lunes, febrero 27

EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 28 Y SU COMENTARIO

CAPÍTULO 28

1 Aquis confía en David. 3 Saúl, quien ha eliminado a los encantadores y adivinos, 4 temeroso de haber sido abandonado por Dios, 7 busca a una adivina. 9 La adivina, animada por Saúl, invoca el espíritu de Samuel. 15 Saúl se desmaya al escuchar las noticias de su ruina. 21 La mujer y sus siervos lo alimentan y le hacen recobrar las fuerzas.

1 ACONTECIÓ en aquellos días, que los filisteos reunieron sus fuerzas para pelear contra Israel. Y dijo Aquis a David: Ten entendido que has de salir conmigo a campaña, tú y tus hombres.

2 Y David respondió a Aquis: Muy bien, tú sabrás lo que hará tu siervo. Y Aquis dijo a David: Por tanto, yo te constituiré guarda de mi persona durante toda mi vida.

3 Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en 583 Ramá su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.

4 Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.

5 Y cuando vio Saúl el campamento de los fílisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera.

6 Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.

7 Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.

8 Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere.

9 Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?

10 Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.

11 La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel.

12 Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl diciendo:

13 ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.

14 El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.

15 Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo de hacer.

16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo?

17 Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David.

18 Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy.

19 Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos.

20 Entonces Saúl cayó en tierra cuan grande era, y tuvo gran temor por las palabras de Samuel; y estaba sin fuerzas, porque en todo aquel día y aquella noche no había comido pan.

21 Entonces la mujer vino a Saúl, y viéndole turbado en gran manera, le dijo: He aquí que tu sierva ha obedecido a tu voz, y he arriesgado mi vida, y he oído las palabras que tú me has dicho.

22 Te ruego, pues, que tú también oigas la voz de tu sierva; pondré yo delante de ti un bocado de pan para que comas, a fin de que cobres fuerzas, y sigas tu camino.

23 Y él rehusó diciendo: No comeré. Pero porfiaron con él sus siervos juntamente con la mujer, y él les obedeció. Se levantó, pues, del suelo, y se sentó sobre una cama.

24 Y aquella mujer tenía en su casa un ternero engordado, el cual mató luego; y tomó harina y la amasó, y coció de ella panes sin levadura.

25 Y lo trajo delante de Saúl y de sus siervos; y después de haber comido, se levantaron, y se fueron aquella noche.

1.

Has de salir conmigo.

No se trataba de una invitación sino de una orden. David, como vasallo de Aquis, estaba bajo las órdenes de un rey pagano. El gobernante filisteo había fiscalizado los movimientos de David durante los últimos meses, y lo que había oído lo había convencido de que David se había unido tanto con los filisteos, que las tropas israelitas serían una valiosa añadidura para la fuerza expedicionaria que marcharía hacia el norte después de unos pocos días. 584

ÚLTIMA BATALLA DE SAÚL CONTRA LOS FILISTEOS

585

2.

Tú sabrás.

David mismo no estaba seguro en cuanto a la forma de evitar la lucha una vez que se vieran envueltos realmente en la batalla. En su fuero interno no pensaba levantar su espada contra su propia nación; sin embargo, debido a su anterior relación con Aquis, creía que no podía rehusarse a acompañarlo a la batalla. Otra vez le pareció que estaba obligado a recurrir a duplicidades.

Su ambigua respuesta era muy parecida a los oráculos de los dioses. Cualquiera fuera el resultado de los acontecimientos, el oráculo sería correcto. Sin embargo, su respuesta fue comprendida por Aquis como una promesa de ayuda, y a cambio le prometió a David una recompensa grande y atrayente (ver PP 730).

3.

Samuel.

Es evidente que ya hacía un tiempo que Samuel estaba muerto (cap. 25: 1). Este versículo parece ser un paréntesis para introducir el tema principal del capítulo: la visita de Saúl a la mujer de Endor.

Había arrojado.

El relato no da ninguna indicación para señalar en qué período de su reinado Saúl erradicó la nigromancia en el país. Algunos piensan que tal vez fue en los comienzos, pero otros sugieren que esta medida fue tomada cuando Saúl se encontró poseído por un mal espíritu, y que así esperaba liberarse de la causa de todas sus dificultades. El espiritismo era común entre las naciones circunvecinas, pero a Israel se le había prohibido practicarlo (Deut. 18: 9-14). Ver PP 732, 733.

4.

Sunem.

Ahora Sôlem, a unos 5 km al noreste de Jezreel, en la base meridional del collado de More, al otro lado del valle que está frente al monte de Gilboa.

Este valle, llamado Jezreel o Esdraelón, era una planicie fértil y bien regada a la que fácilmente se llegaba desde la llanura costera por el paso de Meguido.

El valle corre hacia el sudeste, corta las montañas centrales y desciende hacia el este al valle del Jordán, en Bet-seán. El collado de More y el monte Gilboa se levantan en el extremo oriental de la amplia llanura de Esdraelón, y forman una cuenca para esa parte de Palestina. Toda el agua que queda al este se vierte en el Jordán; toda la del oeste fluye al río Cisón, y de allí al mar Mediterráneo. El gran valle que está entre estas dos montañas y que forma algo así como una extensión inferior de Esdraelón, es el valle de Jezreel, que vierte sus aguas en el río Jalud, el cual sigue su curso y pasa por Bet-seán en su camino al Jordán.

Aunque no se lo dice explícitamente, el hecho de que los filisteos pudieran pasar, por el valle, a Sunem indica que mientras Saúl había estado tan preocupado buscando a David, había sido muy remiso en proteger sus fronteras, y los filisteos se habían aprovechado de ese descuido. El anhelo vehemente de Saúl por exterminar a David, involuntariamente había abierto todo el país a las invasiones de los filisteos. Tal vez los invasores hicieron correrías por buena parte del territorio de Isacar, Zabulón y Aser. Desde la cumbre del monte Gilboa, Saúl dominaba el panorama del valle de Jezreel y del ejército adversario ubicado en la base de More, a unos 6 u 8 km de distancia. Quizá los exploradores israelitas habían intensificado la desesperación de Saúl al advertirle la presencia de David con las huestes filisteas, y temió que éste ahora se vengara (ver PP 731).

6.

Consultó Saúl a Jehová.

No hay discrepancia entre esta declaración y la de 1 Crón. 10: 14, donde se afirma que Saúl no consultó a Jehová. Con frecuencia las palabras hebreas son más abarcantes que las nuestras en su significado. La palabra "consultar" puede incluir -como en 1 Crón. 10: 14- todo el proceso de (1) pedir información, (2) recibir una respuesta, (3) actuar de acuerdo con la respuesta.

En el versículo que ahora consideramos, Saúl no efectuó esta clase de consulta. La palabra "consultó" se usa en un sentido más restringido. Saúl trató de conseguir información de Dios, pero el Señor no le contestó.

No le respondió.

El Señor nunca rechaza a ninguna alma que viene a él con sinceridad y humildad.

La respuesta quizá no venga en la forma o en el momento esperados, pero Dios toma nota de la petición y hace lo que más conviene dentro de las circunstancias. Las súplicas frenéticas de Saúl llegaron al oído divino, pero en vista de la situación Dios decidió no dar la información que pedía el rey.

Deliberadamente Saúl había rehusado esperar el consejo de Dios en Gilgal (cap. 13: 8-14) o aceptar cualquier mensaje contrario a sus ideas como monarca.

Había tenido acceso al tabernáculo en Nob, pero había asesinado a los sacerdotes. Puesto que Saúl voluntariamente había elegido hacer lo que le placía, Dios permitió que cosechara los frutos de esa 586 siembra. Si se hubiese arrepentido y hubiera sido sumiso, Dios podría haber convertido sus faltas en peldaños para el éxito. La experiencia de Saúl ilustra la verdad: "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gál. 6: 7; cf. 5T 119).

El texto parece indicar que en su desesperación Saúl apresuradamente trató de consultar por medio de sueños, los Urim y los profetas, pero la respuesta de los tres fue el silencio. Puesto que el efod estaba en poder de Abiatar, algunos piensan que Saúl mandó que se hiciera otro.

7.

Buscadme una mujer.

En su insensato apresuramiento Saúl recurrió a la fuente de información que él mismo había condenado (vers. 3). El hombre que una vez estuvo lleno de celo espiritual, ahora se entregó a la superstición pagana de invocar los supuestos espíritus de los difuntos en procura de ayuda.

Que tenga espíritu de adivinación.

Heb. ba"alath-"ob. Ba"alath significa "señora". "Ob corresponde con "nigromante" (BJ), o "médium" en lenguaje moderno (ver com. Lev. 19: 31). La palabra también significa "nigromancia", como en el vers. 8, donde Saúl dice literalmente: "Consulta por mí, te ruego, por medio de la nigromancia" ("adivíname por un muerto", BJ). Nuestra palabra castellana "nigromancia" (o "necromancia") proviene de dos palabras griegas: nekrós, muerto, y manteía, adivinación, y describe el arte de indagar el futuro mediante una supuesta comunicación con los espíritus de los muertos.

Endor.

Un pueblo ubicado en la ladera septentrional del collado de More, frente al campamento de los filisteos, a 11,2 km de donde estaba Saúl con sus fuerzas en el monte de Gilboa. Todavía tiene el mismo nombre, Endôr.

9.

Adivinos.

Literalmente, "los que saben". Los adivinos pretendían tener un conocimiento especial del mundo invisible. Están clasificados con los nigromantes y, al igual que ellos, son aborrecidos por Dios (ver Lev. 19: 31; 20: 6, 27; Deut. 18: 11; 2 Rey. 21: 6; 23: 24; 2 Crón. 33: 6; Isa. 8: 19; 19: 3).

Para hacerme morir.

El edicto nacional de Saúl no consiguió la cooperación plena de todos sus súbditos. Con frecuencia los decretos imperiales no reciben el apoyo total.

Las persecuciones romanas contra los cristianos no impidieron que sobreviviera el cristianismo y que floreciera en muchos casos.

Indudablemente los espíritus informaron a la mujer en cuanto a la identidad de Saúl (ver com. vers. 12). Por eso vio su vida en peligro (ver com. vers. 25).

A pesar de comprender plenamente que sus artes ocultas estaban bajo el anatema real, las había practicado en secreto. No se daba cuenta de que desde hacía mucho Saúl mismo había estado turbado por malos espíritus (cap. 16: 14-16), y que ahora estaba completamente a merced de ellos.

10.

Ningún mal.

Saúl creía que, por ser el rey, estaba por encima de las leyes y que podía prometer una franquicia a cualquiera que lo ayudara a salir de su dificultad.

11.

Hazme venir a Samuel.

¿Por qué debía pedir Saúl que viniera Samuel y no otros? El profeta había sido guía y mentor del rey, y le había dado varias predicciones en el tiempo del ungimiento de Saúl que le provocaron gozo y paz cuando las vio cumplirse. Pero tan pronto como comenzó a manifestarse su temperamento despótico, disminuyó su respeto por el consejo divino. A su vez, este proceder se convirtió en indiferencia y llegó a ser odio, hasta que el rey descuidó todas sus responsabilidades administrativas en su intento de exterminar a su rival. El recuerdo de la bondad de David expresada en dos ocasiones diferentes todavía causaba encono en la mente enferma de Saúl, y éste comenzó a darse cuenta de que había fracasado ante la vista de muchos de sus súbditos a quienes veía desertar para unirse con David. Irritadísimo por el silencio del cielo, buscó algún otro método para lograr a la fuerza una respuesta.

13.

Tú eres Saúl.

La información era de origen sobrenatural; pero no procedía de Dios. El había mostrado su aborrecimiento por la práctica de la nigromancia al condenar a muerte a cuantos la practicaban (Lev. 20: 27). Aun los que consultaran a médiums espiritistas debían ser raídos (Lev. 20: 6). De modo que la comunicación debe haber procedido de otra fuente. Hay quienes sostienen que los espíritus de los muertos vuelven para comunicarse con los vivos. Para ellos, el espíritu de Samuel respondió a la invocación de la médium. Pero una comunicación de Samuel, hablando como profeta, indirectamente habría sido una comunicación de Dios, y se declara expresamente que el Señor rehusaba comunicarse con Saúl (1 Sam. 28: 6). Saúl fue muerto "porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová" (1 Crón. 10: 13, 14). 587

La enseñanza de que los espíritus de los muertos vuelven para comunicarse con los vivos se basa en la creencia de que el espíritu del hombre existe en estado consciente después de la muerte y que, en realidad, ese espíritu es el hombre mismo. La Biblia enseña claramente que, al morir, el espíritu vuelve a Dios que lo dio (Ecl 12: 7), pero el AT enfáticamente niega que ese espíritu sea una entidad consciente (Job 14: 21; Sal. 146: 4; Ecl. 9: 5, 6). El NT enseña la misma doctrina. Jesús indicó que será en su segunda venida, y no en el momento de la muerte, cuando el creyente se reunirá con su Señor (Juan 14: 1-3). De lo contrario, Jesús podría haber consolado a sus discípulos afligidos con el pensamiento de que pronto les sobrevendría la muerte y que así inmediatamente irían a las mansiones celestiales para estar con él. Para confortar a los que habían llevado a sus amados al descanso, Pablo declaró expresamente que los que vivieran no iban a preceder a los muertos, sino que todos se reunirían con el Señor en el mismo momento (1 Tes. 4: 16, 17).

Es pues evidente que el espíritu de Samuel no se comunicó en este momento con Saúl. Queda otra fuente para esa comunicación. Las Escrituras revelan que Satanás y sus ángeles pueden impartir informaciones, y también cambiar su forma (ver Mat. 4: 1-11; 2 Cor. 11: 13, 14). La aparición que se presentó ante la mujer de Endor era una personificación satánica de Samuel, y el mensaje impartido tuvo su origen en el príncipe de las tinieblas.

Aunque muchos de los fenómenos de las sesiones espiritistas son fraudes y actos de prestidigitación, no todos los fenómenos se pueden explicar así. Muchos que han investigado esas sesiones admiten la presencia de un poder que no se puede explicar mediante fraudes ni con leyes científicas conocidas.

Las Escrituras predicen un aumento de las manifestaciones sobrenaturales en los últimos días (Mat. 7: 22, 23; 2 Tes. 2: 9; Apoc. 13: 13, 14; 16: 14). La única salvaguardia contra estos artificios engañosos es estar tan bien afianzado en las verdades bíblicas, como para que el tentador sea reconocido a pesar de su disfraz. Una fe firme en la verdad del estado inconsciente de los muertos desbaratará cualquier intento del enemigo para infiltrar su propaganda por médiums espiritistas y supuestas comunicaciones con los muertos (ver CS cap. 35).

Parece que el espíritu que informaba a la mujer se deleitó desenmascarando el disfraz de Saúl y se mofó del extraño proceder del rey al pedir ayuda al mismo poder que antes había procurado silenciar. En presencia del poder satánico sobrenatural, las bravatas del rey, su justificación propia y sus variadas excusas se disiparon como tamo frente al viento.

Dioses.

Heb. "elohim, título usado más de 2.500 veces para el verdadero Dios (ver t. I, págs. 179, 180), y frecuentemente para los dioses falsos (Gén. 35: 2; Exo. 12: 12; 20: 3; etc.). La RVR tres veces traduce la palabra como "jueces" (Exo. 21: 6; 22: 8, 9). Es posible que el vocablo debiera traducirse así aquí, de modo que la mujer dijera: "Veo jueces que suben de la tierra". Esto estaría en armonía con la identificación de Samuel como juez. Aunque la mujer usó la forma plural, Saúl parece haber entendido esto en número singular, pues preguntó: "¿Qué aspecto tiene?" (BJ). Por otro lado, puede haber entendido la palabra "elohim en su significado más común: "dioses".

14.

¿Cuál es su forma?

Las preguntas de Saúl, junto con las respuestas de la mujer, en sí mismas constituyen una evidencia de que él mismo no vio la aparición. Quizá estaba separado de la médium por una cortina, o se hallaba directamente frente a ella en la densa oscuridad de la caverna. Cuando ella describió la aparición, Saúl "entendió que era Samuel".

Sería contrario a todo principio de rectitud imaginar que una nigromante recibió autoridad divina para llamar a Samuel de su lugar de descanso. Sería completamente inconcebible suponer que Dios, que había anatematizado la nigromancia (Deut. 18: 10-12), hubiera accedido al pedido de una médium para perturbar a Samuel, su santo que dormía. Pero así como Satanás tuvo poder para presentarse delante de Jesús en el desierto como un ángel de luz, también él o sus instrumentos, si se les permitía, podían imitar a Samuel, tanto en la forma como en la voz. El diablo aprovechó esta oportunidad para mofarse de Saúl con la ironía de su suerte. El mismo hombre que una vez había perseguido a los que practicaban la magia negra, ahora de rodillas imploraba ayuda a ese poder.

15.

Samuel dijo.

Esta cláusula no debe ser interpretada como que significara que realmente habló Samuel. El escritor tan sólo describe 588 los sucesos tal como parecían, que es lo normal en un relato. También la Biblia habla del sol que sale y que se pone, y así también lo hacemos nosotros, y nadie se engaña o se confunde porque tan sólo estamos hablando de apariencias. En realidad, el sol no se levanta ni se pone, sino la tierra es la que gira. En el versículo que consideramos, el contexto y una comparación con otros pasajes hacen ver que las palabras aquí atribuidas al profeta fallecido provenían de una personificación de Samuel (ver com. vers. 12).

Haciéndome venir.

Véase el vers. 11, donde aparecen las expresiones "Te haré venir" y "Hazme venir". Es evidente que los antiguos, en general, tenían el concepto de una región subterránea donde moraban los muertos. Si la doctrina sostenida por la mayoría de los cristianos -de que los justos ascienden al cielo cuando mueren- hubiese sido aceptada en este antiguo período, la mujer nunca habría dicho que veía a Samuel que subía "de la tierra" (vers. 13); más bien habría dicho que descendía del cielo. Este hecho es suficiente para eliminar este relato como una prueba a favor de la doctrina del estado consciente de los justos que han muerto.

16.

Tu enemigo.

Estas palabras identifican a su autor. La declaración hecha aquí y en los versículos siguientes ilustran un engaño característico del diablo. A partir de su caída, Satanás se ha esforzado para pintar el carácter de Dios con falsos colores. Representa a Dios como un tirano vengativo que arroja en el infierno a todos los que no le temen (ver CS 589). Seduce a los hombres para que pequen y luego presenta su caso como completamente sin esperanza. Representa a Dios como reacio a perdonar al pecador mientras exista la más pequeña excusa para no recibirlo. Así presenta a Dios ante los hombres como su enemigo. Este concepto está en la raíz de las religiones paganas que enseñan la necesidad de los sacrificios para apaciguar a un Dios enojado. Es muy opuesta esta doctrina a las enseñanzas de las Escrituras, donde se representa a un Dios que ama a todos y estuvo dispuesto a hacer un sacrificio supremo para salvar a los culpables (Juan 3: 16; 2 Ped. 3: 9).

17.

Ha quitado el reino.

El espíritu, haciéndose pasar por una voz que procedía del cielo, se mofó de Saúl diciéndole que su corona iría a su rival. Satanás inspiró a los que acompañaban a Saúl para que estimularan la animosidad del rey contra David, y después lo amargó en sumo grado anunciándole -como que ya se hubiera realizado- precisamente lo que tanto había luchado Saúl por evitar. Había oído que David estaba con los filisteos (PP 731), y tal vez ahora se imaginaba que los enemigos del Señor lo vencerían y darían el reino a David.

18.

Jehová te ha hecho esto.

Aunque Satanás inspiró los pensamientos que provocaron la desobediencia de Saúl en su proceder con Amalec, ahora condenó al rey en nombre del Señor. Así se presento a Dios como si hubiera empleado las mismas tácticas de Satanás. En realidad, Dios no se había vuelto enemigo de Saúl. Tan sólo permitía que éste cosechara lo que había sembrado. El aprieto en que se encontraba Saúl era el resultado de su propia elección. Dios se había esforzado para salvarlo del desastre enviándole amonestaciones y consejos repetidos, pero Saúl persistió en oponerse a la instrucción divina.

19.

De los filisteos.

Debido a que Saúl se rebajó voluntariamente ayudando al adversario, Satanás usó esta oportunidad para burlarse de él y desanimarlo. Ante la batalla inminente, Satanás hizo que Saúl creyera que estaba irremediablemente perdido. En realidad, el Señor podría haber salvado entonces a Israel tan fácilmente como lo había hecho en Mizpa (cap. 7: 10). Pero en aquella ocasión los israelitas habían confesado sus pecados y clamado "a Jehová". Si Saúl hubiese confesado su pecado, hubiese convocado a los israelitas, les hubiese hablado de su debilidad y los hubiese inducido a renovar su consagración al Señor, el resultado de la batalla podría haber sido muy diferente. Al presentar delante del rey la aparente imposibilidad de recibir perdón, Satanás tuvo éxito en desanimar del todo a Saúl e inducirlo a su ruina.

20.

Cuan grande era.

La tensión física más la preocupación mental, y finalmente la terrible noticia de su derrota y muerte inminentes, de tal manera lo desalentaron, que se desplomó.

25.

Se levantaron.

Al igual que Judas, Saúl salió de noche. Al quedar sola, la médium quizá estaba tan perturbada como el rey. Saúl había sido culpable de duplicidad y traición en su trato con David. ¿Cómo podía saber ella si su vida no iba a ser el precio por los sucesos 589 de aquella noche? Saúl había estado demasiado enfermo como para pronunciar una palabra de aprecio por sus servicios. Ella no tenía los consuelos de la oración ni de la fe. Era esclava de un poder tan capaz de mofarse de ella como se había burlado del rey.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

miércoles, febrero 22

EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 27 Y SU COMENTARIO

CAPÍTULO 27

1 Saúl se entera que David está en Gat y deja de perseguirlo. 5 David pide a Aquis que le dé un lugar donde morar y éste le da a Siclag. 8 David ataca a diversos pueblos pero hace creer a Aquis que ha estado peleando contra Judá.

1 DIJO luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de Israel; y así escaparé de su mano.

2 Se levantó, pues, David, y con los seiscientos hombres que tenía consigo se pasó a Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.

3 Y moró David con Aquis en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia; David con sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel.

4 Y vino a Saúl la nueva de que David había huido a Gat, y no lo buscó más.

5 Y David dijo a Aquis: Si he hallado gracia ante tus Ojos, séame dado lugar en alguna 580 de las aldeas para que habite allí; pues ¿por qué ha de morar tu siervo contigo en la ciudad real?

6 Y Aquis le dio aquel día a Siclag, por lo cual Siclag vino a ser de los reyes de Judá hasta hoy.

7 Fue el número de los días que David habitó en la tierra de los filisteos, un año y cuatro meses.

8 Y subía David con sus hombres, y hacían incursiones contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas; porque éstos habitaban de largo tiempo la tierra, desde como quien va a Shur hasta la tierra de Egipto.

9 Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni mujer; y se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y las ropas, y regresaba a Aquis.

10 Y decía Aquis: ¿Dónde habéis merodeado hoy? Y David decía: En el Neguev de Judá, y el Neguev de Jerameel, o en el Neguev de los ceneos.

11 Ni hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a Gat; diciendo: No sea que den aviso de nosotros y digan: Esto hizo David. Y esta fue su costumbre todo el tiempo que moró en la tierra de los filisteos.

12 Y Aquis creía a David, y decía: El se ha hecho abominable a su pueblo de Israel, y será siempre mi siervo.

1.

Al fin seré muerto.

David no se daba cuenta de que a pesar de las maquinaciones de Saúl, silenciosamente Dios estaba realizando su voluntad. David interpretaba algunos sucesos recientes como una evidencia de que no había esperanza de reconciliación y de que, paso a paso, tendría éxito el plan de Saúl para arruinarlo y destruirlo. En lo pasado David había gozado de la dirección de Dios y de Abiatar -de los Urim y del Tumim-, pero ahora, en su desánimo, se apartó de la ayuda divina y trazó planes por su propia cuenta. Sin embargo, bondadosamente Dios convirtió los errores de David en peldaños para el éxito final.

Me será mejor.

A pesar de todo lo que había hecho David para sus compatriotas, le manifestaban poca simpatía por haber caído en desgracia con el rey. Los habitantes de Keila lo habrían entregado a Saúl (ver cap. 23:1-13). Los zifeos dos veces informaron a Saúl en cuanto a su escondite (caps. 23: 19; 26: 1), y Nabal resultó ser tan hostil como lo había sido Doeg (cap. 25: 10, 11). Dos veces había demostrado misericordia con el celoso y desequilibrado tirano que a la vista de todos procuraba matarlo (caps. 24: 6-11; 26: 8-12). El mismo pueblo que siempre debería haber sido cortés con él, tan sólo le había pagado con censura e ingratitud, y su vida entre los suyos había sido una continua pesadilla. Pobremente alimentado, morando en cuevas y bosques, en desiertos y en despeñaderos, se lo había tratado como a un proscrito.

No mucho antes de estos incidentes (cap. 22: 5), Dios había indicado a David que volviera de Moab a Judá. Tenía mucho que hacer para sus compatriotas, y David respondió gozosamente. Podría haber supuesto que la invitación para que volviera a Judá provenía de la necesidad de proteger a su pueblo contra las incursiones de los pueblos circundantes. Pero quizá el propósito de Dios era demostrar ante todo Israel la fortaleza, la humildad y el valor del que había sido elegido como rey: una fe que pacientemente confiaba en que Dios llevaría a cabo su propia voluntad a su debido tiempo.

Vez tras vez el Señor intervino a favor de David, y el común del pueblo debe haber comenzado a pensar que él tenía algún talismán. Pero después de cada liberación maravillosa se presentó otra severa prueba, y finalmente David comenzó a creer que era inútil seguir luchando contra peligros e incertidumbres aparentemente interminables. Mantener a los centenares de hombres que ahora lo seguían y conservarlos unidos era una tarea capaz de extenuar a los hombres más capaces. Es cierto que Abigail y Jonatán habían reanimado a David, pero la mayoría estaba contra él. Se debilitó su fe.

Descorazonado, finalmente buscó refugio entre los enemigos de Jehová. Pensaba que sólo así hallaría seguridad. En contra de la voluntad de Dios, David comenzó a recorrer una espinosa senda de duplicidad e intrigas. Sacrificando la confianza en Dios en aras de sus propias ideas en cuanto a su seguridad, David empañó la fe que Dios quiere que todos sus siervos manifiesten delante de los hombres y de los ángeles. Cuán diferente podría haber sido la historia de Israel si David, antes de salir de Judá, hubiese buscado y seguido el 581 consejo del Señor tan fervientemente como lo hizo en una oportunidad anterior antes de salir de Moab (ver cap. 22: 5).

2.

Aquis hijo de Maoc.

Es dudosa la etimología del nombre "Aquis". Algunos eruditos piensan que este Aquis es el mismo que se menciona en 1 Rey. 2: 39 como el hijo de Maaca. Pero Maoc es la forma masculina de la palabra, al paso que Maaca es la femenina (ver 1 Rey. 15: 2; 1 Crón. 2: 48; 3: 2; 7: 15; etc.). Si los dos pasajes se refieren a la misma persona, el Aquis de 1 Rey. 2: 39 habría sido muy anciano, pues el incidente que aquí se registra ocurrió cerca de 50 años después de que David huyó por primera vez para refugiarse con Aquis (1 Sam. 21: 10). Pero si Aquis, hijo de Maoc, se casó con una mujer de nombre Maaca, podría haberse aludido al hijo como "hijo de Maaca", y por lo tanto nieto de Maoc. Sin embargo, es probable que el Aquis ante quien David fingió estar loco (1 Sam. 21: 12, 13) es el mismo rey al cual huyó David. A lo sumo, los dos incidentes no estuvieron separados por muchos años. En el primer caso, David estuvo solo; ahora estuvo acompañado por centenares de seguidores con sus familias. A lo menos por un tiempo los refugiados permanecieron en Gat. De acuerdo con los Targumes, la palabra "Gitit" de los sobrescritos de los Salmos 8, 81 y 84 designa un instrumento musical inventado por David o una clase de música que primero compuso él durante su permanencia en Gat, en el caso de que gitit proviniera de Gat. Fue en una de sus visitas a Gat cuando David compuso el Salmo 56, lo que corresponde con el sobrescrito que dice: "Cuando los filisteos le prendieron en Gat". Ver com. 1 Sam. 21: 13.

4.

No lo buscó más.

Naturalmente, Saúl se refrenaba de invadir un territorio enemigo a fin de capturar a David. Un acto tal habría provocado una guerra para la cual no estaba preparado. La redacción del texto indica, con muy poco margen de duda, que si David hubiera permanecido en Judá, Saúl habría olvidado aun su última promesa y lo habría perseguido una vez más. Quizá esperaba Saúl que esta vez, como en una ocasión anterior (1 Sam. 18: 17, 25), David caería en manos de los filisteos.

6.

Siclag.

Nombre de etimología dudosa. Se menciona primero en Jos. 15: 31 como una de las ciudades comprendidas dentro de la heredad de Judá. Pero cuando a Simeón se le concedieron ciertas ciudades dentro de los límites de Judá, se transfirió Siclag a esa tribu (ver Jos. 19: 1-5). Estaba en la parte oriental de la zona de la llanura, y en los días de los jueces los filisteos arrebataron a Siclag del poder de Simeón. Quizá estaba en el lugar conocido ahora como Tell el-Khuweilfeh, a 32,4 km al suroeste de Adulam y 15,2 km al norte de Beerseba.

A Siclag acudieron muchos voluntarios de Benjamín, Gad, Manasés, Judá y otras tribus para unirse con David (1 Crón 12).

8.

Subía ... y hacían incursiones.

Aunque David era perseguido por Saúl como un animal salvaje y sus mismos compatriotas se mofaban de él, nunca se debilitó su interés por Israel. Siclag estaba en el límite del territorio de los merodeadores del desierto, que siempre habían molestado a Israel desde su entrada en Canaán. El Señor había ordenado el completo aniquilamiento de las tribus malignas, tales como los amalecitas (Exo. 17: 16; Núm. 24: 20; Deut. 9: 1-4; 25: 17-19; cf. Gén. 15: 16); y en su condición de heredero ungido para el trono, David se sentía responsable por cumplir lo que Saúl no había logrado. Sin duda David quería así merecer la lealtad de su nación.

Los gesuritas.

Cuando los israelitas invadieron las tierras de Sehón y Og (Jos. 12), llegaron hasta el límite de los gesuritas, cerca del monte Hermón (Jos. 12: 5; 13: 11).

Es posible que estos gesuritas hubieran hecho una migración hacia el norte desde el Neguev (ver com. Gén. 12: 9; Juec. 1: 9) y el desierto de Parán, y que una tribu afín con ellos vivía cerca de Filistea.

Los gezritas.

Más exactamente, "guirzitas" (BJ). De su ubicación sólo se sabe por su íntima relación con los amalecitas del desierto, "como quien va a Shur hasta la tierra de Egipto".

Los amalecitas.

Ver com. cap. 15: 2.

9.

Asolaba David el país.

Durante siglos las tribus del desierto habían sido los enemigos de Israel e intermitentemente habían hecho incursiones contra las comunidades israelitas adyacentes al desierto. Antes, cuando Saúl "mató" a los amalecitas (cap. 15: 8), es probable que muchos de ellos huyeran al desierto, y poco después reaparecieran para continuar con sus incursiones. Los beduinos errantes tienen una forma misteriosa para desaparecer 582 súbitamente, tan sólo para reaparecer a su debido tiempo. La afirmación de que David "no dejaba con vida hombre ni mujer", por supuesto tan sólo se refiere a los que residían en las comunidades que él atacaba. La única forma de mantener paz permanente en los pueblos fronterizos de Israel era rechazar esas tribus lo más lejos posible dentro del desierto, de modo que vacilaran antes de volver. Era casi imposible exterminarlas. Vivían del pillaje obtenido mediante una guerra de guerrillas, y una buena parte del ganado y otros bienes que David obtuvo en esta ocasión probablemente había sido tomado antes de comunidades israelitas.

10.

El Neguev de Judá.

La zona ocupada por estas tribus estaba dentro del Neguev. De modo que mientras David incursionaba en el "Neguev de Judá", no estaba luchando contra su propio pueblo sino contra pueblos extranjeros que habían violado el territorio de Judá. Al mismo tiempo su declaración fue lo suficientemente ambigua como para que Aquis la interpretara de otra manera.

Jerameel.

Jerameel era el primogénito de Hezrón, nieto de Judá (1 Crón. 2: 9, 25).

Probablemente nació después de que Jacob fue a Egipto, pues no se lo menciona entre las 70 personas de la casa de Jacob que se trasladaron a Egipto (Gén. 46: 12). No es seguro si este clan acompañó a Israel en el movimiento del éxodo o no. Parece que sus miembros se establecieron en la región del sur de Hebrón.

Probablemente vivían como nómadas, y no tomaron parte en las actividades nacionales de Israel.

Ceneos.

Ver com. Gén. 15: 19.

11.

No den aviso.

David no llevaba prisioneros a Siclag para que esos esclavos no informaran a los filisteos de la incursión.

12.

Aquis creía.

La duplicidad de David fue otra grave equivocación, indigna de uno que había sido tan ensalzado con privilegios espirituales. El precio de la victoria en el conflicto con el pecado es una vigilancia y una entrega constantes a la voluntad de Dios. Pero la bondad de Dios no abandonó a David en su hora de desaliento. David tenía un firme propósito y un sincero deseo de cooperar plenamente con el programa de Dios. Este proceder lo indujo a reconocer sus pecados y a tratar inmediatamente de remediar sus errores.

David cometió su primer error al abandonar a Judá. Al pecado de desamparar a sus compatriotas sin permiso divino, añadió el segundo: la duplicidad. Si David hubiera permanecido en Judá, Dios podría haberlo liberado como lo había hecho previamente. Cuando Israel fue a Gilboa para hacer frente al ataque de los filisteos (cap. 28: 4), David podría haber sido usado por el Señor para alcanzar una victoria tal que hubiera ganado la aclamación popular de todo el país. En tanto que Saúl había cometido una grave falta al procurar matar a David, éste cometió un error casi fatal al abandonar su propia tierra sin un claro consejo de Dios.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

lunes, febrero 20

EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 26 Y SU COMENTARIO

CAPÍTULO 26

1 Los zifeos revelan a Saúl que David se encuentra en Haquila. 5 David impide que Abisai mate a Saúl, pero se apodera de su lanza y de la vasija del agua. 13 David reprocha a Abner, 18 y exhorta a Saúl. 21 Saúl reconoce su pecado.

1 VINIERON los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto?

2 Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.

3 Y acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto.

4 David, por tanto, envió espías, y supo con certeza que Saúl había venido.

5 Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él.

6 Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo.

7 David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él.

8 Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe.

9 Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?

10 Dijo además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en batalla perezca,

11 guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos.

12 Se llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de la cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían; porque un profundo sueño enviado de Jehová había caído sobre ellos.

13 Entonces pasó David al lado opuesto, y se puso en la cumbre del monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre ellos.

14 Y dio voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién eres tú que gritas al rey?

15 Y dijo David a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has guardado al rey tu señor? Porque uno del pueblo ha entrado a matar a tu señor el rey.

16 Esto que has hecho no está bien. Vive Jehová, que sois dignos de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, al ungido de Jehová. Mira pues, ahora, dónde está 577 la lanza del rey, y la vasija de agua que estaba a su cabecera.

17 Y conociendo Saúl la voz de David, dijo:¿No es ésta tu voz, hijo mío David?

Y David respondió: Mi voz es, rey señor mío.

18 Y dijo:¿Por qué persigue así mi señora su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en mi mano?

19 Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él la ofrenda; mas si fueren hijos de hombres, malditos sean ellos en presencia de Jehová, porque me han arrojado hoy para que no tenga parte en la heredad de Jehová, diciendo: Ve y sirve a dioses ajenos.

20 No caiga, pues, ahora mi sangre en tierra delante de Jehová, porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, así como quien persigue una perdiz por los montes.

21 Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.

22 Y David respondió y dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los criados y tómela.

23 Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehová.

24 Y he aquí, como tu vida ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción.

25 Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su lugar.

1.

Haquila.

Ver com. cap. 23: 19. Algunos tratan de hacer corresponder la narración de este capítulo con lo que está registrado en los caps. 23 y 24 y explican esto mediante los siguientes parecidos: (1) Los zifeos como los que informaron a Saúl. (2) La presencia de David en Haquila. (3) El ejército de 3.000 hombres de Saúl. (4) La forma en que los hombres de David lo instaron para que matara a Saúl. (5) La negativa de David de tocar al ungido del Señor. (6) El pesar de Saúl. (7) La forma en que David se comparó con una pulga. Por otro lado, hay notables diferencias. Por ejemplo: (1) El lugar donde se ocultó David. (2) La identificación de Saúl; en un caso después de que entró en la cueva, mientras que en el otro los movimientos del rey fueron observados por exploradores. (3) La prueba material que tuvo David en sus manos; en el primer caso, un pedazo del atavío de Saúl; en el segundo, la lanza del rey y una vasija de agua. No hay razón válida para aceptar las dos narraciones como relatos con variantes del mismo incidente. En el intervalo entre los dos incidentes, David había estado oculto en el desierto de Parán y pasó por el infortunado caso de Nabal.

Ahora bien, cuando fue otra vez al norte, los zifeos informaron a Saúl de su presencia. Exasperado porque David se hubiera atrevido a volver al distrito cerca de Hebrón, Saúl se olvidó de la reciente promesa hecha a su yerno, y en un acceso de locura una vez más se puso en campaña para capturar a su rival.

5.

Campamento.

Quizá David y sus hombres vieron al ejército adversario que acampaba para pasar la noche, y David pudo ver la ubicación de Saúl en medio de su ejército.

Abner, primo de Saúl (cap. 14: 50), era su guardaespaldas.

6.

Ahimelec heteo.

El nombre de este hombre sólo aparece aquí. Ya en tiempo de Abrahán se menciona a los heteos (Gén. 23: 3-20). Estos descendientes de Het vivían cerca de Hebrón. De ellos compró Abrahán una sepultura para su esposa, Sara. Más tarde los heteos llegaron a convertirse en una nación poderosa que ocupó un lugar estratégico en el Asia Menor, y a su debido tiempo llegaron a ser el equilibrio del poder en la región de la gran curva del río Eufrates, en lo que ahora se conoce como el norte de Siria y Turquía. Después, cuando los pueblos egeos migraron a través del Asia Menor en su marcha hacia Egipto, el imperio heteo (o hitita) fue prácticamente raído. Había residuos de heteos en Palestina en los días de Salomón (1 Rey. 9: 20, 21). Quizá este Ahimelec en alguna forma estaba relacionado con la tribu de Judá mediante un casamiento, y creía que sólo estaría seguro relacionándose con David. Tal vez se había destacado tanto, que David lo tuvo de guardaespaldas.

Abisai.

Nieto de Isaí. Abisai era hijo de 578 Sarvia, hermana de David, y por lo tanto sobrino de éste. Joab, hermano de Abisai (1 Crón. 2: 16) era el jefe de las fuerzas de David.

8.

Déjame que le hiera.

Abisai no había aprendido la difícil lección de ser magnánimo con un enemigo.

Saúl había iniciado una contienda de tribus entre Benjamín y Judá, y es evidente que Abisai llegó a la conclusión de que eso demandaba represalias.

Saúl había arrojado su lanza contra David, pero había errado. En ese momento, según el criterio de Abisai, le tocaba su turno a David, y Abisai, como su gardaespaldas, se ofrecía para actuar en lugar de su tío.

9.

No le mates.

David tenía un criterio independiente. Tenía por norma no matar a nadie.

Había dado forma a su filosofía de la vida no por tradición sino por los principios establecidos en la revelación divina. Entre los preceptos de la ley mosaica, con los cuales se había familiarizado David, estaba el siguiente: "No blasfemarás contra Dios, ni maldecirás al principal de tu pueblo" (Exo. 22: 27 BJ, vers. 28 en la RVR). David poseía un agudo discernimiento espiritual y entendía que esta ley prohibía que se atacara al rey. La interpretación espiritual que dio David a la norma mosaica estaba muy por encima de la de los dirigentes judíos de los días de Cristo, que trataban de mantener la letra de la ley en tanto que violaban su espíritu. La capacidad de David para interpretar correctamente las Escrituras tenía el apoyo de la dirección que recibía mediante (1) los profetas, (2) los Urim y el Tumim, (3) las indicaciones de la protección providencial que desde muchos años se presentaba en su vida, (4) las pruebas históricas del poder de Dios durante los siglos pasados, como le habían sido repetidas a los pies de Samuel en las escuelas de los profetas, (5) la inspiración recibida en su trato con almas afines llenas del mismo discernimiento espiritual, y (6) el don del Espíritu Santo que lo capacitaba para hablar por inspiración (ver 2 Sam. 23: 2).

10.

Vive Jehová.

David estaba contento de dejar todo en manos de Dios, y en ninguna forma intentaba determinar el camino que Dios debía seguir. Alegremente puso todos sus planes a los pies de su Maestro, para esperar con paciencia el desarrollo de los misteriosos procedimientos de Dios.

11.

La lanza.

David comprendía muy bien que necesitaba una prueba material de la forma en que procedió con Saúl. Mientras esperaba que Dios hiciera grandes cosas para él, sabía que él también tenía una parte que realizar en ese momento.

12.

Un profundo sueño.

¡Qué ánimo debe haber recibido David al darse cuenta de la protección del Altísimo, mientras él y Abisai se filtraban entre las filas de los soldados de Saúl! El milagro que hizo posible que esos hombres entraran y salieran a través de las filas de 3.000 hombres, hasta el mismo centro del ejército, sin ser advertidos, fue una prueba que demostró de qué lado de la contienda estaba la Providencia. Esta intervención condenaba la naturaleza voluble de Saúl, quien poco tiempo después de haber hecho una promesa violó su palabra e hizo exactamente lo opuesto.

17.

¿No es ésta tu voz?

Puesto que probablemente todavía era oscuro, Saúl sólo podía reconocer a David por la voz.

18.

¿Qué he hecho?

El proceder de David con Saúl fue respetuoso y lleno de una súplica amante.

Podría haber dicho: "¿Por qué has violado tu pacto conmigo ante Dios? ¿Cuánto tiempo continuarás pecando contra mí y contra Jehová?" Pero esas palabras sólo habrían despertado la ira de Saúl. Se necesita tacto para reprochar de modo que la censura provoque un cambio de conducta en el que está en el error. El esfuerzo de David alcanzó todo lo que se podía esperar en un hombre tan endurecido como Saúl (ver vers. 21).

19.

Si Jehová.

David presentó delante de Saúl dos soluciones posibles que podrían parafrasearse de esta manera: (1) Si debido a un pecado de mi parte -cometido ignorantemente contra ti o contra todo Israel, sobre el cual tú estás ungido como rey-, Dios te ha impresionado para que ejecutes juicio contra mí, permíteme seguir las instrucciones de la Torah para buscar perdón en la forma establecida divinamente (Lev. 4). (2) Pero si por medio de chismes infamatorios y sugestiones calumniosas has sido impelido a perseguirme como a un rebelde, creyendo que trato de usurpar tu lugar, la prueba de En-gadi y la de aquí demuestran la falsedad de tales palabras y acciones. Por lo tanto, los que te incitan son malditos delante de Dios de acuerdo con las órdenes de la misma Torah (Deut. 27: 24-26), y tú no debes seguirlos ni ser guiado por su consejo. 579

Me han arrojado.

David abrió el corazón ante Saúl como en un rapto de desaliento. En vez de ser aceptado como siervo (vers. 18), cargo que con mucho gusto habría ocupado, había sido perseguido como un proscrito; su rey se había convertido en su enemigo, y aquel a quien gozosamente habría seguido con respeto ahora lo había obligado a huir como una perdiz por los montes (vers. 20). Pero mucho peor que eso, estaba siendo expulsado de "la heredad de, Jehová", la tierra de sus antepasados y de la religión que había sido su principal gozo y solaz durante todos esos años. Se había visto obligado a vivir en cuevas, en la soledad del desierto y entre los enemigos de su propio pueblo. Para entonces, el único refugio seguro para él y sus hombres era un exilio completo.

21.

Entonces dijo Saúl.

Saúl se sintió completamente abrumado por el momento, cuando una vez más vio que su vida había sido preciosa a los ojos de David. La magnanimidad de ese patriota proscrito le arrancó de los labios varias confesiones dignas de notar: (1) "He pecado" al hacer planes secretos para la muerte de un prójimo. (2) "He hecho neciamente" al repetir mi intento de matar al que bondadosamente me preservó la vida. (3)"He errado en gran manera" al rendirme a la compasión propia y a las más bajas pasiones. Invitó a David para que volviera a Gabaa y le prometió su protección. Aunque la invitación a volver era un gesto bondadoso, el regreso de David habría provocado una situación dificilísima, pues Saúl había dado la esposa de aquél a otro (cap. 25: 44).

22.

David respondió.

El relato no registra una respuesta directa como si David hubiera recibido la invitación de Saúl. Quizá en el tono de Saúl, más que en sus palabras, había un aire de arrogante condescendencia que David captó prestamente, y que lo convenció de que el que aparentemente era tan humilde, todavía era orgulloso y obstinado. David no tenía seguridad alguna de que continuaría esa disposición de Saúl.

24.

Estimada.

Literalmente, "magnificada", es decir, de gran valor. Dos veces David afirmó su integridad al preservar la vida de Saúl, pero en vez de confiarse en las manos del rey, pidió en oración la protección de Dios para él en todas sus tribulaciones.

25.

Se fue por su camino.

No pudiendo confiar en un cambio permanente del proceder de Saúl, David prefirió seguir como fugitivo.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

domingo, febrero 19

COMENTARIO DEL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 25

I Samuel (Espanhol)



CAPÍTULO 25

1 Muerte de Samuel. 2 David envía a pedir alimentos a Nabal. 10 Ante la negativa de Nabal, se propone destruirlo. 14 Abigail se da cuenta de lo que va a ocurrir, 18 toma un presente, 23 y gracias a su sabiduría 32 pacifica a David. 36 Muerte de Nabal. 39 David toma como sus mujeres a Abigail y a Ahinoam. 44 Mical es dada a Palti.

1 MURIÓ Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá. Y se levantó David y se fue al desierto de Parán.

2 Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel, el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en Carmel.

3 Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, 572 pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb.

4 Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.

5 Entonces envió David diez jóvenes y les dijo: Subid a Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre,

6 y decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes.

7 He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó nada en todo el tiempo que han estado en Carmel.

8 Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David.

9 Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.

10 Y Nabal respondió a los jóvenes enviados por David, y dijo: ¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores.

11 ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiadores, y darla a hombres que no sé de dónde son?

12 Y los jóvenes que había enviado David se volvieron por su camino, y vinieron y dijeron a David todas estas palabras.

13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y se ciñó cada uno su espada, y también David se ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.

14 Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de Nabal, diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido.

15 Y aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que estuvimos con ellos, apacentando los ganados.

16 Muro fueron para nosotros de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.

17 Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle.

18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y lo cargó todo en asnos.

19 Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré luego; y nada declaró a su marido Nabal.

20 Y montando un asno, descendió por una parte secreta del monte; y he aquí David y sus hombres venían frente a ella, y ella les salió al encuentro.

21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.

22 Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, que de aquí a mañana, de todo lo que fuere suyo no he de dejar con vida ni un varón.

23 Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra;

24 y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva.

25 No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste.

26 Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor.

27 Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor.

28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días.

29 Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda. 573

30 Y acontecerá que cuando Jehova haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre Israel,

31 entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.

32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases.

33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano.

34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un varón.

35 Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto.

36 Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual ella no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente.

37 Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra.

38 Y diez días después, Jehová hirió a Nabal, y murió.

39 Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo: Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza.

Después envió David a hablar con Abigail, para tomarla por su mujer.

40 Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su mujer.

41 Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor.

42 Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer.

43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus mujeres.

44 Porque Saúl había dado a su hija Mical mujer de David a Palti hijo de Lais, que era de Galim.

1.

Murió Samuel.

En cuanto a la relación entre las edades de Samuel, Saúl y David, véase la pág. 135.

Fue notable la contribución que hizo Samuel cuando organizó escuelas para la juventud, de modo que Israel pudiera prepararse guiado por los grandes principios de la salvación. El plan original de Dios fue que los levitas estuvieran esparcidos por todo el país, enseñando al pueblo acerca de Dios.

Pero puesto que en la mayoría de los casos no tenían empleos, los miembros de esta tribu se vieron obligados a ganarse la vida en otras formas de trabajo, lo que dio como resultado que el pueblo pronto fuera poco mejor que los paganos que lo rodeaban. En vista de esto, se instituyeron las escuelas de los profetas.

En su casa.

La palabra "casa" no necesita entenderse como que se refiriera a la residencia de Samuel, sino que aquí probablemente se usa para una cámara mortuoria. Si Samuel hubiese sido literalmente sepultado "en su casa", habría habido una contaminación perpetua (Núm. 19: 11-22). El lugar que la tradición señala como la sepultura de Samuel es una cueva sobre la cual se ha construido una mezquita musulmana en Neb§ SamwTl, pueblo que está a unos 8 km al noroeste de Jerusalén, pero cuya identificación es dudosa.

El desierto de Parán.

Desierto que se extiende de la Judea meridional en dirección sur hacia el Sinaí (ver Núm. 10: 12). En un caso Parán es el equivalente de Seir (Deut. 33: 2), y Seir era el hogar de Esaú en el Neguev, debajo de Hebrón (ver Gén. 32: 3; etc.). Se cree que el desierto de Parán incluye el desierto de Zin, entre Cades-barnea y el gran Arabá o planicie entre el mar Muerto y el golfo de Akaba. Puesto que las tribus que habitaban esa región se dedicaban a la rapiña, David debe haber sido recibido muy fríamente cuando huyó a Parán, y sin duda 574 reconoció su error. Esa recepción, unida a la enemistad de Saúl, debe haberse acentuado después de la muerte de Samuel, lo que hizo que David sintiera la necesidad de una ayuda definida de lo alto. Debido a su gran ansiedad, compuso los Salmos 120 y 121 (ver PP 720).

2.

Carmel.

Pueblo a unos 2 km al norte de Maón, en la cima de las montañas. Toda el agua al oriente de este lugar corre hacia el mar Muerto; toda el agua del oeste fluye hacia el Mediterráneo. El desierto de Maón, un distrito poco poblado, lleno de wadis secos, está al este y al sur de Carmel. Durante su permanencia en los desiertos de Zif y Maón (cap. 23: 24-26), antes de trasladarse a Engadi (cap. 23: 29), David y sus hombres se habían familiarizado con los pastores de Nabal y habían dejado una impresión sumamente favorable. Viviendo cerca del desierto, Nabal estaba expuesto constantemente a las bandas de merodeadores.

El pueblo ahora se llama Kermel.

3.

Nabal.

Literalmente, "tonto", "insensato". El significado probable del nombre de su esposa -Abigail- es "mi padre es gozo" o "padre de regocijo".

8.

Tu hijo David.

David se da este nombre por respeto a alguien que era mayor que él. Los viajeros que hoy día recorren este distrito advierten que los hábitos y las costumbres de ahora son casi iguales a los del tiempo de David.

Aunque para Saúl era un proscrito, David había sido el protector de su pueblo de las incursiones hostiles procedentes del desierto. Sin recibir ninguna remuneración, había protegido los rebaños de Nabal. Lo natural era que los dueños de ovejas estuvieran contentos de recompensar a los que los ayudaban para que no hubiera pérdidas. Al pedir provisiones, David estaba en su derecho y procedía en armonía con las costumbres de su tiempo.

10.

¿Quién es David?

Difícilmente se habrían hecho tales observaciones insultantes si David hubiera morado todavía en Maón. La referencia a los siervos que huían de sus señores puede haber aludido al rompimiento de las relaciones de David con Saúl o a esos jóvenes a quienes Nabal despidió secamente con la insinuación de que no podía decir si eran hombres de David o no (ver vers. 11).

13.

También David.

David cometió un serio desatino en su decisión apresurada de procurar vengarse personalmente. Todavía tenía que aprender la lección de la paciencia.

Adquirió más tarde ese valioso rasgo de carácter. Obsérvese el contraste entre la forma en que procedió aquí y posteriormente, cuando Absalón trató de usurpatar el reino. Cuando David huía de Jerusalén, Simei, de la casa de Saúl, le arrojó piedras y lo maldijo. En el momento cuando uno de sus hombres quiso matar al ofensor, David dijo: "Dejadle que maldiga . . . Quizá . . . me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy" (2 Sam. 16: 11, 12).

14.

Dio aviso a Abigail.

No sabemos qué combinación de circunstancias determinó que una mujer de ese carácter se uniera con un hombre tan arrebatado e imprudente como Nabal, pero con frecuencia dos personas de naturaleza diametralmente opuesta se unen en la relación más íntima que puede haber: la del matrimonio. Quizá ésta no fue la primera vez cuando se recurrió a Abigail para que actuara como pacificadora entre su esposo y los que estaban relacionados con él. No se daba cuenta Abigail que en la ayuda que diariamente estaba dando a Nabal iba desarrollando una claridad de percepción espiritual, y que su intuición femenina se fortalecía para que un día pudiera impedir que David cometiera un serio error (vers. 18-28).

17.

Tan perverso.

Heb. "hijo de Belial". Literalmente, "hijo de inutilidad", o "hijo de impiedad". Belial no aparece como un nombre propio en ese tiempo, aunque más tarde llegó a considerarse como tal (ver 2 Cor. 6: 15).

18.

Cinco medidas.

Literalmente, "cinco seahs" (ver 2 Rey. 7: 1, 16, 18). Un seah equivale a 7,33 lt., y los 5 seahs totalizarían unos 36, 65 lt.

Racimos.

Probablemente "bultos". La costumbre antigua era comprimir pasas de uva para formar pastelillos.

24.

Señor mío, sobre mí sea.

Un acto de bondad, y que probablemente le llegó a ser habitual. Sin duda con frecuencia -sin que lo supiera Nabal- ella había transformado la necedad de Nabal en una nueva oportunidad para su vida, con la esperanza de que él pudiera ver la belleza de un concepto enteramente diferente de la existencia. Esta noble mujer se presentó como la que había cometido la necedad y, por lo tanto, quien debía recibir el castigo. 575

25.

Conforme a su nombre.

Ver com. del vers. 3.

No vi a los jóvenes.

Nabal, como cabeza del hogar y representante de la familia en todas las transacciones comerciales, no había pensado en su esposa. Si le hubiera dispensado su confianza, se habrían podido evitar innumerables dificultades; pero ahora ella era quien debía tratar de reparar el quebranto y aceptar toda la culpa por los incidentes desfavorables.

26.

Te ha impedido.

Abigail no se atribuyó a sí misma, sino a Jehová, el que hubiera disuadido a David de sus propósitos precipitados. Estas palabras sólo podían provenir de una persona profundamente religiosa.

27.

Presente.

"Bendición" (RVA). Abigail dio este nombre a su regalo. Con eso quería decir que no pretendía, mérito alguno para sí, sino que atribuía a Dios la dádiva, pues él proporcionaba esas mercedes en respuesta a las peticiones de David.

28.

Perdones . . . esta ofensa.

Ver vers. 24. Abigail fundaba su pedido en dos consideraciones importantes: (1) David estaba empeñado en las batallas de Jehová. Esta alusión era un reproche tácito, porque David no estaba ocupado entonces en algo de Jehová, sino en una misión que había elegido enteramente por su cuenta. Cuando luchó contra los filisteos en Keila, David había constiltado la voluntad de Dios (cap. 23: 2). En este caso no efectuó tal consulta. David no contaba con la aprobación del cielo en su nueva empresa.

(2) David incurriría en una falta de la cual hasta entonces su vida había estado bastante libre. La expresión "mal no se ha hallado en ti", es una observación desde un punto de vista humano. David había cometido faltas graves (ver cap. 21:1, 2, 12, 13). Pero es claro que Abigail evaluaba el carácter de David desde el punto de vista de su idoneidad para su futuro cargo como rey de Israel. Sus defecciones hasta ese momento todavía no lo habían descalificado para ocupar esa alta investidura. Pero si hubiese llevado a cabo sus propósitos contra Nabal, el incidente habría levantado serias preguntas en el pueblo en cuanto a la idoneidad de David para ser su futuro rey. Si continuaba su política de exterminar a los ciudadanos de su reino que se atrevieran a oponerse a su voluntad, su administración podría ser muy indeseable.

29.

Alguien.

"Un hombre" (BJ). El hebreo parece referirse a"un hombre" en general. Es obvio que Abigail pensaba en Saúl, pero su lenguaje era diplomático.

El haz de los que viven.

La figura está tomada de la costumbre de poner cosas valiosas en atados, o haces, para que el propietario pueda llevarlas consigo. Estas palabras se usan hoy día en las lápidas judías. Según afirman los eruditos judíos, se refieren a la vida futura.

31.

Pena.

Heb. puqah, literalmente "tropezadura". La palabra se usa en sentido figurado para remordimientos de conciencia. Abigail rogó a David que se comportara de tal manera, que cuando llegara a ser rey agradeciera a Dios por enviarle un poder fortalecedor en sus momentos de desesperación y compasión propia por las ingratitudes que se acumularan sobre él. Después de todo, ella había estado obligada a soportar a ese altanero, gruñón y celoso avaro mucho más tiempo que David.

33.

Bendito sea tu razonamiento.

Se necesita humildad para recibir con amabilidad los reproches. David no se esforzó por justificar sus acciones. Rebosaba de gratitud por la acción de aquella mujer que con su sabiduría lo había salvado de cometer un acto imprudente y criminal.

35.

He oído.

Debe alabarse la pronta aceptación del reproche. David se había acostumbrado a ser testigo de las obras misteriosas de la Providencia, y vio la mano divina en estos acontecimientos, Agradeció a Dios por haber comenzado el curso de los sucesos que culminaron con su encuentro con Abigail, precisamente en el lugar y momento debidos y para el estímtilo de un alma tan piadosa como Abigail.

37.

Desmayó su corazón.

Es decir, se sumió en un estado de insensibilidad. Se quedó como una piedra.

Se paralizó.

38.

Jehová hirió a Nabal.

Con frecuencia las Escrituras presentan a Dios como que hiciera lo que no evita. Nabal había tenido su oportunidad. La piedad de su esposa no había tenido una influencia eficaz sobre él. Renunció a su derecho a continuar recibiendo la misericordiosa protección de Dios en su vida.

42.

Fue su mujer.

David ya estaba casado (cap.18: 27). La poligamia era usual en ese tiempo, y los contemporáneos de David no podían haber censurado su acción. Dios toleró 576 la costumbre en ese período como lo había hecho antes (ver com. Deut. 14: 26), pasando por alto los tiempos de ignorancia (ver Hech. 17: 30). Sin embargo, la poligamia dejó en su trayecto mucho dolor y mucha desgracia que se habría ahorrado la gente si hubiese estado dispuesta a aceptar el modelo original que Dios había dado en el Edén (Gén. 2: 24; cf. Mat. 19: 5).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 25

1ra. de Samuel

Capítulo 25

25:1 Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá. Y se levantó David y se fue al desierto de Parán.
25:2 Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel, el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en Carmel.
25:3 Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb.
25:4 Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
25:5 Entonces envió David diez jóvenes y les dijo: Subid a Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre,
25:6 y decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes.
25:7 He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó nada en todo el tiempo que han estado en Carmel.
25:8 Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David.
25:9 Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
25:10 Y Nabal respondió a los jóvenes enviados por David, y dijo: ¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores.
25:11 ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son?
25:12 Y los jóvenes que había enviado David se volvieron por su camino, y vinieron y dijeron a David todas estas palabras.
25:13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y se ciñó cada uno su espada y también David se ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.
25:14 Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de Nabal, diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido.
25:15 Y aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo.
25:16 Muro fueron para nosotros de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.
25:17 Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle.
25:18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y lo cargó todo en asnos.
25:19 Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré luego; y nada declaró a su marido Nabal.
25:20 Y montando un asno, descendió por una parte secreta del monte; y he aquí David y sus hombres venían frente a ella, y ella les salió al encuentro.
25:21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.
25:22 Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, que de aquí a mañana, de todo lo que fuere suyo no he de dejar con vida ni un varón.
25:23 Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra;
25:24 y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva.
25:25 No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste.
25:26 Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor.
25:27 Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor.
25:28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días.
25:29 Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda.
25:30 Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre Israel,
25:31 entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
25:32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases.
25:33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano.
25:34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un varón.
25:35 Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto.
25:36 Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual ella no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente.
25:37 Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra.
25:38 Y diez días después, Jehová hirió a Nabal, y murió.
25:39 Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo: Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David a hablar con Abigail, para tomarla por su mujer.
25:40 Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su mujer.
25:41 Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor.
25:42 Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer.
25:43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus mujeres.
25:44 Porque Saúl había dado a su hija Mical mujer de David a Palti hijo de Lais, que era de Galim.

EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 25

1ra. de Samuel

Capítulo 25

25:1 Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá. Y se levantó David y se fue al desierto de Parán.
25:2 Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel, el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en Carmel.
25:3 Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb.
25:4 Y oyó David en el desierto que Nabal esquilaba sus ovejas.
25:5 Entonces envió David diez jóvenes y les dijo: Subid a Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre,
25:6 y decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes.
25:7 He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó nada en todo el tiempo que han estado en Carmel.
25:8 Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David.
25:9 Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
25:10 Y Nabal respondió a los jóvenes enviados por David, y dijo: ¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores.
25:11 ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son?
25:12 Y los jóvenes que había enviado David se volvieron por su camino, y vinieron y dijeron a David todas estas palabras.
25:13 Entonces David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y se ciñó cada uno su espada y también David se ciñó su espada; y subieron tras David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con el bagaje.
25:14 Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de Nabal, diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto que saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido.
25:15 Y aquellos hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca nos trataron mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que anduvimos con ellos, cuando estábamos en el campo.
25:16 Muro fueron para nosotros de día y de noche, todos los días que hemos estado con ellos apacentando las ovejas.
25:17 Ahora, pues, reflexiona y ve lo que has de hacer, porque el mal está ya resuelto contra nuestro amo y contra toda su casa; pues él es un hombre tan perverso, que no hay quien pueda hablarle.
25:18 Entonces Abigail tomó luego doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y lo cargó todo en asnos.
25:19 Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os seguiré luego; y nada declaró a su marido Nabal.
25:20 Y montando un asno, descendió por una parte secreta del monte; y he aquí David y sus hombres venían frente a ella, y ella les salió al encuentro.
25:21 Y David había dicho: Ciertamente en vano he guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por bien.
25:22 Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, que de aquí a mañana, de todo lo que fuere suyo no he de dejar con vida ni un varón.
25:23 Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra;
25:24 y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva.
25:25 No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste.
25:26 Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor.
25:27 Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor.
25:28 Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días.
25:29 Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda.
25:30 Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre Israel,
25:31 entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
25:32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases.
25:33 Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano.
25:34 Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un varón.
25:35 Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto.
25:36 Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual ella no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente.
25:37 Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra.
25:38 Y diez días después, Jehová hirió a Nabal, y murió.
25:39 Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo: Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David a hablar con Abigail, para tomarla por su mujer.
25:40 Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su mujer.
25:41 Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor.
25:42 Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer.
25:43 También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus mujeres.
25:44 Porque Saúl había dado a su hija Mical mujer de David a Palti hijo de Lais, que era de Galim.

viernes, febrero 17

EL 1 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 24 Y SU COMENTARIO

I Samuel (Espanhol)



CAPÍTULO 24

1 David perdona la vida a Saúl en una cueva de En-gadi y le corta el extremo de su manto. 8 Con eso confirma su inocencia. 16 Saúl reconoce su error, hace un juramento a David y se va.

1 CUANDO Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi.

2 Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.

3 Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.

4 Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciera. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

5 Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.

6 Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.

7 Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.

8 También David se levantó después, y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia.

9 Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal?

10 He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová.

11 Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela.

12 Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti.

13 Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti.

14 ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?

15 Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.

16 Y aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró,

17 y dijo a David: Másjusto eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndose yo pagado con mal.

18 Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano.

19 Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo.

20 Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable,

21 júrame, pues, ahora por jehová, que no destruirás mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre.

22 Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y David y sus hombres subieron al lugar fuerte.

1.

Desierto de En-gadi.

Este capítulo debiera haber comenzado con el vers. 29 del capítulo precedente, tal como está en el texto hebreo usual. En-gadi es un bello oasis a orillas 569 del mar Muerto, en la desembocadura del Wadi el-Kelb, un cañón empinado y tortuoso que comienza a 12,8 km en el desierto de piedra caliza de En-gadi, a una altura de 368 m sobre el nivel del mar. En ese corto trayecto el lecho del wadi desciende 762 m hasta que llega al mar Muerto, a 398 m bajo el nivel del mar. Los escarpados riscos del desierto, de 610 m de altura, llegan hasta 2,4 km del mar, de modo que forman un formidable farallón al oeste del pueblo.

Arriba en el wadi, a varios centenares de metros por encima de la base del risco, la bella vertiente de aguas termales de Eng-adi fluye de debajo de un gran peñasco, a una temperatura que se dice que llega a 28" C. En las laderas del wadi hay muchas cuevas, tanto naturales como artificiales. En la actualidad se conoce este lugar como Engedi.

2.

Los peñascos de las cabras monteses.

Algunas partes del desierto, al oeste del oasis, han sufrido de tal manera el efecto de la erosión que son casi intransitables. Pero hay un camino de Carmel, en Judá, que cruza los desiertos de Maón y En-gadi y desciende a este oasis por el Wadi el-Kelb. Quizá Saúl tomó esta ruta en su obstinada persecución de David.

3.

Redil de ovejas.

Por toda Palestina los pastores usan las cuevas naturales para proteger en ellas sus ovejas de las inclemencias del tiempo. Por lo general, cerca de estas cuevas hay unos vallados circulares construidos de piedras y zarzas, llamados "corrales", los que durante el buen tiempo protegen las ovejas tanto de los hombres como de las bestias.

Cubrir sus pies.

"Para hacer sus necesidades" (BJ). Viniendo del exterior, Saúl no podía ver nada, pero los que estaban en la cueva podían ver con claridad pues tenían los ojos acostumbrados a la oscuridad.

4.

La orilla del manto de Saúl.

Literalinente, "el ala de la ropa exterior de Saúl". Probablemente ese ¡llanto era la túnica exterior, sin mangas, amplia y que llegaba hasta los tobillos, que usaban las mujeres v tatnbiéii los hombres de alta alcurnia, tales como los reyes y sacerdotes. Sin duda los hombires de David reconocieron al rey por su vestido y por su apariencia personal. Aunque no se registra que hubiera una proidesa divina de que el enemigo de David le sería entregado, ciertamente lo que dijeron los hombres puede haber sido verdad. Quizás a David se le presentó la oportunidad para demostrar las características que había fomentado. Si en esa ocasión hubiese matádo a Saúl, habría demostrado que por lo menos en un sentido no era mejor que Saúl, el cual -si se hubieran invertido las circunstancias- se habría gozado en matar a David.

Satanás puso en duda la bondad de job, pretendiendo que éste habría maldecido a Dios si hubieran desaparecido ciertas bendiciones y se hubiera visto dentro de ciertas restricciones. Respondiendo a esa acusación, Dios permitió que Satanás afligiera a Job para demostrar la falsedad de su afirmación, así como también la rectitud de su siervo. David soportó la prueba al igual que Job; tenía tal comunión con Dios que cuando tuvo a su enemigo a su disposición, no sólo rehusó hacerle daño él mismo, sino que reprimió a sus hombres para que no cometieran ningún acto hostil en su nombre.

5.

El corazón de David.

Es decir, lo acusó su conciencia. Los antiguos usaban la palabra "corazón" para describir la sede del intelecto (Prov. 15: 28; 16: 9,23; 23: 7, 12; Mat. 12: 34; Luc. 6: 45). La palabra "conciencia" sólo aparece una vez en el AT (Sal. 16: 7 en la RVR; en hebreo literalmente dice "mis riñones"). Este vocablo aparece 30 veces en el NT (en la RVR). Los seres humanos suelen decir que les gobierna la conciencia cuando, en realidad, con frecuencia les rigen los sentimientos. La conciencia es una guía segura sólo cuando está iluminada por la luz de lo alto. Saúl tenía la conciencia oscurecida, aun cauterizada con el hierro candente de los celos y la envidia (ver 1 Tim. 4: 2). David la tenía educada por Dios y, a semejanza de Pablo, en gran medida estaba libre de ofensa (Hech. 24: 16). Habiendo recibido la unción divina del discernimiento espiritual, había demostrado ser un verdadero dirigente. No había dependido de las costumbres y tradiciones de sus días, sino que poseía un conocimiento de lo que era correcto divina e intrínsecamente.

7.

Reprimió David a sus hombres.

Quizá, al igual que los discípulos de Cristo, los hombres de David esperaban los puestos de honor que ocuparían cuando se estableciera su reino. Habían llegado al punto de no estar satisfechos con la escasa comida y los días y las noches de vigilante alerta, y por tener que huir. En ese momento, cuando Saúl estaba en su poder, todos alborozados pensaron que 570 habían triunfado y estaban impacientes por concluir sus largos desvelos. David los reprendió disculpándose aun por la pequeña libertad que se había tomado al echar a perder la vestimenta del rey. Tal vez les enseñó -como después le dijo al rey- que la única forma de lograr el verdadero éxito consiste en esperar la hora de Dios.

Abrahán esperó la sugestión de Dios, y pudo libertar a Lot, hombre que se precipitó por su camino siguiendo los dictados de su propia sabiduría. Moisés rehusó los honores de Egipto. Sin embargo, después de años de prueba se convirtió en el profeta del Altísimo. El hombre que entra en el taller de la vida para convertirse en aprendiz de Cristo, ¿de qué otra forma puede realizar las obras de Dios?

8.

Inclinó su rostro.

Su agudo discernimiento espiritual y profundo amor por la justicia impidieron que David odiara a Saúl, lo censurara ante otros y lo atacara en la primera oportunidad. David no necesitaba sentir la así llamada santa indignación por el trato que había recibido. En lo que atañía a la forma en que Saúl procedía con él, podía dejar eso con Dios. Tenía en el alma la tranquila confianza de que Dios estaba con él y hasta se compadecía del rey. Nadie habría estado más contento que David si Saúl hubiese sacrificado su egoísmo y se hubiese humillado ante Dios. Con toda la sinceridad de su alma, quizá David anhelaba que Saúl experimentara el mismo compañerismo con Dios que él tenía. Por lo tanto, su obediencia no era un formalismo. Se inclinó con el corazón lleno de reverencia ante la jerarquía del rey y mostró solicitud por el hombre que estaba en ese cargo.

Cristo había aceptado a Judas como a uno de los doce. Lo había enviado en misiones de misericordia e intercesión. Lo había visto cambiar gradualmente hasta convertirse en el oponente crítico, porfiado y egotista, de todo su programa. Sin embargo, Cristo lo amaba y hubiera estado contento de convertirlo en uno de los dirigentes de su iglesia (ver DTG 260, 261, 664).

Finalmente se inclinó ante Judas con todo el anhelo de su alma, y al lavarle los pies, sin palabras lo exhortó a que se entregara a Aquel que no vino para ser servido sino para servir. Pablo se, irguió delante de Agripa para defender su nueva forma de vida. También había tenido muchas evidencias del cuidado providencial del cual personalmente podía aferrarse. Los gobernantes habían cometido muchas injusticias con él. No debía pensar en ellas. Tenía el corazón lleno de ansiedad por el rey, quien exclamó al fin: "Por poco me persuades a ser cristiano" (Hech. 26: 28).

9.

Las palabras de los que dicen.

Nótese cuán bondadosa y delicadamente David se dirigió al rey. En vez de culpar a Saúl por todos sus hechos, David aludió a la influencia de las lenguas falsas que rezumaban la maldad del interés propio e instigaban al rey usándolo para su propio beneficio. Por el pasaje del cap. 22: 7 se puede inferir que Saúl estaba influido por lenguas tales. Al igual que Saúl, más de un dirigente está rodeado de personas que lo siguen por los panes y los peces. La seguridad de la posición de ellos depende de la forma en que puedan adular al caudillo.

Si hubiera un cambio de administración, quedarían sin apoyo. Los secuaces de Saúl habían puesto de lado la abrumadora evidencia del cuidado que Dios prodigaba a David. No prestaban atención a la estimación de Jonatán por "el hijo de Isaí". Aunque muchos estaban convencidos de los errores de Saúl, por razones personales lo apoyaban y echaban sombras sobre el nombre de David (ver Sal. 55: 3; 56: 5, 6; 57: 4; etc.). El hecho de que David fuera de otra tribu puede haber tenido algo que ver con los malos informes que se divulgaban, los que carecían completamente de fundamento.

10.

Te matase.

Los lectores superficiales de las Escrituras piensan que hay un marcado contraste entre la filosofía del ojo por ojo de ciertos pasajes del AT y la filosofia del amor presentada en los escritos del NT. Pero aquí, siglos antes de los tiempos del NT, las acciones de David ilustran el mismo espíritu enseñado por Cristo en sus bienaventuranzas (Mat. 5: 11). Los hombres de David estaban dispuestos a amar a sus amigos, pero albergaban odio hacia sus enemigos. En medio de todo eso, David reveló respeto por su peor enemigo (ver Mat. 5: 43-48).

11.

Mira la orilla.

Tal vez Saúl había prestado poca atención a las palabras de David en cuanto a levantar la mano contra el ungido de Jehová, pero cuando vio el borde de su manto ante sus ojos y comprendió cuán cerca había estado de la muerte, tembló por la evidencia material de la inocencia de David. Era el 571 triunfo de la fuerza espiritual sobre las hazañas físicas.

12.

Juzgue Jehová.

El rey sólo podía hablar en términos de hazañas físicas, y cuando David refirió todo el asunto a Aquel que había ungido a Saúl, el rey sabía que tenía que confesar que era culpable. La respuesta de Saúl fue voluntaria, como lo fue la de Judas cuando devolvió el soborno que tanto había codiciado (Mat. 27: 3-5).

Así será en el día del juicio. Cuando la inocencia y el sacrificio eterno de Cristo sean puestos en evidencia delante de las huestes congregadas de todos los siglos, se doblará cada rodilla y cada lengua aclamará la perfección del carácter de Cristo (Fil. 2: 10, 11).

13.

Proverbio de los antiguos.

David no añadió lo contrario: "El bien sale de los justos", pero Saúl pudo sacar sus propias conclusiones y probablemente lo hizo. Si David hubiera estado tramando para perjudicar a Saúl, no habría perdido la oportunidad que se le había presentado pocos momentos antes. Es natural que los actos del hombre reflejen sus sentimientos, de modo que de un corazón realmente impío salen malos hechos. Al presentar esto como una prueba adicional de su inocencia, David instaba al rey a comprender que cada individuo es responsable ante Dios por sus actos. Le aseguraba que sin tomar en cuenta la profundidad hasta la que había caído, Dios podía y, aún más, quería transformar su mala naturaleza.

Todo lo que se necesitaba era la elección de Saúl y su cooperación.

14.

¿A una pulga?

La declaración hace resaltar la humildad de David. Compárese con el proceder de la mujer de Tiro cuando pidió la ayuda de Cristo para su hija (Mar. 7: 24-30).

17.

Más justo eres tú que yo.

Compárese la forma en que David respetaba a Saúl -como suegro y como rey- y su reverencia por el rey como ungido del Señor, con el arrebatado egoísmo de Saúl al tratar de matar a David por medio de Mical, su celo envidioso que lo convirtió en un demonio y su sed insaciable de la sangre del hombre que le había perdonado la vida. De los labios de Saúl brotó a regañadientes la confesión de la verdad cuando el calor de la magnanimidad de David derritió su gélido odio.

19.

Jehová te pague con bien.

¡Qué notable cambio en el tono empleado en la crítica que Saúl dirigió a sus hermanos de tribu porque no podía conseguir informes de ellos en cuanto al paradero de David! (cap. 22: 8). Entonces el rey fue áspero y exigente, pero ahora su voz fue evidentemente tierna. Se emocionó tanto que lloró. Apenas podía creer que se había salvado por un margen tan estrecho. ¡Una vez fue jactancioso; ahora, humilde! Así estarán los impíos ante el tribunal del Altísimo (ver CS 726, 727).

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE