martes, junio 4

COMENTARIO DE 1 DE CRONICAS CAPITULOS 22,23 Y 24

CAPÍTULO XXII



Versículos 1—5.

Los preparativos de David para el templo. 6—16. Las instrucciones de David a Salomón.

17—19.

Se manda asistir a los príncipes.

Vv. 1—5.


En ocasión del juicio terrible infligido a Israel por el pecado de David, Dios señaló donde quería

que se edificara el templo, por lo cual David se entusiasmó haciendo preparativos para la gran obra. David

no iba a edificar, pero iba a hacer todo lo que pudiera; hizo abundantes preparativos antes de morir. Lo que

nuestras manos hallen para hacer por Dios y nuestras almas, y por quienes nos rodean, hagámoslo con

toda nuestra fuerza antes de morir, porque después de la muerte no hay ciencia ni obra. Y cuando el Señor

rehuse ocuparnos en los servicios que deseamos, no debemos desanimarnos ni quedarnos ociosos, sino

hacer lo que podamos, aunque en una esfera más humilde.


Vv. 6—16.


David da a Salomón la razón por la cual él deberá edificar el templo: porque Dios lo nombró

a él. Nada es más fuerte para comprometernos en cualquier servicio para Dios que saber que hemnos sido

nombrados para eso. Él tendría tiempo libre y oportunidad para hacerlo. Tendría paz y tranquilidad. Cuando

da reposo, Dios espera que trabajemos. Dios había prometido establecer su reino. Las promesas

bondadosas de Dios deben avivar y fortalecer nuestro servicio religioso. —David entregó a Salomón una

cuenta de los vastos preparativos que él había hecho para esta construcción; no por orgullo y vanagloria,

sino para animar a Salomón a comprometerse de buena gana en la gran obra. No se debe pensar que por

edificar el templo, se compra una dispensa para pecar; por el contrario, su obra no iba a ser aceptada si no

cuidaba de cumplir los estatutos del Señor. En nuestra obra espiritual y en nuestra guerra espiritual

necesitamos valor y decisión.


Vv. 17—19.


Todo lo que se haga, en general, para que la Palabra de Dios sea conocida y atendida,

equivale a llevar una piedra o un lingote de oro para erigir el templo. Esto debe animarnos cuando nos

lamentamos por no ver más fruto de nuestras labores; después de nuestra muerte puede surgir mucho bien

en el que nunca pensamos. Entonces, no nos cansemos de hacer el bien. —La obra está en las manos del

Príncipe de paz. Como a Él, Autor y Consumador de la obra, le plazca emplearnos como instrumentos

suyos, levantémonos y hagamos, animándonos y ayudándonos mutuamente; obrando conforme a su

gobierno, según su ejemplo, dependiendo de su gracia, seguros de que Él estará con nosotros, y que

nuestro trabajo en el Señor no será en vano.



CAPÍTULO XXIII



Versículos 1—23.

David nombra a Salomón como su sucesor. 24—32. El oficio de los levitas.

Vv. 1—23.


Habiendo sido encargado de la edificación del templo, David establece el método para el servicio

del templo y ordena a sus oficiales. Cuando los de la misma familia sirven juntos, les corresponde amarse y

asistirse recíprocamente.


Vv. 24—32.


Ahora el pueblo de Israel era tan numeroso que debía haber más personal en el servicio del

templo para que todo israelita que trajera una ofrenda pudiera hallar a un levita listo para servirle. Cuando

hay más obra por hacer, es una lástima que no haya más obreros. El nuevo corazón, la mente espiritual que

tiene gran deleite en los mandamientos de Dios y que puede hallar una fiesta renovadora en sus

ordenanzas, constituye la gran diferencia entre el cristiano verdadero y todos los demás hombres del

mundo. Todo servicio será satisfactorio para el hombre espiritual. Este siempre abundará en la obra del

Señor; no siendo nunca tan feliz como cuando está empleado para un Amo tan bueno en un servicio tan

grato. No considerará si es llamado a dirigir o a encargarse de los demás que están puestos por sobre él.

Que nosotros busquemos y sirvamos rectamente al Señor y dejemos todo lo demás a su disposición, por fe

en su palabra.


CAPÍTULO XXIV



Las divisiones de los sacerdotes y levitas



Cuando cada uno tiene, conoce y mantiene su lugar y trabajo, mientras más sean, mejor es. En el cuerpo

místico de Cristo cada miembro tiene su función para provecho de todos. Cristo es el Sumo Sacerdote sobre

la casa de Dios, al cual están sujetos todos los creyentes hechos sacerdotes. En Cristo no hay diferencia

entre esclavo y libre, anciano y joven. Los hermanos más jóvenes, si son fieles y sinceros, no serán menos

aceptables para Cristo que los padres. Que todos seamos hijos del Señor, preparados para cantar sus

alabanzas por siempre en su templo celestial.





 

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