jueves, diciembre 13

COMENTARIO DE 2 DE REYES CAPITULOS 1, 2 Y 3

CAPÍTULO I



Versículos 1—8.

Rebelión de Moab—Enfermedad de Ocozías, rey de Israel. 9—18. Elías pide fuego del

cielo—Muerte de Ocozías.



Vv. 1—8.


Cuando Ocozías se rebeló contra Jehová, Moab se rebeló contra él. El pecado nos debilita y

empobrece. La rebelión del hombre contra Dios suele ser castigada por la rebelión de los que le deben

sujeción. —Ocozías cayó por una ventana. Dondequiera vayamos solo hay un paso entre nosotros y la

muerte. La casa del hombre es su castillo, pero no lo asegura contra los juicios de Dios. A la larga, toda la

creación, que gime bajo la carga del pecado del hombre, cederá y se hundirá bajo ese peso, como esa

ventana. Nunca está a salvo el que tenga a Dios como su enemigo. Los que no inquieren en la palabra de

Dios para consuelo de ellos, la oirán para terror de ellos, quiéranlo o no.


Vv. 9—18.


Elías pidió fuego del cielo para consumir a los pecadores altivos y atrevidos; no para

seguridad personal, sino para probar su misión y revelar la ira de Dios desde el cielo contra toda impiedad e

injusticia de los hombres. Elías hizo esto por impulso divino, pero nuestro Salvador no permite que sus

discípulos hagan lo mismo, Lucas ix, 54. La dispensación del Espíritu y de la gracia no lo permitió de

manera alguna. Elías estaba preocupado por la gloria de Dios, aquéllos por su propia reputación. El Señor

juzga las costumbres humanas por sus principios y su juicio es según verdad. —El tercer capitán se humilló

y se arrojó a la misericordia de Dios y de Elías. No hay nada que ganar contendiendo con Dios; y son sabios

los que aprenden la sumisión por el fin fatal de la obstinación de otros. —El valor de la fe a menudo ataca

de terror el corazón del pecador más orgulloso. Tan estupefacto está Ocozías con las palabras del profeta,

que ni él ni nadie de los suyos le opone resistencia. ¿Quién puede dañar a los que Dios ampara? —Muchos

que piensan prosperar en el pecado, son llamados, como Ocozías, cuando menos lo esperan. Todo nos

advierte que busquemos al Señor mientras puede ser hallado.


CAPÍTULO II



Versículos 1—8.

Elías divide el Jordán. 9—12. Elías llevado al cielo. 13—18. Eliseo manifestado como

sucesor de Elías.


19—25. Eliseo sana las aguas de Jericó—Destrucción de los que se burlan de Eliseo.

Vv. 1—8.


El Señor hizo saber a Elías que su tiempo estaba cerca. Por tanto, fue a las diversas escuelas de

los profetas para darles sus últimas exhortaciones y su bendición. La partida de Elías es un tipo y figura de

la ascensión de Cristo, y la apertura del reino de los cielos a todos los creyentes. —Eliseo había seguido por

mucho tiempo a Elías y no lo iba a abandonar ahora que esperaba la bendición de su partida. Los que

siguen a Cristo no se queden cortos cansándose al final. —Las aguas del Jordán, antes, cedieron ante el

arca; ahora, ante el manto del profeta, como señal de la presencia de Dios. Cuando Dios lleva al cielo a sus

fieles, la muerte es el Jordán que deben cruzar, y encuentran un camino por donde pasar. La muerte de

Cristo dividió las aguas para que pasen los redimidos del Señor. ¡Dónde está, oh, muerte, tu aguijón, el

daño que puedes hacer, tu terror?


Vv. 9—12.


Esa plenitud de donde profetas y apóstoles obtuvieron su provisión, aún existe como antes, y

se nos dice que pidamos grandes porciones de ella. La asistencia diligente a Elías, particularmente en sus
últimas horas, sería el medio apropiado para que Eliseo obtuviese mucho de su espíritu. Las consolaciones

de los santos que parten, y sus experiencias, ayudan a dar brillo a nuestro consuelo y a fortalecer nuestras

resoluciones. —Elías es llevado al cielo en un carro de fuego. Se puede hacer muchas preguntas sobre

esto, que no pueden ser contestadas. Baste con lo que se nos dice, lo que su Señor lo encontró haciendo

cuando vino. Él estaba comprometido en un serio discurso, exhortando e instruyendo a Eliseo sobre el reino

de Dios entre los hombres. Nos equivocamos si pensamos que la preparación para el cielo se realiza

solamente por la contemplación y por actos de devoción. —El carro y los caballos parecían como de fuego,

algo muy glorioso, no por arder sino por su fulgor. Por la manera en que Elías y Enoc fueron sacados de

este mundo, Dios nos deja dar un vistazo a la vida eterna sacada a la luz por el evangelio, de la gloria

reservada para los cuerpos de los santos, y de la apertura del reino del cielo a todos los creyentes. También

fue una figura de la ascensión de Cristo. —Aunque Elías se fue de manera triunfal al cielo, este mundo mal

se podía permitir dejarlo ir. Ciertamente están endurecidos los corazones de los que no se sienten llamados

por Dios a llorar y hacer duelo cuando Él se lleva a los hombres fieles y útiles. Elías fue para Israel, por sus

consejos, reproches y oraciones, mejor que la fuerza más poderosa de carro y caballo, y detuvo los juicios

de Dios. —Cristo legó a sus discípulos su precioso evangelio, como el manto de Elías; la prenda del poder

divino ejercido para derrumbar el imperio de Satanás, y establecer el reino de Dios en el mundo. El mismo

evangelio permanece con nosotros aunque los poderes milagrosos hayan sido retirados, y tiene fuerza

divina para la conversión y salvación de los pecadores.


Vv. 13—18.


Elías dejó su manto a Eliseo como señal del descenso del Espíritu sobre él; era más que si

le hubiera dejado miles en oro y plata. Eliseo lo tomó, no como reliquia sagrada que se debe adorar, sino

como ropaje significativo para usar. Ahora que Elías fue llevado al cielo, Eliseo pregunta: —1.

Por Dios;

cuando nuestra consolación de criaturas ha sido quitada, tenemos un Dios al cual acudir, que vive por

siempre.


—2. Por el Dios que Elías servía, honraba y al que suplicaba. El Señor Dios de los santos profetas

es el mismo ayer, hoy y por los siglos, pero ¿de qué nos servirá tener los mantos de aquellos que partieron,

sus lugares, sus libros, si no tenemos el espíritu de ellos, el Dios de ellos? —Vea aquí a Eliseo dividiendo el

río; el pueblo de Dios no tiene que temer el paso final por el Jordán de la muerte como por tierra seca. —Los

hijos de los profetas realizaron una búsqueda innecesaria de Elías. Los hombres sabios pueden ceder, en

aras de la paz y la buena opinión de los demás, a aquellos contra lo cual su juicio se opone, en forma tan

innecesaria como infructuosa. Atravesar colinas y valles nunca nos conducirá a Elías, pero sí lo hará, en su

debido momento, seguir el ejemplo de su santa fe y su celo.


Vv. 19—25.


Obsérvese el milagro de sanar las aguas. Los profetas debieran mejorar para ellos todo

lugar al cual llegan, proponiéndose endulzar los espíritus amargos y hacer fructíferas las almas estériles, por

la palabra de Dios, que es como la sal echada al agua por Eliseo. Eso fue un emblema adecuado del efecto

producido por la gracia de Dios en el corazón pecador del hombre. A veces hay familias, pueblos y ciudades

enteros que tienen un nuevo aspecto por la predicación del evangelio; la maldad y el mal han sido

cambiados por fruto de las obras de justicia, que son, por medio de Cristo, para alabanza y gloria de Dios.

—He aquí una maldición sobre unos jóvenes de Betel, suficiente para destruirlos; no fue una maldición sin

causa, pues ellos abusaron del carácter de Eliseo en cuanto profeta de Dios. Se burlaron incitándole a

‘subir’ reflejando el arrebatamiento de Elías al cielo. —El profeta actuó por impulso divino. Si el Espíritu

Santo no hubiera dirigido la solemne maldición de Eliseo, la providencia de Dios no la hubiera seguido con

un juicio. El Señor debe ser glorificado como Dios justo que odia el pecado y lo castigará. Los jóvenes

teman decir malas palabras, pues Dios nota lo que dicen. Que no se burlen de nadie por defectos de mente

o cuerpo; es para su especial peligro el burlarse de cualquiera por hacer el bien. Los padres que deseen

consuelo para sus hijos, que los eduquen bien y hagan todo lo que puedan para quitar la necedad que está

ligada a sus corazones. ¡Cuál será la angustia de los padres que, en el día del juicio, presencien la

condenación eterna de su progenie, ocasionada por su propio mal ejemplo, negligencia o mala crianza!


CAPÍTULO III


Versículos 1—5.

Joram, rey de Israel.
6—19. Guerra con Moab—La intercesión de Eliseo. 20—27.

Provisión de agua—Moab vencido.



Vv. 1—5.


Joram recibió la advertencia del juicio de Dios y quitó la imagen de Baal, aunque mantuvo la

adoración de los becerros. No se arrepienten o reforman verdaderamente quienes sólo se separan de los

pecados por lo que pierden, pero siguen amando los pecados con que creen ganar.


Vv. 6—19.

El rey de Israel lamenta la angustia de ellos y el peligro en que estaban. Él convocó a los tres
se irrita su corazón, Proverbios xix, 3. —Bueno fue que Josafat consultara al Señor ahora, pero hubiera sido

mucho mejor si lo hubiera hecho antes de meterse en esta guerra. A veces los hombres buenos descuidan

su deber hasta que la necesidad y la aflicción los impele a ello. La gente mala suele andar mejor por la

amistad con los buenos y su asociación con ellos. —Eliseo les dice, para probar la fe y obediencia de ellos,

que caven zanjas en el valle para recibir agua. Los que esperan las bendiciones de Dios deben cavar

cisternas para que la lluvia las llene, como en el valle de Baca y, así, hacer un estanque para ellas, Salmo

lxxxiv, 6. No tenemos que preguntar de dónde vino el agua. Dios no está atado a causas secundarias.

Quienes sinceramente buscan el rocío de la gracia de Dios, lo tendrán y será hechos más que vencedores.


Vv. 20—27.


Es una bendición ser favorecido con la compañía de quienes tienen poder de Dios y pueden

predominar por sus oraciones. Un reino puede ser sostenido y prosperar como consecuencia de las

oraciones fervorosas de quienes son amados por Dios. Demos nuestra más alta consideración a los que

son preciosos a sus ojos. —Cuando los pecadores dicen, paz, paz, les sobreviene la destrucción: la

desesperación seguirá a su loca presunción. Al servicio de Satanás, y por sugerencia de éste, se han hecho

obras tan horrendas que hacen que se estremezcan los sentimientos naturales del corazón; como el rey de

Moab que sacrificó a su hijo. Bueno es no estimular lo peor de los hombres a extremos; más bien, debemos

dejarlos al juicio de Dios.

2 DE REYES CAPITULOS 1, 2 , Y 3.

2da. de Reyes

Capítulo 01

1:1 Después de la muerte de Acab, se rebeló Moab contra Israel.
1:2 Y Ocozías cayó por la ventana de una sala de la casa que tenía en Samaria; y estando enfermo, envió mensajeros, y les dijo: Id y consultad a Baal-zebub dios de Ecrón, si he de sanar de esta mi enfermedad.
1:3 Entonces el ángel de Jehová habló a Elías tisbita, diciendo: Levántate, y sube a encontrarte con los mensajeros del rey de Samaria, y diles: ¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?
1:4 Por tanto, así ha dicho Jehová: Del lecho en que estás no te levantarás, sino que ciertamente morirás. Y Elías se fue.
1:5 Cuando los mensajeros se volvieron al rey, él les dijo: ¿Por qué os habéis vuelto?
1:6 Ellos le respondieron: Encontramos a un varón que nos dijo: Id, y volveos al rey que os envió, y decidle: Así ha dicho Jehová: ¿No hay Dios en Israel, que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón? Por tanto, del lecho en que estás no te levantarás; de cierto morirás.
1:7 Entonces él les dijo: ¿Cómo era aquel varón que encontrasteis, y os dijo tales palabras?
1:8 Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él dijo: Es Elías tisbita.
1:9 Luego envió a él un capitán de cincuenta con sus cincuenta, el cual subió a donde él estaba; y he aquí que él estaba sentado en la cumbre del monte. Y el capitán le dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas.
1:10 Y Elías respondió y dijo al capitán de cincuenta: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, que lo consumió a él y a sus cincuenta.
1:11 Volvió el rey a enviar a él otro capitán de cincuenta con sus cincuenta; y le habló y dijo: Varón de Dios, el rey ha dicho así: Desciende pronto.
1:12 Y le respondió Elías y dijo: Si yo soy varón de Dios, descienda fuego del cielo, y consúmate con tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo, y lo consumió a él y a sus cincuenta.
1:13 Volvió a enviar al tercer capitán de cincuenta con sus cincuenta; y subiendo aquel tercer capitán de cincuenta, se puso de rodillas delante de Elías y le rogó, diciendo: Varón de Dios, te ruego que sea de valor delante de tus ojos mi vida, y la vida de estos tus cincuenta siervos.
1:14 He aquí ha descendido fuego del cielo, y ha consumido a los dos primeros capitanes de cincuenta con sus cincuenta; sea estimada ahora mi vida delante de tus ojos.
1:15 Entonces el ángel de Jehová dijo a Elías: Desciende con él; no tengas miedo de él. Y él se levantó, y descendió con él al rey.
1:16 Y le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto enviaste mensajeros a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón, ¿no hay Dios en Israel para consultar en su palabra? No te levantarás, por tanto, del lecho en que estás, sino que de cierto morirás.
1:17 Y murió conforme a la palabra de Jehová, que había hablado Elías. Reinó en su lugar Joram, en el segundo año de Joram hijo de Josafat, rey de Judá; porque Ocozías no tenía hijo.
1:18 Los demás hechos de Ocozías, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?


Capítulo 02

2:1 Aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en un torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gilgal.
2:2 Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Descendieron, pues, a Bet-el.
2:3 Y saliendo a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Bet-el, le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? Y él dijo: Sí, yo lo sé; callad.
2:4 Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Vinieron, pues, a Jericó.
2:5 Y se acercaron a Eliseo los hijos de los profetas que estaban en Jericó, y le dijeron: ¿Sabes que Jehová te quitará hoy a tu señor de sobre ti? El respondió: Sí, yo lo sé; callad.
2:6 Y Elías le dijo: Te ruego que te quedes aquí, porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Fueron, pues, ambos.
2:7 Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y se pararon delante a lo lejos; y ellos dos se pararon junto al Jordán.
2:8 Tomando entonces Elías su manto, lo dobló, y golpeó las aguas, las cuales se apartaron a uno y a otro lado, y pasaron ambos por lo seco.
2:9 Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.
2:10 El le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no.
2:11 Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.
2:12 Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes.
2:13 Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán.
2:14 Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y a otro lado, y pasó Eliseo.
2:15 Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él.
2:16 Y dijeron: He aquí hay con tus siervos cincuenta varones fuertes; vayan ahora y busquen a tu señor; quizá lo ha levantado el Espíritu de Jehová, y lo ha echado en algún monte o en algún valle. Y él les dijo: No enviéis.
2:17 Mas ellos le importunaron, hasta que avergonzándose dijo: Enviad. Entonces ellos enviaron cincuenta hombres, los cuales lo buscaron tres días, mas no lo hallaron.
2:18 Y cuando volvieron a Eliseo, que se había quedado en Jericó, él les dijo: ¿No os dije yo que no fueseis?
2:19 Y los hombres de la ciudad dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en donde está colocada esta ciudad es bueno, como mi señor ve; mas las aguas son malas, y la tierra es estéril.
2:20 Entonces él dijo: Traedme una vasija nueva, y poned en ella sal. Y se la trajeron.
2:21 Y saliendo él a los manantiales de las aguas, echó dentro la sal, y dijo: Así ha dicho Jehová: Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.
2:22 Y fueron sanas las aguas hasta hoy, conforme a la palabra que habló Eliseo.
2:23 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡calvo, sube!
2:24 Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos



Capítulo 03

3:1 Joram hijo de Acab comenzó a reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josafat rey de Judá; y reinó doce años.
3:2 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho.
3:3 Pero se entregó a los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos.
3:4 Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.
3:5 Pero muerto Acab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
3:6 Salió entonces de Samaria el rey Joram, y pasó revista a todo Israel.
3:7 Y fue y envió a decir a Josafat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo a la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque yo soy como tú; mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como los tuyos.
3:8 Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Edom.
3:9 Salieron, pues, el rey de Israel, el rey de Judá, y el rey de Edom; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, les faltó agua para el ejército, y para las bestias que los seguían.
3:10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
3:11 Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías.
3:12 Y Josafat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron a él el rey de Israel, y Josafat, y el rey de Edom.
3:13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve a los profetas de tu padre, y a los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No; porque Jehová ha reunido a estos tres reyes para entregarlos en manos de los moabitas.
3:14 Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josafat rey de Judá, no te mirara a ti, ni te viera.
3:15 Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová vino sobre Eliseo,
3:16 quien dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchos estanques.
3:17 Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia; pero este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias y vuestros ganados.
3:18 Y esto es cosa ligera en los ojos de Jehová; entregará también a los moabitas en vuestras manos.
3:19 Y destruiréis toda ciudad fortificada y toda villa hermosa, y talaréis todo buen árbol, cegaréis todas las fuentes de aguas, y destruiréis con piedras toda tierra fértil.
3:20 Aconteció, pues, que por la mañana, cuando se ofrece el sacrificio, he aquí vinieron aguas por el camino de Edom, y la tierra se llenó de aguas.
3:21 Cuanto todos los de Moab oyeron que los reyes subían a pelear contra ellos, se juntaron desde los que apenas podían ceñir armadura en adelante, y se pusieron en la frontera.
3:22 Cuando se levantaron por la mañana, y brilló el sol sobre las aguas, vieron los de Moab desde lejos las aguas rojas como sangre;
3:23 y dijeron: ¡Esto es sangre de espada! Los reyes se han vuelto uno contra otro, y cada uno ha dado muerte a su compañero. Ahora, pues, ¡Moab, al botín!
3:24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, se levantaron los israelitas y atacaron a los de Moab, los cuales huyeron de delante de ellos; pero los persiguieron matando a los de Moab.
3:25 Y asolaron las ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, y las llenaron; cegaron también todas las fuentes de las aguas, y derribaron todos los buenos árboles; hasta que en Kir-hareset solamente dejaron piedras, porque los honderos la rodearon y la destruyeron.
3:26 Y cuando el rey de Moab vio que era vencido en la batalla, tomó consigo setecientos hombres que manejaban espada, para atacar al rey de Edom; mas no pudieron.
3:27 Entonces arrebató a su primogénito que había de reinar en su lugar, y lo sacrificó en holocausto sobre el muro. Y hubo grande enojo contra Israel; y se apartaron de él, y se volvieron a su tierra.