lunes, septiembre 13

COMENTRIO MARCOS 7

Marcos 7
1a. (7,1-5) Estos versículos nos cuentan de una participación que los fariseos realizaron en conjunto
con algunos especialistas en la teología provenientes de Jerusalén, para efectuar una pregunta. El
propósito de esta visita es probablemente con el fin de querellarse públicamente en contra de Jesús y
así alejar a la multitud de Él. Algo parecido hemos visto en un pasaje anterior con los fariseos de Galilea
(3,6), pero en aquella oportunidad su propósito no tuvo éxito a causa de la gran admiración del pueblo
por Jesús. Estos querellantes fueron testigos oculares de la conducta reprensible (así la interpretaron
ellos) de los discípulos, cuyo responsable intelectual, según ellos, era Jesús. El punto de su crítica
concierne a la forma de comer de los discípulos: sin lavarse las manos, es decir, manos con las que se
hace de todo. Así estas manos se convierten en manos inmundas. Faltó el lavamiento especial por el
cual se limpian las manos antes de comer, porque esta era la costumbre de todos los judíos bien
nacidos.
Marcos describe cómo eran las costumbres de la tradición judía, en relación a este asunto:
1. Los judíos no comen sin haberse lavado las manos, ya que las manos se estrechan mutuamente.
Esto fue la tradición de los ancianos.
2. Este lavamiento se hace sobre todo al volver de los mercados en donde hay tantas personas a
quienes se toca a menudo, por lo cual seguramente se contaminan las manos.
3. Los judíos tienen muchos lavamientos más, tanto de las cosas que se usan para preparar la comida
como de los muebles en que se guarda la comida. De esta manera la gente tiene la impresión de estar
totalmente pura delante de Dios.
Por esta razón, la enseñanza de Jesús es chocante para los judíos. Los interrogadores piensan que
este incidente es sintomático para toda la conducta de los discípulos, lo que acarrea falta de respeto por
la tradición de los ancianos (los maestros anteriores). Jesús sólo puede ser tolerado, una vez que siga
el paso de las tradiciones de los ancianos. El que quiere ser maestro autorizado y reconocido como tal,
según los fariseos, debe ajustarse a las tradiciones de las generaciones anteriores.
* ¿Qué y quién es para nosotros más importante, Jesús o nuestras propias tradiciones?
1b. (7,6-13) Jesús penetra en la actitud de rechazo que está detrás de la pregunta de los fariseos. La
situación es el cumplimiento de las palabras de la profecía de Isaías cap. 29. Jesús les llama actores
(hipócritas), ya que se muestran diferentes a lo que son en realidad. La pregunta no es hecha con
genuino interés ni por preocupación real, sino por enemistad. Esa es la situación de la que Isaías ya
profetizaba. La profecía de Isaías 29 se dirige a un pueblo que deliberadamente se inclina bajo sus
líderes espirituales. Junto con ellos se cambió la reverencia hacia el Señor por el sometimiento a
mandamientos de hombres. Ahora se cumple esta profecía, pues Jesús viene en nombre del Padre, sin
embargo, el pueblo y sus líderes fingen tener respeto por el Señor, pero en realidad le rechazan. Puesto
que han negado la autoridad de su Hijo -ya que toman más en consideración los mandamientos de
hombres en vez de la enseñanza de Jesús- entonces, el Padre los apartará de su familia. Por lo tanto,
la aparente reverencia es nada más que una farsa, pues es imposible mostrar respeto a Dios y a la
vez rechazar a Jesús.
Jesús muestra que existe un rechazo permanente de los mandamientos de Dios por parte de los
fariseos. Ellos reconocen el respeto a los padres como un mandamiento importante de Dios. Sin
embargo, la falta de amor por Dios se pone de manifiesto en la falta de amor por los padres. Era
costumbre en aquella época dedicar algo de los bienes a Dios. Al emplear la palabra `corbán' (don para
Dios) la gente podía retener a los padres lo que se le prometió a Dios. Sin embargo, como no decían
cuándo dedicarían sus bienes, la gente mantenía el usufructo de sus posesiones, sin preocuparse de
sus padres. Esto es nada más que anular los mandamientos de Dios y preferir sus propias tradiciones.
Así, de esta manera, actuaban muchas veces los fariseos.
* Busque ejemplos de la forma en que podemos anular el mandamiento de Dios y poner en su
lugar nuestras propias tradiciones.
1c. (7,14-23) Jesús llama a toda la multitud para que le oigan sólo a Él, con el fin de obtener
entendimiento en lugar de prestar oído a la enseñanza de los fariseos. Dada la importancia de su
enseñanza, esto lo hace dos veces (los versículos 14 y 16). La enseñanza de Jesús no sólo es nueva,
sino que además es totalmente diferente a la que realizaban los fariseos. "Nada hay fuera del hombre
que entra en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre".
¿Cómo puede el pueblo de Dios llegar a la pureza? ¿Comiendo acaso alimentos en forma pura? Jesús
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modifica totalmente la opinión común con respecto a la pureza. El pueblo sólo llega a la pureza, cuando
el interior del hombre es puro. Esto implica que Jesús anula los preceptos acerca de la pureza. Él
enseña como el Maestro prometido por Moisés (Deut. 18). A través de los siglos, el pueblo de Dios
tenía que distinguirse de los demás pueblos mediante preceptos acerca de la pureza, y todo esto, hasta
la venida del Mesías. Ahora, su llegada es la razón para no dedicarse más a estos preceptos. En este
momento el pueblo de Dios necesita la purificación del corazón, purificación que sólo Jesús puede
efectuar.
Los discípulos piden explicación del aforismo usado por Jesús; Él se asombra de que también sus
discípulos tengan tan poco entendimiento. Los líderes judíos eran aparentemente ciegos, sin embargo,
Cristo esperaba algo más de sus discípulos. En su gracia, Jesús les concede entendimiento para que
puedan llevar al pueblo a sus pies ( de Cristo). En su explicación, Jesús declara que todos los alimentos
son puros. Los adversarios notan la pretensión mesiánica de Jesús y se oponen grandemente a ella
(ver Mat.15,12). Lo que sale de dentro del corazón del hombre contamina al hombre. Los malos
pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos etcétera, salen del corazón del
hombre. Estas palabras son chocantes. Aunque los fariseos saben que también hay maldad dentro del
hombre, pensaban que por medio de los preceptos, concernientes a la purificación, se hacía diferencia
entre ellos y los demás pueblos.
* Todos los hombres tienen un corazón inclinado hacia el mal; sólo Cristo puede regenerarlo.
2. (7,24-30) Jesús deja Galilea para retirarse a un territorio extranjero. Este movimiento tiene que ver
con el aumento de las amenazas en aquel lugar. Jesús está dispuesto a sufrir y a morir, pero no antes
del tiempo establecido por su Padre, ya que su obra en Israel aún está inconclusa. Sin embargo, el
rumor de su majestad le acompañaba, por lo que la dirección de la casa pronto fue conocida. Una mujer
con una hija endemoniada le busca y se postra ante sus pies. Le pide echar fuera a un demonio que
poseía a su hija. Ella es una mujer de cultura griega y sirofenisa de nación, una región de la costa al
norte de Palestina, por lo que era una gentil. Jesús responde con un paradigma. Los alimentos son para
los niños y no para los perritos. Jesús proveyó `alimentos' para su pueblo y está esperando que éste se
alimente. Aún no es el tiempo de dar comida a los perritos, es decir, a los gentiles. La reacción de la
mujer busca conexión con las palabras de Jesús. ¿No comen los perrillos las migajas que cayeron de la
mesa de los hijos? Que el Señor le muestre misericordia dándole algunas migajas de su bondad. Jesús
responde a su fe y echa fuera al demonio.
* Aunque parezca que el Señor no responde, la fe nunca apela en vano a la misericordia del
Señor.
3. (7,31-37) Jesús vuelve a Galilea, a la región de Decápolis. Allí le traen a un sordo y tartamudo. Al
parecer, Jesús quiere esconder el milagro (v.33). En el acto del milagro, Jesús hace cosas notables que
nos parecen muy curiosas y que nos hacen preguntar: ¿Es un lenguaje adecuado lo que hace o son
gestos para mostrar al sordo lo que va a hacer? En todo caso no tiene nada que ver con magia. El
poder viene del cielo, es decir, de la esperanza en su Padre. Al hacer el milagro gime, como si fuera
algo triste. En realidad no lo es, pero por otro lado sí lo es, ya que la gente busca los milagros y no sus
palabras. Por lo tanto, Jesús prohibe al hombre sanado dar a conocer algo de este hecho portentoso
(v.35). La gente, sin embargo, habla acerca del milagro. No han entendido el lenguaje del milagro que
les indica tener respeto al mensaje del Mesías en vez de embobarse ante las cosas increíbles.
* ¿Tiene la palabra de Jesús más importancia que sus milagros?
Síntesis aplicativa de temas importantes
1a. La tradición de una iglesia puede convertirse en un arma para condenar a otros. Los líderes
judíos eran extremadamente rigurosos en cuanto a la tradición de los ancianos. Ellos condenan a los
discípulos de Jesús, porque no obedecen a una tradición que obligaba a lavarse las manos muchas
veces antes de comer. De esta manera pensaban mantenerse puros delante de Dios. Tanto hincapié
hacían en esto que no dudaban en condenar a aquellos que no lo realizaban como ellos. De igual
manera es posible encontrar esta actitud dentro de la iglesia, cuando los hombres, a través de los años,
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han incorporado tradiciones o normas que vienen a ser las pruebas de una santidad o pureza, casi
siempre son cosas que tienen que ver con actos externos. Por ejemplo podemos pensar en la forma en
que hay que vestirse, peinarse, donde ir y dónde no hacerlo, etc. Todas estas tradiciones si no son
evaluadas a la luz de la Escritura pueden fácilmente llevar a los creyentes hacia una actitud y
condenatoria hacia otros.
1b. Es posible llegar a invalidar los mandamientos del Señor, cambiándolos por preceptos
humanos, llegando a pensar que con esto agradamos al Señor. Los fariseos eran muy respetuosos
de la tradición de los ancianos, pero estaban pasando por alto los mandamientos de Dios. Parecían ser
muy espirituales, pero en realidad no lo eran; pasaban por alto el mandamiento de honrar a los padres,
no dándoles el sustento material que necesitaban; la excusa que le daban a sus padres era: "No puedo
darte dinero porque le pertenece al Señor". Podemos mostrar la misma actitud, por ejemplo, cuando
simulamos que nuestro deseo es servir a Dios, y que por lo tanto no tenemos tiempo para cuidar a
nuestros padres, mientras que la verdad es que simplemente no queremos hacerlo.
1c. Para alcanzar pureza delante de Dios, los mandamientos externos de nada valen si el
corazón antes no ha sido regenerado por el Espíritu Santo. Los fariseos enfatizaban una diferencia
externa con los que no eran judíos. Esto a la larga los llevó a una actitud de orgullo, en donde pasaban
por alto la condición del corazón del hombre. ¿De qué vale hacer tanto esfuerzo humano para alcanzar
pureza por medio de rituales, si en el corazón no hay un cambio obrado por Dios? En cuanto a esto
podemos afirmar que el corazón de estos hombres no era limpio pues rechazaban a Jesús. La iglesia
debe saber que si ella hace tanto énfasis en asuntos externos que según la tradición son señales de
santidad, puede caer en orgullo y desconocer que el corazón es malo y que necesita ser purificado por
Dios mediante su Espíritu.
1d. Lo malo no viene de afuera, sino que está adentro, en el corazón. Para los fariseos fue una
palabra muy chocante el que Jesús les dijera que lo que realmente contamina al ser humano era su
corazón inclinado siempre al mal, y no cosas que tienen que ver con los alimentos. En las palabras de
Jesús encontramos respuestas a pecados que por lo general se asocian con el diablo, pero que Jesús
deja en claro que nacen del corazón. Además, es esto una enseñanza para que estemos conscientes
que en la labor de educar a nuestro hijos en el temor del Señor no debemos pensar que ellos pueden
llegar a ser personas que nunca cometerán pecado. Pero Jesús vino justamente para ofrecer a través
de su sacrificio y Espíritu otra limpieza, la del corazón.
2. Después de Pentecostés el evangelio se expanderá a los gentiles, no dándoles `migajas', sino
pan de vida en abundancia. Jesús debía retirarse al extranjero. Una mujer le pide el favor de liberar a
su hija de un demonio. Jesús considera que todavía no es el tiempo para los gentiles, sino para Israel;
pero igual, en su gran misericordia, responde a su petición. Aunque nosotros tampoco merecemos la
gracia de Dios, no obstante, si la suplicamos con sinceridad, Él, en su infinita bondad, nos la promete y
otorga.
3. Jesús no quiere alcanzar fama como milagrero, sino que busca fe en su persona y palabra.
Jesús respondió a las necesidades de la gente, pero le entristecía ver que había más interés en sus
milagros que en su palabra. Por eso gimió y prohibió hablar acerca del milagro que había hecho: sanar
a un sordomudo.
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Marcos 7

Marcos Capítulo 7

1 Y se juntaron a él fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén;

2 los cuales, viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a decir, no lavadas, los condenaban.

3 (Porque los fariseos y todos los judíos, teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

4 Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y muchas otras cosas hay, que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.)

5 Y le preguntaron los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos sin lavar?

6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, Mas su corazón lejos está de mí.

7 Y en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.

8 Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres: las lavaduras de los jarros y de los vasos de beber ; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.

9 Les decía también: Bien; invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldijera al padre o a la madre, morirá irremisiblemente.

11 Y vosotros decís: Basta si dijere un hombre al padre o a la madre: Todo Corbán (quiere decir, don mío a Dios) todo aquello con que pudiera valerte;

12 y no le dejáis hacer más por su padre o por su madre,

13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que disteis; y muchas cosas hacéis semejantes a éstas.

14 Y llamando a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended.

15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

17 Y dejando la multitud y entrándose en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.

18 Y les dijo: ¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar?

19 Porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale el hombre a la secreta, y purga todas las viandas.

20 Pero decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.

21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.

23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

24 Y levantándose de allí, se fue a los términos de Tiro y de Sidón; y entrando en casa, quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.

25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se echó a sus pies.

26 Y la mujer era griega, sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.

27 Más Jesús le dijo: Deja primero saciarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.

28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

29 Entonces le dice: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.

30 Cuando fue a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija echada sobre la cama.

31 Volviendo a salir de los términos de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, por mitad de los términos de Decápolis.

32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima.

33 Tomándole aparte de la multitud, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua (con la saliva);

34 y mirando al cielo, gimió, y dijo: Efata: que es decir: Sé abierto.

35 Luego fueron abiertos sus oídos, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

36 Y les mandó que no lo dijesen a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.

37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos