Vv. 1—4. El que ama a Jehová, por su bien, debiera poner su amor en una mujer del pueblo del
Señor. —Salomón era un hombre sabio, rico, grande, pero el elogio más precioso de él es sobre el
carácter de todos los santos, aun del más pobre: “Amó a Jehová”. Donde Dios siembra
abundantemente, espera cosechar conforme a la siembra; y los que aman verdaderamente a Dios y
su culto, no reclamarán por los costos de su religión. Nunca debemos pensar que es un gasto
superfluo lo que se consagra al servicio de Dios.
Vv. 5—15. El sueño de Salomón no era corriente. Mientras sus poderes corporales estaban
bloqueados por el sueño, se fortalecieron los poderes del alma; él fue capacitado para recibir la
visión divina y hacer una decisión correcta. De modo similar, Dios nos pone en el camino preparado
para que seamos felices, asegurándonos que tendremos lo que necesitamos y pedimos en oración.
Que Salomón hiciera esa decisión estando dormido, cuando los poderes de la razón está menos
activos, demuestra que todo venía de la gracia de Dios. Teniendo un sentido humilde de sus propios
deseos y debilidades, ruega: Señor, yo soy joven. Mientras más sabios y considerados sean los
hombres, mejor familiarizados estarán con sus propias debilidades y más celosos de sí mismos. —
Salomón ruega a Dios que le dé sabiduría. Debemos pedirla, Santiago i, 5, para que nos ayude en el
llamamiento particular que hayamos recibido, y en las diversas ocasiones que tenemos. Aceptados
por Dios son quienes prefieren las bendiciones espirituales a los bienes materiales. Esta fue una
oración que prevaleció, y logró más de lo que pidió. Dios le dio sabiduría como nunca fuera otro
príncipe bendecido con ella y, además le dio riquezas y honra. Si nos aseguramos de la sabiduría y
la gracia, estas traerán consigo la prosperidad externa o endulzará la falta de ella. La manera de
obtener bendiciones espirituales es luchar en oración con Dios. La manera de obtener bendiciones
terrenales es encomendarnos a Dios al respecto. Salomón recibió sabiduría porque la pidió, y
riquezas porque no las pidió.
Vv. 16—28. Se da un ejemplo de la sabiduría de Salomón. Fijaos en lo difícil del caso. Para
averiguar cuál era la madre verdadera, no podía probar cuál era más amada por el niño y, por tanto,
probó cuál de ellas amaba más al niño: la sinceridad de la madre es puesta a prueba cuando el niño
corre peligro. Los padres deben mostrar su amor por sus hijos especialmente en el cuidado de su
alma y en arrebatándolos como tizones del fuego. Por este y otros casos de sabiduría con que Dios
lo dotó, Salomón tuvo gran fama entre su pueblo. Esto era mejor para él que las armas de la guerra;
por esto fue temido y amado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario