CAPÍTULO X
Versículos 1—13.
La reina de Sabá visita a Salomón. 14—29. La riqueza de Salomón.
Vv. 1—13.
La reina de Sabá vino a ver a Salomón para oír su sabiduría y mejorar la suya. Nuestro
Salvador menciona sus preguntas sobre Dios a Salomón, como señalando la estupidez de quienes no
buscan a Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Esperar y orar, escudriñar con diligencia las
Escrituras, consultar a cristianos sabios y experimentados y practicar lo que hemos aprendido, es lo
que nos librará de las dificultades. —La sabiduría de Salomón impresionó a la reina de Sabá mucho
más que toda su prosperidad y grandeza. Hay una excelencia espiritual en las cosas celestiales y en
los cristianos firmes, a lo cual ninguna fama hace justicia. Aquí la verdad resalta; todos los que, por
medio de la gracia, son llevados a la comunión con Dios, dirán que no se les había dicho ni la mitad
de los placeres y ventajas de los caminos de la sabiduría. Los santos glorificados dirán mucho más
del cielo; dirán que no se les dijo ni la milésima parte, 1 Corintios ii, 9. Ella declaró felices a los que
constantemente escuchaban a Salomón. Con mayor razón, nosotros decimos de los siervos de
Cristo: Bienaventurados los que habitan en su casa; ellos seguirán aún alabándole. —Ella le hizo un
regalo noble a Salomón. Cristo no necesita lo que nosotros le regalamos; pero querrá que lo
hagamos para expresar nuestra gratitud. El creyente que ha estado con Jesús, regresará a su lugar,
cumplirá prestamente sus deberes por mejores razones: esperar el día en que, ausente del cuerpo,
esté presente con el Señor.
Vv. 14—29.
Salomón aumentaba su riqueza. La plata no se contaba. Tal es la naturaleza de la
riqueza mundana, cuya abundancia le resta valor; mucho más debiera el goce de las riquezas
espirituales aminorar nuestra estima de las posesiones terrenales. Si el oro en abundancia hace
despreciar la plata, la sabiduría, la gracia y el gustar de antemano del cielo, que es muchísimo mejor
que el oro, ¿no hará que el oro sea estimado en poco? —Véase en la grandeza de Salomón el
cumplimiento de la promesa de Dios, y estimúlenos para buscar primero la justicia del reino de
Dios. Este es quien, habiendo gustado los placeres terrenales, escribió un libro para mostrar la
vanidad de todas las cosas terrenales y la aflicción de espíritu que las acompaña, y la necedad de
quienes ponen en ellas su corazón; y para recomendar seriamente la piedad, como lo que hará
mucho más por hacernos felices que todas las riquezas y poder que pueda lograr; y por medio de la
gracia de Dios, está a nuestro alcance.