jueves, agosto 16

COMENTARIO DEL CAPITULO 21 DEL 2 DE SAMUEL


CAPÍTULO XXI
Versículos 1—9. Los gabaonitas vengados. 10—14. Rizpa cuida los cuerpos de los descendientes
de Saúl. 15—22. Las batallas con los filisteos.
Vv. 1—9. Toda aflicción surge del pecado y debe llevarnos a arrepentirnos y a humillarnos delante
de Dios; pero algunos problemas especialmente muestran que han sido enviados para traer a la
memoria el pecado. Los juicios de Dios suelen mirar muy atrás, y eso es lo que requiere que
hagamos cuanto antes sus reprensiones. No nos corresponde objetar el hecho de que la gente sufra
por el pecado de su rey; quizá le ayudaron. Ni objetar el hecho de que esta generación sufra por el
pecado de la anterior. Dios suele castigar los pecados de los padres en los hijos, y no rinde cuentas
de nada a nadie. El paso del tiempo no borra la culpa del pecado, ni podemos acariciar la esperanza
de escapar porque el juicio tarda. Si no podemos entender todas las razones de la Providencia al
respecto, tampoco tenemos derecho a pedir que Dios nos rinda cuenta de sus razones. Debe ser
bueno porque es la voluntad de Dios y, al final, resultará ser así. —El dinero no paga la sangre.
Pareciera que la posteridad de Saúl anduvo en sus huellas, porque es llamada casa de sangre. Era el
espíritu de la familia por lo cual con justicia se les reconoce por su pecado personal como por el de
su familia. Los gabaonitas pidieron esto contra Saúl o su familia no por maldad. No era para
satisfacer ninguna venganza, sino por el bien público. Fueron ejecutados al comienzo de la cosecha;
así pues fueron sacrificados para apaciguar la ira del Dios Todopoderoso que había suspendido la
misericordia de las cosechas durante los años anteriores, y para obtener su favor en la cosecha
actual. En vano esperamos misericordia de Dios si no hacemos justicia contra nuestros pecados. Las
ejecuciones no deben considerarse crueles cuando son por el bien público.
Vv. 10—14. Que una tierra culpable disfrutara de muchos años de abundancia, requiere gratitud;
no debe maravillarnos que se castigue con escasez la abundancia mal usada; pero cuán pocos están
dispuestos a preguntar al Señor la causa pecaminosa, mientras muchos buscan las causas
secundarias por medio de las cuales le ha placido obrar. Pero el Señor alega por la causa de los que
no pueden o no quieren vengarse; y las oraciones del pobre son de gran poder. —Cuando Dios
envió lluvia para regar la tierra, los cuerpos fueron enterrados, porque entonces quedó claro que la
petición por la tierra Dios la había oído. Cuando se hace justicia en la tierra, cesa la venganza del
cielo. Dios se pacifica, y es puesto a nuestro favor por medio de Cristo, que fue colgado en un
madero, hecho maldición por nosotros, para quitar de en medio la culpa, aunque Él mismo era
inocente.
Vv. 15—22. Estos sucesos parecen haber ocurrido hacia el final del reinado de David. David
flaqueaba, pero no huyó, y Dios envió ayuda en tiempo de necesidad. A veces hasta los santos más
fuertes desfallecen en los conflictos espirituales; entonces, Satanás los ataca furiosamente, pero
quienes defienden su terreno y le resisten, serán aliviados y serán más que vencedores. La muerte es
el último enemigo del cristiano, e hijo de Anac; pero, por medio de Aquel

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