jueves, mayo 10
COMENTARIO DEL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 5
Versículos 1—5. David reina sobre todo Israel. 6—10. Toma la fortaleza de Sion. 11—16. El reino
de David se establece. 17—25. El derrota a los filisteos.
Vv. 1—5. David fue ungido rey por tercera vez. Su progreso fue gradual para probar su fe y para
que ganara experiencia. De esta manera, su reinado tipifica el del Mesías que iba a alcanzar su
altura gradualmente. Así Jesús llegó a ser nuestro hermano, tomó nuestra naturaleza, habitó en ella
para llegar a ser nuestro Príncipe y Salvador: el pecador humillado recibe aliento de la relación de
amor, pide su salvación, se somete a su autoridad y anhela su protección.
Vv. 6—10. Los enemigos del pueblo de Dios suelen estar muy confiados de su propia fuerza, y
completamente seguros cuando se acerca el día de su caída. Pero el orgullo y la insolencia de los
jebuseos animó a David, y el Señor Dios de los ejércitos estuvo con él. De la misma manera, en el
día del poder de Dios, la plaza fuerte de Satanás, el corazón humano, es cambiado en morada de
Dios por el Espíritu, y en un trono sobre el cual reina el Hijo de David, y lleva todo pensamiento
cautivo a su obediencia. ¡Que él venga de esa manera, y recobre y limpie nuestros corazones; y que,
destruyendo todo ídolo, reine ahí por siempre!
Vv. 11—16. La casa de David no era la peor ni la menos apta para ser dedicada a Dios, por
haber sido edificada por extranjeros. Se profetiza de la iglesia del evangelio que, “Extranjeros
edificarán tus muros, y sus reyes te servirán”, Isaías lx, 10. El gobierno de David estaba arraigado y
edificado. David fue instalado rey; así es el Hijo de David, y todos los que por Él, son hechos reyes
y sacerdotes para nuestro Dios. —Nunca había parecido tan grande la nación de Israel como ahora
empezaba a ser. Muchos tienen el favor y el amor de Dios, pero no lo notan, y quieren su consuelo;
porque la felicidad está en ser exaltado a eso y percibirlo. David reconoce que Dios había hecho
grandes cosas por él por amor de su pueblo, para que él fuera una bendición para ellos, y que ellos
fueran felices bajo su reinado.
Vv. 17—25. Los filisteos no consideraron que David tenía consigo la presencia de Dios, cosa
que Saúl había rechazado y perdido. El reino del Mesías fue atacado por las potestades de las
tinieblas en cuanto fue instalado en el mundo. Los paganos se enfurecieron, y los reyes de la tierra
se opusieron, pero todo fue en vano, Salmo ii, 1 y siguientes. La destrucción se volverá sobre el
propio reino de Satanás, como pasó aquí. David confiesa que depende de Dios para la victoria y se
encomienda al beneplácito de Dios, ¿lo harás? La seguridad que Dios nos ha dado de la victoria
sobre nuestros enemigos espirituales debiera darnos valor en nuestros conflictos espirituales. —
David esperó hasta que Dios se movió; entonces se movió él, pero no antes. Estaba preparado para
depender de Dios y su providencia. Dios cumplió su promesa y David no dejó de aprovechar sus
ventajas. Cuando el reino del Mesías iba a ser establecido, los apóstoles, que iban a derrotar al
reinado del diablo, no debían intentar cosa alguna hasta que recibieran la promesa del Espíritu, que
vino desde el cielo con un ruido como de un viento recio que soplaba, Hechos ii, 2.
para llegar a ser nuestro Príncipe y Salvador: el pecador humillado recibe aliento de la relación de
amor, pide su salvación, se somete a su autoridad y anhela su protección.
Vv. 6—10. Los enemigos del pueblo de Dios suelen estar muy confiados de su propia fuerza, y
completamente seguros cuando se acerca el día de su caída. Pero el orgullo y la insolencia de los
jebuseos animó a David, y el Señor Dios de los ejércitos estuvo con él. De la misma manera, en el
día del poder de Dios, la plaza fuerte de Satanás, el corazón humano, es cambiado en morada de
Dios por el Espíritu, y en un trono sobre el cual reina el Hijo de David, y lleva todo pensamiento
cautivo a su obediencia. ¡Que él venga de esa manera, y recobre y limpie nuestros corazones; y que,
destruyendo todo ídolo, reine ahí por siempre!
Vv. 11—16. La casa de David no era la peor ni la menos apta para ser dedicada a Dios, por
haber sido edificada por extranjeros. Se profetiza de la iglesia del evangelio que, “Extranjeros
edificarán tus muros, y sus reyes te servirán”, Isaías lx, 10. El gobierno de David estaba arraigado y
edificado. David fue instalado rey; así es el Hijo de David, y todos los que por Él, son hechos reyes
y sacerdotes para nuestro Dios. —Nunca había parecido tan grande la nación de Israel como ahora
empezaba a ser. Muchos tienen el favor y el amor de Dios, pero no lo notan, y quieren su consuelo;
porque la felicidad está en ser exaltado a eso y percibirlo. David reconoce que Dios había hecho
grandes cosas por él por amor de su pueblo, para que él fuera una bendición para ellos, y que ellos
fueran felices bajo su reinado.
Vv. 17—25. Los filisteos no consideraron que David tenía consigo la presencia de Dios, cosa
que Saúl había rechazado y perdido. El reino del Mesías fue atacado por las potestades de las
tinieblas en cuanto fue instalado en el mundo. Los paganos se enfurecieron, y los reyes de la tierra
se opusieron, pero todo fue en vano, Salmo ii, 1 y siguientes. La destrucción se volverá sobre el
propio reino de Satanás, como pasó aquí. David confiesa que depende de Dios para la victoria y se
encomienda al beneplácito de Dios, ¿lo harás? La seguridad que Dios nos ha dado de la victoria
sobre nuestros enemigos espirituales debiera darnos valor en nuestros conflictos espirituales. —
David esperó hasta que Dios se movió; entonces se movió él, pero no antes. Estaba preparado para
depender de Dios y su providencia. Dios cumplió su promesa y David no dejó de aprovechar sus
ventajas. Cuando el reino del Mesías iba a ser establecido, los apóstoles, que iban a derrotar al
reinado del diablo, no debían intentar cosa alguna hasta que recibieran la promesa del Espíritu, que
vino desde el cielo con un ruido como de un viento recio que soplaba, Hechos ii, 2.
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