Marcos 1
1. (1,1-13) El evangelio de Marcos comienza con las palabras: "Principio del evangelio de Jesucristo,
Hijo de Dios". La palabra principio es como un título para los versículos 4-9; así se da inicio al evangelio
de Jesús, con el actuar de Juan el Bautista. Él, como precursor de Cristo, pudo anunciar por primera
vez la Buena Nueva del Hijo de Dios. Juan, según las profecías (prefiero, de acuerdo con otros
manuscritos, el plural `profetas') de Malaquías 3,1 e Isaías 40,3, preparaba el camino de Jesús. Juan es
la persona que anuncia la venida del Señor.
Juan prepara la venida de Jesús a través del bautismo de "arrepentimiento para perdón de pecados".
Esta expresión significa, que este bautismo promete una amnistía pronta y total por el Mesías; el pueblo
debe rendirse a Él a través del arrepentimiento y la confesión de los pecados. Este bautismo pone en
movimiento a toda la provincia de Judea y su capital, Jerusalén. Al bautizarse y confesar sus pecados,
la gente estaba aceptando la predicación de Juan el Bautista. Tanto el lugar donde predicaba como su
ropa y comida destacan que Juan no sólo era un hombre del desierto, sino que además era el
predicador de penitencia, semejante a Elías. Los versículos 7-8 nos dan más información respecto al
contenido del mensaje de Juan, su mensaje fue Cristo-céntrico: "Viene tras mí el que es más poderoso
que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado". El que viene es hombre,
pero su calzado no impide que merezca adoración divina. Además de decir algo de la grandeza de su
persona (de Jesús), Juan habla también de la grandeza de su obra. Juan bautiza con agua, pero el
más poderoso bautizará con el Espíritu Santo. Los profetas habían hablado que Dios, al final de los
tiempos, derramaría su Espíritu sobre el pueblo (Isaías 32,15; 44,3; Joel 2.28-29; Ezequiel 36,26-27;
37,14). El que viene tras Juan realizará esta promesa.
* Cuando Dios concede su Espíritu Santo, los pecados son perdonados y derrotados.
En los versículos 9-11, Marcos presenta a Jesús tanto en su humillación (vino de Nazaret a Galilea y
fue bautizado) como en su divinidad, pues nos dice que el Espíritu Santo descendió del cielo y que se
oyó la voz del Padre. También Jesús se bautiza; sin embargo, hay una diferencia con lo que dice el v.5,
ya que ahora faltan las palabras "confesando sus pecados". El bautismo de Jesús significa que Él
(aunque no es pecador) solidariza con el pueblo y aprueba el bautismo de Juan como una preparación
necesaria a su venida. Su inocencia es confirmada por el cielo; Marcos describe cómo los cielos se
abrían y cómo el Espíritu Santo descendía en la figura de una paloma. Es la unción de Jesús para tener
el poder de repartir el perdón y la paz del Señor. La paloma como símbolo de paz es una ilustración
excelente de este Rey de paz. A la vez, la paloma era el ave que siempre fue sacrificada en el templo.
Tanto la paloma como el cordero son sacrificados en el matadero. A Jesús le sucederá lo mismo que a
la paloma y al cordero: sufrir el sacrificio por los pecados.
La voz del Padre destaca la grandeza de Jesús: "Tu eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia (o
alegría)". Estas palabras son el cumplimiento del Salmo 2,7. Nadie es más poderoso que el hijo de Dios.
Quien le recibe a Él, recibe al Padre; pero quien le rechaza, rechaza al Padre.
En el versículo 12, Marcos llama la atención hacia el acto del Espíritu, quien estaba impulsando a
Jesús al desierto. El desierto era el lugar a donde enviaban al macho cabrío vivo, cargando los pecados
del pueblo en el día de la expiación (Levítico 16). Jesús lleva el perdón de los pecados, Él debe ser el
macho cabrío que carga los pecados de su pueblo. Durante 40 días estuvo allí, y fue tentado. Esta
tentación duró mucho más tiempo que la tentación de Adán y su mujer, pero con la diferencia de que
Jesús triunfa sobre ella. También estuvo con las fieras, lo cual indica la autoridad de Jesús sobre los
animales salvajes. ¡Jesús, el Hijo de Dios, es el más poderoso!
* Jesús como Hijo de Dios es poderoso, pero a la vez es el macho cabrío que lleva nuestros
pecados.
2. (1,14-15) Después que Juan fue encarcelado, se da inicio al actuar de Jesús en Galilea. Al unir la
detención de Juan con la actividad de Jesús, se entiende inmediatamente que el ministerio de Jesús,
desde su comienzo, fue caracterizado por la humillación y el sufrimiento. En su anunciar el reino de Dios
(tal como lo hizo Juan, v.4), Jesús se da a conocer como "el más poderoso", ya que su predicación
habla de un reino cercano, acercado por Él. Esto significa que es Él quien da la entrada al reino de Dios.
La gente se encuentra en un tiempo decisivo, esta es la hora de arrepentirse y creer en el evangelio,
pues Dios mismo está visitando a su pueblo a través de su Hijo.
* El más Poderoso -que anunciaba Juan- ha llegado y se llama Jesús. En Él podemos recibir el
perdón de los pecados, pues Él realiza las promesas del Señor.
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3. (1,16-20) En estos versículos leemos acerca del llamado de los primeros discípulos para ser
seguidores de Jesús. Llama a Simón y a su hermano Andrés, que como pescadores echaban la red en
el mar. Jesús había predicado sobre la cercanía de su reino. Él es quien los llevará allí, pero para entrar
en él es necesario seguir a Cristo. Les promete: "Haré que seáis pescadores de hombres". Tanta gente
seguirá a Jesús que Él necesitará a co-pescadores. A lo largo del mar de Galilea se le ve caminar solo,
pero pronto llegará el tiempo en que una gran multitud lo acompañará. Su palabra fue dicha con
autoridad divina; los pescadores, al escuchar su invitación (o mejor dicho: su mandato), abandonaron
todo y le siguieron. El mismo milagro se repite con Jacobo y Juan, quienes estaban remendando las
redes.
Aunque el llamado de los primeros discípulos fue un caso especial, hasta cierto punto los mismos
requisitos existen para cada uno que quiere seguir a Jesús.
* La salvación es gratuita, pero servir al Señor implica cierto costos.
4. (1,21-28) Marcos describe en los versículos 21-45 no sólo algunos acontecimientos en orden
cronológico, sino también los sitúa bajo el mismo tema: la autoridad de Jesús. Nuestro Señor entra en
Capernaum "y en los días de reposo, entrando en la sinagoga enseñaba". El que Jesús realice su
predicación en la sinagoga, indica que Él tenía un mensaje divino para todo el pueblo (la sinagoga es un
lugar central para la comunidad judía). Jesús no espera una invitación, Él predica la palabra. Marcos
emplea la palabra `enseñar'; enseñar significa mostrar por medio de las Sagradas Escrituras que el
tiempo de Dios (= el cumplimiento de sus promesas acerca de la época mesiánica) ha llegado. La gente
inmediatamente reacciona con admiración, no sólo por el contenido de lo que predica Jesús en
especial, sino sobre todo por la forma de su enseñanza, la que entrega con autoridad. Los escribas
hablaban siempre con la autoridad de los padres, los grandes profesores de la ley. Jesús enseña en su
propio nombre.
Ante esto, en forma inmediata, el diablo le ataca utilizando a uno de los oyentes. Primero, él sigue el
rumbo de los sentimientos locales: "¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno?" Segundo, acusa
a Jesús de planes fatales, de destruir a la gente. El hombre, inspirado por el diablo, demuestra la falta
de comprensión del amor de Dios. Sabe que Dios es santo y que la gente es pecadora, por lo tanto
piensa que Jesús vino para destruir. Desconoce por completo el propósito real de Jesús, que es salvar
al mundo. La destrucción de la gente es una realidad cuando se rechaza a Jesús y su predicación. El
demonio trata de convencer a los habitantes de Capernaum que la autoridad de Jesús es mortal.
Tercero, termina con un conjuro al decir que sabe quién es Jesús: el Santo de Dios. Conocer y llamar el
nombre de alguien, significaba en el pensamiento de aquel entonces tener poder sobre aquella persona.
El poder de Cristo, sin embargo, es mucho más grande. Al echar al demonio fuera del hombre, Jesús
muestra que su poder es un poder salvador, que no causa ningún daño a la persona. La reacción es de
asombro total frente a esta autoridad, pero a pesar de eso, no leemos nada del reconocimiento de
Jesús y de su enseñanza. ¡Aquí comienza el rechazo! Jesús, a pesar del interés de la gente, debe sufrir
el menosprecio. Su fama se difundió por toda la provincia, así que la gente ya está esperándole con sus
enfermos, inmediatamente después del día de reposo (32).
* Jesús actúa con autoridad salvadora y no destructora.
5a. (1,29-31) Después de la predicación en la sinagoga, Jesús va a casa de Simón. Andrés, el hermano
de Simón, probablemente vivía en la misma casa. Allí se le da a conocer a Jesús que la suegra de
Simón había enfermado repentinamente. Parece que el mismo demonio recién echado fuera en la
sinagoga, vuelve para hacer un contra-ataque. Pero se entiende que Jesús también en la casa tiene el
mismo poder para hacer milagros y eliminar los ataques de los demonios contra las personas. Jesús
libera de la fiebre, en forma inmediata, a la suegra de Simón. Así muestra Jesús su autoridad. Nada
puede impedirle ejercer su poder. Jesús restauró el gozo del sábado conforme a su propósito. Marcos
nos dice que luego de ser sanada esta mujer, "ella les servía". El propósito de las sanidades de Jesús,
es el inmediato servicio a Él.
b. (1,32-34) "Cuando llegó la noche", es decir, en seguida después del sábado, a las seis de la tarde, la
gente no puede esperar un momento más, y trae a Jesús todos los que tenían enfermedades y a los
endemoniados. Jesús se muestra dispuesto a ayudar y a ejercer su poder sobre las enfermedades y los
demonios. A estos últimos, les prohibe hablar acerca de su poder y su persona, debido a que con su
hablar sólo buscan desacreditar el poder de Jesús. Los demonios deben callarse, para que la gente
hable de las maravillas de Dios hechas por Jesús.
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c. (1,35-39) Jesús no quiere ser estimado, en primer lugar, como sanador, pues el objetivo principal de
su venida es predicar la voluntad de Dios y acercar al hombre hacia una relación más íntima con Él.
Entonces sale de la ciudad muy temprano, antes de la salida del sol, para orar. Para los discípulos, esto
sigue siendo algo desconocido y por eso le persiguen (mejor traducción que "le buscan"). Tan pronto
como le encuentran, muestran su falta de comprensión. Piensan que Él quiere eludir a la gente de
Capernaum, y además tienen la idea equivocada de que Jesús debe trabajar sólo allí. Jesús está
dispuesto a ayudar a las multitudes, pero no quiere predicar y sanar sólo en Capernaum, sino en todos
los pueblos: "Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí, porque para esto he venido".
A la vez, muestra con esto que la predicación es lo más importante de su ministerio. No menciona ahora
las curaciones, sólo la predicación, aunque siempre seguía sanando. La esencia de su obra, sin
embargo, está en el anunciar del reino de Dios ("para esto he venido"). Entonces, Marcos describe que
esa fue la actividad de Jesús, enseñar, sanar y echar fuera a los demonios, mostrando así su gran
poder.
* Medite en la disponibilidad de Jesús para sanar y, sobre todo, para predicar la Palabra de Dios
desde una relación íntima con su Padre.
6. (1,40-45) A Jesús viene un leproso, quien apela a la soberanía de Él para recibir sanidad. Jesús, lleno
de misericordia, al tocarle, lo hace; mostrando de esta manera su poder y autoridad. Dos cosas llaman
la atención de este relato:
a. El leproso se acercó a Jesús, aunque según la ley el leproso debía quedarse fuera de la ciudad,
gritando, ¡Inmundo! ¡Inmundo! (ver Levítico 13,45-46).
b. Jesús toca al leproso. Normalmente la gente evitaba tocar a un leproso. Jesús lo hace para "llevar
nuestras enfermedades" (Isaías 53,4).
Jesús quita su enfermedad -algo entre enfermedad de la piel y lo que se llama lepra- mostrando así la
misericordia del Señor, pues aquella enfermedad se consideraba como un castigo de Dios. Al final,
Jesús quita toda la inmundicia de su pueblo en la cruz.
A continuación, Jesús le pide con gran énfasis no decir nada a la gente, sino mostrarse primero al
sacerdote y dar el sacrificio debido. Jesús guarda la ley de Moisés (Lev.14,18-20). "Para testimonio a
ellos", para los sacerdotes, de tal forma que ellos puedan saber que Jesús respeta la ley de Dios y que,
a la vez, es más que Moisés, ya que Él puede quitar la enfermedad. El leproso obedece, pero después
da a conocer a todos lo que Jesús hizo por él.
* Jesús quita toda inmundicia, llevándola Él mismo hasta la cruz.
Síntesis aplicativa de temas importantes
1a. La iglesia, al igual que Juan, hoy tiene la responsabilidad de preparar el camino para la
venida de Jesucristo. Juan el Bautista fue el predicador de penitencia; su labor era hacer un llamado al
arrepentimiento, que la nación se volviese a Dios con un corazón contrito y humillado. Todo este actuar
de Juan sirve como un ministerio profético que prepara a los hombres para su encuentro con Dios.
Creemos que la labor profética de la iglesia de ninguna manera ha cesado, pues ella es llamada a dar
una voz de alerta a un mundo que no está preparado para encontrarse con Jesús en su manifestación
gloriosa. La iglesia como cuerpo debería involucrarse en un ministerio profético que llame a los hombres
al arrepentimiento y la conversión. ¿Estamos realmente preparando a la gente para la segunda venida
de Jesús?
1b. Toda predicación de la Palabra de Dios siempre ha de ser Cristo-céntrica. El contenido de la
predicación de Juan el Bautista centraba la atención exclusivamente en la persona que vendría: el
Mesías. Juan nunca hizo propaganda de su ministerio, ni siquiera buscó semejarse en algo al Cristo, él
se consideraba tan sólo su esclavo indigno y obediente. Para este siervo de Dios, sólo la persona y obra
de Cristo era lo más importante. Todo ministro del evangelio debe considerar este aspecto en forma
muy seria; nuestro mensaje debe estar centrado única y exclusivamente en Jesucristo. Él es quien trae
una nueva dimensión del actuar de Dios entre los hombres; Él es el único que promete perdón y
liberación total de los pecados; solo Él trae la presencia del Espíritu Santo a nuestras vidas. Sólo Jesús
es el más poderoso.
1c. En su grandeza nuestro Señor se humilla, solidariza con el hombre y es puesto bajo
tentación. Juan anuncia la venida de alguien poderoso: el Mesías. Acerca de Él, este evangelio de
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Marcos nos dice que es Jesús, el Hijo de Dios. Este evangelio nos revela tanto la divinidad como la
humanidad de Jesús. Primeramente Él se humilla haciéndose hombre; bajo esta condición de
humillación debe sujetarse plenamente a la voluntad del Padre y ser ungido por el Espíritu Santo para
llevar a cabo su ministerio terrenal. Asimismo Él se bautiza; porque desde el comienzo Jesús no sólo
asumirá nuestra naturaleza humana, sino que además compartirá nuestra miseria espiritual que nos
mantenía alejado de Dios. Por último, es puesto bajo las tentaciones del maligno. Jesús sabe lo que es
ser tentado por el mal, conoce todas nuestras debilidades. Sin embargo en su humillación nuestro
Señor permanece siempre obediente al Padre, y victorioso sobre toda fuerza del enemigo.
2. En Jesucristo, Dios se ha acercado a los hombres, abriéndoles su reino. Jesús es el
cumplimiento de la predicación de Juan: Él trae la presencia de Dios de una manera antes desconocida.
Jesús trae el bautismo del Espíritu Santo sobre los hombres, es decir, la realidad de lo prometido por
Juan: el perdón y la renovación del hombre. En Jesús, Dios ha entrado en la historia para manifestar su
gracia para con los pecadores. El tiempo que los judíos estaban esperando ya ha caducado; no tienen
que esperar más: el reino de Dios ha llegado.
Este evangelio de Marcos une de forma maravillosa la llegada del reino con la persona de Jesucristo.
Sin embargo, esta misma cercanía del reino obliga a los hombres a una decisión inmediata: deben
arrepentirse y creer al evangelio. Así que el arrepentimiento desde el punto de vista divino es una orden
que el hombre debe acatar, es algo urgente, un apremio aquí y ahora.
3. Sólo el llamamiento de Jesús hace discípulos. Es esta una verdad que recorre los evangelios; la
voz del Hijo de Dios se deja oír con autoridad divina y los hombres la obedecen. Jesús nos llama para
ser sus discípulos. En este discipulado advertimos tres cosas:
a. Es una vida en pos de Jesús. El discípulo no tiene a un maestro corriente delante de él; quien le ha
llamado es el mismo Hijo de Dios. Él es nuestra fuente y modelo de vida. Mientras vayamos detrás de Él
seremos sus discípulos; el día que no lo hagamos, dejaremos de serlo.
b. Es una vida al servicio de Jesús. Los pescadores a los que Jesús llama dejan sus antiguas labores
y son trasladados hacia una nueva tarea: ser pescadores de hombres. La vida del discípulo es una vida
comprometida con la grandeza y extensión del reino de Dios sobre esta tierra. En esta misión el
discípulo será capacitado por Jesús para cumplir la voluntad de Dios.
c. Es una vida dependiente sólo en Jesús. El discípulos es llamado a dejar su antigua existencia de
vida, una existencia caracterizada por el afán, por una dependencia exclusiva en las cosas de esta vida.
El discípulos debe entregarse por entero a Jesús; debe confiar plenamente en Él para ser protegido y
satisfecho en sus necesidades más elementales.
4-6. El reino de Dios tiene tres enemigos: satanás, el pecado y la enfermedad. Al predicar, sanar y
echar fuera a los demonios, Jesús vence a estos enemigos y hace visible algo del reino que un día
cambiará todo el mundo. Sus acciones son anticipos de lo que ocurrirá cuando llegue plenamente el
reino de Dios. Entonces, su autoridad no es destructiva, como los demonios quieren hacer creer, sino
salvadora. Prueba de ello son las curaciones (de todo tipo de enfermedades hasta lepra, la cual
ocasionó que la gente se alejara, con repulsión, de estos enfermos). Jesús lleva, en su ministerio, las
enfermedades (Isaías 53) y la culpa. Para actuar como Salvador, Él mantiene una íntima relación con el
Padre. ¿En nuestro ministerio anhelamos esta relación íntima?
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miércoles, septiembre 8
Marcos Capítulo 1
Marcos Capítulo 1
1 Comienza el Evangelio de Jesús, el Cristo, hijo de Dios.
2 Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti.
3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus veredas.
4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.
5 Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalén; y eran todos, bautizados por él en el río del Jordán, confesando sus pecados.
6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.
7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.
8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.
9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10 Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía (y reposaba) sobre él.
11 Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.
12 Y luego el Espíritu Santo le impulsó al desierto.
13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días (y cuarenta noches) y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
14 Mas después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea, predicando el Evangelio del Reino de Dios,
15 Y diciendo: El tiempo es cumplido; y el Reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al Evangelio.
16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.
18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.
19 Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes.
20 Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de él.
21 Entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba.
22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.
23 Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces,
24 diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.
25 Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.
26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndolo con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.
27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen?
28 Vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.
29 Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.
30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y le hablaron luego de ella.
31 Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la fiebre, y les servía.
32 Y cuando fue la tarde, cuando el sol se puso, traían a él todos los que tenían mal, y endemoniados;
33 y toda la ciudad se juntó a la puerta.
34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios porque le conocían.
35 Levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.
36 Y le siguió Simón, y los que estaban con él;
37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.
38 Y les dice: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.
39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.
40 Y un leproso vino a él, rogándole; e hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.
41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.
42 Y así que hubo él hablado, la lepra se fue luego de aquel, y fue limpio.
43 Entonces le apercibió, y le despidió luego,
44 y le dice: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.
45 Mas él salido, comenzó a publicarlo mucho, y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
1 Comienza el Evangelio de Jesús, el Cristo, hijo de Dios.
2 Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío a mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti.
3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus veredas.
4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.
5 Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalén; y eran todos, bautizados por él en el río del Jordán, confesando sus pecados.
6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.
7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.
8 Yo a la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo.
9 Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.
10 Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía (y reposaba) sobre él.
11 Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.
12 Y luego el Espíritu Santo le impulsó al desierto.
13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta días (y cuarenta noches) y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servían.
14 Mas después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea, predicando el Evangelio del Reino de Dios,
15 Y diciendo: El tiempo es cumplido; y el Reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al Evangelio.
16 Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.
18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron.
19 Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes.
20 Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de él.
21 Entraron en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba.
22 Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.
23 Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces,
24 diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.
25 Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él.
26 Y el espíritu inmundo, sacudiéndolo con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.
27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun a los espíritus inmundos manda, y le obedecen?
28 Vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.
29 Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.
30 Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y le hablaron luego de ella.
31 Entonces llegando él, la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la fiebre, y les servía.
32 Y cuando fue la tarde, cuando el sol se puso, traían a él todos los que tenían mal, y endemoniados;
33 y toda la ciudad se juntó a la puerta.
34 Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios porque le conocían.
35 Levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.
36 Y le siguió Simón, y los que estaban con él;
37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan.
38 Y les dice: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.
39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.
40 Y un leproso vino a él, rogándole; e hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme.
41 Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.
42 Y así que hubo él hablado, la lepra se fue luego de aquel, y fue limpio.
43 Entonces le apercibió, y le despidió luego,
44 y le dice: Mira, no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio a ellos.
45 Mas él salido, comenzó a publicarlo mucho, y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.
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