lunes, agosto 27

COMENTARIO DEL CAPITULO 23 DE 2 DE SAMUEL


CAPÍTULO XXIII
Versículos 1—7. Últimas palabras de David. 8—39. Los valientes de David.
Vv. 1—7. Estas palabras de David son muy dignas de considerar. Cuando los que han tenido por
mucho tiempo la experiencia de la bondad de Dios y el placer de la sabiduría celestial, llegan al
final de su carrera, debieran dar su testimonio de la verdad de la promesa. —David admite su
inspiración Divina, que el Espíritu de Dios habla por él. Él y otros santos, hablaron y escribieron
movidos por el Espíritu Santo. —En muchas cosas tuvo que culpar su conducta y negligencia. Pero
David se consuela con que el Señor hizo con él un pacto eterno. Entiende como tal principalmente
el pacto de misericordia y paz, que el Señor hizo con él, un pecador que creyó en el Salvador
prometido, abrazó las bendiciones prometidas, y se rindió al Señor para ser su siervo redimido. Los
creyentes disfrutarán por siempre de las bendiciones del pacto; y Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
será para siempre glorificados en la salvación de ellos. Así, el perdón, la justicia, la gracia y la vida
eterna son recibidos como dádiva de Dios a través de Jesucristo. Hay una infinita plenitud de gracia,
y todas las bendiciones atesorados en Cristo para quienes buscan su salvación. —Este pacto era toda
la salvación de David; él conocía tan bien la santa ley de Dios y la magnitud de su propia
pecaminosidad, que se dio cuenta que estaba necesitado en su propio caso de esta salvación. Por
tanto, era todo su deseo. Comparativamente todos los objetos terrenales pierden su atractivo; estaba
dispuesto a darlos todos, o a morir y dejarlos para disfrutar la felicidad plena, Salmo lxxiii, 24–28.
Todavía el poder del mal y la debilidad de su fe, esperanza y amor eran su tristeza y su carga. Sin
duda, habría reconocido que su propia negligencia y falta de cuidado eran la causa; pero la
esperanza de que pronto sería hecho perfecto en gloria, lo alentó en sus momentos de muerte.
Vv. 8—39. Una vez David deseó ardientemente el agua del pozo de Belén. Eso parece un
instante de debilidad. Tenía sed; en su juventud se había refrescado con el agua de ese pozo a
menudo, y la deseó sin pensarlo debidamente. ¿Eran sus valientes tan osados para exponerse, ante la
menor señal del deseo de su príncipe, y estaban tan deseosos de complacerlo, y nosotros no
desearemos ser aprobados por nuestro Señor Jesús cumpliendo prestamente Su voluntad, según su
Palabra, su Espíritu y su providencia? David derramó el agua como libación para el Señor, así
enfrentó su fantasía necia, se castigó por permitirla, y demostró tener pensamientos sobrios para
corregir las decisiones precipitadas y mostró que sabía negarse a sí mismo. David consideró que el
agua era tan preciosa por la manera en que arriesgaron su sangre los hombres que la consiguieron, y
nosotros ¿no debiéramos valorar mucho más los beneficios adquiridos con el derramamiento de la
sangre de nuestro bendito Salvador? Cuidémonos para no descuidar una salvación tan grandiosa.

2° Libro de Samuel – Capítulo 23.


2° Libro de Samuel – Capítulo 23.

1 Estas son las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí, Dijo aquel varón que fué levantado alto, El ungido del Dios de Jacob, El suave en cánticos de Israel:
2 El espíritu de Jehová ha hablado por mí, Y su palabra ha sido en mi lengua.
3 El Dios de Israel ha dicho, Hablóme el Fuerte de Israel: El señoreador de los hombres será justo. Señoreador en temor de Dios.
4 Será como la luz de la mañana cuando sale el sol, De la mañana sin nubes; Cuando la hierba de la tierra brota Por medio del resplandor después de la lluvia.
5 No así mi casa para con Dios: Sin embargo él ha hecho conmigo pacto perpetuo, Ordenado en todas las cosas, y será guardado; Bien que toda esta mi salud, y todo mi deseo No lo haga él florecer todavía.
6 Mas los de Belial serán todos ellos como espinas arrancadas, Las cuales nadie toma con la mano;
7 Sino que el que quiere tocar en ellas, Armase de hierro y de asta de lanza, Y son quemadas en su lugar.
8 Estos son los nombres de los valientes que tuvo David: El Tachmonita, que se sentaba en cátedra, principal de los capitanes: era éste Adino el Eznita, que mató en una ocasión sobre ochocientos hombres.
9 Después de éste, Eleazar, hijo de Dodo de Ahohi, fué de los tres valientes que estaban con David, cuando desafiaron á los Filisteos que se habían juntado allí á la batalla, y subieron los de Israel.
10 Este, levantándose, hirió á los Filisteos, hasta que su mano se cansó, y quedósele contraída á la espada. Aquel día Jehová hizo gran salud: y volvióse el pueblo en pos de él solamente á tomar el despojo.
11 Después de éste fué Samma, hijo de Age Araita: que habiéndose juntado los Filisteos en una aldea, había allí una suerte de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huído delante de los Filisteos:
12 El entonces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendióla, é hirió á los Filisteos; y Jehová hizo una gran salud.
13 Y tres de los treinta principales descendieron y vinieron en tiempo de la siega á David á la cueva de Adullam: y el campo de los Filisteos estaba en el valle de Raphaim.
14 David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los Filisteos estaba en Beth-lehem.
15 Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera á beber del agua de la cisterna de Beth-lehem, que está á la puerta!
16 Entonces los tres valientes rompieron por el campo de los Filisteos, y sacaron agua de la cisterna de Beth-lehem, que estaba á la puerta; y tomaron, y trajéronla á David: mas él no la quiso beber, sino derramóla á Jehová, diciendo:
17 Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿He de beber yo la sangre de los varones que fueron con peligro de su vida? Y no quiso beberla. Los tres valientes hicieron esto.
18 Y Abisai hermano de Joab, hijo de Sarvia, fué el principal de los tres; el cual alzó su lanza contra trescientos, que mató; y tuvo nombre entre los tres.
19 El era el más aventajado de los tres, y el primero de ellos; mas no llegó á los tres primeros.
20 Después, Benaía hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab: y él mismo descendió, é hirió un león en medio de un foso en el tiempo de la nieve:
21 También hirió él á un Egipcio, hombre de grande estatura: y tenía el Egipcio una lanza en su mano; mas descendió á él con un palo, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y matólo con su propia lanza.
22 Esto hizo Benaía hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes.
23 De los treinta fué el más aventajado; pero no llegó á los tres primeros. Y púsolo David en su consejo.
24 Asael hermano de Joab fué de los treinta; Elhaanan hijo de Dodo de Beth-lehem;
25 Samma de Harodi, Elica de Harodi;
26 Heles de Palti, Hira, hijo de Jecces, de Tecoa;
27 Abiezer de Anathoth, Mebunnai de Husa;
28 Selmo de Hahoh, Maharai de Netophath;
29 Helec hijo de Baana de Netophath, Ittai hijo de Ribai de Gabaa de los hijos de Benjamín;
30 Benaía Pirathonita, Hiddai del arroyo de Gaas;
31 Abi-albon de Arbath, Asmaveth de Barhum;
32 Elihaba de Saalbón, Jonathán de los hijo de Jassén;
33 Samma de Arar, Ahiam hijo de Sarar de Arar.
34 Elipheleth hijo de Asbai hijo de Maachâti; Eliam hijo de Achîtophel de Gelón;
35 Hesrai del Carmelo, Pharai de Arbi;
36 Igheal hijo de Nathán de Soba, Bani de Gadi;
37 Selec de Ammón, Naharai de Beeroth, escudero de Joab hijo de Sarvia;
38 Ira de Ithri, Gareb de Ithri;
39 Uría Hetheo. Entre todos treinta y siete.