lunes, enero 28

COMENTARIO DEL 2DA DE REYES CAPITULO 10,11 Y 12

CAPÍTULO X



Versículos 1—14.

Muerte de los hijos de Acab y de los hermanos de Ocozías. 15—28. Jehú destruye a los

adoradores de Baal.


29—36. Jehú sigue los pecados de Jeroboam.

Versículos 1—14. En los acontecimientos más espantosos, y con la ayuda de los crímenes más bajos del

hombre, se nota la verdad y la justicia de Dios; Dios nunca manda ni puede mandar nada injusto o

irracional. Jehú destruyó todo lo que quedaba de la casa de Acab; todos los que se habían asociado a su

maldad. Cuando pensamos en los sufrimientos y las desgracias de la humanidad, cuando esperamos la

resurrección y el juicio final, y pensamos en el gran número de los malos que esperan su horrorosa

sentencia de fuego eterno, y cuando toda la suma de muerte y miseria ha sido considerada, se plantea la

pregunta solemne, ¿quién los mató? La respuesta es EL PECADO. ¿Entonces, abrigaremos pecados en

nuestro seno y buscaremos felicidad a partir de aquello que es la causa de toda desgracia?


Vv. 15—28.


¿Hay paz? Esta pregunta debemos hacérnosla a menudo. Yo hago una profesión justa, he

ganado fama entre los hombres, pero ¿hay paz? ¿Soy sincero con Dios? —Jonadab reconoció a Jehú en la

obra de venganza y de reforma. Un corazón recto es aprobado por Dios y no busca otra cosa que su

aceptación; pero si apuntamos al aplauso de los hombres, estamos sobre un fundamento falso. No

podemos juzgar si Jehú miró más allá. —La ley de Dios era expresa: los idólatras deben morir. Así se abolió

la idolatría de Israel por el momento. Que nuestro deseo sea desarraigarla de nuestros corazones.


Vv. 29—36.


Se puede preguntar con justicia si Jehú actuó sobre la base de un buen principio, y si no dio

algunos pasos en falso al hacerlo; pero ningún servicio hecho para Dios quedará sin recompensa. Pero la

conversión verdadera no es sólo respecto del pecado grosero, sino de todo pecado; no sólo de los falsos

dioses, sino de las adoraciones falsas. La conversión verdadera no sólo es de los pecados costosos, sino

de los pecados que dejan ganancias; no sólo de los pecados que hieren nuestros intereses mundanos, sino

de los que los sostienen y mantienen, abandonando lo que es la gran prueba de si nos negamos a nosotros

mismos y confiamos en Dios. Jehú mostró gran cuidado y celo para desarraigar una religión falsa, pero no

se interesó en la religión verdadera, no dando pasos para complacer a Dios y hacer su deber. Debe temerse

que los que son desobedientes sean implacables. La gente también fue negligente, por tanto, no es raro que

en aquellos días el Señor empezara a diezmar a Israel. Ellos fallaron en su deber para con Dios, por tanto

Dios los rebajó en su magnitud, riqueza y poder.

CAPÍTULO XI
Versículos 1—12. Atalía usurpa el gobierno de Judá—Joás es hecho rey. 13—16. Muerte de Atalía. 17—21.
Restauración del culto a Jehová.
Vv. 1—12. Atalía destruyó todo lo que ella sabía que estaba emparentado con la corona. Joás, uno de lo
hijos del rey, fue escondido. Ahora la promesa hecha a David estaba atada a una vida solamente y, pese a
eso, no falló. De esta manera, el Hijo de David, el Señor, conforme a su promesa, asegura una simiente
espiritual, a veces oculta e invisible, pero indemne en el pabellón de Dios. —Atalía fue tirana durante seis
años. Entonces fue traído el rey. Sin duda un niño, pero tenía un buen tutor y, lo que era mejor, un buen
Dios al cual recurrir. Con tal gozo y satisfacción debe darse la bienvenida al reino de Cristo en nuestro
corazón, cuando su trono se instala, y es expulsado Satanás el usurpador. Decid, Que el Rey Jesús viva por
siempre viva y reine en mi alma y en todo el mundo.
Vv. 13—16. Atalía aceleró su propia destrucción. Ella misma fue la mayor traidora y, sin embargo, fue la
primera en clamar a gran voz, ¡traición, traición! Los más culpables son corrientemente los más dispuestos a
reprochar a los demás.
Vv. 17—21. El rey y el pueblo debieran unirse muy firmemente uno al otro cuando ambos se hayan
unido al Señor. Bueno es para un pueblo cuando todos los cambios que pasan por ellos les sirvan para
revivir, fortalecerse y promover los intereses de la fe entre ellos. Los pactos sirven para recordarnos y
enlazarnos a los deberes ya vigentes para nosotros. Ellos abolieron de inmediato la idolatría y, conforme al
pacto, expresaron su mutua prontitud para ayudarse unos a otros. El pueblo se regocijó y Jerusalén tuvo
paz. El método para que el pueblo tenga gozo y paz es que se dedique plenamente al servicio de Dios;
porque la voz de gozo y acción de gracias está en las habitaciones del justo, pero no hay paz para el impío.
CAPÍTULO XII
Versículos 1—16. Joás ordena la reparación del templo. 17—21. Los siervos de Joás lo matan.
Vv. 1—16. Gran misericordia para los jóvenes, especialmente para los varones jóvenes de rango, como
Joás, es tener con ellos a quienes los instruyan para hacer lo bueno a ojos del Señor; y hacen sabiamente,
y bien para sí mismos, cuando están dispuestos a ser aconsejados y gobernados. —El templo estaba sin
reparar; Joás ordena la reparación del templo. El rey era celoso. Dios requiere que los que tienen poder lo
usen para la conservación de la religión, la rectificación de las quejas y la reparación de los deterioros. El
rey empleó a los sacerdotes para que administraran, puesto que ellos probablemente pondrían todo su
corazón en la obra. Pero nada se hizo efectivamente hasta el año vigésimo tercero de su reinado. Por tanto,
se adoptó otro método. Cuando se realiza fielmente el reparto público, se harán alegremente los aportes
públicos. Mientras ellos obtenían todo lo que podían para reparar el templo, no interrumpieron el
mantenimiento estipulado para los sacerdotes. Que no pasen hambre los sirvientes del templo, so pretexto
de reparar sus portillos. Los encargados de hacerlo, lo efectuaron con cuidado y fidelidad. No pusieron los
ornamentos del templo hasta completar la obra; de ahí que tenemos que aprender a preferir en todos
nuestros gastos lo que es más necesario y, al tratar con el público, tratarlo como lo haríamos con nosotros
mismos.
Vv. 17—21. Examinemos el carácter de Joás y consideremos lo que podemos aprender de esto.
Cuando vemos cuán triste conclusión tuvo lo que empezó tan promisoriamente, debiera hacernos examinar
nuestro deterioro espiritual. Si algo conocemos de Cristo como fundamento de nuestra fe y esperanza, no
deseemos conocer otra cosa sino Cristo. Que la obra del Espíritu bendito sea manifiesta en nuestra alma;
que podamos ver, sentir y ser fervorosos para buscar a Jesús en toda su plenitud, suficiencia y gracia, para
que nuestra alma pueda ser apartada de las obras muertes para servir al verdadero Dios vivo.
CAPÍTULO
 

2 DA DE REYES CAPITULOS 10,11,Y 12

2da. de Reyes

Capítulo 10

10:1 Tenía Acab en Samaria setenta hijos; y Jehú escribió cartas y las envió a Samaria a los principales de Jezreel, a los ancianos y a los ayos de Acab, diciendo:
10:2 Inmediatamente que lleguen estas cartas a vosotros los que tenéis a los hijos de vuestro señor, y los que tienen carros y gente de a caballo, la ciudad fortificada, y las armas,
10:3 escoged al mejor y al más recto de los hijos de vuestro señor, y ponedlo en el trono de su padre, y pelead por la casa de vuestro señor.
10:4 Pero ellos tuvieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle; ¿cómo le resistiremos nosotros?
10:5 Y el mayordomo, el gobernador de la ciudad, los ancianos y los ayos enviaron a decir a Jehú: Siervos tuyos somos, y haremos todo lo que nos mandes; no elegiremos por rey a ninguno, haz lo que bien te parezca.
10:6 El entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomad las cabezas de los hijos varones de vuestro señor, y venid a mí mañana a esta hora, a Jezreel. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban.
10:7 Cuando las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron a los setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastas, y se las enviaron a Jezreel.
10:8 Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Han traído las cabezas de los hijos del rey. Y él le dijo: Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana.
10:9 Venida la mañana, salió él, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos; he aquí yo he conspirado contra mi señor, y le he dado muerte; pero ¿quién ha dado muerte a todos éstos?
10:10 Sabed ahora que de la palabra que Jehová habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra; y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías.
10:11 Mató entonces Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezreel, a todos sus príncipes, a todos sus familiares, y a sus sacerdotes, hasta que no quedó ninguno.
10:12 Luego se levantó de allí para ir a Samaria; y en el camino llegó a una casa de esquileo de pastores.
10:13 Y halló allí a los hermanos de Ocozías rey de Judá, y les dijo: ¿Quiénes sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y hemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina.
10:14 Entonces él dijo: Prendedlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de esquileo, cuarenta y dos varones, sin dejar ninguno de ellos.
10:15 Yéndose luego de allí, se encontró con Jonadab hijo de Recab; y después que lo hubo saludado, le dijo: ¿Es recto tu corazón, como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Lo es. Pues que lo es, dame la mano. Y él le dio la mano. Luego lo hizo subir consigo en el carro,
10:16 y le dijo: Ven conmigo, y verás mi celo por Jehová. Lo pusieron, pues, en su carro.
10:17 Y luego que Jehú hubo llegado a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta exterminarlos, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías.
10:18 Después reunió Jehú a todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió poco a Baal, mas Jehú lo servirá mucho.
10:19 Llamadme, pues, luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos y a todos sus sacerdotes; que no falte uno, porque tengo un gran sacrificio para Baal; cualquiera que faltare no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para exterminar a los que honraban a Baal.
10:20 Y dijo Jehú: Santificad un día solemne a Baal. Y ellos convocaron.
10:21 Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, de tal manera que no hubo ninguno que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se llenó de extremo a extremo.
10:22 Entonces dijo al que tenía el cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras.
10:23 Y entró Jehú con Jonadab hijo de Recab en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirad y ved que no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino sólo los siervos de Baal.
10:24 Y cuando ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera a ochenta hombres, y les dijo: Cualquiera que dejare vivo a alguno de aquellos hombres que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro.
10:25 Y después que acabaron ellos de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia y a los capitanes: Entrad, y matadlos; que no escape ninguno. Y los mataron a espada, y los dejaron tendidos los de la guardia y los capitanes. Y fueron hasta el lugar santo del templo de Baal,
10:26 y sacaron las estatuas del templo de Baal, y las quemaron.
10:27 Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron el templo de Baal, y lo convirtieron en letrinas hasta hoy.
10:28 Así exterminó Jehú a Baal de Israel.
10:29 Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan.
10:30 Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien ejecutando lo recto delante de mis ojos, e hiciste a la casa de Acab conforme a todo lo que estaba en mi corazón, tus hijos se sentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación.
10:31 Mas Jehú no cuidó de andar en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel.
10:32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio de Israel; y los derrotó Hazael por todas las fronteras,
10:33 desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer que está junto al arroyo de Arnón, hasta Galaad y Basán.
10:34 Los demás hechos de Jehú, y todo lo que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
10:35 Y durmió Jehú con sus padres, y lo sepultaron en Samaria; y reinó en su lugar Joacaz su hijo.
10:36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de veintiocho años.


2da. de Reyes

Capítulo 11

11:1 Cuando Atalía madre de Ocozías vio que su hijo era muerto, se levantó y destruyó toda la descendencia real.
11:2 Pero Josaba hija del rey Joram, hermana de Ocozías, tomó a Joás hijo de Ocozías y lo sacó furtivamente de entre los hijos del rey a quienes estaban matando, y lo ocultó de Atalía, a él y a su ama, en la cámara de dormir, y en esta forma no lo mataron.
11:3 Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años; y Atalía fue reina sobre el país.
11:4 Mas al séptimo año envió Joiada y tomó jefes de centenas, capitanes, y gente de la guardia, y los metió consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos alianza, juramentándolos en la casa de Jehová; y les mostró el hijo del rey.
11:5 Y les mandó diciendo: Esto es lo que habéis de hacer: la tercera parte de vosotros tendrá la guardia de la casa del rey el día de reposo.
11:6 Otra tercera parte estará a la puerta de Shur, y la otra tercera parte a la puerta del postigo de la guardia; así guardaréis la casa, para que no sea allanada.
11:7 Mas las dos partes de vosotros que salen el día de reposo tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey.
11:8 Y estaréis alrededor del rey por todos lados, teniendo cada uno sus armas en las manos; y cualquiera que entrare en las filas, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando salga, y cuando entre.
11:9 Los jefes de centenas, pues, hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó; y tomando cada uno a los suyos, esto es, los que entraban el día de reposo y los que salían el día de reposo, vinieron al sacerdote Joiada.
11:10 Y el sacerdote dio a los jefes de centenas las lanzas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová.
11:11 Y los de la guardia se pusieron en fila, teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, en derredor del rey.
11:12 Sacando luego Joiada al hijo del rey, le puso la corona y el testimonio, y le hicieron rey ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: ¡Viva el rey!
11:13 Oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová.
11:14 Y cuando miró, he aquí que el rey estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes y los trompeteros junto al rey; y todo el pueblo del país se regocijaba, y tocaban las trompetas. Entonces Atalía, rasgando sus vestidos, clamó a voz en cuello: ¡Traición, traición!
11:15 Mas el sacerdote Joiada mandó a los jefes de centenas que gobernaban el ejército, y les dijo: Sacadla fuera del recinto del templo, y al que la siguiere, matadlo a espada. (Porque el sacerdote dijo que no la matasen en el templo de Jehová.)
11:16 Le abrieron, pues, paso; y en el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, allí la mataron.
11:17 Entonces Joiada hizo pacto entre Jehová y el rey y el pueblo, que serían pueblo de Jehová; y asimismo entre el rey y el pueblo.
11:18 Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y lo derribaron; asimismo despedazaron enteramente sus altares y sus imágenes, y mataron a Matán sacerdote de Baal delante de los altares. Y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová.
11:19 Después tomó a los jefes de centenas, los capitanes, la guardia y todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de la guardia a la casa del rey; y se sentó el rey en el trono de los reyes.
11:20 Y todo el pueblo de la tierra se regocijó, y la ciudad estuvo en reposo, habiendo sido Atalía muerta a espada junto a la casa del rey.
11:21 Era Joás de siete años cuando comenzó a reinar.


2da. de Reyes

Capítulo 12

12:1 En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joás, y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Sibia, de Beerseba.
12:2 Y Joás hizo lo recto ante los ojos de Jehová todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joiada.
12:3 Con todo eso, los lugares altos no se quitaron, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
12:4 Y Joás dijo a los sacerdotes: Todo el dinero consagrado que se suele traer a la casa de Jehová, el dinero del rescate de cada persona según está estipulado, y todo el dinero que cada uno de su propia voluntad trae a la casa de Jehová,
12:5 recíbanlo los sacerdotes, cada uno de mano de sus familiares, y reparen los portillos del templo dondequiera que se hallen grietas.
12:6 Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del templo.
12:7 Llamó entonces el rey Joás al sumo sacerdote Joiada y a los sacerdotes, y les dijo: ¿Por qué no reparáis las grietas del templo? Ahora, pues, no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dadlo para reparar las grietas del templo.
12:8 Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener el cargo de reparar las grietas del templo.
12:9 Mas el sumo sacerdote Joiada tomó un arca e hizo en la tapa un agujero, y la puso junto al altar, a la mano derecha así que se entra en el templo de Jehová; y los sacerdotes que guardaban la puerta ponían allí todo el dinero que se traía a la casa de Jehová.
12:10 Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el secretario del rey y el sumo sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban.
12:11 Y daban el dinero suficiente a los que hacían la obra, y a los que tenían a su cargo la casa de Jehová; y ellos lo gastaban en pagar a los carpinteros y maestros que reparaban la casa de Jehová,
12:12 y a los albañiles y canteros; y en comprar la madera y piedra de cantería para reparar las grietas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla.
12:13 Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni despabiladeras, ni jofainas, ni trompetas; ni ningún otro utensilio de oro ni de plata se hacía para el templo de Jehová;
12:14 porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová.
12:15 Y no se tomaba cuenta a los hombres en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra; porque lo hacían ellos fielmente.
12:16 El dinero por el pecado, y el dinero por la culpa, no se llevaba a la casa de Jehová; porque era de los sacerdotes.
12:17 Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Gat, y la tomó. Y se propuso Hazael subir contra Jerusalén;
12:18 por lo cual tomó Joás rey de Judá todas las ofrendas que habían dedicado Josafat y Joram y Ocozías sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro que se halló en los tesoros de la casa de Jehová y en la casa del rey, y lo envió a Hazael rey de Siria; y él se retiró de Jerusalén.
12:19 Los demás hechos de Joás, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
12:20 Y se levantaron sus siervos, y conspiraron en conjuración, y mataron a Joás en la casa de Milo, cuando descendía él a Sila;
12:21 pues Josacar hijo de Simeat y Jozabad hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.

lunes, enero 21

COMENTARIO DE 2 DE REYES CAPITULOS 7, 8, Y 9

CAPÍTULO VII



Versículos 1, 2.

Eliseo profetiza abundancia. 3—11. La huida del ejército sirio. 12—20. Samaria es provista

con abundancia.



Vv. 1, 2.


La extrema necesidad del hombre es la oportunidad de Dios para que Su poder sea glorioso: Su

tiempo de manifestarse a Su pueblo es cuando la fuerza de ellos desapareció. La incredulidad es un pecado

con que los hombres deshonran y desagradan mucho a Dios y se privan de los favores que Él designó para

ellos. Tal será la porción de aquellos que no creen la promesa de la vida eterna; ellos la verán desde lejos

pero nunca la saborearán. Las liberaciones y misericordias temporales no aprovecharán a los pecadores al

final a menos que sean llevados al arrepentimiento por la bondad de Dios.


Vv. 3—11.


Dios puede, cuando le place, hacer temblar al más fuerte de los corazones y en cuanto a los

que no temerán a Dios, Él puede hacerles temer con el temblor de una hoja de árbol. La Providencia ordenó

que llegaran los leprosos tan pronto como los sirios hubieran huido. Sus conciencias les dijeron que la

desgracia caería sobre ellos si solamente se cuidaban a sí mismos. La humanidad natural y el miedo al

castigo son frenos poderosos del egoísmo del impío. Estos sentimientos tienden a preservar el orden y la

bondad en el mundo pero los que han hallado las inescrutables riquezas de Cristo no demorarán más en

informar de la buena nueva a los demás. Por amor a Él, no por sentimiento egoístas, ellos compartirán

alegremente sus cosas terrenales buenas con sus hermanos.


Vv. 12—20.


Aquí vemos las necesidades de Israel suplidas en una manera que pocos imaginaron, lo

cual debiera animarnos a depender del poder y la bondad de Dios en nuestras angustias más grandes. Se

puede confiar en la promesa de Dios con toda seguridad pues ninguna palabra suya dejará de cumplirse. El

noble que objetó la veracidad de la palabra de Eliseo, vio la abundancia para silenciar y avergonzar su

incredulidad y, en eso, vio su propia insensatez pero no comió de la abundancia que vio. Precisamente así

hacen los que ven que les fallan las promesas del mundo y piensan que las promesas de Dios los

desilusionarán. Aprenda cuán profundo es el disgusto de Dios por la desconfianza de Su poder, providencia

y promesa: cuán incierta es la vida y sus disfrutes; cuán ciertas son las amenazas de Dios y con cuánta

seguridad vendrán al culpable. Que Dios nos ayude a escudriñar si estamos expuestos a Sus amenazas o

interesados en Sus promesas.

CAPÍTULO VIII



Versículos 1—6.

Hambre en Israel—La sunamita obtiene su tierra. 7—15. Eliseo es consultado por Hazael

—Muerte de Ben-hadad.


16—24. El reino malo de Joram en Judá. 25—29. El reino malo de Ocozías en

Judá.



Vv. 1—6.


La bondad de la sunamita para con Eliseo fue recompensada por el cuidado que él tuvo de ella

durante el hambre. Bueno es prever un mal y sabio es escondernos, cuando lo prevemos, si podemos

hacerlo legalmente. Cuando se acabó el hambre, ella volvió de la tierra de los filisteos, la cual no era lugar

apropiado para una israelita, más de lo que fuera necesario. Hubo un tiempo en que ella estuvo tan segura

con su propio pueblo que no tuvo ocasión de que se hablara por ella al rey; mucha es la incertidumbre de

esta vida de modo que pueden fallarnos las cosas o personas de las que más dependemos y nos cuidan

aquellos que pensamos que nunca necesitaríamos. A veces los sucesos, pequeños en sí mismos, resultan

importantes como aquí, pues dispusieron al rey para que creyera el relato de Giezi, cuando así fue

confirmado. Esto lo dispuso para conceder el pedido de ella y sostener una vida que fue dada una y otra vez

por milagro.


Vv. 7—15.


Entre otros cambios de idea de los hombres debido a la aflicción, suele haber que hace

pensar de otro modo tocante a los ministros de Dios y enseña a valorar los consejos y oraciones de aquellos

que han odiado y despreciado. No era intención de Hazael que Eliseo entendiera lo que entendió, sino que

Dios se lo reveló y eso trajo lágrimas a sus ojos: mientras más previsión tienen los hombres, son más

proclives a mayor pena. Es posible que un hombre, bajo las convicciones de pecado y frenos de la

conciencia natural, exprese gran aborrecimiento de un pecado pero, después, se reconcilie con ello.

Aquellos que son poca cosa en el mundo no pueden imaginar cuánta fuerza tienen las tentaciones del poder

y la prosperidad, las cuales hallarán mucho peores de lo que sospechaban, si alguna vez llegan ahí,

encontrando cuán engañosos son sus corazones. —El diablo destruye a los hombres diciendo que

ciertamente se recobrarán y estarán bien, meciéndolos de ese modo para que se duerman seguros. El falso

relato de Hazael fue un insulto para el rey que perdió el beneficio de la advertencia del profeta de

prepararse para la muerte, y un insulto para Eliseo que sería contado como falso profeta. No es seguro que

Hazael haya asesinado a su señor o, si le causó la muerte pudiera haber sido sin intención, pero éste fue un

demoledor y, luego, resultó ser un perseguidor de Israel.


Vv. 16—24.


Se da una idea general de la maldad de Joram. Sin duda que su padre le había enseñado

el conocimiento verdadero del Señor pero lo casó mal con la hija de Acab; nada bueno puede venir de la

unión con una familia idólatra.


Vv. 25—29.


Los nombres no hacen naturalezas pero fue malo para la familia de Josafat haber tomado

nombres prestados de la de Acab. La relación de Ocozías con la familia de Acab fue la ocasión de su

maldad y de su caída. Cuando los hombres escogen esposas por sí mismos, que recuerden que están

eligiendo madres para sus hijos. —La providencia así lo ordenó que Ocozías fuera muerto con la casa de

Acab, cuando estuviera llena la medida de su iniquidad. Aquellos que comparten con los pecadores en su

pecado, deben esperar participar con ellos de sus plagas. Que todos los cambios, problemas y maldad del

mundo nos hagan más fervientes para obtener interés en la salvación de Cristo.


CAPÍTULO IX



Versículos 1—10.

Eliseo manda a ungir a Jehú. 11—15. Jehú y los capitanes. 16—29. Jehú mata a Joram y

Ocozías.


30—37. Los perros se comen a Jezabel.

Vv. 1—10.


En estos sucesos y otros similares debemos reconocer la obra secreta de Dios que dispone a los

hombres para que cumplan y respeten sus propósitos. Jehú fue ungido rey de Israel por especial elección

del Señor que aún tenía un remanente de su pueblo y, de todos modos, conservaría su culto entre ellos. Se

le recuerda esto a Jehú. Se le manda destruir la casa de Acab y, en la medida en que actuó obedeciendo a

Dios, y con principios justos, no tuvo que considerar reproche ni oposición. —El asesinato de los profetas de

Dios se destaca con firmeza. Jezabel persistió en su idolatría y enemistad contra Jehová y sus siervos, y su

iniquidad ahora estaba completa.


Vv. 11—15.

Los que entregan fielmente el mensaje del Señor a los pecadores, en todas las épocas han
sido tratados como locos. El juicio, el modo de hablar y la conducta de ellos son contrarios a los de los

demás hombres; ellos soportan mucho para lograr sus objetivos y son influidos por motivos a los cuales los

demás no tienen acceso. —Pero, por sobre todo, los mundanos e impíos de todas las clases los acusan de

que, sin duda, están locos; aunque los principios y las costumbres de los siervos de Dios resultan ser sabios

y razonables. Algo de fe en la palabra de Dios parece haber animado a Jehú a esta empresa.


Vv. 16—29.


Jehú era hombre de espíritu fervoroso. La sabiduría de Dios se ve en la elección de quienes

son empleados en su obra. Pero no no es buena reputación para nadie el ser conocido por su furor. El que

se enseñorea de su espíritu es mejor que el fuerte. —Joram encuentra a Jehú en el sitio de Nabot. Las

circunstancias de los acontecimiento son, a veces, ordenadas por la Providencia Divina para que el castigo

corresponda al pecado, como la cara corresponde a la cara del espejo. El camino del pecado nunca puede

ser el camino de paz, Isaías lvii, 21 ¿Qué paz pueden tener los impíos con Dios? Ninguna en tanto persistan

en el pecado; pero cuando se arrepienten del pecado y lo abandonan, hay paz. —Joram murió como

criminal bajo la sentencia de la ley. Ocozías fue unido con la casa de Acab. Fue uno de ellos; él se había

hecho así por el pecado. Peligroso es unirse a los malhechores; por ello nos enredaremos en la culpa y la

miseria.


Vv. 30—37.


En lugar de esconderse como quien teme la venganza divina, Jezabel se burló del temor.

Véase cómo un corazón endurecido contra Dios, lo desafiará hasta el fin. No hay presagio más seguro de

ruina que un corazón que no se humilla bajo las providencias humillantes. Que consideren la conducta y

destino de Jezabel, los que usan de magia para seducir a los demás a que hagan maldades y para sacarlos

de los caminos de la verdad y la justicia. Jehú pidió ayuda contra Jezabel. Cuando está andando la obra

reformadora es hora de preguntar, ¿quién se pone de su lado? —Los ayudantes de ella la entregaron. Así

fue muerta. Véase el final del orgullo y la crueldad y decid: Jehová es justo. Cuando halagamos nuestros

cuerpos pensemos cuán viles son; dentro de poco seremos banquete para los gusanos de debajo del suelo

o para las bestias encima del suelo. Que todos huyamos de la ira que se revela desde el cielo contra toda

impiedad e injusticia de los hombres.


 

2 DE REYES CAPITULOS 7,8, Y 9

2da. de Reyes

Capítulo 07

7:1 Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.
7:2 Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.
7:3 Había a la entrada de la puerta cuatro hombres leprosos, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos?
7:4 Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos, pues, ahora, y pasemos al campamento de los sirios; si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos.
7:5 Se levantaron, pues, al anochecer, para ir al campamento de los sirios; y llegando a la entrada del campamento de los sirios, no había allí nadie.
7:6 Porque Jehová había hecho que en el campamento de los sirios se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de gran ejército; y se dijeron unos a otros: He aquí, el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los heteos y a los reyes de los egipcios, para que vengan contra nosotros.
7:7 Y así se levantaron y huyeron al anochecer, abandonando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campamento como estaba; y habían huido para salvar sus vidas.
7:8 Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron.
7:9 Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey.
7:10 Vinieron, pues, y gritaron a los guardas de la puerta de la ciudad, y les declararon, diciendo: Nosotros fuimos al campamento de los sirios, y he aquí que no había allí nadie, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campamento intacto.
7:11 Los porteros gritaron, y lo anunciaron dentro, en el palacio del rey.
7:12 Y se levantó el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los sirios. Ellos saben que tenemos hambre, y han salido de las tiendas y se han escondido en el campo, diciendo: Cuando hayan salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad.
7:13 Entonces respondió uno de sus siervos y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad (porque los que quedan acá también perecerán como toda la multitud de Israel que ya ha perecido), y enviemos y veamos qué hay.
7:14 Tomaron, pues, dos caballos de un carro, y envió el rey al campamento de los sirios, diciendo: Id y ved.
7:15 Y ellos fueron, y los siguieron hasta el Jordán; y he aquí que todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los sirios habían arrojado por la premura. Y volvieron los mensajeros y lo hicieron saber al rey.
7:16 Entonces el pueblo salió, y saqueó el campamento de los sirios. Y fue vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seahs de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová.
7:17 Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe sobre cuyo brazo él se apoyaba; y lo atropelló el pueblo a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, cuando el rey descendió a él.
7:18 Aconteció, pues, de la manera que el varón de Dios había hablado al rey, diciendo: Dos seahs de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana a estas horas, a la puerta de Samaria.
7:19 A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera suceder esto? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.
7:20 Y le sucedió así; porque el pueblo le atropelló a la entrada, y murió.


Capítulo 08

8:1 Habló Eliseo a aquella mujer a cuyo hijo él había hecho vivir, diciendo: Levántate, vete tú y toda tu casa a vivir donde puedas; porque Jehová ha llamado el hambre, la cual vendrá sobre la tierra por siete años.
8:2 Entonces la mujer se levantó, e hizo como el varón de Dios le dijo; y se fue ella con su familia, y vivió en tierra de los filisteos siete años.
8:3 Y cuando habían pasado los siete años, la mujer volvió de la tierra de los filisteos; después salió para implorar al rey por su casa y por sus tierras.
8:4 Y había el rey hablado con Giezi, criado del varón de Dios, diciéndole: Te ruego que me cuentes todas las maravillas que ha hecho Eliseo.
8:5 Y mientras él estaba contando al rey cómo había hecho vivir a un muerto, he aquí que la mujer, a cuyo hijo él había hecho vivir, vino para implorar al rey por su casa y por sus tierras. Entonces dijo Giezi: Rey señor mío, esta es la mujer, y este es su hijo, al cual Eliseo hizo vivir.
8:6 Y preguntando el rey a la mujer, ella se lo contó. Entonces el rey ordenó a un oficial, al cual dijo: Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora.
8:7 Eliseo se fue luego a Damasco; y Ben-adad rey de Siria estaba enfermo, al cual dieron aviso, diciendo: El varón de Dios ha venido aquí.
8:8 Y el rey dijo a Hazael: Toma en tu mano un presente, y ve a recibir al varón de Dios, y consulta por él a Jehová, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
8:9 Tomó, pues, Hazael en su mano un presente de entre los bienes de Damasco, cuarenta camellos cargados, y fue a su encuentro, y llegando se puso delante de él, y dijo: Tu hijo Ben-adad rey de Siria me ha enviado a ti, diciendo: ¿Sanaré de esta enfermedad?
8:10 Y Eliseo le dijo: Ve, dile: Seguramente sanarás. Sin embargo, Jehová me ha mostrado que él morirá ciertamente.
8:11 Y el varón de Dios le miró fijamente, y estuvo así hasta hacerlo ruborizarse; luego lloró el varón de Dios.
8:12 Entonces le dijo Hazael: ¿Por qué llora mi señor? Y él respondió: Porque sé el mal que harás a los hijos de Israel; a sus fortalezas pegarás fuego, a sus jóvenes matarás a espada, y estrellarás a sus niños, y abrirás el vientre a sus mujeres que estén encintas.
8:13 Y Hazael dijo: Pues, ¿qué es tu siervo, este perro, para que haga tan grandes cosas? Y respondió Eliseo: Jehová me ha mostrado que tú serás rey de Siria.
8:14 Y Hazael se fue, y vino a su señor, el cual le dijo: ¿Qué te ha dicho Eliseo? Y él respondió: Me dijo que seguramente sanarás.
8:15 El día siguiente, tomó un paño y lo metió en agua, y lo puso sobre el rostro de Ben-adad, y murió; y reinó Hazael en su lugar.
8:16 En el quinto año de Joram hijo de Acab, rey de Israel, y siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram hijo de Josafat, rey de Judá.
8:17 De treinta y dos años era cuando comenzó a reinar, y ocho años reinó en Jerusalén.
8:18 Y anduvo en el camino de los reyes de Israel, como hizo la casa de Acab, porque una hija de Acab fue su mujer; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová.
8:19 Con todo eso, Jehová no quiso destruir a Judá, por amor a David su siervo, porque había prometido darle lámpara a él y a sus hijos perpetuamente.
8:20 En el tiempo de él se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y pusieron rey sobre ellos.
8:21 Joram, por tanto, pasó a Zair, y todos sus carros con él; y levantándose de noche atacó a los de Edom, los cuales le habían sitiado, y a los capitanes de los carros; y el pueblo huyó a sus tiendas.
8:22 No obstante, Edom se libertó del dominio de Judá, hasta hoy. También se rebeló Libna en el mismo tiempo.
8:23 Los demás hechos de Joram, y todo lo que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
8:24 Y durmió Joram con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David; y reinó en lugar suyo Ocozías, su hijo.
8:25 En el año doce de Joram hijo de Acab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías hijo de Joram, rey de Judá.
8:26 De veintidós años era Ocozías cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. El nombre de su madre fue Atalía, hija de Omri rey de Israel.
8:27 Anduvo en el camino de la casa de Acab, e hizo lo malo ante los ojos de Jehová, como la casa de Acab; porque era yerno de la casa de Acab.
8:28 Y fue a la guerra con Joram hijo de Acab a Ramot de Galaad, contra Hazael rey de Siria; y los sirios hirieron a Joram.
8:29 Y el rey Joram se volvió a Jezreel para curarse de las heridas que los sirios le hicieron frente a Ramot, cuando peleó contra Hazael rey de Siria. Y descendió Ocozías hijo de Joram rey de Judá, a visitar a Joram hijo de Acab en Jezreel, porque estaba enfermo.


Capítulo 09

9:1 Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad.
9:2 Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a la cámara.
9:3 Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes.
9:4 Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad.
9:5 Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe.
9:6 Y él se levantó, y entró en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová.
9:7 Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel.
9:8 Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo varón, así al siervo como al libre en Israel.
9:9 Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías.
9:10 Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir.
9:11 Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras.
9:12 Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel.
9:13 Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey.
9:14 Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria;
9:15 pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel.
9:16 Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram.
9:17 Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz?
9:18 Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve.
9:19 Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo.
9:20 El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente.
9:21 Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel.
9:22 Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?
9:23 Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías: ¡Traición, Ocozías!
9:24 Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro.
9:25 Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo:
9:26 Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová.
9:27 Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí.
9:28 Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David.
9:29 En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá.
9:30 Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana.
9:31 Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor?
9:32 Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o tres eunucos.
9:33 Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la atropelló.
9:34 Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey.
9:35 Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos.
9:36 Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel,
9:37 y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.

lunes, enero 14

COMENTARIO DE 2 DE REYES CAPITULO 4,5,Y 6

CAPÍTULO IV



Versículos 1—7.

Eliseo multiplica el aceite de la viuda. 8—17. La sunamita tiene un hijo. 18—37. El hijo de

la sunamita es resucitado.


38—44. El milagro de sanar el potaje y de alimentar a los hijos de los

profetas.



Vv. 1—7.


Los milagros de Eliseo fueron actos de verdadera caridad: los de Cristo así fueron; no sólo

grandes maravillas, sino grandes favores para quienes fueron realizados. Dios magnifica su bondad con su

poder. Eliseo recibió fácilmente la queja de una viuda pobre. Los que dejan a su familia bajo una carga

grande de deudas no saben los problemas que causan. Deber de todos los que profesan seguir al Señor es

no tentarlo con el descuido o la extravagancia, ni endeudarse, mientras confían en Dios para el pan diario;

pues nada tiende más a traer reproche sobre el evangelio o a afligir más a la familia cuando ellos se han

ido. Eliseo puso a la viuda en la senda para pagar su deuda, y mantenerse ella y su familia. Esto fue hecho

por milagro, pero para mostrar cuál es el mejor método para ayudar a los que están afligidos, a saber,

ayudarles a mejorar lo poco que tienen con su propia laboriosidad. —El aceite, enviado por milagro, siguió

fluyendo mientras ella tuvo vasijas vacías en qué recibirlo. Nunca estamos estrechos en Dios o en las

riquezas de su gracia; toda nuestra estrechez está en nosotros mismos. Lo que falla es nuestra fe, no su

promesa. Él da más de lo que pedimos: si hubiera más vasijas hay bastante en Dios para llenarlos;

suficiente para todo, suficiente para cada uno; y la suficiencia absoluta del Redentor sólo será detenida de

suplir las necesidades de los pecadores y de salvar sus almas cuando nadie más acuda a Él para salvación.

—La viuda debía pagar su deuda con el dinero que recibió por el aceite. Aunque sus acreedores fueran muy

duros con ella, debía, no obstante, pagarles aun antes de hacer provisión para sus hijos. Una de las

principales leyes de la religión cristiana es que paguemos toda deuda justa y demos a cada cual lo suyo,

aunque dejemos muy poquito para nosotros mismos; y eso, no por la fuerza sino por causa de la conciencia.

Quienes tienen mente honesta no pueden comer con placer su pan diario a menos que sea su propio pan.

Ella y sus hijos deben vivir con lo que queda; esto es, con el dinero recibido por el aceite, con que ellos se

encaminaron hacia la obtención de una vida honesta. No podemos ahora esperar milagros, pero podemos

esperar misericordias, si atendemos a Dios y le buscamos. En particular, que las viudas dependan de Él. El

que tiene todos los corazones en su mano puede, sin milagros, enviar tan efectivamente su provisión.


Vv. 8—17.


El rey de Israel pensaba bien de Eliseo por sus últimos servicios; un hombre bueno puede

complacerse tanto en servir a los demás como en elevarse a sí mismo. Pero la sunamita no necesitaba

ningún buen oficio de esta clase. Felicidad es habitar con nuestra propia gente, que nos aman y respetan y

a quienes podemos hacer el bien. Bueno sería para muchos si tan sólo supieran cuándo están realmente

bien. El Señor ve el deseo secreto que es suprimido por obediencia a su voluntad, y Él oirá las oraciones de

sus siervos por sus benefactores, enviando misericordias no pedidas e inesperadas; tampoco debe

suponerse que las profesiones de los hombres de Dios sean engañosas, como la de los hombres del

mundo.


Vv. 18—37.

Aquí está la muerte súbita del niño. Toda la ternura de una madre no puede mantener vivo a un hijo de la promesa, a un hijo de oración, uno dado con amor, pero ¡qué admirablemente guarda sus
labios la madre piadosa y prudente sometida a esta súbita aflicción! Ni una palabra necia escapa de ella.
Ella tenía tal confianza en la bondad de Dios que estaba lista para creer que Él restauraría lo que ahora
había quitado. ¡Oh, mujer, grande es tu fe! Él que la trajo no la decepcionará. La madre triste pidió permiso a
su marido para ir de inmediato al profeta. Ella no había pensado que era suficiente tener la ayuda de Eliseo
a veces en su propia familia, pero, aunque era mujer común, asistía al culto público. —A los hombres de
Dios les hace bien pedir por el bienestar de sus amigos y su familia. La respuesta fue: Está bien. ¡Todo bien
y, no obstante, el niño estaba muerto en casa! ¡Sí! Todo lo que Dios hace está bien; todo está bien con
quienes se fueron, si fueron al cielo; y todo está bien con nosotros que permanecemos atrás, si por la
aflicción avanzamos en nuestro camino hacia allá. —Cuando se nos quita todo consuelo en las criaturas,
está bien si podemos decir, por la gracia, que no pusimos nuestros corazones en ellas, porque si lo hicimos,
tenemos razón para temer que nos fue dado con ira y quitado con ira. —Eliseo clamó con fe a Dios, y el hijo
amado fue restaurado vivo a su madre. Quienes dan vida espiritual a las almas muertas, deben sentir
profundamente el caso de ellas y deben laborar fervorosamente en oración por ellas. Aunque el ministro no
puede dar vida divina a sus congéneres pecadores, debe usar todos los medios, con tanto celo como si
pudiera hacerlo.
Vv. 38—44. Hubo hambre de pan, pero no de oír la palabra de Dios, porque Eliseo hizo que los hijos de
los profetas se sentaran delante suyo para oír su sabiduría. —Eliseo hizo que la comida mala se volviera
buena y sana. Si un poco de potaje es toda nuestra cena, acordaos que este gran profeta no tuvo mejor
para él mismo y sus invitados. La mesa suele volverse lazo y lo que debiera ser para nuestro bienestar
resulta ser una trampa: esta es una buena razón por la cual no debemos alimentarnos sin temor. Cuando
recibimos el sostenimiento y las consolaciones de la vida debemos mantener la expectativa de la muerte y
el temor del pecado. Debemos reconocer la bondad de Dios al hacer sano y alimenticia nuestra comida: Yo
soy el Señor que sana. —Eliseo también hizo que un poco de comida fuera mucho. Habiendo recibido de
gracia, dio de gracia. Dios ha prometido a su iglesia que bendecirá abundantemente la provisión de ella y
satisfará con pan a sus pobres, Salmo cxxxii, 15; Él llena a quien alimenta; y lo que bendice se vuelve
mucho. La alimentación que hizo Cristo de quienes le escuchaban fue un milagro mucho mayor que éste,
pero ambos nos enseñan que quienes esperan en Dios en la senda del deber, pueden esperar que la
Providencia Divina les provea.
CAPÍTULO V
Versículos 1—8. La lepra de Naamán. 9—14. La cura de la lepra. 15—19. Eliseo rechaza los regalos de
Naamán. 20—27. La codicia y falsedad de Giezi.
Vv. 1—8. Aunque los sirios eran idólatras que oprimían al pueblo de Dios, aquí se atribuye al Señor la
liberación de la cual Naamán fue el medio. Tal es lenguaje correcto de la Escritura, mientras los que
escriben la historia corriente demuestran claramente que Dios no está en sus pensamientos. —La grandeza
y el honor de un hombre no lo pueden poner fuera del alcance de las calamidades más penosas de la vida
humana: hay más de un cuerpo loco y enfermo bajo un ropaje rico y alegre. Todo hombre tiene uno que otro
pero, algo que le mancha y rebaja, una impureza en su grandeza, un empañamiento de su gozo. —Esta
muchachita, aunque sólo una niña, pudo dar cuenta del famoso profeta que los israelitas tenían. Se debiera
enseñar a los niños a temprana edad acerca de las prodigiosas obras de Dios para que, dondequiera vayan,
puedan hablar de ellas. Como corresponde a un buen siervo, ella deseaba la salud y bienestar de su amo,
aunque era una cautiva, una sierva a la fuerza; mucho más debieran los siervos por opción procurar el bien
de su amo. Los siervos pueden ser bendición para las familias donde están, diciendo lo que saben de la
gloria de Dios y la honra de sus profetas. Naamán no despreció por la bajeza de ella lo que dijo. Bueno
sería si los hombres fueran tan sensibles a la carga del pecado como lo son a las enfermedades del cuerpo.
Y cuando andan buscando las bendiciones que el Señor envía respondiendo a las oraciones de su pueblo
fiel, ellos hallarán que nada se puede recibir salvo que vayan como mendigos en busca de un regalo, no
como señores a exigir o a comprar.
Vv. 9—14. Eliseo sabía que Naamán era orgulloso y le haría saber que ante el gran Dios todos los
hombres están al mismo nivel. Todos los mandamientos de Dios enjuician a los espíritus de los hombres,
especialmente los que instruyen al pecador sobre cómo solicitar las bendiciones de la salvación. Véase la
necedad del orgullo en Naamán; una cura no le contentaría, a menos que fuera curado con pompa y
ostentación. Rechaza su curación a menos que se le complazca. —La manera en que el pecador es
recibido y hecho santo, por medio de la sangre y por el Espíritu de Cristo, por la sola fe en su Nombre, no da

el gusto ni se esfuerza como para complacer al corazón del pecador. La sabiduría humana piensa que

puede proporcionar métodos mejores y más sabios para la purificación. —Observe que los amos debieran

estar dispuestos a oír razones. Como debiéramos estar sordos al consejo del impío, aunque sea dado por

nombres grandes y respetados, así debemos tener abiertos los oídos al buen consejo, aunque sea traído

por los que están debajo de nosotros. —¿No harías cualquier cosa tú? Cuando los pecadores enfermos se

contentan con hacer cualquier cosa, someterse a cualquier cosa, dejar cualquier cosa, por su curación,

entonces, y no antes, hay esperanza para ellos. Los métodos para la curación de la lepra del pecado son

tan sencillos que no tenemos excusa si no los notamos. No es más que, cree y serás salvo; arrepiéntete y

serás perdonado; lávate y serás limpio. El creyente pide la salvación sin descuidar, alterar ni agregar a las

instrucciones del Salvador; de este modo es limpio de la culpa, mientras otros que las rechazan, viven y

mueren en la lepra del pecado.


Vv. 15—19.


La misericordia de la cura afectó a Naamán más que el milagro. Los que experimentan por

sí mismos el poder de la gracia divina son los más capaces para hablar de ello. Él también se muestra

agradecido hacia el profeta Eliseo, que rechazó toda recompensa, no porque creyera que era ilícita, porque

recibió regalos de otros, sino para mostrar a este nuevo convertido que los siervos del Dios de Israel

consideran con santo desprecio las riquezas del mundo. Toda la obra era de Dios y al punto que el profeta

no daba consejo cuando no tenía instrucciones del Señor. No es bueno oponerse drásticamente a los

errores menores que acompañan las primeras convicciones de los hombres; no podemos llevar adelante a

los hombres con mayor rapidez que el Señor que los prepara para recibir la instrucción. En cuanto a

nosotros, si al establecer el pacto con Dios, deseamos reservar algún pecado conocido para seguir

deleitándonos con él, esto es una ruptura de su pacto. Quienes verdaderamente odian el mal, tomarán

conciencia de abstenerse de todas las forma del mal.


Vv. 20—27.


Naamán, sirio, cortesano, soldado, tenía muchos siervos y leemos cuán sabios y buenos

eran. Eliseo, un santo profeta, un hombre de Dios, no tenía sino un siervo que resulta ser un mentiroso

redomado. El amor al dinero, la raíz de todo mal, estaba en el fondo del pecado de Giezi. Pensó imponerse

al profeta, pero pronto vio que el Espíritu de profecía no podía ser engañado y que era vano mentir al

Espíritu Santo. Necedad es atreverse a pecar con esperanzas de guardar el secreto. Cuando te apartas por

cualquier sendero extraviado, ¿no va contigo tu conciencia? ¿El ojo de Dios no va contigo? El que encubre

su pecado no prosperará; particularmente la lengua mentirosa durará sólo un instante. Todas las

esperanzas e invenciones necias de la carnal mundanalidad están abiertas ante Dios. No es el momento de

aumentar nuestra riqueza cuando sólo podemos hacerlo de manera que deshonran a Dios y a la fe, o

perjudican al prójimo. —Giezi fue castigado. Si quería el dinero de Naamán, tendría la enfermedad de éste.

¿De qué le aprovechó a Giezi ganar dos talentos, cuando con ello perdió salud, honra, paz, servicio, y si no

se arrepintió, perdió su alma para siempre? Cuidémonos de la hipocresía y la codicia, y temamos la

maldición de la lepra espiritual que queda en nuestra alma.


CAPÍTULO VI



Versículos 1—7.

Los hijos de los profetas amplían sus habitaciones—El hacha que flota. 8—12. Eliseo

descubre las intenciones de los sirios.


13—23. Los sirios enviados a prender a Eliseo. 24—33. Samaria

sitiada—Hambre—Los reyes mandan matar a Eliseo.



Vv. 1—7.


Hay algo placentero en la conversación de los siervos de Dios que hace que quienes escuchan

olviden el dolor y el cansancio del trabajo. Hasta los hijos de los profetas deben estar dispuestos a trabajar.

Que nadie piense que un empleo honesto es una carga o una desgracia. El trabajo intelectual es tan pesado

y, muy a menudo, más duro que el trabajo manual. —Tenemos que tener cuidado con lo que es prestado,

como si fuera propio, porque debemos hacer como queremos que nos hagan. Este hombre era respetuoso

en cuanto al hacha. Para quienes tienen una mente honesta, la más penosa aflicción de la pobreza no es

tanto su propia necesidad y desgracia como estar incapacitados para pagar las deudas justas. Pero el

Señor cuida a su pueblo en sus pequeñas preocupaciones. La gracia de Dios puede levantar el corazón

pesado como hierro que está hundido en el fango de este mundo, y elevar los afectos naturalmente

terrenales.


Vv. 8—12.


El rey de Israel consideró las advertencias que le dio Eliseo como peligro de parte de los

sirios, pero no oyó las advertencias del peligro de sus pecados. Tales advertencias son poco escuchadas

por la mayoría; quieren salvarse de la muerte, pero no del infierno. Nada que se haga, diga o piense, de

parte de alguien en algún lugar en algún momento está fuera del conocimiento de Dios.

por fuera y temores por dentro. No tenga miedo, con ese temor que tiene tormento y asombro; porque más

son los que están con nosotros, para protegernos, que los que están ellos, para destruirnos. Los ojos de su

cuerpo fueron abiertos y con ellos vio el peligro. Señor, abre los ojos de nuestra fe para ver con ellos tu

mano. Mientras más clara sea la vista que tengamos de la soberanía y del poder del cielo, menos

temeremos los problemas de la tierra. Satanás, el dios de este siglo, ciega los ojos de los hombres y los

engaña para su propia ruina pero, cuando Dios ilumina sus ojos, ellos se ven en medio de sus enemigos,

cautivos de Satanás y ante el peligro del infierno, aunque antes hayan pensado que su condición era buena.

—Cuando Eliseo tuvo a su merced a los sirios, hizo evidente que él estaba bajo la influencia de la bondad

divina como del poder divino. Que no seamos vencidos por el mal sino que venzamos con el bien el mal.

Los sirios vieron que no tenía sentido tratar de atacar a un hombre tan grande y bueno.


Vv. 24—33.


Aprended a valorar la abundancia y agradecedla; ved cuán despreciable es el dinero

cuando en tiempo de hambre se abandona con tanta facilidad, ¡por cualquier cosa que sea comestible! El

lenguaje de Joram a la mujer puede ser el lenguaje de la desesperación. Véase cumplida la palabra de

Dios; entre las amenazas de los juicios de Dios sobre Israel por sus pecados, este era uno, que ellos

comerían la carne de sus propios hijos, Deuteronomio xxviii, 53–57. La verdad y la aterradora justicia de

Dios fueron demostradas en esta horrible transacción. ¡He ahí, qué desgracias ha acarreado el pecado al

mundo! Pero la necedad del hombre tuerce su camino y, entonces, su corazón se inquieta contra el Señor.

—El rey jura matar a Eliseo. Los hombres malos culpan a cualquiera como causa de sus problemas más

que a sí mismos y no dejan sus pecados. Si sirviera rasgarse las vestiduras sin tener el corazón contrito y

quebrado, si sirviera vestir de saco sin ser renovado en el espíritu de su mente, ellos no se opondrían al

Señor. Que toda la palabra de Dios aumente en nosotros el temor reverente y la esperanza santa, para que

podamos ser firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que nuestro trabajo en

el Señor no es en vano.