sábado, mayo 19
COEMNTARIO DEL 2 LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 10
CAPÍTULO X
Versículos 1—5. Los mensajeros de David son maltratados por Hanún. 6—14. Derrota de los
amonitas. 15—19. Derrota de los sirios.
Vv. 1—5. Nahas había sido enemigo de Israel, pero había sido bondadoso con David. Por tanto, éste
resuelve retribuirle agradecido. Si un fariseo da limosna con orgullo aunque Dios no lo recompense,
el que recibe la limosna debe darle las gracias por ello. Quienes tienen mala voluntad con su
prójimo han resuelto creer que su prójimo no les tiene buena voluntad. Nada tiene buena intención,
y todo puede ser malinterpretado por los hombres que sólo se aman a sí, y no puede ser de otra
forma. Los mejores hombres no deben encontrar raro si son malentendidos. El amor no piensa mal.
—Conforme a la costumbre de la época y de aquellos países, Hanún trató a los embajadores de
David en la forma más despectiva. David se afligió mucho por sus siervos. Aprendamos a no
tomarnos en serio los reproches injustos que se pasarán y serán para vergüenza de quienes los
expresaron o hicieron; en cambio, la reputación injustamente herida en poco tiempo vuelve a crecer,
como la barba. Dios exhibirá tu justicia como la luz, por tanto, guarda silencio ante Jehová y espera
en Él, Salmo xxxvii, 6, 7.
Vv. 6—14. Los que están en guerra con el Hijo de David no sólo provocan, sino comienzan la
guerra. Dios tiene fuerzas para mandar contra los que desafían su ira, Isaías v, 19, las que los
convencerán de que nunca nadie que haya endurecido su corazón contra Dios ha prosperado. Los
soldados de Cristo deben reforzar sus manos unos a otros en la guerra espiritual. —Que nada falte
en nosotros, cualquiera sea el éxito. Cuando tomamos conciencia de cumplir nuestro deber, con
satisfacción podemos dejar el hecho con Dios, esperando con toda seguridad su salvación a su
manera y en el tiempo oportuno.
Vv. 15—19. Aquí hay un nuevo intento de los sirios. Hasta la causa moribunda saldrá adelante
en la medida que le quede algo de vida; los enemigos del Hijo de David así lo hacen. Pero ahora se
cumplía la promesa hecha a Abraham, Génesis xv, 18, y reiterada a Josué, capítulo i, 4, de que las
fronteras de Israel se extenderían hasta el río Éufrates. Aprended de aquí, que es peligroso ayudar a
quienes tienen a Dios por enemigo, cuando caigan, caerán con ellos los que los ayudaron.
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