jueves, agosto 9

COMENTARIO DE 2 DE SAMUEL CAPITULO 19


CAPÍTULO XIX
Versículos 1—8. Joab hace que David cese su duelo. 9—15. David regresa al Jordán. 16—23.
Perdona a Simei. 24—30. Excusa a Mefiboset. 31—39. David se separa de Barzilai. 40—43.Vv. 1—8. Fue imprudente e indigno seguir lamentándose por un hijo tan malo como Absalón. Joab
reprende a David, pero sin el respeto y la deferencia adecuados para con su soberano. Un caso claro
puede discutirse con justicia con los que están por encima de nosotros, y se les puede reprender por
lo malo que hacen, pero esto debe hacerse sin rudeza ni insolencia. Sin embargo, David tomó
prudente y mansamente la reprensión y el consejo. Ceder en forma oportuna suele evitar los malos
efectos de las medidas erróneas.
Vv. 9—15. La providencia de Dios, por la persuasión de los sacerdotes y el interés de Amasa,
llevó al pueblo a resolver el regreso del rey. David no se movió hasta recibir esta invitación.
Nuestro Señor Jesús reinará en quienes le invitan al trono de sus corazones, pero no hasta ser
invitado. Él inclina primero el corazón para que se ofrezca voluntario en el día de su poder, luego
domina en medio de sus enemigos, Salmo cx, 2, 3.
Vv. 16—23. Los que ahora toman livianamente y abusan del Hijo de David se alegrarán de
hacer las paces con Él cuando vuelva en su gloria, pero será demasiado tarde. Simei no perdió
tiempo. Su maltrato había sido personal y con el buen sentimiento usual en los hombres buenos,
David lo perdonó fácilmente.
Vv. 24—30. David recuerda el decomiso del caudal hereditario de Mefiboset y éste expresa
gozo por el regreso del rey. El hombre bueno soporta contento sus pérdidas mientras vea a Israel en
paz, y exaltado al Hijo de David.
Vv. 31—39. Barzilai pensó que se había honrado a sí mismo al servir en algo al rey. De esta
manera, cuando los santos sean llamados a heredar el reino, se asombrarán por la recompensa que
será mucho más de lo esperado por su servicio, Mateo xxv, 37. —El hombre bueno no debiera ir a
ninguna parte donde sea carga o, más bien, que lo sea en su casa antes que casa ajena. Bueno es
para todos, pero especialmente conveniente para los ancianos pensar en la muerte y hablar mucho al
respecto. Mi sepulcro está aparejado, dejadme ir y preparaos para el momento.
Vv. 40—43. Los hombres de Israel se creían despreciados y las palabras más fieras de los
hombres de Judá produjeron efectos muy malos. Podría evitarse mucho mal si los hombres
estuvieran alerta contra el orgullo, y recordasen que la blanda respuesta quita la ira. Aunque
tengamos el derecho y la razón de nuestro lado, Dios no se agrada si lo decimos con fiereza.

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