CAPÍTULO IV
Versículos 1. Los amos cumplen su deber con sus siervos. 2—6. Las personas de todos los rangos
tienen que perseverar en la oración y en la prudencia cristiana. 7—9. El apóstol se refiere a
otros para dar cuenta de sus asuntos. 10—18. Envía saludos y concluye con una bendición.
V. 1. El apóstol procede a tratar el deber de los amos con sus siervos. No sólo se les pide justicia,
sino estricta equidad y bondad. Deben tratar a los siervos como esperan que Dios los trate a ellos.
Vv. 2—6. No pueden desempeñarse rectamente los deberes si no perseveramos en la oración
ferviente, y velamos con acción de gracias. La gente tiene que orar en particular por sus ministros.
—Se exhorta a los creyentes a una conducta justa con los incrédulos. Tened cuidado en todo lo que
converséis con ellos, en hacerles el bien, y dar prestigio a la religión por todos los medios lícitos. La
diligencia para redimir el tiempo da buen testimonio de la religión ante la buena opinión ajena. Aun
lo que sólo es un descuido puede causar un perjuicio duradero a la verdad. —Todo discurso debe ser
discreto y oportuno, como corresponde a los cristianos. Aunque no siempre sea de gracia, siempre
debe ser con gracia. Aunque nuestro discurso sea sobre algo común, debe ser, sin embargo, de un
modo cristiano. La gracia es la sal que sazona nuestro discurso e impide que se corrompa. No basta
con responder lo que se pregunta a menos que también respondamos rectamente.
Vv. 7—9. Los ministros son siervos de Cristo y consiervos unos de otros. Ellos tienen un Señor
aunque tengan diferentes puestos y poderes para el servicio. Gran consuelo en los problemas y
dificultades de la vida es tener compañeros cristianos que se preocupen por nosotros. —Las
circunstancias de la vida no hacen diferencia para la relación espiritual entre los cristianos sinceros;
ellos participan de los mismos privilegios y tienen derecho a las mismas consideraciones. ¡Qué
cambios sorprendentes hace la gracia divina! Los siervos infieles llegan a ser hermanos amados y
fieles, y algunos que habían hecho el mal, llegan a ser colaboradores del bien.
Vv. 10—18. Pablo tuvo diferencias con Bernabé debido a Marcos, pero no sólo se reconciliaron,
sino que lo recomienda a las iglesias; un ejemplo del espíritu cristiano que perdona verdaderamente.
Si los hombres han sido culpables de una falta, no siempre debe serles recordadas en su contra.
Debemos olvidar y perdonar. —El apóstol tuvo el consuelo de la comunión de santos y ministros.
Uno es su consiervo, otro es compañero de prisiones, y todos son sus colaboradores, ocupados en su
salvación y dedicándose a promover la salvación de otros. —La oración eficaz, ferviente, es la
oración que prevalece y sirve de mucho. Las sonrisas, los halagos o el enojo del mundo, el espíritu
de error, o la obra del amor propio, conduce a muchos a un modo de predicar y de vivir que dista
mucho de cumplir con el ministerio de ellos, pero los que predican la misma doctrina que Pablo, y
siguen su ejemplo, pueden esperar el favor divino y su bendición.
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