miércoles, noviembre 2

COMENTARIO DEL LIBRO DE SAMUEL 1 CAPITULO 10

1.

Redoma de aceite.

El aceite de oliva era un símbolo de prosperidad (Deut. 32: 13; 33: 24). Ungir el cuerpo con aceite es una práctica empleada desde los albores de la historia y todavía sigue en boga entre los pueblos primitivos. Posteriormente se usaron ungüentos perfumados. Se ungía a las personas por diversos motivos: como una muestra de honra (Luc. 7: 46; Juan 11: 2), al prepararse para acontecimientos de índole social (Rut 3: 3), o para reconocer la debida idoneidad para determinado servicio, dignidad, función o prerrogativa.

Te ha ungido Jehová.

Entre los hebreos, el hecho de que un profeta ungiera a un hombre era un símbolo de haberle impartido de un modo especial la gracia del Espíritu Santo para la realización de su tarea asignada. El óleo santo del ungimiento se usaba en la consagración de artículos empleados para fines religiosos, tales como el tabernáculo (Exo. 30: 26-29) y para la consagración de sacerdotes (Exo. 29: 7; 30: 30; Lev. 8: 10-12; etc.). Siempre 494 debía tenerse especial cuidado en su preparación y uso (Exo. 30: 23-33). Por supuesto, no había más santidad en el aceite mismo que en el agua bautismal. No transmitía virtud especial alguna; era sólo un símbolo. Algunos piensan que la costumbre de ungir a los reyes se originó en Egipto; otros ven en el antiguo ritual cananeo una evidencia de que es antiquísimo.

El ungimiento con aceite es una excelente ilustración de como Dios usa las costumbres humanas para inducirnos a buscar un conocimiento más profundo y verdadero de la salvación. Dios instruyó a los israelitas para que hicieran coberturas de un tipo familiar, varas para el transporte, etc. para los muebles sagrados y los vasos del tabernáculo que se parecieran en cierta medida a los que se usaban en los templos de Egipto. Artículos de una artesanía similar se hallaron en la tumba de Tutankamón. En ella también se encontraron figuras a manera de guardianes semejantes a querubines, cuyas alas se tocaban, tallados en altorrelieve en el sarcófago de este faraón. Dios dio a los magos de los días de Cristo una señal en la que empleó un medio que les era familiar: una estrella que los guiara hasta Belén. Según la época y las costumbres de las gentes, Dios emplea medios conocidos para ellas al enseñarles su santidad y la belleza del plan de redención.

2.

Hallarás.

Era algo completamente natural que Saúl estuviera un tanto ofuscado por el giro inesperado de los acontecimientos. ¡Qué sorpresa debió haberse llevado al verse convertido en el centro de atracción, mientras Samuel el dirigente de Israel estaba preparado para recibirlo con honores! Bien podía haberse preguntado qué significaba todo eso. Como evidencia de que el Señor lo llamaba, el Espíritu Santo habló por medio de Samuel para revelarle acontecimientos futuros. La evidencia de la presciencia de Dios, comprobada a las pocas horas de su ungimiento, animó a Saúl a aceptar la responsabilidad a la que era llamado.

Sintió la seguridad de que Dios estaría con él. Samuel ya le había informado que habían aparecido las asnas; luego se añadieron más comprobaciones inspiradas por el cielo a fin de confirmar el mensaje del profeta.

A los humildes y bien dispuestos de corazón Dios multiplica las evidencias en cuanto a la senda que deben tomar (Isa. 30: 21;Jer. 33: 3; ver DTG 297, 298, 621, 622; DMJ 126). Y la belleza de todo esto es que él tiene mil formas para manifestar esas evidencias. No está restringido a determinado método. El hecho de que el Espíritu Santo hablara en los días de los apóstoles por medio de lenguas de fuego no es una razón para que deba manifestarse de la misma manera en otro tiempo. Los apóstoles fueron inducidos a elegir el 12.º miembro de su grupo echando suertes, pero esto no significa que tirar una moneda al aire sea la mejor forma para hallar solución a los problemas individuales de hoy día.

Junto al sepulcro de Raquel.

Ver la nota adicional del cap. 1.

3.

La encina de Tabor.

A veces las encinas viven muchísimo y alcanzan gran tamaño. Tales árboles servían como excelentes hitos. Los dioses ajenos de la casa de Jacob fueron enterrados debajo "de una encina que estaba junto a Siquem" (Gén. 35: 4).

Débora, el ama de Rebeca, fue sepultada cerca de Betel "debajo de una encina" (Gén. 35: 8). En algún lugar, entre la tumba de Raquel y Gabaa, estaba este árbol que pertenecía a un hombre llamado Tabor, o estaba en un distrito de ese nombre.

5.

Collado de Dios.

"Guibeá de Dios" (BJ). Literalmente, "Gabaa de Dios". Así como Gabaa (vers. 26) era el hogar de Saúl, "Gabaa de Dios" era probablemente la parte de la colina donde estaba el lugar alto y desde donde debía verse descender la compañía de los profetas.

La compañía de los profetas.

Resulta claro por el contexto que los profetas se estaban valiendo de la música sagrada y del canto para que resurgieran en su mente algunos actos providenciales de Dios. La palabra traducida "profetizando" significa literalmente "harán el papel de profeta". Cantaban con fervor alabanzas a Dios. Este parece haber sido uno de los métodos instituidos por Samuel como parte del programa de las escuelas que estableció para refinar y espiritualizar la mente de los alumnos (ver Ed 44).

6.

Profetizarás.

Es una inflexión verbal de naba", "actuar como portavoz de Dios". Aquí no se hace referencia a predecir acontecimientos futuros, sino a la expresión de la verdad divina en la forma de canto sagrado. La misma forma del verbo se emplea para describir a los falsos profetas de Baal que se sajaban a sí mismos, como si hubieran estado 495 poseídos por un mal espíritu (1 Rey. 18: 28, 29), aunque nadie podría sostener que un espíritu completamente diferente al de Saúl era el que poseía a esos profetas paganos. Pero estos "hijos de los profetas" cantaban alabanzas a Dios cuando Saúl los encontró y se les unió en ese canto.

Las muchas pruebas de la providencia divina que Saúl halló en su sendero durante las últimas horas sin duda habían provocado una transformación que aunque fue transitoria demostró lo que Dios estaba ansioso de hacer para él si permanecía humilde y sumiso.

Serás mudado en otro hombre.

Hay oportunidades en la vida de los hombres cuando un cambio de las circunstancias o algún don divino los libera de limitaciones anteriores y se encuentran sometidos a un cambio tan rápido, nuevo y notable como cuando una mariposa sale de su capullo o un cacto que florece de noche de pronto comienza a desplegar su belleza exquisita y emana su maravilloso perfume, donde sólo sitios pocos momentos antes no había nada que presagiara semejante transformación. Todo bien y don perfecto provienen de Dios (Sant. 1: 17 ). Bezaleel y Aholiab recibieron sabiduría y habilidad especiales para la obra del tabernáculo (Exo. 31: 26); casi de la noche a la mañana Moisés fue transformado de un tímido pastor de ovejas en un emancipador que se presentó intrépidamente delante del rey. Así también Gedeón fue convertido en un hombre muy valiente, capaz de conducir un ejército a la victoria, no por su propia sabiduría y habilidad, sino por inspiración de Dios. El egocéntrico y farisaico Pedro también fue transformado en un intrépido dirigente de la iglesia primitiva. Tales cambios se efectúan cuando el Espíritu de Dios imparte a los hombres una visión de nuevas posibilidades, y su alma responde con sagrado gozo y alegría al deleitarse en aceptar la responsabilidad dada por Dios.

La realidad de la transformación se hace manifiesta al ocurrir cambios en los pensamientos, los hábitos, la vida. Las cosas viejas pasan; todas las cosas se hacen nuevas (2 Cor. 5: 17). Pero debe recordarse que un cambio tal sólo llega a ser permanente con la reafirmación diaria de la elección que así se ha hecho. Gedeón, por ejemplo, hizo que los israelitas cayeran en una idolatría tan grande como aquella de la que él acababa de liberarlos (Juec. 6: 1, 10, 25; 8: 24-33). De la misma manera, Saúl rehusó proseguir en el conocimiento del Señor, y como resultado finalmente llegó al punto de quedar enteramente bajo el dominio de Satanás. Hoy en día, ¡cuántos hombres parecen llevar un rótulo que dice: "podría haber sido"!

7.

Haz lo que te viniere a la mano.

Saúl debía darse cuenta en todo lo que le sobreviniera que Dios le estaba dando evidencia de su elección. ¿Por qué no había encontrado antes las asnas? ¿Por qué había vagado de aquí para allá hasta que se encontró con Samuel, antes de que supiera nada de ellas? Debía entender en todo esto que, aunque invisible, Dios había estado con él en todo el camino. Con todas estas pruebas delante de él deba esperar una evidencia adicional de la conducción divina. Por el momento esto fue todo lo que Dios creyó conveniente revelar a Saúl acerca del futuro.

Dios está contigo.

Todo el cielo estaba interesado en ayudarlo a determinar que su vida debía ser ordenada por Dios. En las circunstancias de su vida diaria, debía contemplar la conducción de Dios. Cuán diferente podría haber sido la historia de Israel si Saúl hubiera acatado la dirección del Señor, Tenía la evidencia de que las circunstancias de su regreso al hogar fueron dispuestas por el Señor. Se le había dicho lo que iba a suceder a fin de que pudiera animarse a cooperar con Dios, permitiendo que el Espíritu lo instruyera, lo protegiera y dirigiera sus acciones.

8.

Bajarás.

Samuel dio a Saúl suficiente discernimiento del futuro como para probarle que Dios obraba en su favor. Por el momento no podía referir a Saúl con precisión las circunstancias que lo llevarían a Gilgal. Eso habría tendido a confundir al joven antes que ayudarle (ver caps. 11: 15; 13: 4, 8). Sencillamente, Samuel aseguró al futuro rey que -al proceder de acuerdo con lo que requería la ocasión- siempre podría esperar tanto éxito, contando con la dirección divina, como aquel del que había disfrutado en el día de su ungimiento.

9.

Mudó Dios su corazón.

Literalmente, "Dios transformó para él otro corazón", lo que significa: "Dios lo convirtió". Este cambio de corazón también sería acompañado por un cambio de dirección en su pensamiento. En vez de pensar en asnas y granjas, Saúl debía aprender a pensar en los problemas que debe afrontar un estadista, un general y un rey. 496 Dios estaba preparado para impartir a Saúl la habilidad necesaria para cumplir sus nuevas responsabilidades. ¡Qué pensamientos deben haber pasado por la mente de Saúl ese día, cuando se cumplieron un incidente tras otro tal como Samuel lo había predicho! (vers. 2-7).

Dios estaba listo para transformar la visión, la ambición y las aspiraciones de Saúl en tal forma, que las cosas de Dios llegaran a ser para él el propósito supremo de la vida. Siglos más tarde, dijo un profeta: "Quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne" (Eze. 11: 19).

Saúl había interrogado a Dios por medio de Samuel en un esfuerzo para orientarse entre las perplejidades personales. Dios respondió primero su ruego en procura de orientación personal, y luego lo invitó a aceptar su dirección en asuntos que afectaban el bienestar de toda la nación. Así también es hoy día: Dios toma a hombres donde los encuentra y los invita a cumplir el glorioso plan divino para su vida.

11.

¿Saúl también entre los profetas?

Esto le parecía increíble al pueblo. Indudablemente, la vida de Saúl antes de ese momento no podía haberse considerado como un modelo de piedad. Era poco menos que un milagro que se hubiera convertido en profeta aunque, es cierto, no en el sentido de haber sido llamado al oficio profético. Pero he aquí que estaba ensalzando la majestad y el poder de Dios y expresándose en forma inspirada en cuanto a verdades sagradas. Guardaba un secreto que le debe haber sido difícil mantener, y las confirmatorias pruebas recientes de la gracia y providencia divinas lo conmovían hasta lo más íntimo del alma. Sus emociones reprimidas estallaron ante la evidencia de que las palabras de Samuel se habían cumplido ciertamente: él se había "mudado en otro hombre" (vers. 6). Su experiencia también testificó de que Dios puede transformar a los hombres menos promisorios en instrumentos que le serán útiles. Además, en el caso de Saúl, este notable cambio llamaría la atención del pueblo y ganaría su confianza a fin de prepararlo para seguir a su caudillo.

Con frecuencia el proceder de Dios no concuerda con los planes humanos. Era increíble -así pensaron los judíos- que los discípulos hablaran en idiomas extranjeros en el día de Pentecostés. A nosotros nos parece imprudente que Cristo, conociendo el carácter de Judas, lo hubiera convertido en el tesorero de los discípulos (Juan 12: 6). A Naamán le parecía absurdo que las turbias aguas del Jordán poseyeran más poder curativo que los límpidos arroyos de Damasco (2 Rey. 5: 12). La cruz de Cristo fue despreciada por los griegos como un medio sumamente desdeñable para la salvación del mundo (1 Cor. 1: 18-24).

Según el modo moderno de pensar, quizá parezca injusto que el Señor ordenara a Abimelec que devolviera a Sara a su esposo y pidiera las oraciones de éste, cuando la había tomado con limpia conciencia (Gén. 20: 5). A Juan el Bautista le parecía indebido bautizar al Hijo de Dios (Mat. 3: 13-15). Simón pensó que no condecía con la jerarquía de Jesús el que éste permitiera que María le ungiera los pies, si sabía qué clase de mujer era (Luc. 7: 37-40). Sin embargo, todas estas contradicciones aparentes quedan resueltas cuando se toman en cuenta la obra y el poder del Espíritu Santo.

Las escuelas proféticas, administradas por Samuel, fueron organizadas para que la juventud pudiera educarse en las verdades de Dios. Se estudiaba cabalmente la historia, se dedicaba mucho tiempo para memorizar las Escrituras, orar y aprender cantos sagrados. En lugar de las expresiones poéticas referentes a Baal -el dios de las tormentas- Israel fue instruido en las maravillosas obras del Señor, y su alabanza fue expresada en cantos. A medida que la contemplación de las misericordias de Dios traía gozo y paz al corazón atribulado de los israelitas, su rostro resplandecía reflejando la iluminación interna del Espíritu Santo.

16.

No le descubrió nada.

El sabio afirmó que hay "tiempo de callar, y tiempo de hablar" (Ecl. 3: 7).

Cuán diferente fue la reacción de Saúl de la de Jehú (2 Rey. 9: 4-13) ante su ungimiento por el profeta. Si Dios era responsable por haber llamado a Saúl para que fuera rey, él haría conocer eso a quienes correspondía en el momento debido. Bajo el control del Espíritu Santo, Saúl obedeció las instrucciones de Samuel de que aguardara la dirección de Dios. A fin de ser idóneo para su alto cargo, Saúl primero debía aprender a dominar la lengua. Su reserva fue una evidencia de que estimaba debidamente la responsabilidad que ahora descansaba sobre él.

19.

Habéis desechado hoy a vuestro Dios.

497 ¡Cuán corto de vista es el hombre que piensa poner en pugna su sabiduría limitada contra la omnisciencia del Creador! Durante los días de los jueces, cuando las fuerzas armadas de Egipto recorrían el país vez tras vez, los israelitas se habían puesto a salvo de los ataques que habían subyugado una ciudad tras otra en Palestina. Desconocían que los señores egipcios volvían a su patria con la noticia de que no había nada que temer de los israelitas que moraban en las colinas. No sabía Israel que esos mismos ejércitos que recorrían el país fueron un medio para contener a las tribus cercanas que sin duda observaban con mirada codiciosa las bien regadas alturas al oeste del Jordán (ver com. Exo. 23: 28).

A través de toda la historia del mundo, los seres humanos han sido tentados a dudar de la conveniencia de obedecer los planes de Dios. Después del diluvio, Dios hizo un pacto con el hombre de que nunca sería destruida otra vez la tierra por medio de agua. En vez de confiar en esa promesa, los antiguos creyeron que debían construir una torre cuya cima no pudiera ser alcanzada jamás por ninguna inundación. En procura de seguridad, creyeron que debían construir ciudades y vivir en íntimo contacto con sus vecinos. Aun los judíos de los días de Cristo se habían olvidado de colocar primero el reino de Dios y su justicia, y dejar que Dios les añadiera lo necesario para suplir las necesidades temporales y materiales de la vida como a él le pareciera mejor.

En su anhelo por semejarse a las naciones que los rodeaban, los israelitas no comprendieron que estaban colocando un obstáculo más en los planes de su Rey celestial. Por ser entes morales libres, estaban limitando a Dios mediante su elección (Sal. 78: 41), y al hacer eso estaban sembrando las semillas de egoísmo y rebelión. La funesta cosecha era inevitable. Sin embargo, Dios en su misericordia y longanimidad nunca los abandonó.

22.

El bagaje.

Literalmente, "las cosas". Es decir, las provisiones acopiadas para la reunión especial.

24.

Al que ha elegido Jehová.

Muchos formulan la pregunta: ¿Por qué eligió Dios a Saúl como rey sabiendo muy bien cómo sería su vida? El contexto revela que los israelitas querían a un hombre de personalidad dominante que les sirviera como un poderoso caudillo en la guerra (cap. 8: 19, 20). Dios lo eligió en armonía con el deseo de ellos para demostrarles: (1) que no limitaba su libertad de elección, (2) que a pesar de su necia preferencia, el Señor limitaría las malas influencias provenientes de la monarquía, (3) que debían aprender por experiencia que lo que se siembra, eso también se cosecha y (4) que la desviación nacional de la senda elegida por Dios no impedía que los individuos, dentro de esa nación, vivieran en armonía con la voluntad divina y recibieran la bendición celestial.

27.

Algunos perversos.

No podía menos de esperarse que Saúl, miembro de la más pequeña de las tribus de Israel, encontrara dos clases de individuos: unos "cuyos corazones Dios había tocado" (vers. 26) y que parecían dispuestos a seguir la dirección de Dios, y otros -incluyendo quizá a algunos de los mismos ancianos que habían venido de Judá, la tribu más grande, para pedir un rey- que pensaban que habían sido menospreciados y por lo tanto rehusaron ser leales (ver PP 663). La misma situación se planteó cuando Dios ordenó a Moisés que sustituyera a los primogénitos de todas las tribus con los levitas, restringiendo así el cargo sacerdotal a los hijos de Aarón. En aquella ocasión, Coré y 250 de los príncipes de Israel rehusaron obedecer a Dios y acusaron a Moisés de colocar a su propia familia en el cargo. El mismo hecho de que Saúl soportara tan pacientemente este rechazo de su autoridad y no hiciera ningún esfuerzo para mantener su derecho al trono por la fuerza, es la mejor evidencia de que Dios le había tocado el corazón y le estaba impartiendo la sabiduría requerida para la realeza.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL LIBRO 1ra. de Samuel Capítulo 10

1ra. de Samuel

Capítulo 10

10:1 Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel?
10:2 Hoy, después que te hayas apartado de mí, hallarás dos hombres junto al sepulcro de Raquel, en el territorio de Benjamín, en Selsa, los cuales te dirán: Las asnas que habías ido a buscar se han hallado; tu padre ha dejado ya de inquietarse por las asnas, y está afligido por vosotros, diciendo: ¿Qué haré acerca de mi hijo?
10:3 Y luego que de allí sigas más adelante, y llegues a la encina de Tabor, te saldrán al encuentro tres hombres que suben a Dios en Bet-el, llevando uno tres cabritos, otro tres tortas de pan, y el tercero una vasija de vino;
10:4 los cuales, luego que te hayan saludado, te darán dos panes, los que tomarás de mano de ellos.
10:5 Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando.
10:6 Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre.
10:7 Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo.
10:8 Luego bajarás delante de mí a Gilgal; entonces descenderé yo a ti para ofrecer holocaustos y sacrificar ofrendas de paz. Espera siete días, hasta que yo venga a ti y te enseñe lo que has de hacer.
10:9 Aconteció luego, que al volver él la espalda para apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales acontecieron en aquel día.
10:10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos.
10:11 Y aconteció que cuando todos los que le conocían antes vieron que profetizaba con los profetas, el pueblo decía el uno al otro: ¿Qué le ha sucedido al hijo de Cis? ¿Saúl también entre los profetas?
10:12 Y alguno de allí respondió diciendo: ¿Y quién es el padre de ellos? Por esta causa se hizo proverbio: ¿También Saúl entre los profetas?
10:13 Y cesó de profetizar, y llegó al lugar alto.
10:14 Un tío de Saúl dijo a él y a su criado: ¿A dónde fuisteis? Y él respondió: A buscar las asnas; y como vimos que no aparecían, fuimos a Samuel.
10:15 Dijo el tío de Saúl: Yo te ruego me declares qué os dijo Samuel.
10:16 Y Saúl respondió a su tío: Nos declaró expresamente que las asnas habían sido halladas. Mas del asunto del reino, de que Samuel le había hablado, no le descubrió nada.
10:17 Después Samuel convocó al pueblo delante de Jehová en Mizpa,
10:18 y dijo a los hijos de Israel: Así ha dicho Jehová el Dios de Israel: Yo saqué a Israel de Egipto, y os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los reinos que os afligieron.
10:19 Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios, que os guarda de todas vuestras aflicciones y angustias, y habéis dicho: No, sino pon rey sobre nosotros. Ahora, pues, presentaos delante de Jehová por vuestras tribus y por vuestros millares.
10:20 Y haciendo Samuel que se acercasen todas las tribus de Israel, fue tomada la tribu de Benjamín.
10:21 E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado.
10:22 Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje.
10:23 Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo.
10:24 Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!
10:25 Samuel recitó luego al pueblo las leyes del reino, y las escribió en un libro, el cual guardó delante de Jehová.
10:26 Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado.
10:27 Pero algunos perversos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y le tuvieron en poco, y no le trajeron presente; mas él disimuló.