jueves, septiembre 13

COMENTARIO DE 1 DE REYES CAPITULO 3

Vv. 1—4. El que ama a Jehová, por su bien, debiera poner su amor en una mujer del pueblo del
Señor. —Salomón era un hombre sabio, rico, grande, pero el elogio más precioso de él es sobre el
carácter de todos los santos, aun del más pobre: “Amó a Jehová”. Donde Dios siembra
abundantemente, espera cosechar conforme a la siembra; y los que aman verdaderamente a Dios y
su culto, no reclamarán por los costos de su religión. Nunca debemos pensar que es un gasto
superfluo lo que se consagra al servicio de Dios.
Vv. 5—15. El sueño de Salomón no era corriente. Mientras sus poderes corporales estaban
bloqueados por el sueño, se fortalecieron los poderes del alma; él fue capacitado para recibir la
visión divina y hacer una decisión correcta. De modo similar, Dios nos pone en el camino preparado
para que seamos felices, asegurándonos que tendremos lo que necesitamos y pedimos en oración.
Que Salomón hiciera esa decisión estando dormido, cuando los poderes de la razón está menos
activos, demuestra que todo venía de la gracia de Dios. Teniendo un sentido humilde de sus propios
deseos y debilidades, ruega: Señor, yo soy joven. Mientras más sabios y considerados sean los
hombres, mejor familiarizados estarán con sus propias debilidades y más celosos de sí mismos. —
Salomón ruega a Dios que le dé sabiduría. Debemos pedirla, Santiago i, 5, para que nos ayude en el
llamamiento particular que hayamos recibido, y en las diversas ocasiones que tenemos. Aceptados
por Dios son quienes prefieren las bendiciones espirituales a los bienes materiales. Esta fue una
oración que prevaleció, y logró más de lo que pidió. Dios le dio sabiduría como nunca fuera otro
príncipe bendecido con ella y, además le dio riquezas y honra. Si nos aseguramos de la sabiduría y
la gracia, estas traerán consigo la prosperidad externa o endulzará la falta de ella. La manera de
obtener bendiciones espirituales es luchar en oración con Dios. La manera de obtener bendiciones
terrenales es encomendarnos a Dios al respecto. Salomón recibió sabiduría porque la pidió, y
riquezas porque no las pidió.
Vv. 16—28. Se da un ejemplo de la sabiduría de Salomón. Fijaos en lo difícil del caso. Para
averiguar cuál era la madre verdadera, no podía probar cuál era más amada por el niño y, por tanto,
probó cuál de ellas amaba más al niño: la sinceridad de la madre es puesta a prueba cuando el niño
corre peligro. Los padres deben mostrar su amor por sus hijos especialmente en el cuidado de su
alma y en arrebatándolos como tizones del fuego. Por este y otros casos de sabiduría con que Dios
lo dotó, Salomón tuvo gran fama entre su pueblo. Esto era mejor para él que las armas de la guerra;
por esto fue temido y amado.

1ra. de Reyes Capitulo 3

1ra. de Reyes

Capítulo 03

3:1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.
3:2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
3:3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
3:4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.
3:5 Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.
3:6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
3:7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.
3:8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
3:9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
3:10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.
3:11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oir juicio,
3:12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.
3:13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
3:14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
3:15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus siervos.
3:16 En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.
3:17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa.
3:18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
3:19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.
3:20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto.
3:21 Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.
3:22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.
3:23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
3:24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
3:25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
3:26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.
3:27 Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.
3:28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.