Marcos 13
1. (1-13) Una vez que Jesús y sus discípulos hubieron salido del templo, uno de ellos le hace observar a
Jesús las impresionantes piedras y los imponentes edificios del templo. Para los discípulos el templo es
un punto de orientación en medio de la confusión y desorientación de los últimos días. Presumen que
vienen días difíciles, pero buscan refugio en el templo majestuoso donde Jesús como Mesías entrará.
Se aferran al templo, ya que en su opinión, aunque Jerusalén sea destruida, el templo quedará en pie.
Con palabras dramáticas, Jesús destruye esta esperanza, diciendo: "¿Ves estos grandes edificios? No
quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada". Fue un muy duro golpe para los discípulos, el que
Jesús les haya privado de este punto fijo de orientación. Para el futuro no es posible dirigir la vista al
templo.
Inquietud de los discípulos. Estas palabras fueron tan inesperadas y tan duras que los discípulos se
quedaron en silencio. La reacción no surge antes de que Jesús y sus discípulos estén en el monte de
los Olivos, fuera del ajetreo de la gente. Jesús está sentado frente al templo, es decir, con la vista hacia
él. Cuatro discípulos hacen preguntas, Pedro, Jacobo, Juan (los tres discípulos más íntimos de Jesús) y
Andrés. Los hombres de la primera hora hacen preguntas acerca de la última hora del templo. El hecho
de que sean cuatro hombres acentúa la seriedad de la pregunta. El hacer averiguaciones acerca del fin
del templo es doble:
- "¿cuándo ocurrirán estas cosas?";
- "¿qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?"
Lo que Jesús ha dicho no armoniza con la opinión que ellos tenían en cuanto al fin. Por lo tanto,
podemos decir que la pregunta en realidad es: ¿cuándo pasarán estas cosas y cuál es el significado de
todas ellas? Los discípulos no pueden combinar su esperanza mesiánica en Jesús con la opinión que
éste tenía con respecto al templo, y por eso sus preguntas son tan desesperadas.
Respuesta de Jesús.
a. Introducción: el retorno demorará más de lo que se piensa.
Para comenzar a responderles, Jesús empieza en el versículo 5 con una enseñanza amplia y necesaria
antes de poder darles una respuesta inmediata. El error de los discípulos es que pasan por alto el hecho
de que hay un intervalo relativamente largo entre la primera venida de Jesús y la segunda. Es por tal
razón que ellos no tienen que ser engañados. En su reacción, Jesús penetra en el modelo de la
esperanza de los discípulos; si los discípulos se equivocan con respecto al futuro pueden ser fácilmente
engañados. El peligro no es ficticio, pues vendrán muchos que pretenderán profetizar y actuar en el
nombre de Cristo, es decir, investidos de su autoridad. Cuando ellos digan que son el Cristo, tenemos
que pensar en representación, a saber, que hablarán en su nombre, pues esto no significa que estos
pseudos-profetas pensarán que ellos mismos son el Mesías, sino que dirán que son sus
representantes. Así que cuando uno quiera saber algo del futuro mesiánico les deberá escuchar a ellos.
Los discípulos, que no piensan en la destrucción del templo, serán susceptibles a otras enseñanzas
positivas (pero falsas) acerca del templo y del cercano futuro glorioso.
b. Los "dolores mesiánicos" no son más que los principios de un período largo.
Muchos piensan, por ejemplo, que las guerras forman parte de los dolores antes de la venida inmediata
del Mesías. No debemos alegrarnos en demasía pensando que ahora viene la irrupción del reino del
Mesías, puesto que aún no es el fin. Preceden al gran día, mas este día no viene inmediatamente. Lo
que Jesús menciona en el versículo 8 (guerras, terremotos, hambres y alborotos) son según los judíos
el total de los "dolores mesiánicos", pero para Jesús no son nada más que sus principios.
Jesús no habla aquí sobre el orden de las cosas que pasan, sino sobre el peso de las cosas. La
confusión en el mundo no es la única señal de su venida, hay otras señales. Mientras que los judíos se
fijaban solamente en las catástrofes y guerras como señales de la llegada del Mesías, los discípulos de
Jesús se preocuparán de las persecuciones que vendrán. Las persecuciones y la perseverancia de los
creyentes son parte del tiempo que precede al reino del Mesías. Serán entregados a los concilios;
azotados en sinagogas y llevados delante de gobernadores y de reyes por causa de Cristo, para dar
testimonio a ellos, para que también éstos oigan el evangelio de Cristo.
c. A pesar de las persecuciones, el evangelio será predicado en todo el mundo.
El versículo 10 nos dice que los dolores no terminan y que el fin no viene antes de que el evangelio sea
predicado en todo el mundo. Jesús no dice que la predicación del evangelio acelerará su venida, más
bien les entrega a sus discípulos una afirmación y una promesa: la predicación producirá persecución,
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pero la promesa es que el evangelio será predicado en todo el mundo. En medio de todo este quehacer
evangelístico, ellos reciben una nueva promesa: no es necesario preocuparse por lo que deben decir,
ya que recibirán en aquellos momentos la ayuda del Espíritu Santo para hacerlo. Ellos deben tener
mucho cuidado de los falsos profetas, pero no deben preocuparse de lo que tienen que decir como
medio de defensa. Lo importante en este tiempo es perseverar. El que persevere hasta el fin (es decir,
hasta en las persecuciones) será salvo. También esa es una promesa.
* Las piedras del templo pueden ser destruídas, pero no los que perseveran en el servicio de
Cristo. ¡Cuidado consigo mismo!
2. (13,14-23) d. La destrucción del templo y la gran tribulación son mensajeros de su retorno. En
el versículo 14 Jesús habla sobre la "abominación desoladora" de la cual había hablado el profeta
Daniel. Probablemente aquí tenemos que pensar en la destrucción del templo mismo. Jesús entonces
quiere enseñar cómo deben reaccionar en el momento en que el templo sea destruído. Pues luego de
la destrucción de éste, viene un período extremadamente difícil (19): la gran tribulación. La tribulación,
que empieza con la destrucción del templo, dura hasta la venida del Hijo de hombre. Esta tribulación es
la más grave, pero a la vez la última. Es la tribulación sobre todo el pueblo judío. El versículo 14b habla
en general sobre aquellos que están en Judea, mientras que el versículo 19 nos recuerda a Daniel 12,1
en donde se nos habla acerca de una tribulación que sufrirá el pueblo judío. De Daniel 12,1-3.10 se
desprende que sólo serán salvos los que están inscritos en el libro de la vida. Esto corresponde a lo
que Jesús dice sobre la salvación de los escogidos.
Según el versículo 15, la tribulación es tan apremiante que es mejor huir en seguida, por ejemplo: no
entrar en la casa para tomar algo, sino escapar lo antes posible. Aunque Jesús piensa, en primer lugar,
en la situación inmediatamente después de la destrucción del templo, en realidad esta tribulación no
termina antes de su venida (ver también v.24).
Jesús emplea en los versículos 15 y 16 palabras que nos hacen recordar a la huída de Lot de Sodoma
y que expresan que no hay que pensar en volver a casa. Tampoco es tiempo para dar a luz a niños, ya
que el futuro es muy peligroso (17). La petición de que la huída no suceda en el invierno implica, que la
tribulación durará más de unos días. Será una huída fugitiva. Que la estación no esté en contra de ellos,
para que cuando tengan que huir no los afecte (18). Se acerca la peor tribulación que ha habido sobre
esta tierra (19). Contra todo esto, Jesús promete a los suyos que Dios acortará los días de este terrible
período. Cada vez que haya una tribulación, Dios acortará el período de tal modo que quedará un resto
de los escogidos que no perecerán en aquella tribulación (20).
Esta etapa de tribulaciones es a la vez un tiempo de pruebas internas. Muchos indicarán el lugar en
donde se halla la esperanza mesiánica, pero que nadie lo crea. Los discípulos deben fijar su mirada en
lo que Jesús les ha dicho. Son señales que muestran la verdad de sus palabras.
* La destrucción del templo y la tribulación sobre el pueblo judío hasta el día de hoy son señales
de la verdad de las palabras del Señor Jesús.
3. (13,24-37) e. Nada es más seguro que la venida de Jesús.
A partir del versículo 24 Jesús habla acerca de su venida gloriosa. Los discípulos pensaban que esta
tendría lugar en un tiempo no muy lejano. Jesús dice que no es así. Pero aunque pasen muchas cosas
terribles, su venida gloriosa es una realidad segura. No viene de un templo terrenal, sino del templo
celestial de Dios, en aquellos días, después de la tribulación. Antes que acontezca esta majestuosa
venida, sucederán cosas terribles en la tierra y en el cielo. La tierra puede sobrevivir a los terremotos y
los movimientos del mar, pero no si se tambalean los poderes del cielo. Cuando las estrellas caigan de
los cielos y las potencias (¿debemos pensar en ángeles que tienen poder sobre las estrellas?) que
están en los cielos se muevan, entonces vendrá el Hijo del hombre en las nubes con gran poder y
gloria. El gran futuro de Dios profetizado en las Escrituras, esperado durante tan largo tiempo, por fin se
cumplirá. Los ángeles serán enviados por todo el mundo para juntar a todos los escogidos de entre los
creyentes de los judíos y de los gentiles. A causa de la gran tribulación muchos creyentes vivirán
dispersados por todo el mundo. Vendrán desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo, tanto
aquellos que viven en la tierra como los muertos que ya viven en los cielos.
Jesús comenzó con una advertencia (5), ahora termina con una exhortación a estar preparados para
cuando Él haga su aparición majestuosa. La higuera nos entrega una enseñanza: "Cuando ya su rama
está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca". La destrucción del templo y la
tribulación nos dicen que el verano, el tiempo de la cosecha, la reunión de los hijos de Dios, está a las
puertas.
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En el versículo 30 Jesús no dice que su venida acontecería en la generación que vivía en aquel
tiempo, tampoco habla de la última generación antes de su segunda venida, sino que nos enseña que el
comienzo de estas cosas (la destrucción del templo y la tribulación) sucede en el tiempo de aquella
generación, los contemporáneos de Jesús. Esto lo profetiza con gran seguridad diciendo: "El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Los acontecimientos del año 70 d.C. han sido una
confirmación de sus palabras. ¡Las palabras con respecto a su venida gloriosa también se cumplirán!
Nos queda (32) mirar (prestar mucha atención), velar, orar y vivir de acuerdo con la venida de nuestro
Señor, rogando que seamos dignos de su venida. Nadie, ni aun el Hijo de Dios, sabe cuando será el
tiempo. La venida de Jesús es como un hombre que se fue, pero que de un momento a otro regresará.
Es posible que regrese temprano o muy tarde en la noche, aún muy temprano a la mañana siguiente.
* Nadie sabe cuándo vendrá Jesús, pero sí tenemos la seguridad de que Él vendrá.
Síntesis aplicativa de temas importantes
1. Esperar a Jesús significa verdaderamente tener que esperar. Cuando Jesús habló de la
destrucción del templo, los discípulos no podían imaginarse la gloria de Jesús sin templo, ya que éste
era considerado el palacio del Mesías. Ellos deben saber que habrá un período de tiempo considerable
antes del retorno de Jesús. Si olvidan esto, abrirán las puertas a cualquier tipo de engaño que promete
un futuro glorioso inmediato. Todas aquellas señales, que para los judíos eran el total de los `dolores
mesiánicos', son para Jesús no más que sus principios. La iglesia de hoy también es muy susceptible a
las enseñanzas que prometen un pronto retorno de Jesús. Sin embargo, Él no habla de las señales
para calcular la fecha o año de su retorno, sino para llamarnos a la suprema vigilancia. Hay otras
señales más como la persecución y el odio. Pero no hay razón para turbarse. La predicación del
evangelio continuará, y a pesar de que ella produzca más persecución, Dios ayudará a los suyos a
través de su Espíritu y les asegura que los que perseveran hasta el fin, serán salvos. ¡Que nada nos
impida perseverar en la esperanza del retorno de Jesús! Por mucho que demore, ¡nada es más seguro
que su venida!
2. Las dos señales que Jesús menciona prueban la verdad de sus palabras. Jesús advierte a los
suyos que la destrucción del templo y la tribulación sobre el pueblo judío son inevitables. Jesús no nos
advierte para desesperarnos, sino para que estemos preparados, y, además, para que nadie se deje
engañar por los falsos profetas, que en nombre de Cristo prometen `mejores' cosas. La verdad es que
el camino hacia el retorno de Jesús es duro y pesado, pero Dios dará siempre alivio, protección y
perspectiva.
3. El retorno de Jesús es cierto, pero el cuándo nadie lo sabe. La venida gloriosa no proviene del
templo terrenal, sino del templo celestial. Pasarán cosas terribles, ahora no sólo en la tierra (tribulación,
persecución), sino también en el cielo; los poderes celestiales se moverán, y en este momento el Hijo
del Hombre vendrá en gran majestad. Los ángeles reunirán a todos los creyentes de todos los siglos,
los vivos y los muertos. Podemos confiar en las palabras de Jesús, ya que justamente las señales, que
son tan aterrorizantes, son los mensajeros de su retorno glorioso. El largo intervalo entre la primera
venida y el regreso de Jesús, no debe hacernos dormir; al contrario, debe ser tiempo para velar,
esperar, orar, y estar preparado. Sólo de esta forma podemos expresar nuestro gran anhelo por el
futuro esplendor de Jesús.
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