olam. Literalmente, "hasta una edad". La duración de la edad debe ser determinada por la idea con la cual se la asocia. En este caso, el lapso sería el período de la existencia simultánea de las dos casas. Para comprobar que la expresión "para siempre" no significa necesariamente perpetuidad, ver com. Exo. 21: 6.
16.
Hizo Jonatán pacto.
Es difícil traducir el hebreo de este versículo. El Códice B de la LXX dice: "Y si tú no lo haces, cuando el Señor haga desaparecer cortando a los enemigos de David cada uno de la faz de la tierra, si sucediese que el nombre de Jonatán fuera descubierto por la casa de David, entonces el Señor busque a los enemigos de David". La BJ reza: "Que no sea exterminado Jonatán con la casa de Saúl; de lo contrario, que Yahvéh pida cuentas a David". Y añade en nota de pie de página: "Vers. 14-16; texto muy corrompido, restaurado con la ayuda del griego".
23.
Entre nosotros dos.
Naturalmente, Jonatán esperaba buenas noticias. Si no era así, confiaba en que el Señor de alguna manera llevaría a cabo sus propósitos. Estaba seguro de que el mismo Dios que le había concedido horas tan preciosas de comunión con David continuaría velando sobre ambos.
26.
No está limpio.
Con todas sus malas características, es evidente que Saúl respetaba las formas.
Entendía que cualquier impureza ceremonial sería una razon suficiente para que David se abstuviera de una fiesta especial de esa naturaleza (ver Lev. 15: 1; 1 Sam. 21: 3-5; etc.). Sin embargo, en ese momento lo que más le preocupaba no era la forma del servicio sino el paradero de un joven que se había atrevido a recibir los aplausos del pueblo que lo había ensalzado por encima del rey.
27.
El segundo día.
Si tan sólo hubiera sido una cuestión de impureza, David podría haberse lavado y haber estado limpio a la caída de la tarde, pudiendo así haber estado presente el segundo día. Cuando Saúl descubrió que estaba ausente, desenmascaró sus verdaderos sentimientos al preguntarle a su hijo acerca del "hijo de Isaí". El odio que le inspiraba David era tan grande que quizá sus palabras distaron mucho de ser bondadosas (ver vers. 31). Dos veces David se había librado de sus manos asesinas; estaba resuelto a que eso no sucedería otra vez.
28.
Le dejase ir.
Ver com. vers. 6.
30.
La perversa y rebelde.
Se ha sugerido que al omitir la palabra "mujer", y al usar en hebreo los dos adjetivos en el género femenino, Saúl añadía insulto sobre insulto al rehusar proferir la palabra "mujer" o "madre". Estaba tan enojado que sólo empleó los calificativos. Una de las peores ofensas a que se recurre en el Oriente es expresar insultos dirigidos a la madre de alguien.
31.
Ni tú estarás firme.
Saúl tenía el propósito de afianzar su dinastía a cualquier precio, usando medios correctos o erróneos. Con este proceder, el rey de Israel estaba siguiendo el ejemplo de los reyes vecinos que se mantenían por la fuerza en el trono y luchaban hasta morir por mantener sus dinastías. Saúl rehusaba reconocer a Dios como el gobernante supremo de Israel.
34.
Dolor a causa de David.
Esta experiencia fue una desilusión que sacudió a Jonatán. Le era sumamente penoso su manifiesto rompimiento con su padre. Su decisión de compartir la suerte del "hijo de Isaí" estaba siendo puesta a prueba, pero rehusó apartarse de lo correcto. Al igual que Moisés, que dio la espalda al trono de Egipto, Jonatán eligió "antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado" (Heb. 11: 25). Conocía por experiencia la verdad que más tarde presentó Cristo: "El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí" (Mat. 10: 37).
35.
Un muchacho pequeño.
Al hacerse acompañar por el "muchacho" y llevar arco y saetas, Jonatán ocultaba el propósito de su salida al campo. Sólo podía suponerse que salía de caza o para tirar al blanco.
38.
Date prisa.
Compárese con el vers. 22. Estas palabras fueron añadidas para que David quedara impresionado con la suma gravedad de la situación.
41.
David lloró más.
Literalmente, "David engrandeció o hizo grande". Es dudoso el 554 significado exacto de esta cláusula. En nota de pie de página, la BJ, ed. 1967, comenta: "Texto inseguro". La LXX da la idea de llorar durante mucho tiempo hasta un grado sumo. Algunos han entendido las palabras literalmente en el sentido de que David "se hizo grande", o "se fortaleció" para las vicisitudes que le esperaban.
COMENTARIOS DE ELENA DE G. WHITE