I Samuel (Espanhol)
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CAPÍTULO 16
1 Samuel es enviado por Dios a Belén. 6 Se reprocha el uso de su propio juicio en la elección. 11 Unge a David. 15 Saúl envía a buscar a David para que tranquilice su espíritu alterado.
1 DIJO Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndole yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.
2 Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido.
3 Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.
4 Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida?
5 El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.
6 Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.
7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
8 Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová.
9 Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová.
10 E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.
11 Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.
12 Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es.
13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.
14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová .529
15 Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta.
16 Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio.
17 Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo.
18 Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él.
19 Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas.
20 Y tomó Isaí un asno cargado de pan, una vasija de vino y un cabrito, y lo envió a Saúl por medio de David su hijo.
21 Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas.
22 Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos.
23 Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.
1.
¿Hasta cuándo?
Saúl se había convertido en un caudillo inspirador. Como el primer gobernante de un Estado con una nueva forma de administración, ejercía un poder casi hipnótico sobre el gallardo pueblo israelita, amante de su independencia. Pero rápidamente se había vuelto déspota, cruel, tiránico e implacable. Sin embargo, recuérdese que aunque el rey había rehusado el consejo de Dios y había separado a la nación de la conducción divina, eso no excluía personalmente a Saúl de la salvación. Nabucodonosor, por ejemplo, se gloriaba en el pensamiento de que su dios Marduk era más poderoso que Jehová, y sin embargo el Espíritu Santo lo conmovió mediante Daniel, hasta el punto de que exaltó al Dios de Daniel como el Altísimo (Dan. 4: 4-37).
Isaí de Belén.
Quizá Samuel conocía a algunos de los habitantes de Belén debido a sus visitas previas. Aunque es probable que conociera a Isaí, no sucedía así con el resto de su familia (vers. 11, 12).
2.
Toma contigo una becerra.
Era completamente natural y adecuado que el profeta visitara Belén para ofrecer un sacrificio. El arca estaba todavía en Quiriat-jearim. Se sabe que el santuario estuvo en Nob por lo menos durante una parte del reinado de Saúl (cap. 21: 1-6), pero no se nos dice si las fiestas anuales se celebraban allí como antes en Silo. Desde que cesaron de ofrecerse sacrificios en Silo, esto se había hecho en diversas ciudades por todo el país (PP 660). En tales reuniones, el profeta instruía al pueblo acerca del gran plan de salvación, y lo animaba para que enviara sus jóvenes a las diversas escuelas de los profetas a fin de elevar el nivel intelectual y espiritual de la nación. El rey no tenía pues por qué extrañarse de la visita de Samuel a Belén. En lo que atañe al pueblo, para el profeta era una obra rutinaria, similar a una reunión distrital de hoy día.
A ofrecer sacrificio ... he venido.
No era de interés público que se conociera inmediatamente el ungimiento de David. ¿Acaso el ungimiento de Saúl no se efectuó en una forma muy parecida?
Los 30 ancianos que respondieron entonces a la invitación para asistir a la fiesta, ¿sabían por qué Samuel había dado a Saúl el lugar de honor? No estuvieron presentes mientras Samuel y Saúl platicaron después de la fiesta (cap. 9: 25). Ni ellos, y ni siquiera el siervo de Saúl, fueron testigos del ungimiento realizado temprano por la mañana (caps. 9: 27 a 10: 1). Tampoco la familia de Saúl supo del ungimiento hasta el tiempo de la reunión de Mizpa para elegir un rey (cap. 10: 20-27). El ungimiento le resultó a Saúl una declaración del plan de Dios para su vida. Fue invitado pero no obligado a aceptar los requerimientos de Dios. Tal ungimiento no lo autorizaba para comenzar lo que se requería a fin de realizar su aparición pública como rey.
El registro demuestra que aun después de su elección en Mizpa, Saúl volvió a su hogar y esperó que el Señor dirigiera el paso siguiente.
La única diferencia entre el ungimiento de Saúl y el viaje de Samuel al hogar de Isaí fue 530 que para entonces ya había un rey, celoso de cada paso que daba el profeta, puesto que él le había anunciado a Saúl el repudio del Señor. Esa susceptibilidad sin duda aumentó muchísimo debido a la vacilación de Samuel para rendir culto juntamente con su rey. Puede haber pasado mucho tiempo entre los caps. 15 y 16.
4.
¿Es pacífica tu venida?
Por la descripción dada en el cap. 9, es claro que la fiesta del ungimiento de Saúl se celebró en el lugar alto, en relación con una fiesta bien conocida de antemano. Pero la sorpresiva llegada de Samuel a Belén con una becerra, y el hecho de que convocara a los ancianos para que estuvieran presentes, naturalmente debía provocar muchas especulaciones. Los ancianos llegaron con temor y temblor, preguntándose qué cosa terrible habría sucedido. Una reacción tal ante la inesperada llegada de un funcionario importante era enteramente natural y, en realidad, añade un matiz de autenticidad al relato.
5.
Sí.
Samuel aquietó todos sus temores y los autorizó a santificarse, es decir, a pasar por todo el procedimiento de la purificación ceremonial, lo que incluía lavar el cuerpo y los vestidos, como también continencia (ver Exo. 19: 10-15; 1 Sam. 21: 4-6). Personalmente Samuel se cuidó de que Isaí y por lo menos sus hijos mayores estuvieran purificados (1 Sam. 16: 5). Entonces todos fueron llamados para ofrecer el sacrificio. Debía haber unas pocas horas entre el sacrificio y la fiesta, pues la becerra debía ser guisada y asada antes de que la comieran. Samuel aprovechó ese intervalo para conocer mejor a Isaí y a su familia. Que ellos mismos todavía no se habían reunido para la fiesta se ve por el vers. 11, donde aparece David viniendo del campo antes de que se sentaran para comer.
7.
Jehová mira el corazón.
El "corazón" se refiere al intelecto, los afectos y la voluntad (Sal. 139: 23; Mat. 12: 34; etc.). Es el factor que preside para determinar el destino, pues como es el pensamiento del hombre "en su corazón, tal es él" (Prov. 23: 7). En su esencia, la libre elección es un asunto del intelecto, pero a menudo con gran influencia de los sentimientos y las emociones. Dentro de los límites del tiempo de gracia Dios invita a los hombres: "Venid luego... y estemos a cuenta" (Isa. 1: 18). El quiere que lo conozcamos y nos enteremos de su plan, porque "mirando a cara descubierta" somos transformados (ver 2 Cor. 3: 18). Dios se dirige al intelecto. La apariencia externa no revela los verdaderos motivos de la vida pues con frecuencia se interpretan mal las acciones. Cuando Moisés dijo a los hijos de Israel: "Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón" (Deut. 6: 5), pensaba en la influencia guiadora que actúa en la vida por medio de una relación personal con Dios. El hecho de que los discípulos hubieran visto a Dios mediante una íntima relación con Jesús (Juan 14: 9) los fortaleció muchísimo en su entrega a los planes divinos para ellos. David había aprendido a conocer a Dios mientras apacentaba sus ovejas y, aunque no lo reconocieran sus hermanos, ese conocimiento hizo posible que el Espíritu Santo lo guiara paso tras paso.
12.
De buen parecer.
"Hermosa presencia" (BJ).
Úngelo.
¿Por qué elige Dios a ciertos hombres para que sean sus representantes y pasa de largo a otros? ¿Qué diferencia hubo en su elección de Saúl y su elección de David? Siendo omnisciente, Dios sabía con exactitud la conducta futura de Saúl; sin embargo lo ungió y le prometió estar con él (cap. 10: 7). En contra de los mejores intereses de los israelitas y de la voluntad divina para ellos, Dios respondió a su demanda de un rey. Es claro que Saúl era popular entre la gente: un rey según el corazón de ellos pero no de Dios. No pensaban en un liderazgo espiritual sino en el poder nacional. Cuando fue elegido, Saúl tenía serios impedimentos. Por eso Dios le advirtió de los peligros que encontraría y le dio un consejo preciso en cuanto a la forma de hacerles frente.
El caso de David era diferente. No hay prueba de que el pueblo estuviera descontento con Saúl. En realidad, estaba muy satisfecho por los resultados de la campaña contra los amalecitas. David era el menor en la casa de su padre, y en el Oriente la edad significaba respeto y prioridad (Gén. 29: 25, 26). Era un mozuelo sin pretensiones aun entre los miembros de su propio hogar (1 Sam. 17: 28). No tenía la imponente estatura de Saúl ni el físico de Sansón. Saúl fue llamado del arado porque los ancianos clamaban por un rey con urgencia.
Tuvo poco tiempo para prepararse. David fue llamado mientras apacentaba ovejas y era todavía muchacho, y tuvo más de una década a fin de prepararse para 531 sus arduas tareas como caudillo de las doce tribus.
Elegido en su juventud, David disfrutó de la oportunidad de un período de preparación y prueba antes de que asumiera las responsabilidades de su elevado cargo. Los aspectos del carácter de David que no estaban a la altura de las normas divinas pudieron ser cambiados antes de su coronación. De la misma manera Dios trata a cada individuo a quien invita a ser miembro de su reino, y especialmente a los que llama a ocupar puestos de responsabilidad. Sin que lo sepa, todo hombre es probado por las vicisitudes comunes de la vida, hasta que finalmente Dios pueda decir: "Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré" (Mat. 25: 23). Hasta ese momento David había demostrado poseer vigor juvenil, un espíritu amante y gentil e intrepidez que emanaba de la confianza en el poder divino. No había sido corrompido por el mundo. Tenía un alma contemplativa que se desarrollaba en la quietud de las colinas de Belén. Allí, pastoreando las ovejas como Moisés en Madián, adquirió un sentido de responsabilidad y desarrolló cualidades de liderazgo que debían acompañarlo a través de la vida.
13.
Cuerno.
Heb. qéren, el "cuerno" de un toro, cabra o carnero.
Espíritu de Jehová.
El Espíritu del Señor no hace acepción de personas. Dio a Saúl un corazón nuevo y le mostró los abismos que había delante de él. Sin embargo, Saúl rápidamente rechazó la dirección divina. Entonces Dios se propuso guiar a David como había tratado de guiar a Saúl. Como en el caso de muchos de los grandes dirigentes del mundo, David creció en un ambiente humilde, desarrollando calladamente un áureo carácter bajo la dirección del Espíritu Santo, el cual un día lo capacitaría plenamente para el papel que desempeñaría en el gran conflicto entre el bien y el mal. Cuando fue ungido, el Espíritu de Dios "vino sobre David" así como el Espíritu divino descendió sobre Cristo durante su bautismo (ver com. Mat. 3: 16).
14.
El Espíritu de Jehová se apartó.
Saúl había rechazado al Espíritu de Dios -había cometido el pecado imperdonable- y nada más podía hacer el Señor para él (ver com. cap. 15: 35).
El Espíritu de Jehová no se apartó arbitrariamente de Saúl, sino más bien Saúl se rebeló contra su dirección y deliberadamente rehuyó la influencia del Espíritu. Esto debe entenderse en armonía con Sal.139: 7 y con el principio fundamental de la libre elección. Si Dios, por medio de su Espíritu, hubiera impuesto su voluntad a Saúl en contra de los deseos de éste, Dios habría hecho del rey una mera máquina.
De parte de Jehová.
Las Escrituras a veces presentan a Dios como si él hiciera lo que no impide directamente. En realidad, al dar a Satanás una oportunidad para demostrar sus principios, Dios limitaría su propio poder. Por supuesto, había límites que Satanás no podría sobrepasar (ver Job 1: 12; 2: 6), pero dentro de su esfera limitada tendría el permiso divino para actuar. De esa manera, aunque sus actos son contrarios a la voluntad divina, no puede hacer nada a menos que Dios se lo permita, y todo lo que hacen él y sus malos espíritus, es hecho con el permiso de Dios. Por lo tanto, cuando Dios retiró su Espíritu de Saúl (ver com. 1 Sam. 16: 13, 14), Satanás quedó en libertad de actuar.
Le atormentaba.
Josefo describe esa dolencia así: "En cuanto a Saúl, le sobrevinieron algunos desórdenes extraños y demoníacos, y le provocaban tales asfixias como si hubieran estado a punto de ahogarlo" (Antigüedades vi. 8. 2). Es evidente que fue aumentando una grave melancolía mientras cavilaba debido al anuncio del profeta de que había perdido el derecho a la corona para ser dada a un hombre "mejor" que él (cap. 15: 28). Siendo poseído intermitentemente por el espíritu malo, Saúl fue inducido a sentir y actuar en una forma parecida a la de un demente.
15.
Un espíritu malo de parte de Dios.
Ver com. vers. 14 en lo que atañe a una expresión equivalente.
16.
El arpa.
Mejor, "la lira". Se aconsejó a Saúl que buscara alivio en una terapia musical. El sonido de la lira de David y su canto de excelsos himnos aliviaban transitoriamente a Saúl del espíritu malo que lo acosaba. Cuando Saúl escuchaba la música de David, sus malos sentimientos de compasión propia y celos lo dejaban por un tiempo, pero volvían con redoblado poder al transcurrir el tiempo. Debido a su continuo rechazo de la dirección de Dios, se parecía al poseído por el demonio de la parábola de Cristo (Luc. 11: 24-26), en que "el postrer estado" de un alma tal es "peor que el primero".
17.
Buscadme.
No debía pasarse por alto 532 ningún medio que ofreciera esperanza de alivio del espíritu malo que atormentaba a Saúl.
18.
Hijo de Isaí.
Indudablemente la reputación de David como músico y hombre de valor, sano juicio y prudente ya se había cimentado antes de que apareciera en la corte y de que venciera a Goliat. Probablemente David era un joven que se aproximaba a la virilidad, pues poco después, en ocasión de su encuentro con Goliat, se lo describe como un "muchacho", Heb. ná"ar (cap. 17: 58) y como un "joven", Heb.
"élem (vers. 56).
Jehová está con él.
Aunque no se había divulgado la novedad de que David había sido ungido como rey, nada podía ocultar el hecho de que el Espíritu Santo -que se había posesionado de su vida de un modo especial desde su ungimiento (ver com. vers. 13)- estaba preparándolo debidamente para las importantes tareas venideras.
20.
Un asno.
El regalo de Isaí tenía el propósito de expresar buena voluntad respecto al deseo del rey de que David sirviera en la corte. No mandar un regalo seguramente se hubiera interpretado como una expresión de mala voluntad y, por lo tanto, habría perjudicado el éxito de David en la corte.
21.
Estuvo delante de él.
Esta afirmación no se refiere a la presencia de David delante de Saúl, sino al hecho de que David "se quedó a su servicio" (BJ; ver Gén. 41: 46; Dan. 1: 19).
Debido a la providencia de Dios, David fue colocado en una posición en la que podía relacionarse con los dirigentes de la nación -que así podrían apreciar sus talentos- y con los asuntos de gobierno. Quizá se permitió que Saúl permaneciera en el trono hasta que las semillas del mal produjeran en su vida una cosecha inevitable, y hasta que se completara la preparación preliminar de David.
Le amó mucho.
Aun Saúl llegó a honrar y respetar la personalidad naturalmente atrayente de David, y estimó en él las cualidades implantadas por el Espíritu Santo. Saúl reconoció la evidente superioridad de ese joven promisorio, admitiendo tácitamente la sabiduría de la elección de Dios de un sucesor para el trono.
Paje de armas.
"Escudero" (BJ). Este nombramiento colocó a David en la más estrecha relación posible con el rey y lo hizo responsable personalmente por la seguridad del monarca. Es posible que esta afirmación aparezca antes del papel que desempeñaría David en la corte después de su victoria sobre Goliat (ver cap. 18: 2, 5).
22.
Esté David conmigo.
Después de un período de prueba en la corte, Saúl convirtió en un cargo permanente lo que al principio sólo tenía el propósito de ser algo transitorio.
Ha hallado gracia.
Ver com. vers. 21. Dios consideró que David era de la clase de hombres que podía usar en su servicio (vers. 7). Contemplando sólo la apariencia exterior y las acciones, que en cierto grado reflejaban el corazón de David, Saúl llegó a la misma conclusión (ver Prov. 23: 7).
23.
Saúl tenía alivio.
Literalmente, "Saúl respiraba". la palabra rúaj significa "respirar", "soplar", especialmente con las fosas nasales. El uso de este verbo implica una exhalación de aliento profunda y forzada, tal como la que frecuentemente acompaña a una relajación después de un período de tensión, seguida por una respiración normal. Los accesos de posesión demoníaca de que sufría Saúl eran acompañados indudablemente por tensiones físicas y nerviosas.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE
lunes, noviembre 21
martes, noviembre 15
COMENTARIO DEL 1 DE SAMUEL CAPITULO 15
Está atento.
Literalmente, "oye", con el pensamiento adicional de obedecer. Samuel quería decir que Saúl una vez había oído las instrucciones referentes a su encuentro en Gilgal, pero no había sido obediente. Ahora debía ser probado otra vez para ver si estaba dispuesto a cumplir con los deseos de Dios, o se iba a entregar de nuevo a sus propias complacencias.
2.
Yo castigaré.
Los amalecitas eran un pueblo nómada que habitaba la región desértica entre Palestina y Egipto. Parece que se sustentaban mediante incursiones de rapiña contra las tribus vecinas (ver com. Gén. 36: 12). Sin ser provocados, habían atacado a los hijos de Israel en las proximidades del monte Sinaí (Exo. 17: 8-16). Después de esa batalla, Moisés dio a ese lugar el nombre de "Jehová-nisi", diciendo "Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación". En la profecía de Balaam, se llama a Amalec "cabeza de naciones", con el significado de que fue el primero que luchó contra Israel, pero, añadió Balaam, "al fin perecerá para siempre" (Núm. 24: 20).
Sin duda, poco antes los amalecitas habían estado incursionando en la parte meridional de Judá, en las proximidades de Beerseba, y ésta puede haber sido una razón para que los ancianos de la región pidieran un rey (ver cap. 8: 1-5).
Así como Josué recibió la instrucción de defender a los gabaonitas del ataque, sin que mediara provocación alguna, de los cinco reyes de la confederación del sur, también Saúl recibió la orden de aliviar a Israel de los ataques de los amalecitas. La 522 muerte de los cinco reyes produjo paz en los días de Josué.
Si Saúl hubiera realizado el plan de Dios, probablemente Israel habría tenido paz en ese frente por mucho más tiempo del que realmente tuvo. La referencia a los amalecitas en el pasaje del cap. 14: 48 puede aludir a esta campaña, pues es obvio que los vers. 49-52 forman un paréntesis.
3.
Destruye todo.
Literalmente, "destruid [nótese el plural] completamente". La responsabilidad de cumplir con el edicto acerca de las posesiones de los amalecitas descansaba sobre los mismos componentes del ejército. Pero la forma verbal "hiere", en la orden "hiere a Amalec" está en la segunda persona singular, lo que coloca la responsabilidad del exterminio de los amalecitas personalmente sobre Saúl como rey de Israel. La palabra hebrea, jaram, traducida "destruye", significa, "anatematizar", "dedicar" y por lo tanto "exterminar". Cuando un país era anatematizado, se consideraba como maldito todo lo que pertenecía a la nación.
Debía ser muerto el pueblo, también el ganado y los otros seres vivientes, pero cosas tales como plata y oro debían llevarse a la tesorería del Señor (ver Jos. 6: 17-19). Una costumbre similar existía entre otras naciones del Cercano Oriente en tiempos antiguos.
4.
En Telaim.
Algunos eruditos identifican este lugar con el Telem de Jos. 15: 24, pueblo de la frontera meridional de Judá cerca del territorio amalecita, pero no se sabe nada definido en cuanto a su ubicación. Telaim sirve como base para la campaña contra los amalecitas, así como Bezec lo había sido para la campaña contra los amonitas (ver com. 1 Sam. 11: 8). Es extraño que sólo un cinco por ciento del ejército de Saúl proviniera de Judá, en vista de que esa tribu fue la que más sufrió a manos de los amalecitas.
6.
Los ceneos.
Se llama madianitas a los miembros de la familia con la cual Moisés se unió por su casamiento (Núm. 10: 29), y también se los llama ceneos (Juec. 1: 16). Se debe esto a que ambos nombres se refieren al mismo tronco familiar o porque se habían unido las dos familias. Algunos comentadores han identificado a los ceneos como descendientes de Cenez, nieto de Esaú por la línea de Elifaz, pero no se conoce su origen con certidumbre (ver com. Gén. 15: 19). Los madianitas, y por eso también probablemente los ceneos, eran descendientes de Abrahán, por su esposa Cetura (ver com. Exo. 2: 16). Los amalecitas eran descendientes de Esaú (ver com. Gén. 36: 12) y por lo tanto consanguíneos tanto de los ceneos como de los israelitas. Algunos de los ceneos, o madianitas, acompañaron a los hijos de Israel a la tierra prometida (ver com.
Núm. 10: 29-32) y recibieron allí una heredad entre el pueblo de Judá (Juec. 1: 16), y mucho más al Norte en Neftalí (Juec. 4: 10, 11). Podría ser que los ceneos aludidos aquí hubieran sido descendientes de los que se habían establecido en la parte meridional de Judá, vecina al territorio amalecita, y se hubieran emparentado, por vínculos matrimoniales, con los amalecitas (ver 1 Sam. 27: 10).
7.
Havila.
Se desconoce la ubicación de Havila. Algunos eruditos piensan que se refiere a una "tierra de arenas"; otros, a "dunas arenosas". Desde el río de Egipto (ver com. Núm. 34: 5), la frontera sudoeste de Judá, que limita al oeste con Egipto, en la actualidad es tan sólo un estéril arenal. La palabra shur significa "muro". Se piensa que se refiere al muro de fortalezas edificadas por los reyes egipcios a lo largo de su frontera oriental, desde el mar Rojo hasta el Mediterráneo, para protegerse contra las invasiones de los asiáticos (ver com. Exo. 2: 15; 13: 20; 14: 2). El desierto justo al este de Egipto es llamado "el desierto de Shur" (ver Com. Gén. 16: 7; 25: 18; Exo. 15: 22).
Puesto que los amalecitas todavía habitaban en el mismo distrito meridional en los días de David (1 Sam. 30), es probable que el rey Agag residiera en la "ciudad de Amalec" (cap. 15: 5) y que el ejército de Saúl hubiera destruido ese lugar y esparcido a los amalecitas hasta muy lejos en el desierto de Shur.
Esta incursión contra los amalecitas probablemente fue muy parecida a las de ellos contra Israel, antes y después de los días de Saúl (Juec. 6: 3-5; 10: 1 2; 1 Sam. 30:1-18). Es evidente que Saúl se contentó con una campaña incompleta. Había capturado a Agag, y en la antigüedad, cuando se aprisionaba a un rey, parece que se consideraba que su país quedaba subyugado (ver Jos. 12: 7-24).
8.
Agag.
Quizá signifique "llameante" o "violento". Es posible, aunque no es de ninguna manera seguro, que fuera un título que se arrogaban los reyes amalecitas, similar al de Faraón entre los egipcios. De acuerdo con Josefo (Antigüedades xi. 6. 5), Amán agagueo 523 descendía de Agag amalecita a través de 16 generaciones (ver com. Est. 3: l).
Mató a filo de espada.
Es decir a los amalecitas que vivían en las proximidades del lugar del ataque de Saúl. Los amalecitas estaban esparcidos en una amplia zona de la península del Sinaí, el Neguev y el norte de Arabia (ver com. Gén. 36: 12). No hubiera sido posible que Saúl derrotara a todos los amalecitas en esta corta expedición. Es evidente que no lo hizo porque después David realizó otras campañas contra ellos (1 Sam. 27: 8; 30: 1-20; 2 Sam. 8: 12). Tan sólo en el tiempo de Ezequías fueron finalmente exterminados (1 Crón. 4: 42, 43).
9.
Todo lo que era vil.
Al destruir lo que, de todos modos, no valía la pena preservar, Saúl y sus hombres pretendieron haber obedecido la orden de Dios de destruir "todo" lo que era de Amalec (vers. 3). Al mismo tiempo, los israelitas victoriosos preservaron "lo mejor".
11.
Me pesa.
"Me arrepiento" (BJ), "Estoy arrepentido" (NC). Ver com. Gén. 6: 6; Exo. 32: 14; Juec. 2: 18. A muchos les resulta difícil reconciliar esta afirmación con 1 Sam. 15: 29, donde dice que Dios no "se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta". Ambas formas verbales proceden de najam, que Gesenio define como "lamentarse" o "apesadumbrarse" debido a la desgracia de otros y, por lo tanto, "compadecerse"; también, "arrepentirse" debido a las acciones de uno mismo. En ningún lugar dice la Biblia que el hombre se arrepiente de lo bueno que pueda hacer; sino sólo de lo malo. Sin embargo, se dice que Dios se arrepiente del bien que hace, tanto como del mal (ver Jer. 18: 7-10). "El arrepentimiento del hombre implica un cambio de parecer. "El arrepentimiento de Dios implica un cambio de circunstancias y relaciones" (PP 682). La palabra najam debiera traducirse de tal manera que expresara este pensamiento.
De acuerdo con el principio de la libre elección, Dios no hace de ningún hombre una mera máquina para llevar a cabo los propósitos divinos. Es cierto que esos propósitos finalmente se llevarán acabo (Isa. 46: 10), pero el individuo o la nación a quienes se pide que los realice no por eso renuncian al privilegio de acatar o rechazar lo que Dios les pide (ver Ed 174). El que dice primero "no quiero" pero cambia de parecer, es mucho mejor que el que promete ir pero después decide no hacerlo (ver Mat. 21: 28-32). En cada caso, si el instrumento de los deseos de Dios demuestra ser indigno, a Dios "le pesa" por la decisión del individuo, pero permite que siga el curso de acción que ha escogido y que coseche la semilla que ha sembrado. La decisión de Saúl de seguir sus propios deseos no torció en lo más mínimo el propósito eterno de Dios, pero sí significó una oportunidad para que Dios demostrara su longanimidad al permitir que Saúl continuara como rey. El resultado natural de causa y efecto es una de las grandes lecciones que debe aprender el hombre en este gran conflicto entre el bien y el mal.
Se apesadumbró Samuel.
Literalmente, "se encendió Samuel". Cuando este verbo se emplea en relación con la palabra "ira", generalmente se traduce "se encendió su ira". Este es el único caso del AT en que el verbo najam se traduce "apesadumbrarse". Es incorrecto traducir "Samuel estuvo enojado", pues se afirma a continuación que Samuel "clamó a Jehová toda aquella noche" (ver vers. 11). El profeta estaba tan chasqueado y perplejo que buscó al Señor de todo corazón para que le mostrara la forma de salir de la deplorable situación.
12.
Carmel.
No se trata del monte Carmelo donde Elías enfrentó a los profetas de Baal, sino de un pueblo a 11,6 km al sur de Hebrón, donde David se encontró con Nabal.
Levantó un monumento.
Aquí conmemoró Saúl su victoria, y luego fue a Gilgal, cerca de Jericó, quizá para reparar la desgracia que había experimentado allí (cap. 13: 11-16).
13.
Yo he cumplido.
Dando la apariencia de un gran respeto, Saúl esperó ansiosamente para recibir la alabanza de Samuel. Como los hombres a lo largo de todo el transcurso de la historia, Saúl estuvo listo para creer que había cumplido la comisión que le había sido dada, realizando tan sólo la parte que le resultaba agradable.
Había efectuado una incursión contra los enemigos tradicionales de Israel y había vuelto con Agag como prueba del cumplimiento de su misión. El monumento a la victoria erigido en Carmel lo era a su vanidad personal. Como Saulo de Tarso, Saúl hijo de Cis sin duda llegó a creer que las acciones de su propia elección se habían hecho en armonía con la voluntad de Dios. Sin embargo, es claro que aquí termina la semejanza entre los dos, pues uno conocía la 524 voluntad de Dios y no la cumplió, mientras que el otro procedía con ignorancia (1 Tim. 1: 13).
14.
Balido.
Aunque en ese momento parecía clara la conciencia de Saúl, el balido de los rebaños demostraba claramente su desobediencia y que no podía confiarse en su conciencia. Se puede tener cauterizada la conciencia (1 Tim. 4: 2) en vez de que esté limpiada de obras muertas (Heb. 9: 14) y sin ofensa (Hech. 24: 16).
Desde que fue ungido, Saúl había demostrado muchos nobles rasgos de carácter, y Samuel lo amaba, así como Jesús amaba a Judas. Pero el logro del poder había convertido al hombre en un déspota que no toleraba interferencias.
Precisamente, mientras estaba en el acto de proclamar su obediencia, los rebaños denunciaban en alta voz su desacato.
15.
El pueblo perdonó lo mejor.
Como Adán y Eva, Saúl procuró echar la culpa a otro. ¿Acaso el pueblo no había sido tan leal a la orden de Saúl de destruir todo lo que pertenecía a los amalecitas como lo había sido antes al abstenerse de alimento el día cuando derrotó a los filisteos? (cap. 14: 24). Para cualquiera de la naturaleza y la inteligencia de Saúl el buscar refugio en una excusa tal es una clara evidencia de bancarrota espiritual.
17.
Aunque eras pequeño.
Una traducción literal del hebreo del vers. 17 permite cualquiera de estas traducciones: "Aunque [o cuando] tú [eras] pequeño ante tu propia vista, ¿no [eras] tú [hecho] cabeza de las tribus de Israel?" o "Aunque tú [eres] pequeño ante tu propia vista, ¿no [eres] tú cabeza de las tribus de Israel?" En el texto hebreo los verbos están tácitos, por lo cual la traducción al castellano requiere que se los añada. Suponiendo que Samuel aquí se refiere a una experiencia pasada, en la RVR dice "eras", mientras que la BJ -más moderna en su traducción- reza "eres", considerando que Samuel pensaba en la afirmación de Saúl del vers. 15, y por eso se dirigió a él hablándole en tiempo presente. La RVR entiende que Samuel establecía un contraste entre la anterior humildad de Saúl y su orgullo actual, pero la BJ interpreta esta declaración como un contraste entre la subordinación a la voluntad del pueblo expresada por Saúl (vers. 15) -una falsa humildad- y su nombramiento divino como dirigente (vers. 17).
La frase "Jehová te ha ungido por rey sobre Israel" parece ser una simple repetición de la declaración anterior: "¿No has sido hecho jefe de las tribus de Israel?" Además, Saúl había explicado su conducta pretendiendo que fue "el pueblo" el que guardó "lo mejor" de los despojos, con lo que quería decir que no pudo impedírselo (vers. 15). De acuerdo con la BJ, Samuel puso en tela de juicio la tentativa de Saúl de evadir la responsabilidad -"Tú eres pequeño a tus propios ojos", es decir, incapaz de ejercer un control eficaz sobre tus hombres- con una solemne afirmación de que Saúl era su caudillo. En los vers. 17-19 (ver vers. 1-3) se dice que Samuel hizo recordar a Saúl la responsabilidad personal que tenía en el asunto: (1) Jehová lo había ungido como rey, y por lo tanto como caudillo de Israel, (2) lo había enviado contra los amalecitas, y (3) le había ordenado que los exterminara. ¿Por qué no había obedecido? La obediencia siempre es algo central en nuestra relación con el Dios del cielo.
De acuerdo con la RVR, Samuel recordaba a Saúl lo que éste mismo había dicho al ser ungido (cap. 9: 21), cuando fue elevado desde un nivel muy humilde hasta ser el caudillo de Israel. No es el plan de Dios colocar a sus siervos donde no puedan ser tentados, ni arrojarlos en medio de la tentación, donde -cuando caen- debe perdonarlos y luego permitirles que continúen en pecado. El deseo divino es más bien rescatarlos para que puedan ganar la batalla contra el pecado aquí y ahora. El Espíritu Santo llevó a Cristo al desierto para que fuera tentado por Satanás (Mar. 1: 12). Saúl había recibido la evidencia indudable de que el Señor lo amaba y que sería su ayudador constante. Nunca podía acusar a Dios de que -conociendo su naturaleza egoísta- no le dio toda oportunidad posible de hacer lo bueno y vencer sus malos rasgos de carácter.
El hecho de que Dios le diera otro corazón (1 Sam. 10: 9) no significaba que Saúl no pudiera volver a sus viejos hábitos de vida si así lo deseaba. ¿Se exaltaría Saúl? Si lo hacía, Dios tenía que humillarlo.
20.
Antes bien he obedecido.
Sólo un corazón perverso y obstinado podía pretender hacer pasar la desobediencia como obediencia. Al hacer Saúl demostró cuánto se había alejado de las sendas de justicia. Fue cuando Eva
"vio" que el fruto del árbol prohibido era "bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para525 alcanzar la sabiduría" cuando "tomó de su fruto, y comió" (Gén. 3: 6). Cuando uno se convence a sí mismo de que lo que Dios ha señalado claramente como un veneno moral es deseable para una vida más abundante, entonces abjura de su lealtad a Dios y presta juramento de lealtad al diablo. Cuando aparece como correcto lo que Dios ha dicho que es malo, uno puede estar seguro de que ha puesto los pies en terreno prohibido y está sin protección contra las tentaciones hipnóticas del tentador. Ha cegado su propia visión espiritual y endurecido el corazón (ver Efe. 4: 30; ver com.
Exo. 4: 21).
Cristo advirtió a sus discípulos que llegaría el tiempo cuando cualquiera que los matara pensaría que estaba rindiendo "servicio a Dios" (Juan 16: 2). Desde los días de la iglesia apostólica (Hech. 26: 9-11; cf. 1 Tim. 1: 13) hasta el día de hoy, las más duras persecuciones contra los siervos de Dios se han llevado a cabo en nombre de la religión. Después de que termine el tiempo de gracia, hombres impíos continuarán con las formas externas de la religión con celo aparente hacia Dios (CS 672, 673). La más hábil artimaña del diablo es disimular de tal modo el error que parezca verdad. Por esta razón, en un tiempo cuando el máximo falsificador pondrá en acción sus esfuerzos con mayor éxito, el Testigo Fiel y Verdadero aconseja a los laodicenses que usen "colirio" espiritual para que vean (Apoc. 3: 18) su verdadera condición, para que puedan distinguir entre la verdad y el error, para que sepan distinguir las artimañas de Satanás y las eviten, para que sean capaces de detectar el pecado y aborrecerlo, y para que puedan ver la verdad y obedecerla (2JT 74, 75). De lo contrario, como los judíos del tiempo de Cristo, será evidente que aceptan como doctrina los mandamientos de los hombres (ver Mat. 15: 9).
He traído a Agag.
¡Cuán absurdo aunque verdadero! Saúl presenta su acto supremo de desobediencia como una prueba de haber cumplido plena y completamente con la orden de Dios recibida mediante el profeta Samuel. En su estado de ceguera espiritual confundió lo erróneo con lo correcto, y se sintió agraviado porque Samuel no reconocía lo que él consideraba -y en cierto sentido lo era- una victona muy grande (ver PP 681).
21.
Las primicias del anatema.
"Lo mejor del anatema" (BJ). De la palabra hebrea jérem, "las cosas consagradas", "las cosas dedicadas", "las cosas malditas" o "cosas consagradas a la destrucción". Jérem se deriva del verbo jaram, "prohibir para el uso común", "consagrar para Dios", "extirpar". Acán se apropió para su uso personal "del anatema [jérem]" (Jos. 7: 1, 11, 13, 15; cf. cap. 6: 17, 18), lo que incluía plata y oro (Jos. 7: 21) reservados para el servicio del santuario (Jos. 6: 19). El hecho de que una persona o cosa fuera "maldita" o "dedicada" no significaba necesariamente que debía ser destruida; sino tan sólo que debía empleársela precisamente en la forma en que Dios indicara. En contraste con la plata y el oro, todo lo demás que había en la ciudad debía ser destruido completamente (Jos. 6: 21). Sin embargo, esas cosas también eran "anatema": "malditas" o reservadas "a Jehová" (Jos. 6: 17). La misma palabra hebrea jérem también designa las ofrendas "dedicadas" para uso sagrado (ver Lev. 27: 21, 28, 29; Núm. 18: 14; etc.).
La afirmación de Saúl acerca de "las primicias del anatema", o literalmente "las cosas dedicadas", cobra un nuevo significado a la luz del uso dado en la Biblia a la palabra hebrea así traducida. Samuel había instruido a Saúl para que "destruyera [jaram]" a los amalecitas y todas sus posesiones, que los matara. No sólo estaban "dedicados", sino "dedicados para la destrucción". Es evidente que Saúl razonó que tenía el privilegio de decidir cómo había de realizarse la orden divina.
Sin duda Saúl expresó la verdad cuando dijo que "el pueblo" quiso salvar lo mejor de los rebaños y de las manadas. No se les permitía que tomaran para sí los rebaños y las manadas de los amalecitas. Pero podían enriquecerse empleando los animales de los amalecitas en lugar de los propios que de otra manera habrían tenido que sacrificar (PP 68l). Sencillamente Saúl aprobó la sugestión tal como le llegó, y así se apropió del derecho de interpretar la orden del Señor en la forma que vio conveniente. Por su parte, Saúl no tenía interés en el ganado; tenía suficientes animales y hasta le sobraban. Pero si volvía con un rey vencido -de acuerdo con la costumbre de sus días- podría presentar delante de todo Israel una evidencia tangible de su proeza militar y se incrementaría mucho su prestigio. Sin duda Saúl tenía el plan de ejecutar en público a Agag después de presentarlo al pueblo como una muestra de su habilidad 526 como guerrero. Pero Samuel, instruido por Dios, realizó él mismo la ejecución y privó a Saúl de la exhibición prevista.
Probablemente Saúl razonó que obedecería la orden de Dios tanto respecto al ganado como al rey, y al mismo tiempo aumentaría la riqueza de sus súbditos y su propio renombre. Cumpliría a su manera con la voluntad de Dios.
Finalmente, serían muertos tanto el rey como los animales; pero entre tanto él y su pueblo aprovecharían de ellos. En esto estribaba la debilidad del carácter de Saúl: mientras que pretendía servir a Dios, en realidad servía primero sus propios intereses y después los de Dios. Sin duda por esta misma razón, al enviar a Saúl contra los amalecitas con la orden de "dedicarlos" y "dedicar" también todas sus posesiones, Dios especificó el medio por el cual debían ser "dedicados": la muerte.
Saúl fracasó en esta gran prueba final de su carácter. Aun Samuel, que había pasado la noche en oración ante Dios en favor de Saúl para que se anulara la sentencia de rechazo (PP 682), se llenó de indignación cuando vio la prueba de la rebelión de Saúl (PP 683). Debido a que Saúl había dejado al Señor, el cielo lo abandonó para que siguiera el camino de su propia elección; y Samuel por su parte "nunca después vio ... a Saúl en toda su vida" (vers. 35). Saúl se había descalificado completamente como rey al someterse a los deseos del pueblo, al culparlo por sus propias decisiones erróneas, y al procurar atribuirse el honor que en realidad pertenecía a Dios.
En Gilgal.
Aunque no era la residencia de Saúl, Gilgal parece haber sido de hecho en algunos respectos la capital de la monarquía hebrea. Señalaba el sitio del primer campamento de Israel después del cruce del Jordán (Jos. 4: 19) y el cuartel general militar para la conquista de Canaán (Jos. 10: 15; etc.). Fue allí donde se efectuó la verdadera división de la tierra (Jos. 14: 6 a 17: 18).
Cuando se completó la conquista del país, unos seis o siete años después del cruce del Jordán, el arca fue trasladada de Gilgal a Silo (Jos. 18: 1). En ese tiempo Josué residía en "Timnat-sera, en el monte de Efraín" (Jos. 19: 49, 50).
El servicio del santuario se interrumpió en Silo cuando los filisteos se llevaron el arca (1 Sam. 4: 11; Sal. 78: 60) y la ciudad de Silo fue destruida (ver Jer. 26: 6, 9). El arca fue llevada de vuelta, primero hasta Bet-semes (1 Sam. 6: 7-15) y después a Quiriat-jearim (cap. 7: 1), donde quedó hasta que David la traspasó a Jerusalén (2 Sam. 6: 2-12; cf Jos. 15: 9, 60). En un sentido, así se descentralizó el culto de Dios, aunque Samuel ofrecía sacrificios en diversos lugares (PP 660), probablemente también en Gilgal (1 Sam. 7: 16). Fue aquí donde Samuel reunió a los israelitas para confirmar a Saúl como rey después de su victoria en Jabes de Galaad (1 Sam. 11: 14, 15); aquí también se reunieron fuerzas para el ataque contra la guarnición filistea de Micmas (1 Sam. 13: 4). También podría haber sido la base para la campaña contra los amalecitas, como parece decirse tácitamente en la propuesta de Saúl de volver allí para ofrecer sacrificios a Dios.
22.
¿Se complace Jehová?
Impelido por el Espíritu Santo, Samuel expresó esta profunda verdad que había de resonar a través de los siglos siguientes (ver Sal. 51: 16-19; Isa.1:11; Ose. 6: 6; Miq. 6: 6-8; etc.).
23.
Te ha desechado.
Aquí se presenta claramente el motivo para un cambio de la relación entre Dios y el hombre: "Por cuanto tú desechaste". Cuando el hombre elige seguir su propio camino, Dios está obligado a reajustar las condiciones para hacer frente a la situación. Cuando Israel quiso un rey, Dios le dio la oportunidad de probar la factibilidad de un plan tal. El mismo hecho de que Dios permitiera que Saúl continuara como rey muestra que no lo había abandonado. Si Saúl no seguía a Dios, tendría que poner en práctica sus propias ideas en cuanto a la realeza sin la ayuda del consejo divino, no porque Dios fuera reacio a guiarlo, sino porque él rehusaba aceptar la dirección.
24.
Yo he pecado.
Antes de que Samuel anunciara que Dios había rechazado a Saúl como rey (vers. 23), éste defendió firmemente su proceder. Tan sólo cuando se pronunció la sentencia y se dio a conocer el castigo, estuvo dispuesto a admitir que se había apartado de la orden divina. Saúl no demostró la prueba de una vida transformada que acompaña a "la tristeza que es según Dios"; la suya fue "la tristeza del mundo" (2 Cor. 7: 9-11). No fue el sincero deseo de hacer lo correcto lo que lo movió a esa admisión, sino el temor de perder el derecho a su reino. Sólo cuando se vio frente a esa perspectiva, fingió arrepentimiento con el propósito de salvar su puesto de rey, de ser eso posible. La alabanza 527 humana significaba más para él que la aprobación divina.
Perdona, pues, ahora mi pecado.
Cuán diferente fue este pedido del que presentaron los israelitas en Mizpa cuando clamaron: "Contra Jehová hemos pecado... No ceses de clamar por nosotros a Jehová" (cap. 7: 6-8). El pecado de Saúl ¿fue contra Samuel o contra el Señor? ¿Estaba tan preocupado por el cambio de corazón que necesitaba como estaba de perder su prestigio ante el pueblo, ante la posibilidad de que perdiera el reino? Sus acciones futuras debían revelar claramente la verdadera razón de su conducta.
26.
No volveré.
Samuel, creyendo que Dios había rechazado a Saúl, al principio rehusó rendir culto a Dios con el rey. Humanamente hablando, no tenía nada que hacer con un hombre que apreciaba tan poco lo que Dios había hecho por él. La actitud de Samuel era sencillamente un reflejo de la actitud de Dios. Si el Señor no quería tener más trato con Saúl (ver cap. 28: 6), Samuel -como representante de Dios- tampoco podía tenerlo (cap. 15: 35), para que una relación tal no fuera interpretada como una evidencia de la aprobación divina.
28.
Lo ha dado.
Dios se refería al ungimiento de David y a su coronación, aunque estaban todavía en el futuro, como si ya se hubieran realizado. Saúl se había descalificado irreparablemente para servir como rey, y la decisión de Dios acerca de él era irrevocable. En la voluntad y en el propósito de Dios el reino ya había sido dado a otro. Nada que hiciera Saúl, como ofrecer un culto (vers. 30), cambiaría la sentencia. Ni la oración la cambiaría (ver Jer. 7: 16; 11: 14; 14: 11; PP 682). Con toda seguridad, el rechazo de Saúl como rey no implicaba necesariamente que había terminado su tiempo de gracia y que el Señor rehusaría aceptarlo como individuo. Todavía podía arrepentirse personalmente y convertirse. Si en ese tiempo Saúl hubiese estado dispuesto a renunciar al trono y a vivir de allí en adelante una vida privada, podría haber hallado la salvación; pero era evidente que no podía desempeñarse en el cargo de rey en armonía con la voluntad divina.
Mejor que tú.
De acuerdo con lo registrado, la única falta de Saúl hasta ese tiempo fue la que cometió en Gilgal (cap. 13: 8-14). No había una mancha en su registro como en el caso de David con Betsabé y Urías heteo. Ambos fueron grandes pecadores.
La diferencia entre ellos estuvo en que cuando le fue señalado su pecado, Saúl justificó su proceder (caps. 13: 11, 12; 15: 20), en tanto que David se arrepintió sinceramente de sus pecados (2 Sam. 12: 13; Sal. 51).
29.
La Gloria de Israel.
Este título aplicado a Dios sólo aparece en este lugar del AT. La palabra traducida "Gloria" es nétsaj, que proviene del verbo nalsaj, "ser preeminente", "ser permanente". En el marco en que aquí se usa, es sumamente apropiada esta forma de denominar a Dios. Nétsaj muchas veces se traduce "perpetuamente" (2 Sam. 2: 26) o "para siempre" (Sal. 52: 5).
Arrepienta.
En cuanto al "arrepentimiento" de Dios, ver com. Gén. 6: 6; Exo. 32: 14; Juec. 2: 18; 1 Sam. 15: 11.
30.
Para que adore.
Para Saúl las formas del culto sólo eran importantes como un medio de conseguir para sí la lealtad del pueblo. Tenía el propósito de dar la impresión de que su proceder se originaba en Dios a fin de que el pueblo creyera que al seguirlo a él, hacían la voluntad de Dios. Así se rebajó la religión para que sirviera a los fines del poder civil, pues Saúl se proponía usar a Dios como un medio para lograr sus propios fines.
31.
Volvió Samuel.
Quizá hubo dos razones por las cuales Samuel cambió de parecer: (1)Quería hacer todo lo posible para ganar a Saúl como persona. (2) Al saberse que había desaprobado a Saúl, eso podría inducir a algunos descontentos de Israel como una excusa para sublevarse. El orden establecido por el gobierno debía continuar aun cuando el rey hubiera rechazado el liderazgo de Dios para hacer su propia voluntad.
33.
Samuel cortó en pedazos a Agag.
De acuerdo con el código civil dado a Israel (Exo. 21: 23, 24), Agag merecía la muerte, y Samuel lo ejecutó "delante de Jehová", así como Elías más tarde mataría a los profetas de Baal en el Carmelo, de acuerdo con la ley de la blasfemia (Lev. 24: 11, 16). Al matar a Agag, Samuel desbarató el propósito de Saúl de exhibir al rey como testimonio de su supuesta habilidad como caudillo.
35.
Nunca después vio Samuel a Saúl.
Ver com. vers. 26; ver también cap. 16: 14.
Samuel lloraba.
Al principio Samuel estuvo maldispuesto para dar un rey a Israel, pero una vez que fue elegido el rey, Samuel le fue fiel a pesar de sus faltas. Para Samuel -y 528 más tarde para David- Saúl era "el ungido de Jehová" (cap. 24: 10). El pesar de Samuel por la conducta de Saúl (cap. 15: 11; PP 682) es una prueba de la sinceridad de la forma en que Samuel velaba por él.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
Literalmente, "oye", con el pensamiento adicional de obedecer. Samuel quería decir que Saúl una vez había oído las instrucciones referentes a su encuentro en Gilgal, pero no había sido obediente. Ahora debía ser probado otra vez para ver si estaba dispuesto a cumplir con los deseos de Dios, o se iba a entregar de nuevo a sus propias complacencias.
2.
Yo castigaré.
Los amalecitas eran un pueblo nómada que habitaba la región desértica entre Palestina y Egipto. Parece que se sustentaban mediante incursiones de rapiña contra las tribus vecinas (ver com. Gén. 36: 12). Sin ser provocados, habían atacado a los hijos de Israel en las proximidades del monte Sinaí (Exo. 17: 8-16). Después de esa batalla, Moisés dio a ese lugar el nombre de "Jehová-nisi", diciendo "Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación". En la profecía de Balaam, se llama a Amalec "cabeza de naciones", con el significado de que fue el primero que luchó contra Israel, pero, añadió Balaam, "al fin perecerá para siempre" (Núm. 24: 20).
Sin duda, poco antes los amalecitas habían estado incursionando en la parte meridional de Judá, en las proximidades de Beerseba, y ésta puede haber sido una razón para que los ancianos de la región pidieran un rey (ver cap. 8: 1-5).
Así como Josué recibió la instrucción de defender a los gabaonitas del ataque, sin que mediara provocación alguna, de los cinco reyes de la confederación del sur, también Saúl recibió la orden de aliviar a Israel de los ataques de los amalecitas. La 522 muerte de los cinco reyes produjo paz en los días de Josué.
Si Saúl hubiera realizado el plan de Dios, probablemente Israel habría tenido paz en ese frente por mucho más tiempo del que realmente tuvo. La referencia a los amalecitas en el pasaje del cap. 14: 48 puede aludir a esta campaña, pues es obvio que los vers. 49-52 forman un paréntesis.
3.
Destruye todo.
Literalmente, "destruid [nótese el plural] completamente". La responsabilidad de cumplir con el edicto acerca de las posesiones de los amalecitas descansaba sobre los mismos componentes del ejército. Pero la forma verbal "hiere", en la orden "hiere a Amalec" está en la segunda persona singular, lo que coloca la responsabilidad del exterminio de los amalecitas personalmente sobre Saúl como rey de Israel. La palabra hebrea, jaram, traducida "destruye", significa, "anatematizar", "dedicar" y por lo tanto "exterminar". Cuando un país era anatematizado, se consideraba como maldito todo lo que pertenecía a la nación.
Debía ser muerto el pueblo, también el ganado y los otros seres vivientes, pero cosas tales como plata y oro debían llevarse a la tesorería del Señor (ver Jos. 6: 17-19). Una costumbre similar existía entre otras naciones del Cercano Oriente en tiempos antiguos.
4.
En Telaim.
Algunos eruditos identifican este lugar con el Telem de Jos. 15: 24, pueblo de la frontera meridional de Judá cerca del territorio amalecita, pero no se sabe nada definido en cuanto a su ubicación. Telaim sirve como base para la campaña contra los amalecitas, así como Bezec lo había sido para la campaña contra los amonitas (ver com. 1 Sam. 11: 8). Es extraño que sólo un cinco por ciento del ejército de Saúl proviniera de Judá, en vista de que esa tribu fue la que más sufrió a manos de los amalecitas.
6.
Los ceneos.
Se llama madianitas a los miembros de la familia con la cual Moisés se unió por su casamiento (Núm. 10: 29), y también se los llama ceneos (Juec. 1: 16). Se debe esto a que ambos nombres se refieren al mismo tronco familiar o porque se habían unido las dos familias. Algunos comentadores han identificado a los ceneos como descendientes de Cenez, nieto de Esaú por la línea de Elifaz, pero no se conoce su origen con certidumbre (ver com. Gén. 15: 19). Los madianitas, y por eso también probablemente los ceneos, eran descendientes de Abrahán, por su esposa Cetura (ver com. Exo. 2: 16). Los amalecitas eran descendientes de Esaú (ver com. Gén. 36: 12) y por lo tanto consanguíneos tanto de los ceneos como de los israelitas. Algunos de los ceneos, o madianitas, acompañaron a los hijos de Israel a la tierra prometida (ver com.
Núm. 10: 29-32) y recibieron allí una heredad entre el pueblo de Judá (Juec. 1: 16), y mucho más al Norte en Neftalí (Juec. 4: 10, 11). Podría ser que los ceneos aludidos aquí hubieran sido descendientes de los que se habían establecido en la parte meridional de Judá, vecina al territorio amalecita, y se hubieran emparentado, por vínculos matrimoniales, con los amalecitas (ver 1 Sam. 27: 10).
7.
Havila.
Se desconoce la ubicación de Havila. Algunos eruditos piensan que se refiere a una "tierra de arenas"; otros, a "dunas arenosas". Desde el río de Egipto (ver com. Núm. 34: 5), la frontera sudoeste de Judá, que limita al oeste con Egipto, en la actualidad es tan sólo un estéril arenal. La palabra shur significa "muro". Se piensa que se refiere al muro de fortalezas edificadas por los reyes egipcios a lo largo de su frontera oriental, desde el mar Rojo hasta el Mediterráneo, para protegerse contra las invasiones de los asiáticos (ver com. Exo. 2: 15; 13: 20; 14: 2). El desierto justo al este de Egipto es llamado "el desierto de Shur" (ver Com. Gén. 16: 7; 25: 18; Exo. 15: 22).
Puesto que los amalecitas todavía habitaban en el mismo distrito meridional en los días de David (1 Sam. 30), es probable que el rey Agag residiera en la "ciudad de Amalec" (cap. 15: 5) y que el ejército de Saúl hubiera destruido ese lugar y esparcido a los amalecitas hasta muy lejos en el desierto de Shur.
Esta incursión contra los amalecitas probablemente fue muy parecida a las de ellos contra Israel, antes y después de los días de Saúl (Juec. 6: 3-5; 10: 1 2; 1 Sam. 30:1-18). Es evidente que Saúl se contentó con una campaña incompleta. Había capturado a Agag, y en la antigüedad, cuando se aprisionaba a un rey, parece que se consideraba que su país quedaba subyugado (ver Jos. 12: 7-24).
8.
Agag.
Quizá signifique "llameante" o "violento". Es posible, aunque no es de ninguna manera seguro, que fuera un título que se arrogaban los reyes amalecitas, similar al de Faraón entre los egipcios. De acuerdo con Josefo (Antigüedades xi. 6. 5), Amán agagueo 523 descendía de Agag amalecita a través de 16 generaciones (ver com. Est. 3: l).
Mató a filo de espada.
Es decir a los amalecitas que vivían en las proximidades del lugar del ataque de Saúl. Los amalecitas estaban esparcidos en una amplia zona de la península del Sinaí, el Neguev y el norte de Arabia (ver com. Gén. 36: 12). No hubiera sido posible que Saúl derrotara a todos los amalecitas en esta corta expedición. Es evidente que no lo hizo porque después David realizó otras campañas contra ellos (1 Sam. 27: 8; 30: 1-20; 2 Sam. 8: 12). Tan sólo en el tiempo de Ezequías fueron finalmente exterminados (1 Crón. 4: 42, 43).
9.
Todo lo que era vil.
Al destruir lo que, de todos modos, no valía la pena preservar, Saúl y sus hombres pretendieron haber obedecido la orden de Dios de destruir "todo" lo que era de Amalec (vers. 3). Al mismo tiempo, los israelitas victoriosos preservaron "lo mejor".
11.
Me pesa.
"Me arrepiento" (BJ), "Estoy arrepentido" (NC). Ver com. Gén. 6: 6; Exo. 32: 14; Juec. 2: 18. A muchos les resulta difícil reconciliar esta afirmación con 1 Sam. 15: 29, donde dice que Dios no "se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta". Ambas formas verbales proceden de najam, que Gesenio define como "lamentarse" o "apesadumbrarse" debido a la desgracia de otros y, por lo tanto, "compadecerse"; también, "arrepentirse" debido a las acciones de uno mismo. En ningún lugar dice la Biblia que el hombre se arrepiente de lo bueno que pueda hacer; sino sólo de lo malo. Sin embargo, se dice que Dios se arrepiente del bien que hace, tanto como del mal (ver Jer. 18: 7-10). "El arrepentimiento del hombre implica un cambio de parecer. "El arrepentimiento de Dios implica un cambio de circunstancias y relaciones" (PP 682). La palabra najam debiera traducirse de tal manera que expresara este pensamiento.
De acuerdo con el principio de la libre elección, Dios no hace de ningún hombre una mera máquina para llevar a cabo los propósitos divinos. Es cierto que esos propósitos finalmente se llevarán acabo (Isa. 46: 10), pero el individuo o la nación a quienes se pide que los realice no por eso renuncian al privilegio de acatar o rechazar lo que Dios les pide (ver Ed 174). El que dice primero "no quiero" pero cambia de parecer, es mucho mejor que el que promete ir pero después decide no hacerlo (ver Mat. 21: 28-32). En cada caso, si el instrumento de los deseos de Dios demuestra ser indigno, a Dios "le pesa" por la decisión del individuo, pero permite que siga el curso de acción que ha escogido y que coseche la semilla que ha sembrado. La decisión de Saúl de seguir sus propios deseos no torció en lo más mínimo el propósito eterno de Dios, pero sí significó una oportunidad para que Dios demostrara su longanimidad al permitir que Saúl continuara como rey. El resultado natural de causa y efecto es una de las grandes lecciones que debe aprender el hombre en este gran conflicto entre el bien y el mal.
Se apesadumbró Samuel.
Literalmente, "se encendió Samuel". Cuando este verbo se emplea en relación con la palabra "ira", generalmente se traduce "se encendió su ira". Este es el único caso del AT en que el verbo najam se traduce "apesadumbrarse". Es incorrecto traducir "Samuel estuvo enojado", pues se afirma a continuación que Samuel "clamó a Jehová toda aquella noche" (ver vers. 11). El profeta estaba tan chasqueado y perplejo que buscó al Señor de todo corazón para que le mostrara la forma de salir de la deplorable situación.
12.
Carmel.
No se trata del monte Carmelo donde Elías enfrentó a los profetas de Baal, sino de un pueblo a 11,6 km al sur de Hebrón, donde David se encontró con Nabal.
Levantó un monumento.
Aquí conmemoró Saúl su victoria, y luego fue a Gilgal, cerca de Jericó, quizá para reparar la desgracia que había experimentado allí (cap. 13: 11-16).
13.
Yo he cumplido.
Dando la apariencia de un gran respeto, Saúl esperó ansiosamente para recibir la alabanza de Samuel. Como los hombres a lo largo de todo el transcurso de la historia, Saúl estuvo listo para creer que había cumplido la comisión que le había sido dada, realizando tan sólo la parte que le resultaba agradable.
Había efectuado una incursión contra los enemigos tradicionales de Israel y había vuelto con Agag como prueba del cumplimiento de su misión. El monumento a la victoria erigido en Carmel lo era a su vanidad personal. Como Saulo de Tarso, Saúl hijo de Cis sin duda llegó a creer que las acciones de su propia elección se habían hecho en armonía con la voluntad de Dios. Sin embargo, es claro que aquí termina la semejanza entre los dos, pues uno conocía la 524 voluntad de Dios y no la cumplió, mientras que el otro procedía con ignorancia (1 Tim. 1: 13).
14.
Balido.
Aunque en ese momento parecía clara la conciencia de Saúl, el balido de los rebaños demostraba claramente su desobediencia y que no podía confiarse en su conciencia. Se puede tener cauterizada la conciencia (1 Tim. 4: 2) en vez de que esté limpiada de obras muertas (Heb. 9: 14) y sin ofensa (Hech. 24: 16).
Desde que fue ungido, Saúl había demostrado muchos nobles rasgos de carácter, y Samuel lo amaba, así como Jesús amaba a Judas. Pero el logro del poder había convertido al hombre en un déspota que no toleraba interferencias.
Precisamente, mientras estaba en el acto de proclamar su obediencia, los rebaños denunciaban en alta voz su desacato.
15.
El pueblo perdonó lo mejor.
Como Adán y Eva, Saúl procuró echar la culpa a otro. ¿Acaso el pueblo no había sido tan leal a la orden de Saúl de destruir todo lo que pertenecía a los amalecitas como lo había sido antes al abstenerse de alimento el día cuando derrotó a los filisteos? (cap. 14: 24). Para cualquiera de la naturaleza y la inteligencia de Saúl el buscar refugio en una excusa tal es una clara evidencia de bancarrota espiritual.
17.
Aunque eras pequeño.
Una traducción literal del hebreo del vers. 17 permite cualquiera de estas traducciones: "Aunque [o cuando] tú [eras] pequeño ante tu propia vista, ¿no [eras] tú [hecho] cabeza de las tribus de Israel?" o "Aunque tú [eres] pequeño ante tu propia vista, ¿no [eres] tú cabeza de las tribus de Israel?" En el texto hebreo los verbos están tácitos, por lo cual la traducción al castellano requiere que se los añada. Suponiendo que Samuel aquí se refiere a una experiencia pasada, en la RVR dice "eras", mientras que la BJ -más moderna en su traducción- reza "eres", considerando que Samuel pensaba en la afirmación de Saúl del vers. 15, y por eso se dirigió a él hablándole en tiempo presente. La RVR entiende que Samuel establecía un contraste entre la anterior humildad de Saúl y su orgullo actual, pero la BJ interpreta esta declaración como un contraste entre la subordinación a la voluntad del pueblo expresada por Saúl (vers. 15) -una falsa humildad- y su nombramiento divino como dirigente (vers. 17).
La frase "Jehová te ha ungido por rey sobre Israel" parece ser una simple repetición de la declaración anterior: "¿No has sido hecho jefe de las tribus de Israel?" Además, Saúl había explicado su conducta pretendiendo que fue "el pueblo" el que guardó "lo mejor" de los despojos, con lo que quería decir que no pudo impedírselo (vers. 15). De acuerdo con la BJ, Samuel puso en tela de juicio la tentativa de Saúl de evadir la responsabilidad -"Tú eres pequeño a tus propios ojos", es decir, incapaz de ejercer un control eficaz sobre tus hombres- con una solemne afirmación de que Saúl era su caudillo. En los vers. 17-19 (ver vers. 1-3) se dice que Samuel hizo recordar a Saúl la responsabilidad personal que tenía en el asunto: (1) Jehová lo había ungido como rey, y por lo tanto como caudillo de Israel, (2) lo había enviado contra los amalecitas, y (3) le había ordenado que los exterminara. ¿Por qué no había obedecido? La obediencia siempre es algo central en nuestra relación con el Dios del cielo.
De acuerdo con la RVR, Samuel recordaba a Saúl lo que éste mismo había dicho al ser ungido (cap. 9: 21), cuando fue elevado desde un nivel muy humilde hasta ser el caudillo de Israel. No es el plan de Dios colocar a sus siervos donde no puedan ser tentados, ni arrojarlos en medio de la tentación, donde -cuando caen- debe perdonarlos y luego permitirles que continúen en pecado. El deseo divino es más bien rescatarlos para que puedan ganar la batalla contra el pecado aquí y ahora. El Espíritu Santo llevó a Cristo al desierto para que fuera tentado por Satanás (Mar. 1: 12). Saúl había recibido la evidencia indudable de que el Señor lo amaba y que sería su ayudador constante. Nunca podía acusar a Dios de que -conociendo su naturaleza egoísta- no le dio toda oportunidad posible de hacer lo bueno y vencer sus malos rasgos de carácter.
El hecho de que Dios le diera otro corazón (1 Sam. 10: 9) no significaba que Saúl no pudiera volver a sus viejos hábitos de vida si así lo deseaba. ¿Se exaltaría Saúl? Si lo hacía, Dios tenía que humillarlo.
20.
Antes bien he obedecido.
Sólo un corazón perverso y obstinado podía pretender hacer pasar la desobediencia como obediencia. Al hacer Saúl demostró cuánto se había alejado de las sendas de justicia. Fue cuando Eva
"vio" que el fruto del árbol prohibido era "bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para525 alcanzar la sabiduría" cuando "tomó de su fruto, y comió" (Gén. 3: 6). Cuando uno se convence a sí mismo de que lo que Dios ha señalado claramente como un veneno moral es deseable para una vida más abundante, entonces abjura de su lealtad a Dios y presta juramento de lealtad al diablo. Cuando aparece como correcto lo que Dios ha dicho que es malo, uno puede estar seguro de que ha puesto los pies en terreno prohibido y está sin protección contra las tentaciones hipnóticas del tentador. Ha cegado su propia visión espiritual y endurecido el corazón (ver Efe. 4: 30; ver com.
Exo. 4: 21).
Cristo advirtió a sus discípulos que llegaría el tiempo cuando cualquiera que los matara pensaría que estaba rindiendo "servicio a Dios" (Juan 16: 2). Desde los días de la iglesia apostólica (Hech. 26: 9-11; cf. 1 Tim. 1: 13) hasta el día de hoy, las más duras persecuciones contra los siervos de Dios se han llevado a cabo en nombre de la religión. Después de que termine el tiempo de gracia, hombres impíos continuarán con las formas externas de la religión con celo aparente hacia Dios (CS 672, 673). La más hábil artimaña del diablo es disimular de tal modo el error que parezca verdad. Por esta razón, en un tiempo cuando el máximo falsificador pondrá en acción sus esfuerzos con mayor éxito, el Testigo Fiel y Verdadero aconseja a los laodicenses que usen "colirio" espiritual para que vean (Apoc. 3: 18) su verdadera condición, para que puedan distinguir entre la verdad y el error, para que sepan distinguir las artimañas de Satanás y las eviten, para que sean capaces de detectar el pecado y aborrecerlo, y para que puedan ver la verdad y obedecerla (2JT 74, 75). De lo contrario, como los judíos del tiempo de Cristo, será evidente que aceptan como doctrina los mandamientos de los hombres (ver Mat. 15: 9).
He traído a Agag.
¡Cuán absurdo aunque verdadero! Saúl presenta su acto supremo de desobediencia como una prueba de haber cumplido plena y completamente con la orden de Dios recibida mediante el profeta Samuel. En su estado de ceguera espiritual confundió lo erróneo con lo correcto, y se sintió agraviado porque Samuel no reconocía lo que él consideraba -y en cierto sentido lo era- una victona muy grande (ver PP 681).
21.
Las primicias del anatema.
"Lo mejor del anatema" (BJ). De la palabra hebrea jérem, "las cosas consagradas", "las cosas dedicadas", "las cosas malditas" o "cosas consagradas a la destrucción". Jérem se deriva del verbo jaram, "prohibir para el uso común", "consagrar para Dios", "extirpar". Acán se apropió para su uso personal "del anatema [jérem]" (Jos. 7: 1, 11, 13, 15; cf. cap. 6: 17, 18), lo que incluía plata y oro (Jos. 7: 21) reservados para el servicio del santuario (Jos. 6: 19). El hecho de que una persona o cosa fuera "maldita" o "dedicada" no significaba necesariamente que debía ser destruida; sino tan sólo que debía empleársela precisamente en la forma en que Dios indicara. En contraste con la plata y el oro, todo lo demás que había en la ciudad debía ser destruido completamente (Jos. 6: 21). Sin embargo, esas cosas también eran "anatema": "malditas" o reservadas "a Jehová" (Jos. 6: 17). La misma palabra hebrea jérem también designa las ofrendas "dedicadas" para uso sagrado (ver Lev. 27: 21, 28, 29; Núm. 18: 14; etc.).
La afirmación de Saúl acerca de "las primicias del anatema", o literalmente "las cosas dedicadas", cobra un nuevo significado a la luz del uso dado en la Biblia a la palabra hebrea así traducida. Samuel había instruido a Saúl para que "destruyera [jaram]" a los amalecitas y todas sus posesiones, que los matara. No sólo estaban "dedicados", sino "dedicados para la destrucción". Es evidente que Saúl razonó que tenía el privilegio de decidir cómo había de realizarse la orden divina.
Sin duda Saúl expresó la verdad cuando dijo que "el pueblo" quiso salvar lo mejor de los rebaños y de las manadas. No se les permitía que tomaran para sí los rebaños y las manadas de los amalecitas. Pero podían enriquecerse empleando los animales de los amalecitas en lugar de los propios que de otra manera habrían tenido que sacrificar (PP 68l). Sencillamente Saúl aprobó la sugestión tal como le llegó, y así se apropió del derecho de interpretar la orden del Señor en la forma que vio conveniente. Por su parte, Saúl no tenía interés en el ganado; tenía suficientes animales y hasta le sobraban. Pero si volvía con un rey vencido -de acuerdo con la costumbre de sus días- podría presentar delante de todo Israel una evidencia tangible de su proeza militar y se incrementaría mucho su prestigio. Sin duda Saúl tenía el plan de ejecutar en público a Agag después de presentarlo al pueblo como una muestra de su habilidad 526 como guerrero. Pero Samuel, instruido por Dios, realizó él mismo la ejecución y privó a Saúl de la exhibición prevista.
Probablemente Saúl razonó que obedecería la orden de Dios tanto respecto al ganado como al rey, y al mismo tiempo aumentaría la riqueza de sus súbditos y su propio renombre. Cumpliría a su manera con la voluntad de Dios.
Finalmente, serían muertos tanto el rey como los animales; pero entre tanto él y su pueblo aprovecharían de ellos. En esto estribaba la debilidad del carácter de Saúl: mientras que pretendía servir a Dios, en realidad servía primero sus propios intereses y después los de Dios. Sin duda por esta misma razón, al enviar a Saúl contra los amalecitas con la orden de "dedicarlos" y "dedicar" también todas sus posesiones, Dios especificó el medio por el cual debían ser "dedicados": la muerte.
Saúl fracasó en esta gran prueba final de su carácter. Aun Samuel, que había pasado la noche en oración ante Dios en favor de Saúl para que se anulara la sentencia de rechazo (PP 682), se llenó de indignación cuando vio la prueba de la rebelión de Saúl (PP 683). Debido a que Saúl había dejado al Señor, el cielo lo abandonó para que siguiera el camino de su propia elección; y Samuel por su parte "nunca después vio ... a Saúl en toda su vida" (vers. 35). Saúl se había descalificado completamente como rey al someterse a los deseos del pueblo, al culparlo por sus propias decisiones erróneas, y al procurar atribuirse el honor que en realidad pertenecía a Dios.
En Gilgal.
Aunque no era la residencia de Saúl, Gilgal parece haber sido de hecho en algunos respectos la capital de la monarquía hebrea. Señalaba el sitio del primer campamento de Israel después del cruce del Jordán (Jos. 4: 19) y el cuartel general militar para la conquista de Canaán (Jos. 10: 15; etc.). Fue allí donde se efectuó la verdadera división de la tierra (Jos. 14: 6 a 17: 18).
Cuando se completó la conquista del país, unos seis o siete años después del cruce del Jordán, el arca fue trasladada de Gilgal a Silo (Jos. 18: 1). En ese tiempo Josué residía en "Timnat-sera, en el monte de Efraín" (Jos. 19: 49, 50).
El servicio del santuario se interrumpió en Silo cuando los filisteos se llevaron el arca (1 Sam. 4: 11; Sal. 78: 60) y la ciudad de Silo fue destruida (ver Jer. 26: 6, 9). El arca fue llevada de vuelta, primero hasta Bet-semes (1 Sam. 6: 7-15) y después a Quiriat-jearim (cap. 7: 1), donde quedó hasta que David la traspasó a Jerusalén (2 Sam. 6: 2-12; cf Jos. 15: 9, 60). En un sentido, así se descentralizó el culto de Dios, aunque Samuel ofrecía sacrificios en diversos lugares (PP 660), probablemente también en Gilgal (1 Sam. 7: 16). Fue aquí donde Samuel reunió a los israelitas para confirmar a Saúl como rey después de su victoria en Jabes de Galaad (1 Sam. 11: 14, 15); aquí también se reunieron fuerzas para el ataque contra la guarnición filistea de Micmas (1 Sam. 13: 4). También podría haber sido la base para la campaña contra los amalecitas, como parece decirse tácitamente en la propuesta de Saúl de volver allí para ofrecer sacrificios a Dios.
22.
¿Se complace Jehová?
Impelido por el Espíritu Santo, Samuel expresó esta profunda verdad que había de resonar a través de los siglos siguientes (ver Sal. 51: 16-19; Isa.1:11; Ose. 6: 6; Miq. 6: 6-8; etc.).
23.
Te ha desechado.
Aquí se presenta claramente el motivo para un cambio de la relación entre Dios y el hombre: "Por cuanto tú desechaste". Cuando el hombre elige seguir su propio camino, Dios está obligado a reajustar las condiciones para hacer frente a la situación. Cuando Israel quiso un rey, Dios le dio la oportunidad de probar la factibilidad de un plan tal. El mismo hecho de que Dios permitiera que Saúl continuara como rey muestra que no lo había abandonado. Si Saúl no seguía a Dios, tendría que poner en práctica sus propias ideas en cuanto a la realeza sin la ayuda del consejo divino, no porque Dios fuera reacio a guiarlo, sino porque él rehusaba aceptar la dirección.
24.
Yo he pecado.
Antes de que Samuel anunciara que Dios había rechazado a Saúl como rey (vers. 23), éste defendió firmemente su proceder. Tan sólo cuando se pronunció la sentencia y se dio a conocer el castigo, estuvo dispuesto a admitir que se había apartado de la orden divina. Saúl no demostró la prueba de una vida transformada que acompaña a "la tristeza que es según Dios"; la suya fue "la tristeza del mundo" (2 Cor. 7: 9-11). No fue el sincero deseo de hacer lo correcto lo que lo movió a esa admisión, sino el temor de perder el derecho a su reino. Sólo cuando se vio frente a esa perspectiva, fingió arrepentimiento con el propósito de salvar su puesto de rey, de ser eso posible. La alabanza 527 humana significaba más para él que la aprobación divina.
Perdona, pues, ahora mi pecado.
Cuán diferente fue este pedido del que presentaron los israelitas en Mizpa cuando clamaron: "Contra Jehová hemos pecado... No ceses de clamar por nosotros a Jehová" (cap. 7: 6-8). El pecado de Saúl ¿fue contra Samuel o contra el Señor? ¿Estaba tan preocupado por el cambio de corazón que necesitaba como estaba de perder su prestigio ante el pueblo, ante la posibilidad de que perdiera el reino? Sus acciones futuras debían revelar claramente la verdadera razón de su conducta.
26.
No volveré.
Samuel, creyendo que Dios había rechazado a Saúl, al principio rehusó rendir culto a Dios con el rey. Humanamente hablando, no tenía nada que hacer con un hombre que apreciaba tan poco lo que Dios había hecho por él. La actitud de Samuel era sencillamente un reflejo de la actitud de Dios. Si el Señor no quería tener más trato con Saúl (ver cap. 28: 6), Samuel -como representante de Dios- tampoco podía tenerlo (cap. 15: 35), para que una relación tal no fuera interpretada como una evidencia de la aprobación divina.
28.
Lo ha dado.
Dios se refería al ungimiento de David y a su coronación, aunque estaban todavía en el futuro, como si ya se hubieran realizado. Saúl se había descalificado irreparablemente para servir como rey, y la decisión de Dios acerca de él era irrevocable. En la voluntad y en el propósito de Dios el reino ya había sido dado a otro. Nada que hiciera Saúl, como ofrecer un culto (vers. 30), cambiaría la sentencia. Ni la oración la cambiaría (ver Jer. 7: 16; 11: 14; 14: 11; PP 682). Con toda seguridad, el rechazo de Saúl como rey no implicaba necesariamente que había terminado su tiempo de gracia y que el Señor rehusaría aceptarlo como individuo. Todavía podía arrepentirse personalmente y convertirse. Si en ese tiempo Saúl hubiese estado dispuesto a renunciar al trono y a vivir de allí en adelante una vida privada, podría haber hallado la salvación; pero era evidente que no podía desempeñarse en el cargo de rey en armonía con la voluntad divina.
Mejor que tú.
De acuerdo con lo registrado, la única falta de Saúl hasta ese tiempo fue la que cometió en Gilgal (cap. 13: 8-14). No había una mancha en su registro como en el caso de David con Betsabé y Urías heteo. Ambos fueron grandes pecadores.
La diferencia entre ellos estuvo en que cuando le fue señalado su pecado, Saúl justificó su proceder (caps. 13: 11, 12; 15: 20), en tanto que David se arrepintió sinceramente de sus pecados (2 Sam. 12: 13; Sal. 51).
29.
La Gloria de Israel.
Este título aplicado a Dios sólo aparece en este lugar del AT. La palabra traducida "Gloria" es nétsaj, que proviene del verbo nalsaj, "ser preeminente", "ser permanente". En el marco en que aquí se usa, es sumamente apropiada esta forma de denominar a Dios. Nétsaj muchas veces se traduce "perpetuamente" (2 Sam. 2: 26) o "para siempre" (Sal. 52: 5).
Arrepienta.
En cuanto al "arrepentimiento" de Dios, ver com. Gén. 6: 6; Exo. 32: 14; Juec. 2: 18; 1 Sam. 15: 11.
30.
Para que adore.
Para Saúl las formas del culto sólo eran importantes como un medio de conseguir para sí la lealtad del pueblo. Tenía el propósito de dar la impresión de que su proceder se originaba en Dios a fin de que el pueblo creyera que al seguirlo a él, hacían la voluntad de Dios. Así se rebajó la religión para que sirviera a los fines del poder civil, pues Saúl se proponía usar a Dios como un medio para lograr sus propios fines.
31.
Volvió Samuel.
Quizá hubo dos razones por las cuales Samuel cambió de parecer: (1)Quería hacer todo lo posible para ganar a Saúl como persona. (2) Al saberse que había desaprobado a Saúl, eso podría inducir a algunos descontentos de Israel como una excusa para sublevarse. El orden establecido por el gobierno debía continuar aun cuando el rey hubiera rechazado el liderazgo de Dios para hacer su propia voluntad.
33.
Samuel cortó en pedazos a Agag.
De acuerdo con el código civil dado a Israel (Exo. 21: 23, 24), Agag merecía la muerte, y Samuel lo ejecutó "delante de Jehová", así como Elías más tarde mataría a los profetas de Baal en el Carmelo, de acuerdo con la ley de la blasfemia (Lev. 24: 11, 16). Al matar a Agag, Samuel desbarató el propósito de Saúl de exhibir al rey como testimonio de su supuesta habilidad como caudillo.
35.
Nunca después vio Samuel a Saúl.
Ver com. vers. 26; ver también cap. 16: 14.
Samuel lloraba.
Al principio Samuel estuvo maldispuesto para dar un rey a Israel, pero una vez que fue elegido el rey, Samuel le fue fiel a pesar de sus faltas. Para Samuel -y 528 más tarde para David- Saúl era "el ungido de Jehová" (cap. 24: 10). El pesar de Samuel por la conducta de Saúl (cap. 15: 11; PP 682) es una prueba de la sinceridad de la forma en que Samuel velaba por él.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
EL LIBRO 1 DE SAMUEL CAPITULO 15
1ra. de Samuel
Capítulo 15
15:1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová.
15:2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto.
15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
15:4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
15:5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.
15:6 Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto.
15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada.
15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
15:12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.
15:13 Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
15:14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15:15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
15:16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
15:17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?
15:18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
15:19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
15:20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
15:21 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
15:24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,
15:25 y vuelve conmigo para que adore a Jehová.
15:26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.
15:27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó.
15:28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
15:29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
15:30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios.
15:31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
15:32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la amargura de la muerte.
15:33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
15:34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.
15:35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
Capítulo 15
15:1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová.
15:2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto.
15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
15:4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
15:5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.
15:6 Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto.
15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada.
15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
15:12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.
15:13 Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
15:14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15:15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
15:16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
15:17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?
15:18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
15:19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
15:20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
15:21 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
15:24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,
15:25 y vuelve conmigo para que adore a Jehová.
15:26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.
15:27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó.
15:28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
15:29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
15:30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios.
15:31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
15:32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la amargura de la muerte.
15:33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
15:34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.
15:35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
EL LIBRO 1 DE SAMUEL CAPITULO 15
1ra. de Samuel
Capítulo 15
15:1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová.
15:2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto.
15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
15:4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
15:5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.
15:6 Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto.
15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada.
15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
15:12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.
15:13 Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
15:14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15:15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
15:16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
15:17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?
15:18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
15:19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
15:20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
15:21 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
15:24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,
15:25 y vuelve conmigo para que adore a Jehová.
15:26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.
15:27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó.
15:28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
15:29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
15:30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios.
15:31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
15:32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la amargura de la muerte.
15:33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
15:34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.
15:35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
Capítulo 15
15:1 Después Samuel dijo a Saúl: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel; ahora, pues, está atento a las palabras de Jehová.
15:2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto.
15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.
15:4 Saúl, pues, convocó al pueblo y les pasó revista en Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá.
15:5 Y viniendo Saúl a la ciudad de Amalec, puso emboscada en el valle.
15:6 Y dijo Saúl a los ceneos: Idos, apartaos y salid de entre los de Amalec, para que no os destruya juntamente con ellos; porque vosotros mostrasteis misericordia a todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y se apartaron los ceneos de entre los hijos de Amalec.
15:7 Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur, que está al oriente de Egipto.
15:8 Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, pero a todo el pueblo mató a filo de espada.
15:9 Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.
15:10 Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo:
15:11 Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.
15:12 Madrugó luego Samuel para ir a encontrar a Saúl por la mañana; y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saúl ha venido a Carmel, y he aquí se levantó un monumento, y dio la vuelta, y pasó adelante y descendió a Gilgal.
15:13 Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová.
15:14 Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es este que yo oigo con mis oídos?
15:15 Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.
15:16 Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di.
15:17 Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?
15:18 Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes.
15:19 ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?
15:20 Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas.
15:21 Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.
15:22 Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
15:23 Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.
15:24 Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado,
15:25 y vuelve conmigo para que adore a Jehová.
15:26 Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.
15:27 Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó.
15:28 Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.
15:29 Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que se arrepienta.
15:30 Y él dijo: Yo he pecado; pero te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, y vuelvas conmigo para que adore a Jehová tu Dios.
15:31 Y volvió Samuel tras Saúl, y adoró Saúl a Jehová.
15:32 Después dijo Samuel: Traedme a Agag rey de Amalec. Y Agag vino a él alegremente. Y dijo Agag: Ciertamente ya pasó la amargura de la muerte.
15:33 Y Samuel dijo: Como tu espada dejó a las mujeres sin hijos, así tu madre será sin hijo entre las mujeres. Entonces Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová en Gilgal.
15:34 Se fue luego Samuel a Ramá, y Saúl subió a su casa en Gabaa de Saúl.
15:35 Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.
lunes, noviembre 14
COMENTARIO DEL 1 DE SAMUEL CAPITULO 14
No lo hizo saber a su padre.
Jonatán aparece por primera vez en el relato en el cap. 13, cuando se le confió una tercera parte de los hombres de armas que estaban en Gabaa, mientras que Saúl, con los otros dos tercios acampaba en Micmas, al noreste. Cuando aparecieron los filisteos para vengar la derrota que Jonatán había infligido a la guarnición de Geba ("Guibeá" en la BJ), Saúl se retiró a Gilgal, pero parece que Jonatán permaneció en Geba (Gabaa de Benjamín, según la RVR)* y los filisteos ocuparon Micmas (cap. 13: 16). El texto no dice con claridad si Samuel volvió a Ramá o permaneció en Gabaa (vers. 15), pero es indudable -a medida que se va desarrollando el relato en este capítulo- que Dios procuraba convencer a los israelitas de que necesitaban depender de él. El sigilo de Jonatán es una clara evidencia de su fe en Dios a pesar del rechazo de Saúl en Gilgal. Lo que comúnmente se consideraría como una temeridad se convierte en una poderosa prueba de la acción de la divina providencia. El Señor usó cada prueba material posible para convencer a un pueblo que ignoraba el amor que le tenía, y que todas las cosas son posibles para quienes anhelan ser liberados del yugo del pecado.
4.
Entre los desfiladeros.
Dice Josefo: "Ahora bien, el campamento del enemigo estaba sobre un precipicio que tenía tres cumbres que terminaban en una extremidad pequeña, puntiaguda y larga, rodeadas a su vez por una roca que formaba como líneas para impedir los ataques de un enemigo" (Antigüedades vi. 6. 2). Los que han visitado el lugar, al lado norte del escabroso wadi [en la BJ aparece la grafía guadí, nota, 13: 16], dicen que los lugareños todavía hablan de él como "el fuerte". Este peñasco era llamado Boses, que puede significar "blanco" o "brillante", pero más probablemente "suave" o "tierno". En el lado sur del wadi hay otro peñasco más o menos de la misma altura llamado "Sene" o "matorral espinoso", mucho más fácil de escalar que el que está en el lado norte. Se dice que la información topográfico de este pasaje de las Escrituras fue utilizada por el general británico Allenby cuando desalojó a los turcos de Micmas en 1917, durante la Primera Guerra Mundial.
6.
Quizá haga algo Jehová por nosotros.
Jonatán no dependía tanto de su propia armadura como del poder ilimitado de Dios. Tan sólo usó lo que tenía a mano, y Dios bendijo su humilde dependencia del cielo. Aun cuando el rey se hubiera apartado del sendero de la obediencia, Dios se proponía demostrar a todo Israel que la salvación es un asunto de elección y acción individuales y no tanto un movimiento colectivo. Muy trágica habría sido la situación si Dios hubiese rechazado a todo Israel cuando el rey eligió no obedecer.
10.
Si nos dijeren.
Gedeón había pedido una señal casi imposible, humanamente hablando, cuando rogó que cayera rocío sobre el terreno pero no sobre el vellón (Juec. 6: 39). Así también Jonatán convirtió la invitación del enemigo a "subir" en la señal de que Dios combatiría por Israel. Escalar los muros perpendiculares del peñasco del lado norte era 516 una proeza aparentemente imposible, de un modo especial llevando armaduras. Se honra a Dios cuando sus hijos esperan mucho de él e intentan grandes cosas para él.
13.
Subió Jonatán.
Josefo piensa que fue al amanecer cuando Jonatán y su escudero se aproximaron al reducto filisteo y que llegaron a él cuando todavía dormían la mayoría de sus hombres (Antigüedades vi. 6. 2). El relato del cap. 14 confirma la idea de que era temprano por la mañana (ver vers. 15, 16, 20, 23, 24-28, 30, 31, 45).
No se dice si los dos israelitas esperaron hasta la noche para escalar el peñasco o si tan sólo necesitaron unos pocos minutos para hacerlo. Es evidente que tomaron la fortaleza por sorpresa pues reinó la más completa confusión en la guarnición filistea.
15.
Hubo, pues, gran consternación.
Literalmente, "hubo un terror de Dios ["elohim]" (BJ). La palabra "elohim aquí se refiere a la intensidad del terremoto, y refleja el terror y la confusión que prevalecieron. La palabra "elohim se usa así ocasionalmente como un superlativo (ver com. Gén. 23: 6; 30: 8). Sin duda el movimiento sísmico fue un acto de intervención divina (ver PP 675). Dios se interpuso con frecuencia usando las fuerzas de la naturaleza, como en el mar Rojo (Exo. 14: 21-28), en el valle de Ajalón (Jos. 10: 11-14), en Eben-ezer, cuando los filisteos fueron vencidos (1 Sam. 7: 10), y en otras ocasiones.
16.
Gabaa de Benjamín.
Gabaa y Geba (Gueba, en la BJ) son las formas femenina y masculina de una palabra que significa "colina" o "altura". Ambos eran pueblos de Benjamín (Jos. 18: 24, 28; 1 Sam. 13: 16). Parece que a veces se usaban indistintamente las formas masculina y femenina de ese nombre. La distinción entre los dos lugares se aclara en Isa. 10: 29, donde se los menciona en el orden en que llegaría a ellos un invasor procedente del norte. Una aldea llamada Jeba existe hoy día en la antigua ubicación, a 2,2 km al suroeste de Micmas y a 9,6 km al noreste de Jerusalén. La aldea moderna Tell el-Fãl ocupa lo que se cree que fue el sitio de la antigua Gabaa, la capital de Saúl, a 5,6 km al norte de Jerusalén. Excavaciones realizadas allí han desenterrado lo que parece ser el palacio de Saúl (ver t. I, pág. 131; t. II, pág. 74). La Gabaa de 1 Sam. 14: 16 es Geba, al otro lado del wadi viniendo de Micmas (ver vers. 5; PP 674), no Gabaa el hogar de Saúl, si esta última se ha identificado correctamente como Tell el-Fãl (ver com. cap. 13: 2, 3). Desde esta Gabaa, 7 km al suroeste de Micmas y con dos cadenas de colinas que se interponen, difícilmente hubiera sido posible observar lo que sucedía en Micmas, pero desde Geba, directamente al otro lado del wadi, esto hubiera sido relativamente fácil.
19.
Detén tu mano.
La impetuosidad de Saúl crecía rápidamente. La manifiesta confusión del campamento enemigo lo alborotó de tal manera que ni aun pudo esperar el consejo del Señor. Durante días, él y sus compañeros habían estado detenidos y habían oído informes de incursiones del enemigo en los pueblos vecinos, y aunque no sabía la razón de la fuga de las fuerzas que cruzaron el wadi, súbitamente dio la orden de atacar. Si se hubiera dado tiempo para buscar la dirección divina, probablemente habría evitado muchas de las dificultades que tuvo que afrontar el ejército de Israel durante las horas siguientes, y su victoria sobre el enemigo habría sido mucho más completa. Este fue un caso en el que el apresuramiento ocasionó perjuicios. El tiempo que dedicaba Jesús a la meditación y a la oración le permitió tener el juicio sereno necesario para soportar con paciencia la prueba severa que le esperaba; la noche de la lucha de Jacob con el ángel, cerca del Jaboc, le dio fuerza no sólo para enfrentarse con Esaú sino para afrontar los años de las serias dificultades que siguieron.
21.
Los hebreos.
Ver com. cap. 13: 3.
23.
Salvó Jehová a Israel,
Aquí hay un notable ejemplo del poder divino que coopera con el esfuerzo humano. Jonatán anhelaba que Israel quedara libre de las incursiones de los filisteos. Los acontecimientos del día no permitían dudar que su aspiración emanaba del Espíritu Santo. Jonatán vio el impulsivo acceso de depresión que afligía a su padre, pero esto sólo lo inspiró a tener mayor confianza en el Gobernante divino que había puesto a Saúl en el primer lugar. Con cada paso que daba hacia adelante, Jonatán sentía una oleada de poder -emanado de la fe- que lo fortalecía para dar el siguiente. Aquel día estaba comprobando que Jehová es un Dios fiel a su pacto, capaz de hacer que redunde en su alabanza la ira del hombre.
¡Cuánto contienen estas palabras: "Salvó Jehová a Israel"! La fuerza agresiva y el valor del joven guerrero, la compañía y leal apoyo 517 de su escudero, el confiado descuido de los centinelas que estaban en el risco, la sincronización exacta para el asalto, el pánico provocado por el ataque sorpresivo, el terremoto, la derrota de una hueste confusa, la liberación de los esclavos que, debido al estímulo de la hazaña de Jonatán, se sintieron libres para volverse contra sus opresores, y el regreso de un rey y su ejército, antes indeciblemente humillado por sus enemigos. Ahora todos parecían ansiosos de demostrar su anhelo de completar la derrota del enemigo.
Bet-avén.
El nombre de Bet-avén quizá signifique "la casa de ídolos" o "la casa de la vacuidad". Se piensa que se refiere a una localidad del distrito septentrional de Micmas y al este de Bet-el. La ruta principal de los filisteos estaba al oeste, hacia su tierra natal, pero su confusión evidentemente fue tan grande que huyeron en todas direcciones.
24.
Saúl había juramentado al pueblo.
Evidentemente Saúl estaba tratando de "quedar bien", porque ya no pensaba en que la victoria fuera del Señor (ver cap. 11: 13), sino sólo en que él pudiera vengarse de sus enemigos. Este es el segundo caso, en el mismo día, cuando no buscó el consejo del Señor e impuso su propia voluntad al pueblo, como lo había hecho antes con el sacerdote (cap. 14: 19). Quizá todavía estaba íntimamente dolido por el reproche de Samuel en Gilgal. La presencia del sacerdote Ahías (vers. 3) como consejero implica que el profeta había vuelto a Ramá en vez de permanecer con Saúl en Gabaa (cap. 13: 15).
Jonatán fue tan cuidadoso en prestar atención a la orden de Dios como descuidado su padre. La actitud de Jonatán probablemente obedecía, en buena medida, a la influencia de Samuel. Posiblemente un mensaje animador anterior de Samuel inspiraba a Jonatán para que ahora se atreviera a realizar esta audaz hazaña. Así como Saúl había sido advertido de lo que sucedería en Gilgal meses antes de que eso aconteciera (caps. 10: 8; 13: 8), un mensaje similar de Samuel puede haber preparado al hijo de Saúl para que realizara su parte en los sucesos de este día memorable. Sin que importe lo que eso hubiera sido, Jonatán era humilde como su padre lo fue al principio, por lo que esperó la dirección divina, la siguió y estuvo dispuesto a atribuir a Dios los resultados (cap. 14: 10, 12). La orden arbitraria y apresurada de Saúl para que hubiera un día de ayuno contrasta muchísimo con la fiel docilidad del pueblo ante las instrucciones recibidas, que no tomaban en cuenta los deseos y las necesidades personales.
Parecía que Saúl había perdido para siempre la humildad, y en su lugar aparecieron un falso celo, un orgullo secreto y un abuso de autoridad que habían de madurar a través de los años hasta llevarlo al suicidio. Como Judas, Saúl anduvo bien por un tiempo. Si hubiera muerto antes de convocar a Israel en Gilgal, habría sido considerado como digno del lugar más encumbrado en la lista de honor real. Ahora había traicionado su sagrado cometido. Sin embargo, se le permitió que continuara viviendo para que pudiera ver el fruto del egoísmo y la perversidad.
29.
Mi padre ha turbado.
Al conocer la precipitada orden de su padre, inmediatamente Jonatán reconoció la desventaja que eso imponía sobre el ejército, y no vaciló en hacer saber al pueblo que no estaba de acuerdo con tales restricciones. Esto es interesantísimo en vista de las repetidas afirmaciones acerca del indudable afecto que le tenían los soldados. Puesto que Saúl había hecho jurar a los israelitas (vers. 28), ellos se sentían personalmente atados por el juramento, en tanto que Jonatán -no habiendo jurado nada- no sentía ninguna obligación.
El país.
Es decir el pueblo (ver vers. 25).
31.
Desde Micmas hasta Ajalón.
Una distancia de 21 km sobre la meseta montañosa de la Palestina central que descendía hasta la ondulada región de la Sefela, a 305 m por debajo de Micmas, pasando por cañones como el Wadi Selman. La principal carretera moderna de Jerusalén a Lida pasa por el Wadi Selman después de bifurcarse del camino que va al norte hacia Siquem, a 8 km al norte de Jerusalén. Una marcha común sobre un terreno tal, como el que hay entre Micmas y Ajalón, se consideraba como una jornada completa. El contexto implica que el ataque de Jonatán se efectuó muy temprano por la mañana (ver com. vers. 13). Si fue así, Israel persiguió al enemigo durante todo un día, deteniéndose apenas para recoger los despojos que deben haber sido grandes en este caso. Los filisteos habían reunido una gran cantidad de carros y caballos en Micmas. A eso se añadían lanzas, escudos, alimentos y otros diversos suministros que debe llevar un ejército. La proeza militar de los hombres de Saúl 518 habría sido una gran empresa para un ejército bien alimentado, y fue mucho mayor para una muchedumbre mal alimentada de campesinos indisciplinados como los que él dirigía. Esto debería haber sido una lección para Saúl, que todavía estaba dolido por el reproche y que sólo estaba celoso de su propia reputación. Pero una vez que afirmó los pies en las arenas movedizas del orgullo, cada intento débil e indeciso para zafarse tan sólo hacía que se hundiera más.
32.
Se lanzó al pueblo sobre el botín.
Era de noche, y los israelitas quedaron liberados de su voto (ver vers. 24).
En su hambre mataron tanto vacas como becerros, y en su apresuramiento descuidaron la debida eliminación de la sangre (Lev. 17: 10-14).
34.
Que me traigan.
Como los fariseos de los días de Cristo, Saúl era puntilloso en cuanto a la observancia de las formas externas, aunque él mismo descuidaba deberes mucho más importantes. El pueblo fue otra vez leal a la orden de su rey. Cuán diferente habría sido la historia si Saúl hubiese reflexionado por unos momentos hasta qué punto la transgresión del pueblo se debía al pecado de él. ¡Cuántas oportunidades da el Señor a un hombre que prefiere rechazar el consejo divino, a fin de que se vuelva y lo busque con toda humildad! ¡Cuán difícil es que esa alma, cegada por el pecado, acepte tales oportunidades y haga como hizo el hijo pródigo: vuelva a la casa del Padre!
35.
Este altar fue el primero.
Literalmente, "un altar comenzólo él a edificar". Algunos piensan que esto significa que comenzó un altar pero no lo terminó; otros, que éste fue el primer altar que construyó en su vida. Es evidente que la interpretación de los traductores coincidía con el segundo parecer; por lo tanto, tradujeron hejel como "el primero", en vez de "comenzó", pensando que esto se adapta mejor al hebreo idiomático. Este es el único caso en el AT en que se hace tal traducción de hejel.
36.
Acerquémonos aquí a Dios.
Comprendiendo que se le escapaba una gran oportunidad, Saúl propuso que, habiendo comido, continuaran durante la noche. Tales maniobras no eran insólitas. Saúl había efectuado una marcha nocturna desde Bezec hasta Jabes de Galaad para liberar esa ciudad del poder de Nahas amonita (cap. 11: 11).
Gedeón siguió en gran medida la misma táctica en su campaña contra los madianitas (Juec. 7: 19-23). El pueblo fácilmente estuvo de acuerdo con la propuesta de Saúl, pero el sacerdote Ahías sugirió que consultaran al Señor.
Evidentemente creía que el rey se había equivocado al no buscar el consejo divino más temprano ese día (1 Sam. 14: 18, 19).
39.
Aunque fuere en Jonatán.
¿Por qué no dijo Saúl: "aunque fuere en el rey"? ¿Le había dicho alguien a Saúl que Jonatán había probado alimento? El silencio del Señor significaba la desaprobación divina, y Saúl llegó a la conclusión de que había pecado en el campamento. El pueblo había demostrado su lealtad vez tras vez durante el día, y sin duda su propia conciencia lo acusaba a Saúl. Pero quizá para encubrir su sentimiento de culpabilidad, virtualmente acusó a su hijo, el cual, bajo la dirección de Dios, había logrado una gran victoria. Así como en Gilgal había insinuado con insistencia que la falta no era suya sino de Dios, también ahora insinuaba que él, como rey, estaba libre de culpa. Probablemente comprendía que el pueblo no era culpable. Por lo tanto, el único que podía estar en pecado era su hijo. Así también los dirigentes de los días de Cristo pensaban de ellos mismos que estaban por encima de todo reproche, y votaron para que el gran Héroe de nuestra salvación llevara la maldición por toda la nación.
Profundamente asombrados por la precipitada violencia de Saúl, los hombres de Israel no le contestaron una palabra. Estando Dios callado y también el pueblo, ¿qué podía hacer Saúl sino echar suertes?
42.
Cayó sobre Jonatán.
Una mente inquisitiva bien podría preguntar: Puesto que Jonatán era inocente y Saúl muchas veces había dado pruebas claras de su culpabilidad, ¿por qué permitió Dios que la suerte cayera sobre el primero y no sobre el segundo? Ciertamente, Dios no había aprobado los juramentos de Saúl (vers. 24, 39), y con absoluta seguridad no estaba de acuerdo con la ejecución de Jonatán después de haberlo dirigido tan milagrosamente durante el día. Pero así como en los días de Cristo -permitiendo que fuera condenado el Inocente Dios puso de manifiesto el mal proceder de los dirigentes de Israel- también al permitir que la suerte cayera sobre el inocente Jonatán, en forma inequívoca Dios puso de manifiesto el mal proceder de Saúl, que había comenzado su reinado 519 con toda humildad pero que al buscar la justificación propia ya había perdido toda esperanza. A menos que algo extraordinario lo pudiera sacudir haciéndolo salir de su engaño de que un rey no podía equivocarse, Saúl pronto arruinaría su utilidad como dirigente.
43.
¿Y he de morir?
"Estoy dispuesto a morir" (BJ). Jonatán podía justificar plenamente sus actos.
Sin embargo, dijo la verdad y se sometió a las órdenes del rey. ¿En qué mejor forma podría haber condenado a su padre por desobedecer las órdenes del Rey de reyes? Delante de Samuel, Saúl había justificado su proceder de franca rebeldía, pero Jonatán había justificado su conducta de ese día sometiéndose al juicio precipitado de su padre.
44.
Sin duda morirás.
¡Con qué aparente facilidad Saúl pronunció el veredicto! Mientras que Jonatán reconoció su transgresión ceremonial -algo para lo cual hubiera sido suficiente una ofrenda expiatorio-, Saúl había cometido una falta moral que ahora quedaba públicamente demostrada por la dureza de la sentencia contra su hijo. La conciencia de Saúl lo condenaba por haber obligado al pueblo a que se abstuviera de alimento, pero esperaba ocultar su temor por la forma en que pronunció su juramento. Por el contrario, tan sólo logró condenarse a sí mismo.
45.
El pueblo libró de morir a Jonatán
El pueblo había obedecido con fidelidad a Saúl todo el día. A pesar de haberle oído dar las órdenes más irrazonables, había obedecido. Lo habían visto mantenerse firme frente a minúsculas restricciones ceremoniales, pero consintieron. Lo habían visto resentirse por el silencio del Urim* y del Tumim, y sin embargo dejaron que echara suertes. El pueblo había visto cómo la suerte cayó sobre Jonatán aunque sabía que era inocente. Entonces los israelitas recordaron las hazañas del héroe del día y cómo Dios les había dado la victoria mediante el valor y la fe de Jonatán. El mismo Dios que había movido a Jonatán para que realizara su famosa hazaña, ahora inspiró al ejército para que clamara como un solo hombre: "No ha de caer un cabello de su cabeza en tierra".
Jonatán aún debía cumplir un papel dificilísimo, y nadie podía tocarlo hasta que terminara su obra. Sin tomar en cuenta la forma en que era tratado, fue fiel a su padre. A veces esa lealtad lo indujo a apaciguar la impulsividad de su progenitor y también a luchar a su lado, lo que hizo hasta el mismo fin. La honradez, integridad y fe de Jonatán eran cualidades sumamente necesarias en esa hora de la historia de Israel. Ni siquiera Saúl podía quebrantar los límites fijados por el Espíritu Santo.
47.
Era vencedor.
En los últimos versículos de este capítulo el énfasis se coloca sobre los progresos materiales del reino, antes que sobre los espirituales. Saúl parecía regocijarse con su genio militar. En vez de proteger los derechos de su pueblo, tomó la ofensiva contra las naciones vecinas para acrecentar su propia reputación como rey. Imitó a otras naciones cuando podría haber ofrecido al mundo un método de administración nuevo y más perfecto.
49.
Isúi.
Sin duda lsbaal o Is-boset (ver com. 2 Sam. 2: 8).
50.
Abner, hijo de Ner.
Por este solo versículo no es del todo claro si Abner o Ner era el tío de Saúl.
Ner es llamado hijo de Abiel (vers. 5 l) y también de Jehiel (1 Crón. 9: 35, 36). Por lo tanto, es probable que Abiel y Jehiel sean dos nombres dados al mismo hombre (ver com. Exo. 2: 18). Puesto que Cis, el padre de Saúl, es también llamado "hijo de Abiel" (1 Sam. 9: 1), parecería que Cis y Ner fueron hermanos, pero el registro dice que "Ner engendró a Cis" (1 Crón. 9: 39). Esta aparente contradicción implica no sólo una diferencia de nombres sino también de generaciones, pues Ner es también llamado hijo de Abiel. Sin embargo, esto no significa necesariamente una discrepancia entre los libros de Samuel y de Crónicas. Al igual que en otras partes de las Escrituras, los relatos independientes parecen diferir en los detalles presentados, pero armonizan cuando se los examina a la luz de las costumbres y las formas de pensamiento y expresión de los hebreos. Hay dos posibles situaciones que explicarían estos nombres que difieren: (1) En la lista de 1 Sam. 9: 1 puede haberse omitido el nombre de Ner y haberse registrado a Cis como el hijo (nieto) de Abiel, pues "hijo" a veces se usa en lugar de nieto o aun de un descendiente más remoto, y las genealogías bíblicas no siempre incluyen cada eslabón de la cadena (ver com. 1 Rey. 19:16; 520 Dan. 5: 11, 13, 18; ver también t. I, págs. 190, 196). (2) Cis, el hijo de Ner, puede haberse convertido en el hijo de su abuelo por adopción, así como Manasés y Efraín, hijos de José, se convirtieron en hijos de Jacob y estuvieron en la lista entre los demás hijos, como cabezas de tribus (Gén. 48: 5, 6; Núm. 1: 10; Jos. 14: 4). Cualquiera de estas explicaciones -que estarían en armonía con los hechos presentados- harían que Abner fuera el tío de Saúl. Ver com. Núm. 10: 29 y Mat. 1: 12 donde hay casos similares.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
Jonatán aparece por primera vez en el relato en el cap. 13, cuando se le confió una tercera parte de los hombres de armas que estaban en Gabaa, mientras que Saúl, con los otros dos tercios acampaba en Micmas, al noreste. Cuando aparecieron los filisteos para vengar la derrota que Jonatán había infligido a la guarnición de Geba ("Guibeá" en la BJ), Saúl se retiró a Gilgal, pero parece que Jonatán permaneció en Geba (Gabaa de Benjamín, según la RVR)* y los filisteos ocuparon Micmas (cap. 13: 16). El texto no dice con claridad si Samuel volvió a Ramá o permaneció en Gabaa (vers. 15), pero es indudable -a medida que se va desarrollando el relato en este capítulo- que Dios procuraba convencer a los israelitas de que necesitaban depender de él. El sigilo de Jonatán es una clara evidencia de su fe en Dios a pesar del rechazo de Saúl en Gilgal. Lo que comúnmente se consideraría como una temeridad se convierte en una poderosa prueba de la acción de la divina providencia. El Señor usó cada prueba material posible para convencer a un pueblo que ignoraba el amor que le tenía, y que todas las cosas son posibles para quienes anhelan ser liberados del yugo del pecado.
4.
Entre los desfiladeros.
Dice Josefo: "Ahora bien, el campamento del enemigo estaba sobre un precipicio que tenía tres cumbres que terminaban en una extremidad pequeña, puntiaguda y larga, rodeadas a su vez por una roca que formaba como líneas para impedir los ataques de un enemigo" (Antigüedades vi. 6. 2). Los que han visitado el lugar, al lado norte del escabroso wadi [en la BJ aparece la grafía guadí, nota, 13: 16], dicen que los lugareños todavía hablan de él como "el fuerte". Este peñasco era llamado Boses, que puede significar "blanco" o "brillante", pero más probablemente "suave" o "tierno". En el lado sur del wadi hay otro peñasco más o menos de la misma altura llamado "Sene" o "matorral espinoso", mucho más fácil de escalar que el que está en el lado norte. Se dice que la información topográfico de este pasaje de las Escrituras fue utilizada por el general británico Allenby cuando desalojó a los turcos de Micmas en 1917, durante la Primera Guerra Mundial.
6.
Quizá haga algo Jehová por nosotros.
Jonatán no dependía tanto de su propia armadura como del poder ilimitado de Dios. Tan sólo usó lo que tenía a mano, y Dios bendijo su humilde dependencia del cielo. Aun cuando el rey se hubiera apartado del sendero de la obediencia, Dios se proponía demostrar a todo Israel que la salvación es un asunto de elección y acción individuales y no tanto un movimiento colectivo. Muy trágica habría sido la situación si Dios hubiese rechazado a todo Israel cuando el rey eligió no obedecer.
10.
Si nos dijeren.
Gedeón había pedido una señal casi imposible, humanamente hablando, cuando rogó que cayera rocío sobre el terreno pero no sobre el vellón (Juec. 6: 39). Así también Jonatán convirtió la invitación del enemigo a "subir" en la señal de que Dios combatiría por Israel. Escalar los muros perpendiculares del peñasco del lado norte era 516 una proeza aparentemente imposible, de un modo especial llevando armaduras. Se honra a Dios cuando sus hijos esperan mucho de él e intentan grandes cosas para él.
13.
Subió Jonatán.
Josefo piensa que fue al amanecer cuando Jonatán y su escudero se aproximaron al reducto filisteo y que llegaron a él cuando todavía dormían la mayoría de sus hombres (Antigüedades vi. 6. 2). El relato del cap. 14 confirma la idea de que era temprano por la mañana (ver vers. 15, 16, 20, 23, 24-28, 30, 31, 45).
No se dice si los dos israelitas esperaron hasta la noche para escalar el peñasco o si tan sólo necesitaron unos pocos minutos para hacerlo. Es evidente que tomaron la fortaleza por sorpresa pues reinó la más completa confusión en la guarnición filistea.
15.
Hubo, pues, gran consternación.
Literalmente, "hubo un terror de Dios ["elohim]" (BJ). La palabra "elohim aquí se refiere a la intensidad del terremoto, y refleja el terror y la confusión que prevalecieron. La palabra "elohim se usa así ocasionalmente como un superlativo (ver com. Gén. 23: 6; 30: 8). Sin duda el movimiento sísmico fue un acto de intervención divina (ver PP 675). Dios se interpuso con frecuencia usando las fuerzas de la naturaleza, como en el mar Rojo (Exo. 14: 21-28), en el valle de Ajalón (Jos. 10: 11-14), en Eben-ezer, cuando los filisteos fueron vencidos (1 Sam. 7: 10), y en otras ocasiones.
16.
Gabaa de Benjamín.
Gabaa y Geba (Gueba, en la BJ) son las formas femenina y masculina de una palabra que significa "colina" o "altura". Ambos eran pueblos de Benjamín (Jos. 18: 24, 28; 1 Sam. 13: 16). Parece que a veces se usaban indistintamente las formas masculina y femenina de ese nombre. La distinción entre los dos lugares se aclara en Isa. 10: 29, donde se los menciona en el orden en que llegaría a ellos un invasor procedente del norte. Una aldea llamada Jeba existe hoy día en la antigua ubicación, a 2,2 km al suroeste de Micmas y a 9,6 km al noreste de Jerusalén. La aldea moderna Tell el-Fãl ocupa lo que se cree que fue el sitio de la antigua Gabaa, la capital de Saúl, a 5,6 km al norte de Jerusalén. Excavaciones realizadas allí han desenterrado lo que parece ser el palacio de Saúl (ver t. I, pág. 131; t. II, pág. 74). La Gabaa de 1 Sam. 14: 16 es Geba, al otro lado del wadi viniendo de Micmas (ver vers. 5; PP 674), no Gabaa el hogar de Saúl, si esta última se ha identificado correctamente como Tell el-Fãl (ver com. cap. 13: 2, 3). Desde esta Gabaa, 7 km al suroeste de Micmas y con dos cadenas de colinas que se interponen, difícilmente hubiera sido posible observar lo que sucedía en Micmas, pero desde Geba, directamente al otro lado del wadi, esto hubiera sido relativamente fácil.
19.
Detén tu mano.
La impetuosidad de Saúl crecía rápidamente. La manifiesta confusión del campamento enemigo lo alborotó de tal manera que ni aun pudo esperar el consejo del Señor. Durante días, él y sus compañeros habían estado detenidos y habían oído informes de incursiones del enemigo en los pueblos vecinos, y aunque no sabía la razón de la fuga de las fuerzas que cruzaron el wadi, súbitamente dio la orden de atacar. Si se hubiera dado tiempo para buscar la dirección divina, probablemente habría evitado muchas de las dificultades que tuvo que afrontar el ejército de Israel durante las horas siguientes, y su victoria sobre el enemigo habría sido mucho más completa. Este fue un caso en el que el apresuramiento ocasionó perjuicios. El tiempo que dedicaba Jesús a la meditación y a la oración le permitió tener el juicio sereno necesario para soportar con paciencia la prueba severa que le esperaba; la noche de la lucha de Jacob con el ángel, cerca del Jaboc, le dio fuerza no sólo para enfrentarse con Esaú sino para afrontar los años de las serias dificultades que siguieron.
21.
Los hebreos.
Ver com. cap. 13: 3.
23.
Salvó Jehová a Israel,
Aquí hay un notable ejemplo del poder divino que coopera con el esfuerzo humano. Jonatán anhelaba que Israel quedara libre de las incursiones de los filisteos. Los acontecimientos del día no permitían dudar que su aspiración emanaba del Espíritu Santo. Jonatán vio el impulsivo acceso de depresión que afligía a su padre, pero esto sólo lo inspiró a tener mayor confianza en el Gobernante divino que había puesto a Saúl en el primer lugar. Con cada paso que daba hacia adelante, Jonatán sentía una oleada de poder -emanado de la fe- que lo fortalecía para dar el siguiente. Aquel día estaba comprobando que Jehová es un Dios fiel a su pacto, capaz de hacer que redunde en su alabanza la ira del hombre.
¡Cuánto contienen estas palabras: "Salvó Jehová a Israel"! La fuerza agresiva y el valor del joven guerrero, la compañía y leal apoyo 517 de su escudero, el confiado descuido de los centinelas que estaban en el risco, la sincronización exacta para el asalto, el pánico provocado por el ataque sorpresivo, el terremoto, la derrota de una hueste confusa, la liberación de los esclavos que, debido al estímulo de la hazaña de Jonatán, se sintieron libres para volverse contra sus opresores, y el regreso de un rey y su ejército, antes indeciblemente humillado por sus enemigos. Ahora todos parecían ansiosos de demostrar su anhelo de completar la derrota del enemigo.
Bet-avén.
El nombre de Bet-avén quizá signifique "la casa de ídolos" o "la casa de la vacuidad". Se piensa que se refiere a una localidad del distrito septentrional de Micmas y al este de Bet-el. La ruta principal de los filisteos estaba al oeste, hacia su tierra natal, pero su confusión evidentemente fue tan grande que huyeron en todas direcciones.
24.
Saúl había juramentado al pueblo.
Evidentemente Saúl estaba tratando de "quedar bien", porque ya no pensaba en que la victoria fuera del Señor (ver cap. 11: 13), sino sólo en que él pudiera vengarse de sus enemigos. Este es el segundo caso, en el mismo día, cuando no buscó el consejo del Señor e impuso su propia voluntad al pueblo, como lo había hecho antes con el sacerdote (cap. 14: 19). Quizá todavía estaba íntimamente dolido por el reproche de Samuel en Gilgal. La presencia del sacerdote Ahías (vers. 3) como consejero implica que el profeta había vuelto a Ramá en vez de permanecer con Saúl en Gabaa (cap. 13: 15).
Jonatán fue tan cuidadoso en prestar atención a la orden de Dios como descuidado su padre. La actitud de Jonatán probablemente obedecía, en buena medida, a la influencia de Samuel. Posiblemente un mensaje animador anterior de Samuel inspiraba a Jonatán para que ahora se atreviera a realizar esta audaz hazaña. Así como Saúl había sido advertido de lo que sucedería en Gilgal meses antes de que eso aconteciera (caps. 10: 8; 13: 8), un mensaje similar de Samuel puede haber preparado al hijo de Saúl para que realizara su parte en los sucesos de este día memorable. Sin que importe lo que eso hubiera sido, Jonatán era humilde como su padre lo fue al principio, por lo que esperó la dirección divina, la siguió y estuvo dispuesto a atribuir a Dios los resultados (cap. 14: 10, 12). La orden arbitraria y apresurada de Saúl para que hubiera un día de ayuno contrasta muchísimo con la fiel docilidad del pueblo ante las instrucciones recibidas, que no tomaban en cuenta los deseos y las necesidades personales.
Parecía que Saúl había perdido para siempre la humildad, y en su lugar aparecieron un falso celo, un orgullo secreto y un abuso de autoridad que habían de madurar a través de los años hasta llevarlo al suicidio. Como Judas, Saúl anduvo bien por un tiempo. Si hubiera muerto antes de convocar a Israel en Gilgal, habría sido considerado como digno del lugar más encumbrado en la lista de honor real. Ahora había traicionado su sagrado cometido. Sin embargo, se le permitió que continuara viviendo para que pudiera ver el fruto del egoísmo y la perversidad.
29.
Mi padre ha turbado.
Al conocer la precipitada orden de su padre, inmediatamente Jonatán reconoció la desventaja que eso imponía sobre el ejército, y no vaciló en hacer saber al pueblo que no estaba de acuerdo con tales restricciones. Esto es interesantísimo en vista de las repetidas afirmaciones acerca del indudable afecto que le tenían los soldados. Puesto que Saúl había hecho jurar a los israelitas (vers. 28), ellos se sentían personalmente atados por el juramento, en tanto que Jonatán -no habiendo jurado nada- no sentía ninguna obligación.
El país.
Es decir el pueblo (ver vers. 25).
31.
Desde Micmas hasta Ajalón.
Una distancia de 21 km sobre la meseta montañosa de la Palestina central que descendía hasta la ondulada región de la Sefela, a 305 m por debajo de Micmas, pasando por cañones como el Wadi Selman. La principal carretera moderna de Jerusalén a Lida pasa por el Wadi Selman después de bifurcarse del camino que va al norte hacia Siquem, a 8 km al norte de Jerusalén. Una marcha común sobre un terreno tal, como el que hay entre Micmas y Ajalón, se consideraba como una jornada completa. El contexto implica que el ataque de Jonatán se efectuó muy temprano por la mañana (ver com. vers. 13). Si fue así, Israel persiguió al enemigo durante todo un día, deteniéndose apenas para recoger los despojos que deben haber sido grandes en este caso. Los filisteos habían reunido una gran cantidad de carros y caballos en Micmas. A eso se añadían lanzas, escudos, alimentos y otros diversos suministros que debe llevar un ejército. La proeza militar de los hombres de Saúl 518 habría sido una gran empresa para un ejército bien alimentado, y fue mucho mayor para una muchedumbre mal alimentada de campesinos indisciplinados como los que él dirigía. Esto debería haber sido una lección para Saúl, que todavía estaba dolido por el reproche y que sólo estaba celoso de su propia reputación. Pero una vez que afirmó los pies en las arenas movedizas del orgullo, cada intento débil e indeciso para zafarse tan sólo hacía que se hundiera más.
32.
Se lanzó al pueblo sobre el botín.
Era de noche, y los israelitas quedaron liberados de su voto (ver vers. 24).
En su hambre mataron tanto vacas como becerros, y en su apresuramiento descuidaron la debida eliminación de la sangre (Lev. 17: 10-14).
34.
Que me traigan.
Como los fariseos de los días de Cristo, Saúl era puntilloso en cuanto a la observancia de las formas externas, aunque él mismo descuidaba deberes mucho más importantes. El pueblo fue otra vez leal a la orden de su rey. Cuán diferente habría sido la historia si Saúl hubiese reflexionado por unos momentos hasta qué punto la transgresión del pueblo se debía al pecado de él. ¡Cuántas oportunidades da el Señor a un hombre que prefiere rechazar el consejo divino, a fin de que se vuelva y lo busque con toda humildad! ¡Cuán difícil es que esa alma, cegada por el pecado, acepte tales oportunidades y haga como hizo el hijo pródigo: vuelva a la casa del Padre!
35.
Este altar fue el primero.
Literalmente, "un altar comenzólo él a edificar". Algunos piensan que esto significa que comenzó un altar pero no lo terminó; otros, que éste fue el primer altar que construyó en su vida. Es evidente que la interpretación de los traductores coincidía con el segundo parecer; por lo tanto, tradujeron hejel como "el primero", en vez de "comenzó", pensando que esto se adapta mejor al hebreo idiomático. Este es el único caso en el AT en que se hace tal traducción de hejel.
36.
Acerquémonos aquí a Dios.
Comprendiendo que se le escapaba una gran oportunidad, Saúl propuso que, habiendo comido, continuaran durante la noche. Tales maniobras no eran insólitas. Saúl había efectuado una marcha nocturna desde Bezec hasta Jabes de Galaad para liberar esa ciudad del poder de Nahas amonita (cap. 11: 11).
Gedeón siguió en gran medida la misma táctica en su campaña contra los madianitas (Juec. 7: 19-23). El pueblo fácilmente estuvo de acuerdo con la propuesta de Saúl, pero el sacerdote Ahías sugirió que consultaran al Señor.
Evidentemente creía que el rey se había equivocado al no buscar el consejo divino más temprano ese día (1 Sam. 14: 18, 19).
39.
Aunque fuere en Jonatán.
¿Por qué no dijo Saúl: "aunque fuere en el rey"? ¿Le había dicho alguien a Saúl que Jonatán había probado alimento? El silencio del Señor significaba la desaprobación divina, y Saúl llegó a la conclusión de que había pecado en el campamento. El pueblo había demostrado su lealtad vez tras vez durante el día, y sin duda su propia conciencia lo acusaba a Saúl. Pero quizá para encubrir su sentimiento de culpabilidad, virtualmente acusó a su hijo, el cual, bajo la dirección de Dios, había logrado una gran victoria. Así como en Gilgal había insinuado con insistencia que la falta no era suya sino de Dios, también ahora insinuaba que él, como rey, estaba libre de culpa. Probablemente comprendía que el pueblo no era culpable. Por lo tanto, el único que podía estar en pecado era su hijo. Así también los dirigentes de los días de Cristo pensaban de ellos mismos que estaban por encima de todo reproche, y votaron para que el gran Héroe de nuestra salvación llevara la maldición por toda la nación.
Profundamente asombrados por la precipitada violencia de Saúl, los hombres de Israel no le contestaron una palabra. Estando Dios callado y también el pueblo, ¿qué podía hacer Saúl sino echar suertes?
42.
Cayó sobre Jonatán.
Una mente inquisitiva bien podría preguntar: Puesto que Jonatán era inocente y Saúl muchas veces había dado pruebas claras de su culpabilidad, ¿por qué permitió Dios que la suerte cayera sobre el primero y no sobre el segundo? Ciertamente, Dios no había aprobado los juramentos de Saúl (vers. 24, 39), y con absoluta seguridad no estaba de acuerdo con la ejecución de Jonatán después de haberlo dirigido tan milagrosamente durante el día. Pero así como en los días de Cristo -permitiendo que fuera condenado el Inocente Dios puso de manifiesto el mal proceder de los dirigentes de Israel- también al permitir que la suerte cayera sobre el inocente Jonatán, en forma inequívoca Dios puso de manifiesto el mal proceder de Saúl, que había comenzado su reinado 519 con toda humildad pero que al buscar la justificación propia ya había perdido toda esperanza. A menos que algo extraordinario lo pudiera sacudir haciéndolo salir de su engaño de que un rey no podía equivocarse, Saúl pronto arruinaría su utilidad como dirigente.
43.
¿Y he de morir?
"Estoy dispuesto a morir" (BJ). Jonatán podía justificar plenamente sus actos.
Sin embargo, dijo la verdad y se sometió a las órdenes del rey. ¿En qué mejor forma podría haber condenado a su padre por desobedecer las órdenes del Rey de reyes? Delante de Samuel, Saúl había justificado su proceder de franca rebeldía, pero Jonatán había justificado su conducta de ese día sometiéndose al juicio precipitado de su padre.
44.
Sin duda morirás.
¡Con qué aparente facilidad Saúl pronunció el veredicto! Mientras que Jonatán reconoció su transgresión ceremonial -algo para lo cual hubiera sido suficiente una ofrenda expiatorio-, Saúl había cometido una falta moral que ahora quedaba públicamente demostrada por la dureza de la sentencia contra su hijo. La conciencia de Saúl lo condenaba por haber obligado al pueblo a que se abstuviera de alimento, pero esperaba ocultar su temor por la forma en que pronunció su juramento. Por el contrario, tan sólo logró condenarse a sí mismo.
45.
El pueblo libró de morir a Jonatán
El pueblo había obedecido con fidelidad a Saúl todo el día. A pesar de haberle oído dar las órdenes más irrazonables, había obedecido. Lo habían visto mantenerse firme frente a minúsculas restricciones ceremoniales, pero consintieron. Lo habían visto resentirse por el silencio del Urim* y del Tumim, y sin embargo dejaron que echara suertes. El pueblo había visto cómo la suerte cayó sobre Jonatán aunque sabía que era inocente. Entonces los israelitas recordaron las hazañas del héroe del día y cómo Dios les había dado la victoria mediante el valor y la fe de Jonatán. El mismo Dios que había movido a Jonatán para que realizara su famosa hazaña, ahora inspiró al ejército para que clamara como un solo hombre: "No ha de caer un cabello de su cabeza en tierra".
Jonatán aún debía cumplir un papel dificilísimo, y nadie podía tocarlo hasta que terminara su obra. Sin tomar en cuenta la forma en que era tratado, fue fiel a su padre. A veces esa lealtad lo indujo a apaciguar la impulsividad de su progenitor y también a luchar a su lado, lo que hizo hasta el mismo fin. La honradez, integridad y fe de Jonatán eran cualidades sumamente necesarias en esa hora de la historia de Israel. Ni siquiera Saúl podía quebrantar los límites fijados por el Espíritu Santo.
47.
Era vencedor.
En los últimos versículos de este capítulo el énfasis se coloca sobre los progresos materiales del reino, antes que sobre los espirituales. Saúl parecía regocijarse con su genio militar. En vez de proteger los derechos de su pueblo, tomó la ofensiva contra las naciones vecinas para acrecentar su propia reputación como rey. Imitó a otras naciones cuando podría haber ofrecido al mundo un método de administración nuevo y más perfecto.
49.
Isúi.
Sin duda lsbaal o Is-boset (ver com. 2 Sam. 2: 8).
50.
Abner, hijo de Ner.
Por este solo versículo no es del todo claro si Abner o Ner era el tío de Saúl.
Ner es llamado hijo de Abiel (vers. 5 l) y también de Jehiel (1 Crón. 9: 35, 36). Por lo tanto, es probable que Abiel y Jehiel sean dos nombres dados al mismo hombre (ver com. Exo. 2: 18). Puesto que Cis, el padre de Saúl, es también llamado "hijo de Abiel" (1 Sam. 9: 1), parecería que Cis y Ner fueron hermanos, pero el registro dice que "Ner engendró a Cis" (1 Crón. 9: 39). Esta aparente contradicción implica no sólo una diferencia de nombres sino también de generaciones, pues Ner es también llamado hijo de Abiel. Sin embargo, esto no significa necesariamente una discrepancia entre los libros de Samuel y de Crónicas. Al igual que en otras partes de las Escrituras, los relatos independientes parecen diferir en los detalles presentados, pero armonizan cuando se los examina a la luz de las costumbres y las formas de pensamiento y expresión de los hebreos. Hay dos posibles situaciones que explicarían estos nombres que difieren: (1) En la lista de 1 Sam. 9: 1 puede haberse omitido el nombre de Ner y haberse registrado a Cis como el hijo (nieto) de Abiel, pues "hijo" a veces se usa en lugar de nieto o aun de un descendiente más remoto, y las genealogías bíblicas no siempre incluyen cada eslabón de la cadena (ver com. 1 Rey. 19:16; 520 Dan. 5: 11, 13, 18; ver también t. I, págs. 190, 196). (2) Cis, el hijo de Ner, puede haberse convertido en el hijo de su abuelo por adopción, así como Manasés y Efraín, hijos de José, se convirtieron en hijos de Jacob y estuvieron en la lista entre los demás hijos, como cabezas de tribus (Gén. 48: 5, 6; Núm. 1: 10; Jos. 14: 4). Cualquiera de estas explicaciones -que estarían en armonía con los hechos presentados- harían que Abner fuera el tío de Saúl. Ver com. Núm. 10: 29 y Mat. 1: 12 donde hay casos similares.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
EL LIBRO 1 DE SAMUEL CAPITULO 14
1ra. de Samuel
Capítulo 14
14:1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre.
14:2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres.
14:3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
14:4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene.
14:5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.
14:6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.
14:7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
14:8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos.
14:9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.
14:10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal.
14:11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido.
14:12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
14:13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba.
14:14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra.
14:15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
14:16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha.
14:17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
14:18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
14:19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
14:20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión.
14:21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.
14:22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla.
14:23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
14:24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.
14:25 Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo.
14:26 Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento.
14:27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.
14:28 Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.
14:29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel.
14:30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
14:31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
14:32 Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre.
14:33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande.
14:34 Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí.
14:35 Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.
14:36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
14:37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día.
14:38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
14:39 porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.
14:40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
14:41 Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre.
14:42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.
14:43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir?
14:44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán.
14:45 Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán.
14:46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.
14:47 Después de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor.
14:48 Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.
14:49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical.
14:50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl.
14:51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
14:52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo.
Capítulo 14
14:1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre.
14:2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres.
14:3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
14:4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene.
14:5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.
14:6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.
14:7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
14:8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos.
14:9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.
14:10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal.
14:11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido.
14:12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
14:13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba.
14:14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra.
14:15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
14:16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha.
14:17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
14:18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
14:19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
14:20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión.
14:21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.
14:22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla.
14:23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
14:24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.
14:25 Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo.
14:26 Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento.
14:27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.
14:28 Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.
14:29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel.
14:30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
14:31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
14:32 Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre.
14:33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande.
14:34 Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí.
14:35 Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.
14:36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
14:37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día.
14:38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
14:39 porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.
14:40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
14:41 Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre.
14:42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.
14:43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir?
14:44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán.
14:45 Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán.
14:46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.
14:47 Después de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor.
14:48 Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.
14:49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical.
14:50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl.
14:51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
14:52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo.
EL LIBRO 1 DE SAMUEL CAPITULO 14
1ra. de Samuel
Capítulo 14
14:1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre.
14:2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres.
14:3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
14:4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene.
14:5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.
14:6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.
14:7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
14:8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos.
14:9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.
14:10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal.
14:11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido.
14:12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
14:13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba.
14:14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra.
14:15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
14:16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha.
14:17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
14:18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
14:19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
14:20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión.
14:21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.
14:22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla.
14:23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
14:24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.
14:25 Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo.
14:26 Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento.
14:27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.
14:28 Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.
14:29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel.
14:30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
14:31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
14:32 Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre.
14:33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande.
14:34 Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí.
14:35 Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.
14:36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
14:37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día.
14:38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
14:39 porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.
14:40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
14:41 Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre.
14:42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.
14:43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir?
14:44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán.
14:45 Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán.
14:46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.
14:47 Después de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor.
14:48 Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.
14:49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical.
14:50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl.
14:51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
14:52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo.
Capítulo 14
14:1 Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado. Y no lo hizo saber a su padre.
14:2 Y Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y la gente que estaba con él era como seiscientos hombres.
14:3 Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.
14:4 Y entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; el uno se llamaba Boses, y el otro Sene.
14:5 Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas, y el otro al sur, hacia Gabaa.
14:6 Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.
14:7 Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad.
14:8 Dijo entonces Jonatán: Vamos a pasar a esos hombres, y nos mostraremos a ellos.
14:9 Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros, entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.
14:10 Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestra mano; y esto nos será por señal.
14:11 Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas donde se habían escondido.
14:12 Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel.
14:13 Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y a los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él los mataba.
14:14 Y fue esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas, como veinte hombres, en el espacio de una media yugada de tierra.
14:15 Y hubo pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a merodear, también ellos tuvieron pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.
14:16 Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha.
14:17 Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: Pasad ahora revista, y ved quién se haya ido de los nuestros. Pasaron revista, y he aquí que faltaba Jonatán y su paje de armas.
14:18 Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.
14:19 Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.
14:20 Y juntando Saúl a todo el pueblo que con él estaba, llegaron hasta el lugar de la batalla; y he aquí que la espada de cada uno estaba vuelta contra su compañero, y había gran confusión.
14:21 Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo atrás, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.
14:22 Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, también ellos los persiguieron en aquella batalla.
14:23 Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó la batalla hasta Bet-avén.
14:24 Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.
14:25 Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo.
14:26 Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento.
14:27 Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llevó su mano a la boca; y fueron aclarados sus ojos.
14:28 Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.
14:29 Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel.
14:30 ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?
14:31 E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.
14:32 Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre.
14:33 Y le dieron aviso a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová, comiendo la carne con la sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande.
14:34 Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual por su mano su vaca aquella noche, y las degollaron allí.
14:35 Y edificó Saúl altar a Jehová; este altar fue el primero que edificó a Jehová.
14:36 Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.
14:37 Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día.
14:38 Entonces dijo Saúl: Venid acá todos los principales del pueblo, y sabed y ved en qué ha consistido este pecado hoy;
14:39 porque vive Jehová que salva a Israel, que aunque fuere en Jonatán mi hijo, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.
14:40 Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.
14:41 Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y la suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre.
14:42 Y Saúl dijo: Echad suertes entre mí y Jonatán mi hijo. Y la suerte cayó sobre Jonatán.
14:43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame lo que has hecho. Y Jonatán se lo declaró y dijo: Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir?
14:44 Y Saúl respondió: Así me haga Dios y aun me añada, que sin duda morirás, Jonatán.
14:45 Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán.
14:46 Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.
14:47 Después de haber tomado posesión del reinado de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y adondequiera que se volvía, era vencedor.
14:48 Y reunió un ejército y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.
14:49 Y los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Y los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical.
14:50 Y el nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. Y el nombre del general de su ejército era Abner, hijo de Ner tío de Saúl.
14:51 Porque Cis padre de Saúl, y Ner padre de Abner, fueron hijos de Abiel.
14:52 Y hubo guerra encarnizada contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo juntaba consigo.
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