jueves, octubre 6

COMENTARIO DEL 1 SAMUEL CAPITULO 6

Los sacerdotes y adivinos.

El arca había estado en el país de los filisteos durante siete meses. Los habitantes de las tres ciudades, Asdod, Gat y Ecrón (ver cap. 5: 5-12), habían sido castigados con una terrible plaga, y el país había sido asolado por ratones que destruían las cosechas (vers. 5). Entre los pueblos de la antigüedad, el ratón era símbolo de pestilencia, y así aparece en los jeroglíficos egipcios. En su tribulación, los señores de los filisteos recurrieron a sus magos. Esos "adivinos" estudiaban los fenómenos y presagios naturales. Examinaban las entrañas de animales ofrecidos en sacrificio -los así llamados "augures mediante el hígado" de los babilonios-; observaban el vuelo de las aves, la forma en que caían ciertos talismanes, lo que les sucedía a las flores, etc. Correspondía a los astrólogos, adivinos, médiums espiritistas y nigromantes clasificar todas las cosas en dos categorías: lo propicio y lo funesto, lo bueno y lo malo, los presagios favorables y desfavorables. El Señor ordenó específicamente a su pueblo que no practicara el arte de la adivinación (Deut. 18: 10-12). Balaam, profeta apóstata del Señor, a quien Balac el rey de Moab había llamado para que maldijera a Israel, afirmó que no había tal cosa como un agüero o adivinación contra Israel (Núm. 23: 23). Pero Saúl evidentemente influido por las prácticas de los pueblos circunvecinos e impulsado a la desesperación por el silencio del consejo divino, recurrió a la pitonisa de Endor en procura de ayuda (1 Sam. 28).

¿Qué haremos?

Entre las naciones del Cercano Oriente ni aun los reyes se atrevían a iniciar una campaña sin consultar primero a sus magos. Entre las tribus paganas de hoy día, nadie hay más respetado y temido que el hechicero. Concordaba perfectamente con las costumbres de la época, el que los señores de los filisteos consultaran con los adivinos en cuanto a lo que correspondía hacer.

3.

No la enviéis vacía.

La respuesta de los sacerdotes y adivinos no sólo fue que se devolviera el arca, sino que se lo hiciera de tal forma que apaciguara al ofendido Dios de Israel y que se demostrara que él había refrenado la plaga. El primer requisito fue una ofrenda expiatorio de cinco tumores de oro y cinco ratones de oro. Entre las naciones paganas existía la práctica de tratar de aplacar la ira de sus dioses mediante ofrendas votivas que tomaban la forma de los males de los que procuraban liberarse. Cuán diferente era esto de las instrucciones dadas a Israel acerca de las ofrendas expiatorias. Si alguien pecaba "por yerro en las cosas santas de Jehová" debía llevar al sacerdote un carnero sin defecto de los rebaños (Lev. 5: 14-19). Además de esto se compensaba plenamente con dinero cualquier perjuicio cometido, lo que incluía no sólo pagar el valor de lo defraudado sino también una multa de una quinta parte del valor del artículo.

5.

Daréis gloria.

Es decir, reconocer el poder de Dios para quitar esas plagas, cualquiera fuera su causa, y buscar la curación divina. No todos estuvieron de acuerdo con el consejo de los sacerdotes. Su religión pagana era de temor servil y egoísta.

Los filisteos eran leales a Dagón y, sin embargo, temían al Dios de Israel debido a los sucesos recientes y estaban perplejos en cuanto a la forma de salir de sus dificultades. Querían desprenderse del arca, y sin embargo el orgullo les agitaba el corazón debido a su captura. Dar gloria a Dios habría sido una falta de respeto a Dagón. Estaban todavía menos dispuestos a renunciar a su forma de culto, como le sucedió a Nabucodonosor, siglos más tarde, cuando se convenció del poder- superior del Creador. Antes de llegar a esta consulta Final, habían probado varios recursos, tales como el envío del arca de una ciudad a otra.

6.

Endurecéis vuestro corazón.

Los adivinos creyeron conveniente advertir al pueblo que no se rebelara contra el Señor como lo habían hecho los egipcios, puesto que una continua resistencia contra la voluntad de Dios tan sólo provocaría mayores sufrimientos para ellos y para otros. Aunque al principio no estuvo dispuesto a escuchar, después de semanas de sufrimientos el pueblo se sintió constreñido a aceptar el consejo de los magos. Con frecuencia la convicción se impone sobre los más reacios. Del mismo modo como el Espíritu Santo habló mediante Balaam, también 477 dio a los Filisteos un sabio consejo aun por medio de sus adivinos.

Dios siempre habla a los hombres mediante formas y medios que les son comprensibles. Los acontecimientos posteriores demostraron que Dios trató a los filisteos de acuerdo con la luz que tenían (ver 2 Cor. 8: 12).

7.

Un carro nuevo.

La primera parte del vers. 7 dice literalmente: "Ahora, tomaos y haceos un nuevo carro, y dos vacas lecheras". Ambos verbos se refieren a ambos complementos. No significa que los filisteos habían de construir un carro nuevo. El énfasis recae en el hecho de que debía ser nuevo, sin usar. Así también las vacas no debían conocer lo que era el yugo, como señal de que nunca se las había empleado para fines seculares. Esta era una demostración de respeto. En su entrada triunfal en Jerusalén, Cristo se sentó sobre un pollino "en el cual ningún hombre" había "montado" (Mar.11: 2).

Haced volver sus becerros.

Separando los becerros de sus madres, los adivinos esperaban determinar -ante el consenso de todos- si las plagas provenían de Jehová o no. Si el Dios de los israelitas quería que volviera su arca, tendría que hacer que las vacas efectuaran algo antinatural: abandonar voluntariamente sus becerros. Dios estuvo dispuesto a ser puesto a prueba por quienes preguntaban con sinceridad.

8.

En una caja.

La palabra traducida "caja", "argaz, aparece únicamente esta vez en todo el AT. Se sabe que "argaz era una palabra palestina para designar la "caja" de un carro. Los filisteos mostraron mayor respeto por el arca, la cual no habían destapado, que los hombres de la ciudad sacerdotal de Bet- semes que la recibieron de vuelta. ¡Cuántas veces los paganos avergüenzan a los cristianos por su comportamiento cuando están en presencia de lo sobrenatural! Parece que las ofrendas de oro fueron cuidadosamente colocadas en una especie de talega o bolsa que podía atarse bien a las varas con las cuales se llevaba el arca o a la envoltura con que se la cubría.

9.

Bet-semes.

Literalmente, "la casa del sol". Había varias ciudades palestinas de nombre Bet-semes cuando Israel entró en el país. Se cree que una de ellas, que pertenecía a Isacar (Jos. 19: 22, 23), estaba en el lugar que ahora se conoce como El-"Abeidiyeh, a poca distancia al sur del mar de Galilea. Otra ciudad del mismo nombre pertenecía a la tribu de Neftalí, y probablemente estaba al noroeste del mar de Galilea (ver Jos. 19: 38, 39; Juec. 1: 33). Es evidente que 1 Sam. 6: 9 se refiere a una tercera ciudad que lleva el mismo nombre, ahora Tell er-Rumeileh, en la heredad de Judá (Jos. 15: 10, 12) que fue apartada para los levitas (Jos. 21: 13, 16; 1 Crón. 6: 59). Estaba en el distrito del hijo de Decar (1 Rey. 4: 9), uno de los funcionarios de Salomón que proporcionaba vituallas para la mesa del rey, y fue el lugar donde Amasías fue derrotado en su conflicto con Joás de Israel (2 Rey. 14: 11, 13; 2 Crón. 25: 21-23). El hecho de que tantos lugares tuvieran ese nombre indica que los cananeos eran devotos adoradores de los cuerpos celestes, en este caso el sol.

De igual manera, Ur de los Caldeos y Harán fueron centros del culto de la luna.

Convencidos del poder sobrenatural del arca, los adivinos filisteos dispusieron que fuera enviada a Bet-semes, la ciudad sacerdotal más cercana de Israel.

Razonaban que si las vacas que no estaban acostumbradas al yugo abandonaban a sus becerros y llevaban directamente el carro a esa fortaleza levítica, con toda seguridad el arca, o más bien el Dios del arca, era el autor de la plaga que les había sobrevenido.

12.

Camino recto.

La declaración dice literalmente:"Derecho en el camino sobre el camino a Bet-semes, por una calzada"; el camino directo de Ecrón a Bet-semes. Tan sólo un poder sobrenatural mantendría las vacas en el camino principal. Los príncipes filisteos no las condujeron sino que fueron "tras ellas". El hecho de que las vacas nunca habían llevado yugo (vers. 7), es una evidencia de que no habían estado antes en el camino.

¿Qué demostración más poderosa podían recibir los adoradores de Dagón? Si en forma antinatural unas bestias siguen a un Guía invisible, el hombre -generosamente bendecido con las facultades del intelecto-, ¿por qué no podría ir en contra del orgullo natural y de la tradición nacional para someterse a la conducción de Aquel que también podía reprimir la plaga y los ratones? ¿Por qué no había visto Balaam al ángel del Señor que estaba en el camino tan fácilmente como lo vio su asna? Bajo la influencia hipnótica del maligno, los hombres hoy día tan sólo ven lo que Satanás desea que vean, sin comprender que muy cerca está Uno listo para desatar las ligaduras que los atan estrechamente. 478

13.

Segaban el trigo.

Puesto que la cosecha del trigo se efectúa en la primavera, entre el tiempo de la pascua y la fiesta de las semanas o Pentecostés, y siendo que el arca había estado en poder de los filisteos durante siete meses, la batalla en que aquélla fue capturada ocurrió en el otoño, por el tiempo de la fiesta de los tabernáculos. Por eso quizá muchos estaban en Silo para la fiesta y pudieron haber ayudado para proteger a Israel contra los invasores. Ante la victoria filistea, habrían huido a sus hogares en las diferentes tribus (ver cap. 4: 10).

Los habitantes de Bet-semes estaban en el campo ocupados en la cosecha, probablemente usando la hoz y el rastrillo como se hace hoy en Palestina. No había huertos en la ciudad misma. Los campos no estaban separados por cercos sino por piedras que marcaban los linderos. El que no estaba familiarizado con la comarca no podía decir dónde comenzaba una parcela y dónde terminaba la otra.

14.

Una gran piedra.

En el campo de Josué, quizá cerca del camino real. Las vacas se detuvieron al lado de esa piedra. Bet-semes era una ciudad levítica, y sus habitantes tenían tanto el derecho como el deber de cuidar del arca. Como no había tabernáculo, los levitas colocaron el arca sagrada, junto con la ofrenda expiatorio de los filisteos, encima de la gran piedra y ofrecieron las vacas como holocausto al Señor. Puesto que Bet-semes está en el mismo corazón de la Sefela, o comarca montañosa, donde los caminos reales atraviesan el centro de los valles, tal vez esa piedra sobresalía desde la ladera de la colina, y fácilmente podía llegarse a ella desde arriba. Sin embargo, desde el lado de abajo podría haber estado a más de un metro por encima del camino.

16.

Volvieron a Ecrón.

¡Qué chasco para los filisteos! Habían sido testigos de la derrota de Dagón ante el Señor en el templo de Asdod. Habían contemplado el proceder de las vacas, movidas por una fuerza sobrenatural, cuando llevaron de vuelta el arca a Judá. Todavía habían de ser testigos del poder represor de Dios al detener la epidemia y al curarlos. Aunque habían visto maravillas ese día, ¡volvieron a sus dioses!

18.

La gran piedra.

Puesto que los vers. 14 y 15 se refieren a la gran "piedra" en la cual se colocó el arca, y puesto que los vers. 17 y 18 tratan de los recordativos de ese acontecimiento, resulta evidente que la piedra del campo de Josué se menciona tan sólo en relación con esos otros recordativos que contribuían a exaltar a Dios.

19.

Mirado dentro.

Tanto el toque como la inspección ocular irreverentes iban a recibir un serio castigo (ver Núm. 4: 20). A Moisés se le negó la entrada en la tierra de Canaán porque no prestó estricta obediencia a las órdenes de Dios. Aunque eran sacerdotes, Nadab y Abiú pagaron con la vida su falta de reverencia.

Cincuenta mil setenta hombres.

Literalmente, "setenta hombres, cincuenta mil hombres". En contra de la sintaxis normal del hebreo, el número más pequeño viene aquí primero. Este orden peculiar de las palabras hace dificilísima la traducción del texto.

Algunos han sugerido: "El hirió a setenta hombres; cincuenta de un millar", o "él mató a setenta hombres de cincuenta mil hombres". Tres importantes manuscritos hebreos omiten las palabras "cincuenta mil". En Juec. 6: 15 "élef, "mil", se traduce "familia". Es posible que también aquí debería traducirse "familia". Si fuera así, la afirmación diría: "E hirió entre el pueblo 70 hombres de 50 familias". La mayoría de los comentadores están de acuerdo en que sólo fueron muertos 70 hombres de Bet-semes. La BJ traduce: "a setenta de sus hombres". Con todo, en una ciudad tan pequeña como Bet-semes aun esto habría sido una calamidad terrible. Por supuesto, los filisteos escucharían acerca de esto, y tendrían así una prueba más de que Dios tuvo en cuenta el hecho de que ellos rehusaran mirar dentro del arca y la reverencia que le demostraron.

21.

Quiriat-jearim.

Literalmente, "la ciudad de bosques". Esta era una de las ciudades de Gabaón que buscó la protección de Josué después de la destrucción de Jericó (Jos. 9: 17). Estaba registrada en la heredad de Judá (Jos. 15: 9) y situada en las laderas occidentales de las montañas cercanas a Jerusalén, a 14,4 km de Bet-semes. El mensaje para la ciudad de Quiriat-jearim implica la creencia de que mientras más se alejara el arca de los filisteos, mayor seguridad habría.

Quiriatjearim, situada en las montañas, podía ser defendida más fácilmente contra un ataque que una ciudad de la zona más baja y ondulada. 479

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