viernes, agosto 27

COMENTARIO MATEO 17

Mateo 17



17:1 Seis días después (Luc. 9:28, como ocho días después; no hay conflicto aquí, pues se refieren a una semana, “como ocho días”), Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, -- Mar. 5:37, estos tres acompañaron a Jesús cuando resucitó a la hija de Jairo, y también en el huerto de Getsemaní, Mat. 26:37. De esa manera había tres testigos de estos eventos. Sin lugar a dudas estos eventos fortalecieron la fe de estos tres apóstoles y, en turno, ellos podían fortalecer la fe de los demás.

-- y los llevó aparte a un monte alto (Lucas, subió al monte a orar); 2 y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol (Apoc. 1:16), y sus vestidos se hicieron blancos (Mar. 9:3, resplandecientes muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos) como la luz. (Luc. 9, “29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente). – La transfiguración gloriosa de Jesús ocurrió mientras oraba (Luc. 3:21; 6:12; Mar. 1:35; 14:23). No llegó a ser puro espíritu, sino que se transfiguró, “cambiar en otra forma” (WEV). Luc. 9, “29 la apariencia de su rostro se hizo otra” (fue alterado”). Fue cambiado Jesús y también fueron cambiados sus vestidos. Al ver la transfiguración de Jesús los apóstoles vislumbraron algo de la gloria celestial de Cristo, la gloria que tenía con el Padre (Jn. 17:5). Compárese Ex. 34, “35 Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios. Véase también Apoc. 1:9-18.

La palabra traducida se transfiguró es la misma que se usa en Rom. 12:2 y 2 Cor. 3:18; como Jesús fue transfigurado físicamente, nosotros debemos ser transfigurados (transformados) espiritualmente.

El relato de Lucas parece indicar que pasaron la noche sobre el monte, pues dice que los apóstoles “estaban rendidos de sueño” (9:32) y luego el v. 37 dice “Al día siguiente, cuando descendieron del monte”. “En ese caso el resplandor del rostro de nuestro Señor y de sus vestidos, y la nube brillante serían más manifiestos, y toda la escena sería más extraordinaria” (JAB).

17:3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías (probablemente estos dos fueron escogidos para esta ocasión como los representantes de la ley y de los profetas), hablando con él (hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén, Luc. 9:31). – Luc. 12, “50 De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!” Sin lugar a dudas la conversación con Moisés y Elías era de gran aliento para Jesús al contemplar el horrible sufrimiento que le esperaba. “¡Una extraña oportunidad! En medio de su más alta exaltación hablar de sus padecimientos; mientras su cabeza brillaba con gloria decir cómo tendría que sangrar con espinas; mientras su rostro resplandecía como el sol, decir que tendría que ser escupido; mientras sus vestidos relucían con brillantez celestial, decir que le serían quitados y repartidos; mientras se veía en medio de dos santos, decirle que tendría que verse entre malhechores” (JAB, citando a Hall).

Esta fue una experiencia inolvidable para los tres apóstoles, no solamente la gloria de Cristo, sino también la oportunidad de conocer en persona a Moisés y Elías. Este texto es otro (compárese también Mat 22:32) que nos da la plena confianza de poder conocer en persona a los fieles de Dios que en esta vida solamente conocemos a través de las páginas de la Biblia. Es un gran consuelo saber que todos los fieles que han terminado su vida terrenal aún viven y todos estaremos juntos en el hogar que Jesús nos prepara (Jn. 14:1-3). Compárese 1 Tes. 4:13-18. En realidad este evento es una prenda de la gloria de Cristo y su pueblo en el “más allá”.

17:4 Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías (Mar. 9, “6 Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados”; “Por la debilidad de la carne a menudo nos asustamos con aquello que debiera animarnos”, MH). 5 Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió (compárense Ex. 40:35; Núm 10:34); y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; -- {Mt. 3. 17; 12. 18; 2 Ped. 1:17; Seis días antes de esto Pedro había confesado a Jesús como el Hijo de Dios (16:16); ahora el Padre lo confiesa} a él oíd (no a los escribas y fariseos, no las tradiciones de los ancianos, ni siquiera a Moisés, sino a Cristo; Hech. 3:22, 23; Heb. 1:1, 2; Mat. 24:35). 6 Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor (Ex. 34:30; 1 Reyes 8:11; Daniel 8:17; 10:9-12; Apoc. 1:17).

2 Ped. 2; “17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo”. Juan 1, “14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Esta fue una experiencia única e inolvidable para estos tres apóstoles.

17:7 Entonces Jesús se acercó y los tocó (para calmar sus temores), y dijo: Levantaos, y no temáis. 8 Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo. 9 Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos. – Los “testigos” del Atalaya menosprecian este texto diciendo que fue una mera “visión”, pero véase Luc. 9, “32 Y Pedro y los que estaban con él estaban rendidos de sueño; mas permaneciendo despiertos, vieron la gloria de Jesús, y a los dos varones que estaban con él”. No era sueño. La palabra “visión” se refiere a los que ellos vieron, estando despiertos. Compárese Hech. 7, “30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. 31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor”. El ángel, la llama de fuego y la zarza eran literales. La definición básica de la palabra horama es “aquello que es visto (horao), denota (a) un espectáculo, Mt. 17:9; Hch. 7:31” (WEV).

Esta experiencia era para ellos mismos, pero aquí se pone un límite al tiempo de su silencio: “hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos”, pero ahora por lo pronto Jesús no quería que dijeran nada de lo que habían visto. Obviamente contaron este evento a otros después porque Mateo, Marcos y Lucas son los que lo narran. “El relato de esta maravillosa escena al pueblo en general, por sus conceptos equivocados acerca del Mesías, no habría hecho otra cosa más que excitar el fanatismo y precipitar la crisis” (JAB).

1 Jn. 3, “2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

17:10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? {Mal. 4. 5} – Al ver a Jesús transfigurado se confirmaba aun más su creencia de que Jesús era el Mesías, pero al ver a Elías tienen dudas porque hace tiempo Jesús había comenzado su ministerio, pero Elías no había venido primero. Solamente apareció en esa ocasión gloriosa, pero no llevó a cabo ningún ministerio. Por eso, hacen esta pregunta. 11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas (como dice el ángel, Luc. 1:17, “E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”. 12 Mas os digo que Elías ya vino, {Mt. 11. 14.} y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista. – Véase 11:14, notas. Los discípulos ya entendieron que Juan el bautista no era literalmente Elías, pero que sí cumplió la profecía que hablaba de la venida de Elías (JPL).

17:14 Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: 15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático (no demente; tenía síntomas como los de la epilepsia) y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Mar. 9, “17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando”. En lugar de “lunático”, LBLA dice epiléptico; “seleniazo, lit., azotado por la luna .. se refiere a sufrir epilepsia, influencia por la luna”, WEV; “ser epiléptico, suponiendo que la epilepsia vuelve y aumenta con el aumento de la luna” JHT. Recordemos, sin embargo, que el padre reconocía que su hijo tenía “un espíritu mudo” (Mar. 9:17) y que Mat. 17:18 dice que Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. El verdadero mal de este muchacho fue que estaba endemoniado. Los modernistas niegan que había endemoniados; dicen que tenían problemas psicológicos o físicos. Los demonios eran capaces de provocar toda clase de desorden, y no es correcto decir que todos estos males pueden identificarse con cierta enfermedad conocida ahora.

17:16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. 18 Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora (compárense 8:13; 9:22; 15:28).

17:19 Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? (Jesús les había dado a sus apóstoles “autoridad sobre los espíritus inmundos”, 10:1, 8, pero la Biblia habla con toda franqueza de las debilidades de ellos (15:16; 16:5-11; Mar. 9:6, etc.). 20 Jesús les dijo: Por vuestra poca fe (6:30; 8:26; 14:31; 16:8); porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza (13:31), diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. -- Podían superar dificultades que parecían insuperables.

17:21 Pero este género no sale sino con oración y ayuno. – “Este versículo es espurio, habiendo sido añadido por copiantes de Marc. 9:29. Ya, antes de hacer esto, el pasaje había sido aumentado en Marcos por la adición “y ayuno”, debido al ascetismo entre los primitivos cristianos. Una adición semejante de ‘ayuno’ fue hecha por copiantes en Hech. 10:30; 1 Cor. 7:5, y así se metió en el texto común … La palabra ‘ayunos’ es genuina en Luc. 2:37; Hech. 13:2s; 14:23” (JAB). “La adición de ‘y ayuno’ no aparece en los dos mejores manuscritos griegos (Aleph y B). Es evidentemente una adición posterior para ayudar a dar explicación del fracaso. Pero es innecesaria y también falsa. Es la oración lo que los nueve habían dejado de emplear. Eran impotentes porque no oraban. Su complacencia en sí mismos llevaba a la derrota” (ATR). “En el caso de este muchacho, cualquier ayuno de parte de los discípulos fue imposible. El muchacho fue traído a ellos, no había tiempo para ayunar, había tiempo solamente para oración; no podían posponer el esfuerzo de librar al muchacho hasta un tiempo cuando se sintieran listos” (RCHL).

17:22 Estando ellos en Galilea, (Mar. 9, “y no quería que nadie lo supiese”, porque era imprescindible que El tuviera tiempo con sus apóstoles a solas para convencerles de la realidad de lo que en poco tiempo le esperaba. Luc. 9, “44 Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. 45 Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras”. Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado (16:21; 20:19; Rom. 8:32) en manos de hombres (26:45), 23 y le matarán; mas al tercer día resucitará y ellos se entristecieron en gran manera. Pedro ya no protesta, sino que ahora se llenan de tristeza y confusión. Mar. 9, “32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle”; Luc 9, “45 Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras”.

17:24 Cuando llegaron a Capernaum (por última vez), vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, (sueldo de obrero de dos días; este impuesto era para el mantenimiento del templo) {Ex. 30. 13; 38. 26.} y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? (Para hacerles pensar; 18:22; 21:28; 22:17, 42) Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos (ciudadanos), o de los extraños? 26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. (Jesús es el Hijo sobre la casa del Padre, Heb. 3:6; el templo era la “casa de mi Padre”, Luc. 2:49; Jn. 2:16. Además, El era mayor que el templo, Mat. 12:6). 27 Sin embargo, para no ofenderles (para no causar tropiezo, Mat. 18:6, 7; Rom. 14:21; 1 Cor. 8:9; 9:19-23; 1 Ped. 2:16), vé al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; {moneda correspondiente a cuatro dracmas} tómalo, y dáselo por mí y por ti. – Jesús demuestra otra vez el atributo de omnisciencia (véase 21:2, 3) y también hace el milagro de poner la moneda en la boca del pez. “Jesús contribuye para el sostenimiento del templo. 1) Pone cuidado para evitar ser mal entendido; (a) habla de modo que Pedro no podía menos que entenderle; (b) obra de modo que los judíos no podían dejar de hacerlo. 2) Al mismo tiempo que afirma ser el Hijo de Dios, cumple todo deber de un hombre bueno (comp. 3:15), incluyendo el de tomar parte en las contribuciones religiosas. Renuncia su bien fundado derecho de ser exento, por temor de que su curso perjudicase a otros (comp. 1 Cor. 8:13; 9:12, 22)” (JAB).

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MATEO 17

después de seis días, Jesús toma a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su hermano, y los lleva aparte a un monte alto;

2 Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.

3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

4 Y respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tabernáculos: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.

5 Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; a El oíd.

6 Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.

7 Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

8 Y alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a Jesús solo.

9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen, pues, los escribas que es necesario que Elías venga primero?

11 Y respondiendo Jesús, les dijo: a la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas.

12 Mas os digo que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.

13 Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista.

14 Cuando ellos llegaron a la multitud, vino a él un hombre hincándose de rodillas,

15 Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

16 Y lo he presentado a tus discípulos, y no le han podido sanar.

17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y torcida! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de sufrir? Traédmelo acá.

18 Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de él; y el niño fue sano desde aquella hora.

19 Entonces, llegándose los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?

20 Y Jesús les dijo: Por vuestra infidelidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá; y se pasará; y nada os será imposible.

21 Mas este linaje de demonios no sale sino por oración y ayuno.

22 Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres,

23 Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

24 Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

25 Y él dice: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos o el censo? ¿De sus hijos o de los extraños?

26 Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.

27 Sin embargo, para que no los ofendamos, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estátero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.

MATEO 17

después de seis días, Jesús toma a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su hermano, y los lleva aparte a un monte alto;

2 Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz.

3 Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

4 Y respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tabernáculos: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías.

5 Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; a El oíd.

6 Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera.

7 Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

8 Y alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a Jesús solo.

9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.

10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen, pues, los escribas que es necesario que Elías venga primero?

11 Y respondiendo Jesús, les dijo: a la verdad, Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas.

12 Mas os digo que ya vino Elías, y no le conocieron; antes hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del hombre padecerá de ellos.

13 Los discípulos entonces entendieron, que les habló de Juan el Bautista.

14 Cuando ellos llegaron a la multitud, vino a él un hombre hincándose de rodillas,

15 Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

16 Y lo he presentado a tus discípulos, y no le han podido sanar.

17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y torcida! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de sufrir? Traédmelo acá.

18 Y Jesús le reprendió, y salió el demonio de él; y el niño fue sano desde aquella hora.

19 Entonces, llegándose los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no lo pudimos echar fuera?

20 Y Jesús les dijo: Por vuestra infidelidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá; y se pasará; y nada os será imposible.

21 Mas este linaje de demonios no sale sino por oración y ayuno.

22 Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres,

23 Y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera.

24 Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?

25 Y él dice: Sí. Y entrando él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos o el censo? ¿De sus hijos o de los extraños?

26 Pedro le dice: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos.

27 Sin embargo, para que no los ofendamos, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca, hallarás un estátero: tómalo, y dáselo por mí y por ti.

MATEO 16

Y llegándose los fariseos y los saduceos para tentarle, le pedían que les mostrase señal del cielo.

2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del día, decís: Sereno; porque el cielo tiene arreboles.

3 Y a la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabéis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podéis?

4 La generación mala y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fue.

5 Y viniendo sus discípulos del otro lado del lago, se habían olvidado de tomar pan.

6 Y Jesús les dijo: Mirad, y guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.

7 Ellos pensaban dentro de sí, diciendo: No tomamos pan.

8 Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tomasteis pan?

9 ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántos cestos alzasteis?

10 ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas tomasteis?

11 ¿Cómo es que no entendéis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?

12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

13 Y viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?

14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

16 Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.

17 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

18 Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti daré las llaves del Reino de los cielos; que todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

20 Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús, el Cristo.

21 Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le convenía ir a Jerusalén, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

22 Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.

23 Entonces él, volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres estorbo; porque no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres.

24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

26 Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?

27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

28 De cierto os digo: hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino.