martes, octubre 16

COMENTARIO DEL 1 DE REYES CAPITULO 9

CAPÍTULO IX
Versículos 1—9. La respuesta de Dios a Salomón. 10—14. Los regalos de Salomón e Hiram. 15—
28. Las edificaciones de Salomón—Su comercio.
Vv. 1—9. Dios advierte a Salomón que él y su pueblo no deben creerse mejores de lo que son ahora
que tienen el templo recién edificado y dedicado, sino que teman. Después de todo, los servicios
que podamos realizar, nos dejan en las mismas condiciones que antes con el Señor. Nada puede
adquirirnos la libertad para pecar, ni tampoco el creyente verdadero desea tal permiso. Más bien
preferiría ser castigado por el Señor que sentirse autorizado a seguir con comodidad y prosperidad
en el pecado.
Vv. 10—14. Salomón le dio veinte ciudades a Hiram, pero no le gustaron. Si Salomón lo quería
agradar, que fuera en su propio elemento, convirtiéndose en su socio comercial, como hizo. Véase
en qué manera la providencia de Dios adapta esta tierra a los variados temperamentos de los
hombres y ajusta las disposiciones de los hombres a la tierra y, todo por el bien de la humanidad en
general.
Vv. 15—28. He aquí otro relato de la grandeza de Salomón. Empezó por el lado correcto,
porque construyó primero la casa de Dios y la terminó antes de empezar la propia; entonces Dios lo
bendijo y prosperó en todas sus otras construcciones. Empezad por la piedad y seguirá la ganancia;
dejad el placer para el final. Probablemente tengamos provecho cualesquiera sean los trabajos que
pasemos para la gloria de Dios y para provecho del prójimo. Canaán, la tierra santa, la gloria de
todas las tierras, no tenía oro; lo cual muestra que el mejor producto es para el sustento de la vida, la
propia y la del prójimo; eso producía Canaán. Salomón obtuvo mucho por su mercadería, sin
embargo, nos ha dirigido a un mejor comercio al alcance del más pobre. La sabiduría es mejor que
la ganancia de la plata y su fruto más que el oro fino, Proverbios iii, 14.
CAPÍTULO X

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