Juan 13
13:1 Antes de la fiesta de la pascua, -- 13:29; 18:28. La fiesta de la Pascua duraba siete días (Ezeq. 45:21). Juan emplea la palabra fiesta para indicar la semana entera (2:23, "Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua"; 4:45, "habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta"; 6:4; 11:56; 12:12, "grandes multitudes que habían venido a la fiesta").
Algunos creen que la cena de Jn. 13 no es la última cena de Mat. 26, Mar. 14 y Luc. 22, pero compárense Jn. 13:16, 17 con Luc. 22:14, 15, 24-27; Jn. 13:18, 21-30 con Mar. 14:17-21; Mat. 26:20-25; Jn. 13:38 con Mat. 26:34; Mar. 14:30; Luc. 22:34. ¿Quién puede creer que todos estos detalles pudieran haber ocurrido en dos cenas distintas?
-- sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, (12:23) como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (O, hasta lo sumo, LBLA, margen). -- Pero, lamentablemente, ellos no lo amaban de esa manera. "Juan representa aquí el rebosamiento del amor del mismo corazón de Cristo (caps. 13-17) para con aquellos hombres a los que había escogido y que había amado 'hasta el fin' (eis telos) como en Mt. 10:22 ... pero aquí como en 1 Tes. 2:16" (hasta el extremo). "La culminación de la crisis (su hora) hizo brotar naturalmente la plenitud del amor de Cristo para con ellos, como se muestra en estos grandes capítulos (13 a 17)" (ATR).
Juan se refiere al amor de Jesús por sus discípulos 31 veces en los capítulos 13-17. Estaba muy consciente de lo que El tendría que sufrir, pero no está preocupado por sí mismo, sino por los apóstoles. "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (15:13).
Como en esta ocasión Cristo dejaría un ejemplo muy importante para que sus apóstoles imitaran su humildad, así también -- y de suma importancia -- les dejaría el supremo ejemplo de amor que deberían imitar: "Como yo os he amado, que también os améis unos a otros" (13:34). Como El llevó su cruz, cada discípulo debería llevar su cruz (Mat. 16:21-24; Luc. 9:22, 23). Los filipenses deberían imitar la humillación de Jesús quien "se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:5-8).
13:2 Y cuando cenaban (durante la cena, LBLA) -- Luc. 22:15. Comían la cena de la Pascua en la tarde del día 14 (nuestro jueves en la noche).
-- como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, -- 6:64, 70, 71; Mat. 26:14-16; Mar.. 14:11, 11; Luc. 22:3-6. El diablo sembró la simiente en el terreno fértil del corazón de Judas; es decir, el diablo lo hizo, pero lo hizo con el permiso (consentimiento) de Judas. Compárese Hech. 5:3, "Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?" Satanás lo hizo, pero lo hizo con el permiso de Ananías. Algunos enseñan que Judas siempre había sido un diablo, pero Jesús dice (6:70), "uno de vosotros es diablo". El Espíritu Santo habla por la boca de Pedro que "cayó Judas por transgresión" (Hech. 1:25); ¿de qué cayó? Es imposible que alguien caiga de un techo sin primero haber estado sobre él. Es imposible que alguien caiga de la gracia si nunca estuvo en la gracia. A los doce Jesús dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, etc. (Mat. 10:1).
¿Por qué, pues, cayó Judas? La Biblia no explica, pero la respuesta más obvia es que él creía -- al igual que los otros apóstoles -- que Cristo sería un rey político, y luego al discernir que no lo sería, estaba decepcionado y se alejaba cada vez más de El, aun robando dinero de la bolsa del grupo (12:6). Con esa actitud y pensando que la misión de Jesús era una causa perdida, estaba resuelto a sacar cualquier provecho posible de su "apostolado"; por eso, terminó vendiendo a Jesús por el precio de un esclavo.
Es indispensable que se entienda que Judas siempre tuvo libre albedrío. Hoy en día muchos culpan a la sociedad por la mala conducta de los criminales (mayormente los criminales jóvenes), pero ¿quién se atrevería a culpar a Jesús de haber maltratado a Judas?
13:3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, -- estaba plenamente consciente de su deidad (1:1, 14; 3:35; Mat. 11:27; 28:18; Luc. 10:22), y que pronto sería exaltado a la gloria que tenía con el Padre (17:5) antes de venir al mundo para morir por nosotros.
13:4 se levantó de la cena, -- Todos los verbos en este texto están en tiempo presente (como está indicado en LBLA por el signo *). Esto podría indicar que ese evento quedó bien grabado en la memoria de Juan y que al registrarlo él vuelve a vivirlo. Ninguno de los apóstoles hizo las veces de siervo para lavar los pies de los demás caminantes porque sus corazones estaban preocupados por sus disputas llenas de ambición y envidia acerca de cuál de ellos sería el mayor en el reino de Cristo. Si alguno de ellos se hubiera humillado para lavar los pies de los demás, esto habría indicado inferioridad. ¡Imagínese la sorpresa de estos que amaban la preeminencia cuando el Maestro mismo se levanta para hacerlo!
-- y se quitó (tithesin, se quitó, es el mismo verbo usado en 10:11, da; 10:15, 17, 18; 15:13, traducido poner) su manto, (ta himatia, "el ropón exterior ... quedando sólo con la túnica, chiton, ATR). Es lo que hacían los que servían (Luc. 22:27), y tomando una toalla, se la ciñó (compárese 1 Ped. 5:5, "ceñíos de humildad", VM). -- Cronológicamente este texto cabe después de Luc. 22:24-30, texto que presenta la disputa de los apóstoles acerca de quién sería el mayor en el reino. Creían que muy pronto Jesús iba a establecer un reino terrenal y ellos querían ser oficiales de alto rango. Por lo tanto, Jesús lavó los pies de los apóstoles para corregir sus conceptos falsos. Véase también Mat. 20:25-28.
El lavar los pies al huésped era un acto común de servicio y de hospitalidad (Gén. 18:4; 19:2; 43:24; Jueces 19:21; Luc. 7:44-46), porque la gente acostumbraba viajar a pie llevando solamente sandalias. Comúnmente el lavar los pies era el trabajo de los siervos (véase 1 Sam. 25:41).
Jesús no inventó el acto de lavar los pies a otros; la práctica ya existía. Se practicaba diariamente como acto de cortesía y de hospitalidad en países orientales. Era, pues, un acto completamente normal y natural entre ellos (como el besar para saludar y el uso del velo en la mujer para indicar la sumisión). Pero los países occidentales no practican el lavamiento de pies como acto de hospitalidad, y si se ofreciera este servicio al huésped, éste se sentiría incómodo y avergonzado.
13:5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. -- El espíritu de humildad que Jesús manifestó en esta ocasión era un contraste con el espíritu ambicioso de los apóstoles.
Existía la costumbre de que a veces, para mostrar el respeto, los discípulos lavaban los pies de su maestro, pero el maestro nunca lavaba los pies de sus discípulos, pero Jesús les había dicho, "Yo estoy entre vosotros como el que sirve" (Luc. 22:27).
13:6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? -- ¿Tú, Señor y Maestro, haces el trabajo de un siervo? En el griego los pronombres tú y me están en posición enfática, como también yo y tú en el v. 7. Para Pedro no era nada aceptable que Jesús lavara sus pies. Sin duda los otros apóstoles pensaban lo mismo, pero solamente Pedro tuvo el valor para expresar sus pensamientos.
13:7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora (los apóstoles todavía disputaban entre sí acerca de quién sería el mayor, Luc. 22:24); mas lo entenderás después. -- 2:22; 12:16. Los apóstoles entendieron muchas cosas después de la resurrección de Jesús. Después entenderían la necesidad de humillarse y de no buscar señorío. El Espíritu Santo reveló este tema con toda amplitud a los apóstoles como se puede ver en las epístolas. También se puede ver en Hechos y en las epístolas que ellos sí lo entendían después, porque enseñaban y practicaban la verdad sobre la humildad (1 Ped. 5:5) y nunca volvieron a discutir cuál de ellos sería el mayor.
13:8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás (es decir, hágase la voluntad mía y no la tuya; al decir esto rechazaba uno de los principios básicos del reino de Cristo: la humildad). Jesús le respondió: Si no te lavare (física y espiritualmente), no tendrás parte (comunión) conmigo. Si no aceptara a Jesús como Siervo humilde que daría su vida en rescate por muchos (Mat. 10:38; 16:21-23), no podría ser un discípulo de El (no tendría comunión con El). Cristo nos lava en su sangre (Hech. 22:16; Rom. 6:3, 4; 1 Cor. 6:11; Efes. 5:26; Tito 3:5; Heb. 10:22; 1 Jn. 1:7; Apoc. 7:14) y, de esa manera, tenemos comunión con El.
En este acto Jesús nos deja un ejemplo del servicio humilde, pero también era otra evidencia de que Jesús verdaderamente era aquel Siervo de Jehová del cual Isaías habló (Isa. 42 - 53), el Siervo que puso "su vida en expiación por el pecado" (Isa. 53:10; Fil. 2:8).
13:9 - 11 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. (Porque quería estar seguro que tendría comunión con Jesús.) Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; -- Las personas que asistían a la boda se bañaban antes de ir y al llegar solamente necesitaban lavar los pies antes de comer.
-- y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. -- Frecuentemente Jesús mezcla el lenguaje figurado y el literal. Los discípulos ya se habían purificado para la Pascua (11:55), y ahora solamente deberían lavarse los pies. Pero entre ellos había uno (Judas Iscariote) que no estaba limpio, porque pensaba entregar a Jesús (Mat. 26:14-16).
13:12 - 14 Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis (habéis entendido) lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. -- En lugar de buscar señorío, deberían buscar la manera de servir el uno al otro como si fueran esclavos (recuérdese que el servicio de lavar los pies era trabajo de los esclavos).
El pronombre vosotros no se refiere a nosotros sino a los apóstoles. (Compárese Mat. 10:19, 20; Hech. 1:5, 8, palabras dirigidas no a nosotros sino a los apóstoles). Jesús estuvo curando una enfermedad espiritual en sus apóstoles, porque por causa de su orgullo y egoísmo buscaban señorío el uno sobre el otro. Por eso, ese ejemplo era muy necesario para ellos.
Jesús no introdujo este acto en la iglesia como rito o ceremonia, como acto de culto (p. ej., como lo es la cena del Señor) como algunos suponen. Esa misma noche el Señor instituyó la cena del Señor, pero dijo claramente (Luc. 22:29, 30), "Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino"; por eso, la cena del Señor era una parte integral del culto de la iglesia como lo muestran claramente Hech. 2:42; 20:7; 1 Cor. 10:16; 11:23-27.
Pero la práctica de lavar los pies como ceremonia de la iglesia comenzó en el siglo cuatro cuando la iglesia ya se había apartado del patrón bíblico. No hay texto alguno que hable del lavamiento de los pies en alguna iglesia. Podría practicarse hoy en día bajo las mismas circunstancias, pero no como una ceremonia de la iglesia. Tiene que ser un verdadero acto de servicio para imitar lo que Jesús hizo.
Los que practican el lavamiento de los pies -- creyendo que es un mandamiento para nosotros, pero sin tomar en cuenta que era un acto de servicio -- destruyen el significado y la eficacia de este ejemplo de Jesús. Al convertir este acto en rito o ceremonia no hacen lo que Jesús hizo. Lo que El hizo fue un verdadero servicio porque los que caminaban con sandalias (como lo hacían los apóstoles) necesitaban este servicio; era una práctica común y agradable para el huésped. No era un rito eclesial hueco y sin significado.
No imitamos el ejemplo de Jesús si lavamos los pies a alguien que lleve zapatos y camine en calle pavimentada, sino cuando servimos al hermano de acuerdo con Mat. 25:35, 36. Este texto habla del verdadero servicio, igual a lo que El hizo cuando lavó los pies de los apóstoles.
El les dejó, pues, un ejemplo de humildad y de cómo practicar la verdadera hospitalidad, pero no nos ha dejado una ceremonia o la práctica de un acto careciente de significado en nuestra cultura.
La práctica de besar para saludar fue mandada también; para ser consecuentes los que requieren el lavamiento de pies deben exigir que la gente se salude con beso. Lo importante es que nos saludemos con toda sinceridad y amor, pero en muchos países el beso no es la práctica o la costumbre que exprese estas virtudes. La Biblia no impone las costumbres de ciertos pueblos sobre toda la iglesia universal.
En 1 Tim. 5:20 es muy obvio que el lavamiento de los pies de los santos está en el contexto de otros actos de servicio: "buenas obras ... hospitalidad ... lavado los pies de los santos ... socorrido a los afligidos ... practicado toda buena obra". ¡Esto es servicio! No es rito o ceremonia.
Los que insisten en que se practique el lavamiento de los pies como una ceremonia de la iglesia dicen que "Cristo no enseña costumbres ni tradiciones sino doctrina". Al decir esto quieren decir que Jn. 13:5 no habla de costumbre, sino de doctrina, pero la doctrina no es el lavamiento de los pies, sino la humildad y la hospitalidad, y esta doctrina es para toda la iglesia de todo país y hasta el fin del mundo. El lavar los pies, el saludar con beso, el usar velo, el imponer manos, etc. eran costumbres que no se impusieron como ley sobre la iglesia.
13:15 - 17 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. -- En esa misma noche Jesús instituyó la cena del Señor, la cual se menciona en Hech. 2:42; 20:7; 1 Cor. 11:23-27. Sin lugar a dudas la iglesia debe participar cada primer día de la semana la cena del Señor, pero el lavamiento de pies se menciona una sola vez (1 Tim. 5:10), texto que claramente habla del servicio individual.
La enseñanza de Jn. 13:15 se expresa en Fil. 2:1-4 y muchos otros textos que requieren la humildad. Para los hombres los grandes son los que mandan (Mat. 20:20-25), pero para Dios los grandes son los siervos.
-- De cierto, de cierto os digo: El siervo (el apóstol) no es mayor que su señor (Cristo), ni el enviado (el apóstol) es mayor que el que le envió (Cristo). Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. -- Para ser verdaderos discípulos de Jesús dos cosas son necesarias: (1) saber, y (2) hacer.
13:18 No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido (2 Tim. 2:19); mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. -- Sal. 41:9, "Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mi el calcañar". (Véase también Sal. 55:12-14). El comer "pan conmigo" indica la amistad. En cuanto a la experiencia de David, posiblemente este texto se basó en 2 Sam. 15:12, 31.
Judas comía pan con Jesús durante todo su ministerio. Dondequiera que Jesús y su grupo anduvieran Judas era bienvenido, y se sentaba a la mesa con El y con ellos. Comía la Pascua con ellos. Comía el pan y los peces que Jesús proveyó milagrosamente. Era grandemente favorecido. Gozaba de la íntima comunión con Jesús, el Hijo de Dios. ¡Qué bendición tan grande! ¡Qué honor!
Era muy importante que Jesús explicara este asunto a sus apóstoles aunque no lo entenderían hasta después. Deberían entender que Jesús no fue la víctima de una sucesión de circunstancias más allá de su control, sino que todo lo sabía de antemano, y en realidad no Judas ni los judíos ni los romanos estaban encargados de los eventos que El sufrió, sino su propio Padre (Hech. 2:22, 23).
En cuanto a Judas, véanse 6:64, 70, 71; 12:4; 13:2, 10, 11, 21, 26, 27; 18:2, 3, 5; 19:11.
Jóvenes (y todos), ¡tengamos cuidado de los principios (las raíces) de la maldad! Cuando Judas recibió autoridad para echar fuera demonios y comenzó a predicar el evangelio (Mat. 10:1-8), no se imaginaba que entregaría a Jesús a sus enemigos. No sabemos exactamente cuándo comenzó a caer bajo la influencia del diablo, pero sí sabemos que llegó a ser avaro y comenzó a sacar dinero del fondo del grupo (12:6).
13:19 Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que yo soy (8:24, 28, 58). -- Deberían recordar que esta fue otra profecía de las muchas del Antiguo Testamento que Jesús cumplió al pie de la letra. El cumplió todas las profecías, como todos los tipos, figuras y sombras (Luc. 24:44, 45).
También en esto Jesús demostraba su omnisciencia. No quería que los discípulos se escandalizaran por la traición de Judas, pensando que Jesús hubiera sido la víctima inocente de una red de circunstancias crueles; por eso, les dijo de antemano lo que sucedería, para que después se acordaran y estuvieran convencidos de que Cristo, siendo omnisciente, verdaderamente era Dios.
13:20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. -- 17:18; 20:21; Mat. 10:40; Mar. 9:37; Luc. 9:48; 10:16. Los apóstoles deberían recordar y siempre tener presente el hecho de que ellos no solamente serían mensajeros de Cristo, sino también de Aquel que envió a Cristo. Les convenía recordar esto durante todo su ministerio para evitar el desaliento.
Al oír esto, ¿habrá pensado Judas que al rechazar a Jesús rechazaría a Dios? Ese pensamiento debería sacudirle y llenarle de temor.
13:21 Habiendo dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu (11:33; 12:27; ahora otra vez, con mucha razón), y declaró (para el beneficio de los apóstoles y también para Judas) y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. -- "uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar" (Mar. 14:18). El conocimiento de lo que Judas haría demuestra la omnisciencia de Jesús y, por consiguiente, su deidad. 2:24, 25; 4:29, etc.
13:22 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. -- Pensaban, ¡increíble! ¡imposible! ¿cómo? Estaban confusos y alarmados, y preguntaron, "¿Soy yo, Señor?" (Mat. 26:22; Mar. 14:19; Luc. 22:23). Esto indica que aparentemente, en cuanto al servicio externo, Judas había seguido como un discípulo fiel, leal, y amoroso, porque hasta ese momento los demás no sabían de quién Jesús hablaba. "Judas ... dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho" (Mat. 26:25). Este hombre no solamente era un diablo (6:70), sino también un aparente santo (es decir, un descarado hipócrita).
13:23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, -- Juan en ocasiones nombra a los demás apóstoles pero el nombre de él no aparece en el libro. Véanse 19:26, 27; 20:2-10; 21:7, 20-24; este último texto (21:24) indica que era Juan. "Aquí tenemos una tajante declaración de que el Discípulo Amado escribió este libro" (ATR).
Desde luego, Jesús no amaba solamente a Juan, pues éste ya había dicho que como Jesús "había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta lo sumo" (13:1).
-- estaba recostado al lado (reclinado en el pecho, LBLA, al estilo de los persas, romanos y griegos) de Jesús. -- En torno a una mesa baja, recostaban sobre un sofá o diván, con el codo izquierdo sosteniendo la cabeza, y con los pies hacia afuera. Luc. 16:23, "Lázaro en su seno"; Mat. 8:11, "se recostaron con Abraham", LBLA, margen. Esto indica íntima comunión.
Para poder reclinarnos en el pecho de Jesús, primero tenemos que estar a los pies de Jesús (Luc. 10:39).
13:24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. -- Simón Pedro, siempre impulsivo e impaciente, quería saber y sabía que Juan era el indicado para preguntar. Algunos suponen que Pedro estaba al lado izquierdo de Jesús (detrás de El), pero en esta posición habría sido difícil hacer señas a Juan que estaba a la derecha de Jesús (es decir, de esa manera Jesús habría estado entre los dos). Probablemente estaba al otro lado de la mesa.
Pedro creía que Jesús haría mucho caso a la pregunta o pedido de Juan. ¿A quién pedimos que pida algo al Señor por nosotros? (Compárese Sant. 5:14).
13:25, 26 El entonces, recostado cerca del pecho de Jesús (a su lado derecho), le dijo: Señor, ¿quién es? Respondió Jesús: -- Algunos suponen que Jesús habló en voz baja nada más a Juan, pero Pedro no estaba tan cerca de Juan (pues tuvo que hacerle señas); es decir, para que Pedro escuchara lo que Jesús dijo en respuesta a la pregunta de Juan, no puede ser que Jesús le hablara en voz baja. Obsérvese también que los demás entendieron lo que Jesús dijo a Judas. Véase Mat. 26:21-25, en particular el ver. 23.
-- A quien yo diere el pan mojado (en la salsa de hierbas amargas, Ex. 12:8), aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. -- Mat. 26:25; Mar. 14:20). Judas sabía muy bien cómo fingir. Cuando muchos de los discípulos de Jesús volvieron atrás, y ya no andaban con él (6:66); Jesús dijo que "uno de vosotros es un diablo" (6:70), pero aun así -- siendo un diablo -- siguió fingiendo que era uno de los fieles. Cuando María ungió a Jesús con el perfume, Judas quiso que los demás pensaran que se preocupaba por los pobres (12:4, 5). Ahora Jesús le dio a Judas el pan y éste lo aceptó, como si hubiera sido completamente digno de recibir pan de la mano de Aquél a quien pronto pensaba entregar a los judíos.
¿Por qué Jesús no contestó simplemente que era Judas? Porque quería impresionarles con el cumplimiento de la profecía (13:18) que trataba de la violación de parte de Judas de la íntima amistad de Jesús.
13:27 Y después del bocado, Satanás entró en él. -- Jesús promueve el amor, pero Satanás promueve el odio.
Judas no era un robot programado para entregar a Jesús (RH), sino que voluntariamente colaboraba con Satanás. No era un conscripto sino un voluntario. Por eso, Jesús dijo, "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido" (Mat. 26:24).
El poder de Satanás -- al igual que el poder del Espíritu Santo --sobre alguna persona depende de la voluntad de la persona; es decir, Satanás entra y mora en la gente mundana, como el Espíritu Santo entra y mora en el cristiano. El morar Satanás en el hombre quiere decir que tiene control sobre ese hombre (Apoc. 2:13; Rom. 7:17), el morar el Espíritu Santo en el cristiano significa que tiene control sobre esa vida. ¿Cómo se puede saber cuál de los dos mora en el hombre? Véase Gál. 5:19-23, "Las obras de la carne ... el fruto del Espíritu".
Dice Juan que después del bocado, Satanás entró en él, pero esto no quiere decir que antes de esto Satanás no tenía poder sobre él (12:6; Mat. 26:14-16). Ahora Satanás entró en él para que de una vez llevara a cabo la traición que había propuesto.
Aun hasta este momento Judas pudo haber aceptado el amor de Jesús, pero lo rechazó y abrió su corazón a Satanás. Debería haber dicho a Satanás lo mismo que Jesús (Mat. 4:1-11, "Escrito está"; y 16:23, "¡Quítate de delante de mí, Satanás!") Dice Santiago (4:7), "Resistid al diablo y él huirá de vosotros".
Desde ese momento Judas tomó los pasos que efectuarían no solamente a la muerte de Jesús, sino también la suya.
-- Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más (omítase más, LBLA) pronto. -- El plan de Dios era de que esa misma noche Judas lo entregara; por eso, Jesús le instó a que actuara de una vez. También Judas, por su parte, quería actuar con prisa, porque se dio cuenta que Jesús sabía su plan (Mat. 26:25); por lo tanto, actuaría con prisa para evitar que Jesús hiciera algo para evitar que se llevara a cabo. Desde luego, no sabía que lo que él (Judas) pensaba hacer era precisamente lo que Jesús quería que hiciera.
Jesús no hizo nada en contra de Judas para provocarle a ser su enemigo, ni tampoco le favoreció para tratar de evitarlo. Ahora, sabiendo que Judas estaba resuelto a entregarlo, le dice simplemente, "hazlo pronto"; es decir, sé decisivo y hazlo sin titubear. Otro día no sería aceptable. El plan de Dios había indicado quién lo haría, y qué y cuándo se haría.
13:28 Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. -- Todo esto indica que los otros apóstoles no desconfiaban de Judas, y que les extrañaba la idea de que alguno de ellos entregaría a Cristo.
¿Por qué Jesús no explicó con toda claridad exactamente lo que haría Judas? Si lo hubiera hecho, ¿qué habrían hecho estos galileos? (Compárese Luc. 9:53, 54).
13:29 Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa (del dinero, LBLA), que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta (porque duraría por siete días); o que diese algo a los pobres. -- Durante las fiestas el pueblo sentía más compasión por los necesitados.
13:30 Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió; -- por última vez salió. Dejó a Jesús, dejó a Dios y dejó la esperanza de participar en el apostolado más importante del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres han salido de la presencia del Señor para destruirse a sí mismos! Muchos padres, madres e hijos salen del hogar porque no quieren ser responsables. Muchos salen de la iglesia "amando este mundo". Los que no se arrepienten saldrán a "las tinieblas de afuera".
-- y era ya de noche ("esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas", Luc. 22:53). "Y era ya de noche" no solamente en sentido físico sino también en sentido espiritual. Por salir y no seguir andando en la luz Judas tropezó en las tinieblas.
13:31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. -- Ahora lo que Judas haría no sería para destruir y derrotar a Jesús, sino para glorificarlo. Judas tomaría el primer paso en el proceso que llevaría a Jesús al Calvario. De hecho, en estos momentos Jesús está prácticamente al pie de la cruz. La institución de la cena del Señor les señalaba la cruz. En estos últimos momentos tendría que preparar a este grupo de apóstoles para el desengaño que les esperaba, porque la cruz todavía no se incluía en sus planes.
Jesús iba a morir ahora, durante la Pascua. Los fariseos querían esperar. Querían que la tormenta sucediera después de la Pascua (Mat. 26:1-5), pero no los fariseos sino Dios se encargó de los eventos de esos momentos y días.
Juan 13:31 - 17:26 registra las palabras finales pronunciadas por Jesús a sus apóstoles antes de morir. Son sus palabras de despedida. Compárense Mat. 24 y 25 y textos paralelos en Marcos y Lucas. Aquí empieza uno de los más notables discursos de Jesús.
13:32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo (porque son uno 10:30), y en seguida le glorificará. -- En seguida sería prendido, "juzgado" y ejecutado. Para la gente la crucifixión era muy vergonzosa, pero al ser crucificado, Jesús fue glorificado y el Padre fue glorificado en El. Compárese Gál. 6:14.
13:33 Hijitos (expresión de mucha ternura; 1 Jn. 2:1, 12, 18, 28), aún estaré con vosotros un poco. -- 7:33; 8:21; 12:35: 14:18, 19; 16:16-20. Pronto -- sin la presencia física de Jesús -- los apóstoles predicarán el evangelio a todas las naciones. Para animarles les habla de la unión espiritual entre El y ellos. Hay algo de semejanza entre este discurso y el discurso final de Moisés en Deuteronomio.
-- Me buscaréis; pero como dije a los judíos, A donde yo voy, vosotros no podéis ir. -- Con estos versículos se despide de ellos, y nadie le puede acompañar. Los "judíos" no podían ir con Cristo. "Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir" (Juan 8:21).
-- así os digo ahora a vosotros: Porque El iría al Padre, pero dijo a Pedro, "me seguirás después" (12:36) y dice a todos los fieles, "si me fuere y os preparare un lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo" (14:3).
13:34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis (agapao) unos a otros; como yo os he amado, que también os améis (agapao) unos a otros. -- En parte la presencia física de Jesús sería remplazada por el amor no fingido de los apóstoles los unos por los otros. Era un mandamiento nuevo, porque nunca había existido tal amor, el amor explicado y mostrado por El mismo. Ese amor no solamente incluía todo el amor que les mostró durante su ministerio, sino también el amor que muy pronto mostraría en su muerte.
El amor de los apóstoles (y el de todos los discípulos de Cristo) los unos a los otros debería ser de la misma naturaleza que el amor que Cristo mostraba hacia ellos.
Jesús no amaba a sus apóstoles para su propia felicidad. No los amaba pensando en un amor recíproco. ¿Nos amamos los unos a los otros pensando en qué recibiremos por nuestro amor? ¿si nos traerá felicidad a nosotros? ¿nos amamos los unos a los otros con un amor egoísta? El amor egoísta ama solamente a la persona que le devuelve su amor (Mat. 5:46, 47).
El amor que Jesús tenía por sus apóstoles le costó trabajo y dolor. Su amor por ellos y por todos los perdidos le llevó al Calvario. De esa misma manera nuestro amor los unos por los otros nos cuesta trabajo y dolor, porque requiere la abnegación de sí. El amor verdadero busca el bienestar (físico y espiritual) de otros.
Jesús amaba a sus discípulos aunque los conocía a fondo, conocía no solamente su fuerza, sino también su debilidad, pero a pesar de ello "los amó hasta el fin" (13:1). Hay personas que se bautizan y quieren ser miembros de una congregación, pero se escandalizan porque no conocen a los hermanos. Al bautizarse creen que amarán a sus hermanos pero, en realidad, su amor es condicional. Por eso, al venir desacuerdos y disgustos entre ellos ya no quieren ser miembros.
Los cristianos deben amarse los unos a los otros incondicionalmente. Desde luego, el amor requiere la enseñanza, la exhortación, la reprensión y hasta la disciplina, pero en todo caso "permaneza el amor fraternal" (Heb. 13:1). Tantos miembros se disgustan con otros hermanos, se escandalizan y se retiran de la iglesia. El amor de los tales no es como el modelo, no es como el amor mostrado por Jesús, quien tenía muchas razones para impacientarse con los apóstoles, pero no lo hizo, sino que "los amó hasta el fin".
Así pues, el tener amor verdadero los unos por los otros requiere que se imite el ejemplo de Jesús quien amaba a sus apóstoles aunque los conocía a fondo. Aunque sabía que Judas lo entregaría, que Pedro lo negaría y que todos lo desampararían, "los amó hasta el fin".
Los esposos deben amarse el uno al otro como Cristo amaba a sus apóstoles (hasta el fin). ¿Por qué hay tanto divorcio? ¿Cómo es posible que tantas personas que hayan hecho votos de amor y de fidelidad, diciendo que su matrimonio durará "hasta que la muerte nos separe", tarde o temprano se divorcian? Seguramente pensaban que se amaban, pero ¿qué pasó? No se conocían. Prometieron ser fieles el uno al otro para "lo mejor o para lo peor", pero no se imaginaban "lo peor" (lo pésimo) que sería. Esto significa que sus votos se hicieron sin conocerse el uno al otro; es decir, en muchos casos si en realidad se hubieran conocido el verdadero carácter el uno del otro, no se habrían casado. El "amor" de tales personas no es incondicional sino condicional. Después de la luna de miel, la vida matrimonial empieza. Ahora comienzan a conocer la realidad de las cosas, y en muchísimos casos, lo dulce se convierte en amargura.
Surge, pues, una pregunta: ¿Cómo puede una persona conocer a fondo a su novio(a) para estar seguro que después de casarse se llevarán bien. No se puede. Es imposible conocer a fondo a otro sin vivir con él(ella). Desde luego, esto es imposible antes del matrimonio. Los novios deben visitarse el uno al otro en sus respectivos hogares, para que cada quien conozca la familia de su futuro cónyuge y, sobre todo, observar cómo es su futuro(a) esposo(a) con su propia familia. ¿Cómo trata a su mamá, a su papá, y a sus hermanos? Porque de esa misma manera tratará a su cónyuge después de la luna de miel.
Pero, en fin de cuentas, repítase, es imposible conocer a fondo a otro sin vivir con él(ella); por eso, el amor debería ser incondicional. Muchas personas erróneamente ponen un "hasta aquí" y se divorcian, pero ¿qué dijo Jesús acerca del divorcio y nuevas nupcias? (Mat. 5:32; 19:9).
Otro aspecto del amor de Jesús era que El estaba dispuesto a perdonar a estos discípulos débiles y errantes. Ese es el amor modelo que tenemos que imitar: "Como yo os he amado, que también os améis unos a otros".
¡Este es, pues, el nuevo mandamiento!
13:35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. -- El amor hermanable de los cristianos era uno de los sermones más convincentes del primer siglo. La gente decía, "Mirad cómo los cristianos se aman los unos a los otros". Además, aparte de llamar la atención de la gente hacia ellos, también este amor señalaba a Cristo (Mat. 5:16; 1 Ped. 3:15).
Tal amor tiene poder para mover los corazones de la gente. Al verlo otros dirán "Yo también quiero ser cristiano".
Este amor fraternal se describe de la siguiente manera en otros textos del Nuevo Testamento:
Rom. 12:10 - "en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros".
Rom. 15:7 - "recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió".
1 Cor. 12:25 - "se preocupen los unos por los otros".
Gál. 5:13 - "servíos por amor los unos a los otros".
Gál. 6:2 - "Sobrellevad los unos las cargas de los otros" (Gál. 6:1 explica cómo se obedece este texto).
Efes. 4:1 - "con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor".
Efes. 4:32 - "antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros".
Efes. 5:22 - "someteos unos a otros"; es decir, que las esposas estén sujetas a sus maridos (5:22-24); que los hijos estén sujetos a sus padres (6:1-3); y que los siervos estén sujetos a sus amos (6:5-8).
Sant. 5:16 - "confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros".
La Biblia describe la falta de amor de la siguiente manera: "si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros" (Gál. 5:15); "no ... irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros" (Gál. 5:26); no "aborreciéndonos unos a otros" (Tito 3:3); "no murmuréis los unos de los otros" (Sant. 4:11); "no os quejéis unos contra otros" (Sant. 5:9).
13:36, 37 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? (13:33) Jesús le respondió: A donde yo voy (a la cruz, al sepulcro, al cielo), no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. (21:18, 19). Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? -- El impulsivo Pedro siempre era lo mismo; aun se atrevía a discutir con el Señor (16:22; Hech. 10:14). Si era necesario que Jesús los dejara (p. ej., para morir), él quería acompañarle. Simplemente no aceptaba la idea de que Jesús los dejara. Esto indica la lealtad de Pedro.
-- Mi vida pondré por ti. -- Jesús había dicho, "yo pongo mi vida" (10:17); Pedro dice, "pondré mi vida". Los apóstoles habían dejado todo para seguir a Jesús (Mat. 19:27; Mar. 10:28; Luc. 18:28); Pedro le había acompañado en el monte de transfiguración (Mat. 17:1-5); y ahora dice que está dispuesto a morir por Jesús. Pondría su vida, pero no como Cristo pondría la suya, pues no pensaba poner su vida sin pelear.
13:38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. -- 18:17, 25, 27; Mat. 26:69-75; Mar. 14:66-72; Luc. 22:56-62. Parece que al oír de labios de Jesús esta advertencia específica, Pedro habría tenido mucho cuidado de no negar a Jesús, pero ¿somos mejores que él? ¿Cuántas veces hemos caído en pecado a pesar de las muchas advertencias de Jesús y los apóstoles? Compárense Mat. 24:10-12; Hech. 20:28-31; Tim. 4:1-3; 2 Tim. 3:1-5; Apoc. 2 y 3.
Pedro dijo, "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré" (Mat. 26:33), y "aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré" (Mat. 26:35). Según Mar. 14:31, "él con mayor insistencia (vehemencia) decía: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré".
Al estudiar este caso conviene que se observe lo que Jesús no dijo a Pedro o acerca de él. ¿Dijo Jesús en algún momento que Pedro era hipócrita? ¿que era cobarde? Cuando prendieron a Jesús ¿huyó Pedro? ¿se escondió? La respuesta a estas preguntas es negativa, porque en realidad Pedro hizo estas afirmaciones con toda sinceridad, la cual él demostró cuando Jesús fue prendido. No se puede negar que Pedro dio evidencia de que sí estaba dispuesto a pelear y a morir por Cristo (18:10, 11; Mat. 26:51, 52; Mar. 14:47; Luc. 22:50, 51). No siguió peleando (y no murió por Jesús en ese momento) porque Jesús le dijo que metiera su espada en su lugar.
Pedro negó a Cristo -- y no había excusa por ello, como él mismo reconoció, llorando amargamente (Mat. 26:75) --, pero hay que tomar en cuenta varios factores y, al mismo tiempo, reconocer que en esta triste historia hay lecciones valiosas para nosotros:
La negación de Pedro
(Lecciones para nosotros)
1. Una de las causas del tropiezo de Pedro era que él tenía conceptos errados acerca de Cristo y su reino: p. ej., no entendía la necesidad de la muerte de Jesús (Mat. 16:22), y no entendía la naturaleza espiritual del reino de Cristo (Mat. 18:1; Jn. 18:36). Por eso, por causa de su ignorancia negó a Cristo. Estaba dispuesto a pelear y aun a morir por Cristo y con Cristo, pero estaba muy confuso. No estaba preparado para pelear y morir de la manera enseñada y demostrada por Jesús. Simplemente no entendía esa clase de muerte, pero después entendería la necesidad de la muerte de Cristo, la naturaleza espiritual del reino, y de qué manera tendría que pelear y aun morir por Cristo (21:19). No se imaginaba que en el momento más crítico Jesús le dijera, "Vuelve tu espada a su lugar" (Mat. 26:51). Su conocimiento de Jesús era muy defectuoso y la deficiente comprensión lo dejaba propenso a cometer el acto inolvidable de negar a su Señor.
¿Qué aprendemos de esto? Para no caer en la hora de la prueba debemos escudriñar las Escrituras para aprender lo que la Biblia enseña acerca de Cristo y su reino y lo que El espera de nosotros. Debemos aprender todo el consejo de Dios (Hech. 20:27). Por ignorar la verdad y seguir sus propias ideas millones niegan a Cristo.
2. Jesús dijo a Pedro que el diablo pensaba zarandearle como a trigo (Luc. 22:30, 31), pero él no comprendió esta figura y, por eso, ignoraba la maña o táctica exacta que Satanás usaría contra él. Lo mismo sucede con los discípulos de Cristo en cualquier época; por eso, es necesario escudriñar las Escrituras con diligencia para estar enterados de todas las asechanzas y maquinaciones de Satanás (p. ej., el no perdonar, 2 Cor. 2:11; 10:3-5; Efes. 6:11, 12). Pedro no tuvo miedo de los soldados y alguaciles, pero cuando "se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo", "él negó delante de todos" (Mat. 26:69, 70).
3. Es indispensable que uno se conozca a sí mismo. Pedro no solamente no conocía a Cristo, tampoco se conocía a sí mismo. Tenía más alto concepto de sí que el que debía tener (Rom. 12:3); "El que piensa estar firme, mire que no caiga" (1 Cor. 10:12). Es importante que el cristiano tenga confianza en sí mismo, pero Pedro estaba demasiado seguro de sí mismo. Por eso, debemos examinarnos a nosotros mismos (examinar nuestra fe, 2 Cor. 13:5).
Nos urge, pues, examinar nuestro corazón, nuestra vida, nuestras debilidades, etc., para tener un concepto lo más claro posible de lo que seamos capaces de hacer. Pedro no se imaginaba que en esa misma noche él fuera capaz de negar a Jesús. Con toda sinceridad había protestado que aunque todos los demás lo negaran, él no lo haría, pero en realidad él sí era capaz de negar a Jesús, aun con juramentos, como Judas era capaz de entregar a Jesús, y como los otros apóstoles eran capaces de desampararlo. En la actualidad muchas veces los miembros de la iglesia creen que no son capaces de cometer cierto pecado, hasta que sus hechos les convencen que estaban demasiado seguros de sí mismos.
Los que están demasiado seguros de sí mismos no buscan la ayuda de Dios (2 Cor. 1:8-10). Jesús sabía que Pedro lo negaría y le dijo, "he rogado por ti, que tu fe no falte" (Luc. 22:31, 32). Le convenía a Pedro hacer la misma petición por sí mismo, pero ¿lo habrá hecho?
4. Otra lección muy valiosa que aprendemos del caso de Pedro es que tenemos que estar preparados y prevenidos para lo inesperado. ¿Habrá pensado que una criada le causaría tanto problema? Para Pedro lo que ocurrió esa noche fue inesperado. El estaba preparado para lo que él consideraba el peligro, pero no estaba preparado para lo que en realidad pasaría. Sin embargo, aunque Pedro haya estado confuso cuando Jesús le prohibió que usara la espada, de cualquier modo, si hubiera sido tan leal a Jesús como había profesado, le habría sido fiel, aunque estuviera totalmente confuso e ignorante de lo que pasaba. En cualquier circunstancia, en medio de cualquier prueba, si entendemos la situación o si no la entendemos, lo importante es que seamos fieles a Cristo.
La prueba de Pedro era inesperada, pero si tan solo se hubiera acordado cómo él mismo había confesado a Jesús como el Hijo de Dios, y que él mismo había dicho, "tú tienes palabras de vida eterna", esa fe lo habría sostenido durante toda la prueba. Por eso, venga lo que viniere, por confusos o agitados que estemos, ¡seamos fieles a Cristo!
5. Jesús había dicho a sus apóstoles, "no temáis" a los hombres y, como Pedro no tuvo miedo de los soldados y alguaciles, tampoco tuvo miedo del Sanedrín (Hech. 4:19, 20; 5:29), pero tuvo miedo de algunos hermanos. "Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles, pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión", es decir, de algunos hermanos judíos que estaban errados (Gál. 2:12). Esta cobardía es común entre muchos hermanos (aun entre evangelistas), pues aunque con toda valentía discuten con sectarios, en ocasiones no se atreven a resistir la presión de sus propios hermanos que enseñan y practican el error o cuyo comportamiento es mundano. Por ejemplo, muchos hermanos se han apartado del patrón divino con respecto a la organización y obra de la iglesia, pues han establecido iglesias "patrocinadoras" e instituciones (escuelas, clínicas), pero hay predicadores que han entendido perfectamente el error de estos hermanos pero no se atreven a exhortarles y a resistirles. La presión que ejercen tales hermanos liberales y mundanos es semejante a la presión de los judíos que expulsaban de la sinagoga a los que confesaban a Cristo (9:22; 12:42).
6. Cuando Jesús anduvo sobre el agua, Pedro dijo, "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús" (Mat. 26:28, 29). Como siempre él quería acercarse a Jesús. Quería estar con El, quería acompañarle. ¿Cómo, entonces, podría Pedro ahora seguirle de lejos? Cuando Jesús fue prendido, Pedro le seguía de lejos (Luc. 22:54). En es misma ocasión cuando Pedro anduvo sobre el agua, el Señor le salvó de una sepultura en el agua; en esta ocasión de la misma manera le podría haber salvado de su temor y confusión. Si tan solo se hubiera quedado cerca de Jesús, habría recibido fuerza de El.
7. Estando en mala compañía Pedro negó a Cristo. "Y habiendo ellos (los siervos del sumo sacerdote y los alguaciles, 18:18) encendido fuego en medio del patio, se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos" (Luc. 22:55). "También con ellos estaba Pedro en pie, calentándose" (18:18). "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo del malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado" (Sal, 1:1).
8. ¿Qué pasó cuando el gallo cantó? (1) "Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro"; (2) "Pedro se acordó"; y (3) saliendo fuera, lloró amargamente" (Luc. 22:60, 61). En este momento, los ojos del Señor están fijos en los que le siguen de lejos, en los que se asocian con los enemigos de Cristo y en los que lo niegan, no solamente con sus palabras, sino también con sus hechos. El Señor los mira, quiere que se acuerden de sus palabras, y que se arrepientan.
9. Por último, recuérdese que el Señor no hace acepción de personas (Rom. 2:11). La Biblia descubre las faltas de los más prominentes.
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domingo, octubre 31
Juan Capítulo 13
Juan Capítulo 13
1 Antes del día de la Fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
2 Y la cena acabada, como el diablo ya se había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que le entregase,
3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,
4 se levantó de la cena, y se quitó su ropa, y tomando una toalla, se ciñó.
5 Luego puso agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los pies?
7 Respondió Jesús, y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; mas lo entenderás después.
8 Le dice Pedro: No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
9 Le dice Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la cabeza.
10 Le dice Jesús: El que está lavado, no necesita sino que se lave los pies, porque está todo limpio; y vosotros limpios sois, aunque no todos.
11 Porque sabía quién era el que lo entregaba; por eso dijo: No sois limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose a sentar a la mesa, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?
13 Vosotros me llamáis, Maestro y Señor; y decís bien; porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos de los otros.
15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su Señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.
18 No hablo de todos vosotros; yo sé los que he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.
19 Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis que YO SOY.
20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, a mí recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió.
21 Habiendo dicho Jesús esto, fue conmovido en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
22 Entonces los discípulos mirábanse los unos a los otros, dudando de quién decía.
23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba sentado en la mesa al lado de Jesús.
24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien decía.
25 El, entonces, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: Señor, ¿quién es?
26 Respondió Jesús: Aquel es, a quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón.
27 Y tras el bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dice: Lo que harás, hazlo más pronto.
28 Mas ninguno de los que estaban a la mesa entendió a qué propósito le dijo esto.
29 Porque los unos pensaban, porque Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para el día de la fiesta; o que diese algo a los pobres.
30 Cuando él pues hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya noche.
31 Entonces cuando él salió, dijo Jesús: Ahora es clarificado el Hijo del hombre, y Dios es clarificado en él.
32 Si Dios es clarificado en él, Dios también le clarificará en sí mismo, y luego le clarificará.
33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije a los judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; y ahora os lo digo.
34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os ameis unos a otros; como os he amado, que también os améis los unos a los otros.
35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
36 Le dice Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Le respondió Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después.
37 Le dice Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi alma pondré por ti.
38 Le respondió Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
1 Antes del día de la Fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había venido para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
2 Y la cena acabada, como el diablo ya se había metido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que le entregase,
3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,
4 se levantó de la cena, y se quitó su ropa, y tomando una toalla, se ciñó.
5 Luego puso agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido.
6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los pies?
7 Respondió Jesús, y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; mas lo entenderás después.
8 Le dice Pedro: No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.
9 Le dice Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, mas aun las manos y la cabeza.
10 Le dice Jesús: El que está lavado, no necesita sino que se lave los pies, porque está todo limpio; y vosotros limpios sois, aunque no todos.
11 Porque sabía quién era el que lo entregaba; por eso dijo: No sois limpios todos.
12 Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose a sentar a la mesa, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?
13 Vosotros me llamáis, Maestro y Señor; y decís bien; porque lo soy.
14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos de los otros.
15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su Señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.
18 No hablo de todos vosotros; yo sé los que he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar.
19 Desde ahora os lo digo antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis que YO SOY.
20 De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, a mí recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió.
21 Habiendo dicho Jesús esto, fue conmovido en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar.
22 Entonces los discípulos mirábanse los unos a los otros, dudando de quién decía.
23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba sentado en la mesa al lado de Jesús.
24 A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien decía.
25 El, entonces, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: Señor, ¿quién es?
26 Respondió Jesús: Aquel es, a quien yo diere el pan mojado. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón.
27 Y tras el bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dice: Lo que harás, hazlo más pronto.
28 Mas ninguno de los que estaban a la mesa entendió a qué propósito le dijo esto.
29 Porque los unos pensaban, porque Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para el día de la fiesta; o que diese algo a los pobres.
30 Cuando él pues hubo tomado el bocado, luego salió; y era ya noche.
31 Entonces cuando él salió, dijo Jesús: Ahora es clarificado el Hijo del hombre, y Dios es clarificado en él.
32 Si Dios es clarificado en él, Dios también le clarificará en sí mismo, y luego le clarificará.
33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije a los judíos: Donde yo voy, vosotros no podéis venir; y ahora os lo digo.
34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os ameis unos a otros; como os he amado, que también os améis los unos a los otros.
35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
36 Le dice Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Le respondió Jesús: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás después.
37 Le dice Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi alma pondré por ti.
38 Le respondió Jesús: ¿Tu alma pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces.
sábado, octubre 30
COMENTARIO DE EL EVANGELIO DE JUAN 12
Juan 12
Cuando Jesús "ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua" (11:54), predicó en Samaria, en Galilea y en Perea. Durante ese tiempo limpió a los diez leprosos (Luc. 17); enseñó sobre el divorcio y nuevas nupcias (Mat. 19; Mar. 10); enseñó las parábolas del juez injusto, del fariseo y el publicano, de los obreros de la viña, (Luc. 18; Mat. 20); sanó a dos ciegos y enseñó a Zaqueo (Luc. 19). Estos y otros eventos importantes ocurrieron antes de la semana final.
12:1 Seis días antes de la (última) pascua, -- Ahora Jesús está llegando a la sombra de la cruz. En seguida habrá toda clase de tristeza: Judas entregará a Jesús, Pedro lo negará, todos los discípulos lo desampararán y, como hombres irracionales, los judíos no descansarán hasta que lo hayan crucificado. Sin embargo, antes de entrar en todo aquello, Jesús fue honrado por un acto de gran devoción y de mucho significado.
-- vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. -- Juan sigue confirmando la resurrección de Lázaro: ¡aquí está ese mismo Lázaro, vivo, asistiendo a una cena! El tiempo exacto de esta cena no se puede saber. Algunos comentaristas creen que debe colocarse entre Mateo 20 y Mateo 21 (compárense Mar. 14:3-9). Creen que Mateo y Marcos incluyen este evento en este lugar para conectarlo con la acción de Judas, el cual proveyó un plan para los judíos para la ejecución de Jesús. JWM sigue la cronología de Juan y cree que esta cena ocurrió en la noche al terminar el sábado, la noche antes de la Entrada Triunfal que ocurrió el domingo de la semana final de su vida. Según esto Mat. 26:6 no fija el tiempo exacto de este evento y no sigue en orden cronológico los versículos 1-5.
12:2 Y le hicieron allí una cena; -- Recuérdese cómo concluye el capítulo anterior: "Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese donde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen" (11:57). En vez de denunciarlo estos le hicieron una cena.
-- Marta servía (Mat. 26:7; Luc. 10:40; Jesús no le dijo que dejara de servir, sino que al servir estaba preocupada y molesta por tantas cosas. "¡Gracias a Dios por las Martas del mundo! Sin ellas la vida sería una carga intolerable" (GNW), y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. -- Los textos paralelos (Mat. 26:6-13 y Mar. 14:3) hablan de la cena en la casa de Simón el leproso. Al recordar Lev. 13:45, 46 tenemos que concluir que la descripción "el leproso" se refiere a su condición anterior (compárese Rahab la ramera). Lucas 7:36-50 se refiere a una cena en la casa de otro Simón (el fariseo).
12:3 Entonces María (sin calcular el precio ni consultar con la familia ni preocuparse por lo que los discípulos dijeran) tomó una libra (frasco de alabastro, Mat. 26:7; Mar. 14:3, una especie de mármol translúcido) de perfume de nardo ("la cabeza o espiga de una planta de la India, de gran fragancia", ATR) puro, de mucho precio, y ungió (ungió al Ungido de Dios) los pies de Jesús (Juan escribió muchos años después que los otros y dice que María ungió los pies, sabiendo que los otros habían mencionado la cabeza, Mat. 26:7; Mar. 14:3; y su cuerpo, Mar. 14:8) y los enjugó con sus cabellos; -- Aunque Jesús estuviera aquí en la tierra ahora muchas hermanas no podrían hacer esto. Lo que Pablo dice en 1 Cor. 11:15 todavía es muy cierto: "a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso".
Por lo menos tres veces María estuvo a los pies de Jesús: (1) Luc. 10:40, para oír su palabra; (2) Jn. 11:32, buscando consolación; y ahora (3) para ungirle para su sepultura.
En el hogar de Simón el fariseo una mujer pecadora "comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos" (Luc. 7:38), pero Juan 12:3 habla de una mujer piadosa que ungió (mojó) los pies con ungüento precioso y los enjugó con sus cabellos. Vemos, pues, tanto a la mujer piadosa como a la mujer pecadora a los pies de Jesús (RCHL).
-- y la casa se llenó del olor del perfume. -- María no tomó en cuenta el costo del perfume, porque no era posible expresar con un acto físico lo profundo de su fe, su gratitud y su deseo de honrarle (11:32, "se postró a sus pies"). Es muy probable que este perfume haya sido la posesión más valiosa de María. Sin duda ella dio lo mejor al Maestro. Su generosidad para con Cristo era una bendición para la gente también.
María reconocía que esta ocasión le ofrecía una maravillosa y única oportunidad para mostrar su devoción al Señor y la aprovechó. Fue una ocasión muy especial, la única oportunidad que tendría para hacer lo que hizo.
12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de (le iba a, LBLA) entregar: -- Pero no por eso estaba predestinado a hacerlo contra su voluntad. Jesús dijo, "¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado" (Mat. 26:24).
"Al ver eso los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?" (Mat. 26:24). Ellos también tenían la oportunidad de hacer algo semejante para preparar el cuerpo de Cristo para su sepultura, pero dejaron pasar su oportunidad. Esta queja indicó su falta de comprensión acerca de lo que María hizo.
12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios (el sueldo de un día de trabajo era un denario, Mat. 20:2; esta ofrenda de María valía, pues, más o menos el sueldo de un año), y dado a los pobres? -- Es decir, "dado a" este pobre (él mismo). Que sepamos Lázaro y Marta no se quejaron de lo que su hermana hacía. "Al ver eso los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?" (Mat. 26:8). Al decir esto los discípulos no siguieron a Jesús sino a Judas. Se enojaron y se quejaron los discípulos de Jesús. Esto es un comentario muy triste acerca de su falta de comprensión acerca de la muerte de Jesús. Después de la resurrección de Jesús al contar ellos mismos este acto de amor de María, seguramente el corazón de estos discípulos se habrá llenado de remordimiento. Ellos pudieran haber hecho algo semejante a lo que María hizo, pero dejaron pasar su oportunidad dorada. "Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron, etc." (Mar. 14:4). Parece, pues, que Judas expresaba la opinión de los otros. Ellos no comprendían que "la hora" de Jesús estaba llegando, porque si lo hubieran comprendido, no se habrían quejado de que María preparara su cuerpo para la sepultura.
Desde luego, lo que María hizo no indicaba que ella no se preocupara por los pobres. ¿Cómo pudiera haber sido una discípula fiel de Jesús y no preocuparse por los pobres? Si la iglesia estuviera llena de imitadores de María en lugar de imitadores de Judas, los pobres no serían descuidados.
Si hubiera vendido este perfume para entregar el dinero a los apóstoles, ¿Judas lo habría dado a los pobres? Véase el siguiente versículo.
12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón (primero, ladrón de corazón, 1 Tim. 6:9, 10), y teniendo la bolsa (Luc. 8:1-3; Jn. 4:8, para comprar comida; 13:29, para comprar lo necesario para las fiestas solemnes; para regalar a los pobres), sustraía de lo que se echaba en ella. -- Esta es la explicación de Juan (compárense 2:21; 7:22, 39). Tal vez bajo el pretexto de ayudar a los pobres, Judas haya sustraído de la bolsa del grupo para meterlo en su propia bolsa. Después de la cena, cuando Jesús despidió a Judas diciéndole, "Lo que vas a hacer, hazlo pronto" (13:27), "después de recibir el bocado, salió inmediatamente". ¿Con todo y bolsa (12:6)?
Jesús no escogió ladrones para ser apóstoles. Al principio cuando Jesús llamó a Judas, él era un hombre honrado. Fue escogido como tesorero del grupo porque tenía talentos para este trabajo, que era tanto un honor como también una tentación (Mat. 6:24).
12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto -- Lo que para Judas y los otros apóstoles era un desperdicio (Mat. 26:8) para Jesús era una buena obra. "Ha hecho conmigo una buena obra ... lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura" (Mat. 26:10, 12); "Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura" (Mar. 14:8).
Fue un hecho muy excepcional, porque normalmente los cuerpos se preparan para la sepultura no antes sino después de la muerte, pero Jesús sabía que después de su muerte no sería posible que María ungiera su cuerpo para la sepultura. Cuando El murió, José de Arimatea "se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo ... vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas" (19:38-40). El primer día de la semana "María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle" (Mar. 16:1) pero las llevaron a una tumba vacía.
Jesús les había dicho repetidas veces que pronto iba a morir. De esto había hablado a sus discípulos (Mat. 16:21; 20:17; Mar. 10:32, 33; Luc. 18:31-34), y a los judíos (7:33; 8:21-23; 10:11, 17, 18). También María sabía de la amenaza y conspiración de matar a Jesús (5:18; 7:1, 19; 8:59; 10:31; 11:53, 57). Seguramente ella tenía sus razones para hacer lo que hizo. Lo que pensaba hacer era la oportunidad de su vida y la aprovechó.
Dice LBLA, "Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura". Como dice ATR, esta traducción "es gramaticalmente posible", pero tal traducción indica que María ungió a Jesús solamente con una parte del ungüento que tenía y que guardó lo demás para usar en la sepultura misma, y esto no concuerda con Mat. 26:7; Mar. 14:3, "quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza". Por eso, la idea según esta traducción sería como respuesta a la pregunta, "¿Por qué no se vendió?" "(Fue) para que pudiera guardarlo para el día de mi sepultura" (GH).
12:8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, -- Jesús dice "tendréis" (plural). Se dirige no solamente a Judas sino a los otros apóstoles que se quejaban de lo que María hizo. Les convenía primero preocuparse por la sepultura de Jesús pero, que sepamos, nunca lo hicieron. Después tendrían muchas oportunidades para ayudar a los pobres.
En cuanto a los pobres, Jesús mismo era un pobre (Mat. 8:20; Luc. 8:2; 2 Cor. 8:9), y nadie amaba a los pobres más que El. Continuamente mostraba su amor por ellos, y enseña la necesidad de ayudarles (Mat. 25:34-46; Sant. 2:14-16; 1 Jn. 3:17, 18). Ayudar a los pobres era uno de los temas fundamentales de la enseñanza y práctica de Jesús, pero el primer deber (y privilegio) del discípulo de Cristo es adorar a Dios. María entendía esto (11:32). Lamentablemente, muchísimas personas benévolas no piensan que la adoración a Dios es importante.
-- mas a mí no siempre me tendréis. -- Les quedaban muy pocos días para mostrar su amor por Jesús durante su estancia aquí en la tierra. Por eso, con respecto a lo que María hizo Jesús dijo, "Ha hecho conmigo una buena obra" (Mat. 26:10); "Esta ha hecho lo que podía" (Mar. 14:8). Podemos servir a Jesús indirectamente ayudando a sus discípulos (Mat. 25:34-46), pero María lo sirvió directamente. "Dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella" (Mat. 26:13; Mar. 14:9). Este acto se ha incluido en el registro de los hechos inolvidables de los discípulos de Jesús. María sabía lo que hacía pero, desde luego, nunca se imaginaba que por este acto sería famosa. Compárense Dorcas, Febe y otras mujeres que humildemente servían sin esperar la gloria de los hombres, pero cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida, Fil. 4:3.
María era una discípula excepcional; no "oía su palabra" (Luc. 10:39) como un pasatiempo, sino para aprender. Jesús no habría dicho esto de María si ella no hubiera entendido lo que hacía; es decir, si María hubiera pensado simplemente expresar su devoción a Cristo, Jesús no habría dicho que "dondequiera que se predique este evangelio ... también se contará lo que ésta ha hecho". Hasta la fecha leemos de ese acto porque tuvo que ver con la muerte y sepultura de Cristo. La última semana antes de la crucifixión, Jesús estaría sumamente ocupado y no habría otra oportunidad para hacer lo que María hizo. ¿Qué pensaban hacer los apóstoles para preparar el cuerpo de Cristo para la sepultura? Una sola persona en el vasto mundo pensaba hacerlo y ¡lo hizo! Con razón era un acto digno de ser recordado. Hechos de los Apóstoles no nos habla de la obra en Betania, pero sin duda había una iglesia fuerte con Lázaro, Marta y María como columnas.
"El mundo entero se ha llenado con el dulce aroma de ese perfume" (RCHL). Lo que los discípulos censuraron como desperdicio y lo que ellos consideraron digno de reprensión era, ante los ojos de Cristo, una acción digna de guardarse en la remembranza eterna a través de la tierra entera, y El decretó que de esta manera se guardara en mente (JWM).
"Dondequiera que se predique este evangelio". Para Judas no había futuro para el evangelio. No sería predicado en ninguna parte. Creía que la casa de Jesús ya se derrumbaba. Para él la causa de Cristo era una causa perdida.
Dice Cristo, "Dondequiera". Jesús de Nazaret no es un Cristo provincial (el Cristo solamente para los judíos), sino que en pocos días ocuparía su trono sobre su reinado universal.
12:9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, (tal vez por varios días) y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. -- ¿Por qué querían "ver a Lázaro"? ¿Por lo sensacional del caso o querían sinceramente examinar la evidencia del poder de Cristo?
"Muchos subieron ... a Jerusalén antes de la pascua" (11:55); ahora estos y otros vinieron a Betania y después (12:12, 13) le acompañaron a Jerusalén.
12:10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, -- Porque él era un testimonio vivo de la resurrección, y ellos, siendo saduceos, ni siquiera creían en la resurrección. Por haber resucitado de entre los muertos Lázaro contradecía la doctrina de ellos; por eso, acordaron destruir esta evidencia pero, que sepamos, nunca se llevó a cabo este acuerdo.
12:11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús. -- Estos oficiales "habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga" (9:22), pero muchos "se apartaban" de ellos sin que los expulsaran.
12:12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, (según Josefo, entre dos millones y tres millones asistían a la fiesta de la Pascua) al oír que Jesús venía a Jerusalén, -- "¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?" (11:56). Aquí está la respuesta: El está en camino. "Venía a Jerusalén" aunque los oficiales habían dado orden de que se le prendiera.
La Entrada Triunfal es otro evento que fue registrado por Mateo (21:1-11); Marcos (11:1-11); y Lucas (19:28-40), como también por Juan. Los hermanos de Jesús le habían exhortado, "Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo", pero Jesús dijo, "Mi tiempo aún no ha llegado" (7:4, 6). Por esa causa había prohibido que se publicara mucho la obra milagrosa que El hacía (Mar. 5:43; 9:9; Mat. 16:20; véase también Mat. 12:19). Antes de esta fecha la euforia de la gente hubiera impedido su obra, pero ahora la actividad de esta multitud contribuía al cumplimiento de su obra, pues era importante que se declarara públicamente que El era el Mesías; es decir, era necesario que los judíos se dieran cuenta de la identidad de la persona que pensaban crucificar: ¡su propio Mesías!
12:13 tomaron ramas de palmera -- emblema del triunfo; "estaban delante del trono y en la presencia del Cordero ... con palmas en las manos", Apoc. 7:9; creían que la victoria era segura "porque si Jesús resucitó a alguien que había estado cuatro días en la tumba, ¿cuáles eran los límites de su poder? ¡Bajo tal líder se podía sacudir ... el yugo de los romanos!" (GH).
"Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían en el camino" (Mat. 21:8). Compárese 2 Reyes 9:13, "cada uno tomó ... su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey".
-- y salieron a recibirle, -- No los apóstoles sino los que "salieron a recibirle" iniciaron esta alabanza (JWM).
-- y clamaban: ¡Hosanna! (Sálvanos ahora, equivale a ¡Salvación! no del pecado, sino de los romanos) Sal. 118:25, uno de los Salmos de la Pascua) ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor (Sal. 118:26. Para ellos esto significaba que el Mesías había venido para librarles de la opresión de Roma), el Rey de Israel! -- Luc. 1:33. "¡Hosanna al Hijo de David!" (Mat. 21:9). "¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!" (Mar. 11:10); este texto bien muestra que ellos esperaban que Jesús fuera coronado para restablecer el reino terrenal de David, para reinar sobre sus enemigos. Cristo, sin embargo, al entrar en la ciudad volvió a purificar el templo, sanó a los ciegos y cojos que vinieron a El, y "salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí" (Mat. 21:12-17). El sueño dorado de la gente de un reino político no se realizó, pues Jesús ya había rechazado esa clase de reinado cuando Satanás le tentó (Mat. 4:8, 9) y cuando el pueblo quería obligarle a ser su rey (Jn. 6:15).
En su relato de este evento Lucas agrega dos detalles interesantes y significativos: (1) "Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían" (Luc. 19:39; compárese Mat. 21:15, 16); (2) "Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!" (Luc. 19:41, 42). Entonces predijo la destrucción de Jerusalén.
¿Cuántos de estos que clamaban ¡Hosanna! habrán clamado ¡Crucifíquele! antes que finalizara esa misma semana?
12:14 Y halló Jesús un asnillo, -- El asno no era animal de guerra, sino de paz, pero no era nada despreciativo montar en asno. Juan omite los detalles con respecto a este animal porque los sinópticos ya los habían registrado. De este animal Mar. 11:2 dice, "en el cual ningún hombre ha montado"; es decir, estaba consagrado para el uso de Cristo, compárese (Núm. 19:2; Deut. 21:3). Si los hombres hubieran usado este animal para sus propios propósitos, no habría servido para el propósito de Cristo.
-- y montó sobre él, como está escrito: -- (Zac. 9:9; Mat. 21:5). "He aquí tu rey (no sería algún extranjero) viene a ti, manso (no con ejército) y sentado sobre una asna (palabra genérica), sobre un pollino, hijo de animal de carga" (el animal específico)". (Compárense otras profecías de Zacarías acerca de Cristo: 11:9-14 - Mat. 27:9; 12:10-14 - Mat. 24:30; 13:7 - Mat. 26:31).
12:15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. -- Jesús entró en la ciudad como el Mesías, pero no era el Mesías que ellos esperaban (6:15).
12:16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; -- 2:22. No entendieron que los eventos de ese mismo día cumplieron una profecía importante acerca del Mesías (Zac. 9:9), porque lamentablemente todavía compartían el concepto de la multitud con respecto al Mesías (Mat. 18:1; 20:21; Luc. 22:24). Aun después de la resurrección de Jesús le preguntaron, "¿Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hech. 1:6; véase también Luc. 24:25, 26). No entendieron que el Mesías había de sufrir antes de glorificarse, que había una cruz antes de la corona.
De hecho les faltó mucho conocimiento. Aun cuando Cristo resucitó, ellos no creyeron, pues cuando las mujeres les "dieron nuevas de" ese gran evento, "a ellos les parecían locura las palabras de ellas" (Luc. 24:9-11). Todavía eran ignorantes de las Escrituras y, por eso, hombres de poca fe (Mar. 16:14). ¡Que lección o advertencia tan valiosa para nosotros! Es imposible tener una fe fuerte sin entender y aceptar lo que las Escrituras enseñan.
-- pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. -- Cuando fue crucificado y resucitó de entre los muertos, estuvo con los apóstoles por cuarenta días, explicándoles las Escrituras que no habían entendido (Luc. 24:27, 44-46), y en el día de Pentecostés (Hech. 2) vino el Espíritu Santo para guiarles a toda la verdad (Jn. 16:13). Por fin entendieron que Jesús no sería coronado aquí en la tierra, sino en el cielo (Hech. 2:33-36).
12:17 Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. -- Este es otro testimonio que agregar a la lista de testimonios registrados en este libro. Obsérvese el verbo daba; es decir, continuamente daban testimonio de esa señal, a pesar de que "los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen" (11:57). Nadie podía refutar su testimonio porque muchas personas habían sido testigos oculares de la resurrección de Lázaro.
12:18 Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. -- Dos multitudes, 12:17 y 12:18. Por causa de este testimonio "Gran multitud ... vinieron ... para ver a Lázaro" (12:9). Sin duda, pues, la séptima señal registrada por Juan tuvo mucho que ver con el ánimo del pueblo, lo cual, a su tiempo, provocó el resentimiento de los oficiales.
12:19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él. -- 11:47-49. Obsérvese el contraste entre los fariseos y la multitud. ¿Qué habrá pasado con la orden entregada por ellos (11:57)? ¿Por qué no le prendieron? Estaban llenos de envidia y frustración, sintiéndose desesperados y asustados (11:48). A estas alturas ellos habían perdido la batalla contra Jesús.
El propósito de Jesús no era simplemente que todo el mundo fuera "tras él" como lo hicieron en esta ocasión, sino que todo el mundo fuera tras El para ser salvo de sus pecados. "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraerá a mí mismo" (12:32).
A través del libro de Juan leemos que "aun más procuraban matarle" (5:18); "¿No es éste a quien buscan para matarle?" (7:25); "volvieron a tomar piedras para apedrearle" (10:31); entendían que había una sola manera de dar solución a este complicado problema, es decir, matarlo (11:53, 57). "Tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto (tumulto, LBLA) en el pueblo" (Mat. 26:4, 5).
Pero los eventos de esos días no se llevarían a cabo conforme al plan de los oficiales judíos, sino conforme al plan de Dios (Hech. 2:22). Por eso, para que el plan de Dios se llevara a cabo, la Entrada Triunfal era importante, pues provocaba a los oficiales a crucificar a Cristo durante la pascua.
12:20 Había ciertos griegos (Hech. 13:42, 48) entre los que habían subido a adorar en la fiesta. -- Fue una ilustración adicional de que "el mundo se va tras él". Estos eran prosélitos o "temerosos de Dios" como Cornelio (Hech. 10:1). (Véase 1 Rey. 8:41, 42). Estos no podían ir más allá del Patio de los Gentiles.
Juan es el único que relata este evento. A través de este libro se enfatiza que Cristo no vino para salvar solamente a los judíos, sino a todos (3:16; 4:42; 8:12; 10:16).
12:21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. -- Los judíos querían apedrearle, pero los griegos querían verle para saber más de El. Jesús había dicho a la mujer cananea, "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mat. 15:24), pero le dijo, "Oh mujer, grande es tu fe" y sanó a su hija; también sanó al siervo del centurión (Luc. 7:10); y limpió a un leproso que era samaritano (Luc. 17:14-16). De esa manera mostró que en realidad El sería el Bienhechor y Salvador de todos.
12:22, 23 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. (Compárese 1:40, 41). Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre (1:51; 3:13, 14; 5:27; 6:27, 53, 62; 8:28; 9:35) sea glorificado (13:30, 31). -- Antes de esto la hora no había llegado (2:4; 7:6, 8, 30; 8:20), porque la hora era el tiempo de su crucifixión, sepultura, resurrección, y ascensión al cielo. Muy pronto estos griegos podrían verlo en la cruz, con su título (Jesus Nazareno, Rey de los Judíos) escrito "en hebreo, en griego y en latín" (19:19, 20). Jesús quería que todos, tanto griegos como judíos, lo "vieran" en su muerte, resurrección y ascensión al cielo; es decir, quería que todos entendieran la naturaleza de su venida. "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraerá a mí mismo" (12:32).
12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; -- Esta enseñanza nos recuerda de las muchas parábolas de Jesús. Con estas El preparaba la mente humana para recibir verdades espirituales; es decir, de una manera muy interesante y eficaz, ilustraba verdades espirituales por medio de los principios de la naturaleza bien conocidos por todos.
Con esta comparación enseña la necesidad de su muerte, porque la vida solamente llega por medio de una muerte (WB). "Como el germen de vida en el grano de trigo puede pasar a otros granos solamente por medio de partir del grano original y dejarlo muerto, de esa manera la vida que estaba en Cristo Jesús podría pasar a sus discípulos solamente por medio de su muerte" (JWM).
Es posible guardar el grano en un lugar seco por miles de años, pero si se guarda así es inútil porque no produce fruto. Al someterse a la muerte Cristo era como el grano de trigo que cae en la tierra para rendirse a la muerte.
-- pero si muere, lleva mucho fruto. -- Si el grano se rinde a la muerte, en lugar de ser un grano será cien granos. La hora de Jesús había llegado (13:1; 17:1) y con esta figura explica por qué su muerte era necesaria (Mat. 16:21). En la naturaleza la muerte de la simiente es necesaria para la producción del fruto, y de acuerdo con este principio, Jesús estaba dispuesto a morir, porque sin su muerte no habría cosecha espiritual (la salvación de almas perdidas).
De la misma manera, sus discípulos deben estar dispuestos a morir para llevar mucho fruto por Cristo. Algunos piensan que los hermanos (mayormente evangelistas) no se cuidan cuando son muy activos, viajando, predicando y enseñando día y noche para salvar almas, para edificar las iglesias y adelantar la obra; piensan que muy pronto se van a acabar, pero no estamos en este mundo simplemente para cuidarnos. A veces los de edad avanzada piensan que se están cuidando cuando en realidad se están oxidando. "Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas" (2 Cor. 12:15). Léase 2 Cor. 11:24-28; Pablo estaba perdiendo la vida para salvarla (Hech. 20:24).
12:25 El que ama su vida, la perderá; -- El egoísmo del hombre lo destruye. Jesús no amó su propia vida, sino que la perdió para salvarnos. Estaba dispuesto a dejar caer el grano de trigo en la tierra para que muriera. El que ama su vida es como aquel que no deja caer el grano de trigo en la tierra. Este vive para su propio gusto y para llevar a cabo su propósito personal (p. ej., gozar de placeres o cosas materiales; agradar a la familia y los amigos). El que ama su vida dice que vivimos una sola vez en este mundo y, por eso, hay que aprovecharla al máximo, pero esta clase de vida es estéril. No vale nada porque no sirve para nada. La frase "el que ama su vida" se ilustra en muchos textos: Mat. 10:37-39; 16:24-26; Mar. 8:34-38; Luc. 9:23-26; 14:26-33; 17:33.
-- y el que aborrece su vida en este mundo, ("todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio") para vida eterna la guardará. -- (5:24-29; 6:39, 40, 44, 54). Aborrecer su vida quiere decir someter la voluntad propia a la voluntad del Señor. El que aborrece su vida en este mundo no busca agradarse a sí mismo, sino agradar al Señor. "Niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mat. 16:24).
12:26 Si alguno me sirve, sígame (que hagan lo mismo que yo, llevando fruto por medio del sacrificio de sí mismo); y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. -- 17:24; Rom. 8:17; 2 Cor. 4:17.
12:27 Ahora está turbada mi alma (Mat. 26:38; Mar. 14:34; ahora casi está en la sombra de la cruz. Aquí se ve la verdadera humanidad de Cristo); ¿y qué diré? -- ¿Qué oración ofreceré al Padre? (JWM).
-- ¿Padre, sálvame de esta hora? -- Desde luego, este texto (12:27, 28) está en perfecta armonía con Mat. 26:39-42; Mar. 14:33-36; y Luc. 22:41-44. Mateo (26:39) dice que Jesús oró, "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú" (así también Mar. 14:36; Luc. 22:42). Según Mat. 26:42, Jesús agrega, "si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad". Desde el principio del ministerio de Jesús Satanás le tentó a evitar la cruz (Mat. 4:8-10).
-- Mas para esto (12:24, 25) he llegado a esta hora (12:23). -- "Esta hora" era la hora de la traición de Judas, de los "juicios" falsos y de la crucifixión (Mat. 26:45; Mar. 14:41). La expresión, "Mas para esto he llegado a esta hora" corresponde a "no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Luc. 22:42). Jesús estaba resuelto a cumplir la voluntad del Padre (4:34; 5:30; Heb. 10:7, 9).
12:28 Padre, glorifica tu nombre. -- 12:23, 24. El Padre sería glorificado por la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. (El Padre es glorificado también por la muerte figurada de los discípulos, 12:25; Rom. 12:1, 2; Gál. 2:20).
-- Entonces vino (no un ruido, sino) una voz del cielo (hablando palabras, como en Mat. 3:17; 17:5; al orar Jesús pronunció palabras inteligibles, y al contestarle el Padre pronunció palabras inteligibles): Lo he glorificado (2:11) y lo glorificaré otra vez . -- Cristo fue glorificado en su crucifixión (12:23), en su resurrección, en su exaltación (ascensión y coronación) (Hech. 2:33-36; Fil. 2:10, 11), en los triunfos de la predicación del evangelio (Hech. 2:41, etc.) y en el servicio y adoración consagrados de sus discípulos.
12:29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno (Ex. 19:19, "con voz tronante"). Otros decían: Un ángel le ha hablado. -- "Aquí tenemos una ilustración del hecho que a menudo la gente oye distintamente según lo que ellos son. Algunos oyen trueno, otros la voz de ángel, pero Jesús entendió" (FLC) (también Juan). "En todas las revelaciones del cielo, cada uno oye según el grado de su receptividad y de su inteligencia espiritual; no ocurría otra cosa con la palabra y las enseñanzas del Salvador mismo" (B-S).
12:30 Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía -- no era necesario convencer a Jesús que el Padre le había oído, 11:41, 42, pero era de mucho consuelo para El; probablemente el significado sea, "No ha venido esta voz solamente por causa mía, etc.", como en 6:27.
-- sino por causa de vosotros. -- Para que su fe aumentara (Luc. 17:5). Era una voz comprensible; de otro modo, ¿cómo les podría ayudar? ¿Por qué creyeron algunos que un ángel le había hablado? Porque oyeron una voz. En el caso de Saulo de Tarso es cierto que los que le acompañaron oyeron la voz sin entenderla (Hech. 9:7; 22:9), pero en ese caso Cristo no habló "por causa de" ellos, sino solamente para comunicarse con Saulo.
12:31 Ahora ("esta hora", 12:23, 27; Jesús dice ahora, hablando proféticamente; es decir, sin faltar el diablo será vencido. Dice ahora, pues, a causa de la certeza de lo que dice) es el juicio de este mundo (3:17-19; sobre "los hijos de desobediencia", Efes. 2:2); ahora el príncipe de este mundo (14:30; 16:11; Mat. 4:8, 9; 2 Cor. 4:4; Efes. 2:2; 6:12; 1 Jn. 5:19) será echado fuera. -- 16:33. Será quitado de su trono (el corazón del hombre) (AH), pero ¿cuándo y cómo? Cuando Cristo murió en la cruz fue hecho posible la victoria sobre Satanás, porque cuando el hombre es atraído a Cristo (12:32), Satanás es echado fuera. Sin embargo, Satanás no es echado fuera de los corazones de los que rehúsan ser atraídos a Cristo.
Al morir Jesús en la cruz, parecía que las fuerzas de Satanás habían derrotado a Jesús, pero en realidad en la cruz el poder de Satanás fue destruido. En la cruz Jesús le hirió ("te herirá en la cabeza", Gén. 3:15). Otro más fuerte que Satanás le venció, le quitó todas sus armas en que confiaba, y repartió el botín (Luc. 11:21, 22; Efes. 4:8). Después de su resurrección Jesús dijo, "Toda potestad (autoridad, LBLA) me es dada" (Mat. 28:18; Efes. 1:19-22). "Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col. 2:15). El Apocalipsis habla del triunfo de Cristo (3:20; 12:10; 20:1-3).
La cruz de Cristo no era, pues, una victoria para Satanás, sino para Cristo, porque al morir destruyó "por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2:14, 15). Por medio de la muerte de Cristo Dios puede perdonar nuestros pecados, y de esa manera "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 1:13). Así pues en esto Satanás pierde y Cristo gana. "La cruz llegó a ser un trono" (BWJ).
Eramos esclavos de Satanás, pero habiendo sido bautizados ya no servimos más al pecado (Rom. 6:4-6). Por eso, por medio de la muerte de Cristo en la cruz, Satanás perdería muchos esclavos. Ahora en Cristo "somos más que vencedores" (Rom. 8:37).
Satanás ya no tenía el mismo poder como antes sobre las naciones para engañarles (Apoc. 20:3), porque ahora el evangelio expone sus mentiras.
Muchos creen que cuando Cristo venga la segunda vez, establecerá su reino, pero este texto (12:31), como también los otros textos citados aquí, muestran que en su primera venida Cristo venció a Satanás y que, habiéndole vencido, estableció su reino. "Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios" (Mat. 12:28).
12:32 Y yo, si fuere levantado de la tierra (3:14; 8:28; si el grano de trigo cae en la tierra y muere, 12:24), a todos (tanto a los griegos, como estos que querían verlo, 12:21, como a los judíos) atraeré (6:44, 45; el hombre no es empujado hacia Cristo, sino atraído a Cristo por medio del evangelio, véase 6:44, 45, notas) a mí mismo. -- "Por la vía de la Cruz, la única vía al Padre (14:6)" (ATR). Esto indica una gran victoria sobre Satanás, pues los que son atraídos a Cristo han sido esclavos de Satanás. Al leer estas palabras, las entendemos y aceptamos, pero para la gente de esa ocasión seguramente parecerían presuntuosas. Jesús, sin embargo, sabía Quién era, de Quién había venido, por qué había venido, y qué sería el resultado de su crucifixión.
Cristo siempre ha tenido imán o magnetismo para atraer a sí mismo a mucha gente. Durante su ministerio personal multitudes le siguieron (Mat. 4:25; 8:1); los doce apóstoles dejaron todo para seguirle (Mat. 19:27); muchos dejaron familias, tierras, etc. para seguirle (Mar. 10:29, 30). La enseñanza de Jesús atrajo a la gente (6:44, 45; 7:45, 46; Mat. 7:28, 29). El poder de Jesús atrajo a los hombres (Luc. 5:26).
Ahora habla del magnetismo central: el de la cruz. Tiene magnetismo porque el inocente Cordero de Dios -- voluntariamente, y con espíritu de perdonar --, murió por el mundo de pecadores. Este es el evangelio que es el poder de Dios para atraer y salvar al hombre (Rom. 1:16; 2 Tes. 2:14).
También la vida fiel de los discípulos de Jesús tiene poder magnético (Mat. 5:16; 1 Tim. 4:12; 1 Ped. 3:1-4), porque adorna la doctrina de Cristo (Tito 2:10).
12:33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. -- La gente entendía que la expresión, "si fuere levantado de la tierra" significaba la crucifixión.
12:34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. -- Así era su interpretación de los textos que hablaron del dominio eterno del Mesías (p. ej., Isa. 9:6, 7, "lo dilatado de su imperio y la paz no tendrá límite"; Sal. 89:4, "Y edificaré tu trono por todas las generaciones"; al hablar del Hijo del Hombre, Daniel dijo (7:14), "Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido"; Ezeq. 37:25, "Mi siervo David será príncipe de ellos para siempre"). Ellos creían que estos textos que hablaban del Mesías querían decir que El vencería a todos sus enemigos, y que reinaría para siempre en Jerusalén sobre los judíos aquí en la tierra.
No hicieron caso de Isa. 53 y otros textos que claramente profetizaban la muerte del Mesías.
-- ¿Cómo, pues, dices tú ("En oposición a la ley {la Escritura})" (ATR) que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? -- Su Entrada Triunfal indicó claramente que El era el Mesías, pero ahora ¿por qué hablaría de ser levantado? Era obvio que al hablar de sí mismo Jesús usó la expresión "el Hijo del Hombre", pero al mismo tiempo dice que este Hijo del Hombre había de ser levantado. Para ellos eso era una contradicción y, por eso, preguntaron, "¿Quién es este Hijo del Hombre?" Parece que estaban pensando, "Tú estarás hablando de otro mesías", porque no podían reconciliar estos conceptos que, para ellos, eran contradictorios.
"El Hijo del Hombre es el que descendió de los cielos (3:13), habla el lenguaje de su Padre celestial (8:28), es el vínculo entre el cielo y la tierra (1:51), cumple una misión de inspiración celestial (sufriendo por su pueblo, 3:14), tiene autoridad de los cielos para ejercer como juez tanto en el presente como en el futuro (5:27), es el pan del cielo, que el hombre debe comer (6:27, 53), es, en consecuencia, el objeto de la fe (9:35)" (GH).
12:35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz (Cristo mismo, 1:4, 55, 7, 8; 7:33; 8:12; 9:4, 5) entre vosotros (compárese 12:34, "el Cristo permanece para siempre"); andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas (1 Tes. 5:4); porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va (1 Jn. 2:11). -- ¿Por qué no contestó su pregunta? El conoce el corazón del hombre (2:24, 25) y tal vez no les contestara por no ver seriedad en ellos, ni la capacidad para entender su respuesta.
12:36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. -- En lugar de contestar su pregunta (probablemente insincera) les exhorta a que aprovechen su oportunidad de ser hijos de luz (Mat. 5:14; Efes. 5:8; 1 Tes. 5:5). Los "hijos de luz" son los que llevan una vida iluminada por el evangelio.
12:37, 38 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? -- Las señales registradas por Juan eran y son suficientes para convencer a cualquier persona sincera de que Cristo es el Hijo de Dios (Jn. 20:30, 31), pero no convencen a los que no quieren convencerse, porque no les conviene. Esta dureza de corazón fue profetizada por Isaías (6:10).
Es muy importante que los jóvenes entiendan que los que creen en Cristo no son ignorantes o supersticiosos; tampoco rechazan la ciencia (verdadera). Las señales hechas por Jesús eran y son adecuadas para producir la fe en cualquier persona sincera. Cristo quiere que todos piensen y razonen. El requiere que el hombre crea en El (que es el Hijo de Dios) porque ha mostrado la evidencia de esta verdad. Cristo quiere que los jóvenes (y todos) investiguen las evidencias y pruebas de su divinidad. Quiere que usen su intelecto. ¡El uso del intelecto no destruye la fe!
La palabra prejuicio quiere decir "juicio u opinión sobre algo antes de tener verdadero conocimiento de ello" (Larousse). Es indispensable que todos (mayormente los jóvenes) reconozcan que muchos incrédulos tienen un fuerte prejuicio contra Dios y contra la verdad, porque son pecadores y, por eso, están condenados por Dios. Por ejemplo, muchos creen en la evolución, pero aceptan esta "explicación" del origen del hombre, porque buscan una salida para no creer en la creación. Si aceptaran que Dios es el Creador, tendrían que aceptar que El es el Juez, y si aceptaran que Dios es el Juez, entonces no podrían -- con buena conciencia -- seguir en su vida de libertinaje. Los "científicos" aceptaron la evolución simple y sencillamente porque estaban resueltos a rechazar la creación. Tales incrédulos tienen corazones duros y conciencias cauterizadas. El problema, pues, no es intelectual, sino moral; es decir, no tiene nada que ver con la evidencia o la falta de evidencia para creer en Dios y en Cristo, sino más bien tiene que ver con la astucia del hombre que busca alguna manera "científica" para justificarse en su rebelión contra Dios. Es muy importante que los jóvenes entiendan esto para que no sean engañados por las palabras huecas y "los argumentos de la falsamente llamada ciencia" (1 Tim. 6:20).
12:39, 40 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane. -- ¿Cómo cegó Dios los ojos de ellos? ¿Cómo endureció su corazón? ¿Lo hizo con un decreto arbitrario e irresistible? ¿Lo hizo en contra de la voluntad de los judíos? Sin duda alguna el pueblo gozaba de su libre albedrío y podía haber aceptado a Cristo. Si los judíos -- o algunos de ellos -- hubieran estado bajo algún decreto de endurecimiento, ¿por que predicarles? ¿Por qué presentarles las señales y otras evidencias, si de ninguna manera podrían aceptarlas?
¿Cómo, pues, los endureció el Señor? Lo que su palabra hace, El hace. El mandamiento que Dios entregó a Faraón -- por medio de Moisés y Aarón -- endureció su corazón. Así también la verdad revelada por Cristo endureció el corazón de los judíos. Lo que Dios dijo a Faraón no era agradable a él, y la verdad enseñada por Jesús no era agradable a los judíos. En los dos casos la voluntad humana no estaba dispuesta a someterse a la voluntad de Dios, y la consecuencia ineludible es el endurecimiento del corazón. El mismo evangelio endurece el corazón de algunos, y suaviza el corazón de otros. (El sol endurece el barro y suaviza la cera.)
12:41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él. -- Isaías era el profeta mesiánico. Al ver la gloria de Jehová, vio la gloria de Cristo (14:9; Isa. 6; 7:14; 9:6). Ampliamente describe al "Siervo de Jehová" (caps. 42-53). Isaías vio la gloria de la cual Jesús habla en 13:31, "Ahora es glorificado el Hijo del Hombre" (Isa. 53). Isaías vio la gloria del eterno Cristo antes de su venida al mundo, y Juan la vio después (1:14, 18).
12:42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos (muchos, aun de los gobernantes, LBLA) creyeron en él; -- Aunque "los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que ... le prendiesen" (11:47), muchos, e incluso algunos de los mismos gobernantes, creyeron en El.
-- pero a causa de los fariseos no lo confesaban, -- (compárese Hech. 6:7). En esta frase Juan describe una verdadera tragedia. "José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos" (19:38). ¿Cuánto vale el discipulado secreto? El discípulo secreto se avergüenza de Cristo (Mar. 8:38). Quiere lo mejor de ambos mundos, pero del mundo celestial no obtendrá nada a menos que se arrepienta. Lo que no cuesta nada no vale nada. Estos gobernantes no querían entender que cuesta caro confesar y seguir a Cristo porque el discipulado es de supremo valor (Mat. 13:44-46).
Los que no confiesan a Cristo se avergüenzan de El, como los novios que se casan en secreto se avergüenzan el uno del otro. Se dice que lo hacen por temor de alguien o de algo; por ese mismo motivo los gobernantes no confesaban a Cristo. Sea lo que fuera el pretexto, la verdad es que el discípulo secreto y los novios que se casan en secreto tienen vergüenza de la relación -- sea el discipulado o el matrimonio -- y no quieren aceptar la consecuencia de ella. El matrimonio es ratificado por los testigos que acompañan a los novios (Mat. 22:13, "bodas" quiere decir "fiesta de boda"; 25:10 "entraron con él a las bodas"; Luc. 12:36, "aguardan a que su señor regrese de las bodas"). Los textos que hablan de bodas se refieren a eventos públicos. ¿Dónde está el texto que hable del matrimonio secreto? Si los novios no están dispuestos a aceptar la consecuencia de su matrimonio (p. ej., el enojo de la familia y el compromiso de vivir juntos hasta la muerte de uno de ellos), no deben casarse, y los que confiesen a Cristo deben estar dispuestos a ser "expulsados" de cualquier "sinagoga".
-- para no ser expulsados de la sinagoga. -- 9:22. Si hubieran confesado a Cristo, sus socios los habrían expulsado de la sinagoga (y la vida judía). Habrían perdido sus puestos, su prestigio y sus riquezas, pero al continuar amarrados a tales incrédulos ¿adónde los llevarían? (Mat. 23:37 - 24:3). ¿El no confesar a Cristo no les costaría nada de valor?
La fe de los que por temor no confiesan a Cristo no vale nada (Mat. 10:32, 33; Mar. 8:38; Rom. 10:9, 10), porque es una fe muerta (Sant. 2:24-26).
En cuanto a la cuestión de si la fe es el único requisito para ser salvo, este versículo clara y concluyentemente da la respuesta negativa. La fe sola no salva a nadie. A los comentaristas sectarios les gusta analizar la fe de tales personas. Por ejemplo, dicen que la fe de estos gobernantes era simplemente una "media fe", o una "convicción racional ... pero no una confianza salvadora en Cristo" (AH). El hablar de la fe que viene de la mente pero no del corazón (AWP) no tiene sentido, porque el corazón es, según su uso en la Biblia, la mente ("con el corazón se cree", Rom. 10:10), pero también el corazón es la voluntad ("propuso en su corazón", 2 Cor. 9:7). Estos gobernantes creyeron en Cristo, pero no propusieron en su corazón obedecerle. "El hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (Sant. 2:24). Estos gobernantes tenían fe, pero solamente fe, y la fe sola no salva.
Les faltó mucho: (1) no reconocieron que eran pecadores perdidos; por eso, no se humillaron como el publicano que dijo, "Dios, sé propicio a mí, pecador" (Luc. 18:13); (2) no se arrepintieron de sus pecados (Luc. 13:1-5); (3) "no lo confesaban"; (4) "desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan" (Luc. 7:30). Sin embargo, ellos sí creyeron, pues Juan lo dice; por lo tanto, si la fe sola salva, entonces fueron salvos sin humillarse, sin arrepentirse, sin confesar a Cristo, y sin el bautismo para perdón de los pecados.
Los sectarios se contradicen a sí mismos. Predican la salvación por la fe sola, pero entonces dicen que la fe salvadora confesará a Cristo. Si la confesión es necesaria para la salvación, entonces la fe no es el único requisito para ser salvo. Ellos enseñan que, aparte de la fe y la confesión, también es necesario amar a Dios (Mat. 22:37), arrepentirse de los pecados (Luc. 13:3, 5), e invocar al nombre del Señor (Rom. 10:13). Entonces, deben dejar de afirmar que el hombre puede ser salvo por la fe sola, y predicar el evangelio puro que requiere estos actos de obediencia y también el bautismo para perdón de los pecados (Hech. 2:38).
12:43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. -- 5:44. El deseo de complacer a los hombres sofocaba su convicción. Si se ponen estas dos cosas en la balanza, ¿cuál pesa más? ¿Cuál tendrá más importancia? Compárese Deut. 30:15, 19, "Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal ... escoge pues, la vida".
Estos gobernantes querían la aprobación -- la aceptación, la buena voluntad -- de los judíos que tendría algo de valor para ellos solamente unos cuantos años más, mientras que la aceptación de Dios es un beneficio eterno. Es otro caso trágico de buscar beneficios del momento y descuidar los beneficios duraderos (2 Cor. 4:17).
Se perderán los que buscan la gloria (el favor, la aceptación, la buena voluntad) de otras personas (familiares, amigos, alumnos, socios, clientes) y no buscan el favor de Dios. ¿Qué bendición gozarán en el Día Final los gobernantes que tenían la aprobación del Sanedrín? ¿Qué aprovechará al hombre si ganare la buena voluntad de familiares y amigos, y perdiere su alma?
Aquí está una de las decisiones más importantes de esta vida. Todos tenemos que escoger entre el favor del hombre y el favor de Dios, porque es imposible complacer a los dos. "¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Sant. 4:4).
12:44 Jesús clamó y dijo: -- La palabra clamar indica la intensidad de la enseñanza de Jesús (7:28, 37; compárese 1:15, "Juan dio testimonio de él, y clamó"). Los que rechazaron a Cristo estaban sin excusa, porque El les habló clara y fuertemente. Los hombres se avergonzaban del mensaje de Jesús, pero El lo proclamó "a voz en cuello" (Isa. 58:1), y siguió haciéndolo sabiendo que los judíos estaban resueltos a matarle.
Este texto (12:44-50) es como un resumen de lo que Jesús había enseñado: (1) es igual al Padre; (2) es la Luz del mundo; (3) no vino al mundo para juzgar sino para salvar; (4) la enseñanza de Jesús nos juzgará en el Día Final; y (5) su mensaje le fue dado por el Padre.
-- El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; -- Aquí Jesús vuelve al tema de su unidad con el Padre. El que cree en Cristo no solamente cree en El, sino también cree en El que lo envió, porque son uno (10:30). Compárese 6:27, "Trabajad, no (solamente) por la comida que perece, sino (también) por la comida que a vida eterna permanece".
Al creer en Cristo creemos en El que lo envió, porque Cristo es la vida, la luz del mundo, el agua de la vida, el pan de la vida, la puerta, el Buen Pastor, el camino, la verdad y la vida, y la resurrección y la vida. Si algún mero hombre se hubiera atrevido a decir esto de sí mismo, todos habrían sabido que padecía demencia, pero Cristo lo dijo y lo confirmó con muchas señales verdaderas.
12:45 y el que me ve, (el que oye sus enseñanzas, ve sus señales y discierne que verdaderamente El es el Hijo de Dios e igual a Dios, 5:18) ve al que me envió. -- Al conocer al Hijo conocemos también al Padre (1:14; 8:19; 14:9; Heb. 1:3). Al ver a Cristo, vemos al Padre; al oír a Cristo, oímos al Padre. Podemos ver "la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Cor. 4:6).
Los "testigos" del Atalaya no pueden ver a Jehová del cual hablan sin cesar, porque enseñan que Cristo no era Dios (1:1), sino "un dios". Siendo politeístas (creen en dos dioses), los "testigos" son idólatras.
12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. -- (8:12). Cuando Cristo vino el mundo estaba lleno de tinieblas, no solamente en el mundo gentil, sino también en el judaísmo. Cristo es la única luz, porque es la única revelación verdadera de Dios. Los que no siguen a Cristo permanecen en tinieblas. Está disponible la luz, pero muchos prefieren las tinieblas.
En su primera carta (1:5) Juan dice, "Dios es luz"; Cristo dice, "Yo, la luz". Por lo tanto, Cristo es Dios. "Y no hay ningunas tinieblas en él". Cuando Cristo vino, El encontró a su pueblo separado de esta luz por causa de sus pecados (Isa. 59:1, 2). El es la luz -- la única luz -- que puede acabar con todas las tinieblas (1:4; 3:17-19; 8:12).
12:47 Al que oye mis palabras (enseñanzas), y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo (Luc. 19:10; 1 Tim. 1:13). -- Otra vez aquí (como en 3:16-19), Jesús enfatiza que no era necesario venir al mundo para condenar al hombre, porque ya estaba condenado. Más bien, vino al mundo para salvar al hombre. Estos textos ponen el énfasis sobre su obra de salvar. Ahora Cristo es -- sobre todo -- nuestro Salvador y Mediador. Sin embargo, ineludiblemente Cristo sí es el Juez del mundo (3:17-19; 5:22, 27, 30; 8:16; 9:39). ¿Cuántos pensarán que Jn. 3:16 es texto de juicio? El acto supremo de amor se convierte en un juicio sobre el hombre. Cada quien, por su actitud hacia ese Don de Dios, se juzga a sí mismo. "La salvación era el objetivo, pero el juicio era la consecuencia" (DG)
12:48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras (son inseparables Cristo y sus enseñanzas), tiene quien le juzgue; -- "tiene" ahora mismo, aun en esta vida, pues ya comenzó el juicio; cada uno está delante del tribunal de Cristo, porque el verdadero juez de la humanidad es el evangelio (Rom. 2:16).
-- la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero (final, LBLA) -- En este texto Jesús pone el énfasis sobre su enseñanza como la base del juicio. Ya había hablado del "día postrero" (6:39, 40, 44, 54; 11:24; compárese 1 Cor. 15:52). Muchos textos hablan del juicio final: Rom. 2:12, 16; 2 Cor. 5:10; Hech. 17:31; 24:25; Apoc. 20:11, 12. En el Día Final seremos juzgados por el evangelio que Pablo predicó (Rom. 2:16), pero aun ahora, durante nuestra vida aquí en la tierra, la enseñanza de Cristo nos está juzgando; p. ej., Mat. 7:24-28, ahora mismo los que oyen y obedecen edifican sobre la roca; Mar. 16:16, "el que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado". ¿Cuándo? Los que han creído y sido bautizados reciben el perdón de los pecados ahora (Hech. 2:38). ¿Cuándo será condenado el que no creyere? Ya está condenado, porque todavía está en sus pecados.
La enseñanza de Jesús (p. ej., Mat. 5:22, 28, 32; 7:1, 2; 12:36, 37), como también la de sus apóstoles (p. ej., 1 Cor. 11:29, 31, 34; 2 Tim. 2:11, 12) nos juzgan ahora mismo. Los que desobedecen esta enseñanza son juzgados por ella aun durante esta vida. "Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad" (Sal. 96:13). "Habéis de ser juzgados por la ley de la libertad" (Sant. 2:12); en realidad ahora mismo cada quien se juzga a sí mismo por la ley de la libertad. En el Día Final nuestra vida será comparada con la norma divina, la enseñanza de Cristo, pero ahora en esta vida sucede lo mismo; es decir, en la actualidad estamos bien o estamos mal ante los ojos de Dios. Por eso, debemos examinar nuestra vida nosotros mismos para reconocer cuándo estamos mal y hacer las correcciones necesarias (1 Cor. 11:31; 2 Cor. 13:5; Sant. 1:22-27).
Ahora mismo, pues, sabemos (1) a quién servimos (Mat. 6:24; Rom. 6:17, 18); (2) en qué camino andamos (Mat. 7:13, 14); (3) si andamos en la luz o en las tinieblas (Jn. 12:35; 1 Jn. 1:5-7); (4) si estamos en el reino de Cristo o todavía en el reino de las tinieblas (Col. 1:13). Por lo tanto, en Aquel Día no habrá sorpresas para los que siguen a Cristo, porque sabemos de antemano que seremos juzgados por su enseñanza, la misma enseñanza que nos está juzgando durante esta vida. El verdadero juez de los condenados será el evangelio rechazado. Desde luego, habrá sorpresas para muchos infieles, porque ni siquiera creen que habrá juicio. También les sorprenderá que Cristo sea Juez.
Por lo tanto, ahora mismo todos están en el proceso de juzgarse a sí mismos. Cuando los judíos de Antioquía de Pisidia rechazaron el evangelio, Pablo les dijo, "la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna" (Hech. 13:46). ¿Pablo juzgó que ellos no eran dignos de la vida eterna? ¿Quién juzgó a quién? Ellos se juzgaron a sí mismos. ¿Cuándo lo hicieron? Cuando desecharon la palabra. En ese momento esa misma palabra les juzgó, y al mismo tiempo ellos se juzgaron a sí mismos. ¿Qué fue su veredicto para ellos mismos? Que no eran dignos de la vida eterna.
Hoy en día ¿a quién puede el hombre culpar por estar condenado? ¿Al predicador? No, sino solamente a sí mismo. En el juicio algunos querrán discutir con el Señor (Mat. 7:22), pero si estos hubieran hecho una investigación objetiva de la enseñanza de Jesús para aceptar la verdad, no estarían decepcionados del resultado en el Día Final.
Este texto enseña la responsabilidad del hombre. Todos pueden y deben aceptar la enseñanza de Cristo. Refuta, pues, la doctrina (llamada la predestinación) de que el hombre perdido no tiene la capacidad para aceptar la enseñanza de Cristo a menos que Dios obre por otro medio aparte de la palabra para regenerarlo, porque de esa manera el hombre no sería responsable. Muchos creen que un hombre muerto (en pecados) no puede hacer nada, pero léase 5:25. Todos los que no obedecen al evangelio serán castigados (2 Tes. 1:7-9).
12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; -- como una persona que hablara aparte o independientemente del Padre. "Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió" (7:15, 16).
Si Jesús hubiera sido un mero hombre, habría hablado por su "propia cuenta" como un oficial eclesiástico (papa, cardenal, arzobispo, obispo, sacerdote) de Roma, o como un presidente, obispo u otro oficial protestante.
-- el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. -- "Las palabras que me diste, les he dado ... Yo les he dado tu palabra" (17:8, 14). Dios dijo a Moisés, "Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él hablará todo lo que yo le mandare" (Deut. 18:18). "Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (Heb. 5:8).
12:50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. -- 6:68. Nos da vida eterna si obedecemos "su mandamiento" ("todo el consejo de Dios", Hech. 20:27, es decir, el evangelio). El evangelio es, pues, el maná que desciende del cielo para alimentar el alma.
-- Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho. -- Porque "esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (17:3).
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Cuando Jesús "ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua" (11:54), predicó en Samaria, en Galilea y en Perea. Durante ese tiempo limpió a los diez leprosos (Luc. 17); enseñó sobre el divorcio y nuevas nupcias (Mat. 19; Mar. 10); enseñó las parábolas del juez injusto, del fariseo y el publicano, de los obreros de la viña, (Luc. 18; Mat. 20); sanó a dos ciegos y enseñó a Zaqueo (Luc. 19). Estos y otros eventos importantes ocurrieron antes de la semana final.
12:1 Seis días antes de la (última) pascua, -- Ahora Jesús está llegando a la sombra de la cruz. En seguida habrá toda clase de tristeza: Judas entregará a Jesús, Pedro lo negará, todos los discípulos lo desampararán y, como hombres irracionales, los judíos no descansarán hasta que lo hayan crucificado. Sin embargo, antes de entrar en todo aquello, Jesús fue honrado por un acto de gran devoción y de mucho significado.
-- vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. -- Juan sigue confirmando la resurrección de Lázaro: ¡aquí está ese mismo Lázaro, vivo, asistiendo a una cena! El tiempo exacto de esta cena no se puede saber. Algunos comentaristas creen que debe colocarse entre Mateo 20 y Mateo 21 (compárense Mar. 14:3-9). Creen que Mateo y Marcos incluyen este evento en este lugar para conectarlo con la acción de Judas, el cual proveyó un plan para los judíos para la ejecución de Jesús. JWM sigue la cronología de Juan y cree que esta cena ocurrió en la noche al terminar el sábado, la noche antes de la Entrada Triunfal que ocurrió el domingo de la semana final de su vida. Según esto Mat. 26:6 no fija el tiempo exacto de este evento y no sigue en orden cronológico los versículos 1-5.
12:2 Y le hicieron allí una cena; -- Recuérdese cómo concluye el capítulo anterior: "Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese donde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen" (11:57). En vez de denunciarlo estos le hicieron una cena.
-- Marta servía (Mat. 26:7; Luc. 10:40; Jesús no le dijo que dejara de servir, sino que al servir estaba preocupada y molesta por tantas cosas. "¡Gracias a Dios por las Martas del mundo! Sin ellas la vida sería una carga intolerable" (GNW), y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. -- Los textos paralelos (Mat. 26:6-13 y Mar. 14:3) hablan de la cena en la casa de Simón el leproso. Al recordar Lev. 13:45, 46 tenemos que concluir que la descripción "el leproso" se refiere a su condición anterior (compárese Rahab la ramera). Lucas 7:36-50 se refiere a una cena en la casa de otro Simón (el fariseo).
12:3 Entonces María (sin calcular el precio ni consultar con la familia ni preocuparse por lo que los discípulos dijeran) tomó una libra (frasco de alabastro, Mat. 26:7; Mar. 14:3, una especie de mármol translúcido) de perfume de nardo ("la cabeza o espiga de una planta de la India, de gran fragancia", ATR) puro, de mucho precio, y ungió (ungió al Ungido de Dios) los pies de Jesús (Juan escribió muchos años después que los otros y dice que María ungió los pies, sabiendo que los otros habían mencionado la cabeza, Mat. 26:7; Mar. 14:3; y su cuerpo, Mar. 14:8) y los enjugó con sus cabellos; -- Aunque Jesús estuviera aquí en la tierra ahora muchas hermanas no podrían hacer esto. Lo que Pablo dice en 1 Cor. 11:15 todavía es muy cierto: "a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso".
Por lo menos tres veces María estuvo a los pies de Jesús: (1) Luc. 10:40, para oír su palabra; (2) Jn. 11:32, buscando consolación; y ahora (3) para ungirle para su sepultura.
En el hogar de Simón el fariseo una mujer pecadora "comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos" (Luc. 7:38), pero Juan 12:3 habla de una mujer piadosa que ungió (mojó) los pies con ungüento precioso y los enjugó con sus cabellos. Vemos, pues, tanto a la mujer piadosa como a la mujer pecadora a los pies de Jesús (RCHL).
-- y la casa se llenó del olor del perfume. -- María no tomó en cuenta el costo del perfume, porque no era posible expresar con un acto físico lo profundo de su fe, su gratitud y su deseo de honrarle (11:32, "se postró a sus pies"). Es muy probable que este perfume haya sido la posesión más valiosa de María. Sin duda ella dio lo mejor al Maestro. Su generosidad para con Cristo era una bendición para la gente también.
María reconocía que esta ocasión le ofrecía una maravillosa y única oportunidad para mostrar su devoción al Señor y la aprovechó. Fue una ocasión muy especial, la única oportunidad que tendría para hacer lo que hizo.
12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de (le iba a, LBLA) entregar: -- Pero no por eso estaba predestinado a hacerlo contra su voluntad. Jesús dijo, "¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado" (Mat. 26:24).
"Al ver eso los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?" (Mat. 26:24). Ellos también tenían la oportunidad de hacer algo semejante para preparar el cuerpo de Cristo para su sepultura, pero dejaron pasar su oportunidad. Esta queja indicó su falta de comprensión acerca de lo que María hizo.
12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios (el sueldo de un día de trabajo era un denario, Mat. 20:2; esta ofrenda de María valía, pues, más o menos el sueldo de un año), y dado a los pobres? -- Es decir, "dado a" este pobre (él mismo). Que sepamos Lázaro y Marta no se quejaron de lo que su hermana hacía. "Al ver eso los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio?" (Mat. 26:8). Al decir esto los discípulos no siguieron a Jesús sino a Judas. Se enojaron y se quejaron los discípulos de Jesús. Esto es un comentario muy triste acerca de su falta de comprensión acerca de la muerte de Jesús. Después de la resurrección de Jesús al contar ellos mismos este acto de amor de María, seguramente el corazón de estos discípulos se habrá llenado de remordimiento. Ellos pudieran haber hecho algo semejante a lo que María hizo, pero dejaron pasar su oportunidad dorada. "Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron, etc." (Mar. 14:4). Parece, pues, que Judas expresaba la opinión de los otros. Ellos no comprendían que "la hora" de Jesús estaba llegando, porque si lo hubieran comprendido, no se habrían quejado de que María preparara su cuerpo para la sepultura.
Desde luego, lo que María hizo no indicaba que ella no se preocupara por los pobres. ¿Cómo pudiera haber sido una discípula fiel de Jesús y no preocuparse por los pobres? Si la iglesia estuviera llena de imitadores de María en lugar de imitadores de Judas, los pobres no serían descuidados.
Si hubiera vendido este perfume para entregar el dinero a los apóstoles, ¿Judas lo habría dado a los pobres? Véase el siguiente versículo.
12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón (primero, ladrón de corazón, 1 Tim. 6:9, 10), y teniendo la bolsa (Luc. 8:1-3; Jn. 4:8, para comprar comida; 13:29, para comprar lo necesario para las fiestas solemnes; para regalar a los pobres), sustraía de lo que se echaba en ella. -- Esta es la explicación de Juan (compárense 2:21; 7:22, 39). Tal vez bajo el pretexto de ayudar a los pobres, Judas haya sustraído de la bolsa del grupo para meterlo en su propia bolsa. Después de la cena, cuando Jesús despidió a Judas diciéndole, "Lo que vas a hacer, hazlo pronto" (13:27), "después de recibir el bocado, salió inmediatamente". ¿Con todo y bolsa (12:6)?
Jesús no escogió ladrones para ser apóstoles. Al principio cuando Jesús llamó a Judas, él era un hombre honrado. Fue escogido como tesorero del grupo porque tenía talentos para este trabajo, que era tanto un honor como también una tentación (Mat. 6:24).
12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto -- Lo que para Judas y los otros apóstoles era un desperdicio (Mat. 26:8) para Jesús era una buena obra. "Ha hecho conmigo una buena obra ... lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura" (Mat. 26:10, 12); "Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura" (Mar. 14:8).
Fue un hecho muy excepcional, porque normalmente los cuerpos se preparan para la sepultura no antes sino después de la muerte, pero Jesús sabía que después de su muerte no sería posible que María ungiera su cuerpo para la sepultura. Cuando El murió, José de Arimatea "se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo ... vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas" (19:38-40). El primer día de la semana "María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle" (Mar. 16:1) pero las llevaron a una tumba vacía.
Jesús les había dicho repetidas veces que pronto iba a morir. De esto había hablado a sus discípulos (Mat. 16:21; 20:17; Mar. 10:32, 33; Luc. 18:31-34), y a los judíos (7:33; 8:21-23; 10:11, 17, 18). También María sabía de la amenaza y conspiración de matar a Jesús (5:18; 7:1, 19; 8:59; 10:31; 11:53, 57). Seguramente ella tenía sus razones para hacer lo que hizo. Lo que pensaba hacer era la oportunidad de su vida y la aprovechó.
Dice LBLA, "Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura". Como dice ATR, esta traducción "es gramaticalmente posible", pero tal traducción indica que María ungió a Jesús solamente con una parte del ungüento que tenía y que guardó lo demás para usar en la sepultura misma, y esto no concuerda con Mat. 26:7; Mar. 14:3, "quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza". Por eso, la idea según esta traducción sería como respuesta a la pregunta, "¿Por qué no se vendió?" "(Fue) para que pudiera guardarlo para el día de mi sepultura" (GH).
12:8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, -- Jesús dice "tendréis" (plural). Se dirige no solamente a Judas sino a los otros apóstoles que se quejaban de lo que María hizo. Les convenía primero preocuparse por la sepultura de Jesús pero, que sepamos, nunca lo hicieron. Después tendrían muchas oportunidades para ayudar a los pobres.
En cuanto a los pobres, Jesús mismo era un pobre (Mat. 8:20; Luc. 8:2; 2 Cor. 8:9), y nadie amaba a los pobres más que El. Continuamente mostraba su amor por ellos, y enseña la necesidad de ayudarles (Mat. 25:34-46; Sant. 2:14-16; 1 Jn. 3:17, 18). Ayudar a los pobres era uno de los temas fundamentales de la enseñanza y práctica de Jesús, pero el primer deber (y privilegio) del discípulo de Cristo es adorar a Dios. María entendía esto (11:32). Lamentablemente, muchísimas personas benévolas no piensan que la adoración a Dios es importante.
-- mas a mí no siempre me tendréis. -- Les quedaban muy pocos días para mostrar su amor por Jesús durante su estancia aquí en la tierra. Por eso, con respecto a lo que María hizo Jesús dijo, "Ha hecho conmigo una buena obra" (Mat. 26:10); "Esta ha hecho lo que podía" (Mar. 14:8). Podemos servir a Jesús indirectamente ayudando a sus discípulos (Mat. 25:34-46), pero María lo sirvió directamente. "Dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella" (Mat. 26:13; Mar. 14:9). Este acto se ha incluido en el registro de los hechos inolvidables de los discípulos de Jesús. María sabía lo que hacía pero, desde luego, nunca se imaginaba que por este acto sería famosa. Compárense Dorcas, Febe y otras mujeres que humildemente servían sin esperar la gloria de los hombres, pero cuyos nombres están inscritos en el libro de la vida, Fil. 4:3.
María era una discípula excepcional; no "oía su palabra" (Luc. 10:39) como un pasatiempo, sino para aprender. Jesús no habría dicho esto de María si ella no hubiera entendido lo que hacía; es decir, si María hubiera pensado simplemente expresar su devoción a Cristo, Jesús no habría dicho que "dondequiera que se predique este evangelio ... también se contará lo que ésta ha hecho". Hasta la fecha leemos de ese acto porque tuvo que ver con la muerte y sepultura de Cristo. La última semana antes de la crucifixión, Jesús estaría sumamente ocupado y no habría otra oportunidad para hacer lo que María hizo. ¿Qué pensaban hacer los apóstoles para preparar el cuerpo de Cristo para la sepultura? Una sola persona en el vasto mundo pensaba hacerlo y ¡lo hizo! Con razón era un acto digno de ser recordado. Hechos de los Apóstoles no nos habla de la obra en Betania, pero sin duda había una iglesia fuerte con Lázaro, Marta y María como columnas.
"El mundo entero se ha llenado con el dulce aroma de ese perfume" (RCHL). Lo que los discípulos censuraron como desperdicio y lo que ellos consideraron digno de reprensión era, ante los ojos de Cristo, una acción digna de guardarse en la remembranza eterna a través de la tierra entera, y El decretó que de esta manera se guardara en mente (JWM).
"Dondequiera que se predique este evangelio". Para Judas no había futuro para el evangelio. No sería predicado en ninguna parte. Creía que la casa de Jesús ya se derrumbaba. Para él la causa de Cristo era una causa perdida.
Dice Cristo, "Dondequiera". Jesús de Nazaret no es un Cristo provincial (el Cristo solamente para los judíos), sino que en pocos días ocuparía su trono sobre su reinado universal.
12:9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, (tal vez por varios días) y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. -- ¿Por qué querían "ver a Lázaro"? ¿Por lo sensacional del caso o querían sinceramente examinar la evidencia del poder de Cristo?
"Muchos subieron ... a Jerusalén antes de la pascua" (11:55); ahora estos y otros vinieron a Betania y después (12:12, 13) le acompañaron a Jerusalén.
12:10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, -- Porque él era un testimonio vivo de la resurrección, y ellos, siendo saduceos, ni siquiera creían en la resurrección. Por haber resucitado de entre los muertos Lázaro contradecía la doctrina de ellos; por eso, acordaron destruir esta evidencia pero, que sepamos, nunca se llevó a cabo este acuerdo.
12:11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús. -- Estos oficiales "habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga" (9:22), pero muchos "se apartaban" de ellos sin que los expulsaran.
12:12 El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, (según Josefo, entre dos millones y tres millones asistían a la fiesta de la Pascua) al oír que Jesús venía a Jerusalén, -- "¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?" (11:56). Aquí está la respuesta: El está en camino. "Venía a Jerusalén" aunque los oficiales habían dado orden de que se le prendiera.
La Entrada Triunfal es otro evento que fue registrado por Mateo (21:1-11); Marcos (11:1-11); y Lucas (19:28-40), como también por Juan. Los hermanos de Jesús le habían exhortado, "Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo", pero Jesús dijo, "Mi tiempo aún no ha llegado" (7:4, 6). Por esa causa había prohibido que se publicara mucho la obra milagrosa que El hacía (Mar. 5:43; 9:9; Mat. 16:20; véase también Mat. 12:19). Antes de esta fecha la euforia de la gente hubiera impedido su obra, pero ahora la actividad de esta multitud contribuía al cumplimiento de su obra, pues era importante que se declarara públicamente que El era el Mesías; es decir, era necesario que los judíos se dieran cuenta de la identidad de la persona que pensaban crucificar: ¡su propio Mesías!
12:13 tomaron ramas de palmera -- emblema del triunfo; "estaban delante del trono y en la presencia del Cordero ... con palmas en las manos", Apoc. 7:9; creían que la victoria era segura "porque si Jesús resucitó a alguien que había estado cuatro días en la tumba, ¿cuáles eran los límites de su poder? ¡Bajo tal líder se podía sacudir ... el yugo de los romanos!" (GH).
"Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles y las tendían en el camino" (Mat. 21:8). Compárese 2 Reyes 9:13, "cada uno tomó ... su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey".
-- y salieron a recibirle, -- No los apóstoles sino los que "salieron a recibirle" iniciaron esta alabanza (JWM).
-- y clamaban: ¡Hosanna! (Sálvanos ahora, equivale a ¡Salvación! no del pecado, sino de los romanos) Sal. 118:25, uno de los Salmos de la Pascua) ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor (Sal. 118:26. Para ellos esto significaba que el Mesías había venido para librarles de la opresión de Roma), el Rey de Israel! -- Luc. 1:33. "¡Hosanna al Hijo de David!" (Mat. 21:9). "¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!" (Mar. 11:10); este texto bien muestra que ellos esperaban que Jesús fuera coronado para restablecer el reino terrenal de David, para reinar sobre sus enemigos. Cristo, sin embargo, al entrar en la ciudad volvió a purificar el templo, sanó a los ciegos y cojos que vinieron a El, y "salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí" (Mat. 21:12-17). El sueño dorado de la gente de un reino político no se realizó, pues Jesús ya había rechazado esa clase de reinado cuando Satanás le tentó (Mat. 4:8, 9) y cuando el pueblo quería obligarle a ser su rey (Jn. 6:15).
En su relato de este evento Lucas agrega dos detalles interesantes y significativos: (1) "Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían" (Luc. 19:39; compárese Mat. 21:15, 16); (2) "Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!" (Luc. 19:41, 42). Entonces predijo la destrucción de Jerusalén.
¿Cuántos de estos que clamaban ¡Hosanna! habrán clamado ¡Crucifíquele! antes que finalizara esa misma semana?
12:14 Y halló Jesús un asnillo, -- El asno no era animal de guerra, sino de paz, pero no era nada despreciativo montar en asno. Juan omite los detalles con respecto a este animal porque los sinópticos ya los habían registrado. De este animal Mar. 11:2 dice, "en el cual ningún hombre ha montado"; es decir, estaba consagrado para el uso de Cristo, compárese (Núm. 19:2; Deut. 21:3). Si los hombres hubieran usado este animal para sus propios propósitos, no habría servido para el propósito de Cristo.
-- y montó sobre él, como está escrito: -- (Zac. 9:9; Mat. 21:5). "He aquí tu rey (no sería algún extranjero) viene a ti, manso (no con ejército) y sentado sobre una asna (palabra genérica), sobre un pollino, hijo de animal de carga" (el animal específico)". (Compárense otras profecías de Zacarías acerca de Cristo: 11:9-14 - Mat. 27:9; 12:10-14 - Mat. 24:30; 13:7 - Mat. 26:31).
12:15 No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna. -- Jesús entró en la ciudad como el Mesías, pero no era el Mesías que ellos esperaban (6:15).
12:16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos al principio; -- 2:22. No entendieron que los eventos de ese mismo día cumplieron una profecía importante acerca del Mesías (Zac. 9:9), porque lamentablemente todavía compartían el concepto de la multitud con respecto al Mesías (Mat. 18:1; 20:21; Luc. 22:24). Aun después de la resurrección de Jesús le preguntaron, "¿Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hech. 1:6; véase también Luc. 24:25, 26). No entendieron que el Mesías había de sufrir antes de glorificarse, que había una cruz antes de la corona.
De hecho les faltó mucho conocimiento. Aun cuando Cristo resucitó, ellos no creyeron, pues cuando las mujeres les "dieron nuevas de" ese gran evento, "a ellos les parecían locura las palabras de ellas" (Luc. 24:9-11). Todavía eran ignorantes de las Escrituras y, por eso, hombres de poca fe (Mar. 16:14). ¡Que lección o advertencia tan valiosa para nosotros! Es imposible tener una fe fuerte sin entender y aceptar lo que las Escrituras enseñan.
-- pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que se las habían hecho. -- Cuando fue crucificado y resucitó de entre los muertos, estuvo con los apóstoles por cuarenta días, explicándoles las Escrituras que no habían entendido (Luc. 24:27, 44-46), y en el día de Pentecostés (Hech. 2) vino el Espíritu Santo para guiarles a toda la verdad (Jn. 16:13). Por fin entendieron que Jesús no sería coronado aquí en la tierra, sino en el cielo (Hech. 2:33-36).
12:17 Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. -- Este es otro testimonio que agregar a la lista de testimonios registrados en este libro. Obsérvese el verbo daba; es decir, continuamente daban testimonio de esa señal, a pesar de que "los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen" (11:57). Nadie podía refutar su testimonio porque muchas personas habían sido testigos oculares de la resurrección de Lázaro.
12:18 Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. -- Dos multitudes, 12:17 y 12:18. Por causa de este testimonio "Gran multitud ... vinieron ... para ver a Lázaro" (12:9). Sin duda, pues, la séptima señal registrada por Juan tuvo mucho que ver con el ánimo del pueblo, lo cual, a su tiempo, provocó el resentimiento de los oficiales.
12:19 Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él. -- 11:47-49. Obsérvese el contraste entre los fariseos y la multitud. ¿Qué habrá pasado con la orden entregada por ellos (11:57)? ¿Por qué no le prendieron? Estaban llenos de envidia y frustración, sintiéndose desesperados y asustados (11:48). A estas alturas ellos habían perdido la batalla contra Jesús.
El propósito de Jesús no era simplemente que todo el mundo fuera "tras él" como lo hicieron en esta ocasión, sino que todo el mundo fuera tras El para ser salvo de sus pecados. "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraerá a mí mismo" (12:32).
A través del libro de Juan leemos que "aun más procuraban matarle" (5:18); "¿No es éste a quien buscan para matarle?" (7:25); "volvieron a tomar piedras para apedrearle" (10:31); entendían que había una sola manera de dar solución a este complicado problema, es decir, matarlo (11:53, 57). "Tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto (tumulto, LBLA) en el pueblo" (Mat. 26:4, 5).
Pero los eventos de esos días no se llevarían a cabo conforme al plan de los oficiales judíos, sino conforme al plan de Dios (Hech. 2:22). Por eso, para que el plan de Dios se llevara a cabo, la Entrada Triunfal era importante, pues provocaba a los oficiales a crucificar a Cristo durante la pascua.
12:20 Había ciertos griegos (Hech. 13:42, 48) entre los que habían subido a adorar en la fiesta. -- Fue una ilustración adicional de que "el mundo se va tras él". Estos eran prosélitos o "temerosos de Dios" como Cornelio (Hech. 10:1). (Véase 1 Rey. 8:41, 42). Estos no podían ir más allá del Patio de los Gentiles.
Juan es el único que relata este evento. A través de este libro se enfatiza que Cristo no vino para salvar solamente a los judíos, sino a todos (3:16; 4:42; 8:12; 10:16).
12:21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. -- Los judíos querían apedrearle, pero los griegos querían verle para saber más de El. Jesús había dicho a la mujer cananea, "No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mat. 15:24), pero le dijo, "Oh mujer, grande es tu fe" y sanó a su hija; también sanó al siervo del centurión (Luc. 7:10); y limpió a un leproso que era samaritano (Luc. 17:14-16). De esa manera mostró que en realidad El sería el Bienhechor y Salvador de todos.
12:22, 23 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. (Compárese 1:40, 41). Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre (1:51; 3:13, 14; 5:27; 6:27, 53, 62; 8:28; 9:35) sea glorificado (13:30, 31). -- Antes de esto la hora no había llegado (2:4; 7:6, 8, 30; 8:20), porque la hora era el tiempo de su crucifixión, sepultura, resurrección, y ascensión al cielo. Muy pronto estos griegos podrían verlo en la cruz, con su título (Jesus Nazareno, Rey de los Judíos) escrito "en hebreo, en griego y en latín" (19:19, 20). Jesús quería que todos, tanto griegos como judíos, lo "vieran" en su muerte, resurrección y ascensión al cielo; es decir, quería que todos entendieran la naturaleza de su venida. "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraerá a mí mismo" (12:32).
12:24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; -- Esta enseñanza nos recuerda de las muchas parábolas de Jesús. Con estas El preparaba la mente humana para recibir verdades espirituales; es decir, de una manera muy interesante y eficaz, ilustraba verdades espirituales por medio de los principios de la naturaleza bien conocidos por todos.
Con esta comparación enseña la necesidad de su muerte, porque la vida solamente llega por medio de una muerte (WB). "Como el germen de vida en el grano de trigo puede pasar a otros granos solamente por medio de partir del grano original y dejarlo muerto, de esa manera la vida que estaba en Cristo Jesús podría pasar a sus discípulos solamente por medio de su muerte" (JWM).
Es posible guardar el grano en un lugar seco por miles de años, pero si se guarda así es inútil porque no produce fruto. Al someterse a la muerte Cristo era como el grano de trigo que cae en la tierra para rendirse a la muerte.
-- pero si muere, lleva mucho fruto. -- Si el grano se rinde a la muerte, en lugar de ser un grano será cien granos. La hora de Jesús había llegado (13:1; 17:1) y con esta figura explica por qué su muerte era necesaria (Mat. 16:21). En la naturaleza la muerte de la simiente es necesaria para la producción del fruto, y de acuerdo con este principio, Jesús estaba dispuesto a morir, porque sin su muerte no habría cosecha espiritual (la salvación de almas perdidas).
De la misma manera, sus discípulos deben estar dispuestos a morir para llevar mucho fruto por Cristo. Algunos piensan que los hermanos (mayormente evangelistas) no se cuidan cuando son muy activos, viajando, predicando y enseñando día y noche para salvar almas, para edificar las iglesias y adelantar la obra; piensan que muy pronto se van a acabar, pero no estamos en este mundo simplemente para cuidarnos. A veces los de edad avanzada piensan que se están cuidando cuando en realidad se están oxidando. "Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas" (2 Cor. 12:15). Léase 2 Cor. 11:24-28; Pablo estaba perdiendo la vida para salvarla (Hech. 20:24).
12:25 El que ama su vida, la perderá; -- El egoísmo del hombre lo destruye. Jesús no amó su propia vida, sino que la perdió para salvarnos. Estaba dispuesto a dejar caer el grano de trigo en la tierra para que muriera. El que ama su vida es como aquel que no deja caer el grano de trigo en la tierra. Este vive para su propio gusto y para llevar a cabo su propósito personal (p. ej., gozar de placeres o cosas materiales; agradar a la familia y los amigos). El que ama su vida dice que vivimos una sola vez en este mundo y, por eso, hay que aprovecharla al máximo, pero esta clase de vida es estéril. No vale nada porque no sirve para nada. La frase "el que ama su vida" se ilustra en muchos textos: Mat. 10:37-39; 16:24-26; Mar. 8:34-38; Luc. 9:23-26; 14:26-33; 17:33.
-- y el que aborrece su vida en este mundo, ("todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio") para vida eterna la guardará. -- (5:24-29; 6:39, 40, 44, 54). Aborrecer su vida quiere decir someter la voluntad propia a la voluntad del Señor. El que aborrece su vida en este mundo no busca agradarse a sí mismo, sino agradar al Señor. "Niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mat. 16:24).
12:26 Si alguno me sirve, sígame (que hagan lo mismo que yo, llevando fruto por medio del sacrificio de sí mismo); y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. -- 17:24; Rom. 8:17; 2 Cor. 4:17.
12:27 Ahora está turbada mi alma (Mat. 26:38; Mar. 14:34; ahora casi está en la sombra de la cruz. Aquí se ve la verdadera humanidad de Cristo); ¿y qué diré? -- ¿Qué oración ofreceré al Padre? (JWM).
-- ¿Padre, sálvame de esta hora? -- Desde luego, este texto (12:27, 28) está en perfecta armonía con Mat. 26:39-42; Mar. 14:33-36; y Luc. 22:41-44. Mateo (26:39) dice que Jesús oró, "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú" (así también Mar. 14:36; Luc. 22:42). Según Mat. 26:42, Jesús agrega, "si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad". Desde el principio del ministerio de Jesús Satanás le tentó a evitar la cruz (Mat. 4:8-10).
-- Mas para esto (12:24, 25) he llegado a esta hora (12:23). -- "Esta hora" era la hora de la traición de Judas, de los "juicios" falsos y de la crucifixión (Mat. 26:45; Mar. 14:41). La expresión, "Mas para esto he llegado a esta hora" corresponde a "no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Luc. 22:42). Jesús estaba resuelto a cumplir la voluntad del Padre (4:34; 5:30; Heb. 10:7, 9).
12:28 Padre, glorifica tu nombre. -- 12:23, 24. El Padre sería glorificado por la muerte, resurrección y ascensión de Cristo. (El Padre es glorificado también por la muerte figurada de los discípulos, 12:25; Rom. 12:1, 2; Gál. 2:20).
-- Entonces vino (no un ruido, sino) una voz del cielo (hablando palabras, como en Mat. 3:17; 17:5; al orar Jesús pronunció palabras inteligibles, y al contestarle el Padre pronunció palabras inteligibles): Lo he glorificado (2:11) y lo glorificaré otra vez . -- Cristo fue glorificado en su crucifixión (12:23), en su resurrección, en su exaltación (ascensión y coronación) (Hech. 2:33-36; Fil. 2:10, 11), en los triunfos de la predicación del evangelio (Hech. 2:41, etc.) y en el servicio y adoración consagrados de sus discípulos.
12:29 Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno (Ex. 19:19, "con voz tronante"). Otros decían: Un ángel le ha hablado. -- "Aquí tenemos una ilustración del hecho que a menudo la gente oye distintamente según lo que ellos son. Algunos oyen trueno, otros la voz de ángel, pero Jesús entendió" (FLC) (también Juan). "En todas las revelaciones del cielo, cada uno oye según el grado de su receptividad y de su inteligencia espiritual; no ocurría otra cosa con la palabra y las enseñanzas del Salvador mismo" (B-S).
12:30 Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía -- no era necesario convencer a Jesús que el Padre le había oído, 11:41, 42, pero era de mucho consuelo para El; probablemente el significado sea, "No ha venido esta voz solamente por causa mía, etc.", como en 6:27.
-- sino por causa de vosotros. -- Para que su fe aumentara (Luc. 17:5). Era una voz comprensible; de otro modo, ¿cómo les podría ayudar? ¿Por qué creyeron algunos que un ángel le había hablado? Porque oyeron una voz. En el caso de Saulo de Tarso es cierto que los que le acompañaron oyeron la voz sin entenderla (Hech. 9:7; 22:9), pero en ese caso Cristo no habló "por causa de" ellos, sino solamente para comunicarse con Saulo.
12:31 Ahora ("esta hora", 12:23, 27; Jesús dice ahora, hablando proféticamente; es decir, sin faltar el diablo será vencido. Dice ahora, pues, a causa de la certeza de lo que dice) es el juicio de este mundo (3:17-19; sobre "los hijos de desobediencia", Efes. 2:2); ahora el príncipe de este mundo (14:30; 16:11; Mat. 4:8, 9; 2 Cor. 4:4; Efes. 2:2; 6:12; 1 Jn. 5:19) será echado fuera. -- 16:33. Será quitado de su trono (el corazón del hombre) (AH), pero ¿cuándo y cómo? Cuando Cristo murió en la cruz fue hecho posible la victoria sobre Satanás, porque cuando el hombre es atraído a Cristo (12:32), Satanás es echado fuera. Sin embargo, Satanás no es echado fuera de los corazones de los que rehúsan ser atraídos a Cristo.
Al morir Jesús en la cruz, parecía que las fuerzas de Satanás habían derrotado a Jesús, pero en realidad en la cruz el poder de Satanás fue destruido. En la cruz Jesús le hirió ("te herirá en la cabeza", Gén. 3:15). Otro más fuerte que Satanás le venció, le quitó todas sus armas en que confiaba, y repartió el botín (Luc. 11:21, 22; Efes. 4:8). Después de su resurrección Jesús dijo, "Toda potestad (autoridad, LBLA) me es dada" (Mat. 28:18; Efes. 1:19-22). "Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col. 2:15). El Apocalipsis habla del triunfo de Cristo (3:20; 12:10; 20:1-3).
La cruz de Cristo no era, pues, una victoria para Satanás, sino para Cristo, porque al morir destruyó "por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2:14, 15). Por medio de la muerte de Cristo Dios puede perdonar nuestros pecados, y de esa manera "nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo" (Col. 1:13). Así pues en esto Satanás pierde y Cristo gana. "La cruz llegó a ser un trono" (BWJ).
Eramos esclavos de Satanás, pero habiendo sido bautizados ya no servimos más al pecado (Rom. 6:4-6). Por eso, por medio de la muerte de Cristo en la cruz, Satanás perdería muchos esclavos. Ahora en Cristo "somos más que vencedores" (Rom. 8:37).
Satanás ya no tenía el mismo poder como antes sobre las naciones para engañarles (Apoc. 20:3), porque ahora el evangelio expone sus mentiras.
Muchos creen que cuando Cristo venga la segunda vez, establecerá su reino, pero este texto (12:31), como también los otros textos citados aquí, muestran que en su primera venida Cristo venció a Satanás y que, habiéndole vencido, estableció su reino. "Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios" (Mat. 12:28).
12:32 Y yo, si fuere levantado de la tierra (3:14; 8:28; si el grano de trigo cae en la tierra y muere, 12:24), a todos (tanto a los griegos, como estos que querían verlo, 12:21, como a los judíos) atraeré (6:44, 45; el hombre no es empujado hacia Cristo, sino atraído a Cristo por medio del evangelio, véase 6:44, 45, notas) a mí mismo. -- "Por la vía de la Cruz, la única vía al Padre (14:6)" (ATR). Esto indica una gran victoria sobre Satanás, pues los que son atraídos a Cristo han sido esclavos de Satanás. Al leer estas palabras, las entendemos y aceptamos, pero para la gente de esa ocasión seguramente parecerían presuntuosas. Jesús, sin embargo, sabía Quién era, de Quién había venido, por qué había venido, y qué sería el resultado de su crucifixión.
Cristo siempre ha tenido imán o magnetismo para atraer a sí mismo a mucha gente. Durante su ministerio personal multitudes le siguieron (Mat. 4:25; 8:1); los doce apóstoles dejaron todo para seguirle (Mat. 19:27); muchos dejaron familias, tierras, etc. para seguirle (Mar. 10:29, 30). La enseñanza de Jesús atrajo a la gente (6:44, 45; 7:45, 46; Mat. 7:28, 29). El poder de Jesús atrajo a los hombres (Luc. 5:26).
Ahora habla del magnetismo central: el de la cruz. Tiene magnetismo porque el inocente Cordero de Dios -- voluntariamente, y con espíritu de perdonar --, murió por el mundo de pecadores. Este es el evangelio que es el poder de Dios para atraer y salvar al hombre (Rom. 1:16; 2 Tes. 2:14).
También la vida fiel de los discípulos de Jesús tiene poder magnético (Mat. 5:16; 1 Tim. 4:12; 1 Ped. 3:1-4), porque adorna la doctrina de Cristo (Tito 2:10).
12:33 Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir. -- La gente entendía que la expresión, "si fuere levantado de la tierra" significaba la crucifixión.
12:34 Le respondió la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. -- Así era su interpretación de los textos que hablaron del dominio eterno del Mesías (p. ej., Isa. 9:6, 7, "lo dilatado de su imperio y la paz no tendrá límite"; Sal. 89:4, "Y edificaré tu trono por todas las generaciones"; al hablar del Hijo del Hombre, Daniel dijo (7:14), "Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido"; Ezeq. 37:25, "Mi siervo David será príncipe de ellos para siempre"). Ellos creían que estos textos que hablaban del Mesías querían decir que El vencería a todos sus enemigos, y que reinaría para siempre en Jerusalén sobre los judíos aquí en la tierra.
No hicieron caso de Isa. 53 y otros textos que claramente profetizaban la muerte del Mesías.
-- ¿Cómo, pues, dices tú ("En oposición a la ley {la Escritura})" (ATR) que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? -- Su Entrada Triunfal indicó claramente que El era el Mesías, pero ahora ¿por qué hablaría de ser levantado? Era obvio que al hablar de sí mismo Jesús usó la expresión "el Hijo del Hombre", pero al mismo tiempo dice que este Hijo del Hombre había de ser levantado. Para ellos eso era una contradicción y, por eso, preguntaron, "¿Quién es este Hijo del Hombre?" Parece que estaban pensando, "Tú estarás hablando de otro mesías", porque no podían reconciliar estos conceptos que, para ellos, eran contradictorios.
"El Hijo del Hombre es el que descendió de los cielos (3:13), habla el lenguaje de su Padre celestial (8:28), es el vínculo entre el cielo y la tierra (1:51), cumple una misión de inspiración celestial (sufriendo por su pueblo, 3:14), tiene autoridad de los cielos para ejercer como juez tanto en el presente como en el futuro (5:27), es el pan del cielo, que el hombre debe comer (6:27, 53), es, en consecuencia, el objeto de la fe (9:35)" (GH).
12:35 Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz (Cristo mismo, 1:4, 55, 7, 8; 7:33; 8:12; 9:4, 5) entre vosotros (compárese 12:34, "el Cristo permanece para siempre"); andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas (1 Tes. 5:4); porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va (1 Jn. 2:11). -- ¿Por qué no contestó su pregunta? El conoce el corazón del hombre (2:24, 25) y tal vez no les contestara por no ver seriedad en ellos, ni la capacidad para entender su respuesta.
12:36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. -- En lugar de contestar su pregunta (probablemente insincera) les exhorta a que aprovechen su oportunidad de ser hijos de luz (Mat. 5:14; Efes. 5:8; 1 Tes. 5:5). Los "hijos de luz" son los que llevan una vida iluminada por el evangelio.
12:37, 38 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? -- Las señales registradas por Juan eran y son suficientes para convencer a cualquier persona sincera de que Cristo es el Hijo de Dios (Jn. 20:30, 31), pero no convencen a los que no quieren convencerse, porque no les conviene. Esta dureza de corazón fue profetizada por Isaías (6:10).
Es muy importante que los jóvenes entiendan que los que creen en Cristo no son ignorantes o supersticiosos; tampoco rechazan la ciencia (verdadera). Las señales hechas por Jesús eran y son adecuadas para producir la fe en cualquier persona sincera. Cristo quiere que todos piensen y razonen. El requiere que el hombre crea en El (que es el Hijo de Dios) porque ha mostrado la evidencia de esta verdad. Cristo quiere que los jóvenes (y todos) investiguen las evidencias y pruebas de su divinidad. Quiere que usen su intelecto. ¡El uso del intelecto no destruye la fe!
La palabra prejuicio quiere decir "juicio u opinión sobre algo antes de tener verdadero conocimiento de ello" (Larousse). Es indispensable que todos (mayormente los jóvenes) reconozcan que muchos incrédulos tienen un fuerte prejuicio contra Dios y contra la verdad, porque son pecadores y, por eso, están condenados por Dios. Por ejemplo, muchos creen en la evolución, pero aceptan esta "explicación" del origen del hombre, porque buscan una salida para no creer en la creación. Si aceptaran que Dios es el Creador, tendrían que aceptar que El es el Juez, y si aceptaran que Dios es el Juez, entonces no podrían -- con buena conciencia -- seguir en su vida de libertinaje. Los "científicos" aceptaron la evolución simple y sencillamente porque estaban resueltos a rechazar la creación. Tales incrédulos tienen corazones duros y conciencias cauterizadas. El problema, pues, no es intelectual, sino moral; es decir, no tiene nada que ver con la evidencia o la falta de evidencia para creer en Dios y en Cristo, sino más bien tiene que ver con la astucia del hombre que busca alguna manera "científica" para justificarse en su rebelión contra Dios. Es muy importante que los jóvenes entiendan esto para que no sean engañados por las palabras huecas y "los argumentos de la falsamente llamada ciencia" (1 Tim. 6:20).
12:39, 40 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane. -- ¿Cómo cegó Dios los ojos de ellos? ¿Cómo endureció su corazón? ¿Lo hizo con un decreto arbitrario e irresistible? ¿Lo hizo en contra de la voluntad de los judíos? Sin duda alguna el pueblo gozaba de su libre albedrío y podía haber aceptado a Cristo. Si los judíos -- o algunos de ellos -- hubieran estado bajo algún decreto de endurecimiento, ¿por que predicarles? ¿Por qué presentarles las señales y otras evidencias, si de ninguna manera podrían aceptarlas?
¿Cómo, pues, los endureció el Señor? Lo que su palabra hace, El hace. El mandamiento que Dios entregó a Faraón -- por medio de Moisés y Aarón -- endureció su corazón. Así también la verdad revelada por Cristo endureció el corazón de los judíos. Lo que Dios dijo a Faraón no era agradable a él, y la verdad enseñada por Jesús no era agradable a los judíos. En los dos casos la voluntad humana no estaba dispuesta a someterse a la voluntad de Dios, y la consecuencia ineludible es el endurecimiento del corazón. El mismo evangelio endurece el corazón de algunos, y suaviza el corazón de otros. (El sol endurece el barro y suaviza la cera.)
12:41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él. -- Isaías era el profeta mesiánico. Al ver la gloria de Jehová, vio la gloria de Cristo (14:9; Isa. 6; 7:14; 9:6). Ampliamente describe al "Siervo de Jehová" (caps. 42-53). Isaías vio la gloria de la cual Jesús habla en 13:31, "Ahora es glorificado el Hijo del Hombre" (Isa. 53). Isaías vio la gloria del eterno Cristo antes de su venida al mundo, y Juan la vio después (1:14, 18).
12:42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos (muchos, aun de los gobernantes, LBLA) creyeron en él; -- Aunque "los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que ... le prendiesen" (11:47), muchos, e incluso algunos de los mismos gobernantes, creyeron en El.
-- pero a causa de los fariseos no lo confesaban, -- (compárese Hech. 6:7). En esta frase Juan describe una verdadera tragedia. "José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos" (19:38). ¿Cuánto vale el discipulado secreto? El discípulo secreto se avergüenza de Cristo (Mar. 8:38). Quiere lo mejor de ambos mundos, pero del mundo celestial no obtendrá nada a menos que se arrepienta. Lo que no cuesta nada no vale nada. Estos gobernantes no querían entender que cuesta caro confesar y seguir a Cristo porque el discipulado es de supremo valor (Mat. 13:44-46).
Los que no confiesan a Cristo se avergüenzan de El, como los novios que se casan en secreto se avergüenzan el uno del otro. Se dice que lo hacen por temor de alguien o de algo; por ese mismo motivo los gobernantes no confesaban a Cristo. Sea lo que fuera el pretexto, la verdad es que el discípulo secreto y los novios que se casan en secreto tienen vergüenza de la relación -- sea el discipulado o el matrimonio -- y no quieren aceptar la consecuencia de ella. El matrimonio es ratificado por los testigos que acompañan a los novios (Mat. 22:13, "bodas" quiere decir "fiesta de boda"; 25:10 "entraron con él a las bodas"; Luc. 12:36, "aguardan a que su señor regrese de las bodas"). Los textos que hablan de bodas se refieren a eventos públicos. ¿Dónde está el texto que hable del matrimonio secreto? Si los novios no están dispuestos a aceptar la consecuencia de su matrimonio (p. ej., el enojo de la familia y el compromiso de vivir juntos hasta la muerte de uno de ellos), no deben casarse, y los que confiesen a Cristo deben estar dispuestos a ser "expulsados" de cualquier "sinagoga".
-- para no ser expulsados de la sinagoga. -- 9:22. Si hubieran confesado a Cristo, sus socios los habrían expulsado de la sinagoga (y la vida judía). Habrían perdido sus puestos, su prestigio y sus riquezas, pero al continuar amarrados a tales incrédulos ¿adónde los llevarían? (Mat. 23:37 - 24:3). ¿El no confesar a Cristo no les costaría nada de valor?
La fe de los que por temor no confiesan a Cristo no vale nada (Mat. 10:32, 33; Mar. 8:38; Rom. 10:9, 10), porque es una fe muerta (Sant. 2:24-26).
En cuanto a la cuestión de si la fe es el único requisito para ser salvo, este versículo clara y concluyentemente da la respuesta negativa. La fe sola no salva a nadie. A los comentaristas sectarios les gusta analizar la fe de tales personas. Por ejemplo, dicen que la fe de estos gobernantes era simplemente una "media fe", o una "convicción racional ... pero no una confianza salvadora en Cristo" (AH). El hablar de la fe que viene de la mente pero no del corazón (AWP) no tiene sentido, porque el corazón es, según su uso en la Biblia, la mente ("con el corazón se cree", Rom. 10:10), pero también el corazón es la voluntad ("propuso en su corazón", 2 Cor. 9:7). Estos gobernantes creyeron en Cristo, pero no propusieron en su corazón obedecerle. "El hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (Sant. 2:24). Estos gobernantes tenían fe, pero solamente fe, y la fe sola no salva.
Les faltó mucho: (1) no reconocieron que eran pecadores perdidos; por eso, no se humillaron como el publicano que dijo, "Dios, sé propicio a mí, pecador" (Luc. 18:13); (2) no se arrepintieron de sus pecados (Luc. 13:1-5); (3) "no lo confesaban"; (4) "desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan" (Luc. 7:30). Sin embargo, ellos sí creyeron, pues Juan lo dice; por lo tanto, si la fe sola salva, entonces fueron salvos sin humillarse, sin arrepentirse, sin confesar a Cristo, y sin el bautismo para perdón de los pecados.
Los sectarios se contradicen a sí mismos. Predican la salvación por la fe sola, pero entonces dicen que la fe salvadora confesará a Cristo. Si la confesión es necesaria para la salvación, entonces la fe no es el único requisito para ser salvo. Ellos enseñan que, aparte de la fe y la confesión, también es necesario amar a Dios (Mat. 22:37), arrepentirse de los pecados (Luc. 13:3, 5), e invocar al nombre del Señor (Rom. 10:13). Entonces, deben dejar de afirmar que el hombre puede ser salvo por la fe sola, y predicar el evangelio puro que requiere estos actos de obediencia y también el bautismo para perdón de los pecados (Hech. 2:38).
12:43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. -- 5:44. El deseo de complacer a los hombres sofocaba su convicción. Si se ponen estas dos cosas en la balanza, ¿cuál pesa más? ¿Cuál tendrá más importancia? Compárese Deut. 30:15, 19, "Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal ... escoge pues, la vida".
Estos gobernantes querían la aprobación -- la aceptación, la buena voluntad -- de los judíos que tendría algo de valor para ellos solamente unos cuantos años más, mientras que la aceptación de Dios es un beneficio eterno. Es otro caso trágico de buscar beneficios del momento y descuidar los beneficios duraderos (2 Cor. 4:17).
Se perderán los que buscan la gloria (el favor, la aceptación, la buena voluntad) de otras personas (familiares, amigos, alumnos, socios, clientes) y no buscan el favor de Dios. ¿Qué bendición gozarán en el Día Final los gobernantes que tenían la aprobación del Sanedrín? ¿Qué aprovechará al hombre si ganare la buena voluntad de familiares y amigos, y perdiere su alma?
Aquí está una de las decisiones más importantes de esta vida. Todos tenemos que escoger entre el favor del hombre y el favor de Dios, porque es imposible complacer a los dos. "¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios" (Sant. 4:4).
12:44 Jesús clamó y dijo: -- La palabra clamar indica la intensidad de la enseñanza de Jesús (7:28, 37; compárese 1:15, "Juan dio testimonio de él, y clamó"). Los que rechazaron a Cristo estaban sin excusa, porque El les habló clara y fuertemente. Los hombres se avergonzaban del mensaje de Jesús, pero El lo proclamó "a voz en cuello" (Isa. 58:1), y siguió haciéndolo sabiendo que los judíos estaban resueltos a matarle.
Este texto (12:44-50) es como un resumen de lo que Jesús había enseñado: (1) es igual al Padre; (2) es la Luz del mundo; (3) no vino al mundo para juzgar sino para salvar; (4) la enseñanza de Jesús nos juzgará en el Día Final; y (5) su mensaje le fue dado por el Padre.
-- El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; -- Aquí Jesús vuelve al tema de su unidad con el Padre. El que cree en Cristo no solamente cree en El, sino también cree en El que lo envió, porque son uno (10:30). Compárese 6:27, "Trabajad, no (solamente) por la comida que perece, sino (también) por la comida que a vida eterna permanece".
Al creer en Cristo creemos en El que lo envió, porque Cristo es la vida, la luz del mundo, el agua de la vida, el pan de la vida, la puerta, el Buen Pastor, el camino, la verdad y la vida, y la resurrección y la vida. Si algún mero hombre se hubiera atrevido a decir esto de sí mismo, todos habrían sabido que padecía demencia, pero Cristo lo dijo y lo confirmó con muchas señales verdaderas.
12:45 y el que me ve, (el que oye sus enseñanzas, ve sus señales y discierne que verdaderamente El es el Hijo de Dios e igual a Dios, 5:18) ve al que me envió. -- Al conocer al Hijo conocemos también al Padre (1:14; 8:19; 14:9; Heb. 1:3). Al ver a Cristo, vemos al Padre; al oír a Cristo, oímos al Padre. Podemos ver "la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Cor. 4:6).
Los "testigos" del Atalaya no pueden ver a Jehová del cual hablan sin cesar, porque enseñan que Cristo no era Dios (1:1), sino "un dios". Siendo politeístas (creen en dos dioses), los "testigos" son idólatras.
12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. -- (8:12). Cuando Cristo vino el mundo estaba lleno de tinieblas, no solamente en el mundo gentil, sino también en el judaísmo. Cristo es la única luz, porque es la única revelación verdadera de Dios. Los que no siguen a Cristo permanecen en tinieblas. Está disponible la luz, pero muchos prefieren las tinieblas.
En su primera carta (1:5) Juan dice, "Dios es luz"; Cristo dice, "Yo, la luz". Por lo tanto, Cristo es Dios. "Y no hay ningunas tinieblas en él". Cuando Cristo vino, El encontró a su pueblo separado de esta luz por causa de sus pecados (Isa. 59:1, 2). El es la luz -- la única luz -- que puede acabar con todas las tinieblas (1:4; 3:17-19; 8:12).
12:47 Al que oye mis palabras (enseñanzas), y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo (Luc. 19:10; 1 Tim. 1:13). -- Otra vez aquí (como en 3:16-19), Jesús enfatiza que no era necesario venir al mundo para condenar al hombre, porque ya estaba condenado. Más bien, vino al mundo para salvar al hombre. Estos textos ponen el énfasis sobre su obra de salvar. Ahora Cristo es -- sobre todo -- nuestro Salvador y Mediador. Sin embargo, ineludiblemente Cristo sí es el Juez del mundo (3:17-19; 5:22, 27, 30; 8:16; 9:39). ¿Cuántos pensarán que Jn. 3:16 es texto de juicio? El acto supremo de amor se convierte en un juicio sobre el hombre. Cada quien, por su actitud hacia ese Don de Dios, se juzga a sí mismo. "La salvación era el objetivo, pero el juicio era la consecuencia" (DG)
12:48 El que me rechaza, y no recibe mis palabras (son inseparables Cristo y sus enseñanzas), tiene quien le juzgue; -- "tiene" ahora mismo, aun en esta vida, pues ya comenzó el juicio; cada uno está delante del tribunal de Cristo, porque el verdadero juez de la humanidad es el evangelio (Rom. 2:16).
-- la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero (final, LBLA) -- En este texto Jesús pone el énfasis sobre su enseñanza como la base del juicio. Ya había hablado del "día postrero" (6:39, 40, 44, 54; 11:24; compárese 1 Cor. 15:52). Muchos textos hablan del juicio final: Rom. 2:12, 16; 2 Cor. 5:10; Hech. 17:31; 24:25; Apoc. 20:11, 12. En el Día Final seremos juzgados por el evangelio que Pablo predicó (Rom. 2:16), pero aun ahora, durante nuestra vida aquí en la tierra, la enseñanza de Cristo nos está juzgando; p. ej., Mat. 7:24-28, ahora mismo los que oyen y obedecen edifican sobre la roca; Mar. 16:16, "el que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado". ¿Cuándo? Los que han creído y sido bautizados reciben el perdón de los pecados ahora (Hech. 2:38). ¿Cuándo será condenado el que no creyere? Ya está condenado, porque todavía está en sus pecados.
La enseñanza de Jesús (p. ej., Mat. 5:22, 28, 32; 7:1, 2; 12:36, 37), como también la de sus apóstoles (p. ej., 1 Cor. 11:29, 31, 34; 2 Tim. 2:11, 12) nos juzgan ahora mismo. Los que desobedecen esta enseñanza son juzgados por ella aun durante esta vida. "Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad" (Sal. 96:13). "Habéis de ser juzgados por la ley de la libertad" (Sant. 2:12); en realidad ahora mismo cada quien se juzga a sí mismo por la ley de la libertad. En el Día Final nuestra vida será comparada con la norma divina, la enseñanza de Cristo, pero ahora en esta vida sucede lo mismo; es decir, en la actualidad estamos bien o estamos mal ante los ojos de Dios. Por eso, debemos examinar nuestra vida nosotros mismos para reconocer cuándo estamos mal y hacer las correcciones necesarias (1 Cor. 11:31; 2 Cor. 13:5; Sant. 1:22-27).
Ahora mismo, pues, sabemos (1) a quién servimos (Mat. 6:24; Rom. 6:17, 18); (2) en qué camino andamos (Mat. 7:13, 14); (3) si andamos en la luz o en las tinieblas (Jn. 12:35; 1 Jn. 1:5-7); (4) si estamos en el reino de Cristo o todavía en el reino de las tinieblas (Col. 1:13). Por lo tanto, en Aquel Día no habrá sorpresas para los que siguen a Cristo, porque sabemos de antemano que seremos juzgados por su enseñanza, la misma enseñanza que nos está juzgando durante esta vida. El verdadero juez de los condenados será el evangelio rechazado. Desde luego, habrá sorpresas para muchos infieles, porque ni siquiera creen que habrá juicio. También les sorprenderá que Cristo sea Juez.
Por lo tanto, ahora mismo todos están en el proceso de juzgarse a sí mismos. Cuando los judíos de Antioquía de Pisidia rechazaron el evangelio, Pablo les dijo, "la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna" (Hech. 13:46). ¿Pablo juzgó que ellos no eran dignos de la vida eterna? ¿Quién juzgó a quién? Ellos se juzgaron a sí mismos. ¿Cuándo lo hicieron? Cuando desecharon la palabra. En ese momento esa misma palabra les juzgó, y al mismo tiempo ellos se juzgaron a sí mismos. ¿Qué fue su veredicto para ellos mismos? Que no eran dignos de la vida eterna.
Hoy en día ¿a quién puede el hombre culpar por estar condenado? ¿Al predicador? No, sino solamente a sí mismo. En el juicio algunos querrán discutir con el Señor (Mat. 7:22), pero si estos hubieran hecho una investigación objetiva de la enseñanza de Jesús para aceptar la verdad, no estarían decepcionados del resultado en el Día Final.
Este texto enseña la responsabilidad del hombre. Todos pueden y deben aceptar la enseñanza de Cristo. Refuta, pues, la doctrina (llamada la predestinación) de que el hombre perdido no tiene la capacidad para aceptar la enseñanza de Cristo a menos que Dios obre por otro medio aparte de la palabra para regenerarlo, porque de esa manera el hombre no sería responsable. Muchos creen que un hombre muerto (en pecados) no puede hacer nada, pero léase 5:25. Todos los que no obedecen al evangelio serán castigados (2 Tes. 1:7-9).
12:49 Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; -- como una persona que hablara aparte o independientemente del Padre. "Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió" (7:15, 16).
Si Jesús hubiera sido un mero hombre, habría hablado por su "propia cuenta" como un oficial eclesiástico (papa, cardenal, arzobispo, obispo, sacerdote) de Roma, o como un presidente, obispo u otro oficial protestante.
-- el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. -- "Las palabras que me diste, les he dado ... Yo les he dado tu palabra" (17:8, 14). Dios dijo a Moisés, "Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él hablará todo lo que yo le mandare" (Deut. 18:18). "Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia" (Heb. 5:8).
12:50 Y sé que su mandamiento es vida eterna. -- 6:68. Nos da vida eterna si obedecemos "su mandamiento" ("todo el consejo de Dios", Hech. 20:27, es decir, el evangelio). El evangelio es, pues, el maná que desciende del cielo para alimentar el alma.
-- Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho. -- Porque "esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (17:3).
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