domingo, septiembre 12

Comentrio Marcos 6

Marcos 6
1. (6,1-6) Antes de que Jesús pudiera recibir los aplausos entusiastas de la multitud se retira de ellos y
se dirige al lugar en donde se crió: Nazaret. Esta visita no es la misma que se menciona en Lucas 4,14-
30. Jesús viaja a Nazaret con un propósito determinado. Aparentemente quiere enseñar algo a sus
discípulos a través de esta visita. Después de los milagros del capítulo anterior (la liberación del
endemoniado, la curación de una mujer y la resurrección de una niña muerta), deben ser confrontados
con la incredulidad de Israel, sobre todo en el lugar en donde Jesús vivió durante tantos años.
Allí, Jesús enseña. Esta enseñanza provoca una reacción de admiración por parte de sus coterráneos;
ellos se dan cuenta de la sabiduría de Jesús y de las señales que hace. A pesar de todo esto no lo
reconocen, sólo se preguntan: ¿Quién es éste que hace todas estas cosas? El énfasis de sus
preguntas se centra en la persona de Jesús. ¿Cómo es posible que justamente Él, a quien conocen,
pueda hacer estas cosas? Es el carpintero, hijo de María (quizás José había fallecido), siendo hermano
de hombres y mujeres muy conocidos del lugar. Nazaret no puede tener fe en Jesús, pues piensan que
le conocen demasiado bien. Jesús responde a esta disposición de ánimo con el dicho: "No hay profeta
sin honra sino en su propia tierra". Esto significa, que un profeta no encuentra en ningún lugar tanta
resistencia como en el lugar de su origen. Esta es la declaración de Jesús al ser rechazado por un
pueblo que no le respeta.
Jesús no pudo hacer ningún milagro, salvo, llevar a cabo algunas sanidades. No sucede esto por la
restricción de su poder, sino por la incredulidad de la gente de Nazaret que no trae los enfermos a
Jesús. La gente puede estar perpleja sobre el hecho de que uno de los suyos haga milagros, pero lo
que es realmente asombroso es la incredulidad de ellos, al no reconocer que el Padre obraba a través
de Jesús. Sin embargo, Él les da tiempo para convertirse de su incredulidad. Para los discípulos es un
anticipo del sufrimiento futuro de Jesús y de ellos mismos. Jesús, no obstante, continúa su trabajo en
otros lugares. Su obra avanza, a pesar de la incredulidad de Nazaret.
* Es una asombrosa pena la incredulidad con respecto a Jesús.
2. (6,7-13) En el versículo 7, Jesús da a los doce discípulos una tarea especial. Les envía de dos en dos
a predicar y a sanar. A la vez les otorga autoridad sobre los espíritus inmundos. "De dos en dos",
implica que ellos no están en una línea con Jesús, sino que son sus testigos; dos juntos pueden actuar
como testigos. También es importante darse cuenta que Jesús tiene el poder de darles autoridad sobre
los demonios, de lo que se desprende su divinidad. El cuidado de Jesús se demuestra en las siguientes
situaciones: los discípulos no pueden llevar nada para el camino, sólo lo más necesario. Los discípulos
recibirán alimentos y ropa en las casas; aunque habrá casas que les rechazarán, Jesús cuidará de ellos
de tal forma que no tendrán falta de nada; si entran en una casa que les recibe, deben quedarse allí, y
no buscar una casa mejor. Esta forma de llegar a Israel (sin nada) es en sí un llamamiento para que la
nación reciba y honre a Cristo, en cuyo nombre los discípulos están actuando. Por otro lado, no hay
inconveniente si se dejan alimentar y vestir.
Si en un hogar no se les recibe, entonces deben salir de él y sacudir el polvo de sus pies. Esto es una
señal de despedida para siempre (hasta el polvo tiene que quedarse atrás). Los habitantes de aquel
lugar estarán fuera del reino de Dios y el castigo para aquellos será más grave (porque han recibido
tantas bendiciones a través de Jesús), que el que recibieron los de Sodoma y Gomorra, ciudades
impías.
Los discípulos cumplieron su tarea y recibieron el poder para sanar, ungiendo a los enfermos con
aceite (símbolo del poder de Cristo) y para echar fuera a los demonios. Esta misión fue un preludio de la
actuación de los apóstoles después de Pentecostés.
* Los discípulos fueron enviados como agentes judiciales para pedir fe en Jesús. La
incredulidad es muy costosa, tanto en ese entonces como lo es ahora.
3. (6,14-29) Marcos interpola un pasaje acerca de la muerte de Juan el Bautista, contándonos que
Herodes había oído de la fama de Jesús, a quien considera como Juan revivido. Marcos quiere lograr
con esta interpolación que los lectores entiendan que la muerte de Juan es una amenaza también para
Jesús. Herodes Antipas, hijo del cruel Herodes el Grande, era un hombre que tenía mala conciencia
justamente por el asesinato de Juan. Su conciencia le acusaba cuando le hablan de Jesús. Para él,
Jesús es, sin duda, Juan resucitado de los muertos. Según la opinión de este rey, una persona
resucitada puede hacer muchas cosas increíbles. Aunque otros dicen -para tranquilizar a Herodes- que
es Elías u otro profeta, Herodes persiste en su propia opinión, diciendo que Jesús es Juan, "el que yo
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decapité". Ahora Marcos cuenta toda la historia de la muerte de Juan como anticipo de la muerte de
Jesús.
Herodes había encarcelado a Juan por causa de su `ingerencia' en su vida personal. Herodes se casó
con Herodías, la esposa de su hermano Felipe. Juan había advertido a Herodes, respecto a su relación
ilícita con ella. Esto no le agradó a Herodías. Aparentemente la detención fue un compromiso para no
matar a Juan, ya que Herodes le temía. De esta manera apaciguaba los ánimos de Herodías, y, a la
vez, `protegía' a Juan (v.20). Herodes no podía deshacerse de Juan; le gustaba conversar con él, pero
siempre se quedaba perplejo. (También es posible traducir el v.20 diciendo que Herodes no hizo nada
sin consultar a Juan, y que sus consejos le agradaron a Herodes). Pero la ambigüedad (el no poder
tomar una decisión firme a favor de Juan) es peligrosa. Entonces llegó un día en que Herodías
aprovechó la ocasión para mandar a matar a Juan. En el cumpleaños de Herodes, habiendo mucha
gente en el palacio de Machaero, cerca del Mar Muerto (según la información que nos brinda el
historiador judío Flavio Josefo), danzó la hija de Herodías. De acuerdo a la costumbre oriental, Herodes
dijo: "Lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino" (ver Ester 5,3; 7,2). Herodías actúa
decididamente e instiga a su hija para que pida la cabeza de Juan el Bautista, ante lo cual Herodes no
pudo resistirse, puesto que había quedado apresado a sus propias palabras, las cuales había declarado
delante de sus invitados; y aunque esto le produjo mucha tristeza, accedió. La cabeza de Juan le fue
traída en un plato. Más tarde los discípulos de Juan enterraron el cuerpo decapitado de su maestro. Así
se puso fin a la vida de Juan, el heraldo del Mesías, quien murió como mártir de su fe. Aunque
esperaba el reino de Dios de otra manera, no fue avergonzado en su esperanza, ya que Jesús a través
de su muerte abrió la puerta hacia su reino.
* Juan murió como mártir, ¡Jesús como sacrificio!
4. (6,30-44) En el versículo 30, Marcos retomará el pensamiento concerniente a los discípulos enviados,
quienes ahora regresan a Jesús y le cuentan todo lo sucedido. Él les invita a descansar un rato, pues
siempre estaban rodeados de gente. Luego se fueron en una barca a un lugar desierto (aparentemente
un lugar donde Jesús se retiraba a menudo, y por lo tanto conocido por la gente), donde la multitud ya
estaba esperando a Jesús y a sus discípulos. Al ver Jesús la multitud, tuvo compasión de ellos, ya que
para Él eran como ovejas sin pastor. Estas palabras nos recuerdan a Números 27,15-18. Allá Moisés
ora al final de su vida a Dios para que les levante a un hombre para guiar al pueblo: "Ponga Jehová,
Dios de los espíritus de toda la carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos, que
los saque y los introduzca, para que la congregación no sea como ovejas sin pastor". La respuesta de
Dios en ese momento histórico fue Josué. Aquí encontramos a Jesús como el Pastor de las ovejas a
través de quien Dios reune al pueblo de los últimos días.
Tal como Dios entregó diariamente el maná a su pueblo en el desierto, así da Jesús ahora alimentos
en abundancia. Manda a sus discípulos dar de comer a la multitud. En todo esto los discípulos reciben
enseñanza con respecto a su futura tarea. Ellos deben alimentar a la multitud con la palabra de Dios,
pero en esta actividad son dependientes completamente de las bendiciones del Señor. Los discípulos
no saben cómo dar de comer a tantos. Jesús, sí lo sabe. Hace sentar a la multitud en grupos de
cincuenta y cien, para que nadie se pierda en la gran cantidad. A través de su bendición se multiplica el
pan, quedando al final doce cestas llenas. Para todo el pueblo, y para los discípulos mismos, hay
suficiente bajo la bendición de Jesús.
* La alimentación de los cinco mil era una prueba del poder y la misericordia de Jesús, y a la vez
una señal del banquete de su reino.
5. (6,45-56) Después de la cena en el desierto, Jesús obliga a sus discípulos a entrar en la barca. No es
tiempo de que el pueblo lo proclame rey (ver Juan 6,15), sino de obrar en las ciudades de Israel.
Mientras Jesús se prepara en oración, los discípulos alistan la barca para viajar a Betsaida. Estando Él
en tierra los ve remar con gran fatiga, por lo cual se dirige hacia ellos en su ayuda, andando sobre el
mar. Se les adelanta no con la intención de asustarlos, sino de dirigirlos. Parece que en primer lugar
Jesús no quiere auxiliar a sus discípulos, pero esto no es así, ya que Él les quiere servir de guía en
medio de las dificultades. Jesús va a la cabeza. Los discípulos, sin embargo, piensan que es un
fantasma y se asustan mucho. Por eso Jesús les tranquiliza: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!" Jesús
no sólo quiere quitarles su angustia, sino también animarles con respecto al viaje en general en esta
tempestad. Los discípulos deben aprender que si Jesús les manda a hacer algo, también los fortalecerá
para cumplirlo. Debido a que tienen poca fe, Jesús entra en la barca y calma el viento.
Los discípulos se asombraron del gran poder de Jesús, y esto debido a que todavía no entienden cuán
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grande es su poder, a pesar de haber sido testigos del milagro de los panes. Marcos nos explica el
porqué de esto: "Por cuanto estaban endurecidos sus corazones". Ellos no les habían dado el debido
entendimiento al poder que Jesús manifestaba a través de sus milagros.
* Jesús quiere animarnos a través de su promesa para que confiemos en Él, incluso en
circunstancias difíciles. A menudo nos falta la fe en su poder, a pesar de todo lo que hemos
visto de sus maravillas.
Ahora Jesús y sus discípulos arriban juntos al sector de Genesaret (6,53). Inmediatamente la gente
comenzó a traer en lechos a los enfermos, quienes procedían de todas partes. Los enfermos le rogaban
que les dejase tocar tan sólo el borde de su manto. Así recibieron salud. (Ver también Marcos 3,10
acerca de ser sanado a través del tocar a Jesús).
Este pasaje es más que una repetición de las curaciones de Jesús. Jesús vuelve al territorio de
Herodes y de esta manera muestra que Él actúa sin temor a la muerte. No hay una actitud de reto, sino
una postura real y franca, llena de misericordia por la gente. El pueblo, sin embargo, todavía muestra
más interés en los milagros de Jesús que en sus palabras. Parecen impresionantes los mercados llenos
de personas, pero faltan las sinagogas repletas de oyentes reverentes. No obstante, vemos aquí a
Jesús que con mucha paciencia sigue pidiendo el reconocimiento de su pueblo. No hay nada de dureza
en su actitud.
* ¿Estamos a la expectativa de ver sólo milagros o escuchamos atentamente la Palabra de Jesús
para obedecerla?
Síntesis aplicativa de temas importantes
1. La incredulidad es muy peligrosa, ya que cierra los ojos ante la obra de Dios por medio de
Jesucristo. La gente se admira de Jesús, pero esta admiración se halla lejos de estar fundada en la fe;
es nada más que una admiración crítica, ya que no puede concebir que uno de sus aldeanos pueda
tener tal palabra de autoridad y realizar los milagros que hace. Para ellos, Jesús es una persona común
y corriente, sin gran abolengo; por eso le rechazan. La gente no puede aceptar que Dios pueda emplear
un instrumento humilde, tampoco que Dios pueda humillarse tanto que aparezca en la figura de un
hombre. La incredulidad muestra que no tenemos conocimiento de nosotros mismos y que por lo tanto
no nos damos cuenta de que necesitamos a Cristo, el humilde Salvador.
2. Nuestra tarea es testificar de Jesús y con su autoridad demandar fe en Él. El envío de los
discípulos fue como un preludio de Pentecostés. Desde entonces fueron enviados (y nosotros igual)
para testificar de Cristo y pedir fe en Jesús. Si la gente no acepta el mensaje del evangelio, es como si
rechazaran a Jesús mismo. Actuemos con la autoridad de Cristo, y tengamos cuidado de no rechazar a
Jesús al no recibir su palabra. Por otro lado, rechazar a Jesús es un pecado más grave que los pecados
cometidos por ciudades impías e inmorales. Esto es un duro golpe para aquellos que pretenden
asegurarse la dicha eterna por medio de una vida moralmente elevada, sin la necesidad de recibir a
Cristo. Parece increíble, pero mayor castigo merece el que rechaza a Jesús, que el que vivió una vida
en forma licenciosa sin el conocimiento de Cristo.
3. Mientras que Juan murió como mártir, Jesús murió como sacrificio vicario. La manera en la
cual Marcos une la fama de Jesús con la muerte de Juan nos hace ver que la muerte amenazaría
también a Jesús. Herodes respetaba a Juan, pero no quiso dejarse corregir por él. En su ambigüedad
cedió ante la petición de la hija de Herodías. La ambigüedad lleva fácilmente al rechazo total del
evangelio. Si no rompemos radicalmente con ella, seremos su víctima.
4. La alimentación de los cinco mil es un preludio del reino de Dios. Esta señal pinta un aspecto
positivo del reino de Dios: el reino de Dios no sólo se caracteriza por la ausencia de miseria, sino
también por la presencia de abundancia y gozo. Esta historia es a la vez una indicación de la futura
tarea de los discípulos (y de la iglesia de hoy): alimentar a las multitudes con la palabra de Dios. En todo
esto, Jesús muestra su gran amor y preocupación por el bienestar del pueblo de Israel, el pueblo del
pacto de Dios, en cuyo tronco también nosotros somos injertados.
Alimentar a la gente por medio del evangelio y la obra social es dar expresión del amor y la
preocupación de Jesús por la humanidad.
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5. Jesús quiere despertar la confianza en Él. Este es el significado de la historia de Jesús caminando
sobre el agua, la cual a primera vista nos parece un poco extraña. Jesús no interviene, ni entra
inmediatamente en la barca, pues los discípulos deben aprender que la tarea que Jesús les impone
implica su promesa de ayuda y protección. Debido a su poca fe, Jesús en su misericordia, entra en la
barca y calma la tempestad. Al otro lado del mar, Él continúa su trabajo. Su misericordia es grande, pero
el fruto es todavía escaso. Hay mucha `fe' en los milagros, pero poco interés y fe en su mensaje. ¿No
podemos decir lo mismo hoy en día?

LÁMPARA ES A MIS PIES TU PALABRA
El evangelio según Marcos: Comentario exegético y homilético
Rev. Pieter J. Den Admirant: pastor misionero que trabajó por años en Chile
Este libro fue editado y distribuido por Fundación En la Calle Recta.
(Más información en su sitio de web: http://www.enlacallerecta.es/ )
En cooperación con la Liga Misionera Reformada en la Iglesia Reformada en Holanda

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