lunes, febrero 28

COMENTARIO DE LEVITICO CAPITULO 23

Levítico 23



Introducción. Este capítulo revela las leyes relacionadas con las fiestas solemnes. Compárese Núm. 28:16 - 29:40.



23:2 -- "las fiestas solemnes". La palabra "fiesta", como se usa ahora, lleva la idea de diversión. Los israelitas habían de re­gocijarse especialmente durante la fiesta de los Tabernáculos, pero en realidad la expresión "fiesta solemne" no se refería a la alegría. Por el contrario, como vemos en el ver. 27, habían de afligirse para el día de la expiación. "Fiesta solemne" sig­nifica, pues, una solemnidad religiosa, un día o grupo de días designado como santo por Dios, y las varias actividades prescritas por El que le correspondían.

-- "las cuales proclamaréis como santas convocaciones", tiempos de reunirse. "Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos. Y ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías" (Deut. 16:16). También, Ex. 23:14-17.



23:3 -- "el séptimo día", véanse Gén. 2:3; Ex. 20:8-11; Deut. 5:15, "Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Je­hová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Je­hová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo". Este versículo nos hace ver claramente que los israelitas (y solamente ellos) habían de guardar el séptimo día para recordar que fueron esclavos en Egipto y que Dios les había sacado de allí.

-- "ningún trabajo haréis", prohibición absoluta. Recuérdese Núm. 15:32-36. Véanse también Ex. 20:10; 21:14; 35:2, 3; Deut. 5:14. Al descansar un día de los sie­te, el israelita consagraba sus trabajos de la semana a Dios, dando reconocimiento a El como Dueño de la tierra y como el Gran Bienhechor que hace fértil la tierra para que fructifique "llenando de sustento y de alegría nuestros corazones" (Hech. 14:17).



23:5 -- "en el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová".

A. El primer mes era Abib o Nisán.

B. Ex. 12:6, 11, 15-20 narra los detalles de esta fiesta que era para conmemorar la salvación de los primogénitos de los is­raelitas.

C. Cristo es nuestra pascua, 1 Cor. 5:7; Juan 1:29.



23:6 -- "Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de los panes sin levadura a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura".

A. Se celebraba esta fiesta los días 15 al 21 del mismo mes de Abib. Comenzó, pues, inmediatamente después de la pas­cua.

B. El propósito de esta fiesta era para recordar su salida victoriosa de Egipto bajo la mano de Dios. Véase Ex. 13:1-10.



23:7 -- "ningún trabajo de siervos haréis", en contraste con "ningún trabajo", ver. 3.



23:10 -- La fiesta de las primicias de la cosecha de la cebada, Ex. 23:19.

A. Léase Deut. 26:1-11, las palabras significativas que el oferente había de declarar al ofrecer las primicias: él declaraba que Dios los había sacado de Egipto para llevarlos a la tierra "que fluye leche y miel", y que ahora presentaba las primicias a Dios, "primicias del fruto de la tierra que me diste". Es un texto muy hermoso.

B. Esta fiesta era expresión clara de su dependencia de Dios. Véanse Sal. 104:13-15; Oseas 2:8, 9; Jer. 5:23, 24.



23:11 -- "el día siguiente del día de re­poso la mecerá".

A. Recuérdese que el primer día de la fiesta de panes sin levadura era día de descanso, ver. 7 ("ningún trabajo de sier­vos haréis"). Este primer día caía siempre en el día 15 de Nisán (Abib), porque el día 14 de Nisán era el día indicado para la pascua (ver. 5).

B. "El día siguiente del día de reposo" (ver. 11) era el día 16, o el segundo día de la fiesta de panes sin levadura. Re­cuérdese que en varios textos la expresión "día de reposo" no significa el séptimo día. Dice el ver. 7, "el primer día tendréis santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis"; era, pues, día de reposo.



23:14 -- "No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios".

A. Cuando el israelita traía "al sacer­dote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega" para ser mecida "delante de Jehová", entonces toda la cosecha se ofrecía a Dios y de esta manera era consagrada.

B. Este texto dice enfáticamente que era indispensable que se presentara a Dios su porción antes de que ellos comieran. Todo primogénito era posesión de Dios. Las primicias de la cosecha era posesión de Dios. Jesús dice, "Buscad primeramente el reino de Dios y su justi­cia" (Mat. 6:33). Dios no acepta segundo lugar en nuestras vidas. No quiere so­brantes. "Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud" (Sal. 50:12). Por lo tanto, es im­portante que ofrendemos a Dios con­forme a lo que nos haya prosperado y no según lo que nos sobre después de com­prar comida, pagar renta y las cuentas.

23:15 -- "Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová".

A. Esta fiesta se llamaba "la fiesta de las semanas, la de las primicias del trigo" (Ex. 34:22; Deut. 16:10); "el día de las primicias, cuando presentéis ofrenda nueva a Jehová en vuestras semanas" (Núm. 28:26); y en el Nuevo Testamento la palabra "Pentecostés" (quincuagésimo) se usa en Hech. 2:1; 20:16; 1 Cor. 16:8.

B. "Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo", o sea el día 16 de Nisán. El día 15, siendo el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, era "día de re­poso". Desde luego, el día 15 podía caer en cualquier día de la semana (compárese el 16 de septiembre o el 4 de julio).

C. Esta fiesta se llamaba "la fiesta de las semanas", porque habían de contar sie­te semanas, contando desde el día que seguía al día de reposo. El inglés deja el asunto confuso diciendo "seven sabbaths", pero el español traduce correctamente al decir "siete semanas". La palabra shabbath se traduce "día de reposo" y la palabra shabua se traduce "semana", pero en Lev. 23:15 y 25:8 la palabra shabbath se traduce "semanas".

D. "Siete semanas cumplidas", es decir, siete semanas completas. Aquí algunas versiones inglesas dicen, "seven sabbaths ... complete", pero esta expresión no habla de siete "sabbaths" (sábados), sino de siete semanas. La palabra "sabbath" nunca se usa para indicar semana y, por eso, esta traducción causa confusión.



23:16 -- "Hasta el día siguiente del sép­timo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Je­hová".

A. En este versículo las versiones castellanas causan confusión también al decir "séptimo día de reposo" en lugar de "séptima semana". La Versión Valera Re­visada dice correctamente en el ver. 15, "siete semanas cumplidas", aunque las versiones inglesas dicen "seven sabbaths" (siete sábados). Deut. 16:9 dice, "Siete semanas contarás", y en inglés traduce correctamente: "seven weeks" (siete se­manas). Además, esta fiesta se llama "la fiesta de las semanas", porque "desde que comenzare a meterse la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas" (Deut. 16:9).

B. Tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo Testamento la misma palabra se usa para traducir "día de re­poso" y "semana" y esto ha causado mucha confusión. Compárense Lev. 25:8; Mat. 28:1; Luc. 18:12, etc. El contexto decide cuál debe ser (día de reposo o semana). Lev. 23:15 decide en este contexto porque dice claramente, "siete semanas cumpli­das" y no "siete días de reposo cumplidos". Nunca se calcula el tiempo hablando de un medio día de reposo.

C. Por lo tanto, en el ver. 16, "Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo" debe ser "hasta el día siguiente de la sép­tima semana". No se contaban días de re­poso, sino semanas.

D. No conviene afirmar, pues, con toda certeza que el día de Pentecostés siempre caía en el primer día de la semana. Es cierto que el día de Pentecostés en que la iglesia se estableció cayó en el primer día de la semana y esto es importante. Esto se puede afirmar con toda confianza. Pero algunos se fijan mucho en la palabra "sabbaths" ("días de reposo") y no en la idea central de "semanas".

E. El "nuevo grano" era el trigo.



23:17 -- "dos panes para ofrenda mecida ... cocidos con levadura, como primicias para Jehová". Compárese 2:11, 12.



23:18 -- Con estos sacrificios y ofrendas los israelitas se regocijaban en el Señor, dándole gracias y gloria como Señor de las cosecha (Henry).



23:21 -- "santa convocación". La santa convocación más importante de todas se celebró el día de Pentecostés después de la resurrección de Jesús (Hech. 2), porque en esa ocasión descendió el Espíritu Santo sobre los apóstoles, el evangelio fue predicado por primera vez y tres mil per­sonas obedecieron al evangelio y de esta manera quedó establecida la iglesia del Señor. En ese día el Señor recogió una "cosecha" muy importante.



23:22 -- "para el pobre y para el extran­jero". Véase 19:9, 10, notas.

A. Todavía sigue la instrucción con res­pecto a la cosecha. Al recibir tanta bendi­ción de Dios, el pueblo debería recordar a los pobres para compartir sus bendiciones con ellos.

B. La gratitud hacia Dios se expresaba con la benevolencia hacia los necesitados.

C. Cristo vino al mundo para predicar a los pobres (Luc. 4:18). Las iglesias del primer siglo eran diligentes para ayudar a los santos pobres (Hech. 11:27-30; Rom. 15:25-27; 1 Cor. 16:1-4; 2 Cor. 8:1-5; 9:1, 13).



23:24 -- "En el mes séptimo, al primero del mes tendréis día de reposo, una con­memoración al son de trompetas, y una santa convocación".

A. "tendréis día de reposo" en cualquier día de la semana.

B. El séptimo mes se llamó "Ethanim" (1 Reyes 8:2), y después se llamaba "Tisri". Este mes era el principio del año civil.

C. Núm. 29:2-6 habla de los sacrificios y ofrendas indicados para esa ocasión.

D. Varios días del séptimo mes eran consagrados a Dios: "al primero del mes", el día para sonar las trompetas; "a los diez días", día de la expiación (ver. 27); "a los quince días", la fiesta de los tabernáculos (ver. 34). Había convocaciones y cesación de trabajo. La fiesta de los tabernáculos duraba una semana.



23:27 -- Día de la expiación. Véase el cap. 16, notas.



23:29 -- "Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de su pueblo". La expiación de los pecados no era posible si el pueblo no se humillaba para arrepentirse y confesar sus pecados. Véanse Sal. 51; Hech. 2:37; 2 Cor. 7:7-10.



23:32 -- "Día de reposo será", el día que fuera.



23:34 -- "la fiesta solemne de los tabernáculos". Véase Núm. 29:12-34.

A. Durante la fiesta de los tabernáculos los israelitas habían de regocijarse, recor­dando la providencia de Dios durante su peregrinación de cuarenta años en el de­sierto. Los vers. 42, 43 dicen, "En tabernáculos habitaréis siete días; todo natural de Israel habitará en tabernáculos, para que sepan vuestros descendientes que en tabernáculos hice yo habitar a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto. Yo Jehová vuestro Dios".

B. El "tabernáculo" (enramada, Ver­sión Moderna; "cabañas", Versión Nacar-Colunga; el margen de La Biblia de las Américas dice "enramadas" o "tiendas"). Varios textos en los libros de Exodo, Le­vítico, Números y Deuteronomio emplean la palabra "tienda" al referirse a la habitación de los israelitas en el desierto. El desierto no era su destino y las tiendas indicaban la naturaleza temporal y provisional de su estadía allí. Ahora cada año había de vivir en cabañas para recor­dar aquellos años en el desierto.

C. Al celebrar esta fiesta por siete días era muy fácil regocijarse porque "a los quince días del mes séptimo" ya "hayáis recogido el fruto de la tierra".

D. Léanse los siguientes textos para ampliar la idea del cuidado y protección de Dios durante el tiempo de su peregri­nación en el desierto: Deut. 8:3, 4, "te sus­tentó con maná ... tu vestido nunca se en­vejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años"; Deut. 8:15, 16, "que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien"; Sal. 31:21; Isa. 4:6 es un texto apropiado para la fiesta de los tabernáculos: "y habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refu­gio y escondedero contra el turbión y con­tra el aguacero". De estos textos, y espe­cialmente Deut. 8:15, 16 vemos que en la sabiduría de Dios y conforme al plan de Dios, los israelitas habían de morar en el desierto bajo la mano proveedora y pro­tectora de Dios para recibir soste­nimiento y protección en un lugar donde de otro modo no hubiera sido posible la existencia.

E. Cada año, pues, al regocijarse por causa de sus frutos y cosechas, también deberían recordar los favores pasados y de esta manera tener doble gozo en el Señor. Así también nosotros debemos regoci­jarnos por lo que Dios nos ha hecho en el pasado como también por los bienes de cada día.



23:38 -- "además de los días de reposo de Jehová, de vuestros dones, de todos vuestros votos, y de todas vuestras ofrendas volun­tarias que acostumbráis dar a Jehová".

A. Los requisitos de sacrificios y ofren­das para estas fiestas solemnes eran aparte de o en adición a los sacrificios y ofrendas ordinarios; es decir, los sacrifi­cios que correspondían al día de reposo y todos los que se ofrecían como dones, de votos u ofrendas voluntarias, no se sus­pendían ni se posponían por causa de los sacrificios y ofrendas indicados para las fies­tas solemnes. La gente debería seguir ofreciéndolos aun durante estas fiestas.

B. ¿Qué dirían los miembros de la igle­sia si hubiera tales requisitos ahora? Parece que nos gusta enfatizar que no tenemos que diezmar y que todos los sa­crificios y ofrendas de la ley eran sola­mente para los judíos. También a muchos les gusta la idea de que la salvación se nos da gratuitamente, que todo es de balde. Pero nos conviene leer y predicar fre­cuentemente tales textos como Mat. 16:24-26; 10:37; Luc. 14:25-33, etc. La sal­vación que se nos da de balde cuesta todo. El cristiano no "da diez por ciento" sino ciento por ciento.

C. Nos conviene explicar que el diezmo no corresponde al dar, sino que era un impuesto para sostener a los levitas. Era el impuesto de su gobierno para sostener a sus oficiales que eran tanto civiles como religiosos. Pero los israelitas, al igual que nosotros, daban voluntariamente y ¡cuántas ofrendas hacían! Eran muchas y costosas las ofrendas de los israelitas. ¿A cuántos cristianos les gustaría hacer una comparación sincera entre lo que daban los israelitas y lo que ofrendamos nosotros? Muy posiblemente tal compara­ción nos dejaría avergonzados.



23:40 -- "Y tomaréis el primer día ramas con fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos, y sauces de los arroyos, y os regocijaréis de­lante de Jehová vuestro Dios, por siete días".

A. Compárese Neh. 8:15, 16.

B. Dice Dios, "os regocijaréis"; era mandamiento para los israelitas. Dice Deut. 16:15, "y estarás verdaderamente alegre". Compárese Neh. 8:13-18. Recordemos esos textos al leer Fil. 4:4-6, "Regocijaos en el señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!" ¿Es justo y razonable que el apóstol nos dé tal mandamiento?



23:43 -- Véase el ver. 34.





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LEVITICO CAPITULO 23

Levítico 23


1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo: 2Habla á los hijos de Israel, y diles: Las solemnidades de Jehová, las cuales proclamaréis santas convocaciones, aquestas serán mis solemnidades. 3Seis días se trabajará, y el séptimo día sábado de reposo será, convocación santa: ninguna obra haréis; sábado es de Jehová en todas vuestras habitaciones.

4Estas son las solemnidades de Jehová, las convocaciones santas, á las cuales convocaréis en sus tiempos. 5En el mes primero, á los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová. 6Y á los quince días de este mes es la solemnidad de los ázimos á Jehová: siete días comeréis ázimos. 7El primer día tendréis santa convocación: ningúna obra servil haréis. 8Y ofreceréis á Jehová siete días ofrenda encendida: el séptimo día será santa convocación; ninguna obra servil haréis. 9Y habló Jehová á Moisés, diciendo: 10Habla á los hijos de Israel, y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra que yo os doy, y segareis su mies, traeréis al sacerdote un omer por primicia de los primeros frutos de vuestra siega; 11El cual mecerá el omer delante de Jehová, para que seáis aceptos: el siguiente día del sábado lo mecerá el sacerdote. 12Y el día que ofrezcáis el omer, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto á Jehová. 13Y su presente será dos décimas de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida á Jehová en olor suavísimo; y su libación de vino, la cuarta parte de un hin. 14Y no comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en todas vuestras habitaciones.

15Y os habéis de contar desde el siguiente día del sábado, desde el día en que ofrecisteis el omer de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán: 16Hasta el siguiente día del sábado séptimo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis nuevo presente a Jehová. 17De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de flor de harina, cocidos con levadura, por primicias á Jehová. 18Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año sin defecto, y un becerro de la vacada y dos carneros: serán holocausto á Jehová, con su presente y sus libaciones; ofrenda encendida de suave olor á Jehová. 19Ofreceréis además un macho de cabrío por expiación; y dos corderos de un año en sacrificio de paces. 20Y el sacerdote los mecerá en ofrenda agitada delante de Jehová, con el pan de las primicias, y los dos corderos: serán cosa sagrada de Jehová para el sacerdote. 21Y convocaréis en este mismo día; os será santa convocación: ninguna obra servil haréis: estatuto perpetuo en todas vuestras habitaciones por vuestras edades. 22Y cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu siega; para el pobre, y para el extranjero la dejarás: Yo Jehová vuestro Dios.

23Y habló Jehová á Moisés, diciendo: 24Habla á los hijos de Israel, y diles: En el mes séptimo, al primero del mes tendréis sábado, una conmemoración al son de trompetas, y una santa convocación. 25Ninguna obra servil haréis; y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová. 26Y habló Jehová á Moisés, diciendo: 27Empero á los diez de este mes séptimo será el día de las expiaciones: tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová. 28Ninguna obra haréis en este mismo día; porque es día de expiaciones, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios. 29Porque toda persona que no se afligiere en este mismo día, será cortada de sus pueblos. 30Y cualquiera persona que hiciere obra alguna en este mismo día, yo destruiré la tal persona de entre su pueblo. 31Ninguna obra haréis: estatuto perpetuo es por vuestras edades en todas vuestras habitaciones. 32Sábado de reposo será á vosotros, y afligiréis vuestras almas, comenzando á los nueve del mes en la tarde: de tarde á tarde holgaréis vuestro sábado.

33Y habló Jehová á Moisés, diciendo: 34Habla á los hijos de Israel, y diles: A los quince días de este mes séptimo será la solemnidad de las cabañas á Jehová por siete días. 35El primer día habrá santa convocación: ninguna obra servil haréis. 36Siete días ofreceréis ofrenda encendida á Jehová: el octavo día tendréis santa convocación, y ofreceréis ofrenda encendida á Jehová: es fiesta: ninguna obra servil haréis. 37Estas son las solemnidades de Jehová, á las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y presente, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo: 38Además de los sábados de Jehová y además de vuestros dones, y á más de todos vuestros votos, y además de todas vuestras ofrendas voluntarias, que daréis á Jehová. 39Empero á los quince del mes séptimo, cuando hubiereis allegado el fruto de la tierra, haréis fiesta a Jehová por siete días: el primer día será sábado; sábado será también el octavo día. 40Y tomaréis el primer día gajos con fruto de árbol hermoso, ramos de palmas, y ramas de árboles espesos, y sauces de los arroyos; y os regocijaréis delante de Jehová vuestro Dios por siete días. 41Y le haréis fiesta á Jehová por siete días cada un año; será estatuto perpetuo por vuestras edades; en el mes séptimo la haréis. 42En cabañas habitaréis siete días: todo natural de Israel habitará en cabañas; 43Para que sepan vuestros descendientes que en cabañas hice yo habitar á los hijos de Israel, cuando los saqué de la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios. 44Así habló Moisés á los hijos de Israel sobre las solemnidades de Jehová.

domingo, febrero 27

COMENTARIO DE LEVITICO CAPITULO 22

Levítico 22



Introducción. Este capítulo contiene ins­trucciones para Aarón y sus hijos acerca de las ofrendas.



22:2 -- "Di a Aarón y a sus hijos que se abstengan de las cosas santas". Esta es una ley general, ilustrada por todo lo que sigue en el capítulo, y tiene que ver con la in­mundicia.

-- "cosas santas", las porciones de las ofrendas del pueblo que pertenecían a los sacerdotes. No deberían tratar a éstas como cosas comunes. El punto aquí es que los sacerdotes no deberían participar de ellas si hubiera cualquier inmundicia en ellos.

-- "me han dedicado", tiene referencia especialmente a las ofrendas alzadas y mecidas, Núm. 18:8-20. Aquí hay otra ad­vertencia contra el descuido en el manejo de cosas sagradas.



22:3 -- "teniendo inmundicia sobre sí".

A. Este es el punto principal. El ver. 3 es más específico que el ver. 2, y aun este versículo será explicado e ilustrado por los versículos que siguen.

B. Dice el Sal. 89:7, "Dios temible en la gran congregación de los santos". Los sa­cerdotes tenían que usar de mucho cuidado para no profanar el santuario.

C. Dice 1 Tim. 2:8, "Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levan­tando manos santas, sin ira ni contienda". Debemos acercarnos a su trono con toda reverencia, temor, santidad y sinceridad, evitando toda impureza.

D. Jeremías 48:10 dice, "Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Je­hová".



22:4 -- "leproso".

A. La lepra no hace acepción de per­sonas; era transmitida al sacerdote como a cualquier israelita.

B. Pero ¿por qué hacer ley especial para los sacerdotes cuando ya se había dado una ley cubriendo todos los casos de la lepra? La familiaridad puede producir el descuido, y aun la aversión. Los sacer­dotes vivían con cosas santas; se exponían a ellas continuamente, todo el día y todos los días. Existía siempre el peligro de des­cuidarse. Incluso podían pensar que ellos, siendo grupo especial y apartado, pudieran estar exentos de la aplicación es­tricta de estas leyes sobre la inmundicia, teniendo una libertad que los demás no tenían.

C. Sin embargo, según indica este capí­tulo, la ley se aplicaba aun más estricta­mente a ellos. Compárese Sant. 3:1.

-- "tocare ... cadáveres". 19:28; Núm. 19:22.

-- "derramamiento de semen". 15:16, 18.



22:6 -- "la persona", el sacerdote.

-- "hasta la noche", al ponerse el sol (ver. 7) podía bañarse y entonces comer de cosas santas.

-- "y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su cuerpo con agua". Bajo la ley de Cristo nos lavamos en el bautismo antes de participar de las bendi­ciones espirituales en Cristo.



22:8 -- 17:15, 16, pero repetido aquí con referencia especial a los sacerdotes. Toda cosa que él comía tenía el "sabor" del tabernáculo. Podía pecar aun en su propia casa. Compárese Ezeq. 4:14.



22:10 -- "Ningún extraño comerá cosa sagrada; el huésped del sacerdote, y el jor­nalero, no comerán cosa sagrada".

A. El "extraño" aquí no se refiere a los no israelitas, sino a toda persona que no era miembro de la familia del sacerdote.

B. Al comer de cosas santas, el sacer­dote no podía invitar a otros que no eran sacerdotes a comer. Ignorando esta pro­hibición, el sacerdote hubiera pecado y también hubiera hecho pecar al huésped o jornalero. Estos podían estar en la casa sin ser de la casa (Henry). En este sentido sus amigos y vecinos más cercanos eran "extraños".



22:11 -- "comprare ... esclavo ... nacido". Estos se incorporaban en su familia. Compárese Ex. 21:2, 20, 21.



22:13 -- "si la hija del sacerdote fuere viu­da o reprobada ... vuelto a la casa ..." Vuelve a ser parte de la familia, pero nótese que si tuviera hijo, tanto ella como el niño quedan excluidos.



22:14 -- "por yerro". Tal pecado era per­donable, pero la cosa debía restaurarse, añadiéndole la quinta parte. Los sacer­dotes, al igual que los demás, tenían que hacer todo lo posible por evitar el "yerro".



22:15 -- "No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehová". Este versículo es semejante al ver. 2, siendo una prohibi­ción general; los demás versículos suplen los detalles.



22:16 -- "les harían llevar la iniquidad del pecado".

A. Pecarían ellos, pero los sacerdotes "les harían" hacerlo.

B. ¡Cuántas veces la Biblia habla de hacer pecar a otro! 1 Reyes 12:25-33; 14:16; Núm. 25 (Apoc. 2:14); Mat. 5:32; 15:14; 18:6; Prov. 4:16; 1 Sam. 2:24; Mal. 2:8, etc.



22:18-22 -- "ofrenda en pago de sus votos o como ofrenda voluntaria ofrecidas en holocausto".

A. El énfasis aquí está en que sea "sin defecto". El ofrecer un animal sin defecto era una prueba de la sinceridad. Mal. 1:8 dice, "Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos". Este texto en Malaquías demuestra lo razo­nable de la ley de Dios. ¿Cómo tratan los súbditos a su monarca? Demuestran su respeto, amor y lealtad, dándole presentes de la mejor calidad.

B. Mat. 6:33 dice, "Mas buscad prime­ramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas". Dice el canto, "Da lo mejor al Maestro". Esto es muy razonable. Los sacrificios y ofrendas se presentaban con el fin de alabar a Dios, para darle gracias, para honrarle y obtener su favor. El tiene que ser com­placido por nosotros si esperamos recibir sus bendiciones. Además, si no le damos lo mejor de nuestro servicio, El no sola­mente no nos bendecirá, sino que también nos castigará. Muchas veces se encendió la ira de Dios por causa de sus sacrificios no aceptables.

C. Aun el hombre más pobre no podía ofrecer a Dios algún animal con defecto.



22:23 -- "podrás ofrecer por ofrenda vo­luntaria". La ley permitía una excepción en el caso de una "ofrenda voluntaria", pero "en pago de voto no será acepto".



22:28 -- "no degollaréis en un mismo día a ella y a su hijo". Ex. 23:19; Deut. 22:6, 7. Posiblemente esta ley tuviera que ver con la relación sagrada entre pariente y su cría.



22:30 -- Compárese 7:15; 19:5, 6, 17.



22:31 -- "Guardad ... cumplidlos". 19:37, "poned por obra".



22:32 -- "para que yo sea santificado en medio de los hijos de Israel". Aquí está el propósito de estos reglamentos. Re­cuérdese que la expresión "Yo Jehová" se encuentra 16 veces en el cap. 19.



22:33 -- "os saqué de la tierra". Israel tenía que santificarse porque Jehová era su Dios, Jehová es santo, y ellos eran el pueblo de Dios que los había sacado de Egipto.





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LEVITICO CAPITULO 22

Levítico 22


1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo: 2Di á Aarón y á sus hijos, que se abstengan de las santificaciones de los hijos de Israel, y que no profanen mi santo nombre en lo que ellos me santifican: Yo Jehová. 3Diles: Todo varón de toda vuestra simiente en vuestras generaciones que llegare á las cosas sagradas, que los hijos de Israel consagran á Jehová, teniendo inmundicia sobre sí, de delante de mí será cortada su alma: Yo Jehová. 4Cualquier varón de la simiente de Aarón que fuere leproso, ó padeciere flujo, no comerá de las cosas sagradas hasta que esté limpio: y el que tocare cualquiera cosa inmunda de mortecino, ó el varón del cual hubiere salido derramamiento de semen; 5O el varón que hubiere tocado cualquier reptil, por el cual será inmundo, ú hombre por el cual venga á ser inmundo, conforme á cualquiera inmundicia suya; 6La persona que lo tocare, será inmunda hasta la tarde, y no comerá de las cosas sagradas antes que haya lavado su carne con agua. 7Y cuando el sol se pusiere, será limpio; y después comerá las cosas sagradas, porque su pan es. 8Mortecino ni despedazado por fiera no comerá, para contaminarse en ello: Yo Jehová. 9Guarden, pues, mi ordenanza, y no lleven pecado por ello, no sea que así mueran cuando la profanaren: Yo Jehová que los santifico.

10Ningún extraño comerá cosa sagrada; el huésped del sacerdote, ni el jornalero, no comerá cosa sagrada. 11Mas el sacerdote, cuando comprare persona de su dinero, ésta comerá de ella, y el nacido en su casa: estos comerán de su pan. 12Empero la hija del sacerdote, cuando se casare con varón extraño, ella no comerá de la ofrenda de las cosas sagradas. 13Pero si la hija del sacerdote fuere viuda, ó repudiada, y no tuviere prole, y se hubiere vuelto á la casa de su padre, como en su mocedad, comerá del pan de su padre; mas ningún extraño coma de él. 14Y el que por yerro comiere cosa sagrada, añadirá á ella su quinto, y darálo al sacerdote con la cosa sagrada. 15No profanarán, pues, las cosas santas de los hijos de Israel, las cuales apartan para Jehová: 16Y no les harán llevar la iniquidad del pecado, comiendo las cosas santas de ellos: porque yo Jehová soy el que los santifico.

17Y habló Jehová á Moisés, diciendo: 18Habla á Aarón y á sus hijos, y á todos los hijos de Israel, y diles: Cualquier varón de la casa de Israel, ó de los extranjeros en Israel, que ofreciere su ofrenda por todos sus votos, y por todas sus voluntarias oblaciones que ofrecieren á Jehová en holocausto; 19De vuestra voluntad ofreceréis macho sin defecto de entre las vacas, de entre los corderos, ó de entre las cabras. 20Ninguna cosa en que haya falta ofreceréis, porque no será acepto por vosotros. 21Asimismo, cuando alguno ofreciere sacrificio de paces á Jehová para presentar voto, ú ofreciendo voluntariamente, sea de vacas ó de ovejas, sin tacha será acepto; no ha de haber en él falta. 22Ciego, ó perniquebrado, ó mutilado, ó verrugoso, ó sarnoso ó roñoso, no ofreceréis éstos á Jehová, ni de ellos pondréis ofrenda encendida sobre el altar de Jehová. 23Buey ó carnero que tenga de más ó de menos, podrás ofrecer por ofrenda voluntaria; mas por voto no será acepto. 24Herido ó magullado, rompido ó cortado, no ofreceréis á Jehová, ni en vuestra tierra lo haréis. 25Y de mano de hijo de extranjero no ofreceréis el pan de vuestro Dios de todas estas cosas; porque su corrupción está en ellas: hay en ellas falta, no se os aceptarán. 26Y habló Jehová á Moisés, diciendo: 27El buey, ó el cordero, ó la cabra, cuando naciere, siete días estará mamando de su madre: mas desde el octavo día en adelante será acepto para ofrenda de sacrificio encendido a Jehová. 28Y sea buey ó carnero, no degollaréis en un día á el y á su hijo. 29Y cuando sacrificareis sacrificio de hacimiento de gracias á Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. 30En el mismo día se comerá; no dejaréis de él para otro día: Yo Jehová. 31Guardad pues mis mandamientos, y ejecutadlos: Yo Jehová. 32Y no amancilléis mi santo nombre, y yo me santificaré en medio de los hijos de Israel: Yo Jehová que os santifico; 33Que os saqué de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios: Yo Jehová.

viernes, febrero 25

COMENTARIO DE LEVITICO CAPITULO 21

Levítico 21



Introducción.

A. Este capítulo revela leyes para preservar la santidad de los sacerdotes. El propósito de ellas era exaltar el oficio sagrado y mantener su honor y dignidad.

B. Los sacerdotes tenían a su cargo el santuario sagrado, y esto era suficiente razón para evitar toda contaminación y para guardarse santos en toda manera.



21:1 -- "Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y diles que no se contaminen por un muerto en sus pueblos". El contacto con al­gún muerto dejaba inmundo al sacerdote por siete días. La compasión es cualidad que todo sacerdote debía poseer, y le con­venía sostener una relación estrecha con la gente. Siempre había muertes entre ellos y los sacerdotes eran compasivos; sin embargo, si el sacerdote no tenía cuidado de no tocar algún muerto, no podría ejercer su ministerio. Era muy necesario que se guardaran limpios para poder acer­carse a Dios por sí mismos y por el pueblo.



21:2, 3 -- Podían contaminarse los sa­cerdotes solamente por sus parientes cer­canos, pero compárese el caso del sumo sacerdote, vers. 10, 11.



21:4 -- La ley general. Los específicos de ella se encuentran en todo el resto del capítulo.



21:5 -- Habían de evitar toda costum­bre pagana y supersticiosa al enlutarse. Estas leyes se dieron a todo el pueblo (véase 19:27), pero en especial a los sa­cerdotes, porque éstos tenían que ser ejemplos para los demás. La ley se repite, pues, y se enfatiza en estas instrucciones para los sacerdotes. No hay "sacerdocio especial" en la iglesia, sino que todos los miembros son un sacerdocio real (1 Ped. 2:9), pero hay una lección valiosa aquí para los ancianos de la iglesia (1 Ped. 5:1-3), y para los evangelistas (1 Tim. 4:12), como también para maestros (Sant. 3:1).

Estas costumbres paganas se mencio­nan también en Deut. 14:1; Jer. 9:25; 25:23; 49: 32: "Tonsura" (véase 19:27, no­tas). "rasguñas", véanse Núm. 5:2; 6:6; 9:6, 7, 10; Deut. 14:1. Estas cosas se practica­ban para estimular las emociones en el luto.



21:6 -- "... porque las ofrendas encendi­das para Jehová y el pan de su Dios ofrecen; por tanto, serán santos". La vida y conducta del sacerdote había de conformarse a la dignidad y solemnidad de su vocación. Compárese Efes. 4:1, "Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis lla­mados". ¿Era más solemne la vocación del sacerdote levítico que la nuestra? Dice Fil. 1:27, "Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo".



21:7 -- "Con mujer ramera o infame no se casarán, ni con mujer repudiada de su marido ..."

A. El sacerdocio levítico era heredi­tario. La esposa del sacerdote era la madre de otros sacerdotes. Este oficio sagrado había de elevarse y no despre­ciarse.

B. Desde luego, los sacerdotes levíticos se casaban. La práctica del celibato de la Iglesia Católica Romana no tiene base en la Biblia. Los apóstoles estaban casados (Mat. 18:14; 1 Cor. 9:5). Los ancianos tienen que ser hombres casados (1 Tim. 3:2; Tito 1:6; 1 Ped. 5:1).

C. El sacerdote tenía que ser pru­dente en la selección de su compañera. Tanto ella como él tenían que ser per­sonas irreprensibles. El sacerdote, siendo ejemplar en su matrimonio y en su con­ducta en general, elevaba también al pueblo. Pero si el sacerdote se conta­minaba a sí mismo, haciéndose secular y profano, ¿qué esperanza había para el pueblo? La historia de Israel es muy triste, porque en lugar de elevar al pueblo, los sacerdotes se bajaban al nivel del pueblo en su desobediencia. De esta manera el pueblo no tenía dirección responsable. Los pastores se corrompían (Ezeq. 34). Isaías (24:1-14) predijo el juicio de Dios sobre la tierra, diciendo, "Y sucederá así como al pueblo, también al sacerdote ... la tierra será enteramente vaciada, y com­pletamente saqueada ..."

D. Es necesario que la esposa e hijos del anciano estén sujetos a él. El ministe­rio de muchos predicadores ha sufrido por causa de la conducta de su familia. El que piensa predicar el evangelio debe ser muy prudente en la selección de su compañera, y debe enseñar bien a sus hijos. El matri­monio y el hogar tienen mucho que ver con el ministerio.

E. La esposa de Cristo debe ser sin mancha, 2 Cor. 11:2, 3; Efes. 5:26, 27; Fil. 2:15, 16.



21:9 -- "Y la hija del sacerdote, si comen­zare a fornicar, a su padre deshonra; que­mada será al fuego".

A. Dios demandó que hubiera un con­traste agudo entre su pueblo y los paganos; los sacerdotes y sus familias servían de ejemplo para los demás. Com­párense Gén. 18:19; Josué 24:15.

B. ¿Qué diremos de los hijos de los an­cianos y predicadores? Un hombre no puede ser seleccionado como anciano si sus hijos son culpables de disolución y re­beldía (Tito 1:6). Como todos saben, la in­fluencia del predicador es afectada por la conducta de su familia.

C. Recuérdese el ejemplo de los hijos de Elí (1 Sam. 2 y 3) y de David (1 Reyes 1). Muchos hombres han sido avergonza­dos por la conducta de sus hijos. Por lo tanto, es necesario sujetar a los hijos a la obediencia y disciplina durante su niñez. Si aprenden la obediencia, la pureza, la justicia y la diligencia durante la niñez, habrá menos problemas con ellos cuando estén grandes.

-- "quemada será al fuego". Compárese 20:14; Deut. 21:18-21 da más detalles del tratamiento del hijo rebelde. Dicen mu­chos que la pena capital no sirve, que no es efectiva, pero Dios dice, "así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá". ¿Quién tendrá razón?



21:10-12 -- "Y el sumo sacerdote", li­teralmente, "Aquel sacerdote, el grande". Esta es la primera referencia al sumo sa­cerdote.

-- "sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción". 4:3; 8:12; Sal. 133. Era su corona de gloria y honra.

-- "no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos ..." No podía sepultar a sus propios padres, ni llorar su muerte. No se le permitió exhibir ningún "señal de duelo" (10:6, el caso de los hijos de Aarón).

A. Jesucristo tenía contacto con los muertos pero El venció la muerte, dando vida a los muertos. Un día demostrará este poder resucitando a todos los muer­tos (Juan 5:27, 28; 1 Cor. 15:24-27, 50-58).



21:13-15 -- "Tomará por esposa a una mujer virgen. No tomará viuda, ni repu­diada ..." La ley era aun más estricta para el sumo sacerdote.



21:17-21 -- "Ninguno ... que tenga algún defecto, se acercará ..."

A. Dios requería la perfección en las víctimas que se ofrecían y también re­quería la perfección en los que las ofrecían.

B. La causa de estos defectos no se tomó en cuenta. Si nació así, si fue cau­sado por la enfermedad o por algún acci­dente, la ley decía sencillamente que "ningún varón en el cual haya defecto se acercará".



21:22 -- "Del pan de su Dios, de lo muy santo y de las cosas santificadas, podrá comer".

A. Estos serían sostenidos de los sacri­ficios y ofrendas. "Lo muy santo" significa lo que solamente los sacerdotes habían de comer (2:3; 6:25). Los sacerdotes con de­fectos no se trataban como hombres in­mundos en cuanto al derecho de comer con los demás, pero "no se acercará para ofrecer el pan de su Dios". No debería acer­carse "tras el velo, ni se acercará al al­tar" (ver. 23), es decir, no podía funcionar como sacerdote.

B. La ley de Cristo no excluye a nadie por causa de defectos físicos y hay muchos santos que, a pesar de ser ciegos, cojos, sordos, etc., siguen diariamente ofre­ciendo sacrificios espirituales a Dios. Hay muchas almas hermosas en cuerpos en­fermos, y hay muchas almas feas en cuer­pos sanos. Recuérdese 2 Cor. 4:16.

Observación. Recordemos que Dios re­quería perfección en el sacerdocio. Jesu­cristo, nuestro Sumo Sacerdote, es per­fecto. Nosotros nos acercamos a Dios por medio de Jesucristo (Heb. 4:16; 7:25; 10:22) y Dios requiere la perfección en nosotros (Mat. 5:48; 2 Cor. 7:1; 13:9, 11; Sant. 1:2-4; 2:22).





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jueves, febrero 24

COMENTARIO DEL CAPITULO 20 DE LEVITICO

Levítico 20



Introducción.

A. El énfasis en este capítulo es la pena de varios pecados.

B. Otra vez se repite la advertencia, "no sea que os vomite la tierra en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella" (ver. 22).



20:2 -- "Cualquier varón ... que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc", véase 18:21, notas.

-- "de seguro morirá". La pena era se­vera, pero esta práctica era aun más cruel. Ningún castigo sería demasiado severo para esta abominación. Los israelitas se convertían en salvajes al destruir a sus propios hijos, ofreciéndolos a Moloc. Du­rante este "servicio" la gente gritaba para no oír los gritos de los niños.

Según la sabiduría divina la pena de muerte es medio efectivo para frenar la idolatría, la hechicería, el incesto y otras prácticas depravadas. Ante los ojos de Dios los que practican tales cosas han perdido el derecho de vivir.

-- "el pueblo de la tierra lo apedreará". Tal acción no era venganza personal, sino la venganza de Dios. El pecado afecta a todos. La nación entera podía ser destrui­da por causa de tales actos abominables. Dios requería que todos tomaran parte en matar a los culpables para que lo serio del problema fuera grabado en la mente de cada uno.



20:3 -- "Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre el pueblo". Este texto hace claro que la palabra "cortar" significaba "muerte" (ver. 2).

-- "contaminando mi santuario". Aunque algunas personas estaban in­mundas por haberse contaminado ofre­ciendo a sus hijos a Moloc, se atrevían a acercarse al santuario de Dios. Esto era insulto doble. Compárense 15:31; 16:16.



20:4 -- "Si el pueblo de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón que hubiere dado de sus hijos a Moloc, para no matarle ..." Dios protesta contra esa actitud irre­verente, porque tales personas eran cóm­plices en la abominación, dando su con­sentimiento y cooperación. La indiferen­cia hacia el pecado desagrada a Dios (véase 1 Cor. 5:1, 2).



20:5 -- "entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón ..." Dios lo castigará si los magistrados y el pueblo cierran sus ojos y rehusan hacerlo. Recuérdese la ad­vertencia de Heb. 10:31; 12:29.



-- "fornicaron ..." Tal idolatría se llamó "fornicación" espiritual porque era infi­delidad a Dios, pero se practicaba varias formas de fornicación física en el culto pagano. Véase Núm. 25.



20:6 -- "encantadores y adivinos ..." véase 19:26, notas. Dice Ex. 22:18, "a la hechicera no dejarás que viva". El énfasis de Lev. 20 es el castigo de estos pecados.



20:7, 8 -- "Santificaos, pues, y sed san­tos", es decir, apartarse de todas estas prácticas paganas, y obedecer los estatu­tos de Dios (ver. 8, "y guardar mis estatu­tos, y ponedlos por obra").



20:9 -- "Todo hombre que maldijere a su padre y a su madre, de cierto morirá". Véase 19:3, notas. Es un crimen contra el hijo no enseñarle a respetar y obedecer a sus padres. El que no respeta a sus padres, puede aun maldecir no solamente a sus padres sino también a su esposa e hijos. Debe haber un lazo fuerte entre padres e hijos; de otro modo se destruye el hogar. El joven irreverente llega a ser adulto irre­verente incapaz de amar a su propia es­posa e hijos. Muchas veces el hijo desobe­diente llega a ser un déspota que abusa de su propia esposa e hijos.

-- "morirá". Compárese Deut. 21:18-21.



20:10 -- "Si un hombre cometiere adulte­rio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muer­tos". Véase 18:20; 20:14; Deut. 5:18. El én­fasis aquí en este texto es la pena: "indefectiblemente (sin faltar) serán muertos".



20:11 -- Véase 1 Cor. 5:1. Bajo la ley de Moisés la pena de este pecado era la muerte; bajo la ley de Cristo el culpable puede arrepentirse y ser perdonado (2 Cor. 2:6, 7).



20:13 -- "Si alguno se ayuntare con varón como mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su san­gre".

A. Esta práctica abominable trajo el fuego y azufre a Sodoma, Gomorra y las demás ciudades del la llanura.

B. Este texto dice claramente que los homosexuales habían de sufrir la pena de muerte por este pecado. Por eso, es en ex­tremo absurdo decir que la homosexuali­dad es una enfermedad, o que sea una condición biológica (asunto de los genes o caracteres hereditarios) y, por eso, una condición fuera del control de la persona. Si fuera así, Dios sería injusto al castigar­les, pero la Biblia enfáticamente enseña que la homosexualidad es un pecado y que los homosexuales deben arrepentirse. Al­gunos lo han hecho (1 Cor. 6:9-11).

C. Algunos creen que solamente el An­tiguo Testamento condena este pecado, pero el Nuevo Testamento claramente lo denuncia: Rom. 1:26, 27; 1 Tim. 1:10; 1 Cor. 6:9-11.

D. No obstante esta revelación clara de Dios, muchas personas "religiosas" son muy tolerantes hacia este pecado, los ho­mosexuales se reciben en las iglesias, se habla mucho de los derechos de ellos, y se denuncia a los que son intolerantes de este "estilo alternativo de vida". Nos con­viene recordar siempre que Dios decía que tales abominaciones corrompen la nación y harán que la tierra vomite sus habitantes.



20:14 -- "quemarán con fuego" (21:9), es decir, quemar sus cadáveres. Compárese Josué 7:15, 25.



20:15 -- "Cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto y mataréis a la bestia". Los vers. 2, 27 indican que de­berían ser apedreados. Véase también 18:23, notas.



20:20, 21 -- "Morirán sin hijos", un cas­tigo severo, porque el ser estéril era re­proche grande entre los israelitas. Véase 1 Sam. 1, el caso de Ana. Los que murieron sin descendientes fueron olvidados.



20:22 -- "no sea que os vomite la tierra".

A. ¡Qué tierra tan podrida! Los cana­neos practicaban todas estas cosas, baján­dose al nivel de la bestia: vecinos y aun parientes cometían adulterio unos con otros como si fueran animales; el hombre cometía el pecado de incesto con su tía, hermana, cuñada, madrastra; el suegro con la nuera; hombres y mujeres cometían actos sexuales con los del mismo sexo; el hombre tomaba a una mujer y a su madre por esposas; iban a los animales para gratificarse sexualmente y para gratificar a sus dioses. Toda cerca erigida por Dios para preservar la decencia y para promover la felicidad humana se derrumbó. Como un incendio completamente fuera de control o como un camión corriendo a alta veloci­dad sin frenos, así los tales iban descen­diendo a la ruina.

B. La única maravilla es que Dios tu­viera tanta paciencia y misericordia para no echarlos fuera más pronto. Leemos de los tiempos de Noé, de Lot y de estos cananeos, pero ¿qué hemos aprendido? Luc. 17:26-29.



20:24 -- "fluye leche y miel". ¡Qué las­tima que una tierra tan maravillosa estu­viera infectada de tanta corrupción y qué lástima que los israelitas no aprendieran la importancia de apartarse de tales prác­ticas!



20:25 -- "Por tanto, vosotros haréis dife­rencia entre animal limpio e inmundo y en­tre ave inmunda y limpia". Véase cap. 11.

-- "y no contaminéis vuestras personas con los animales, ni con las aves, ni con nada que se arrastra sobre la tierra ..." Las leyes de Dios eran muy estrictas porque "vosotros me seréis un reino de sacer­dotes, y gente santa" (Ex. 19:6). Com­párese 1 Ped. 2:5, 9.



20:26 -- "os he apartado de los pueblos para que seáis míos". Eran simiente de Abraham; no deberían tener amistad con la simiente de la serpiente. Es necesario que haya enemistad declarada y guerra continua entre el pueblo de Dios y el pueblo de Satanás (1 Jn. 2:15-17). El libro de Apocalipsis presenta la gran lucha de los seguidores del Cordero contra el dragón, las bestias y los demás ayudantes del diablo: "Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles" (Apoc. 17:14; compárese 1 Ped. 5:8).

Cristo nos promete la victoria. Somos más que vencedores (Rom. 8:37). Por lo tanto, tenemos que evitar todo compro­miso con el enemigo. Debemos rechazar toda oferta de paz hecha por el mundo. No podemos descansar hasta que Dios nos haya dado la victoria final. Llevamos la armadura completa y nuestra espada es el arma más poderosa en el mundo (Efes. 6:10-19; Heb. 4:12).

Observación. El cap. 20 no es simple­mente una repetición de ciertas leyes, sino que su propósito es enfatizar la pena o el castigo debido: vers. 2, 27 - "morirá"; vers. 2, 27 - "lo apedreará"; ver. 5 - "yo pondré mi rostro contra"; vers. 5, 18 - "le cortaré de entre su pueblo"; vers. 9, 11, 12, 16, 27 - "su sangre será sobre él" (es decir, será res­ponsable y digno del castigo que recibe); ver. 10 - "indefectiblemente serán muertos"; ver. 14 - "quemarán con fuego"; ver. 15 - "ha de ser muerto, y mataréis a la bestia"; vers. 17, 19 - "su pecado llevará"; vers. 20, 21 - "morirán sin hijos".





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LEVITICO CAPITULO 20

Levítico 20


1Y HABLÓ Jehová á Moisés diciendo: 2Dirás asimismo á los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, ó de los extranjeros que peregrinan en Israel, que diere de su simiente á Moloch, de seguro morirá: el pueblo de la tierra lo apedreará con piedras. 3Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo; por cuanto dió de su simiente á Moloch, contaminando mi santuario, y amancillando mi santo nombre. 4Que si escondiere el pueblo de la tierra sus ojos de aquel varón que hubiere dado de su simiente á Moloch, para no matarle, 5Entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón, y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él, prostituyéndose con Moloch. 6Y la persona que atendiere á encantadores ó adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y cortaréla de entre su pueblo. 7Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios. 8Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra: Yo Jehová que os santifico. 9Porque varón que maldijere á su padre ó á su madre, de cierto morirá: á su padre ó á su madre maldijo; su sangre será sobre él.

10Y el hombre que adulterare con la mujer de otro, el que cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, indefectiblemente se hará morir al adúltero y á la adúltera. 11Y cualquiera que se echare con la mujer de su padre, la desnudez de su padre descubrió; ambos han de ser muertos; su sangre será sobre ellos. 12Y cualquiera que durmiere con su nuera, ambos han de morir: hicieron confusión; su sangre será sobre ellos. 13Y cualquiera que tuviere ayuntamiento con varón como con mujer, abominación hicieron: entrambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre. 14Y el que tomare mujer y á la madre de ella, comete vileza: quemarán en fuego á él y á ellas, porque no haya vileza entre vosotros. 15Y cualquiera que tuviere cópula con bestia, ha de ser muerto; y mataréis á la bestia. 16Y la mujer que se allegare á algún animal, para tener ayuntamiento con él, á la mujer y al animal matarás: morirán infaliblemente; será su sangre sobre ellos. 17Y cualquiera que tomare á su hermana, hija de su padre ó hija de su madre, y viere su desnudez, y ella viere la suya, cosa es execrable; por tanto serán muertos á ojos de los hijos de su pueblo: descubrió la desnudez de su hermana; su pecado llevará. 18Y cualquiera que durmiere con mujer menstruosa, y descubriere su desnudez, su fuente descubrió, y ella descubrió la fuente de su sangre: ambos serán cortados de entre su pueblo. 19La desnudez de la hermana de tu madre, ó de la hermana de tu padre, no descubrirás: por cuanto descubrió su parienta, su iniquidad llevarán. 20Y cualquiera que durmiere con la mujer del hermano de su padre, la desnudez del hermano de su padre descubrió; su pecado llevarán; morirán sin hijos. 21Y el que tomare la mujer de su hermano, es suciedad; la desnudez de su hermano descubrió; sin hijos serán.

22Guardad, pues, todos mis estatutos y todos mis derechos, y ponedlos por obra: y no os vomitará la tierra, en la cual yo os introduzco para que habitéis en ella. 23Y no andéis en las prácticas de la gente que yo echaré de delante de vosotros: porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación. 24Empero á vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel: Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos. 25Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio é inmundo, y entre ave inmunda y limpia: y no ensuciéis vuestras personas en los animales, ni en las aves, ni en ninguna cosa que va arrastrando por la tierra, las cuales os he apartado por inmundas. 26Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos, para que seáis míos. 27Y el hombre ó la mujer en quienes hubiere espíritu phitónico ó de adivinación, han de ser muertos: los apedrearán con piedras; su sangre sobre ellos.

miércoles, febrero 23

COMENTARIO DEL LIBRO DE LEVITICO CAPITULO 19

Levítico 19



19:2 -- "Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios". Fue santificado Is­rael por medio de la ley de Dios dada por Moisés. 20:8, "Y guardad mis estatutos, y ponedlos por obra. Yo Jehová que os san­tifico". Cristo dijo en su intercesión por sus apóstoles y discípulos, "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Jn. 17:17). La expresión, "Yo Jehová" aparece 16 ve­ces en este capítulo.



19:3 -- "Cada uno temerá a su madre y a su padre", cada uno de "toda la congre­gación" (ver. 1). Es obligación general. Todos deberían respetar, reverenciar, obedecer y honrar a sus padres. Deut. 27:16 dice, "Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre".

A. Gén. 48:12, aunque José se había exaltado a la posición de gobernador so­bre Egipto, "se inclinó a tierra" delante de su padre.

B. Compárense Ex. 20:8, 12; Mat. 15:1-9 (honrar a los padres requiere que se les cuide en su vejez); Rom. 1:30, "desobedientes a los padres", se encuentra este pecado en la descripción de la vida depravada de los paganos. ¿Cuántas per­sonas creen que la desobediencia a los padres es un pecado contra Dios y que se debe mencionar en la misma categoría de la fornicación, el homicidio y la homose­xualidad?

C. Los padres mismos deben implantar en los corazones de sus hijos el temor de Dios y el temor de sus padres también, y deben hacerlo temprano en su vida. Si los hijos aprenden a respetar a sus padres, es probable que también respeten a otros adultos (por ejemplo, sus maestros, la policía, etcétera). Muchas veces cuando los hijos no respetan a sus padres, los padres mismos tienen que compartir la culpa.

-- "y mis días de reposo guardaréis. Yo Jehová Dios".

A. ¿Habrá alguna conexión entre el res­petar a los padres y el guardar el día de reposo? Después de rebelarse contra sus padres, ¿cuántos jóvenes asistirán a los servicios de culto?

B. "La primera cosa requerida es la reverencia hacia los padres y la observan­cia de los días de reposo de Dios, las dos columnas principales del gobierno moral y del bienestar social" (Keil y Delitzsch). "Dos grandes puntos centrales" (Barnes).

C. Bajo la ley de Cristo, es necesario que los jóvenes respeten a sus padres y que no dejen de reunirse para adorar a Dios. Las dos cosas son de suma impor­tancia. Los que descuidan el primero de estos deberes descuidarán el segundo. Pero aunque algún joven asistiera a todos los servicios de la iglesia, no sería acep­tado ante los ojos de Dios si no respeta a sus padres (Efes. 6:1-3).

D. La expresión, "mis días de reposo", se refiere a todos los días de reposo desig­nados por Dios (como, por ejemplo, 16:31; 23:32, etcétera), y no solamente el séptimo día de la semana, Véanse notas sobre 16:31.



19:4 -- "No os volveréis a los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición. Yo Jehová vuestro Dios".

A. Estos son los primeros dos de los diez mandamientos.

B. Deberían adorar al Dios quien los hizo, y no a los dioses hechos por ellos (Henry). ¡Qué cosa más absurda que el hombre adore a un dios que él mismo haya hecho! Esto equivale a adorarse a sí mismo. Compárese Isa. 44:9-20.

C. Tales dioses se llaman "elilim" (nada). Compárese 1 Cor. 8:4, "sabemos que un ídolo nada es en el mundo".



19:5-7 -- "ofrecedlo de tal manera que seáis aceptos".

A. Véase 7:15-18. Este versículo trata también acerca de "el sacrificio de ofrenda de paz". Este texto repite y enfatiza la ad­vertencia de que las cosas divinas y sagradas no deben profanarse.

B. Nosotros, al igual que los israelitas, debemos ofrecer "de tal manera que" seamos aceptos. Compárense 1 Cor. 11:23-29; 14:20-40; Juan 4:24.



19:9, 10 -- La benevolencia de la ley de Moisés (la benevolencia de Dios) para con los pobres.

A. Nos conviene estudiar estas leyes, Rom. 15:4; 1 Cor. 10:11.

B. Ex. 23:10, 11, no sembrar el séptimo año, "para que coman los pobres".

C. Lev. 23:22, "No segaréis hasta el úl­timo rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la de­jarás".

D. Deut. 15:7-11, "no faltarán menes­terosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra". Deberían dar y prestar al hermano ("abrir la mano" liberalmente), "porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado" (ver. 9 del mismo texto). Compárese Deut. 24:19-21, la cosecha de los olivos y de la viña.

E. Los dueños de las cosechas podían escoger a quiénes entraran en sus campos (Rut 2:2, 8, 15, 16). Entre los pobres puede haber gente irresponsable que des­cuide o maltrate los árboles y viñas, etc.

F. Es importante notar en todos estos textos que los pobres deberían trabajar para ganar su pan (compárese 2 Tes. 3:10), pero durante el tiempo de la cosecha, cuando Dios les daba tan ge­nerosamente a su pueblo, les convenía abrir sus corazones y sus manos para ayu­dar a los menesterosos.

G. En Estados Unidos siempre se proponen programas para eliminar la pobreza, pero como Jesús dice, "Siempre tendréis a los pobres con vosotros" (Deut. 15:11; Mar. 14:7). Esta es la realidad del asunto: ¡Siempre habrá pobres en el mundo! Jesús no dijo esto para disminuir nuestro deber para con ellos, porque también dijo, "cuando queráis les podréis hacer bien". Nunca nos faltará la oportunidad para ayudar a los pobres, pero nunca será eliminada la pobreza del mundo. Algunos fanáticos provocan el desorden y hasta al­borotos bajo el pretexto de promover los intereses de los pobres. Algunos han dicho que Jesucristo era un revolucionario para dar aparente apoyo a estos movimientos, pero los tales ignoran y no aceptan Rom. 13:1-3 y 1 Ped. 3:13-17 y no conocen a Cristo.

H. Desde luego, Cristo vino al mundo para ayudar al pobre. Vino para predi­carle las buenas nuevas de salvación (Luc. 4:18). Esta es la bendición más grande que podría darles, pero la salvación del alma no es la única bendición que Jesús tiene para los pobres, porque hay grandes ben­diciones en sus enseñanzas con respecto a la sujeción, la diligencia, la limpieza, etcétera. El evangelio bendice al pobre en muchas maneras y le ayuda a vencer su pobreza. ¡Cuántos hombres pobres han avanzado en muchas maneras al conver­tirse a Cristo!

I. Hay mucha indolencia entre los po­bres y es necesario enseñarles lo que Pablo dice en 2 Tes. 3:10. Hay muchos pobres que son indignos de la ayuda. Ha habido muchos casos de conducta irres­ponsable. Cuando se les regala ropa o comida la venden para comprar cerveza y vino y la ropa nueva que se les regala no se cuida ni se lava. Muchos no aprovechan su oportunidad de estudiar o aprender al­gún oficio, otros no cuidan el empleo que se les ofrece, etc. Muchos pobres son muy exigentes. Este aspecto se menciona porque no siempre se ayuda a los pobres al brindarles algo, pues muchas personas son tan generosas con los pobres que no les ayudan, sino que contribuyen a su in­dolencia. Es necesario actuar con buen juicio cuando ayudamos a los pobres.

J. Sin embargo, Dios es benévolo y nos enseña a ser benévolos, y hay muchos que sí merecen la ayuda y la reciben con grati­tud. Muchos desafortunados aprovechan la ayuda que reciben y suben a un nivel más alto de vida. Hay gente noble y de­cente entre los pobres, son limpios, quieren vestirse decentemente, quieren educar a sus hijos y mejorar su vida. Tales merecen la ayuda.

K. Dios ama a los pobres: Sal. 82:3, 4; 140:12; Prov. 28:27; 31:9. Dios denuncia a los que maltratan a los pobres: Prov. 21:13; 14:31; 17:5; Isa. 5:14, 15; Amós 2:6, 7; Ezeq. 22:29; Zac. 7:9, 10. Además, Dios ama y bendice a los que ayudan a los po­bres: Sal. 41:1; 19:17; Prov. 14:21; 28:27.

L. El Nuevo Testamento nos enseña a ser benévolos con los pobres. En la misión de Jesús se incluía como parte integral la predicación a los pobres (Luc. 4:18). Esto se menciona como prueba de que El era el Mesías (Luc. 4:18; Mat. 11:5). Jesús en­seña que debemos invitar a los pobres a comer con nosotros (Luc. 14:12-14). Jesús dijo al joven rico, "vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo" (Mat. 19:21). La iglesia debe ofren­dar para los santos pobres, 1 Cor. 16:1, 2; 2 Cor. 8 y 9; Rom. 15:25-27.



19:11 -- "no hurtaréis", Ex. 20:15.

A. El hurtar es locura, porque es difícil vivir de esta manera. Muchos pierden la vida al tratar de robar cosas de poco valor, o tienen que pasar años en la cárcel. Aun desde el punto de vista humano, no vale la pena robar.

B. Aunque algunos tengan mucho éxito y se hagan ricos, de cualquier manera deben contestar la pregunta, "¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" (Mat. 16:26). Muchos hombres pierden su alma aunque ganen sus riquezas en manera legítima; ¡cuánto más los que roban!

C. Dice Pablo, "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesi­dad" (Efes. 4:28).



19:12 -- "Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová". El que jura falsamente comete pecado doble: es pecado mentir, y luego empeora el caso invocando el nom­bre de Dios para apoyar la mentira.



19:13 -- "No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás. No retendrás el salario del jor­nalero en tu casa hasta la mañana". Com­párese 6:2.

A. El que no paga el sueldo al jornalero le roba. Dice Jesús que el obrero es digno de su salario, Luc. 10:17. Sant. 5:4 trata acerca del mismo tema. Deut. 24:14, 15 repite lo que dice Lev. 19:13. Cualquier pretexto para retener o posponer el pago al trabajador es robo. Compárese Rom. 13:8.

B. Otra forma de robo es el no pagar las deudas. Este mal equivale al robo. El que firma contrato o en otra forma se compromete a pagar cierta cantidad en cierta fecha debe cumplir su obligación. El que no cumple comete dos pecados: miente y roba. La iglesia se ha reprochado muchas veces por este mal entre sus miembros.



19:14 -- "No maldecirás al sordo, y de­lante del ciego no pondrás tropiezo, sino que tendrás temor de tu Dios. Yo Jehová".

A. No maldiga al sordo porque no oye, ni ponga tropiezo delante del ciego porque no ve, porque Dios oye y ve, y El es el Defensor y Vengador de los pobres, los sordos, los ciegos y todos los indi­gentes.

B. Deut. 28:12-15 repite esta ley. Es difícil entender cómo un ser humano llega a ser tan cruel. Tiene corazón de piedra el que es capaz de oprimir a tales personas. Seguramente no temen a Dios.

C. Otros textos que hablan de oprimir al prójimo: 25:17, 36, 43. Recuérdese el buen ejemplo de Job (29:12-16).

D. El texto prohibe el poner tropiezo delante del ciego y conviene agregar que es pecado también poner tropiezo delante del ciego espiritual.



19:15 -- "No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo".

A. ¡Cuántos textos hablan de la justicia de Dios en este sentido! Compárense Prov. 17:15; 24:24. Dice Prov. 1:3, "Para recibir el consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad" es uno de los propósitos de los proverbios. Sería provechoso leer el libro de Proverbios y apuntar todos los textos que hablan de la justicia, los dere­chos, etcétera. Es muy obvio que Dios aborrece toda forma de injusticia, toda vio­lación de los derechos del prójimo. Una de las denuncias más comunes en la Biblia es ésta con respecto a las injusticias de Israel; ellos corrompían continuamente la justicia.

B. 19:35, 36, "No hagáis injusticia en juicio, en medida de tierra, en peso ni en otra medida. Balanzas justas, pesas justas y medidas justas tendréis. Yo Jehová vues­tro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto".

-- "ni favoreciendo al pobre". El que de­sea ayudar al pobre debe entender que el pervertir la justicia no le ayuda, sino que le perjudica. Tal práctica no ayuda a nadie. El torcer la ley para ayudar al que la violó produce el fruto podrido de injus­ticia, desorden, rebelión, anarquía y caos. Esto no beneficia ni al rico ni al pobre.

A. Existe la tentación de favorecer al pobre (hacer acepción de personas), pero Dios dice: no lo haga. Compárese 1 Tim. 5:21. No conviene hacer a un lado la ley de Dios para favorecer al pobre.

B. Muchos hermanos quieren "aflojar" la ley de Cristo sobre el divorcio y segun­das nupcias para "aliviar" el problema para los que están mal en segundas nup­cias. La ley del Señor es clara y sencilla sobre el tema: Mat. 5:31, 32; 19:9; Rom. 7:2, 3. Pero muchos hermanos quieren "favorecer" a los que han violado esta en­señanza. Aunque es muy obvio que el matrimonio de algunos no es legítimo, hay hermanos que inventan argumentos para justificarlo. Los tales no son guiados por la ley de Cristo, sino por sus sentimientos.

C. Ex. 23:3 dice, "ni al pobre distin­guirás en su causa". El sufrimiento (la po­breza) del pobre no borra su transgresión. El pobre no es limpio por haber sufrido la pobreza. La pobreza no le da el derecho de pecar. Parece que muchos quieren pasar por alto los crímenes cometidos por los desafortunados. Quieren hacer a un lado la ley y el respeto por la ley en el caso de ellos. Los que tienen compasión por los pobres y los desafortunados, deben tra­bajar en manera legítima para ayudarles, sujetándose todos a la justicia.

-- "ni complaciendo al grande". Sant. 2:1-13 se dirige a este error. El ver. 10 dice, "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos". ¿Cuál es el punto de este texto? El complacer al grande, dis­criminando al hermano pobre. El que lo practica es "transgresor": "pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como trans­gresores". Santiago concluye esta en­señanza afirmando que "juicio sin miseri­cordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa so­bre el juicio" (ver. 13). El que no hace misericordia es el que complace al grande y menosprecia al hermano pobre.

Cabe aquí también 1 Tim. 5:21, "Te en­carezco delante de Dios y del Señor Jesu­cristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no ha­ciendo nada con parcialidad". Es fácil to­lerar los pecados de los amigos o de los pobres y desafortunados y es difícil tolerar los pecados de los enemigos y de los ricos y grandes, pero la ley de Cristo debe apli­carse imparcialmente.



19:16 -- "No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová". Véanse Prov. 11:13; 18:8; 26:20.

A. Larousse define la palabra "chisme" como "murmuración". Se puede ver la conexión entre "murmuración" y "chismear", porque el chismoso anda murmurando de otros, hablando de sus faltas, criticando, insinuando y levantando sospechas.

B. Los profetas hablaron de este vicio; véanse Jer. 9:4, 5; Ezeq. 22:9.

C. El Nuevo Testamento condena el chismear: 1 Tim. 5:13; 1 Ped. 4:15. El remedio se encuentra en 1 Cor. 13:4-7. El chisme refleja el odio secreto. Nos gusta leer este hermoso texto y hablar del amor, pero en la práctica parece que es más fácil chismear. ¿Cómo pueden las mismas per­sonas hablar del amor y también chis­mear? Véase Sant. 3:9-12.

-- "No atentarás (no harás nada, lit., no estarás, LBLA) contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová".

A. El acusar falsamente viola esta pro­hibición, Mat. 26:60; Hech. 6:11.

B. El guardar silencio (rehusar testi­ficar aunque "fuere testigo que vio o supo" cuando el prójimo es acusado falsamente, 5:1) viola esta prohibición. Véase también Prov. 24:11, 12.

C. Cualquier acto que prevenga o es­torbe a la justicia o contribuya a la injusti­cia es "atentar contra la vida del prójimo". La vida humana siempre es servida por la justicia y siempre es amenazada por la in­justicia.

-- "Yo Jehová". La frecuente repetición del nombre de Dios nos recuerda de su soberanía. El sabe todas las cosas. El ve todo y oye todo. Tarde o temprano el co­rregirá toda injusticia. No tratamos con algún ídolo impotente que, teniendo ojos no ve y teniendo oídos no oye, sino con el Dios Todopoderoso que sí puede hacer lo que promete (o amenaza). El juzga y cas­tiga.



19:17 -- "No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado" ("reprenderás a tu prójimo", VM, LBLA).

A. Se presentan dos alternativas: callar y guardar en el corazón el sentimiento causado por la ofensa, o reprender al que nos ofendió (razonar con él) para que el mal se corrija. Lamentablemente parece que la mayoría prefiere callar y seguir ofendidos y enojados. La segunda alterna­tiva requiere valor (y también amor) y es mucho mejor para el ofendido y para el ofensor.

B. Pero la triste verdad es que a los muchos les gusta guardar rencor en el corazón, odiar secreta o abiertamente, y vivir ofendidos y resentidos.

-- "razonarás con (reprender a) tu prójimo para que no participes de su pecado".

A. Este texto implica que el que no ra­zona con el ofensor (no le reprende) par­ticipa del pecado; es decir, por no hacer nada para corregir el mal.

B. Parece que muchos no quieren ra­zonar con el ofensor, sino más bien pre­fieren razonar con todo el mundo que le escuche. A éstos les gusta hablar de la ofensa, porque se sienten lastimados y buscan la simpatía de otros. Por eso repiten la historia frecuentemente y a ve­ces exageran la ofensa para ganar aun más simpatía. Les gusta llorar; cada lágrima les es preciosa a los tales. Parece que su agonía es una fiesta, y el odio es un ban­quete que nunca pierde su sabor. Ante sus propios ojos su odio es justificado. "¡Sí, hago bien en enojarme, hasta querer morir!" (Job 4:9, VM).

C. A muchas personas no les gusta la solución bíblica de que se vaya a su prójimo (o hermano) para 'razonar' con él, aun reprendiéndole, para resolver el problema. No quieren hablar con él -- ni siquiera quieren verlo -- porque prefieren estar enojados y resentidos. Esto es par­ticipar de su pecado.

D. Véanse Mat. 5:23, 24; 18:15-18. Luc. 17:3, "Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale". Este man­damiento requiere valor y también humil­dad. Algunos dicen, "No tengo nada con­tra él porque ya le perdoné en mi corazón y no le odio, pero no quiero verlo ni hablar con él". Tal persona se engaña sola. Si no guardara rencor en su corazón, es­taría dispuesto a verlo y razonar con él.

E. Sal. 141:5 dice, "Que el justo me cas­tigue, será un favor, y que me reprenda será un excelente bálsamo que no me herirá la cabeza". Prov. 27:6, "Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece". Apoc. 3:19, "Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete".

F. Encontraremos mucho gozo -- mucha satisfacción -- si seguimos el plan de Dios, razonando con la persona que nos ofende, aclarando el asunto, repren­diendo si es necesario, porque en esta manera el problema se resuelve y nosotros no participamos del pecado.



19:18 -- "No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová".

A. Véase el ver. 17, notas sobre el ren­cor.

B. Otros textos relacionados son los vers. 33, 34; Ex. 23:4, 5; Prov. 24:17, 18; 25:21; 20:22. Los israelitas fueron man­dados a amar a sus enemigos y se les pro­hibió la venganza personal. Compárense Mat. 5:38-48; Rom. 12:17-21.

C. Dios dice, "Mía es la venganza"; El tomó venganza de los criminales y todos los malhechores, empleando a los ma­gistrados, y a veces todo el pueblo tomó parte en el juicio, apedreando a los trans­gresores. Desde luego, al hacerlo no deso­bedecieron este mandamiento, porque simplemente servían como instrumentos de Dios para tomar venganza divina. Lo que se prohibe es la venganza personal. Bajo la ley de Moisés -- como también bajo el Nuevo Testamento -- la gente tenía que entregar su causa en manos de los magistrados. Recuérdese también que a veces Dios empleaba naciones como ins­trumentos de su venganza; por ejemplo, El envió a los babilonios para castigar al pueblo de Israel.

D. Rom. 13:1-7 enseña que Dios toma venganza de los criminales por medio del gobierno civil; es decir, la policía que prende o aun mata al criminal no toma venganza personal, sino la de Dios.



19:19 -- "No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos". Varios textos hablan de mulas (por ejem­plo, 2 Sam. 13:29; 18:9; 1 Reyes 1:33), pero probablemente eran importadas (véase 1 Reyes 10:25).

A. Deut. 22:9-11, "No sembrarás tu viña con semillas diversas, no sea que se pierda todo, tanto la semilla que sem­braste como el fruto de la viña. No ararás con buey y con asno juntamente. No ves­tirás ropa de lana y lino juntamente". Con estas leyes Dios insistía en que su pueblo observara el orden natural de las cosas fun­dado en la creación (Gén. 1:11, 12, 21, 24, 25). (Keil y Delitzsch).

B. Lo que Pablo dice en 2 Cor. 6:14 ("no os unáis en yugo desigual con los in­crédulos") se basa en este texto. El yugo desigual se refiere al compañerismo de la justicia con la injusticia, la comunión de la luz con las tinieblas, la concordia entre Cristo y Belial, la parte que el creyente tiene con el incrédulo, el acuerdo entre el templo de Dios y los ídolos, es decir, la participación del cristiano en prácticas pecaminosas (en ese contexto, las cosas de ídolos). Efes. 5:11 es texto paralelo, "Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas".

C. La doctrina básica del libro de Le­vítico es la santificación del pueblo de Dios, es decir, que deberían estar separa­dos de los paganos. Era un pueblo dife­rente. Esto era el propósito de estas leyes. Leyes y costumbres erigen paredes de sepa­ración. Compárese Efes. 4:14-16.



19:20-22 -- Compárense 20:10, el adul­terio ordinario, y Deut. 22:23, 24, el adul­terio con una joven desposada; en estos casos la pena fue la muerte, pero el adul­terio con una mujer "que fuere sierva des­posada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad" resultó en azotes para los dos.

A. Sin embargo, aunque el castigo no era la muerte sino azotes, debe observarse que había protección para esclavos; no era lícito tratarlos como propiedad per­sonal sin derecho alguno.



19:23-25 -- Esta prohibición les haría recordar que la tierra y todo su fruto es de Jehová. La palabra "incircunciso" equivale a "inmundo"; alguna cosa prohibida era como "inmunda" o "incircuncisa" para ellos.



19:26 -- "No comeréis cosa alguna con sangre". Véase 17:11, notas.

-- "No seréis agoreros, ni adivinos". Véanse 20:6; Deut. 18:9-14.

A. Dios les dio dirección. Moisés habló "cara a cara" con Dios. Los profetas eran hombres inspirados por Dios. La palabra de Dios estaba en su boca. Dios cuidaba de su pueblo. La providencia divina nunca les faltó si procuraban andar en sus caminos, pero Israel no quería recordar estos beneficios y buscaba dirección de los agoreros y adivinos.

B. Toda la lista de estas cosas abo­minables se encuentra en Deut. 18:9-14. Son cosas relacionadas con la idolatría. La primera frase dice, "No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego" (culto a Moloc). Hacían esto para obtener oráculos de su dios.

C. El propósito de la adivinación, etc. era y es el obtener conocimiento sobre­natural. Los que practican tales cosas quieren hablar con los muertos, con los espíritus, o con los "dioses" (demonios) para obtener información que no se puede obtener de la palabra de Dios ni por medios natu­rales. Quieren información sobrenatural para poder predecir el futuro y tener mucha influencia sobre otros, aun sobre hombres eminentes, Hech. 13:6, 7.

D. Gál. 3:1 ("¿quién os fascinó ...?") se refiere a la práctica de "encantar" (engañar con arte).

E. Recuérdese el pecado del rey Saúl, 1 Crón. 10:13, 14.

F. Léase Isa. 8:19, 20, el profeta hacía burla de los encantadores y adivinos que "susurran". Dice el profeta, "¿Consultará a los muertos por los vivos?" Véase también Isa. 47:8-14.

G. La base de todo este mal es la as­trología; 2 Reyes. 23:5 dice, "Y quitó a los sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen incienso en los lugares altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalén; y asimismo a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a la luna, y a los signos del zo­diaco, y a todo el ejército". El concepto de millones de personas es que los doce sig­nos o estaciones del zodiaco son de suma impor­tancia para la adivinación. Para éstos lo que dice su horóscopo es más impor­tante que la palabra de Dios. No ponen su confianza en la providencia de Dios, sino en las estrellas.

H. Dice Jer. 10:2, "Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman".

I. Hech. 19:19 es un buen ejemplo de lo que se debe hacer con los libros de los que practican la magia ("trajeron los libros y los quemaron delante de todos"). Los cris­tianos confían en Dios, Heb. 13:5, 6, y no son atormentados por ansiedades y afanes (Mat. 6:24-34; Fil. 4:4-7; 1 Ped. 5:7). El cristiano no usa el horóscopo sino más bien, la oración. Dice el cristiano, "Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello" (Sant. 4:15).



19:27 -- "No haréis tonsura en vuestras cabezas", práctica pagana. Dice Larousse: "Tonsura. Acción de tonsurar. Ceremonia de la Iglesia que consiste en cortar al aspi­rante a sacerdote un poco de cabello en la coronilla" (véase gráfico, pág. 940).



19:28 -- "Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová", otras prácticas paganas. Compárese 1 Reyes 18:28. Los paganos, como los profetas de Baal, practicaban tales cosas para emo­cionarse más; no respetaban el cuerpo como creación de Dios. El Nuevo Testa­mento eleva aun más el cuerpo con la afirmación de que es el templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en él (1 Cor. 6:19, 20). Si el tatuaje se prohibió bajo la imperfecta ley de Moisés, ¿qué pensará Dios de sus hijos que lo practican en el templo del Espíritu Santo?



19:29 -- "No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar". ¿Lo haría por amor al dinero? Rom. 1:31 habla de gente "sin afecto natural". El hombre que hiciera tal cosa seguramente no tendría "afecto natu­ral". Al prostituir a sus hijas, prostituían la tierra.



19:30 -- "Mis días de reposo guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Je­hová".

A. Si el pueblo hubiera guardado el sábado, ofreciendo los sacrificios manda­dos por Dios, hubieran evitado muchísi­mos pecados. Los que descuidan el culto a Dios caen en toda clase de tentación. ¡Cuán importante es la asistencia a los servicios de la iglesia! Verdaderamente es canal de vida para los cristianos. Muchas veces el primer paso hacia la apostasía es el descuidar las reuniones.

B. Tener el santuario en reverencia era advertencia también de que el inmundo no se acercara al santuario.



19:31 -- Véase el ver. 26, notas.



19:32 -- "Delante de las canas te levan­tarás, y honrarás el rostro del anciano". Si se practica esta enseñanza, habrá muy poca delincuencia juvenil. La raíz de mucha maldad entre los jóvenes es la falta de respeto por los adultos, aun los adultos con canas.



19:33, 34 -- "extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto". Teniendo presente este pensamiento el israelita nunca oprimiría al extranjero. Hay una lección valiosa para el cristiano también, es decir, si siempre recuerda que estaba perdido en el mundo, lejos de Dios, tendrá paciencia y com­pasión para los que todavía están en el mundo.



19:35, 36 -- Véase el ver. 15, notas.





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EL LIBRO DE LEVITICO CAPITULO 19

Levítico 19


1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo: 2Habla á toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios. 3Cada uno temerá á su madre y á su padre, y mis sábados guardaréis: Yo Jehová vuestro Dios. 4No os volveréis á los ídolos, ni haréis para vosotros dioses de fundición: Yo Jehová vuestro Dios. 5Y cuando sacrificareis sacrificio de paces á Jehová, de vuestra voluntad lo sacrificaréis. 6Será comido el día que lo sacrificareis, y el siguiente día: y lo que quedare para el tercer día, será quemado en el fuego. 7Y si se comiere el día tercero, será abominación; no será acepto: 8Y el que lo comiere, llevará su delito, por cuanto profanó lo santo de Jehová; y la tal persona será cortada de sus pueblos. 9Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no acabarás de segar el rincón de tu haza, ni espigarás tu tierra segada. 10Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás los granos caídos de tu viña; para el pobre y para el extranjero los dejarás: Yo Jehová vuestro Dios.

11No hurtaréis, y no engañaréis, ni mentiréis ninguno á su prójimo. 12Y no juraréis en mi nombre con mentira, ni profanarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová. 13No oprimirás á tu prójimo, ni le robarás. No se detendrá el trabajo del jornalero en tu casa hasta la mañana. 14No maldigas al sordo, y delante del ciego no pongas tropiezo, mas tendrás temor de tu Dios: Yo Jehová. 15No harás agravio en el juicio: no tendrás respeto al pobre, ni honrarás la cara del grande: con justicia juzgarás á tu prójimo. 16No andarás chismeando en tus pueblos. No te pondrás contra la sangre de tu prójimo: Yo Jehová. 17No aborrecerás á tu hermano en tu corazón: ingenuamente reprenderás á tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado. 18No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo: Yo Jehová.

19Mis estatutos guardaréis. A tu animal no harás ayuntar para misturas; tu haza no sembrarás con mistura de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de diversas cosas. 20Y cuando un hombre tuviere cópula con mujer, y ella fuere sierva desposada con alguno, y no estuviere rescatada, ni le hubiere sido dada libertad, ambos serán azotados: no morirán, por cuanto ella no es libre. 21Y él traerá á Jehová, á la puerta del tabernáculo del testimonio, un carnero en expiación por su culpa. 22Y con el carnero de la expiación lo reconciliará el sacerdote delante de Jehová, por su pecado que cometió: y se le perdonará su pecado que ha cometido. 23Y cuando hubiereis entrado en la tierra, y plantareis todo árbol de comer, quitaréis su prepucio, lo primero de su fruto: tres años os será incircunciso: su fruto no se comerá. 24Y el cuarto año todo su fruto será santidad de loores á Jehová. 25Mas al quinto año comeréis el fruto de él, para que os haga crecer su fruto: Yo Jehová vuestro Dios. 26No comeréis cosa alguna con sangre. No seréis agoreros, ni adivinaréis. 27No cortaréis en redondo las extremidades de vuestras cabezas, ni dañarás la punta de tu barba. 28Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová. 29No contaminarás tu hija haciéndola fornicar: porque no se prostituya la tierra, y se hincha de maldad.

30Mis sábados guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia: Yo Jehová. 31No os volváis á los encantadores y á los adivinos: no los consultéis ensuciándoos con ellos: Yo Jehová vuestro Dios. 32Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor: Yo Jehová. 33Y cuando el extranjero morare contigo en vuestra tierra, no le oprimiréis. 34Como á un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrinare entre vosotros; y ámalo como á ti mismo; porque peregrinos fuisteis en la tierra de Egipto: Yo Jehová vuestro Dios. 35No hagáis agravio en juicio, en medida de tierra, ni en peso, ni en otra medida. 36Balanzas justas, pesas justas, epha justo, é hin justo tendréis: Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. 37Guardad pues todos mis estatutos, y todos mis derechos, y ponedlos por obra: Yo Jehová.

martes, febrero 22

COMENTARIO DE LEVITICO CAPITULO 18

Levítico 18



Introducción. Este capítulo prohibe varios actos de inmoralidad. La relación matri­monial debe ser santa.



18:2 -- "Yo soy Jehová vuestro Dios". Esto se repite frecuentemente en estos capítulos (aparece 16 veces en el cap. 19). De esta manera Dios les recuerda de su soberanía sobre ellos porque son pueblo suyo. Estas leyes son respaldadas por su autoridad absoluta. "Yo soy Jehová" aparece como punto final después de varios de estos mandamientos o prohibiciones.



18:3 -- "No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos".

A. ¡No imitar ni a Egipto de dónde vinieron, ni a Canaán a dónde van! Dios los sacó de Egipto para separarlos de las contaminaciones de esa tierra y removió a los cananeos de su tierra por causa de su corrupción exagerada. ¿Cómo, pues, imi­taría Israel a los cananeos que fueron des­tinados al castigo por causa de su ini­quidad?

B. Dice Ex. 23:2, "No seguirás a los mu­chos para hacer mal". Compárese Rom. 12:1, 2: Israel rechazó a Dios y pidió un rey porque quería imitar a las demás na­ciones (1 Sam. 8:6-8).

C. El ver. 3 es una prohibición general. Todo el capítulo registra las prácticas prohibidas.



18:5 -- "Por tanto, guardaréis mis es­tatutos y mis ordenanzas, los cuales ha­ciendo el hombre, vivirá en ellos".

A. Estas leyes entregadas por Moisés eran leyes buenas y daban vida a los que las practicaban. Ezeq. 18:5-9, "Y el hom­bre que fuere justo ... en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente, éste es justo; éste vivirá, dice Jehová el Señor". Ezeq. 10:11, "y les di mis estatutos, y les hice conocer mis decretos, por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá". La palabra "vivir" significa tener la aprobación de Dios.



18:6-17 -- El incesto prohibido.

A. Los vers. 24 y 27 dicen que todas es­tas cosas prohibidas por Dios eran prácti­cas comunes entre las naciones (especialmente entre los cananeos), pero los griegos y romanos del primer siglo las aborrecieron. Dice Pablo en 1 Cor. 5:1, "De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que al­guno tiene la mujer de su padre".

B. El ver. 6 dice, "Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna ..." y luego siguen los casos específicos de este mal.

C. La pena, por lo menos en ciertos ca­sos, era morir sin hijos, 20:19-21.



18:9 – Media hermana, compárese 2 Sam. 13:2-19.



18:17 -- Véase Deut. 27:23.



18:18 -- "No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival". En la práctica de la poligamia parece que la rivalidad estaba siempre presente. Re­cuérdense los casos de Lea y Raquel y de Ana y Penina. La poligamia llevaba mu­cho fruto podrido. La vida de Jacob fue hecha miserable por tal rivalidad entre sus esposas, y los hijos de David nacidos de diferentes madres eran hombres perver­sos.



18:21 -- "Y no des hijo tuyo para ofre­cerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de Jehová. Yo Jehová". Moloc era un dios de bronce de los amonitas, con cabeza de becerro y cuerpo de hombre cuyos brazos se extendieron para cargar sus víctimas. Los niños eran dedicados a él, siendo sacudidos sobre el fuego encen­dido en esta estatua hueca que servía como horno. También muchos niños fueron quemados como holocaustos (Ezeq. 16:21; Jer. 7:31; compárense 1 Reyes 11:7; 2 Reyes 16:2).



18:22 -- "No te echarás con varón como con mujer; es abominación".

A. Este pecado se llama "sodomía" (compárese Gén. 19). Véanse también Lev. 20:13; Rom. 1:27; 1 Cor. 6:9; 1 Tim. 1:10, "sodomitas").

B. Aunque estos textos claramente de­nuncian la homosexualidad, cada vez más esta práctica se tolera y se acepta como conducta aceptable aun entre las iglesias que profesan ser cristianas. Tal actitud de tolerancia hacia lo que Dios llama una abominación demuestra la degeneración espiritual. Hay clérigos que unen en "los lazos de matrimonio" a dos homosexuales si éstos -- según el concepto del clérigo -- ¡de veras se aman el uno al otro! Y luego muchos pericos cantan el refrán, "No juzguéis, para que no seáis juzgados".



18:23 -- "Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él, ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él; es perversión".

A. Esta práctica era común en Egipto, en conexión con el culto a los animales.

B. Tal costumbre degenera al hombre al nivel de la bestia. Recuérdese Gén. 1:27; 2:20.



18:25 -- "la tierra vomitó sus moradores".

A. Este texto usa la figura de personifi­cación, pues se le atribuye a la tierra cualidades humanas. Se habla de la tierra como si fuera persona rechazando cierta comida que le enferma.

B. Compárese Núm. 13:32, "es tierra que traga a sus moradores".

C. Los cananeos no tenían excusa. Eran responsables ante los ojos de Dios por sus pecados. El juicio de Dios sobre ellos era juicio justo. Compárense Rom. 1:18-32; 2:14, 15; 3:10-18.

D. Dijo Dios a Abram, Gén. 15:16, "Y en la cuarta generación volverán (tus des­cendientes) acá (a la tierra de Canaán); porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí". Pero ahora sí "ha llegado a su colmo la maldad del amorreo" y tenía que ser removido de la tierra por los ejércitos de Dios.

E. Pero Dios no hace acepción de per­sonas. Cuando su pueblo cometió los mismos pecados, también les removió (fueron desterrados por los asirios y ba­bilonios).

Observación sobre este capítulo: Las leyes de Dios son buenas para el hombre como también para la gloria de Dios. Las prácticas mencionadas en este capítulo son cosas corruptas y abominables y pro­mueven la destrucción del hombre. Son eliminadas por la enseñanza y práctica de la ley de Dios y el resultado es una gran bendición para la humanidad. Bien dijo Moisés, "Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy" (Deut. 6:24). Compárense Efes. 6:3; 1 Ped. 3:10-12; Sal. 19:7-11.





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LEVITICO CAPITULO 18

Levítico 18


1Y HABLÓ Jehová á Moisés, diciendo: 2Habla á los hijos de Israel, y diles: Yo soy Jehová vuestro Dios. 3No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, á la cual yo os conduzco; ni andaréis en sus estatutos. 4Mis derechos pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos: Yo Jehová vuestro Dios. 5Por tanto mis estatutos y mis derechos guardaréis, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos: Yo Jehová.

6Ningún varón se allegue á ninguna cercana de su carne, para descubrir su desnudez: Yo Jehová. 7La desnudez de tu padre, ó la desnudez de tu madre, no descubrirás: tu madre es, no descubrirás su desnudez. 8La desnudez de la mujer de tu padre no descubrirás; es la desnudez de tu padre. 9La desnudez de tu hermana, hija de tu padre, ó hija de tu madre, nacida en casa ó nacida fuera, su desnudez no descubrirás. 10La desnudez de la hija de tu hijo, ó de la hija de tu hija, su desnudez no descubirás, porque es la desnudez tuya. 11La desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, tu hermana es, su desnudez no descubrirás. 12La desnudez de la hermana de tu padre no descubrirás: es parienta de tu padre. 13La desnudez de la hermana de tu madre no descubrirás: porque parienta de tu madre es. 14La desnudez del hermano de tu padre no descubrirás: no llegarás á su mujer: es mujer del hermano de tu padre. 15La desnudez de tu nuera no descubrirás: mujer es de tu hijo, no descubrirás su desnudez. 16La desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás: es la desnudez de tu hermano. 17La desnudez de la mujer y de su hija no descubrirás: no tomarás la hija de su hijo, ni la hija de su hija, para descubrir su desnudez: son parientas, es maldad. 18No tomarás mujer juntamente con su hermana, para hacerla su rival, descubriendo su desnudez delante de ella en su vida.

19Y no llegarás á la mujer en el apartamiento de su inmundicia, para descubrir su desnudez. 20Además, no tendrás acto carnal con la mujer de tu prójimo, contaminándote en ella. 21Y no des de tu simiente para hacerla pasar por el fuego á Moloch; no contamines el nombre de tu Dios: Yo Jehová. 22No te echarás con varón como con mujer: es abominación. 23Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él; ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él: es confusión. 24En ninguna de estas cosas os amancillaréis; porque en todas estas cosas se han ensuciado las gentes que yo echo de delante de vosotros: 25Y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores. 26Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis derechos, y no hagáis ninguna de todas estas abominaciones: ni el natural ni el extranjero que peregrina entre vosotros. 27(Porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de la tierra, que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada:) 28Y la tierra no os vomitará, por haberla contaminado, como vomitó á la gente que fué antes de vosotros. 29Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren, serán cortadas de entre su pueblo. 30Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo de las prácticas abominables que tuvieron lugar antes de vosotros, y no os ensuciéis en ellas: Yo Jehová vuestro Dios.