CAPÍTULO IV
Versículos 1—9. Los israelitas vencidos por los filisteos. 10, 11. Captura del arca. 12—18. La
muerte de Elí. 19—22. Nacimiento de Icabod.
Vv. 1—9. Israel es azotado por los filisteos. El pecado, la cosa maldita, estaba en el campamento y
dio a los enemigos toda la ventaja que podían desear. Reconocieron la mano de Dios en su
tribulación, pero en vez de someterse, hablaron con enojo, como si no se dieran cuenta de ninguna
provocación que hubieran hecho. La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová
se irrita su corazón, Proverbios xix, 3, y lo culpan a Él. Supusieron que podían comprometer a Dios
a manifestarse en favor de ellos, llevando el arca a su campamento. Quienes han regresado a la vida
de la religión, a veces demuestran un gran afecto por las observancias externas, como si estas
pudieran salvarlos y como si el arca, el trono de Dios, en el campamento los llevara al cielo, aunque
el mundo y la carne estén entronizados en el corazón.
Vv. 10—11. La captura del arca fue un gran juicio contra Israel y señal cierta del desagrado de
Dios. Que nadie piense en escudarse contra la ira de Dios bajo el manto de una profesión externa de
la fe.
Vv. 12—18. La derrota del ejército fue muy penosa para Elí por cuanto era el juez; las noticias
de la muerte de sus dos hijos, con quienes había sido tan indulgente, y que murieron sin
arrepentimiento, como tenía razón para temer, le conmovieron como padre; pero había una
preocupación más grande aun en su espíritu. Cuando el mensajero concluyó su relato diciendo ‘el
arca de Dios fue capturada’, él fue golpeado en el corazón y murió instantáneamente. Un hombre
puede morir en forma miserable, pero no morir eternamente; puede llegar a un final inoportuno,
pero el final será paz.
Vv. 19—22. La esposa de Finees parece haber sido una persona piadosa. Su lamento de
moribunda fue por la pérdida del arca, y el traspaso de la gloria de Israel. ¿Qué es un gozo terrenal
para quien está moribunda? Ningún gozo sino el que es espiritual y divino resistirá entonces; la
muerte es algo demasiado grave para reconocer el sabor de un goce terrenal. ¿Qué es eso para quien
lamenta la pérdida del arca? ¿Qué placer podemos hallar en nuestras consolaciones y deleites de
criaturas, si necesitamos la palabra y las ordenanzas de Dios, especialmente si queremos el consuelo
de su presencia bondadosa y la luz de su rostro? Si Dios se va, la gloria se va, y todo lo bueno se va.
¡Ay de nosotros si Él se va! Pero aunque la gloria sea trapasada de una nación, ciudad, o aldea
pecadoras tras otra, sin embargo, nunca se irá del todo, pues brilla en un lugar, cuando se eclipsa en
otro.
martes, septiembre 27
EL LIBRO DE 1 ERA DE SAMUEL CAPITULO 4
En esos días los filisteos se reunieron para atacar a Israel y los Israelitas salieron a su encuentro para enfrentarlos. Acamparon cerca de Eben-Ha-Ezer, mientras que los filisteos acampaban en Afec.
02 Los filisteos se dispusieron para la batalla frente a los israelitas y el combate fue violento. Israel fue vencido por los filisteos, quienes dieron muerte a más o menos cuatro mil en el campo de batalla.
03 Cuando el pueblo regresó al campamento, los ancianos de Israel se preguntaron: «¿Por qué Yavé nos aplastó hoy ante los filisteos? ¡Vamos a Silo y traigamos el arca de Dios! Que esté aquí con nosotros y que nos salve de nuestros enemigos».
04 El pueblo mandó entonces a buscar a Silo el arca de Yavé de los ejércitos, que se sienta sobre los querubines. Los dos hijos de Helí, Jofni y Finjas, la acompañaban.
05 Cuando el arca de Yavé entró en el campamento, todo Israel se puso a gritar haciendo temblar el suelo.
06 Al oír esos gritos, los filisteos se dijeron: «¿Qué significará esa inmensa aclamación en el campamento de los hebreos?» Cuando supieron que el arca de Yavé había llegado al campamento,
07 los filis teos tuvieron miedo: «Dios ha llegado a su campamento, dijeron, ay de nosotros, porque hasta ahora nunca había ocurrido esto.
08 Ay de nosotros, ¿quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos? ¿No fueron ellos los que castigaron a los egipcios con toda clase de plagas en los tiempos del desierto?
09 ¡Animo, filisteos! Luchemos como hombres, no vayamos a someternos a esos hebreos como ellos se han sometido a nosotros hasta ahora; ¡sea mos valientes y luchemos!»
10 Así los filisteos presentaron batalla; los israelitas fueron derrotados: cada cual huyó para su casa. Hubo una gran masacre y treinta mil combatientes cayeron de entre las filas de Israel.
11 El arca de Dios cayó en manos enemigas y los dos hijos de Helí, Jofni y Finjas, murieron.
12 Un hombre de Benjamín escapó y llegó ese mismo día a Silo, con sus ropas destrozadas y la cabeza cubierta de polvo.
13 Al llegar, Helí estaba sentado en su sillón muy cerca del camino, porque su corazón temblaba por el arca de Dios. Este hombre, pues, trajo la noticia al pueblo y surgió una gran lamentación.
14 Cuando Helí la oyó, preguntó: «¿A qué se debe esa lamentación?» El hombre corrió donde Helí para informarlo.
15 Helí tenía entonces noventa y ocho años, tenía la mirada fija, pero ya no veía.
16 El mensajero dijo a Helí: «Vengo del campo de batalla, hoy mismo huí de las líneas». Helí le preguntó: «¿Qué pasó, hijo mío?»
17 El mensajero respondió: «Israel huyó ante los filisteos..., fue una terrible derrota para el pueblo. Tus dos hijos murieron también y el arca de Dios fue capturada».
18 En cuanto mencionó el arca de Dios, Helí cayó de espaldas de su silla, atravesándose en la puerta. Se rompió la nuca y murió, porque el anciano era pesado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años.
19 Su nuera, la mujer de Finjas, estaba embarazada y a punto de dar a luz. Al saber la captura del arca de Dios, la muerte de su suegro y de su marido, le vinieron los dolores, se puso en cuclillas y dio a luz.
20 Las mujeres que la asistían, al verla que estaba a punto de morir, le dijeron: «¡Animo! ¡Animo! ¡Has dado a luz un niño! Pero ella no respondió ni puso atención.
Puso al niño el nombre de Icabod (¿Dónde está la Gloria?) porque dijo: ?La Gloria ha sido arrancada de Israel?. Pensaba tanto en el Arca como en su suegro y en su marido.
22 Al decir: ?La Gloria?, se refería al arca de Dios».
02 Los filisteos se dispusieron para la batalla frente a los israelitas y el combate fue violento. Israel fue vencido por los filisteos, quienes dieron muerte a más o menos cuatro mil en el campo de batalla.
03 Cuando el pueblo regresó al campamento, los ancianos de Israel se preguntaron: «¿Por qué Yavé nos aplastó hoy ante los filisteos? ¡Vamos a Silo y traigamos el arca de Dios! Que esté aquí con nosotros y que nos salve de nuestros enemigos».
04 El pueblo mandó entonces a buscar a Silo el arca de Yavé de los ejércitos, que se sienta sobre los querubines. Los dos hijos de Helí, Jofni y Finjas, la acompañaban.
05 Cuando el arca de Yavé entró en el campamento, todo Israel se puso a gritar haciendo temblar el suelo.
06 Al oír esos gritos, los filisteos se dijeron: «¿Qué significará esa inmensa aclamación en el campamento de los hebreos?» Cuando supieron que el arca de Yavé había llegado al campamento,
07 los filis teos tuvieron miedo: «Dios ha llegado a su campamento, dijeron, ay de nosotros, porque hasta ahora nunca había ocurrido esto.
08 Ay de nosotros, ¿quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos? ¿No fueron ellos los que castigaron a los egipcios con toda clase de plagas en los tiempos del desierto?
09 ¡Animo, filisteos! Luchemos como hombres, no vayamos a someternos a esos hebreos como ellos se han sometido a nosotros hasta ahora; ¡sea mos valientes y luchemos!»
10 Así los filisteos presentaron batalla; los israelitas fueron derrotados: cada cual huyó para su casa. Hubo una gran masacre y treinta mil combatientes cayeron de entre las filas de Israel.
11 El arca de Dios cayó en manos enemigas y los dos hijos de Helí, Jofni y Finjas, murieron.
12 Un hombre de Benjamín escapó y llegó ese mismo día a Silo, con sus ropas destrozadas y la cabeza cubierta de polvo.
13 Al llegar, Helí estaba sentado en su sillón muy cerca del camino, porque su corazón temblaba por el arca de Dios. Este hombre, pues, trajo la noticia al pueblo y surgió una gran lamentación.
14 Cuando Helí la oyó, preguntó: «¿A qué se debe esa lamentación?» El hombre corrió donde Helí para informarlo.
15 Helí tenía entonces noventa y ocho años, tenía la mirada fija, pero ya no veía.
16 El mensajero dijo a Helí: «Vengo del campo de batalla, hoy mismo huí de las líneas». Helí le preguntó: «¿Qué pasó, hijo mío?»
17 El mensajero respondió: «Israel huyó ante los filisteos..., fue una terrible derrota para el pueblo. Tus dos hijos murieron también y el arca de Dios fue capturada».
18 En cuanto mencionó el arca de Dios, Helí cayó de espaldas de su silla, atravesándose en la puerta. Se rompió la nuca y murió, porque el anciano era pesado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años.
19 Su nuera, la mujer de Finjas, estaba embarazada y a punto de dar a luz. Al saber la captura del arca de Dios, la muerte de su suegro y de su marido, le vinieron los dolores, se puso en cuclillas y dio a luz.
20 Las mujeres que la asistían, al verla que estaba a punto de morir, le dijeron: «¡Animo! ¡Animo! ¡Has dado a luz un niño! Pero ella no respondió ni puso atención.
Puso al niño el nombre de Icabod (¿Dónde está la Gloria?) porque dijo: ?La Gloria ha sido arrancada de Israel?. Pensaba tanto en el Arca como en su suegro y en su marido.
22 Al decir: ?La Gloria?, se refería al arca de Dios».
martes, septiembre 20
COMENTARIO DEL 1 DE SAMUEL CAPITULO 3
CAPÍTULO 3
Una vez más el contraste en el niño Samuel a lo que sucede antes de que se pone de relieve: su ministerio al Señor en presencia de Elí. Eli fue testigo de su fidelidad al Señor sencillo, pero al mismo tiempo que sin duda se aprecia que no tuvo un efecto de agitación Eli a la obediencia más incondicional. En este momento la palabra del Señor era rara: las condiciones eran tales que el Señor no se revelaba como lo había hecho con Moisés, Josué y algunos de los jueces. El versículo 21 muestra, sin embargo, de que Samuel se convirtió en la única excepción.
La primera revelación de Dios de Samuel llega en un momento en que Eli había puesto a dormir y sus ojos habían comenzado a oscurecerse. Sin duda esta es la intención que debe aplicarse espiritualmente también. Formalismo siempre se oscurece con visión de futuro, mientras que la fe se convierte en completamente despierto. Mientras que la lámpara de Dios en el templo estaba prácticamente listo para salir Dios tenía su propia manera de provocar un avivamiento. Samuel había establecido, pero no estaba durmiendo cuando Dios lo llamó. La rapidez de la respuesta del niño indica un espíritu maravillosamente obediente. Corrió a Eli, porque no había nadie más allí, por lo que Samuel conocía. Eli sólo podía decirle que no había llamado. En segunda convocatoria, Eli debería haber sido alertados por esta experiencia inusual, pero le dice a Samuel una vez más que se acueste. No fue sino hasta la tercera vez que lo hizo empezar a darse cuenta de que el Señor estaba llamando a Samuel. Samuel era tan joven que aún no conocen al Señor, y Eli se le instruye que esperar a que otra llamada, y responder: "Habla, Señor;. Porque tu siervo oye"
Todo esto estaba destinado por Dios para revolver el ejercicio de Samuel y Eli. Ciertamente, Samuel se mantendría despierto para la cuarta convocatoria, a la que él responde: "Habla, porque tu siervo oye." Se omite la palabra "Señor", sin duda porque no se le había instruido antes de que el mismo Señor, que es muy posible, incluso cuando está rodeado por el reconocimiento formal de sus cosas: de hecho tales cosas a menudo tienden a ocultar el verdadero conocimiento de sí mismo.
El mensaje del Señor a Samuel es terrible. Es posible que nos parecen demasiado aterrador para los oídos de un niño pequeño, pero Dios es más sabio que nosotros, de hecho, es el "hijitos" que se advirtió en contra de anti-Cristo en 1 Juan 2:18. Samuel sabía de la maldad de los hijos de Elí, y era necesario que él también debe saber los pensamientos de Dios acerca de esto. La paciencia de Dios en cuanto a esto llegar a un abrupto final en hechos en lo que Israel haría todo lo hormigueo oído. Se confirma a Samuel lo que Él había dicho antes a Eli, que él llevaría a cabo en contra de él todo lo que había hablado sobre su casa: una vez que esto comenzó no habría retraso en su realización.
Por supuesto que Eli no le habría dicho a la profecía de Samuel, pero Dios le dice a Samuel que Él le había dicho a Eli que Él juzgará a su casa para siempre a causa de la iniquidad que él conocía y que no había corregido. Sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado. Sus protestas fueron leves no lo moderación. Por el contrario, las palabras de Dios que le fueron confirmados por un juramento solemne de que la iniquidad no se purga con sacrificios ni con ofrendas. Por este pecado voluntario no se ofrece: Dios debe actuar en el juicio.
Samuel se mantuvo en la cama hasta la mañana, pero no se dice que dormía. Este primer mensaje de Dios a él seguramente se quemaría en su alma más profunda, por lo que nunca lo olvidaría, pero no se han impreso en su corazón un gran respeto por la santidad de Dios con el que tenía que hacer. Es fácil comprender su miedo a decir lo que Eli había dicho Dios. Del mismo modo, cualquier verdadero profeta de Dios tendrá un cierto grado de temor en cuanto a declarar todo el consejo de Dios, porque él sabe que no será siempre bien recibida por los hombres. Pero no debemos caer en el miedo, porque cuando Dios habla, nos va a permitir ninguna excusa para ocultar su palabra.
Eli, llamando a Samuel, le conminó a contarle todo lo que Dios había hablado. Seguramente se dio cuenta de que no sería una cuestión de luz que Dios le habló a Samuel, y probablemente en relación con la condición corrupta del sacerdocio. Samuel respondió diciéndole que todo, sin esconder nada de él. Por lo tanto, a una edad temprana, él actuó como un verdadero profeta de Dios. Eli no podía dejar de reconocer esto fue solemne mensaje de Dios para él, y habla con sumisión, a pesar de que parece haber ido más allá de cualquier pensamiento de ejercicio para cambiar las cosas a sí mismo. El suyo fue un patético estado de pasividad sin hacer ejercicio.
¡Qué diferente fue el ejercicio de agitación del alma de Samuel desde su juventud! El Señor estaba con él, cuando creció, y permitió que ninguna de sus palabras al caer al suelo. ¡Cuán pocos de hecho tienen una reputación de este tipo! Porque si no se nos da a las palabras dañinas, por lo menos con demasiada frecuencia permitimos que las palabras inútiles que caen de los labios, en vez de las palabras siempre es cierto y correcto. Sin embargo, un personaje de este tipo en un lugar público, como el templo no podía permanecer oculto: todo Israel pronto supo que se creó para ser un profeta del Señor. Shiloh fue bendecida por la aparición del Señor, pero fue sólo a Samuel, y esto "por la palabra del Señor." Hoy en día la palabra del Señor que nos ha llevado a cabo en las Escrituras, y sólo por esta palabra escrita se le comunique su mente a sus profetas ahora.
Una vez más el contraste en el niño Samuel a lo que sucede antes de que se pone de relieve: su ministerio al Señor en presencia de Elí. Eli fue testigo de su fidelidad al Señor sencillo, pero al mismo tiempo que sin duda se aprecia que no tuvo un efecto de agitación Eli a la obediencia más incondicional. En este momento la palabra del Señor era rara: las condiciones eran tales que el Señor no se revelaba como lo había hecho con Moisés, Josué y algunos de los jueces. El versículo 21 muestra, sin embargo, de que Samuel se convirtió en la única excepción.
La primera revelación de Dios de Samuel llega en un momento en que Eli había puesto a dormir y sus ojos habían comenzado a oscurecerse. Sin duda esta es la intención que debe aplicarse espiritualmente también. Formalismo siempre se oscurece con visión de futuro, mientras que la fe se convierte en completamente despierto. Mientras que la lámpara de Dios en el templo estaba prácticamente listo para salir Dios tenía su propia manera de provocar un avivamiento. Samuel había establecido, pero no estaba durmiendo cuando Dios lo llamó. La rapidez de la respuesta del niño indica un espíritu maravillosamente obediente. Corrió a Eli, porque no había nadie más allí, por lo que Samuel conocía. Eli sólo podía decirle que no había llamado. En segunda convocatoria, Eli debería haber sido alertados por esta experiencia inusual, pero le dice a Samuel una vez más que se acueste. No fue sino hasta la tercera vez que lo hizo empezar a darse cuenta de que el Señor estaba llamando a Samuel. Samuel era tan joven que aún no conocen al Señor, y Eli se le instruye que esperar a que otra llamada, y responder: "Habla, Señor;. Porque tu siervo oye"
Todo esto estaba destinado por Dios para revolver el ejercicio de Samuel y Eli. Ciertamente, Samuel se mantendría despierto para la cuarta convocatoria, a la que él responde: "Habla, porque tu siervo oye." Se omite la palabra "Señor", sin duda porque no se le había instruido antes de que el mismo Señor, que es muy posible, incluso cuando está rodeado por el reconocimiento formal de sus cosas: de hecho tales cosas a menudo tienden a ocultar el verdadero conocimiento de sí mismo.
El mensaje del Señor a Samuel es terrible. Es posible que nos parecen demasiado aterrador para los oídos de un niño pequeño, pero Dios es más sabio que nosotros, de hecho, es el "hijitos" que se advirtió en contra de anti-Cristo en 1 Juan 2:18. Samuel sabía de la maldad de los hijos de Elí, y era necesario que él también debe saber los pensamientos de Dios acerca de esto. La paciencia de Dios en cuanto a esto llegar a un abrupto final en hechos en lo que Israel haría todo lo hormigueo oído. Se confirma a Samuel lo que Él había dicho antes a Eli, que él llevaría a cabo en contra de él todo lo que había hablado sobre su casa: una vez que esto comenzó no habría retraso en su realización.
Por supuesto que Eli no le habría dicho a la profecía de Samuel, pero Dios le dice a Samuel que Él le había dicho a Eli que Él juzgará a su casa para siempre a causa de la iniquidad que él conocía y que no había corregido. Sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado. Sus protestas fueron leves no lo moderación. Por el contrario, las palabras de Dios que le fueron confirmados por un juramento solemne de que la iniquidad no se purga con sacrificios ni con ofrendas. Por este pecado voluntario no se ofrece: Dios debe actuar en el juicio.
Samuel se mantuvo en la cama hasta la mañana, pero no se dice que dormía. Este primer mensaje de Dios a él seguramente se quemaría en su alma más profunda, por lo que nunca lo olvidaría, pero no se han impreso en su corazón un gran respeto por la santidad de Dios con el que tenía que hacer. Es fácil comprender su miedo a decir lo que Eli había dicho Dios. Del mismo modo, cualquier verdadero profeta de Dios tendrá un cierto grado de temor en cuanto a declarar todo el consejo de Dios, porque él sabe que no será siempre bien recibida por los hombres. Pero no debemos caer en el miedo, porque cuando Dios habla, nos va a permitir ninguna excusa para ocultar su palabra.
Eli, llamando a Samuel, le conminó a contarle todo lo que Dios había hablado. Seguramente se dio cuenta de que no sería una cuestión de luz que Dios le habló a Samuel, y probablemente en relación con la condición corrupta del sacerdocio. Samuel respondió diciéndole que todo, sin esconder nada de él. Por lo tanto, a una edad temprana, él actuó como un verdadero profeta de Dios. Eli no podía dejar de reconocer esto fue solemne mensaje de Dios para él, y habla con sumisión, a pesar de que parece haber ido más allá de cualquier pensamiento de ejercicio para cambiar las cosas a sí mismo. El suyo fue un patético estado de pasividad sin hacer ejercicio.
¡Qué diferente fue el ejercicio de agitación del alma de Samuel desde su juventud! El Señor estaba con él, cuando creció, y permitió que ninguna de sus palabras al caer al suelo. ¡Cuán pocos de hecho tienen una reputación de este tipo! Porque si no se nos da a las palabras dañinas, por lo menos con demasiada frecuencia permitimos que las palabras inútiles que caen de los labios, en vez de las palabras siempre es cierto y correcto. Sin embargo, un personaje de este tipo en un lugar público, como el templo no podía permanecer oculto: todo Israel pronto supo que se creó para ser un profeta del Señor. Shiloh fue bendecida por la aparición del Señor, pero fue sólo a Samuel, y esto "por la palabra del Señor." Hoy en día la palabra del Señor que nos ha llevado a cabo en las Escrituras, y sólo por esta palabra escrita se le comunique su mente a sus profetas ahora.
1ra. de SAMUEL CAPITULO 3
1ra. de Samuel
Capítulo 03
3:1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.
3:2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,
3:3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,
3:4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
3:5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
3:6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.
3:7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.
3:8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.
3:9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.
3:10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.
3:11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.
3:12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
3:13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.
3:14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
3:15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.
3:16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.
3:17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.
3:18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
3:19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
3:20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.
3:21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.
Capítulo 03
3:1 El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.
3:2 Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,
3:3 Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada,
3:4 Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.
3:5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
3:6 Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.
3:7 Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.
3:8 Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.
3:9 Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.
3:10 Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.
3:11 Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos.
3:12 Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
3:13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.
3:14 Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
3:15 Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.
3:16 Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí.
3:17 Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.
3:18 Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
3:19 Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
3:20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.
3:21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.
jueves, septiembre 8
COMENTARRIO DEL LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 2
Se regocija en YHWH.
Esta segunda visita a Silo fue del todo diferente de la registrada en el cap. 1. En la primera visita Ana 461 suplicó angustiada en favor de sí misma. La segunda fue un gran canto de alabanza. Como resultado de su plena entrega al Señor, estaba feliz por el privilegio de devolver a su Creador lo que él le había dado. Al hacer esto, experimentó el gozo supremo, pues ¿acaso no había aprendido a apreciar la amante bondad divina en una forma nueva? Ella ensalzó a Dios como el autor de la misericordia revelada en su compasión por los desvalidos. Obtuvo una nueva visión del poder de Dios, cuyo dominio sobre las fuerzas ocultas de la naturaleza era ahora evidente en su silenciosa acción para contrarrestar las fuerzas del mal que la desanimaban y podrían derrotarla, y que además había hecho que un ambiente negativo contribuyera inmensurablemente a la profundidad y plenitud de su gozo. Entendió de un modo nuevo el pacto hecho con sus antepasados: que los hijos de Dios llegarían a ser una bendición para todas las naciones. El himno de gozo de Ana fue una profecía referente a David y al Mesías (PP 617).
La experiencia de Ana puede haber resultado en la bendición máxima manifestada en la vida de Penina. Dios anhelaba salvar tanto a Penina como a Ana. ¿Cómo podía realizar esto en una forma más eficaz que mostrando el ensalzamiento de un alma que confiaba en él y que no pagaba mal por mal? Tal fue el método de Cristo al tratar de salvar a Simón el leproso: hacer notar la bendición que podía recibir María Magdalena (Mar. 14: 3-9; Luc. 7: 37-50). Simón aprendió su lección, y se convirtió en un ferviente discípulo (DTG 520, 521). ¿Aprendió su lección Penina?
3.
Cesen las palabras arrogantes.
Ana podría haber sentido que personalmente superaba a Penina en vista de la maravillosa experiencia que le había sobrevenido. Sin embargo, ¿acaso las palabras de estos versículos no indican más bien que el anhelo de Ana era que su rival pudiera ver la belleza de una entrega plena a Dios y comprendiera la inutilidad de la arrogancia? Ciertamente, nadie podría acusar a Ana de una actitud farisaica para con Penina después de la forma en que Dios había vindicado su humilde consagración. Si Cristo tuvo lágrimas en la voz mientras pronunciaba sus ayes sobre los fariseos (CC 12; DTG 571, 572), el espíritu de abnegación de Ana al entregar a Samuel al Señor, ¿no habrá tocado el corazón de Penina de tal manera que pudiese comprender de una forma nueva el modo en que Dios justiprecia las acciones? El permite que los que -como Penina- se sienten autosuficientes cosechen el fruto de su propio egoísmo, que es muerte espiritual. Pero él puede dar vida aun a los que están espiritualmente muertos. Cristo brindó a Judas las mismísimas oportunidades que ofreció a Pedro. Sin embargo, uno se entregó y el otro no. He ahí la diferencia decisiva.
7.
Empobrece, y él enriquece.
Ana reconoció que había sido salvada del oprobio por Dios, quien la había ensalzado muy por encima de las mofas de Penina. El pesar de los días pretéritos se había convertido en un encumbramiento en el Señor. La oración de súplica había dado lugar a la alabanza por la fortaleza divina. Abría ahora los labios, una vez cerrados en silencioso sufrimiento, para ensalzar el omnímodo poder de Dios. Pensó en su caso como en un símbolo del triunfo logrado por Dios para su pueblo, tanto individual como colectivamente. Halló inspiración para cantar muy por encima de los alcances de su propia experiencia y, bajo la dirección del Espíritu Santo, anticipó el gozo de los redimidos cuando estén sobre el mar de vidrio con un "cántico nuevo" en los labios (Apoc. 14: 3). El gozo que experimentó Ana no fue un deleite egoísta, sino una comprensión magnificada del carácter de Dios. Se asemejaba al gozo que hizo que los "hijos de Dios" lo alabaran por la creación del mundo (Job 38: 7), o al que experimentaron los israelitas cuando aclamaron al Señor después de ser liberados de las huestes egipcias en el mar Rojo, o al que expresó la hueste angelical cuando nació Cristo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!"(Luc. 2: 14). Las mofas y aflicciones sufridas en el hogar fueron precisamente el ambiente en el cual una visión tal de la salvación de Dios pudiera desarrollarse de tal modo que produjese un cielo en la tierra. Ana llevaba el cielo en el corazón pues había aprendido a amar al mundo como Cristo lo ama (ver DTG 298,
596).
8.
El levanta.
El alma cristiana, consciente siempre de su impotencia, mediante el poder de Dios se eleva por encima de las fuerzas del egoísmo. Ceñida con la fortaleza de lo alto, un alma tal vence las dudas pasadas, los temores y las tentaciones.
La victoria ocupa el lugar de 462 la derrota, y en la plenitud de gozo el alma se forma a la imagen de Cristo.
10.
Poder a su rey.
Durante años Ana había estado viendo como en un espejo, oscuramente (1 Cor. 13: 12), pero ahora con mirada profética habla de su fe en el triunfo final y completo de Cristo. Así como Dios ha ensalzado el "poderío" de ella, también ensalzará el "poderío" de su Ungido (ver Fil. 2: 9- 11). ¿Por qué muchos de los que viven en esta última generación no permiten que el Señor los eleve en medio de su ambiente desfavorable para que, como Ana, le canten un himno de alabanza y agradecimiento en el mar de vidrio? (Apoc. 14: 3).
11.
El niño ministraba.
La palabra traducida "niño" es ná´ar, que significa un muchacho de cualquier edad hasta la madurez. A los 17 años José es llamado ná"ar. El mismo término se aplica a los hijos de Elí en el vers. 17. No se sabe cuántos años le llevaban a Samuel. De acuerdo con el contexto, Elí los hizo sacerdotes antes de que llegaran a la madurez. Se calcula la edad de Samuel entre los 3 y los 15 años (véase el material suplementario de EGW acerca de 1 Sam. 1: 20-28).
Cuando un hijo asume alguna responsabilidad desacostumbrada, muchas veces sus padres procuran de esa manera obtener alguna ventaja para ellos. Es digno de mucho encomio Elcana porque -aunque era levita- continuó con su forma habitual de vida en Ramá. Conociendo, como seguramente conocían, la naturaleza del ambiente que rodearía a Samuel, Elcana y Ana deben haber sentido alguna preocupación cuando colocaron su ofrenda para el Señor en las manos de Elí y de sus dos hijos, Ofni y Finces. Cuánto mayor debe haber sido la preocupación del Padre celestial cuando colocó a su Hijo dentro de la influencia y de las acechanzas de los indignos sacerdotes de sus días. Cristo tenía 12 años cuando llamó la atención de los sacerdotes. Sin embargo, su conducta en esa ocasión testifica de la realidad de la protección divina que se extiende aun sobre los niños que buscan la dirección celestial (ver com. Luc. 2: 52). Las vicisitudes de Samuel testifican de la misma dirección divina.
Las Escrituras aclaran que en medio de ese mal ambiente Samuel servía al Señor.
La palabra "ministrar" puede referirse a un servicio, ya fuera secular o sagrado. Se la usa para las responsabilidades de José en la casa de Potifar y para la ayuda de Josué a Moisés en el monte de Dios (Exo. 24: 13). La capacidad de Samuel para resistir las malas influencias que lo rodeaban, como fue también el caso de José y Josué, se puede atribuir a su firme decisión de ocuparse de las cosas de Dios.
12.
Hombres impíos.
Literalmente, "hijos sin valor". Así describe Moisés a los que instaban a sus prójimos a servir a otros dioses (Deut. 13: 13). En los primeros días de los jueces, el levita que salió de viaje de Belén se detuvo para pasar la noche en Gabaa y fue acometido por unos "hijos de Belial" (Juec. 19: 22 RVA). En el NT "Belial" se usa como un equivalente de Satanás (2 Cor. 6: 15). Así como José fue colocado en el seno de la degeneración cortesana, también Samuel creció rodeado por un sacerdocio degenerado, "en medio de una generación maligna y perversa" (Fil. 2: 15).
Habiéndose rendido a las malas pasiones, Ofni y Finees no tenían el debido concepto del Dios a quien debían servir. No disfrutaban de comunión con él, no simpatizaban con sus propósitos y no sentían su obligación para con él.
Meramente usufructuaban los cargos que tenían por derecho hereditario para su propio egoísmo y sus fines corruptos. Robaban al pueblo para complacer sus apetitos personales. Robaban a Dios no sólo de la parte que les correspondía en los sacrificios, sino también menoscababan la reverencia y el amor de los adoradores. Mediante sus viles concupiscencias rebajaban el servicio del Señor ante los ojos del pueblo al nivel de las orgías sensuales de los bosquecillos de ídolos vecinos. Pero Dios permite que un alma sea colocada en medio de circunstancias tales para probar al universo que un mal ambiente no determina necesariamente el destino de un alma. Conociendo el espíritu codicioso de Judas, nadie pensaría hoy en colocarlo como tesorero. Sin embargo Jesús así lo hizo (DTG 260, 261). Tenía el propósito de que Judas quedara tan impresionado con cosas mucho más valiosas, que se entregara de todo corazón a su Salvador. Jesús amaba a Judas y hubiera querido convertirlo en uno de los principales apóstoles (ver DTG 261).
18.
Ministraba.
No en el sentido de tareas domésticas, sino de deberes sagrados referentes a la obra de los levitas en el santuario. La palabra hebrea así traducida incluye ambas clases de "servicio". 463
Un efod de lino.
En este caso, una vestimenta usada por los sacerdotes de categoría inferior y los levitas, y a veces aun por personas importantes del pueblo. Por ejemplo, David danzó delante del Señor vestido con un efod de lino (2 Sam. 6: 14). Esto no se debe confundir con el efod del sumo sacerdote "de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido" sobre el cual estaban sujetos el pectoral con 12 piedras, y el Urim* y el Tumim que servían para hacer preguntas a Dios (ver com. Exo. 28: 6; cf. Juec. 8: 27). Si el efod más sencillo de lino era del mismo modelo que el del sumo sacerdote -como parece probable- era una vestimenta corta, sin mangas, que consistía en un paño delantero y otro trasero unidos en los hombros y ceñidos en la cintura con un cinturón (ver com. Juec.
8: 27).
19.
Su madre.
Ana no solo ofreció su hijo al Señor sino que le demostró amor año tras año.
En la misma forma Dios vela continuamente sobre su pueblo. No sólo dio a su Hijo una vez por todos sino que continuamente se interesa para que ese sacrificio progresivamente sea más eficaz para suplir las necesidades aun del más débil de sus hijos (Mat. 6: 30-34).
20.
Pidió a Jehová.
Mejor, "préstamo que ella ha cedido a Yahveh" (BJ). Lo que es cedido en préstamo al Señor, con seguridad es devuelto con interés compuesto. Ana dedicó un hijo al Señor y fue recompensada con otros cinco. Abrahán hizo así con Isaac, y Dios le prometió una descendencia "como las estrellas del cielo"(Gén. 22: 17). Cristo prometió devolver cien veces tanto aun en esta vida (Mat. 19: 29; Luc. 18: 30).
22.
Elí era muy viejo.
Un fragmento del libro de 1 Sam. encontrado en la cuarta cueva de Khirbet Qumrân y publicado en 1954 dice: "Elí tenía noventa años". Albright piensa que se trata de una transposición del pasaje del cap. 4: 15 donde en la LXX se lee "noventa" como la edad de Elí cuando murió. Sin embargo, el nuevo fragmento no indica que tenía 90 años cuando murió, sino cuando Samuel ya había estado a su servicio durante algún tiempo.
25.
No oyeron.
El ministerio de los hijos de Elí contrasta aquí con el de Samuel. Este ganaba el favor tanto de los hombres como de Dios; Ofni y Finees no respetaban las instrucciones del Señor y hacían oídos sordos a los consejos de su padre.
Todos los hombres son seres morales libres. Si eligen reposar bajo la mano poderosa de Dios (1 Ped. 5: 6), son ensalzados a su debido tiempo; pero si eligen seguir sus propios deseos, inevitablemente cosecharán el fruto de un proceder tal.
Jehová había resuelto hacerlos morir.
Habían rechazado el control protector de Dios, elegido sus propios senderos de egoísmo y desechado deliberadamente el consejo del cielo. Al apartarse del ángel de Jehová (Sal. 34: 7), sellaron su propia condenación. Fueron los filisteos los que los mataron (1 Sam. 4: 10, 11); sin embargo Dios permitió su muerte porque habían rehusado seguirle. "Dios no asume nunca para con el pecador la actitud de un verdugo que ejecuta la sentencia contra la transgresión; sino que abandona a su propia suerte a los que rechazan su misericordia, para que recojan los frutos de lo que sembraron" (CS 40). ¡Tal fue el caso de Judas! ¡Tal será el caso de todos los que rechazan las súplicas del Espíritu Santo!
27.
Un varón.
Elí murió de 98 años (cap. 4: 15; ver com. cap. 2: 22), cuando Samuel tenía suficiente edad para ser reconocido como profeta y como probable sucesor de Elí como juez (cap. 3: 19-21). Puesto que naturalmente debe haber transcurrido algún tiempo entre las dos solemnes amonestaciones de los caps. 2 y 3, parece probable que esta visita del profeta anónimo se efectuó poco después de la dedicación de Samuel. De lo contrario, no hay razón aparente para que Samuel no hubiera sido el portador de ambos mensajes del Señor.
¡Cuán tolerante es Dios! Por ejemplo, Saúl recibió amonestación tras amonestación, y se le dieron muchos años para que reflexionara antes de que finalmente eligiera proceder de acuerdo con su propia voluntad.
Pero Elí se rindió ante las exigencias familiares en vez de cumplir con su deber ante Dios en bien del pueblo. La virtud no se hereda; se adquiere. Los hijos de Elí heredaron una responsabilidad sagrada y un nombre honorable. Sin embargo, debido al egoísmo, de tal manera se habían convertido en siervos de Satanás, que merecían la reprobación unánime del pueblo. Cuando su padre dejó de ejercer su autoridad, se le advirtió que así 464 como la reverencia y la honra producen una cosecha de buen carácter y utilidad, también cuando se siembran irreverencia y deshonra, los resultados son pesares y chascos (vers. 32). "La ley del servicio propio es la ley de la destrucción propia" (DTG 577).
34.
En un día.
Puesto que Ofni y Finees habían abusado de las cosas del Señor, iban a sufrir una muerte violenta. Con la esperanza de desviarlos de su mal proceder, Dios descorrió brevemente la cortina del futuro. Habría sido natural esperar que los jóvenes corrigieran su conducta cuando oyeran esta profecía, a fin de no cosechar su cumplimiento. Dios sencillamente previó su condenación; no la predeterminó. El que ve el fin desde el principio conoce todo lo que afecta el ejercicio de Ia libre elección. Al amonestar a ciertos individuos en cuanto a lo que les depara el porvenir, Dios prueba al universo que es tal el libre albedrío que ha otorgado al ser humano, que ni ese conocimiento del futuro le impide realizar lo que se haya propuesto.
35.
Un sacerdote fiel.
Las Escrituras no indican con qué sacerdote se cumplió esta profecía. Algunos eruditos piensan que se refiere a Sadoc, del linaje de Eleazar, a quien Salomón dio el sacerdocio cuando Abiatar, del linaje de Itamar, fue desposeído debido a su colaboración con Adonías en una tentativa para apoderarse del trono de Salomón (1 Rey. 2: 27, 35). Otros piensan que se refiere a Cristo, y hay otros que piensan que la profecía se cumplió con Samuel y su obra. Pero la lección importante de esta declaración debe buscarse en el hecho de que el hombre no puede impedir el cumplimiento final del deseo de Dios de restaurar su propia imagen en el corazón del hombre. A Israel se le había entregado el servicio del santuario con todo su minucioso simbolismo para ilustrar el medio por el cual obra Cristo. Con todo, aunque sacerdotes y gobernantes rechazaron el plan, todavía el propósito de Dios -que no conoce ni prisa ni pausa- avanzó ininterrumpidamente hasta su cumplimiento pleno. Si el hombre elige proceder así, puede asociarse con Cristo en el logro de esta meta; si rehúsa, él es el único culpable. No puede acusar a Dios de que tenga malos designios contra él.
Esta segunda visita a Silo fue del todo diferente de la registrada en el cap. 1. En la primera visita Ana 461 suplicó angustiada en favor de sí misma. La segunda fue un gran canto de alabanza. Como resultado de su plena entrega al Señor, estaba feliz por el privilegio de devolver a su Creador lo que él le había dado. Al hacer esto, experimentó el gozo supremo, pues ¿acaso no había aprendido a apreciar la amante bondad divina en una forma nueva? Ella ensalzó a Dios como el autor de la misericordia revelada en su compasión por los desvalidos. Obtuvo una nueva visión del poder de Dios, cuyo dominio sobre las fuerzas ocultas de la naturaleza era ahora evidente en su silenciosa acción para contrarrestar las fuerzas del mal que la desanimaban y podrían derrotarla, y que además había hecho que un ambiente negativo contribuyera inmensurablemente a la profundidad y plenitud de su gozo. Entendió de un modo nuevo el pacto hecho con sus antepasados: que los hijos de Dios llegarían a ser una bendición para todas las naciones. El himno de gozo de Ana fue una profecía referente a David y al Mesías (PP 617).
La experiencia de Ana puede haber resultado en la bendición máxima manifestada en la vida de Penina. Dios anhelaba salvar tanto a Penina como a Ana. ¿Cómo podía realizar esto en una forma más eficaz que mostrando el ensalzamiento de un alma que confiaba en él y que no pagaba mal por mal? Tal fue el método de Cristo al tratar de salvar a Simón el leproso: hacer notar la bendición que podía recibir María Magdalena (Mar. 14: 3-9; Luc. 7: 37-50). Simón aprendió su lección, y se convirtió en un ferviente discípulo (DTG 520, 521). ¿Aprendió su lección Penina?
3.
Cesen las palabras arrogantes.
Ana podría haber sentido que personalmente superaba a Penina en vista de la maravillosa experiencia que le había sobrevenido. Sin embargo, ¿acaso las palabras de estos versículos no indican más bien que el anhelo de Ana era que su rival pudiera ver la belleza de una entrega plena a Dios y comprendiera la inutilidad de la arrogancia? Ciertamente, nadie podría acusar a Ana de una actitud farisaica para con Penina después de la forma en que Dios había vindicado su humilde consagración. Si Cristo tuvo lágrimas en la voz mientras pronunciaba sus ayes sobre los fariseos (CC 12; DTG 571, 572), el espíritu de abnegación de Ana al entregar a Samuel al Señor, ¿no habrá tocado el corazón de Penina de tal manera que pudiese comprender de una forma nueva el modo en que Dios justiprecia las acciones? El permite que los que -como Penina- se sienten autosuficientes cosechen el fruto de su propio egoísmo, que es muerte espiritual. Pero él puede dar vida aun a los que están espiritualmente muertos. Cristo brindó a Judas las mismísimas oportunidades que ofreció a Pedro. Sin embargo, uno se entregó y el otro no. He ahí la diferencia decisiva.
7.
Empobrece, y él enriquece.
Ana reconoció que había sido salvada del oprobio por Dios, quien la había ensalzado muy por encima de las mofas de Penina. El pesar de los días pretéritos se había convertido en un encumbramiento en el Señor. La oración de súplica había dado lugar a la alabanza por la fortaleza divina. Abría ahora los labios, una vez cerrados en silencioso sufrimiento, para ensalzar el omnímodo poder de Dios. Pensó en su caso como en un símbolo del triunfo logrado por Dios para su pueblo, tanto individual como colectivamente. Halló inspiración para cantar muy por encima de los alcances de su propia experiencia y, bajo la dirección del Espíritu Santo, anticipó el gozo de los redimidos cuando estén sobre el mar de vidrio con un "cántico nuevo" en los labios (Apoc. 14: 3). El gozo que experimentó Ana no fue un deleite egoísta, sino una comprensión magnificada del carácter de Dios. Se asemejaba al gozo que hizo que los "hijos de Dios" lo alabaran por la creación del mundo (Job 38: 7), o al que experimentaron los israelitas cuando aclamaron al Señor después de ser liberados de las huestes egipcias en el mar Rojo, o al que expresó la hueste angelical cuando nació Cristo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!"(Luc. 2: 14). Las mofas y aflicciones sufridas en el hogar fueron precisamente el ambiente en el cual una visión tal de la salvación de Dios pudiera desarrollarse de tal modo que produjese un cielo en la tierra. Ana llevaba el cielo en el corazón pues había aprendido a amar al mundo como Cristo lo ama (ver DTG 298,
596).
8.
El levanta.
El alma cristiana, consciente siempre de su impotencia, mediante el poder de Dios se eleva por encima de las fuerzas del egoísmo. Ceñida con la fortaleza de lo alto, un alma tal vence las dudas pasadas, los temores y las tentaciones.
La victoria ocupa el lugar de 462 la derrota, y en la plenitud de gozo el alma se forma a la imagen de Cristo.
10.
Poder a su rey.
Durante años Ana había estado viendo como en un espejo, oscuramente (1 Cor. 13: 12), pero ahora con mirada profética habla de su fe en el triunfo final y completo de Cristo. Así como Dios ha ensalzado el "poderío" de ella, también ensalzará el "poderío" de su Ungido (ver Fil. 2: 9- 11). ¿Por qué muchos de los que viven en esta última generación no permiten que el Señor los eleve en medio de su ambiente desfavorable para que, como Ana, le canten un himno de alabanza y agradecimiento en el mar de vidrio? (Apoc. 14: 3).
11.
El niño ministraba.
La palabra traducida "niño" es ná´ar, que significa un muchacho de cualquier edad hasta la madurez. A los 17 años José es llamado ná"ar. El mismo término se aplica a los hijos de Elí en el vers. 17. No se sabe cuántos años le llevaban a Samuel. De acuerdo con el contexto, Elí los hizo sacerdotes antes de que llegaran a la madurez. Se calcula la edad de Samuel entre los 3 y los 15 años (véase el material suplementario de EGW acerca de 1 Sam. 1: 20-28).
Cuando un hijo asume alguna responsabilidad desacostumbrada, muchas veces sus padres procuran de esa manera obtener alguna ventaja para ellos. Es digno de mucho encomio Elcana porque -aunque era levita- continuó con su forma habitual de vida en Ramá. Conociendo, como seguramente conocían, la naturaleza del ambiente que rodearía a Samuel, Elcana y Ana deben haber sentido alguna preocupación cuando colocaron su ofrenda para el Señor en las manos de Elí y de sus dos hijos, Ofni y Finces. Cuánto mayor debe haber sido la preocupación del Padre celestial cuando colocó a su Hijo dentro de la influencia y de las acechanzas de los indignos sacerdotes de sus días. Cristo tenía 12 años cuando llamó la atención de los sacerdotes. Sin embargo, su conducta en esa ocasión testifica de la realidad de la protección divina que se extiende aun sobre los niños que buscan la dirección celestial (ver com. Luc. 2: 52). Las vicisitudes de Samuel testifican de la misma dirección divina.
Las Escrituras aclaran que en medio de ese mal ambiente Samuel servía al Señor.
La palabra "ministrar" puede referirse a un servicio, ya fuera secular o sagrado. Se la usa para las responsabilidades de José en la casa de Potifar y para la ayuda de Josué a Moisés en el monte de Dios (Exo. 24: 13). La capacidad de Samuel para resistir las malas influencias que lo rodeaban, como fue también el caso de José y Josué, se puede atribuir a su firme decisión de ocuparse de las cosas de Dios.
12.
Hombres impíos.
Literalmente, "hijos sin valor". Así describe Moisés a los que instaban a sus prójimos a servir a otros dioses (Deut. 13: 13). En los primeros días de los jueces, el levita que salió de viaje de Belén se detuvo para pasar la noche en Gabaa y fue acometido por unos "hijos de Belial" (Juec. 19: 22 RVA). En el NT "Belial" se usa como un equivalente de Satanás (2 Cor. 6: 15). Así como José fue colocado en el seno de la degeneración cortesana, también Samuel creció rodeado por un sacerdocio degenerado, "en medio de una generación maligna y perversa" (Fil. 2: 15).
Habiéndose rendido a las malas pasiones, Ofni y Finees no tenían el debido concepto del Dios a quien debían servir. No disfrutaban de comunión con él, no simpatizaban con sus propósitos y no sentían su obligación para con él.
Meramente usufructuaban los cargos que tenían por derecho hereditario para su propio egoísmo y sus fines corruptos. Robaban al pueblo para complacer sus apetitos personales. Robaban a Dios no sólo de la parte que les correspondía en los sacrificios, sino también menoscababan la reverencia y el amor de los adoradores. Mediante sus viles concupiscencias rebajaban el servicio del Señor ante los ojos del pueblo al nivel de las orgías sensuales de los bosquecillos de ídolos vecinos. Pero Dios permite que un alma sea colocada en medio de circunstancias tales para probar al universo que un mal ambiente no determina necesariamente el destino de un alma. Conociendo el espíritu codicioso de Judas, nadie pensaría hoy en colocarlo como tesorero. Sin embargo Jesús así lo hizo (DTG 260, 261). Tenía el propósito de que Judas quedara tan impresionado con cosas mucho más valiosas, que se entregara de todo corazón a su Salvador. Jesús amaba a Judas y hubiera querido convertirlo en uno de los principales apóstoles (ver DTG 261).
18.
Ministraba.
No en el sentido de tareas domésticas, sino de deberes sagrados referentes a la obra de los levitas en el santuario. La palabra hebrea así traducida incluye ambas clases de "servicio". 463
Un efod de lino.
En este caso, una vestimenta usada por los sacerdotes de categoría inferior y los levitas, y a veces aun por personas importantes del pueblo. Por ejemplo, David danzó delante del Señor vestido con un efod de lino (2 Sam. 6: 14). Esto no se debe confundir con el efod del sumo sacerdote "de oro, azul, púrpura, carmesí y lino torcido" sobre el cual estaban sujetos el pectoral con 12 piedras, y el Urim* y el Tumim que servían para hacer preguntas a Dios (ver com. Exo. 28: 6; cf. Juec. 8: 27). Si el efod más sencillo de lino era del mismo modelo que el del sumo sacerdote -como parece probable- era una vestimenta corta, sin mangas, que consistía en un paño delantero y otro trasero unidos en los hombros y ceñidos en la cintura con un cinturón (ver com. Juec.
8: 27).
19.
Su madre.
Ana no solo ofreció su hijo al Señor sino que le demostró amor año tras año.
En la misma forma Dios vela continuamente sobre su pueblo. No sólo dio a su Hijo una vez por todos sino que continuamente se interesa para que ese sacrificio progresivamente sea más eficaz para suplir las necesidades aun del más débil de sus hijos (Mat. 6: 30-34).
20.
Pidió a Jehová.
Mejor, "préstamo que ella ha cedido a Yahveh" (BJ). Lo que es cedido en préstamo al Señor, con seguridad es devuelto con interés compuesto. Ana dedicó un hijo al Señor y fue recompensada con otros cinco. Abrahán hizo así con Isaac, y Dios le prometió una descendencia "como las estrellas del cielo"(Gén. 22: 17). Cristo prometió devolver cien veces tanto aun en esta vida (Mat. 19: 29; Luc. 18: 30).
22.
Elí era muy viejo.
Un fragmento del libro de 1 Sam. encontrado en la cuarta cueva de Khirbet Qumrân y publicado en 1954 dice: "Elí tenía noventa años". Albright piensa que se trata de una transposición del pasaje del cap. 4: 15 donde en la LXX se lee "noventa" como la edad de Elí cuando murió. Sin embargo, el nuevo fragmento no indica que tenía 90 años cuando murió, sino cuando Samuel ya había estado a su servicio durante algún tiempo.
25.
No oyeron.
El ministerio de los hijos de Elí contrasta aquí con el de Samuel. Este ganaba el favor tanto de los hombres como de Dios; Ofni y Finees no respetaban las instrucciones del Señor y hacían oídos sordos a los consejos de su padre.
Todos los hombres son seres morales libres. Si eligen reposar bajo la mano poderosa de Dios (1 Ped. 5: 6), son ensalzados a su debido tiempo; pero si eligen seguir sus propios deseos, inevitablemente cosecharán el fruto de un proceder tal.
Jehová había resuelto hacerlos morir.
Habían rechazado el control protector de Dios, elegido sus propios senderos de egoísmo y desechado deliberadamente el consejo del cielo. Al apartarse del ángel de Jehová (Sal. 34: 7), sellaron su propia condenación. Fueron los filisteos los que los mataron (1 Sam. 4: 10, 11); sin embargo Dios permitió su muerte porque habían rehusado seguirle. "Dios no asume nunca para con el pecador la actitud de un verdugo que ejecuta la sentencia contra la transgresión; sino que abandona a su propia suerte a los que rechazan su misericordia, para que recojan los frutos de lo que sembraron" (CS 40). ¡Tal fue el caso de Judas! ¡Tal será el caso de todos los que rechazan las súplicas del Espíritu Santo!
27.
Un varón.
Elí murió de 98 años (cap. 4: 15; ver com. cap. 2: 22), cuando Samuel tenía suficiente edad para ser reconocido como profeta y como probable sucesor de Elí como juez (cap. 3: 19-21). Puesto que naturalmente debe haber transcurrido algún tiempo entre las dos solemnes amonestaciones de los caps. 2 y 3, parece probable que esta visita del profeta anónimo se efectuó poco después de la dedicación de Samuel. De lo contrario, no hay razón aparente para que Samuel no hubiera sido el portador de ambos mensajes del Señor.
¡Cuán tolerante es Dios! Por ejemplo, Saúl recibió amonestación tras amonestación, y se le dieron muchos años para que reflexionara antes de que finalmente eligiera proceder de acuerdo con su propia voluntad.
Pero Elí se rindió ante las exigencias familiares en vez de cumplir con su deber ante Dios en bien del pueblo. La virtud no se hereda; se adquiere. Los hijos de Elí heredaron una responsabilidad sagrada y un nombre honorable. Sin embargo, debido al egoísmo, de tal manera se habían convertido en siervos de Satanás, que merecían la reprobación unánime del pueblo. Cuando su padre dejó de ejercer su autoridad, se le advirtió que así 464 como la reverencia y la honra producen una cosecha de buen carácter y utilidad, también cuando se siembran irreverencia y deshonra, los resultados son pesares y chascos (vers. 32). "La ley del servicio propio es la ley de la destrucción propia" (DTG 577).
34.
En un día.
Puesto que Ofni y Finees habían abusado de las cosas del Señor, iban a sufrir una muerte violenta. Con la esperanza de desviarlos de su mal proceder, Dios descorrió brevemente la cortina del futuro. Habría sido natural esperar que los jóvenes corrigieran su conducta cuando oyeran esta profecía, a fin de no cosechar su cumplimiento. Dios sencillamente previó su condenación; no la predeterminó. El que ve el fin desde el principio conoce todo lo que afecta el ejercicio de Ia libre elección. Al amonestar a ciertos individuos en cuanto a lo que les depara el porvenir, Dios prueba al universo que es tal el libre albedrío que ha otorgado al ser humano, que ni ese conocimiento del futuro le impide realizar lo que se haya propuesto.
35.
Un sacerdote fiel.
Las Escrituras no indican con qué sacerdote se cumplió esta profecía. Algunos eruditos piensan que se refiere a Sadoc, del linaje de Eleazar, a quien Salomón dio el sacerdocio cuando Abiatar, del linaje de Itamar, fue desposeído debido a su colaboración con Adonías en una tentativa para apoderarse del trono de Salomón (1 Rey. 2: 27, 35). Otros piensan que se refiere a Cristo, y hay otros que piensan que la profecía se cumplió con Samuel y su obra. Pero la lección importante de esta declaración debe buscarse en el hecho de que el hombre no puede impedir el cumplimiento final del deseo de Dios de restaurar su propia imagen en el corazón del hombre. A Israel se le había entregado el servicio del santuario con todo su minucioso simbolismo para ilustrar el medio por el cual obra Cristo. Con todo, aunque sacerdotes y gobernantes rechazaron el plan, todavía el propósito de Dios -que no conoce ni prisa ni pausa- avanzó ininterrumpidamente hasta su cumplimiento pleno. Si el hombre elige proceder así, puede asociarse con Cristo en el logro de esta meta; si rehúsa, él es el único culpable. No puede acusar a Dios de que tenga malos designios contra él.
Primera de Samuel Capítulo 2
Primera de Samuel Capítulo 2
1 Y Ana oró y dijo:
Mi corazón se regocija en Jehová,
Mi poder se exalta en Jehová;
Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
Por cuanto me alegré en tu salvación.
2 No hay santo como Jehová;
Porque no hay ninguno fuera de ti,
Y no hay refugio como el Dios nuestro.
3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;
Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Jehová,
Y a él toca el pesar las acciones.
4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados,
Y los débiles se ciñeron de poder.
5 Los saciados se alquilaron por pan,
Y los hambrientos dejaron de tener hambre;
Hasta la estéril ha dado a luz siete,
Y la que tenía muchos hijos languidece.
6 Jehová mata, y él da vida;
El hace descender al Seol, y hace subir.
7 Jehová empobrece, y él enriquece;
Abate, y enaltece.
8 El levanta del polvo al pobre,
Y del muladar exalta al menesteroso,
Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.
Porque de Jehová son las columnas de la tierra,
Y él afirmó sobre ellas el mundo.
9 El guarda los pies de sus santos,
Mas los impíos perecen en tinieblas;
Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.
10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
Y sobre ellos tronará desde los cielos;
Jehová juzgará los confines de la tierra,
Dará poder a su Rey,
Y exaltará el poderío de su Ungido.
11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. 15 Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. 17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.
18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. 19 Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. 20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.
21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.
22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. 23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. 25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.
26 Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.
27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? 28 Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. 29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? 30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. 31 He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. 32 Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. 33 El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. 34 Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día. 35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días. 36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.
1 Y Ana oró y dijo:
Mi corazón se regocija en Jehová,
Mi poder se exalta en Jehová;
Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
Por cuanto me alegré en tu salvación.
2 No hay santo como Jehová;
Porque no hay ninguno fuera de ti,
Y no hay refugio como el Dios nuestro.
3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería;
Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Jehová,
Y a él toca el pesar las acciones.
4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados,
Y los débiles se ciñeron de poder.
5 Los saciados se alquilaron por pan,
Y los hambrientos dejaron de tener hambre;
Hasta la estéril ha dado a luz siete,
Y la que tenía muchos hijos languidece.
6 Jehová mata, y él da vida;
El hace descender al Seol, y hace subir.
7 Jehová empobrece, y él enriquece;
Abate, y enaltece.
8 El levanta del polvo al pobre,
Y del muladar exalta al menesteroso,
Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor.
Porque de Jehová son las columnas de la tierra,
Y él afirmó sobre ellas el mundo.
9 El guarda los pies de sus santos,
Mas los impíos perecen en tinieblas;
Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.
10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
Y sobre ellos tronará desde los cielos;
Jehová juzgará los confines de la tierra,
Dará poder a su Rey,
Y exaltará el poderío de su Ungido.
11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. 13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, 14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. 15 Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. 16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. 17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.
18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino. 19 Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. 20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.
21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.
22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión. 23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. 24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. 25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.
26 Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.
27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? 28 Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. 29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? 30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. 31 He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. 32 Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. 33 El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. 34 Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día. 35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días. 36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.
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