miércoles, julio 18

COMENTARIO DEL 2 LIBRO DE SAMUEL, CAPITULO 16


CAPÍTULO XVI
Versículos 1—4. La falsedad de Siba. 5—14. Simei maldice a David. 15—23. El consejo de
Ahitofel.
Vv. 1—4. Siba delató a Mefiboset. Los hombres grandes siempre deben sospechar de los
halagadores, y deben cuidar de oír ambos lados.
Vv. 5—14. David soportó las maldiciones de Simei mucho mejor que los halagos de Siba;
porque éstos lo llevaron a juzgar mal a otro, y aquellas lo llevaron a juzgarse a sí mismo en forma
justa: las sonrisas del mundo son más peligrosas que su ceño fruncido. Una y otra vez David salvó
la vida a Saúl, mientras Saúl buscaba la suya. Pero la inocencia no es defensa contra la maldad y la
falsedad. Ni tampoco tenemos que hallar raro que nos acusen precisamente de aquello que hemos
evitado con sumo cuidado. Bueno es para nosotros que los hombres no sean nuestros jueces, sino
Aquel cuyo juicio es conforme a la verdad. Véase cuán paciente fue David en este maltrato. Que
esto nos recuerde a Cristo, que oró por los que lo maldecían y lo crucificaron. El espíritu humilde
volverá los reproches en reprobación y sacará algo bueno de ellos, en lugar de ser irritados por
ellos. —David ve la mano de Dios en esto y se consuela con que Dios sacará algo bueno de su
aflicción. Podemos depender de Dios para recompensar no sólo nuestros servicios sino nuestros
sufrimientos.
Vv. 15—23. Los consejeros más sabios de la época eran Ahitofel y Husai; Absalón se cree
seguro de triunfar cuando los tiene a ambos; confía en ellos y no consulta el arca, aunque la tiene
consigo. Pero ambos resultaron ser consejeros miserables. Husai nunca le aconsejaría que actuara
sabiamente. Ahitofel le aconsejó que hiciera lo malo; y así, lo traicionó tan eficazmente como lo
hizo, siendo deliberadamente falso con él: porque los que aconsejan a los hombres que pequen,
ciertamente les aconsejan para su propio mal. Después de todo, la honestidad es la mejor política, y
así será en el largo plazo. Ahitofel aconsejó mal a Absalón para volverlo aborrecible a su padre de
modo que éste nunca se reconciliara con él; esta maldita política es del diablo. ¡Cuán perverso es el
corazón del hombre!

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