XXIII Versículos 1—9. Reinado de Joacaz. 10—19. Joás, rey de Israel—Eliseo agoniza 20—25. La muerte de
Eliseo—Las victorias de Joás.
Vv. 1—9. Era antiguo honor de Israel ser un pueblo de oración. Joás, su rey, en su angustia, buscó al Señor;
solicitó ayuda directa de Él, pero no a los becerros; ¿qué ayuda podía darle? Buscó a Jehová. Véase cuán
presto es Dios para mostrar misericordia; cuán listo para oír la oración; cuán dispuesto a encontrar una
razón para ser bondadoso; de lo contrario, no hubiera mirado tan atrás al pacto antiguo que Israel había
quebrantado y abandonado tan a menudo. Que esto nos invite y nos comprometa para siempre con Él; y
que aliente aun a quienes lo han olvidado, para que retornen y se arrepientan; porque hay perdón en Él,
para que sea temido. Y si el Señor responde el clamor de angustia que pide alivio temporal, cuánto más
considerará la oración de fe que pide bendiciones espirituales.
Vv. 10—19. Joás, el rey, fue a ver a Eliseo para recibir su consejo y bendición de moribundo. Puede
resultar para nuestra gran ventaja espiritual ir al lecho de enfermo y a los lechos de muerte de los hombres
buenos, para que seamos exhortados en la fe por los consuelos vivos que ellos tienen de ella en la hora de
morir. —Eliseo aseguró su éxito al rey, pero él debía mirar a Dios en busca de guía y fuerza; no debía
confiar tanto en sus propias manos, sino proseguir dependiendo del socorro divino. Las manos temblorosas
del profeta moribundo, en representación del poder de Dios, dieron a esta flecha más fuerza que toda su
fuerza de las manos del rey. —Por despreciar la señal, el rey se perdió lo señalado, para tristeza del profeta
moribundo. Para los hombres buenos es un problema ver a quienes quieren bien, abandonar sus
misericordias y verlos perder ventaja contra los enemigos espirituales.
Vv. 20—25. Dios tiene muchas maneras de castigar a un pueblo provocador. A veces los problemas
surgen del punto que menos tememos. La mención de esta invasión al morir Eliseo indica que la partida de
los fieles profetas de Dios es un presagio de juicios venideros. —Su cuerpo muerto fue un medio para dar
vida a otro cuerpo muerto. Este milagro fue una confirmación de sus profecías. Y pudiera tener referencia a
Cristo, por cuya muerte y sepultura es hecha la tumba un paso seguro y feliz a la vida para todos los
creyentes. —Joás triunfó contra los sirios, tan a menudo como había golpeado el suelo con las flechas,
luego se puso término a sus victorias. Muchos se han arrepentido de la desconfianza y de la estrechez de
sus deseos cuando es demasiado tarde.
CAPÍTULO XIV
Versículos 1—7. Buen reinado de Amasías. 8—14. Amasías provoca a Joás, rey de Israel, y es derrotado.
15—22. Conspiradores lo matan. 23—29. Mal reinado de Jeroboam II.
Vv. 1—7. Amasías empezó bien, pero no siguió así. No basta hacer aquello que hicieron nuestros buenos
predecesores, simplemente para mantener la costumbre, sino debemos hacerlo como ellos lo hicieron, a
partir del mismo principio de fe y devoción, y con la misma sinceridad y decisión.
Vv. 8—14. Por un tiempo, después de la división de los reinos, Judá sufrió mucho por la enemistad de
Israel. Después de la época de Asa, sufrió más por la amistad de Israel, y por la alianza con ellos. Ahora
vemos de nuevo la hostilidad entre ellos. —¡Cuánto podría sonreír un hombre humilde al oír a dos hombres
orgullosos y escarnecedores que echan a funcionar su ingenio para vilipendiarse y menospreciarse
mutuamente! El triunfo impío suscita orgullo; el orgullo suscita contiendas. Los efectos del orgullo en los
demás son insoportables para los orgullosos. Estas son fuente de problemas y pecados en la vida privada;
pero cuando surgen entre príncipes, se vuelven la desgracia de sus reinos. Joás muestra a Amasías la
necedad de su desafío; tu corazón te ha exaltado. La raíz de todo pecado está en el corazón y de ahí fluye.
No es la Providencia, el suceso, la ocasión, lo que sea, lo que hace orgulloso, seguro, descontento, y cosas
parecidas, a los hombres, sino sus propios corazones.
Vv. 15—22. Amasías sobrevivió a su vencedor quince años. Lo mataron sus propios súbditos. Azarías o
Uzías parece haber sido muy joven cuando mataron a su padre. Aunque los años de su reinado se
reconocen por ese hecho, él no fue hecho rey solo sino once años después.
Vv. 23—29. Dios levantó al profeta Jonás y por él declaró el propósito de su favor a Israel. Señal de que
Dios no ha desechado a su pueblo si continúan los ministros fieles. Se dan dos razones del por qué Dios los
bendijo con estas victorias: —1. Porque la desgracia era muy grande, lo que los hizo objeto de su
compasión. —2. Porque aún no se había emitido el decreto para su destrucción. —Muchos profetas había
habido en Israel, pero ninguno dejó profecías por escrito hasta esta época y sus profecías son parte de la
Eliseo—Las victorias de Joás.
Vv. 1—9. Era antiguo honor de Israel ser un pueblo de oración. Joás, su rey, en su angustia, buscó al Señor;
solicitó ayuda directa de Él, pero no a los becerros; ¿qué ayuda podía darle? Buscó a Jehová. Véase cuán
presto es Dios para mostrar misericordia; cuán listo para oír la oración; cuán dispuesto a encontrar una
razón para ser bondadoso; de lo contrario, no hubiera mirado tan atrás al pacto antiguo que Israel había
quebrantado y abandonado tan a menudo. Que esto nos invite y nos comprometa para siempre con Él; y
que aliente aun a quienes lo han olvidado, para que retornen y se arrepientan; porque hay perdón en Él,
para que sea temido. Y si el Señor responde el clamor de angustia que pide alivio temporal, cuánto más
considerará la oración de fe que pide bendiciones espirituales.
Vv. 10—19. Joás, el rey, fue a ver a Eliseo para recibir su consejo y bendición de moribundo. Puede
resultar para nuestra gran ventaja espiritual ir al lecho de enfermo y a los lechos de muerte de los hombres
buenos, para que seamos exhortados en la fe por los consuelos vivos que ellos tienen de ella en la hora de
morir. —Eliseo aseguró su éxito al rey, pero él debía mirar a Dios en busca de guía y fuerza; no debía
confiar tanto en sus propias manos, sino proseguir dependiendo del socorro divino. Las manos temblorosas
del profeta moribundo, en representación del poder de Dios, dieron a esta flecha más fuerza que toda su
fuerza de las manos del rey. —Por despreciar la señal, el rey se perdió lo señalado, para tristeza del profeta
moribundo. Para los hombres buenos es un problema ver a quienes quieren bien, abandonar sus
misericordias y verlos perder ventaja contra los enemigos espirituales.
Vv. 20—25. Dios tiene muchas maneras de castigar a un pueblo provocador. A veces los problemas
surgen del punto que menos tememos. La mención de esta invasión al morir Eliseo indica que la partida de
los fieles profetas de Dios es un presagio de juicios venideros. —Su cuerpo muerto fue un medio para dar
vida a otro cuerpo muerto. Este milagro fue una confirmación de sus profecías. Y pudiera tener referencia a
Cristo, por cuya muerte y sepultura es hecha la tumba un paso seguro y feliz a la vida para todos los
creyentes. —Joás triunfó contra los sirios, tan a menudo como había golpeado el suelo con las flechas,
luego se puso término a sus victorias. Muchos se han arrepentido de la desconfianza y de la estrechez de
sus deseos cuando es demasiado tarde.
CAPÍTULO XIV
Versículos 1—7. Buen reinado de Amasías. 8—14. Amasías provoca a Joás, rey de Israel, y es derrotado.
15—22. Conspiradores lo matan. 23—29. Mal reinado de Jeroboam II.
Vv. 1—7. Amasías empezó bien, pero no siguió así. No basta hacer aquello que hicieron nuestros buenos
predecesores, simplemente para mantener la costumbre, sino debemos hacerlo como ellos lo hicieron, a
partir del mismo principio de fe y devoción, y con la misma sinceridad y decisión.
Vv. 8—14. Por un tiempo, después de la división de los reinos, Judá sufrió mucho por la enemistad de
Israel. Después de la época de Asa, sufrió más por la amistad de Israel, y por la alianza con ellos. Ahora
vemos de nuevo la hostilidad entre ellos. —¡Cuánto podría sonreír un hombre humilde al oír a dos hombres
orgullosos y escarnecedores que echan a funcionar su ingenio para vilipendiarse y menospreciarse
mutuamente! El triunfo impío suscita orgullo; el orgullo suscita contiendas. Los efectos del orgullo en los
demás son insoportables para los orgullosos. Estas son fuente de problemas y pecados en la vida privada;
pero cuando surgen entre príncipes, se vuelven la desgracia de sus reinos. Joás muestra a Amasías la
necedad de su desafío; tu corazón te ha exaltado. La raíz de todo pecado está en el corazón y de ahí fluye.
No es la Providencia, el suceso, la ocasión, lo que sea, lo que hace orgulloso, seguro, descontento, y cosas
parecidas, a los hombres, sino sus propios corazones.
Vv. 15—22. Amasías sobrevivió a su vencedor quince años. Lo mataron sus propios súbditos. Azarías o
Uzías parece haber sido muy joven cuando mataron a su padre. Aunque los años de su reinado se
reconocen por ese hecho, él no fue hecho rey solo sino once años después.
Vv. 23—29. Dios levantó al profeta Jonás y por él declaró el propósito de su favor a Israel. Señal de que
Dios no ha desechado a su pueblo si continúan los ministros fieles. Se dan dos razones del por qué Dios los
bendijo con estas victorias: —1. Porque la desgracia era muy grande, lo que los hizo objeto de su
compasión. —2. Porque aún no se había emitido el decreto para su destrucción. —Muchos profetas había
habido en Israel, pero ninguno dejó profecías por escrito hasta esta época y sus profecías son parte de la
CAPÍTULO XV
Versículos 1—7.
Reinado de Azarías o Uzías, rey de Judá. 8—31. Los útimos reyes de Israel. 32—38.
Jotam, rey de Judá.
Vv. 1—7.
Uzías hizo lo bueno la mayor parte de su vida. Fue una felicidad para el reino que un rey bueno
durara tanto tiempo.
Vv. 8—31.
Este relato muestra a un Israel confundido. Aunque Judá no carecía de problemas, de todos
modos su reino era feliz, comparado con el estado de Israel. Las imperfecciones de los creyentes
verdaderos son muy diferentes de la maldad permitida a los hombres impíos. Tal es la naturaleza humana,
tales son nuestros corazones, si los dejamos librados a sí mismos, engañoso sobre todas las cosas y
perverso. Tenemos razón de estar agradecidos por los frenos, por ser mantenidos lejos de las tentaciones y
debemos implorar a Dios que renueve un espíritu recto dentro de nosotros.