Versículos 1—8. Las esposas y concubinas de Salomón—Su idolatría. 9—13. La ira de Dios. 14—
25. Los adversarios de Salomón. 26—40. El ascenso de Jeroboam. 41—43. Muerte de
Salomón.
Vv. 1—8. No hay en las Sagradas Escrituras un caso más más triste y asombroso sobre la
depravación humana que el aquí registrado: ¡Salomón se volvió adorador público de abominables
ídolos! Probablemente haya ido cediendo paulatinamente al orgullo y a la concupiscencia,
perdiendo así su gusto por la verdadera sabiduría. Nada constituye en sí mismo un seguro contra lo
engañoso y perverso del corazón humano. La edad avanzada no cura al corazón de ninguna
propensión al mal. Si nuestras pasiones pecaminosas no son crucificadas y mortificadas por la
gracia de Dios, nunca morirán por sí mismas, antes bien durarán aunque las oportunidades de
satisfacerlas hayan sido quitadas. El que piensa estar firme, mire que no caiga. Vemos cuán débiles
somos en nosotros mismos sin la gracia de Dios; por tanto, vivamos en constante dependencia de la
gracia. Velemos y estemos sobrios: la nuestra es una guerra peligrosa y en territorio enemigo,
aunque nuestros peores enemigos son los traidores que hay en nuestro mismo corazón.
Vv. 9—13. El Señor dijo a Salomón, probablemente por un profeta, lo que debía esperar de su
apostasía. Aunque tengamos razón para esperar que se haya arrepentido y hallado misericordia, el
Espíritu Santo no lo registra expresamente, pero lo deja en la duda, como advertencia para que los
demás no pequen. Puede que se haya quitado la culpa, pero no el reproche; eso queda. Así que, debe
seguir en duda para nosotros hasta el día del juicio, si Salomón fue dejado o no para sufrir el eterno
desagrado de Dios ofendido.
Vv. 14—25. Mientras Salomón se mantuvo cerca de Dios y de su deber, no hubo enemigo que
lo inquietara, pero aquí tenemos el relato de dos. Si Dios está de nuestro lado no tenemos que temer
al mayor adversario; pero si Dios está contra nosotros, Él puede hacernos temer aun al menor de
todos y la misma langosta será una carga. Aunque ellos estaban motivados por principios de
ambición o venganza, Dios los usó para corregir a Salomón.
advierte a Jeroboam que se cuide de pecar por su ascenso. Pero la casa de David debe seguir; de ella
saldría el Mesías. —Salomón trató de matar a su sucesor; ¿no había él mismo enseñado que
cualesquiera sean los planes del corazón del hombre, el consejo del Señor prevalece? Pero él mismo
cree que puede derrotar ese consejo. Jeroboam se retiró a Egipto y se contentó con vivir en el exilio
y en la oscuridad por un tiempo, seguro de que iba a tener un reino al final. ¿No debiéramos estar
contentos porque tenemos un mejor reino reservado?
Vv. 41—43.
El reino de Salomón fue tan largo como el de su padre, pero no así su vida. El
pecado acortó sus días. —Si el mundo con todas sus ventajas, pudiera satisfacer el alma y dar gozo
real, Salomón lo hubiera hallado así. Pero él se desilusionó de todo, y para advertencia nuestra, dejó
este registro escrito de todos los placeres terrenales. “Vanidad y aflicción de espíritu”. —El Nuevo
Testamento declara que uno más grande que Salomón viene a reinar sobre nosotros, y a tomar
posesión del trono de David su padre. ¿No podemos ver algo de la excelencia de Cristo
representada tenuemente en esta figura para nosotros?
CAPÍTULO XII
Versículos 1—15.
Ascensión de Roboam—La petición del pueblo—Su respuesta. 16—24. Rebelión
de diez tribus.
25—33. La idolatría de Jeroboam.
Vv. 1—15.
Las tribus no se quejaron a Roboam por la idolatría de su padre y su rebelión contra
Dios. La ofensa más grave no era nada para ellos; tan negligentes eran en materia de religión, si
podían vivir cómodos y sin pagar tributos. A los espíritus contenciosos nunca les faltará de qué
quejarse. Cuando vemos el relato bíblico del reino de Salomón, la paz, la riqueza, y la prosperidad
que entonces disfrutó Israel, no podemos dudar que sus acusaciones eran falsas, o ajenas a la
verdad. —Roboam contestó al pueblo conforme al consejo de los jóvenes. No hay hombre más
cegado por el orgullo y el deseo del poder arbitrario, que el que piensa que eso no es fatal. Así
fueron cumplidos los consejos de Dios. Dejó a Roboam librado a su insensatez y escondió de sus
ojos las cosas que correspondían a su paz, para que el reino le fuese quitado y dividido. Dios usa
para sus propósitos sabios y justos las imprudencias y los pecados de los hombres. Los que pierden
el reino de los cielos es porque lo arrojan lejos, voluntaria y neciamente, como Roboam.
Vv. 16—24.
El pueblo habló de David en forma inconveniente. ¡Cuán pronto se olvidan los
hombres buenos y sus buenos servicios al público! Estas consideraciones debieran reconciliarnos
con nuestras pérdidas y problemas, que Dios es el Autor de ellos y nuestros hermanos son sus
instrumentos: no abriguemos deseos de venganza. Roboam y su gente escucharon la palabra del
Señor. Cuando sabemos qué piensa Dios, debemos someternos, por más que esto moleste nuestra
mente. Si tenemos la seguridad del favor de Dios, ni siquiera todo el universo puede dañarnos.
Vv. 25—33.
Jeroboam desconfiaba de la providencia de Dios; él concebiría maneras y medios,
pecaminosos también, para su propia seguridad. La incredulidad en la suficiencia total de Dios se
halla en el fondo de todos nuestros alejamientos de Él. Aunque es probable que su adoración
estuviera dirigida a Jehová el Dios de Israel, era contrario a la ley divina y deshonroso para la
majestad divina ser representada de esa manera. A la gente puede haberle molestado menos adorar
al Dios de Israel en forma de una imagen, que si de inmediato se les hubiera pedido que adoraran a
Baal; pero eso abrió el camino a la idolatría. —Bendito Señor, danos gracia para reverenciar tu
templo, tus ordenanzas, tu casa de oración, tus días de reposo y que nunca más, como Jeroboam,
pongamos en nuestro corazón ningún ídolo abominable. Sé tú para nosotros todo lo que nos es
precioso; que tú reines y gobierne nuestro corazón, esperanza de gloria.
CAPÍTULO XIII
Versículos 1—10. Reprobación del pecado de Jeroboam. 11—22. El profeta engañado. 23—34.
Muerte del profeta desobediente—Obstinación de Jeroboam.
Vv. 1—10. Al amenazar el altar, el profeta amenaza al fundador y a los adoradores. El culto
idolátrico no continuará, pero la palabra de Jehová permanecerá para siempre. La predicción afirma
claramente que la familia de David continuaría, y apoyaría la verdadera religión, cuando las diez
tribus ya no fueran capaces de resistirlos. Si Dios, con justicia, endurece el corazón de los
pecadores, para que no puedan retirar arrepentidos la mano que extendieron al pecado, eso es un
juicio espiritual, representado por esto, y mucho más espantoso. —Jeroboam buscó ayuda, no de
sus becerros, sino solamente de Dios, de su poder y favor. Puede llegar el momento en que los que
aborrecen la predicación, se alegren de las oraciones de los ministros fieles. Jeroboam no desea que
el profeta ore para que su pecado sea perdonado y cambiado su corazón, sino sólo que su mano sea
restaurada. Él pareció afectado momentáneamente por el juicio y por la misericordia, pero la
impresión se desvaneció. —Dios prohibió a su mensajero que comiera o bebiera en Betel para
mostrar su aborrecimiento por su idolatría y apostasía de Dios, y para enseñarnos a no tener
comunión con las obras de las tinieblas. No han aprendido a negarse a sí mismos quienes no pueden
desechar una comida prohibida.
Vv. 11—22. La conducta del viejo profeta prueba que realmente no era un hombre bueno.
Cuando el cambio ocurrió bajo Jeroboam, aquel prefirió su comodidad e interés a su religión. Él usó
un método muy malo para hacer regresar al profeta bueno. Todo era mentira. Los creyentes están en
mayor peligro de ser desviados de su deber por las pretensiones engañosas de santidad. —Puede
llamarnos la atención que el profeta malo no fue castigado, mientras que el santo varón de Dios fue
castigado súbita y severamente. ¿Qué haremos con todo esto? Los juicios de Dios trascienden
nuestro poder de comprensión, y hay un juicio venidero. Nada puede excusar un acto voluntario de
desobediencia. Esto demuestra lo que deben esperar los que escuchan al gran engañador. Los que
ceden ante él como tentador, serán aterrados por él como atormentador. A los que adula ahora,
después los atacará violentamente; y a los que lleva al pecado tratará de llevarlos a la desesperación.
Vv. 23—34. A Dios le disgustan los pecados de su pueblo; nadie será protegido en su
desobediencia, por el oficio que ejerce, por su cercanía a Dios, ni por ningún otro servicio que haya
hecho por Él. A todos los que le sirven, Dios les advierte que observen estrictamente sus órdenes.
No podemos ser jueces de los hombres por sus sufrimientos, ni de pecados por los castigos
presentes; la carne es destruida en algunos para que el espíritu sea salvo; la carne es halagada en
otros para que el alma madure para el infierno. —Jeroboam no se arrepintió de su mal camino. Se
prometió que los becerros asegurarían la corona a su familia, pero la perdieron y él hundió a su
familia. Se traicionan a sí mismos los que piensan sostenerse por cualquier pecado. Temamos
prosperar por medios pecaminosos; oremos para ser resguardados de todo engaño y tentación, y ser
capacitados para andar con perseverancia abnegada en el camino de los mandamientos de Dios.
CAPÍTULO XIV
Versículos 1—6. Abías se enferma y su madre consulta a Ahías. 7—20. La destrucción de la casa
de Jeroboam. 21—31. El reino malvado de Roboam.
Vv. 1—6. “En aquel tiempo”, cuando Jeroboam hizo lo malo, su hijo se enfermó. Cuando la
enfermedad llega a nuestra familia debemos preguntarnos si no habrá algún pecado específico que
se albergue en nuestra casa, por el cual se envía la aflicción para acusarnos y reclamarnos de ese
pecado. —Hubiera sido más piadoso si hubiera deseado saber por qué Dios contendía con él; si
hubiera pedido las oraciones del profeta y desechado sus ídolos; pero la mayoría de la gente prefiere
que les digan la suerte, y no sus faltas o su deber. —Mandó a buscar a Ahías porque éste le había
dicho que sería rey. Los que por el pecado se descalifican para las consolaciones y, sin embargo,
esperan que sus ministros porque son hombres buenos les hablen la paz y consuelo, se engañan a sí
mismos y a sus ministros. —Mandó a su esposa disfrazada para que el profeta le respondiera su
pregunta sobre su hijo solamente. De esta manera algunos limitan a sus ministros para que suavicen
las cosas, y no les interesa que se les declare todo el consejo de Dios, no sea que se profetice algo
no bueno para ellos, sino malo. Pero ella sabe, a la primera palabra, en qué tiene que confiar. Las
noticias para quien tiene una porción con los hipócritas serán noticias espantosas. Dios juzgará a los
hombres conforme a lo que son, no por lo que parecen ser.
Vv. 7—20.
Sea que llevemos o no una cuenta de las misericordias de Dios, Él sí la lleva; las
pondrá en orden delante de nosotros para nuestra mayor confusión, si somos ingratos. Ahías
anuncia la pronta muerte del niño enfermo, por misericordia para él. Este niño era el único, en la
casa de Jeroboam, que tuvo afecto por la adoración verdadera de Dios y le disgustaba la adoración
de los becerros. Para mostrar el poder y la soberanía de su gracia, Dios salva a algunos miembros de
las peores familias, en los cuales hay
algo bueno para el Señor Dios de Israel. Los justos son
librados del mal que viene a este mundo, y llevados al bien de un mundo mejor. Suele ser una mala
señal para una familia cuando se sepulta a los mejores de ella. Pero su muerte no es pérdida para
ellos. Era una aflicción presente para la familia y para el reino, aflicción que debió servir de
instrucción, al reino y a la familia. —Dios además anuncia los juicios que sobrevendrán al pueblo
de Israel por conformarse a la adoración establecida por Jeroboam. Después que salió de la casa de
David, el gobierno nunca duró mucho en otra familia; una saboteaba y destruía a la otra. Las
familias y los reinos son arruinados por el pecado. Si los grandes hombres hacen lo malo, arrastran
a muchos otros a la culpa y al castigo. La condena de ellos será muy severa porque deben responder
no sólo por sus pecados sino por los pecados a que han arrastrado y en los cuales han mantenido a
otros.
Vv. 21—31.
Aquí nada bueno se dice de Roboam, y se dice mucho para desventaja de sus
súbditos. La abundancia de los peores crímenes, del peor de los paganos, en Jerusalén, la ciudad que
el Señor había escogido para su templo y para ser adorado, demuestra que nada puede mejorar el
corazón de los hombres caídos, sino la gracia santificadora del Espíritu Santo. En ella sólo podemos
confiar; por tanto, oremos diariamente por ella, para nosotros y todos los que nos rodean. El
esplendor de su templo, la pompa de su sacerdocio, y todas las ventajas con que estaba asociada su
religión, no fue suficiente para mantenerlos cerca de ella; nada sino el derramamiento del Espíritu
mantendrá la lealtad del Israel de Dios. —El pecado deja al descubierto, empobrece y debilita a toda
persona. Sisac, rey de Egipto, vino y se llevó los tesoros. El pecado hace que el oro se opaque, que
cambie el oro más fino y se vuelva bronce.
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