CAPÍTULO XIX
Las guerras de David
Aquí se repite la historia que leemos en 2 Samuel x. —La única seguridad de los pecadores es someterse al
Señor, procurar la paz con Él y llegar a ser sus siervos. Ayudémonos unos a otros en la buena causa, pero
con temor, no sea que no alcancemos la salvación debido a la incredulidad y el pecado, aunque seamos
instrumentos para el bien del prójimo.
CAPÍTULO XX
Las guerras de David
Aunque el Señor corregirá severamente los pecados de su pueblo creyente, no los dejará en las manos de
sus enemigos. Su ayuda superará todas las ventajas en cantidad y fuerzas de los que desafíen a Israel.
Todos los que confíen en Cristo serán hechos más que vencedores por medio de Aquel que los ama.
CAPÍTULO XXI
David censa al pueblo
No se menciona en este libro el pecado de David en el caso de Urías, ni las tribulaciones que lo siguieron:
ellas no tenían una conexión necesaria con los temas aquí registrados. Pero se relata el pecado de David al
censar el pueblo: en la expiación efectuada por ese pecado hubo un anuncio del lugar donde se edificaría el
templo. —La orden dada a David de edificar un altar fue una bendita señal de reconciliación. Dios testificó
su aceptación de las ofrendas de David en este altar. Así, Cristo fue hecho pecado y maldición por nosotros;
plugo al Señor molerlo para que, a través de Él, Dios pudiera ser para nosotros, no un fuego consumidor,
sino un Dios reconciliado. Bueno es continuar la obediencia de las ordenanzas en que hayamos
experimentado las señales de la presencia de Dios, y hayamos comprobado que es verdad que Él está con
nosotros. Aquí Dios bondadosamente me halló, por lo cual yo seguiré esperando hallarlo.
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