lunes, octubre 29

COMENTARIOS DE LOS CAPITULOS 11, 12, 13, Y 14, DE ! DE REYES

CAPÍTULO XI
Versículos 1—8. Las esposas y concubinas de Salomón—Su idolatría. 9—13. La ira de Dios. 14—
25. Los adversarios de Salomón. 26—40. El ascenso de Jeroboam. 41—43. Muerte de
Salomón.
Vv. 1—8. No hay en las Sagradas Escrituras un caso más más triste y asombroso sobre la
depravación humana que el aquí registrado: ¡Salomón se volvió adorador público de abominables
ídolos! Probablemente haya ido cediendo paulatinamente al orgullo y a la concupiscencia,
perdiendo así su gusto por la verdadera sabiduría. Nada constituye en sí mismo un seguro contra lo
engañoso y perverso del corazón humano. La edad avanzada no cura al corazón de ninguna
propensión al mal. Si nuestras pasiones pecaminosas no son crucificadas y mortificadas por la
gracia de Dios, nunca morirán por sí mismas, antes bien durarán aunque las oportunidades de
satisfacerlas hayan sido quitadas. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Vemos cuán débiles
somos en nosotros mismos sin la gracia de Dios; por tanto, vivamos en constante dependencia de la
gracia. Velemos y estemos sobrios: la nuestra es una guerra peligrosa y en territorio enemigo,
aunque nuestros peores enemigos son los traidores que hay en nuestro mismo corazón.
Vv. 9—13. El Señor dijo a Salomón, probablemente por un profeta, lo que debía esperar de su
apostasía. Aunque tengamos razón para esperar que se haya arrepentido y hallado misericordia, el
Espíritu Santo no lo registra expresamente, pero lo deja en la duda, como advertencia para que los
demás no pequen. Puede que se haya quitado la culpa, pero no el reproche; eso queda. Así que, debe
seguir en duda para nosotros hasta el día del juicio, si Salomón fue dejado o no para sufrir el eterno
desagrado de Dios ofendido.
Vv. 14—25. Mientras Salomón se mantuvo cerca de Dios y de su deber, no hubo enemigo que
lo inquietara, pero aquí tenemos el relato de dos. Si Dios está de nuestro lado no tenemos que temer
al mayor adversario; pero si Dios está contra nosotros, Él puede hacernos temer aun al menor de
todos y la misma langosta será una carga. Aunque ellos estaban motivados por principios de
ambición o venganza, Dios los usó para corregir a Salomón.

advierte a Jeroboam que se cuide de pecar por su ascenso. Pero la casa de David debe seguir; de ella

saldría el Mesías. —Salomón trató de matar a su sucesor; ¿no había él mismo enseñado que

cualesquiera sean los planes del corazón del hombre, el consejo del Señor prevalece? Pero él mismo

cree que puede derrotar ese consejo. Jeroboam se retiró a Egipto y se contentó con vivir en el exilio

y en la oscuridad por un tiempo, seguro de que iba a tener un reino al final. ¿No debiéramos estar

contentos porque tenemos un mejor reino reservado?

Vv. 41—43.
El reino de Salomón fue tan largo como el de su padre, pero no así su vida. El

pecado acortó sus días. —Si el mundo con todas sus ventajas, pudiera satisfacer el alma y dar gozo

real, Salomón lo hubiera hallado así. Pero él se desilusionó de todo, y para advertencia nuestra, dejó

este registro escrito de todos los placeres terrenales. “Vanidad y aflicción de espíritu”. —El Nuevo

Testamento declara que uno más grande que Salomón viene a reinar sobre nosotros, y a tomar

posesión del trono de David su padre. ¿No podemos ver algo de la excelencia de Cristo

representada tenuemente en esta figura para nosotros?

CAPÍTULO XII

Versículos 1—15.
Ascensión de Roboam—La petición del pueblo—Su respuesta. 16—24. Rebelión

de diez tribus.
25—33. La idolatría de Jeroboam.

Vv. 1—15.
Las tribus no se quejaron a Roboam por la idolatría de su padre y su rebelión contra

Dios. La ofensa más grave no era nada para ellos; tan negligentes eran en materia de religión, si

podían vivir cómodos y sin pagar tributos. A los espíritus contenciosos nunca les faltará de qué

quejarse. Cuando vemos el relato bíblico del reino de Salomón, la paz, la riqueza, y la prosperidad

que entonces disfrutó Israel, no podemos dudar que sus acusaciones eran falsas, o ajenas a la

verdad. —Roboam contestó al pueblo conforme al consejo de los jóvenes. No hay hombre más

cegado por el orgullo y el deseo del poder arbitrario, que el que piensa que eso no es fatal. Así

fueron cumplidos los consejos de Dios. Dejó a Roboam librado a su insensatez y escondió de sus

ojos las cosas que correspondían a su paz, para que el reino le fuese quitado y dividido. Dios usa

para sus propósitos sabios y justos las imprudencias y los pecados de los hombres. Los que pierden

el reino de los cielos es porque lo arrojan lejos, voluntaria y neciamente, como Roboam.

Vv. 16—24.
El pueblo habló de David en forma inconveniente. ¡Cuán pronto se olvidan los

hombres buenos y sus buenos servicios al público! Estas consideraciones debieran reconciliarnos

con nuestras pérdidas y problemas, que Dios es el Autor de ellos y nuestros hermanos son sus

instrumentos: no abriguemos deseos de venganza. Roboam y su gente escucharon la palabra del

Señor. Cuando sabemos qué piensa Dios, debemos someternos, por más que esto moleste nuestra

mente. Si tenemos la seguridad del favor de Dios, ni siquiera todo el universo puede dañarnos.

Vv. 25—33.
Jeroboam desconfiaba de la providencia de Dios; él concebiría maneras y medios,

pecaminosos también, para su propia seguridad. La incredulidad en la suficiencia total de Dios se

halla en el fondo de todos nuestros alejamientos de Él. Aunque es probable que su adoración

estuviera dirigida a Jehová el Dios de Israel, era contrario a la ley divina y deshonroso para la

majestad divina ser representada de esa manera. A la gente puede haberle molestado menos adorar

al Dios de Israel en forma de una imagen, que si de inmediato se les hubiera pedido que adoraran a

Baal; pero eso abrió el camino a la idolatría. —Bendito Señor, danos gracia para reverenciar tu

templo, tus ordenanzas, tu casa de oración, tus días de reposo y que nunca más, como Jeroboam,

pongamos en nuestro corazón ningún ídolo abominable. Sé tú para nosotros todo lo que nos es

precioso; que tú reines y gobierne nuestro corazón, esperanza de gloria.

CAPÍTULO XIII
Versículos 1—10. Reprobación del pecado de Jeroboam. 11—22. El profeta engañado. 23—34.
Muerte del profeta desobediente—Obstinación de Jeroboam.
Vv. 1—10. Al amenazar el altar, el profeta amenaza al fundador y a los adoradores. El culto
idolátrico no continuará, pero la palabra de Jehová permanecerá para siempre. La predicción afirma
claramente que la familia de David continuaría, y apoyaría la verdadera religión, cuando las diez
tribus ya no fueran capaces de resistirlos. Si Dios, con justicia, endurece el corazón de los
pecadores, para que no puedan retirar arrepentidos la mano que extendieron al pecado, eso es un
juicio espiritual, representado por esto, y mucho más espantoso. —Jeroboam buscó ayuda, no de
sus becerros, sino solamente de Dios, de su poder y favor. Puede llegar el momento en que los que
aborrecen la predicación, se alegren de las oraciones de los ministros fieles. Jeroboam no desea que
el profeta ore para que su pecado sea perdonado y cambiado su corazón, sino sólo que su mano sea
restaurada. Él pareció afectado momentáneamente por el juicio y por la misericordia, pero la
impresión se desvaneció. —Dios prohibió a su mensajero que comiera o bebiera en Betel para
mostrar su aborrecimiento por su idolatría y apostasía de Dios, y para enseñarnos a no tener
comunión con las obras de las tinieblas. No han aprendido a negarse a sí mismos quienes no pueden
desechar una comida prohibida.
Vv. 11—22. La conducta del viejo profeta prueba que realmente no era un hombre bueno.
Cuando el cambio ocurrió bajo Jeroboam, aquel prefirió su comodidad e interés a su religión. Él usó
un método muy malo para hacer regresar al profeta bueno. Todo era mentira. Los creyentes están en
mayor peligro de ser desviados de su deber por las pretensiones engañosas de santidad. —Puede
llamarnos la atención que el profeta malo no fue castigado, mientras que el santo varón de Dios fue
castigado súbita y severamente. ¿Qué haremos con todo esto? Los juicios de Dios trascienden
nuestro poder de comprensión, y hay un juicio venidero. Nada puede excusar un acto voluntario de
desobediencia. Esto demuestra lo que deben esperar los que escuchan al gran engañador. Los que
ceden ante él como tentador, serán aterrados por él como atormentador. A los que adula ahora,
después los atacará violentamente; y a los que lleva al pecado tratará de llevarlos a la desesperación.
Vv. 23—34. A Dios le disgustan los pecados de su pueblo; nadie será protegido en su
desobediencia, por el oficio que ejerce, por su cercanía a Dios, ni por ningún otro servicio que haya
hecho por Él. A todos los que le sirven, Dios les advierte que observen estrictamente sus órdenes.
No podemos ser jueces de los hombres por sus sufrimientos, ni de pecados por los castigos
presentes; la carne es destruida en algunos para que el espíritu sea salvo; la carne es halagada en
otros para que el alma madure para el infierno. —Jeroboam no se arrepintió de su mal camino. Se
prometió que los becerros asegurarían la corona a su familia, pero la perdieron y él hundió a su
familia. Se traicionan a sí mismos los que piensan sostenerse por cualquier pecado. Temamos
prosperar por medios pecaminosos; oremos para ser resguardados de todo engaño y tentación, y ser
capacitados para andar con perseverancia abnegada en el camino de los mandamientos de Dios.

CAPÍTULO XIV
Versículos 1—6. Abías se enferma y su madre consulta a Ahías. 7—20. La destrucción de la casa
de Jeroboam. 21—31. El reino malvado de Roboam.
Vv. 1—6. “En aquel tiempo”, cuando Jeroboam hizo lo malo, su hijo se enfermó. Cuando la
enfermedad llega a nuestra familia debemos preguntarnos si no habrá algún pecado específico que
se albergue en nuestra casa, por el cual se envía la aflicción para acusarnos y reclamarnos de ese
pecado. —Hubiera sido más piadoso si hubiera deseado saber por qué Dios contendía con él; si

hubiera pedido las oraciones del profeta y desechado sus ídolos; pero la mayoría de la gente prefiere

que les digan la suerte, y no sus faltas o su deber. —Mandó a buscar a Ahías porque éste le había

dicho que sería rey. Los que por el pecado se descalifican para las consolaciones y, sin embargo,

esperan que sus ministros porque son hombres buenos les hablen la paz y consuelo, se engañan a sí

mismos y a sus ministros. —Mandó a su esposa disfrazada para que el profeta le respondiera su

pregunta sobre su hijo solamente. De esta manera algunos limitan a sus ministros para que suavicen

las cosas, y no les interesa que se les declare todo el consejo de Dios, no sea que se profetice algo

no bueno para ellos, sino malo. Pero ella sabe, a la primera palabra, en qué tiene que confiar. Las

noticias para quien tiene una porción con los hipócritas serán noticias espantosas. Dios juzgará a los

hombres conforme a lo que son, no por lo que parecen ser.

Vv. 7—20.
Sea que llevemos o no una cuenta de las misericordias de Dios, Él sí la lleva; las

pondrá en orden delante de nosotros para nuestra mayor confusión, si somos ingratos. Ahías

anuncia la pronta muerte del niño enfermo, por misericordia para él. Este niño era el único, en la

casa de Jeroboam, que tuvo afecto por la adoración verdadera de Dios y le disgustaba la adoración

de los becerros. Para mostrar el poder y la soberanía de su gracia, Dios salva a algunos miembros de

las peores familias, en los cuales hay
algo bueno para el Señor Dios de Israel. Los justos son

librados del mal que viene a este mundo, y llevados al bien de un mundo mejor. Suele ser una mala

señal para una familia cuando se sepulta a los mejores de ella. Pero su muerte no es pérdida para

ellos. Era una aflicción presente para la familia y para el reino, aflicción que debió servir de

instrucción, al reino y a la familia. —Dios además anuncia los juicios que sobrevendrán al pueblo

de Israel por conformarse a la adoración establecida por Jeroboam. Después que salió de la casa de

David, el gobierno nunca duró mucho en otra familia; una saboteaba y destruía a la otra. Las

familias y los reinos son arruinados por el pecado. Si los grandes hombres hacen lo malo, arrastran

a muchos otros a la culpa y al castigo. La condena de ellos será muy severa porque deben responder

no sólo por sus pecados sino por los pecados a que han arrastrado y en los cuales han mantenido a

otros.

Vv. 21—31.
Aquí nada bueno se dice de Roboam, y se dice mucho para desventaja de sus

súbditos. La abundancia de los peores crímenes, del peor de los paganos, en Jerusalén, la ciudad que

el Señor había escogido para su templo y para ser adorado, demuestra que nada puede mejorar el

corazón de los hombres caídos, sino la gracia santificadora del Espíritu Santo. En ella sólo podemos

confiar; por tanto, oremos diariamente por ella, para nosotros y todos los que nos rodean. El

esplendor de su templo, la pompa de su sacerdocio, y todas las ventajas con que estaba asociada su

religión, no fue suficiente para mantenerlos cerca de ella; nada sino el derramamiento del Espíritu

mantendrá la lealtad del Israel de Dios. —El pecado deja al descubierto, empobrece y debilita a toda

persona. Sisac, rey de Egipto, vino y se llevó los tesoros. El pecado hace que el oro se opaque, que

cambie el oro más fino y se vuelva bronce.

 

EL 1 LIBRO DE REYES CAPITULOS 11, 12, 13, Y 14

1ra. de Reyes

Capítulo 11

11:1 Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;
11:2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.
11:3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.
11:4 Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.
11:5 Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.
11:6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.
11:7 Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.
11:8 Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
11:9 Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces,
11:10 y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová.
11:11 Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.
11:12 Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo.
11:13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.
11:14 Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita, de sangre real, el cual estaba en Edom.
11:15 Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom
11:16 (porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom),
11:17 Hadad huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño.
11:18 Y se levantaron de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les dio tierra.
11:19 Y halló Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes.
11:20 Y la hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.
11:21 Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra.
11:22 Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? El respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir.
11:23 Dios también levantó por adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba.
11:24 Y había juntado gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron rey en Damasco.
11:25 Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre Siria.
11:26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey.
11:27 La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.
11:28 Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José.
11:29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.
11:30 Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,
11:31 y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus;
11:32 y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel;
11:33 por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.
11:34 Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.
11:35 Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus.
11:36 Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.
11:37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.
11:38 Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel.
11:39 Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.
11:40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
11:41 Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón?
11:42 Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años.
11:43 Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.


Capítulo 12

12:1 Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey.
12:2 Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto,
12:3 enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
12:4 Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.
12:5 Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.
12:6 Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
12:7 Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieres, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.
12:8 Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él.
12:9 Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?
12:10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre.
12:11 Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
12:12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día.
12:13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado;
12:14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
12:15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
12:16 Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.
12:17 Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.
12:18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén.
12:19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
12:20 Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino sólo la tribu de Judá.
12:21 Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.
12:22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo:
12:23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:
12:24 Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.
12:25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.
12:26 Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,
12:27 si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.
12:28 Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.
12:29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.
12:30 Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
12:31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
12:32 Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.
12:33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.


Capítulo 13

13:1 He aquí que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso,
13:2 aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.
13:3 Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.
13:4 Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar.
13:5 Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.
13:6 Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes.
13:7 Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente.
13:8 Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar.
13:9 Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres.
13:10 Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.
13:11 Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey.
13:12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá.
13:13 Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó.
13:14 Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy.
13:15 Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan.
13:16 Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar.
13:17 Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres.
13:18 Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua.
13:19 Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua.
13:20 Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver.
13:21 Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito,
13:22 sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres.
13:23 Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno.
13:24 Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo.
13:25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.
13:26 Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo.
13:27 Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron.
13:28 Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.
13:29 Entonces tomó el profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle.
13:30 Y puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío!
13:31 Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos.
13:32 Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las cosas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria.
13:33 Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos.
13:34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.


Capítulo 14

14:1 En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo.
14:2 Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo.
14:3 Y toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te declare lo que ha de ser de este niño.
14:4 Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez.
14:5 Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá disfrazada.
14:6 Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura.
14:7 Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel,
14:8 y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos,
14:9 sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas;
14:10 por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada.
14:11 El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho.
14:12 Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño.
14:13 Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam.
14:14 Y Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora mismo.
14:15 Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová.
14:16 Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.
14:17 Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió.
14:18 Y lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías.
14:19 Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel.
14:20 El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.
14:21 Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita.
14:22 Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron.
14:23 Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso.
14:24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.
14:25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,
14:26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.
14:27 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los dio a los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la puerta de la casa real.
14:28 Cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la guardia.
14:29 Los demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en las crónicas de los reyes de Judá?
14:30 Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días.
14:31 Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.