CAPÍTULO XX
Versículos 1—11.
Ben-adad sitia Samaria. 12—21. Derrota de Ben-adad. 22—30. Nueva derrota
de los sirios.
31—43. Acab hace la paz con Ben-adad.
Vv. 1—11.
Ben-adad envió una demanda muy insolente a Acab. Este respondió con una sumisión
muy ignominiosa; el pecado pone en aprietos a los hombres, al dejarlos fuera de la protección
divina. Si Dios no nos manda, lo harán nuestros enemigos: la culpa descorazona a los hombres y los
acobarda. —Acab desesperó. Los hombres dejarán sus cosas más placenteras, lo que más aman,
para salvar la vida; sin embargo, prefieren perder el alma antes que separarse de cualquier placer o
interés para impedirlo. He aquí uno de los dichos más sabios que haya dicho Acab, y es una buena
lección para todos. Necio es jactarse del día de mañana puesto que no sabemos lo que puede traer.
Bienaventurado el hombre que nunca baja su guardia.
Vv. 12—21. Los orgullosos sirios fueron derrotados y los despreciados israelitas fueron los
vencedores. Las órdenes del orgulloso rey ebrio desorganizaron sus tropas impidiéndoles atacar a
los israelitas. Los que se sienten más seguros suelen ser los que tienen menos valor. Acab mató a los
sirios con una tremenda carnicería. Dios hace frecuentemente que un hombre malo azote al otro.
Vv. 22—30. Los de Ben-adad le aconsejaron que cambiara de terreno. Dieron por sentado que
no era Israel, sino los dioses de Israel, los que los vencieron; pero hablan con mucha ignorancia de
Jehová. Suponen que Israel tenía muchos dioses a los cuales atribuian poder limitado dentro de
cierta jurisdicción; así de vanos eran los gentiles en lo que imaginaban acerca de Dios. La mayor
sabiduría en asuntos mundanos suele ir unida con la necedad más despreciable en las cosas de Dios.
Vv. 31—43. Este estímulo tienen los pecadores para arrepentirse y humillarse ante Dios. ¿No
hemos oído que el Dios de Israel es un Dios misericordioso? ¿No lo hemos hallado así? Eso es
arrepentimiento del evangelio, que fluye de la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo; hay
perdón en él. ¡Qué cambio hay aquí! El más altivo en la prosperidad resulta ser, a menudo, el más
abyecto en la adversidad; un espíritu maligno afecta al hombre en ambas condiciones. Hay gente a
la que, como Acab, se le otorga malamente el éxito; no saben cómo servir a Dios con su
prosperidad, ni a su generación o, ni siquiera, sus intereses verdaderos; que se muestre favor al
malo, pero no aprenderá justicia. —El profeta decretó reprobar a Acab con una parábola. Si se
castiga a un buen profeta por no golpear a su amigo, y amigo de Dios, cuando Dios manda:
“Golpea”, un rey malo será hallado digno de un castigo mucho más doloroso, cuando salva a su
enemigo y enemigo de Dios, cuando Dios mandó: “Ataca”. Acab se fue a su casa, disgustado y
molesto, no un verdadero penitente, ni procurando deshacer lo que había hecho mal, totalmente
malhumorado a pesar de su victoria. —¡Ay! Muchos que oyen la buena nueva de Cristo están muy
atareados aquí y allá hasta que pasa el día de la salvación.
CAPÍTULO XXI
Vv. 12—21. Los orgullosos sirios fueron derrotados y los despreciados israelitas fueron los
vencedores. Las órdenes del orgulloso rey ebrio desorganizaron sus tropas impidiéndoles atacar a
los israelitas. Los que se sienten más seguros suelen ser los que tienen menos valor. Acab mató a los
sirios con una tremenda carnicería. Dios hace frecuentemente que un hombre malo azote al otro.
Vv. 22—30. Los de Ben-adad le aconsejaron que cambiara de terreno. Dieron por sentado que
no era Israel, sino los dioses de Israel, los que los vencieron; pero hablan con mucha ignorancia de
Jehová. Suponen que Israel tenía muchos dioses a los cuales atribuian poder limitado dentro de
cierta jurisdicción; así de vanos eran los gentiles en lo que imaginaban acerca de Dios. La mayor
sabiduría en asuntos mundanos suele ir unida con la necedad más despreciable en las cosas de Dios.
Vv. 31—43. Este estímulo tienen los pecadores para arrepentirse y humillarse ante Dios. ¿No
hemos oído que el Dios de Israel es un Dios misericordioso? ¿No lo hemos hallado así? Eso es
arrepentimiento del evangelio, que fluye de la aprehensión de la misericordia de Dios en Cristo; hay
perdón en él. ¡Qué cambio hay aquí! El más altivo en la prosperidad resulta ser, a menudo, el más
abyecto en la adversidad; un espíritu maligno afecta al hombre en ambas condiciones. Hay gente a
la que, como Acab, se le otorga malamente el éxito; no saben cómo servir a Dios con su
prosperidad, ni a su generación o, ni siquiera, sus intereses verdaderos; que se muestre favor al
malo, pero no aprenderá justicia. —El profeta decretó reprobar a Acab con una parábola. Si se
castiga a un buen profeta por no golpear a su amigo, y amigo de Dios, cuando Dios manda:
“Golpea”, un rey malo será hallado digno de un castigo mucho más doloroso, cuando salva a su
enemigo y enemigo de Dios, cuando Dios mandó: “Ataca”. Acab se fue a su casa, disgustado y
molesto, no un verdadero penitente, ni procurando deshacer lo que había hecho mal, totalmente
malhumorado a pesar de su victoria. —¡Ay! Muchos que oyen la buena nueva de Cristo están muy
atareados aquí y allá hasta que pasa el día de la salvación.
CAPÍTULO XXI
CAPÍTULO XXI
Versículos 1—4.
Acab codicia la viña de Nabot. 5—16. Nabot asesinado por Jezabel. 17—29.
Elías anuncia juicios contra Acab.
Vv. 1—4.
Quizá Nabot se haya alegrado con tener una viña situada tan cerca de palacio, pero la
situación le resultó fatal; la fortuna de más de un hombre ha sido su lazo, y de mala consecuencia el
estar cerca de los grandes. —El descontento es un pecado que es su propio castigo, y hace que los
hombres se atormenten. Es un pecado que se genera en sí mismo; no surge de la situación, sino de
la mente: como hallamos a Pablo contento en una cárcel, así Acab estaba descontento en un palacio.
Tenía a su disposición todos los placeres de Canaán, esa tierra deseable; la riqueza de un reino, los
placeres de una corte, y los honores y poderes de un trono; sin embargo, todo le servía de nada sin
la viña de Nabot. Los malos deseos exponen a los hombres a continuas vejaciones, y los que están
dispuestos a afanarse, por bien que estén, siempre pueden algo que les causa afán.
Vv. 5—16.
Cuando en vez de una ayuda idónea el hombre tiene una agente de Satanás que
asume la forma de una esposa inescrupulosa y engañosa, aunque amada, pueden esperarse efectos
fatales. Nunca un príncipe había dado órdenes más perversas que las que Jezabel dio a los dirigentes
de Jezreel. Nabot debía ser asesinado so pretexto de la religión. No hay maldad tan vil, tan hórrida,
pero a veces la religión ha sido tomada para encubrir eso. Además debe hacerse bajo la apariencia
de justicia, y con las formalidades del proceso legal. —Asombrémonos de la maldad del malo,
basado en esta triste historia, y del poder de Satanás en los hijos de desobediencia. Encomendemos
el resguardo de nuestra vida y nuestras consolaciones a Dios, porque la inocencia no siempre será
nuestra seguridad; y regocijémonos por saber que todo se ajustará a la justicia en el gran día.