viernes, abril 29

COMENTARIO DEL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 21

Los jefes de los padres.

Personas principales de los descendientes de las tres ramas de la tribu de Leví; es decir, de las familias de Gersón, Coat y Merari, los tres hijos de Leví.

Levitas.

Esta tribu no recibió su porción hasta después de que todas las otras tribus recibieron las suyas. Era necesario demorar esta parte de la repartición hasta que la tierra estuviese dividida, a fin de que los levitas pudieran estar esparcidos en todo Israel y recibieran ciudades en las diversas tribus. Su pedido no era arbitrario, pues el Dios de Israel había ordenado que se hiciese provisión adecuada para los levitas (Núm. 35: 1, 2).

Del mismo modo Dios ha ordenado que los ministros de la iglesia cristiana reciban un sostén adecuado. "Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio" (1 Cor. 9: 14). Dios perpetuó el sistema de los diezmos y las ofrendas para mantener a los que hoy realizan su obra. 282

Eleazar.

Encabeza la lista de las personas a quienes los levitas presentaron su pedido.

Dios había indicado a Josué que debía buscar consejo del sacerdote (Núm. 27: 21), quien a su vez recibiría consejo de Dios. Así el representante directo de Dios estaba en primer lugar. Toda la historia de este período muestra la estrecha relación existente entre Josué y el sacerdote. Por desgracia, en algunas ocasiones hasta Josué erró en esto, como en el caso de los gabaonitas (Jos. 9).

2.

Ejidos.

De la raíz hebrea garash, que significa "echar", "perseguir". Seguida por la expresión "para nuestros ganados", la palabra indica lugares que podían servir como "campos de pastoreo" junto a la ciudad (ver com. cap. 14: 4).

3.

Los hijos de Israel dieron.

Aparentemente la petición de los levitas fue concedida con alegría. Cada tribu dio ciudades de acuerdo con la extensión y el valor de su heredad, porque Dios había indicado (Núm. 35: 8) que la tribu que tuviese muchas ciudades diera muchas y la que tuviese pocas diera pocas. Este método puso a prueba la generosidad del pueblo. Por lo que se desprende de la lista de ciudades que fueron dadas, parecería que al menos buena parte de ellas estaban entre las mejores de la tierra.

Al hacer esta distribución se tuvo en cuenta el plan de Dios de que los levitas estuviesen esparcidos en todos los rincones de la tierra de Israel. Así los levitas habrían de estar en medio del pueblo para instruirlo en los caminos del Señor, tanto por palabra como por ejemplo. De este modo ayudarían a formar una barrera contra la idolatría.

4.

La suerte cayó.

Es probable que cuando las diversas tribus designaron las 48 ciudades, se las hubiera dividido en cuatro porciones. Entonces se determinó a cuál de las cuatro familias de la tribu de Leví se daría cada una de esas porciones. En este caso se consideró a los coatitas como dos familias: los coatitas del linaje de Aarón, que eran sacerdotes, y los otros que no lo eran. La familia de Aarón, de la cual provenían los sacerdotes, recibió como suyas las 13 ciudades concedidas por las tribus de Judá, Simeón y Benjamín. Dios dispuso que las ciudades que cayeron en suerte a los sacerdotes fueran las que estaban cerca de Jerusalén, porque con el correr del tiempo, ésa habría de llegar a ser la ciudad santa, donde se establecería el templo y donde se necesitarían los servicios de los sacerdotes.

El orden de la distribución fue similar al orden de la marcha en el desierto.

En primer lugar estaban los sacerdotes, con Moisés y Aarón, quienes levantaron sus tiendas al este, junto a la entrada del tabernáculo. Los coatitas estaban al sur, y en la marcha llevaban los vasos sagrados. Los gersonitas estaban al occidente, y seguían a los coatitas llevando las cortinas y las diversas telas de la tienda y el tabernáculo. Los meraritas acampaban al norte, y en la marcha eran los últimos. Llevaban las tablas y las barras del tabernáculo.

Se desprende de la instrucción dada en Lev. 25: 32-34 y también del registro de la historia bíblica, que estas ciudades no fueron habitadas exclusivamente por levitas. Teniendo en cuenta el propósito de la distribución de los levitas, difícilmente hubiera podido ser ése el plan de Dios. Dios quería que los levitas estuviesen en medio de Israel y no aislados del pueblo al cual habían de guiar e instruir. Por lo tanto, las ciudades de los levitas fueron también habitadas por israelitas de otras tribus. Gabaón de Benjamín, concedida a los levitas (Jos. 21: 17), fue también poblada por benjamitas, como se deduce de la historia del levita cuya concubina fue cruelmente violada por ellos (Juec. 19).

Saúl también vivió allí. David y sus cortesanos pasaron años en Hebrón, otra ciudad levítica. Probablemente se dio derecho a los levitas de tener tantas casas como necesitasen para vivir en esas ciudades. Si vendían, lo que aparentemente tenían derecho de hacer (Lev. 25: 32-34), poseían el derecho perpetuo de redimir la propiedad. Las otras viviendas estaban ocupadas por personas de la tribu a la cual pertenecía el territorio. Fuera de la ciudad estaban los campos de pastoreo para los ganados que se extendían hasta 2.000 codos (1.000 m) más allá de los límites de la ciudad. Esta tierra era para el uso de los levitas pero no podían venderla. Debía considerarse permanentemente como propiedad del Señor.

Existen registros posteriores de que los sacerdotes y levitas vivieron en otras ciudades, como por ejemplo, Nob (1 Sam. 21: 1). Es evidente que con el correr del tiempo el plan original sufrió modificaciones.

Trece ciudades.

Puede parecer un gran número de ciudades para los hijos de Aarón, pero debe tenerse en cuenta que esas ciudades quizá no fueron habitadas exclusivamente 283 por los sacerdotes y que no todas las ciudades enumeradas habían sido ya tomadas a los cananeos.

5.

Los otros hijos de Coat.

Es decir, los que no eran de la familia de Aarón. Estos recibieron ciudades en los territorios de Efraín, Dan y Manasés. El territorio de estas tribus estaba cerca del territorio de las tribus donde habían recibido su heredad los levitas de la familia de Aarón. Así no había gran distancia entre las dos ramas de la familia de los coatitas.

6.

Hijos de Gersón.

Gersón era el hijo mayor de Leví (Exo. 6: 16; Núm. 3: 17), pero se designó en primer lugar la heredad de los hijos de Coat, quizá porque los sacerdotes eran descendientes de Coat. Los gersonitas recibieron 13 ciudades mientras que los coatitas, que eran más, recibieron 23.

7.

Hijos de Merari.

Merari era el hijo menor de Leví, y su familia fue la última en recibir sus ciudades. Sus descendientes eran pocos y no recibieron sino 12 ciudades, de las cuales 8 estaban al este del Jordán.

8.

Dieron ... por suertes.

Tanto en el hebreo como en el griego de la LXX la palabra que se traduce "por suertes" aparece al final del versículo, casi como si modificase a la forma verbal, "había mandado". Pero es evidente que ése no puede ser el sentido correcto de tal construcción. La RVR y la BJ traducen correctamente, aplicando esta frase a la inflexión verbal "dieron". El Señor mandó a Moisés que la distribución de las ciudades fuere hecha por sorteo.

9.

De Judá, y de ... Simeón.

Es interesante notar que, exceptuando a Aín (vers. 16), todas las ciudades de los sacerdotes quedaban dentro de lo que posteriormente fue territorio de Judá (1 Rey. 12), cuya capital fue Jerusalén, la ciudad escogida por el Señor entre todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. Aunque los levitas del reino del norte abandonaron sus ciudades y sus ejidos cuando ocurrió la rebelión de Jeroboam (2 Crón. 11: 14), y pasaron a Judá, fue beneficioso el hecho de que todos los sacerdotes, menos la insignificante excepción ya notada de antemano, estaban establecidos allí.

Estas ciudades.

La lista de las ciudades levíticas aparece en este capítulo y, con algunas variantes y omisiones, también en 1 Crón. 6: 54-81. Para entonces muchos años habían transcurrido y algunas de las ciudades posiblemente se conocían por otros nombres.

También pueden haber ocurrido en el intervalo algunos cambios debido a variaciones en la situación política.

11.

Quiriat-arba.

Ver com. cap. 14: 15.

12.

El campo.

Evidentemente se refiere al campo que estaba más allá de los 2.000 codos indicados en Núm. 35: 5. Aparentemente estas instrucciones no eran solamente para Hebrón, sino simplemente como un ejemplo de la regla general que debía seguirse en todas las ciudades.

13.

Libna.

Ver com. cap. 10: 29.

15.

Debir.

Ver com. cap. 10: 38.

16.

Bet-semes.

Ver com. cap. 15: 10.

17.

Gabaón.

Ver com. cap. 9: 3.

Geba.

Ver com. cap. 18: 24.

18.

Anatot.

Conocida posteriormente como lugar del nacimiento de Jeremías (Jer. 1: 1; 11: 21). El nombre moderno del lugar es Râs el-Kharrûbeh y se encuentra a 2 km al noreste de Jerusalén y un poco al sur de Gabaa. En tiempos de Jeremías era aún ciudad de sacerdotes (Jer. 1: 1). Fue también la cuna de Abiatar, y el lugar adonde éste había sido exiliado por haber participado en la revuelta de Adonías (1 Rey. 2: 26).

21.

Siquem.

Ver com. cap. 20: 7.

Gezer.

Ver com. cap. 10: 33.

22.

Bet-horón.

Ver com. cap. 10: 10.

23.

Gibetón.

Ver com. cap. 19: 44.

24.

Ajalón.

Ver com. caps. 10: 12 y 1l9: 42.

25.

Taanac.

Ver com. caps. 12: 21 y 17: 11.

29.

Jarmut.

Ver com. cap. 10: 3.

En-ganim.

Ver com. cap. 19: 21.

32.

Cedes.

Ver com. caps. 12: 22 y 19: 37.

34.

Jocneam.

Ver com. cap. 12: 22.

35.

Naalal.

Ver com. cap. 19: 15.

36.

Beser.

Ver com. cap. 20: 8.

38.

Ramot.

Ver com. cap. 20: 8.

Mahanaim.

Ver com. cap. 13: 26.

39.

Hesbón.

Capital de Sehón, el rey de los amorreos que luchó contra los israelitas cuando éstos salían al este del mar Muerto al venir de Egipto, y fue vencido por ellos. El nombre sobrevive en Tell Hesbân, a 25,5 km al este-noreste de la desembocadura del río Jordán, a 20,5 km al suroeste de Rabat-amón (Ammán).

Jazer.

Ver com. cap. 13: 25.

41.

Cuarenta y ocho ciudades.

En el censo de Israel registrado en Núm. 26: 62 figuran 23.000 levitas.

Algunos han pensado que proporcionalmente los levitas recibieron más que cualquier otra tribu. Sin embargo, debe 284 recordarse que es probable que no todas las ciudades de las otras tribus hubieran figurado en sus listas.

Además, dificilmente vivían sólo ellos en sus ciudades. Los levitas no tenían más que estas 48 ciudades con unos centenares de hectáreas de campos de pastoreo en torno de ellas. Los otros tenían grandes extensiones de tierra además de sus ciudades.

Se ha sugerido que cada una de las cuatro divisiones de la casa de Leví se transformó en un vínculo para unir a 3 de las 12 tribus. En el caso de los gersonitas, se unen los dos lados del Jordán, dos tribus al oeste del Jordán y una al este. Los meraritas sirvieron para vincular a dos tribus al este del Jordán con una tribu del oeste, y el sudeste del territorio israelita con el norte. Así todos estuvieron unidos para que juntos pudieran crecer en Dios.

Los levitas estaban divididos en Israel, pero en esa división llegaron a ser un vínculo de unión que juntaba las tribus de Israel y unía a todas con su Dios.

Cuando no estaban ocupados en la tarea de realizar los ritos religiosos, los levitas eran los maestros de los jóvenes, los lectores, copistas y expositores de la ley, los analistas y cronistas que conservaban el recuerdo de grandes acontecimientos y de distinguidos personajes. Ellos debían hacer que la religión formase parte de la vida diaria, ayudándose entre sí y también a sus vecinos a fin de que comprendieran lo que no podía verse y alcanzaran la norma del pueblo peculiar de Dios.

42.

Estas ciudades.

A continuación del vers.42, y antes del 43, la LXX añade lo siguiente: "Y Josué cesó de dividir la tierra según sus fronteras: y los hijos de Israel dieron una porción a Josué debido a la orden del Señor. Le dieron la ciudad que pidió.

Le dieron Thamnasajar en el monte de Efraín, y Josué construyó la ciudad y vivió en ella y Josué tomó los cuchillos de piedra con los cuales circuncidó a los hijos de Israel que habían nacido en el desierto por el camino y los puso en Thamnasajar". No puede afirmarse que esta declaración de la LXX sea totalmente digna de confianza.

43.

Toda la tierra.

La declaración de este versículo puede parecer paradójica puesto que Israel no poseyó toda la tierra hasta los días de David y Salomón, y aún entonces es dudoso que hubiera incluido todo lo que Dios originalmente quería que poseyesen. Sin embargo, la declaración meramente dice que "dio Jehová a Israel toda la tierra". El regalo era de ellos a pesar de la presencia de cananeos en parte del territorio. Era el plan de Dios que no se expulsase a todos esos habitantes a la vez, sino poco a poco (Exo. 23: 30), para impedir que las fieras y las malezas llenaran la tierra hasta que Israel, con el correr del tiempo, llegara a ser lo bastante numeroso como para ocupar esas zonas.

44.

Reposo alrededor.

El hebreo reza "descanso de alrededor", es decir, de las naciones circunvecinas. "Paz en todos sus confines" (BJ). Sin embargo, Dios deseaba darles más que el niero descanso físico de la guerra. La ocupación de Canaán era la antesala del gran programa misionero que Dios deseaba llevar a cabo mediante Israel. Tal programa de acción sólo podía ser ejecutado por personas que fueran representantes de ese plan con el ejemplo de su propia vida. El autor del libro de Hebreos se refiere al logro de este objetivo espiritual en el alma y a la realización del propósito misionero en el mundo cuando dijo: "Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día" (Heb. 4: 8). Cuando Israel fracasó miserablemente en el cumplimiento de su elevado destino y no pudo entrar en su "reposo", Dios llamó a la iglesia cristiana para que cumpliera el propósito divino. Por lo tanto debiéramos temer, "no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado" (Heb. 4: 1). 285

EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 21

Josué Capítulo 21

1 Y los principales de los padres de los levitas vinieron a Eleazar sacerdote, y a Josué hijo de Nun, y a los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel;

2 y les hablaron en Silo en la tierra de Canaán, diciendo: El SEÑOR mandó por Moisés que nos fuesen dadas villas para habitar, con sus ejidos para nuestras bestias.

3 Entonces los hijos de Israel dieron a los levitas de sus posesiones, conforme a la palabra del SEÑOR, estas villas con sus ejidos.

4 Y salió la suerte por las familias de los coatitas; y fueron dadas por suerte a los hijos de Aarón sacerdote, que eran de los levitas, por la tribu de Judá, por la de Simeón y por la de Benjamín, trece villas.

5 Y a los otros hijos de Coat se dieron por suerte diez villas de las familias de la tribu de Efraín, y de la tribu de Dan, y de la media tribu de Manasés;

6 y a los hijos de Gersón, por las familias de la tribu de Isacar, y de la tribu de Aser, y de la tribu de Neftalí, y de la media tribu de Manasés en Basán, fueron dadas por suerte trece villas.

7 A los hijos de Merari por sus familias se dieron doce villas por la tribu de Rubén, y por la tribu de Gad, y por la tribu de Zabulón.

8 Y así dieron por suerte los hijos de Israel a los levitas estas villas con sus ejidos, como el SEÑOR lo había mandado por Moisés.

9 Y de la tribu de los hijos de Judá, y de la tribu de los hijos de Simeón dieron estas villas que fueron nombradas;

10 y la primera suerte fue de los hijos de Aarón, de la familia de Coat, de los hijos de Leví;

11 a los cuales dieron Quiriat-arba, del padre de Anac, la cual es Hebrón, en el monte de Judá, con sus ejidos en sus contornos.

12 Mas el campo de esta ciudad y sus aldeas dieron a Caleb hijo de Jefone, por su posesión.

13 Y a los hijos de Aarón sacerdote dieron la ciudad de refugio para los homicidas, a Hebrón con sus ejidos; y a Libna con sus ejidos,

14 y a Jatir con sus ejidos, y a Estemoa con sus ejidos,

15 a Holón con sus ejidos, y a Debir con sus ejidos,

16 a Aín con sus ejidos, a Juta con sus ejidos, y a Bet-semes con sus ejidos; nueve villas de estas dos tribus.

17 Y de la tribu de Benjamín, a Gabaón con sus ejidos, a Geba con sus ejidos,

18 a Anatot con sus ejidos, a Almón con sus ejidos: cuatro villas.

19 Todas las villas de los sacerdotes, hijos de Aarón, son trece con sus ejidos.

20 Mas las familias de los hijos de Coat, levitas, los que quedaban de los hijos de Coat, recibieron por suerte villas de la tribu de Efraín.

21 Y les dieron a Siquem, villa de refugio para los homicidas, con sus ejidos, en el monte de Efraín; y a Gezer con sus ejidos.

22 Y a Kibsaim con sus ejidos, y a Bet-horón con sus ejidos: cuatro villas:

23 Y de la tribu de Dan a Elteque con sus ejidos, a Gibetón con sus ejidos,

24 a Ajalón con sus ejidos, a Gat-rimón con sus ejidos: cuatro villas:

25 Y de la media tribu de Manasés, a Taanac con sus ejidos, y a Gat-rimón con sus ejidos: dos villas.

26 Todas las villas para el resto de las familias de los hijos de Coat fueron diez con sus ejidos.

27 A los hijos de Gersón de las familias de los levitas, dieron la villa de refugio para los homicidas, de la media tribu de Manasés; a Golán en Basán con sus ejidos, y a Bosra con sus ejidos: dos villas.

28 Y de la tribu de Isacar, a Cisón con sus ejidos, a Daberat con sus ejidos,

29 a Jarmut con sus ejidos, y a En-ganim con sus ejidos, cuatro villas.

30 Y de la tribu de Aser, a Miseal con sus ejidos, a Abdón con sus ejidos,

31 a Helcat con sus ejidos, y a Rehob con sus ejidos, cuatro villas.

32 Y de la tribu de Neftalí, la villa de refugio para los homicidas, a Cedes en Galilea con sus ejidos, a Hamot-dor con sus ejidos, y a Cartán con sus ejidos, tres villas.

33 Todas las villas de los gersonitas por sus familias fueron trece villas con sus ejidos.

34 Y a las familias de los hijos de Merari, levitas que quedaban, se les dio de la tribu de Zabulón, a Jocneam con sus ejidos, Carta con sus ejidos,

35 Dimna con sus ejidos, Naalal con sus ejidos: cuatro villas:

36 Y de la tribu de Rubén, a Beser con sus ejidos, a Jahaza con sus ejidos,

37 a Cademot con sus ejidos, y Mefaat con sus ejidos: cuatro villas:

38 De la tribu de Gad, la villa de refugio para los homicidas, Ramot en Galaad con sus ejidos, y Mahanaim con sus ejidos,

39 Hesbón con sus ejidos, y Jazer con sus ejidos: cuatro villas.

40 Todas las villas de los hijos de Merari por sus familias, que restaban de las familias de los levitas, fueron por sus suertes doce villas.

41 Y todas la villas de los levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho villas con sus ejidos.

42 Y estas ciudades estaban apartadas la una de la otra cada cual con sus ejidos alrededor de ellas; lo cual fue en todas estas ciudades.

43 Así dio el SEÑOR a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres; y la poseyeron, y habitaron en ella.

44 Y el SEÑOR les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y nadie de todos sus enemigos les paró delante, sino que el SEÑOR entregó en sus manos a todos sus enemigos.

45 No faltó palabra de todas las buenas que habló el SEÑOR a la casa de Israel; todo se cumplió.

jueves, abril 28

COMENTARIO DEL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 20

Ciudades de refugio.

La palabra "refugio" viene del Heb. qalat que significa "hacer entrar", "albergar", "recibir". De ahí la idea 278 de "asilo" o "refugio". Tanto en el hebreo como en la LXX y en siriaco aparece el artículo antes de la palabra "refugio", o sea "ciudades del refugio". Así se hace una referencia más clara a lo que Dios ya había mandado. La ley de las ciudades de refugio aparece en su forma completa en Núm. 35 y Deut. 19. La santidad de la vida humana, que no es generalmente reconocida en los conceptos paganos y ateos, es uno de los grandes principios de la religión cristiana. Desde época muy remota, Dios procuró recalcar ante su pueblo la idea de que poner fin a la vida de un ser humano, en cualquier circunstancia, era algo muy serio. Esta gravedad radica en que el hombre fue hecho a la semejanza divina. Después del diluvio, Dios declaró enfáticamente que "el que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre" (Gén. 9: 6; ver también Exo. 21: 12,14). Dios había prometido un lugar donde pudiese huir el que matara involuntariamente a otro (Exo. 21: 13), pero no ofreció la misma protección para el asesino. Dios quería eliminar la antigua costumbre de la venganza particular, según la cual el castigo del asesino estaba en manos del pariente más cercano o del heredero de la víctima. Entre las naciones, Israel era la única que tenía este concepto del valor de la vida humana, y Dios deseaba enseñarles aún más de su justicia y misericordia. Dios no conduce a los hombres más rápidamente de lo que son capaces de comprender la verdad divina. Este principio caracterizaba la legislación hebrea, dada por Dios mediante Moisés. Se adaptaba a la condición de los hombres, pero siempre conducía a una perfección que no podía ser captada en primera instancia por el pueblo. Así se toleraron por un tiempo la esclavitud, la poligamia y el divorcio fácil, y hasta se promulgaron leyes para regular estas prácticas que no habían sido ordenadas ni aprobadas por Dios.

En la mente hebrea estaba profundamente arraigada la idea de que el pariente más cercano era el guardián de la vida de su hermano, y por eso debía vengar su muerte. En vez de contrariar este sentimiento o intentar desarraigarlo, Dios puso este sentimiento bajo controles provisionales y sanos que impedían que se cometiera una gran injusticia cuando no se había cometido un crimen.

De las cuales yo os hablé.

Dios había hablado por medio de Moisés, quien había escrito esas instrucciones para que Josué pudiera disponer de esa información (Exo. 21: 13; Núm. 35: 9-34; Deut. 19: 1-13). Cuando se escribió el libro de Josué, es probable que el Pentateuco hubiera existido ya en una forma similar a la de hoy.

3.

Por accidente y no a sabiendas.

Literalmente, "Por error al no saber", es decir "por inadvertencia (sin querer)" (BJ). En Núm. 35: 22-25 y Deut. 19: 4, 5 aparecen ejemplos de este tipo de accidentes. Esta frase se refiere generalmente a actos no premeditados que acarreaban la muerte de una persona. Aunque buscara protección en una de estas ciudades, el homicida que había actuado con premeditación, luego de ser examinado, recibía prontamente su castigo. Dios había declarado que se sacara a tales personas, si fuera necesario, aun de su altar para ejecutarlas (Exo. 21: 14).

Vengador de la sangre.

La palabra hebrea go"el, aquí traducida "vengador" es el participio del verbo ga"al, que significa básicamente "redimir", "librar". Esta misma palabra aparece en Job 19: 25; Isa. 47: 4; 48: 17; 54: 5 usada como nombre de Dios para la mentalidad hebrea tal designación de Dios llamaba la atención a la obra del pariente más cercano respecto a su derecho de redención (ver Núm. 35: 12). No queda claro hasta qué punto deba transferirse la figura del "vengador de la sangre" de la disposición mosaica a Cristo. Las ciudades de refugio eran en sí un símbolo del refugio provisto en Cristo (PP 552).

4.

El que se acogiere.

El matador debía huir a toda prisa. Se disponía todo lo necesario para que no se viera demorado en su huida. Los caminos que conducían a estas ciudades debían mantenerse siempre en buen estado. Donde hubiese encrucijadas, debía señalarse el camino que llevaba a la ciudad de refugio. Si el vengador de la sangre lo alcanzaba, tenía el derecho de quitarle la vida. La responsabilidad de llegar a la ciudad de refugio a tiempo era del que huía. Ninguna de estas ciudades estaba a más de medio día de viaje de cualquier parte del país (ver PP 551-554).

El antiguo plan referente a las ciudades de refugio presenta notables ilustraciones de la vida cristiana. El pecador debe huir sin demora al refugio que es Cristo Jesús (Heb. 6: 279 18). Quienes conocen el camino deben colocar señales a lo largo del sendero. Una gran responsabilidad pesa sobre estos guías, y el descuido puede dar como resultado una señal que apunte en dirección errada y el extravío de un pecador que huye.

Puerta de la ciudad.

Era costumbre que los jueces o ancianos de la ciudad se sentasen a la entrada de la puerta para realizar las transacciones legales (ver Rut 4: 1; 2 Sam. 15: 2).

Le recibirán consigo.

"Le admitirán" (BJ). Literalmente, "lo recogerán en la ciudad". Después de haber oído el relato del fugitivo y haberse convencido de que el caso al menos demandaba un juicio justo, los ancianos debían "recogerlo" bajo su protección.

Más tarde se realizaría un juicio más extenso, después del cual se decidiría el caso.

6.

La congregación.

Probablemente la congregación o "comunidad" (BJ) de su propia ciudad y no la de la ciudad de refugio (ver Núm. 35: 24, 25). Si se demostraba su culpabilidad, el homicida era entregado al vengador de la sangre; pero si se determinaba que no había cometido un asesinato, la congregación lo devolvía a la ciudad de refugio donde había de permanecer hasta la muerte del sumo sacerdote.

La muerte del que fuere sumo sacerdote.

Así como las ceremonias por el pecado se centraban en el santuario y en el sacerdote, también es probable que la duración del exilio del fugitivo se hiciera depender de circunstancias relacionadas con el servicio ritual. Era necesario indicar con algún acontecimiento notable el fin del período de asilo para que el vengador supiera sin lugar a dudas cuándo cesaba su derecho legal de exigir venganza.

7.

Entonces señalaron.

Literalmente, "consagraron" (BJ), es decir apartaron estas ciudades para un uso sagrado. Eran todas ciudades levíticas en las cuales vivían esos ministros de Dios que alternadamente ministraban para el Señor. Estas circunstancias proporcionaban al fugitivo la oportunidad de estudiar y conversar con los levitas, quienes estaban instruidos en las cosas de Dios. Por lo tanto, el lugar de refugio al mismo tiempo podía convertirse en una fuente de verdadera bendición para el matador, pues los sacerdotes y levitas le podían enseñar el camino de Jehová (ver Deut. 17: 8-13; 21: 5; 33: 9, 10).

Las ciudades de refugio estaban todas ubicadas en llanuras o valles, en zonas bien conocidas. Para beneficio de todas las tribus estaban ubicadas a distancias convenientes entre sí. Tres se encontraban al oeste del Jordán, y tres al este; una en el norte, una en la zona central, y otra en el sur. Al angustiado fugitivo que huía para salvar la vida había que dársele todas las ventajas. No debía tener que subir una cansadora montaña en el último tramo de su huida, cuando posiblemente ya estuviese casi exhausto. Los caminos que conducían a esos centros debían ser buenos y las ciudades bien conocidas.

Quizá las madres de Israel enseñaban a sus hijitos de memoria los nombres de esas seis ciudades para que en años venideros, si era necesario que ellos huyesen, supieran exactamente a dónde ir.

En esto hay una lección para nosotros. Hoy también hay un refugio para los pecadores culpables: Jesús. El camino está siempre abierto, a lo largo de todo el sendero hay señales y el acceso a la ciudad es fácil. "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón" (Sal. 34: 18; cf. Sal. 85: g; 145: 18). En ese refugio debemos seguir morando hasta que pase la indignación.

Cedes.

Este nombre viene del Heb. qadash, "ser santo", que en su forma intensiva significa "santificar". De esta palabra viene el sustantivo qódesh, "santidad". En cuanto a la ubicación de esta ciudad, ver com. cap. 19: 37.

Siquem.

Significa "hombro" o "espalda". En Isa. 9: 6, "el principado sobre su hombro" tiene un sentido metafórico de responsabilidad. Siquem estaba en territorio de la tribu de Efraín, entre los montes Ebal y Gerizim. El lugar se denomina ahora Tell Balâtah, a 48, 8 km al noreste de Jerusalén.

Hebrón.

Este nombre se deriva del verbo jabar, que significa "unirse con", "asociarse a". De ahí que Hebrón signifique "hermandad", "alianza". En cuanto a la ubicación de esta ciudad ver com. cap. 14: 15.

8.

Beser.

Significa "fortaleza", y viene del verbo betsar que significa "restringir", "encerrar", "hacer inaccesible" y, por tanto, "fortificar". Alude a un "lugar fortificado" o una "fortaleza". No se conoce con exactitud la ubicación de Beser, aunque algunos la han identificado con la moderna Umm el-´Amad, al noroeste de Medeba.

Ramot.

Del verbo ra"am, "levantarse", ,"exaltarse". Ra"moth es el sustantivo plural que significa "alturas", o en sentido figurado, "cosas sublimes o inalcanzables". Ver com. 280 cap. 13: 26 con referencia a la probable ubicación.

Golán.

Significa "circuito". Se cree que estaba algo al este del mar de Cineret (Galilea); probablemente, Sahem el-JÇlân.

9.

Para el extranjero.

Dios dispuso que el extranjero compartiese los beneficios espirituales de Israel. Cuando los israelitas salieron de Egipto se permitió que una multitud de extranjeros los acompañaran. Cuando los gabaonitas buscaron la paz, Israel hizo alianza con ellos. Cuando Rahab expresó su fe, Dios la aceptó. Así ha ocurrido a lo largo de los siglos. Dios no hace acepción de personas. Al que se acerca a él, no le echará fuera (Juan 6: 37). Hay una puerta abierta para todos los que quieran acercarse a Dios con humildad y arrepentimiento.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 20

Josué Capítulo 20

1 Y habló el SEÑOR a Josué, diciendo:

2 Habla a los hijos de Israel, diciendo: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por Moisés;

3 para que se acoja allí el homicida que matare a alguno por yerro y no a sabiendas; que os sean por acogimiento del vengador de la sangre del muerto.

4 Y el que se acogiere a alguna de aquellas ciudades, se presentará a la puerta de la ciudad, y dirá sus causas, oyéndolo los ancianos de aquella ciudad; y ellos le recibirán consigo dentro de la ciudad, y le darán lugar que habite con ellos.

5 Y cuando el vengador de la sangre le siguiere, no entregarán en su mano al homicida, por cuanto hirió a su prójimo por yerro, ni tuvo con él antes enemistad.

6 Y quedará en aquella ciudad hasta que parezca en juicio delante del ayuntamiento, hasta la muerte del sumo sacerdote que fuere en aquel tiempo; entonces el homicida tornará y vendrá a su ciudad y a su casa y a la ciudad de donde huyó.

7 Entonces señalaron a Cedes en Galilea, en el monte de Neftalí, y a Siquem en el monte de Efraín, y a Quiriat-arba, que es Hebrón, en el monte de Judá.

8 Y al otro lado del Jordán de Jericó, al oriente, señalaron a Beser en el desierto, en la llanura de la tribu de Rubén, y a Ramot en Galaad de la tribu de Gad, y a Golán en Basán de la tribu de Manasés.

9 Estas fueron las ciudades señaladas para todos los hijos de Israel, y para el extranjero que morase entre ellos, para que se acogiese a ellas cualquiera que hiriese hombre por yerro; para que no muriese por mano del vengador de la sangre, hasta que compareciese delante del ayuntamiento.

martes, abril 26

COMENTARIO DEL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 19

En medio de la heredad.

Josué había ordenado que se dividiese en siete partes la tierra que quedaba después de haberse dado las partes que les tocaban a Judá y a los hijos de José (cap. 18: 4-6). Sin embargo, es posible que la tierra no hubiera alcanzado para que cada tribu recibiera una porción justa. Además, es probable que los contornos de la tierra no se hubieran prestado para que fuese dividida convenientemente en siete porciones. Puesto que Judá había recibido un territorio muy grande, es probable que se hubiera sugerido que los hijos de Judá compartiesen su territorio con una de las tribus. Cuando se hizo el sorteo, esa parte le tocó a Simeón. Tal vez al principio los israelitas creyeron que la tierra era lo suficientemente grande como para dar una gran parte a Judá. En realidad, si el pueblo hubiese ocupado toda la tierra que Dios originalmente había deseado darles, "desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates" (Gén. 15: 18; cf. Deut. 11: 24), Judá habría podido retener todo el territorio que se le había dado. Pero Israel se había conformado con lo que tenía y se había vuelto negligente. Ahora era preciso ajustar los límites de acuerdo con la fe que habían demostrado. Algo similar nos ocurre a nosotros. También podríamos recibir más de parte del Señor si tuviésemos la fe de intentar grandes cosas para él. Estas cosas "están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Cor. 10: 11).

En relación con la parte de Simeón se puede ver cuán directamente Dios dirigió en la selección de las heredades. Debido a la matanza hecha en Siquem por Simeón y Leví (Gén. 34), Jacob profetizó antes de morir que dividiría estas dos tribus en Jacob y las esparciría en Israel (Gén. 49: 7). Como ya se ha visto, Leví no recibiría heredad propia, sino que debía tener ciudades entre las diversas tribus. Ahora Simeón recibe su parte dentro de la heredad de Judá. Simeón estuvo aún más aislado, de modo que cuando se dividieron los reinos de Judá e Israel durante el reinado de Roboam (1 Rey. 12), la tribu de Simeón, aunque adherida al reino de las 10 tribus, estaba separada del territorio de ese reino por el reino de Judá. Así quedaron apartados en Jacob. Las Escrituras no dicen mucho respecto de Simeón. De esa tribu no salió ni juez, ni profeta, ni ninguna persona de renombre. Podemos por lo tanto suponer que esta tribu quedó absorbida en la de Judá y en buena medida se perdió su identidad (ver com. Gén. 49: 7).

2.

En su heredad.

El autor enumera 17 ciudades dadas a Simeón. De éstas, 13 estaban en el Neguev, y 4 en la Sefela, aunque es difícil trazar una línea precisa entre estos dos territorios. No se especifican los límites de esta tribu, ya que Simeón no recibió una parte determinada del territorio sino más bien ciertas ciudades con sus territorios circundantes, y éstas dentro de los límites originalmente adjudicados a Judá. Muchas de estas ciudades fueron ocupadas en forma conjunta por las dos tribus, y por lo tanto aparecen algunas veces como propiedad de Judá, y otras, como de Simeón.

Beerseba, Seba.

Literalmente, "Beerseba y Seba". Puede entenderse "Beerseba, o sea Seba".

Parece claro que estos dos nombres se refieren a la misma ciudad. De otro modo hubieran sido 14 ciudades en vez de 13. Además, en 1 Crón. 4: 28, donde se enumeran las ciudades de Simeón, se omite el nombre de Seba. La Beerseba de Abrahán ("pozo del juramento") está en la ciudad actual de Beerseba, a 43,6 km al suroeste de Hebrón. Más tarde, durante la monarquía hebrea, el pueblo de Beerseba estaba a 5 km al este, en Tell es-Seba, a 39,7 km de Hebrón.

De las 13 ciudades (vers. 2-6) y las 4 ciudades (vers. 7) sólo se conoce con toda seguridad la ubicación de Beerseba.

5.

Siclag.

Quizá pueda identificarse con Tell el-Khuweilfeh que queda al sudeste de Gaza, entre Beerseba y Debir. Aunque fue dada a Simeón, esta tribu no la tomó o la perdió posteriormente, porque cuando David huía de Saúl, Aquis, el gobernante filisteo, dio esa ciudad a David y a su gente (1 Sam. 27: 6). 272

Bet-marcabot, Hazar-susa.

Aunque se desconoce el sitio de estas dos ciudades -la última, quizá Sbalat Abû Sûsein-, es probable que hubiesen estado cerca del camino que llevaba a Egipto. Sus nombres sugieren que en ellas quizá los hicsos, y posiblemente más tarde también Salomón, tuvieron sus carros y caballos (1 Rey. 10: 26). El primer nombre significa "la casa de carros", y el segundo, "la aldea de caballos".

6.

Saruhén.

Esta localidad estaba sobre la ruta principal entre Palestina y Egipto. Se la ha identificado con Tell el-Fâr"ah, donde se han encontrado muchos restos de fortificaciones de hicsos, egipcios y romanos. Está a 24 km al sur de Gaza.

9.

Era excesiva a ellos.

En ese momento el territorio les resultaba excesivo, pero si con fe hubiesen mirado al futuro, no habría sido más de lo que con la bendición de Dios hubieran necesitado. Pero para ese tiempo los israelitas habían comenzado a perder la visión del plan que Dios tenía para ellos y se conformaron con recibir sólo lo suficiente como para satisfacer sus necesidades del momento.

Dios permitió ese reajuste provisional, pero aún dentro de ese programa adaptado, Israel tenía el privilegio de crecer y extender sus territorios hasta que llegara a necesitarles todos. Cuán estrecha y aun egoísta se vuelve nuestra visión cuando perdemos de vista el plan que Dios tiene para nosotros.

Logramos poco porque intentamos poco, e intentamos tan poco porque tenemos la tendencia de calcular nuestra fuerza según los alcances de la carne y no según el brazo poderoso de Dios.

10.

La tercera suerte.

O las tribus fueron llamadas en el orden designado por Dios en su predicción mediante Jacob, según su preeminencia, o la suerte salió en este orden. Aunque Zabulón era menor que Isacar, tanto en la bendición profética de Jacob (Gén. 49) como en la de Moisés (Deut. 33), Zabulón figura antes. Nuevamente se ve la preferencia en la distribución de la heredad. Según la predicción de Jacob, la suerte de Zabulón sería habitar "en puertos de mar" y ser "para puerto de naves" (Gén. 49: 13). Josefo (Antigüedades vi. i. 22) afirma que su posesión se extendía desde el mar de Cineret hasta el Carmelo y el mar Mediterráneo. Pero por la descripción del territorio que aparece en el libro de Josué, parece dudoso que su frontera se hubiera extendido hasta el mismo mar.

Si la tierra de los de Manasés llegaba hasta la frontera de la tribu de Aser (ver Jos. 17: 10), la de Zabulón no puede haber llegado en forma continua hasta el Mediterráneo. Tal vez Zabulón tenía acceso al mar a través del territorio de Aser, o por un corredor que podría haber comprendido la zona de la bahía al norte de la base del monte Carmelo. La predicción era que Zabulón había de ser un pueblo que viviría en los puertos de mar, y esto quizá se logró mediante algún arreglo con Aser, por el cual los hijos de Zabulón tuvieron fácil acceso a los puertos y de ese modo pudieron llegar a ricos mercados. También se ha subrayado que su territorio cruzaba la antigua carretera internacional conocida como "el camino del mar".

Hasta Sarid.

La LXX (Códice Alejandrino) reza así, pero el Códice Vaticano reza Esedek Gola. En siriaco aparece "Asdod", pero no puede ser la Asdod de los filisteos. Algunos manuscritos rezan "Shadud", que significa "ruinas". Se ha identificado esta ciudad con Tell Shadûd, sitio de extensas ruinas al norte de la llanura de Esdraelón, a 7,2 km al suroeste de Nazaret.

11.

Marala.

Ni esta ciudad ni Dabeset han sido identificadas con precisión.

12.

Quislot-tabor.

Literalmente, "flancos del Tabor". Corresponde a Iksâl, lugar rocoso al oeste de la base del Tabor, una de las montañas más destacadas de Palestina. Algunos han pensado que el Tabor sería el monte de la transfiguración.

Jafía.

Se cree que es Yâfã, a 2,8 km al suroeste de Nazaret.

13.

Gat-hefer.

"Lagar de Hefer", la ciudad natal de Jonás (2 Rey. 14: 25). Se cree que corresponde con Khirbet ez-Zurrâ", a 4,4 km al noreste de Nazaret sobre el camino a Tiberias. Cerca de esta ciudad se señala la supuesta tumba de Jonás.

Rimón rodeando a Nea.

O "Iba hacia Rimmón y volvía hacia Neá" (BJ). Algunos sostienen que es la actual Rummâneh, al norte de Nazaret, aunque está demasiado al oeste.

14.

El límite gira.

La frontera pasaba por el lado norte de Nea e iba hacia Hanatón. Con Nea comienza la descripción de la frontera norte.

Jefte-el.

Se ha identificado este valle con Wâdî el~Melek, cerca de Belén de Galilea, donde terminaba la frontera norte.

15.

Catat.

No se afirma con claridad si Catat 273 y las ciudades mencionadas aquí pertenecían a Zabulón o sólo se mencionan aquí como ciudades fronterizas. Se desconoce la ubicación precisa de Catat. Es posible que Naalal sea hoy Tell en-Nahl, cerca del arroyo Cisón al sudeste de la bahía de Aco (Acre). Simrón era una ciudad importante, a cuyo rey Josué venció (cap. 12: 20). La Belén de este pasaje no es Belén Efrata, sino un lugar situado 12 km al oeste de Nazaret, ahora llamado Beit Lahm.

Doce ciudades.

En el vers. 15 se mencionan tan sólo cinco ciudades; faltan 7 para completar las 12. Si se cuentan todas las ciudades nombradas en relación con la frontera de Zabulón, hay más de 12. Puede ser que algunas de estas ciudades fuesen meramente ciudades fronterizas, no pertenecientes a Zabulón. Algunos de los nombres pueden no haber sido de ciudades, de manera que el número de las verdaderas ciudades hubiera sido 12. Por lo que se desprende del vers. siguiente, las 12 ciudades habían sido enumeradas en la lista anterior, pero es difícil determinar cuáles fueron. Del cap. 21: 34, 35 se desprende que no aparecen todas las ciudades pertenecientes a Zabulón, pues allí aparecen además Carta y Dimna, como ciudades de Zabulón que fueron dadas a los levitas.

18.

Jezreel.

Literalmente, "Dios siembra". Esta ciudad estaba en el confín sur del valle del mismo nombre. El valle tiene forma triangular y su base, de unos 24 km de largo, da hacia el valle del Jordán. El lado norte está limitado por las montañas de Nazaret, entre las cuales está el monte Tabor. Al lado sur están los cerros de Samaria incluso las montañas de Gilboa. Su vértice es un angosto paso por el cual el arroyo Cisón llega hasta la bahía de Acre, antes Aco. La aldea de Zer"în ocupa hoy el lugar de Jezreel. Está situada en una saliente noroeste de los montes de Gilboa. Domina la llanura y el paso del Jordán.

Quesulot.

Se cree que es otro nombre de Quislot-tabor (vers. 12).

Sunem.

Hoy Sôlem, un poco al este de la carretera que corre de sur a norte entre Jerusalén y Nazaret. Estaba a 5,6 km al norte de Jezreel. Estas ciudades quedaban una a cada lado del valle de Jezreel (Esdraelón) en su extremo occidental.

19.

Hafaraim.

El autor no describe las fronteras completas de Isacar, sino que sólo parece destacar algunas de las ciudades principales pues las fronteras eran probablemente bien conocidas, ya que este territorio estaba entre Manasés y Zabulón. Se desconocen la mayor parte de las ciudades mencionadas.

21.

En-ganim.

Literalmente, "fuente de jardines o huertas". Quizá era la "casa del huerto" hasta donde Jehú persiguió a Ocozías (2 Rey. 9: 27). Posiblemente sea la moderna ciudad de Jenîn, en la parte sur de la llanura, a 9,6 km al suroeste del monte Gilboa, sobre el camino principal desde Meguido hacia Samaria y Jerusalén.

22.

Tabor.

Es probable que la ciudad hubiera recibido su nombre del monte Tabor, en cuyas inmediaciones se piensa que habría estado. Se la identifica, quizá correctamente, con la aldea de Debûriyeh, al oeste del monte, en las colinas que se extienden hacia Nazaret.

Sahazima.

No se ha identificado aún este lugar; pero probablemente, como Bet-semes, estaba en el límite norte de Isacar, hacia el Jordán, quizá un poco al noreste.

Bet-semes.

"Casa del sol", que no debe confundirse con una aldea del mismo nombre en Judá (cap. 15: 10), ni otra en Neftalí (cap. 19: 38). Se la ha identificado con el-"Abeidiyeh. La existencia de varias ciudades del mismo nombre atestigua la muy divulgada adoración del sol entre los habitantes aborígenes de Canaán.

Dieciséis ciudades.

Si se incluye a Tabor. De lo contrario serían 15, lo que indicaría que Tabor debe considerarse como ciudad y no monte. Toda la heredad no era grande, pero incluía parte del suelo más rico del país. Isacar era bastante poderoso.

Cuando se los censó en el Sinaí, había 54.400 varones adultos (Núm. 1: 28, 29), y más tarde, en las llanuras de Sitim, habían aumentado hasta llegar a 64.300 (Núm. 26: 25). Sólo las tribus de Judá y Dan eran mayores que Isacar.

24.

Aser.

Esta tribu recibió la zona fértil a lo largo de la costa del Mediterráneo al oeste y al norte de Zabulón. No puede determinarse con exactitud si, al describir la heredad de Aser, el autor enumera las ciudades que marcaban la frontera, o sólo menciona las ciudades más importantes, puesto que la mayoría de las aldeas mencionadas son desconocidas. Sin embargo, parece que el límite comenzaba aproximadamente en el centro del territorio, sobre la costa, y que luego seguía hacia el sur, donde se volvía al este hasta Zabulón y pasaba por una serie de aldeas y valles en el sector este, hasta salir por el norte a Sidón; 274 luego se volvía nuevamente al sur y terminaba donde empezó la descripción.

25.

Helcat.

Ciudad dada posteriormente a los levitas (cap. 21: 31). Quizá sea Tell el-Harbaj, a 18,4 km al sur de Acre.

Acsaf.

Ciudad conquistada por Josué (Jos. 11: 1 y 12: 20). Aparece en textos egipcios, pero se desconoce su ubicación exacta. Posiblemente estaría cerca de Helcat.

26.

Alamelec.

Es posible que el nombre de esta aldea se conserve en el nombre Wadi el-Melek, quebrada que desemboca en el Cisón desde el noreste.

Carmelo.

Por medio de este lugar bien conocido podemos fijar con certeza el extremo sur del territorio de Aser.

Sihor-libnat.

Algunos han creído que éste es el nombre de una aldea; otros, de un promontorio; y otros, de un río (ver com. cap. 13: 3). El riachuelo actual, llamado Nahr ez-Zerka que corre hacia el mar al sur de Carmelo, probablemente corresponda mejor a esta descripción, debido a la dirección hacia la cual el autor va ubicando los lugares mencionados (ver cap. 17: 10). Este riachuelo desemboca en el mar a corta distancia al sur de Dor. Hay quienes creen que Sihor-libnat es un pueblo de esta región, y otros, que se trata de una población en el monte Carmelo.

27.

Bet-dagón.

Desde Sihor-libnat la frontera se volvía al este hasta Bet-dagón. Se desconoce la ubicación exacta de Bet-dagón, pero el nombre indica la difusión del culto a Dagón, dios de los filisteos y antigua deidad cananea.

Jefte-el.

Ver com. vers. 14.

Cabul al norte.

No debe confundirse con la región de Cabul (1 Rey. 9: 11-13) dada por Salomón a Hiram rey de Tiro. La aldea de Cabul habría marcado el límite noreste del territorio, desde donde la frontera iba hacia Sidón (ver Jos. 19: 28). Josefo habla de Joboulo que estaba junto al mar, cerca de Ptolemaida o Ptolemais (Acre) (Guerras iii. c. 4).

28.

Hamón.

Dos inscripciones fenicias en las cuales se menciona el culto de un Baal Hamón se han encontrado en Umm el"Awãmîd, lo que hace pensar que ése habría sido el lugar de la Hamón de Aser. Se encuentra a unos 16 km al sur de Tiro. Otros creen que se trata de una aldea a poco más de 1 km de Umm el-"Awmîd.

Caná.

Probablemente lo que hoy se conoce como Qânah, a unos 10 km al sureste de Tiro.

29.

Ramá.

Se desconoce la ubicación exacta de Ramá, pero algunos han creído que es la actual Rameh, a 40,3 km al sureste de Tiro.

Ciudad fortificada de Tiro.

Literalmente, "la ciudad de la fortificación de la roca". La famosa ciudad construida en la roca no fue edificada hasta unos 200 años más tarde. Por lo tanto, este pasaje debe referirse a la ciudad de Tiro que estaba sobre la costa, o a alguna otra roca fortificada de Aser.

El territorio de Aczib.

Debe entenderse que la frontera que acaba de ser descrita termina en el mar en el distrito perteneciente a Aczib. Este lugar se conoce hoy como Ez-Zîb y se encuentra a 14 km al norte de Acre.

30.

Afec.

Ver com. cap. 13: 4. Ciudad de la zona limítrofe norte.

Veintidós ciudades.

Si no se cuenta a Carmelo (un monte) Jefte-el (un valle), se mencionan 24 nombres. Por tanto, por lo menos dos de las aldeas estaban en la frontera y no pertenecían a Aser.

32.

Neftalí.

Hijo menor de Bilha, sierva de Raquel. Se lo menciona antes que a Dan, su hermano mayor (Gén. 30: 6-8), así como Zabulón recibió su parte antes que Isacar. Dios no valora a los hombres por quienes son, sino por lo que son.

33.

Helef.

La primera parte de este vers. dice literalmente: "Su territorio iba de Jélef y de la Encina de Saanannim" (BJ). Se desconoce la ubicación de Helef, pero en Juec. 4: 11 se habla del "valle de Zaanaim, que está junto a Cedes". En ese lugar Jael, esposa de Heber ceneo, mató a Sísara (Juec. 4: 21). Es posible que este nombre se derive del verbo hebreo tsa"an, "vagar", "trasladarse". De ser así, se referiría a un lugar donde se levantaban las tiendas de nómadas.

Probablemente Heber era uno de esos pastores nómadas.

Adami-neceb.

Se ha identificado con Khirbet ed-Damiyeh a unos 8 km al noreste del monte Tabor.

Jordán.

La descripción de la frontera comienza en el valle superior del Jordán, al norte de las Aguas de Merom. La frontera oriental la constituía el Jordán, incluso las Aguas de Merom y el mar de Cineret. Sigue la descripción del límite sur.

34.

Aznot-tabor.

Literalmente, "orejas del Tabor". Tal vez el lugar recibía ese nombre por la apariencia de alguna prominencia del monte Tabor. Se lo identifica con Umm Jebeil, cerca del monte Tabor. Desde el monte Tabor, 275 Neftalí lindaba con Zabulón por el sur y con Aser por el oeste.

Con Judá por el Jordán.

La heredad de Judá en ningún lugar estaba cerca de la frontera de Neftalí. ¿Cómo, pues, podía extenderse la frontera de Neftalí hasta "Judá por el Jordán al este"? Una explicación hace notar que en la margen oriental del Jordán, donde éste sale del mar de Cineret, había cierto número de aldeas de tiendas, llamadas "aldeas o ciudades de Jair" (Jos. 13: 30; Juec. 10: 3-5). Este Jair fue nieto de Hezrón (nieto de Judá) por una esposa posterior perteneciente a la tribu de Manasés, pero su abuelo era de la tribu de Judá (ver 1 Crón. 2: 21-23). Según la ley de Moisés, cada uno de los hijos de Israel retenía la heredad de la tribu de sus padres, y por eso las posesiones de Jair habrían sido consideradas, no como pertenecientes a Manasés, sino como pertenecientes a Judá. Esto podría explicar cómo puede decirse que el territorio de Neftalí, frente a las aldeas de Jair, se extendía hasta "Judá por el Jordán hacia donde nace el sol".

Otra explicación, quizá más plausible, sería que el territorio de Isacar se, extendía por la orilla occidental del Jordán hasta el territorio de Benjamín y Judá. Así Isacar habría poseído el lado occidental del valle del Jordán como Gad poseía el lado oriental del valle (cap. 13: 27).

35.

Ciudades fortificadas.

De las 16 ciudades mencionadas en los vers. 35-39 no se han identificado aún las siguientes: Zer, Adama, Edrei y Horem. Las otras están más o menos identificadas.

Sidim.

Significa "los lados". La aldea de Kefar Hattya, "aldea de los hititas", mencionada en el Talmud, se llama ahora Hattîn. Estaba sobre la llanura a 8,8 km al noroeste de Tiberias.

Hamat.

Significa "fuente de agua termal". Se cree que haya sido una aldea con aguas termales al sur del Tiberias; probablemente, Hammâm Tabarîyeh.

Racat.

Algunos creen que estaba a 2,4 km al norte de lo que después fue Tiberias. Su nombre, del verbo "golpear", sería apropiado para el lugar.

Cineret.

Heb., "lira". Ciudad fortificada en la costa norte del mar de Cineret (Galilea). Recibió este nombre por la forma de lira que tiene el lago, posteriormente llamado mar de Genesaret o de Galilea.

36.

Ramá.

Posiblemente se trate de la misma Ramá de Jos. 19: 29. Se la identifica con Er-Râmeh, a unos 20 km al noroeste de Capernaúm.

Hazor.

Ver com. cap. 11: 1.

37.

Cedes.

Generalmente se la llama Cedes de Neftalí para distinguirla de las otras ciudades del mismo nombre. Estaba a unos 7 km al noroeste del lago Huleh en Galilea. Allí vivió Barac (Juec. 4: 6, 9), y fue el lugar donde éste y Débora juntaron sus tropas para luchar contra Sisara.

En-hazor.

Posiblemente pueda identificarse con Hazzûr, a unos 15 km al oeste de Cedes.

38.

Irón.

Se la ha identificado con la moderna aldea de Yãrûn, a unos 16 km al noroeste de Hazor.

Migdal-el.

El nombre significa "torre de Dios". Se piensa que habría estado cerca de Cedes, al oeste del lago Huleh. Posiblemente es Khirbet Mejdel.

Bet-anat.

Esta ciudad parece haber permanecido en poder de los cananeos (Juec. 1: 33).

Se la identifica con El-Ba"neh, a unos 17 km al este de Acre.

Bet-semes.

Otra de las muchas ciudades que llevan el nombre "casa del sol". Esto demuestra la difusión del culto al sol entre los primitivos habitantes de Canaán. No ha sido identificado con precisión el lugar de esta ciudad, pero pudo haber estado cerca de Bet-anat, en la parte norte de Neftalí. (Ver com. vers. 22.)

40.

Dan.

Después de la tribu de Judá era la más numerosa de todas las tribus en los censos tomados durante el éxodo (ver Núm. 1 y 26). Aunque había tenido la importante posición de comandar la retaguardia en la marcha desde Egipto, Dan fue la última tribu en recibir su heredad. Le tocó en suerte la parte sur de Canaán entre Judá al este y la tierra de los filisteos al oeste. Por el norte lindaba con Efraín y por el sur con Simeón.

El autor de este pasaje no describe la porción de Dan por sus fronteras, sino sólo menciona las ciudades que comprendía. Algunas de estas ciudades fueron primero dadas a Judá, pero debido a que la tierra de Judá resultó ser demasiado grande, algunas fueron traspasadas a los danitas y otras a los simeonitas.

41.

Zora.

Aldea situada en el Wadi ets-Tsarâr a 23,6 km al oeste de Jerusalén. Allí vivía 276 Manoa cuando nació su hijo Sansón (Juec, 13: 2, 25), quien fue enterrado entre Zora y Estaol (Juec. 16: 3 l). Tanto Zora como Estaol, y probablemente Ir-semes, fueron dadas en primer término a Judá (cap. 15: 10, 33). Es probable que Ir-semes y Bet-semes sean la misma ciudad, ya que la primera significa "ciudad de sol" y la segunda, "casa del sol".

42.

Saalabín.

En Juec. l: 35 aparece como Saalbim. Probablemente sea la moderna Selbît, aldea de Palestina central, entre Jerusalén y Lida. Por un tiempo el lugar estuvo en manos de los amorreos quienes no permitieron que los danitas la ocupasen. Más tarde la tomaron los hebreos (1 Rey. 4: 9).

Ajalón

Esta ciudad, ubicada en el valle del mismo nombre, estuvo en manos de los amorreos quienes se negaban a rendirse ante los danitas. El valle de Ajalón va desde Jerusalén

hacia el Mediterráneo, y divide las montañas de la Sefela en dirección a Lidia.

43.

Timnat.

Esta ciudad perteneció al principio a Judá (cap. 15: 57); es la misma donde Sansón encontró a su esposa (Juec. 14: 1-5). Por lo menos durante algún tiempo estuvo bajo el control de los filisteos, y es dudoso que alguna vez los danitas la hubieran conquistado. Ahora se piensa que Timna o Timnat habría estado en lo que hoy se llama Tell el Batâshi, a 7,2 km al noroeste de Bet-semes, junto a la frontera con Judá.

Ecrón

Era la más septentrional de las cinco ciudades importantes de los filisteos. Estaba más o menos a mitad de camino entre el Mediterráneo y los cerros de Judea (cap. 13: 3). Se cree que estuvo a poca distancia de "Aqir, aldea que conserva el antiguo nombre.

44.

Gibetón.

Significa "cerro" o "altura". Se la identifica con Tell el-Melât, a 11,5 km al sur de Jope (Haffa). Los danitas no parecen haberla conquistado, o la perdieron pronto, porque después, en tiempos de David, estaba en manos de los filisteos (1 Rey. 15: 27; 16:15). Fue una ciudad levítica (Jos. 21: 23).

45.

Gat-rimón.

Ciudad de los levitas (Jos. 21:24; 1 Crón. 6: 69), posiblemente Tell-ej-Jerîsheh, a 7 km al noreste de Jope.

46.

Jope

Su nombre hebreo significa "hermosura". Puerto importante de Canaán. Hoy es Jaffa, parte del gran núcleo urbano Jaffa-Tel Aviv. No se afirma definidamente que Jope formaba parte del territorio de Dan. Parece indicar que el límite llegaba hasta cerca de la ciudad pero que ella no estaba comprendida en el territorio de Dan.

47.

Les faltó territorio.

Literalmente, "el territorio de los hijos de Dan salió de ellos". Es decir, que no lo pudieron retener porque los amorreos, poderosos vecinos suyos, los obligaron a retirarse del valle a las montañas (Juec. 1: 34). "El territorio de los hijos de Dan quedaba fuera de su poder" (BJ), por eso tuvieron que buscar otro donde no hubiera tan tenaz oposición. Así los hijos de Dan rehusaron ocupar el territorio que les había asignado Dios, quien les habría dado la victoria completa sobre sus enemigos si hubiesen estado dispuestos a cooperar con su plan. Pero en vez de hacer eso, ocuparon el territorio de su propia elección. Se ha sugerido que este proceder de Dan sería la causa de la omisión de esta tribu de la lista de las tribus mencionadas en Apoc. 7.

Lesem.

Aldea situada cerca del nacimiento del río Jordán al pie del monte Líbano, llamada también Lais (Juec. 18: 7) antes de que la tomaran los danitas. La descubrieron cinco espías enviados por los danitas a reconocer la parte norte del país. Los cinco espías informaron que la tierra era muy buena y que la ciudad era tranquila y segura, que no tenía trato con otras ciudades porque quedaba lejos de Sidón. Al punto 600 hombres armados se pusieron en marcha, tomaron la ciudad y le pusieron el nombre de Dan (ver Juec. 18).

Puesto que la conquista de Lesem ocurrió algún tiempo después de la muerte de Josué, algunos han argumentado que él no pudo haber sido el autor del libro que lleva su nombre, sino que éste fue escrito mucho tiempo después. Sin embargo, es evidente que este corto relato de la toma de Lesem fue insertado posteriormente por alguna otra persona, quien, escribiendo bajo dirección divina, completó así la descripción de las posesiones de los danitas.

49.

Heredad a Josué.

Josué fue el último en recibir su heredad. En este orden de sucesión se ve la magnanimidad de este gran caudillo. No luchaba por conseguir para sí todos los beneficios debido a su cargo, lo cual podría haber hecho fácilmente. Apartó de sí la tentación a la cual están expuestos constantemente los dirigentes: la de aumentar sus propios bienes sin tener consideración por los que están en posiciones menos favorables. Aunque era el mayor y más anciano de Israel, 277 Josué fue el último en recibir lo suyo. Buscó el bien de su país por encima de cualquier interés propio. Es un gran ejemplo para cuantos desempeñan cargos públicos, ya sea en la administración civil o eclesiástica. Debe notarse además que no tomó para sí la heredad sin el consentimiento y la aprobación del pueblo. El registro dice que los hijos de Israel se lo dieron. Amaban a su caudillo. No es pues de maravillarse que el pueblo hubiese servido al Señor todos los días de Josué y todos los días de los ancianos que le sobrevivieron (Jos. 24: 31; Juec. 2: 7). El servicio abnegado engendra amor, el cual a su vez fomenta la obediencia. Nadie tiene derecho al liderazgo hasta que haya aprendido a servir con abnegación. Cristo, quien no se agradó a sí mismo (Rom. 15: 3), es el gran ejemplo de servicio abnegado.

50.

Timnat-sera.

Literalmente, "parte sobrante" Josué no escogió el mejor lugar de todo el país, sino un lugar conveniente en el territorio de su propia tribu, a poca distancia de Silo, donde estaba el tabernáculo.

5l.

A la entrada del tabernáculo.

El trabajo de la división había sido realizado en presencia de Dios y bajo su dirección. Se había hecho públicamente para que todos supiesen que la distribución no se había hecho por capricho humano. Este conocimiento ayudaría a eliminar las murmuraciones, aunque a pesar de esto hubo algunas quejas (cap. 17: 14-18). La lección es también para nosotros. Debemos llevar todos nuestros problemas importantes a la "entrada del tabernáculo" en reconocimiento de la autoridad de Dios en todos los aspectos de nuestra vida.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 19

Josué Capítulo 19

1 La segunda suerte salió por Simeón, por la tribu de los hijos de Simeón conforme a sus familias; y su heredad fue entre la heredad de los hijos de Judá.

2 Y tuvieron en su heredad a Beerseba, Seba, y Molada,

3 Hazar-sual, Bala, y Ezem,

4 Eltolad, Betul, y Horma,

5 Siclag, Bet-marcabot, y Hazar-susa,

6 Bet-lebaot, y Saruhén; trece ciudades con sus aldeas;

7 Aín, Rimón, Eter, y Asán; cuatro ciudades con sus aldeas;

8 con todas las aldeas que estaban alrededor de estas ciudades hasta Baalat-beer, que es Ramat del mediodía. Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Simeón, según sus familias.

9 De la suerte de los hijos de Judá fue sacada la heredad de los hijos de Simeón; por cuanto la parte de los hijos de Judá era mayor que ellos; así que los hijos de Simeón tuvieron su heredad en medio de la de ellos.

10 La tercera suerte salió por los hijos de Zabulón conforme a sus familias; y el término de su heredad fue hasta Sarid.

11 Y su término sube hasta el mar y hasta Marala, y llega hasta Dabeset, y de allí llega al arroyo que está delante de Jocneam.

12 Y tornando de Sarid hacia oriente, donde nace el sol al término de Quislot-tabor, sale a Daberat, y sube a Jafía;

13 y pasando de allí hacia oriente donde nace el sol en Gat-hefer y a Ita-cazín, sale a Rimón rodeando a Nea;

14 y de aquí torna este término al norte a Hanatón, viniendo a salir al valle de Jefte-el;

15 y abraza Catat, y Naalal, y Simrón, e Idala, y Belén; doce ciudades con sus aldeas.

16 Esta es la heredad de los hijos de Zabulón por sus familias; estas ciudades con sus aldeas.

17 La cuarta suerte salió por Isacar, por los hijos de Isacar conforme a sus familias.

18 Y fue su término Jezreel, y Quesulot, y Sunem,

19 y Hafaraim, y Sihón, y Anaharat,

20 y Rabit, y Quisión, y Abez,

21 y Remet, y En-ganim, y En-hada y Bet-pases;

22 y llega este término hasta Tabor, y Sahazima, y Bet-semes; y sale su término al Jordán; dieciséis ciudades con sus aldeas.

23 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Isacar conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.

24 Y salió la quinta suerte por la tribu de los hijos de Aser por sus familias.

25 Y su término fue Helcat, y Halí, y Betén, y Acsaf,

26 y Alamelec, y Amad, y Miseal; y llega hasta Carmelo al occidente, y a Sihorlibnat;

27 y tornando de donde nace el sol a Bet-dagón, llega a Zabulón, y al valle de Jefte-el al norte, a Bet-emec, y a Neiel, y sale a Cabul a la mano izquierda;

28 y abraza a Abran (Hebrón), y Rehob, y Hamón, y Caná, hasta la gran Sidón;

29 y torna de allí este término a Horma ( Ramá ), y hasta la fuerte ciudad de Zor ( Tiro ), y torna este término a Hosa, y sale al mar desde la fuerte de Aczib;

30 abraza también Uma, y Afec, y Rehob: veintidós ciudades con sus aldeas.

31 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Aser por sus familias; estas ciudades con sus aldeas.

32 La sexta suerte salió por los hijos de Neftalí, por los hijos de Neftalí conforme a sus familias.

33 Y fue su término desde Helef, y Alón-saananim, y Adami-neceb, y Jabneel, hasta Lacum; y sale al Jordán;

34 y tornando de allí este término hacia el occidente a Aznot-tabor, pasa de allí a Hucoc, y llega hasta Zabulón al mediodía, y al occidente confina con Aser, y con Judá al Jordán hacia donde nace el sol.

35 Y las ciudades fuertes son Sidim, Zer, y Hamat, Racat, y Cineret,

36 y Adama, y Ramá, y Hazor,

37 y Cedes, y Edrei, y En-hazor,

38 e Irón, y Migdal-el, y Horem, y Bet-anat, y Bet-semes; diecinueve ciudades con sus aldeas.

39 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Neftalí por sus familias; estas ciudades con sus aldeas.

40 La séptima suerte salió por la tribu de los hijos de Dan por sus familias.

41 Y fue el término de su heredad, Zora, y Estaol, e Ir-semes,

42 y Saalabín, y Ajalón, y Jetla,

43 y Elón, y Timnat, y Ecrón,

44 y Elteque, Gibetón, y Baalat,

45 y Jehúd, y Bene-berac, y Gat-rimón,

46 y Mejarcón, y Racón, con el término que está delante de Jope.

47 Y les faltó término a los hijos de Dan; y subieron los hijos de Dan y combatieron a Lesem, y tomándola metiéronla a filo de espada, y la poseyeron, y habitaron en ella; y llamaron a Lesem, Dan, del nombre de Dan su padre.

48 Esta es la heredad de la tribu de los hijos de Dan conforme a sus familias; estas ciudades con sus aldeas.

49 Y así acabaron de repartir la tierra en heredad por sus términos, y dieron los hijos de Israel heredad a Josué hijo de Nun en medio de ellos.

50 Según la palabra del SEÑOR, le dieron la ciudad que él pidió, que fue Timnat-sera, en el monte de Efraín; y él reedificó la ciudad, y habitó en ella.

51 Estas son las heredades que Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres, entregaron por suerte en posesión a las tribus de los hijos de Israel en Silo delante del SEÑOR, a la entrada del tabernáculo del testimonio; y así acabaron de repartir la tierra.

lunes, abril 25

COMENTARIO DEL CAPITULO 18 DEL LIBRO DE JOSUE

1.

Silo.

Significa "lugar de descanso". Probablemente se le puso este nombre porque después de peregrinar por más de 40 años, por fin el tabernáculo del Señor podía descansar. Parece lógico que se hubiera escogido a Siquem, lugar cercano a los montes Ebal y Gerizim, que en cierto sentido ya había sido consagrado a Dios. Pero es evidente que Dios eligió a Silo, al menos transitoriamente, para establecer allí su morada (Deut. 12: 5, 11, 14). Se han dado tres razones para la conveniencia de este lugar: (1) era central, (2) estaba protegido y aislado, (3) estaba en el territorio de la tribu de Efraín, a la cual pertenecía Josué.

Así él, como líder de la nación, tendría fácil acceso al santuario siempre que necesitara consultar al Dios de Israel. Las excavaciones han verificado la declaración de Juec. 21: 19 donde se indica que Silo estaba ubicada "al norte de Bet-el, y al lado oriental del camino que sube de Bet-el a Siquem". Hoy se conoce como Seilûn y está en una depresión entre dos cerros bajos al este del camino principal que va de Jerusalén a Siquem, a 15 km al norte de Bet-el y a unos 5 km al suroeste de Lebonah. Era la ubicación más central para todas las tribus, y en este lugar permaneció el arca durante unos 300 años hasta que fue tomada por los filisteos en tiempos de Elí (1 Sam. 4: 1 -11; PP 550).

La tierra les fue sometida.

Una vez que sometieron la zona circundante y las tribus de Judá, Efraín y Manasés (caps. 15-17) ocuparon sus tierras, nada impedía el traslado del tabernáculo de su lugar protegido en Gilgal 267 hasta esta ubicación central.

Esto fue realizado aún antes de que se dividiera el resto de la tierra entre las siete tribus restantes.

3.

Seréis negligentes.

Debido a que los israelitas habían vivido durante tanto tiempo como nómadas, les resultaba difícil cambiar su forma de vida. Se habían enriquecido con el botín de los cananeos y vivían en la abundancia. Parecían preocuparse más por la comodidad y la complacencia del momento que por la obtención de su heredad.

Como había ocurrido con los antiguos constructores de Babel, estaban contentos con su manera de vivir juntos formando una comunidad. Aparentemente no querían esparcirse y abandonar la buena compañía de sus hermanos. Desde el mismo comienzo, Dios había tenido el plan de que el hombre se esparciera sobre la faz de la tierra, y no de que se establecieran todos en un mismo lugar. En cuanto los seres humanos perdieron su visión espiritual, mostraron la tendencia a congregarse y a buscar la protección de otras personas antes que a confiar en la protección de Dios.

En esto hay una lección para nosotros hoy. Cuando nos hemos convertido de verdad y hemos recibido el título a la vida eterna, nuestra gran preocupación debiera ser la de procurar poseer esa heredad eterna. Pero demasiadas veces, así como las siete tribus, nos conformamos con los despojos de esta vida y no sentimos el impulso de proseguir con nuestra conquista. Para nosotros es la admonición del apóstol: "Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna" (1 Tim. 6: 12).

4.

Tres varones.

No se puede saber con exactitud si se trataba de 3 hombres de cada una de las 12 tribus, o de 3 hombres de cada una de las 7 tribus restantes. Parece más probable esto último, ya que eran 7 las tribus implicadas. Las otras tribus ya habían recibido sus heredades. Serían pues 21 hombres en total.

La describan.

Literalmente, "la escribirán". Evidentemente los hombres debían describir la tierra, nombrando las ciudades, dando su tamaño, la aptitud de los terrenos para la agricultura, la ganadería, etc., a fin de que el valor de esas propiedades pudiera ser debidamente tasado. Después de obtener esa información, la delegación debía dividir todo el territorio en siete partes.

Esto concuerda con lo que dice Josefo acerca de este incidente (Antigüedades v. i. 21). En cuanto a esta orden de Josué, dice: "También les dio la orden de que estimasen la medida de aquella parte de la tierra que era más fructífera y la que no era tan buena . . . Josué creyó que la tierra para las tribus debía distribuirse según la estimación de su calidad antes que por el tamaño de su medida; muchas veces se dio el caso de que una medida de algún tipo de suelo equivalía a mil medidas de otra tierra".

6.

Siete partes.

Debía presentarse a Josué un informe escrito de la tierra dividida en siete partes iguales, en forma equitativa, de acuerdo con su valor estimado a fin de que él pudiera echar suertes para las tribus delante del Señor.

Echaré suertes.

Ver com. caps. 7: 14; 14: 2. No se permitió que las tribus escogieran por sí mismas la porción que les iba a tocar. La tierra debía dividirse equitativamente. Las instrucciones eran: "A los más darás mayor heredad, y a los menos, menor... Pero la tierra será repartida por suerte" (Núm. 26: 54, 55). Estas palabras implican que las heredades habrían sido desiguales: mayores para las tribus más grandes, menores para las más pequeñas, pero que la posición de cada tribu debía fijarse por suerte, porque "de Jehová es la decisión de ella" (Prov. 16: 33). No se nos dice cómo fue cumplida esta regla en el caso de Judá, Efraín y Manasés, que recibieron primero su heredad.

Posiblemente se reconoció primero suficiente extensión de territorio como para proporcionar tres grandes porciones. Quizá después de hacer esto se echaron suertes entre las tres tribus, primero entre Judá y José para determinar a cuál le tocaría la parte sur y a cuál la norte, y luego entre Efraín y Manasés por las dos partes del territorio norteño. Tal método hubiera estado de acuerdo con las instrucciones de Núm.26.

9.

En un libro.

Además de hacer una descripción escrita de los rasgos principales del país, es probable que los hombres hubieran hecho algún tipo de mapa. Esta declaración implica que se hizo y registró un reconocimiento geográfico de las ciudades.

Posiblemente sea éste el primer estudio topográfico que se haya registrado.

Tal vez los hebreos aprendieron este arte de los egipcios, que eran buenos topógrafos.

10.

Retió Josué la tierra.

Según el vers. 9, la tierra fue dividida por ciudades en siete partes.

Entonces Josué echó suertes sobre 268 estas siete partes para decidir cuál le tocaría a cada tribu. Después de esto dividió la tierra según el tamaño de la tribu a la cual le había tocado por suerte un determinado grupo de ciudades. A una tribu pequeña le correspondía un territorio más reducido, y a una tribu más numerosa un territorio aumentado con tierras tomadas de las tribus de menor número. Esto estaba de acuerdo con la ley de distribución dada por Dios mediante Moisés (Núm. 33: 54).

11.

La suerte ... de Benjamín.

Evidentemente la providencia divina ordenó que a los hijos de Benjamín les correspondiera la primera suerte de estas siete, después de la tribu de José.

José y Benjamín eran hermanos, únicos hijos de Raquel, la amada esposa de Jacob. De la tribu de Benjamín salió más tarde Saúl, primer rey de Israel. La importante ciudad de Jerusalén estaba en su territorio. Parece que, según Juec. 1: 8, 21 y 1 Crón. 8: 28, 32, por algún tiempo esa ciudad fue posesión conjunta de Judá y Benjamín. Más tarde Jerusalén llegó a ser la ciudad real de los reyes de la casa de Judá.

12.

El límite de ellos.

Puesto que la heredad de Benjamín estaba situada entre el límite norte de Judá y el límite sur de Efraín, los lugares mencionados en estas fronteras ya se han comentado en los caps. 15 y 16.

14.

Tuerce hacia el oeste.

La frontera se volvía hacia el mar Mediterráneo.

Quiriat-baal.

Los israelitas cambiaron el nombre a Quiriat-jearim, "ciudad de bosques", a fin de borrar todo recuerdo de Baal (ver Jos. 15: 9; Núm. 32: 38). La frontera occidental de Benjamín llegaba hasta esta ciudad en el límite de Judá. Desde allí, torcía al este y tocaba el límite norte de Judá, según aparece descrito en el cap. 15: 5-9. En algún punto de los límites de Benjamín se encontraba el venerado lugar donde se había enterrado a Raquel (Gén. 35: 16, 19), aunque se desconoce el sitio exacto de su tumba (ver Nota Adicional de 1 Sam. 1).

17.

Gelilot.

Significa "círculos". Evidentemente se refiere a la ciudad de Gilgal que aparece en el cap. 15: 7.

21.

Las ciudades de la tribu.

Estas estaban divididas en 2 grupos, el primero con 12 ciudades en la parte oriental, y el segundo con 14 en la zona occidental. Algunas de ellas ya se han mencionado en la descripción de los límites.

Jericó.

Es decir, el lugar de Jericó. De acuerdo a la maldición del cap. 6: 26, no se había de reconstruir la ciudad (ver com. cap. 6: 26).

Valle de Casis.

Ya que el autor presenta una lista de ciudades, parece más probable que esta frase se dé como nombre propio, Emeq-Casis. "Émeq-Quesís" (BJ). Al este de Jerusalén se encuentra el Wadi el-Keziz, pero no se conoce la ubicación de esta aldea.

22.

Bet-arabá.

Ver com. cap. 15: 16.

Zemaraim.

Se ha identificado esta ciudad con las ruinas llamadas Rasez-Zeimara, al noreste del Wadi el-Keziz, junto al camino de Jerusalén a Jericó. En Gén. 10: 18 se menciona a los zemareos como tribu cananea.

Bet-el.

Ver com. Gén. 28: 19. Esta ciudad pasó a manos de los efrainitas cuando la tribu de Benjamín fue casi totalmente aniquilada Juec. 20). En la división del reino, bajo el gobierno de Roboam, aunque la tribu de Benjamín estaba unida con la de Judá, se consideraba a Bet-el como parte del reino norte de Israel, en la frontera sur de Jeroboam. En este lugar Jeroboam colocó uno de los becerros de oro (1 Rey. 12: 29-33).

23.

Avim.

Ya que en la enumeración Avim sigue a Bet-el, y no se menciona a Hai, que estaba cerca de Bet-el, se ha pensado que Avim podría ser otro nombre de Hai (ver com. cap. 7: 2). Sin embargo, el sitio no ha sido identificado aún.

Pará.

Tal vez sea Khirbet el-Fârah, en el Wadi Fârah al oeste de Jericó, más o menos a mitad de camino a Jerusalén.

Ofra.

Quizá sea la misma Ofra de 1 Sam.13:17 y Efraín de 2 Crón. 13: 19 y Juan 11:54. Es posible que se trate de et-Taiyibeh. No debe confundirse con la ciudad de Ofra mencionada en Juec. 6: 11, que probablemente estaba en Manasés.

24.

Quefar-haamoni, Ofni.

Estos lugares sólo aparecen mencionados aquí. Se desconoce su ubicación.

Geba.

El nombre significa "cerro", "colina". No debe confundirse con Gabaa de Saúl.

Geba y Gabaa sin duda no quedaban muy lejos una de otra, puesto que ambas estaban cerca de Ramá (ver Esd. 2: 26; Neh. 7: 30; Isa. 10: 29).

25.

Gabaón.

Significa "cerro". Estaba a unos 9 km al noroeste de Jerusalén, sobre el camino Jope. Era la principal ciudad de los heveos, cuyos habitantes actuaron engañosamente 269 para lograr una alianza con Josué y los israelitas, según está registrado en el cap. 9. Hoy se conoce como el-Jîb.

Ramá.

Significa "altura". Ramá estaba en lo que más tarde pasó a ser la frontera entre Judá e Israel según 1 Rey. 15: 17, 21, 22, a poca distancia de Bet-el.

No hay seguridad de que sea la misma Ramá de Samuel (ver Nota Adicional de 1 Sam. 1).

Beerot.

Este nombre significa "pozos". Estaba a 16 km al norte de Jerusalén cerca de la moderna el-Bîreh.

26.

Mizpa.

Significa "torre de vigía". No concuerdan los arqueólogos en cuanto a la ubicación de Mizpa de Benjamín. Robinson (1856) apoyó la ubicación de Mizpa en Nebî-Samwîl, una elevación de 885 m frente a Jerusalén, a unos 7 km al suroeste de Tell enNatsbeh. Por otra parte, Guillermo F. Badé y sus colaboradores sostienen que la Mizpa de antaño es Tell en-Natsbeh, sitio excavado por ellos a 12 km al norte de Jerusalén sobre el camino principal de Samaria y Galilea. Se ubicaría al norte de Ramá y Geba y al sur de Beerot.

Cafira.

Como Beerot, era una ciudad que dependía de Gabaón (cap. 9: 17), y estaba en sus proximidades, al noroeste de Jerusalén.

27.

Requem, Irpeel, Tarala.

Se desconoce la ubicación exacta de estas localidades, inclusive Mozah (vers. 26), a menos que Requem sea el-Burj.

28.

Zela.

Se la menciona en 2 Sam. 21: 14 como el lugar donde fueron finalmente enterrados Cis, Saúl y Jonatán (ver Nota Adicional de 1 Sam. l).

Elef.

Lugar no identificado.

Gabaa.

Probablemente se refiera a Gabaa de Saúl (1 Sam. 10: 26; 2 Sam. 21: 6), primer centro político del reino de Israel. Se ha identificado con el lugar hoy conocido como Tell el-Fûl, "montículo de porotos [frijoles, judías]", situado a 5,6 km al norte de Jerusalén, sobre el camino principal que lleva a Samaria.

En tiempos de Saúl, los Jebuseos aún mantenían el control de Jerusalén. Gabaa, cuartel general de Saúl, servía de puesto de vigilancia militar para Jerusalén.

Fue cerca de Gabaa donde Jonatán atacó a los filisteos (1 Sam. 14). Dos campañas de excavación en este sitio han proporcionado muchas informaciones sobre la historia bíblica de la antigua capital de Saúl.

Quiriat.

No debe confundirse con Quiriat-jearim del vers. 14 y el cap. 15: 60, perteneciente a Judá. Se desconoce la ubicación de Quiriat, pero se ha pensado que podría tratarse de Kerteh, al oeste de Jerusalén.

La heredad.

Comparada con la heredad de las otras tribus, la de Benjamín era una de las más pequeñas. Sin embargo, según Josefo, su suelo era el más fértil, el territorio ocupaba una posición sumamente estratégica, y los nombres de muchas de sus aldeas indican por su significado que estaban situadas sobre alturas y por lo tanto eran fáciles de defender. Indudablemente por esa razón la tribu de Benjamín una vez pudo resistir con éxito a los ejércitos combinados de Israel hasta que éste recurrió a una estratagema (Juec. 20).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 18

Josué Capítulo 18

1 Y toda la congregación de los hijos de Israel se juntó en Silo, y asentaron allí el Tabernáculo del Testimonio, después que la tierra les fue sujeta.

2 Mas habían quedado en los hijos de Israel siete tribus, a las cuales aún no habían partido su posesión.

3 Y Josué dijo a los hijos de Israel: ¿Hasta cuándo seréis negligentes para venir a poseer la tierra que os ha dado el SEÑOR el Dios de vuestros padres?

4 Señalad tres varones de cada tribu, para que yo los envíe, y que ellos se levanten, y anden la tierra, y la dibujen conforme a sus heredades, y se tornen a mí.

5 Y la repartirán en siete partes; y Judá estará en su término al mediodía, y los de la casa de José estarán en el suyo al norte.

6 Vosotros, pues, dibujaréis la tierra en siete partes, y me traeréis la descripción aquí, y yo os echaré las suertes aquí delante del SEÑOR nuestro Dios.

7 Pero los levitas ninguna parte tienen entre vosotros; porque el sacerdocio del SEÑOR es la heredad de ellos; Gad también y Rubén, y la media tribu de Manasés, ya han recibido su heredad del otro lado del Jordán al oriente, la cual les dio Moisés siervo del SEÑOR.

8 Levantándose pues aquellos varones, fueron; y mandó Josué a los que iban para dibujar la tierra, diciéndoles: Id, recorred la tierra, y dibujadla, y tornad a mí, para que yo os eche las suertes aquí delante del SEÑOR en Silo.

9 Fueron pues aquellos varones y pasearon la tierra, dibujándola por ciudades en siete partes en un libro, y tornaron a Josué al campo en Silo.

10 Y Josué les echó las suertes delante del SEÑOR en Silo; y allí repartió Josué la tierra a los hijos de Israel por sus porciones.

11 Y subió la suerte de la tribu de los hijos de Benjamín por sus familias; y salió el término de su suerte entre los hijos de Judá y los hijos de José.

12 Y fue el término de ellos al lado del norte desde el Jordán; y sube aquel término al lado de Jericó al norte; sube después al monte hacia el occidente, y viene a salir al desierto de Bet-avén;

13 y de allí pasa aquel término a Luz, por el lado de Luz (ésta es Bet-el) hacia el mediodía. Y desciende este término de Atarot-adar al monte que está al mediodía de Bet-horón la de abajo.

14 Y torna este término, y da vuelta al lado del mar, al mediodía hasta el monte que está delante de Bet-horón al mediodía; y viene a salir a Quiriat-baal, que es Quiriat-jearim, ciudad de los hijos de Judá. Este es el lado del occidente.

15 Y el lado del mediodía es desde el cabo de Quiriat-jearim, y sale el término al occidente, y sale a la fuente de las aguas de Neftoa;

16 y desciende este término al cabo del monte que está delante del valle del hijo de Hinom, que está en la campiña de los gigantes hacia el norte; desciende luego al valle de Hinom, al lado del jebuseo al mediodía, y de allí desciende a la fuente de Rogel;

17 y del norte torna y sale a En-semes, y de allí sale a Gelilot, que está delante de la subida de Adumín, y descendía a la piedra de Bohán, hijo de Rubén;

18 y pasa al lado que está delante de la campiña del norte, y desciende a los llanos;

19 y torna a pasar este término por el lado de Bet-hogla hacia el norte, y viene a salir el término a la lengua del mar Salado al norte, al cabo del Jordán al mediodía. Este es el término de hacia el mediodía.

20 Y el Jordán acaba este término al lado del oriente. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín por sus términos alrededor, conforme a sus familias.

21 Las ciudades de la tribu de los hijos de Benjamín, por sus familias, fueron Jericó, Bet-hogla, y el valle de Casis,

22 Bet-arabá, Zemaraim, y Bet-el;

23 y Avim, y Pará, y Ofra,

24 y Quefar-haamoni, Ofni, y Geba; doce ciudades con sus aldeas:

25 Gabaón, Ramá, Beerot,

26 y Mizpa, Cafira, y Mozah,

27 Requem, Irpeel y Tarala,

28 y Zela, Elef, Jebús, que es Jerusalén, Gabaa, y Quiriat; catorce ciudades con sus aldeas. Esta es la heredad de los hijos de Benjamín, conforme a sus familias.

jueves, abril 21

COMENTARIO DEL LIBRO DE JOSUE CAPITULO 17

Se echaron también suertes a la tribu de Manasés.

Jacob había preferido a Efraín antes que a Manasés (Gén. 48: 17-20), aunque este era el primogénito. Ahora Efraín había recibido el honor de que se describiera en primer término su heredad. Sin embargo, Manasés era el primogénito y debía recibir la doble porción (Deut. 21: 17) que le correspondía. Este capítulo trata principalmente del territorio adjudicado a Manasés al occidente del Jordán, pero se refiere también a la porción que la tribu ya había recibido al este del río.

Maquir.

La razón de que se le asignara este territorio se expresa en la frase "el cual fue hombre de guerra". Para entonces Maquir mismo debe haber estado muerto.

Era hijo de Manasés y había nacido en Egipto, y de haber estado vivo habría tenido unos 200 años. Quizá se había distinguido alguna vez en batalla, o sus descendientes, belicosos, retenían su nombre. Fuera como fuese, Moisés y Josué reconocieron la habilidad de esta familia para la guerra y estuvieron dispuestos a encomendarles la defensa del territorio fronterizo de Basán.

2.

Los otros hijos de Manasés.

En realidad, los nombres son los de los bisnietos de Manasés, porque son los hijos de Galaad (Núm. 26: 28-34), hijo de Maquir, hijo de Manasés. En Núm. 26: 30 "Jezer" aparece en lugar de "Abiezer", lo que no sería más que un error de transcripción. Los otros nombres son idénticos. Por otra parte, al comparar con 1 Crón. 7: 14-19, parece más razonable considerar que estos seis nombres pertenecen a familias importantes, y no necesariamente a seis hermanos.

3.

Zelofehad.

Hefer, uno de los ya mencionados seis hijos de Galaad, tuvo un hijo, Zelofehad, que murió en el desierto sin tener hijos varones. Sin embargo, Zelofehad tuvo cinco hijas (Núm. 26: 33, 34; 27: 1-5). Estas mujeres debieron luchar por sí mismas para defender sus derechos ante Moisés, a fin de retener la heredad y el nombre de su padre. El fallo Pronunciado por Moisés bajo dirección divina dictaminó que las mujeres debían heredar la parte de su padre, siempre que se casasen con hombres de su propia tribu para que la propiedad no pasase a manos de otra tribu. Las hermanas se casaron con sus primos, cumpliendo así la orden (Núm. 27: 6-1 l; 36: 10-12). Este hecho demostraba mayor respeto por los derechos de la mujer que el que comúnmente existía en esos tiempos. Estableció el principio de que la mujer no era una 263 mera esclava sin derechos propios.

Donde quiera se han establecido los principios del verdadero Dios, se ha exaltado la posición de la mujer.

5.

A Manasés diez partes.

Literalmente, "las partes de Manasés, diez". En el vers. 2 se nombran seis familias contando la de Hefer. Puesto que Zelofehad, hijo de Hefer, murió sin dejar ningún heredero varón, sus cinco hijas recibieron la parte que les correspondía. Parece que la parte de Hefer se dividió en cinco, dando así un total de diez porciones.

7.

Desde Aser hasta Micmetat.

Se describe primero la frontera sur de Manasés, la que daba con Efraín. La descripción comienza por la aldea de Aser, que parece haber estado en algún punto, entre Siquem y Bet-seán (Escitópolis), si en realidad era una población más bien que el territorio de la tribu. Desde este punto, la frontera iba hasta Micmetat, frente a Siquem, o un poco al este de la misma (ver com. cap. 16: 6). Siquem estaba cerca de la moderna Nablus, situada entre los montes Gerizim y Ebal.

Y va al sur.

"Iba hacia la derecha, hacia Yagib, en la fuente de Tappuaj" (BJ). En el hebreo dice literalmente "a la derecha", pero debe entenderse "al sur".

Mirando hacia el este, como hacían los hebreos para determinar direcciones, el sur estaba a la derecha. El hebreo dice "Fuente de Tapúa". En cuanto a Yalib, es una transliteración de la palabra hebrea que la RVR ha traducido "los que habitan". De Micmetat, la frontera iba hasta Tapúa (ver com. cap. 16: 8).

Esta ciudad estaba en el territorio de Efraín, pero el territorio adyacente pertenecía a Manasés. Evidentemente la frontera pasaba cerca de los límites de la ciudad y de allí se volvía al oeste.

9.

Hacia el sur del arroyo.

La palabra "arroyo" es aquí la misma que significa "torrente de invierno".

Algunos identifican este arroyuelo con el Abu Zabura, y otros con el Nahr el-Kassab, en el cual se retiene el viejo nombre de "Arroyo de las cañas". Es probablemente el arroyo que desemboca en el Mediterráneo, al norte de Jope.

Estas ciudades de Efraín.

No queda totalmente claro cuáles eran estas ciudades. Se alude a ellas en el cap. 16: 9, y es posible que Tapúa hubiera sido una de ellas. No se nombran las otras, pero es evidente que Efraín tenía ciudades en el territorio de Manasés, y que Manasés tenía ciudades en el territorio de Isacar y Aser.

Fueron arreglos especiales hechos entre las tribus a fin de lograr ciertos ajustes territoriales para adecuarse a la población. Indica que existía cierto grado de unidad entre las tribus mencionadas, al menos en el período inicial de su existencia.

10.

Y se encuentra.

No se dice específicamente cuál es el sujeto de este verbo, pero considerando la descripción ya hecha del territorio, y lo que se dice en el vers. 11, parece probable que el sujeto buscado sea "Manasés", que tiene frontera con Aser al norte y con Isacar al oriente. En la BJ, la descripción del territorio de Manasés está hecha en frases de fácil comprensión (vers. 7-10). Según el cap. 19: 26, la tribu de Aser se extendía por el sur hasta el monte Carmelo, y la tribu de Manasés alcanzaba hasta Dor y sus aldeas (ver vers. 1 l), lugar cercano al Carmelo. Así los territorios de las dos tribus se habrían encontrado junto al mar Mediterráneo.

11.

Bet-seán.

Literalmente, "casa de reposo". Era una ciudad del territorio de Isacar, pero fue asignada a Manasés. Estaba en un lugar estratégico, en la conjunción de dos valles importantes: el del Jordán y el de Jezreel. Es posible que por ser Manasés una tribu guerrera y hábil defensora de Israel, se hubiera creído conveniente permitirle que viviera en esta fortaleza y la defendiera. En tiempos del NT, Bet- seán era una de las mayores ciudades de la Decápolis. Se la llamaba Escitópolis. Las ruinas de la antigua Bet-seán están en el Tell el Hutsn, a poca distancia de la moderna aldea de Beisãn, que perpetúa el antiguo nombre.

Ibleam.

Hoy se la conoce por Tell Bel"ameh. Era una ciudad muy fortificada que formaba parte de una serie de fortificaciones que se extendían desde Bet-seán hasta el Mediterráneo. Estaba a unos 20 km al noreste de Samaria, en camino hacia Meguido. Es probable que junto con Bet-seán se la hubiera dado a Manasés no sólo para que esta tribu tuviera más territorio, sino con el fin de que pudiera defenderse mejor.

Dor.

Puerto del Mediterráneo, esta ciudad estaba en el territorio de Aser, pero fue dada a Manasés. Quedaba entre el promontorio del Carmelo y la Cesarea del NT.

Endor.

Esta ciudad estaba en la ladera del monte More, a 6 km al sur del monte Tabor y a 10,4 km al sudeste de Nazaret. La pitonisa a 264 la cual acudió el desesperado Saúl vivía en Endor (1 Sam. 28).

Taanac.

Esta ciudad dominaba uno de los pasos de acceso a la llanura de Esdraelón.

Estaba a unos 8 km al sudeste de Meguido, y había allí una fortaleza que estaba sobre el camino que llevaba del monte Carmelo al camino principal, el cual corría de sur a norte entre Judea y Galilea. Hoy sus ruinas llevan el nombre de Tell Ta"annak.

Meguido.

Importante y estratégica ciudad que dominaba la llanura de Esdraelón. Sus ruinas se han identificado con el montículo llamado Tell el-Mutesellim. Parece que por una razón militar se dieron esas ciudades tan estratégicamente ubicadas a la tribu de Manasés.

Tres provincias.

Literalmente, "tres de las alturas". La LXX reza: "y la tercera parte de Mafeta y sus aldeas", lo que se refleja en la BJ que dice: "y un tercio de Néfet". En siriaco se habla de "tres aldeas". Varios comentadores interpretan que esta expresión se refiere a las tres ciudades mencionadas que estaban sobre alturas, tres ciudades sobre montañas, en contraste con las ciudades de la llanura: Endor, Taanac y Meguido.

12.

Persistió en habitar en aquella tierra.

Se indica aquí la tenacidad de los cananeos que se resistían a ser expulsados de este territorio. También implica la incredulidad y la cobardía de los israelitas. Si hubiesen estado dispuestos a hacer el esfuerzo requerido, Dios habría cooperado con ellos para darles la victoria total.

13.

Hicieron tributario.

La LXX dice que "los hicieron obedientes", lo que se refleja en la BJ, "sometieron a los cananeos a servidumbre". Es probable que la codicia los hubiera inducido a esa componenda. El dinero y el poder son eficaces para acallar muchas conciencias. Pero el dinero sin rectitud nunca puede enriquecer una causa justa. Muchas personas serán condenadas en el juicio porque amaron más las riquezas que a Dios. Dios desea personas de fe y valor que no se vendan ni se compren con dinero, poder ni honores.

14.

Una sola parte.

En este pasaje se considera a Efraín y a Manasés como una tribu, la tribu de José. Por lo menos les resultaba conveniente que en este caso se los considerara así. Quizá recordaban la promesa y profecía de Jacob (Gén. 48: 22), en la cual el anciano patriarca daba a José una parte más que a sus hermanos. Pero al mismo tiempo les parecía conveniente olvidar que sus hermanos habían recibido una porción del otro lado del Jordán. Un espíritu egoísta y codicioso siempre olvida lo que ya ha recibido. Tal vez Manasés y Efraín comparaban su porción con la que había recibido Judá. Posiblemente también pensaran que por ser Josué de la tribu de Efraín les haría un favor especial. Pero Josué era demasiado magnánimo como para ceder ante una propuesta tan mezquina y egoísta como la que hacían las tribus de Efraín y Manasés.

Un pueblo tan grande.

Muchas personas reproducen hoy la actitud de los hijos de José. Los que tienen una opinión exagerada de sí mismos, a menudo piensan que su grandeza debiera ser reconocida por Dios y por los hombres; y si no lo es, entonces insisten en que Dios o los hombres se equivocan. En el caso que estamos considerando, ya que los descendientes de José eran un pueblo grande debido a la bendición del Señor, debían haber seguido buscando en él una bendición permanente, y no hacer un pedido injusto para que Josué les diera más de lo que les correspondía.

Siempre existe el peligro de que cuando una persona es bendecida por Dios, atribuya esta bendición a algún mérito propio. Esta puede ser la razón por la cual no reciben mayores favores del cielo. Tienden a interpretar de modo erróneo esos favores, y mientras con los labios agradecen a Dios, en su corazón se están alabando a sí mismos.

15.

Si sois pueblo tan grande.

Josué era demasiado sagaz como para discutir la arrogante declaración de los efrainitas y manasitas. En realidad les dijo: "Si sois pueblo tan grande gracias a las bendiciones de Dios, entonces Dios seguirá bendiciéndoos en la conquista de la tierra. Sois bien capaces de cuidaros a vosotros mismos. Id a los vastos bosques del centro de Palestina y tomad posesión de ellos". De estas declaraciones se deduce claramente que una buena parte de Palestina central era en ese tiempo un gran bosque con escasa población. Esto ayudaría a explicar la estrategia del ataque de Israel bajo el mando de Josué contra el centro del país, para dividir las fuerzas de los cananeos desde el comienzo de la campaña. Así los israelitas pudieron atacar con todas sus fuerzas a los ejércitos del sur, y luego de haberlos derrotado allí, pudieron 265 volverse contra los ejércitos del norte.

Ferezeos.

Ver com. cap. 3: 10.

Refaítas.

Ver com. cap. 12: 4.

16.

No nos bastará.

Los hijos de José no querían conformarse con el territorio que se les adjudicaba. A fin de que les alcanzase, debían realizar la difícil tarea de limpiar el terreno montañoso y prepararlo para la agricultura o conquistar el valle, zona dominada por los cananeos que poseían poderosas armas

Carros herrados.

Esos carros estaban recubiertos de hierro. Algunos han negado la posibilidad de que hubiera objetos de hierro en esa época. Sin embargo, los objetos encontrados en la tumba del rey Tutankamón son del mismo siglo y prueban la existencia y el uso del hierro en esa época (ver también com. Gén. 4: 22).

Estos carros eran formidables instrumentos de guerra, pero los hijos de José debieran haber recordado que su Dios era mayor aún que los "carros herrados".

17.

Una sola parte.

Estas tribus no debían considerar su heredad como una sola parte, porque en realidad era suficientemente grande si tan sólo se disponían a poseer todo el territorio. Si subían al monte y lo desmontaban, podían duplicar su extensión.

Es evidente que una buena parte de su territorio era boscoso en ese tiempo (ver com. Deut. 8: 7).

18.

Sus límites más lejanos.

Si desmontaban y ocupaban la montaña, podrían dominar todos los valles.

Dominando todos los desfiladeros, podrían expulsar a los cananeos a pesar de sus formidables carros herrados.

Tu arrojarás.

Esta fue la orden final para las tribus cobardes. Reciben una orden similar los que albergan pecados dominantes. No se ha de tolerar una sola mancha.

Todo vicio corruptor debe ser expulsado del corazón. Cualquier vestigio de tolerancia o transigencia acarreará la ruina segura. Con frecuencia podemos mirar nuestros pecados así como Israel vio los carros herrados, y quizá sintamos que no los podemos vencer. Así tranquilizamos la conciencia haciendo "tributarios" nuestros pecados, pero permitiendo que permanezcan. El resultado final es la derrota segura. El temor y la falta de fe y valor son los aliados de Satanás; pero la orden de Dios resuena a través de las edades: "Tú los arrojarás". Ver también com. cap. 16: 10.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE