martes, octubre 23

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 10

CAPÍTULO X

Versículos 1—13.
La reina de Sabá visita a Salomón. 14—29. La riqueza de Salomón.

Vv. 1—13.
La reina de Sabá vino a ver a Salomón para oír su sabiduría y mejorar la suya. Nuestro

Salvador menciona sus preguntas sobre Dios a Salomón, como señalando la estupidez de quienes no

buscan a Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Esperar y orar, escudriñar con diligencia las

Escrituras, consultar a cristianos sabios y experimentados y practicar lo que hemos aprendido, es lo

que nos librará de las dificultades. —La sabiduría de Salomón impresionó a la reina de Sabá mucho

más que toda su prosperidad y grandeza. Hay una excelencia espiritual en las cosas celestiales y en

los cristianos firmes, a lo cual ninguna fama hace justicia. Aquí la verdad resalta; todos los que, por

medio de la gracia, son llevados a la comunión con Dios, dirán que no se les había dicho ni la mitad
de los placeres y ventajas de los caminos de la sabiduría. Los santos glorificados dirán mucho más

del cielo; dirán que no se les dijo ni la milésima parte, 1 Corintios ii, 9. Ella declaró felices a los que

constantemente escuchaban a Salomón. Con mayor razón, nosotros decimos de los siervos de

Cristo: Bienaventurados los que habitan en su casa; ellos seguirán aún alabándole. —Ella le hizo un

regalo noble a Salomón. Cristo no necesita lo que nosotros le regalamos; pero querrá que lo

hagamos para expresar nuestra gratitud. El creyente que ha estado con Jesús, regresará a su lugar,

cumplirá prestamente sus deberes por mejores razones: esperar el día en que, ausente del cuerpo,

esté presente con el Señor.

Vv. 14—29.
Salomón aumentaba su riqueza. La plata no se contaba. Tal es la naturaleza de la

riqueza mundana, cuya abundancia le resta valor; mucho más debiera el goce de las riquezas

espirituales aminorar nuestra estima de las posesiones terrenales. Si el oro en abundancia hace

despreciar la plata, la sabiduría, la gracia y el gustar de antemano del cielo, que es muchísimo mejor

que el oro, ¿no hará que el oro sea estimado en poco? —Véase en la grandeza de Salomón el

cumplimiento de la promesa de Dios, y estimúlenos para buscar primero la justicia del reino de

Dios. Este es quien, habiendo gustado los placeres terrenales, escribió un libro para mostrar la

vanidad de todas las cosas terrenales y la aflicción de espíritu que las acompaña, y la necedad de

quienes ponen en ellas su corazón; y para recomendar seriamente la piedad, como lo que hará

mucho más por hacernos felices que todas las riquezas y poder que pueda lograr; y por medio de la

gracia de Dios, está a nuestro alcance.

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